*Declaimer: Todos los derechos de Sailor Moon y sus otros personajes son Propiedad de Naoko Takeuchi/Kodansha, TOEI Animation. El único fin de este fanfic es de plantear mis ideas y hacerles pasar un rato de entretenimiento. Los demás caracteres son de mi cosecha.*
¡Bienvenidos al fanfic de Alma Estelar!
Cualquier duda háganmelo saber n,n
(Recomendación musical1: VermillionAutor: Slipknot - Recomendación musical 2: Casta Diva Autor: Vincenzo Bellini)
…
Alma Estelar.
*NOVENO CAPÍTULO*
~* IRREAL *~
Existen momentos en lo que no quisieras avanzar, más bien, retroceder en los viejos recuerdos que te llenaban de felicidad. Pero no hay cosa más cierta que el tiempo camina en línea recta, sin desvíos, siempre dando pasos hacia delante y escasamente ojeando el trote transcurrido. Entonces debes aprender a vivir con los recuerdos; infernales, tristes, regulares, compasivos y excelsos, para con ellos formarte tu propio sendero.
Ella parece vestirse con los anillos
de sus fatalidades pasadas
tan frágil aun tan desviada
ella continua viéndolo
Seiya se percató que ella se quedaba dormida en la silla, sus ojos estaban fijos en Elis… no creyó que una chica así pudiera lucir tan hermosa con un vestido verde simple. El cabello alzado en un fino molote, sus labios con un brillo transparente, realmente poco maquillaje en los párpados, una sombra clara. Había una lágrima queriendo caer entre las largas pestañas de su "novia". Lentamente, mientras escuchaba la música que inundaba el oscuro palco, Seiya intentó enjugar la gota cristalina y Elis despertó.
- ¡Odongo! -susurró la castaña rojiza con mirada triste.
- ¿Qué dijiste? -El pelinegro se sorprendió.
- Opongo… Tenía una pesadilla. -sumida en la seriedad ocultó la palabra que había cavilado en ella, en ese mundo "odongo" no significaba nada.
En el intermedio de la obra.
-¡Los chicos tardan demasiado! -dijo Seiya, sacudiéndose el saco.
- ¡No tardarán! "Cosas" así pasaban cuando estábamos en secundaria. -insinuó con un misterio que siempre trataba de descifrar en sus luceros azules frescos.
Tratando de distraer el asunto de "cosas" que entendía Seiya con identidades secretas y Elis seguro no conocía, no mencionaría aquella "cosa" Cambió abruptamente de tema- Luces muy linda hoy…
- ¿Lo crees? -contestó con una expresión lacia, mirándose de un lado a otro. -Tú también, el traje negro te sienta perfecto.
Con el poco tiempo de conocerla, verla con un vestido y de color, fuera de su sombría forma de ataviar, lo dejo sin palabras. Recordaba bien los aretes largos que colgaban en su equilibrado cuello haciendo movimientos giratorios. Aquel momento en la tarde que salió de su habitación, con esos zapatos de tacón en satín esmeralda realzando su figura, al igual que el vestido de tela delgada llegando debajo de rodillas y escote sencillo en su exquisita espalda, le hizo pensar que Elis era bastante atractiva. No le tomaba por asombro que el elogio de "Luces muy linda hoy" no la ruborizara, después del par de duras noches de entrenar con ella en las afueras de la ciudad para dominar su poder de demonio. Regresaban al apartamento al filo de las tres de la madrugada con su ruda y poca ortodoxa manera de conducir. Ingresando a hurtadillas sin ser descubiertos por el abuelo, ducharse, meterse a dormir juntos como sin nada, sin quejas, sin vergüenza, definiéndose como completos desconocidos o un requisito para engañar. En ocasiones llegaba a pensar si Elis era humana.
No pasaron cinco minutos, escuchó los gritos de Siena trayéndolo nuevamente al recibidor del palco donde estaba parado. ¡Oh sí!, ellas habían vuelto a ser amigas.
- ¡Wow! Elis, ¡qué sensacional te vez! y Seiya no se queda atrás…
- ¡Gracias! ¿qué esperabas de un chico tan guapo como yo? -Respondió con una gran sonrisa, dándole un abrazo a la rubia, detallando desde sus zafiros lo elegantes que iban las chicas y sus hermanos. -Ustedes también se ven bien.
Las miradas de todos se centraron en Seiya, unos segundos bastaron para enterarse el motivo. El miedo que tenía de aproximarse a Siena, de negarse a dirigirle una palabra amable se estaba derrumbando. ¿Qué era eso? ¿Cuál por qué? Ya lo sabía… ¿o Será que estás encaprichado de Siena por las alucinaciones de su parecido con alguien? Esa chica rubia se parece más al rostro de una amiga que conozco llamada Itzel, que a Siena. Por mucho que se peinen parecido y sean rubias. No precisamente el asuntillo de Itzel, con pocas palabras su futura "esposa" le dictaba que vivía atrapado en una obsesión compulsiva, que debía dejar de pensar en ello y vivir su vida. Recapacitar en Usagi Tsukino ya no le dolía en lo absoluto… al contrario, lo tomaba como un hermoso recuerdo.
- ¿La saludaste de buena gana? -dijo Yaten con ojos extendidos.
- ¡Je, je! -Seiya se rascó la cabeza sintiéndose aliviado.- Me he estado comportado como tonto. ¡Lo siento!
- Se notaba -reafirmó Cloe acomodándose su cabello.
- No me había dado cuenta con la oscuridad… Cloe… ¿te alargaste el cabello? -preguntó Viorel.
- Sí, es para el drama. -Yaten sin quitarse de la pena.
Sin embargo Taiki no podía articular palabra y no era precisamente por la conducta de su hermano. Elis lo cautivó en segundos, su corazón palpitó acelerado de tal forma que su boca se comportó sin sentido lógico y racional.- Ya entiendo a Seiya… Realmente eres la mujer más hermosa que hayan visto mis ojos.
- No es para tanto. -La castaña rojiza los condujo a los palcos de la familia Salem, haciendo caso omiso al detalle de Taiki.
La obra comenzó. En la plataforma del espectáculo se hizo un enorme silencio, la oscuridad bañó el atrio. Una pequeña luz blanca comenzó a abrirse en medio del escenario lentamente… lentamente…. lentamente… tiñó un cuerpo bocabajo tendido con alas desgarradas de un ángel, otra iluminación roja irrumpió al costado con estruendo, una mujer de extremidades voladoras de demonio, cabellera rojiza, piel clara, que comenzó a cantar con una maravillosa voz profunda de soprano…
-"¡Oh Diosa pura que resplandeces!
estas sagradas, estas sagradas
estas antiguas plantas sagradas,
vuelve a nosotros el hermoso semblante
vuelve a nosotros, vuelve a nosotros
¡vuelve a nosotros el hermoso semblante
sin nubes y sin velos!"
En ese momento la luz trajo consigo a todo el contorno, un escenario de guerra concluida, cuerpos heridos de muerte, el hielo seco hacía de peste. El ángel se levantó, tomó su arpa y sus dedos iniciaron a danzar en las cuerdas. Ese ángel hermoso, de ropajes destrozados y alas laceradas era Itzel. La voz del demonio continuó.
- "¡Oh Diosa pura que resplandeces!
estas sagradas, estas sagradas
estas antiguas plantas sagradas,
¡vuelve a nosotros el hermoso semblante
sin nubes y sin velos!
¡Oh Diosa pura que resplandeces!
estas sagradas, estas sagradas
estas antiguas plantas sagradas,
¡vuelve a nosotros el hermoso semblante
sin nuves y sin velos!
¡Y sin velos!"
Seiya miraba algo poco común en Itzel; Su ropaje blanco romano, su cabello atado en dos odongos que realzaban su resplandeciente belleza. El temor no nacía de su antiguo amor, si no de sentir descubierta a la hija de la Neo Reina. Itzel se movía por el escenario con pasos que simulaban flotar, sus cabellos se mecían al momento que con la expresión hacían brotar las flores del suelo. ¿La viva imagen de Usagi?… Los coros de ángeles y demonios entraron formando una alianza a proclamar valor a la Diosa. Sus manos temblaron al estar posicionados sobre los descansaderos… Imágenes venían a él, secuestrando a una mujer…
- "¡Temperamento!, ¡Oh Diosa!,
Temperamento de los coros ardientes.
Temperamento ahora, temperamento ahora
Temperamento ahora del celo valiente."
¡Oh Diosa pura que resplandeces!
estas sagradas, estas sagradas
estas antiguas plantas sagradas,
vuelve a nosotros el hermoso semblante
sin nubes y sin velos!
Una cálida mano sujeto la de él… cuando los zafiros desfilaron de aquellos dedos, el brazo al perfil de la dueña supo que era ella… Elis que lo reconfortaba en los momentos más pálidos de su agonía y su estremecer desapreció.
- "¡Oh Diosa pura que resplandeces!
estas sagradas, estas sagradas
estas antiguas plantas sagradas,
vuelve a nosotros el hermoso semblante
sin nubes y sin velos!
Y sin velos!
Dispérsese sobre la tierra la paz
tú qué haces reinar en el cielo."
Entonces para concluir, el ángel de alas destrozadas subió al cielo y le sujetó un hombre que resplandecía con un frio tono azul de luces. Y el resto de cadáveres humanos se levantaron para recoger las cosechas y cerrarse el telón. La gente aplaudió conmovida, en ovación se levantaron de sus asientos.
Saliendo del palco.
- ¡Vamos a felicitar a Itzel! -Apresurándose Siena tomó del brazo a Viorel.
- Adelántense… iré al tocador y en un momento estaré con ustedes. - Elis les indicó esfumándose con algo de prisa.
Avanzaron hasta la entrada de los camerinos que parecían una locura. Antes de entrar Seiya preguntó a los cinco.- ¿Qué les demoró?
- ¡Un enemigo! Pero no te preocupes Bronze Moon nos ayudó. -Cloe informó a Seiya que estaba a punto de darle el infarto.
- ¿Bronze?
- Correcto Seiya… Oro, Plata, Bronce y Cobre. Las míticas guerreras de Cybele. Sí preguntas quién es… Malas noticias, otra Scout de la que tampoco sabemos identidad. -Viorel se evitó la pena de la indagatoria.
Unos pasos más y entraron a los camerinos. Itzel estaba con la cantante, una dulce chica de cabellos fuego, parecían felicitarse la una a la otra. La grisácea se percató de sus colegas y contenta trajo con ella a su compañera.
- ¡Es un verdadero honor que hayan venido! -Los otros dijeron un "de nada" – Quiero que conozcan a Iris Salem.
Sería familiar de Elis. ¿Iris Salem? Ese nombre lo había escuchado en algún lugar, la melancolía lo entumió por un momento.
La chica pelirroja de ojos verdes, con su optimista carácter les agradeció a todos el venir.- Tú eres el prometido de mi prima Elis, ¿me equivoco? ¿Rick Hunter?
- Pa-para nada… Seiya Kou -ser comparado lo disgustó pero simulaba una sonrisa, extendiendo su palma y la muchacha correspondió- ¡Un placer!
- ¡Oh! Llevo años fuera del planeta. Así que cambió de novio… ¡Qué bien! porque ese chico no le agradaba en nada al Abuelo- sonó muy sincera con una incomodidad en sus palabras- ¿Dónde está esa aburrida?
- Está en el baño… -con la inocencia característica de la rubia tintineó bastante soez.
Por otro lado, en los sanitarios del teatro.
- "Toqué a Seiya… ¿qué pensará? No… esto no puede estar bien"- Se miró al enorme espejo- "Elis, ¿qué estás haciendo? Es obvio que Seiya Kou está enamorado de Itzel Lakmus. ¡Cálmate!… yo no debo sentir celos… ¡Imposible! Los celos es cuando amas a la persona y yo no amo a Seiya… ¿o sí?"- Un temblor la ubicó en el suelo nublando su visión, alcanzó a escuchar ¡Señorita! ¡Señorita!
Estaba en el sillón de un balcón elegante. Abrió los ojos, su vista borrosa, frente a ella un hombre de cabello rubio cenizo, bastante atractivo. Es más se parecía demasiado a...- ¡Rick! ¡Has vuelto! Sabía que no me dejarías sola -las lágrimas brotaron en ella, corriendo el maquillaje suave en su rostro.
- ¡Lo siento! -La observó detenidamente, no podía haber error. La cara de Elis le sentaba conocida a un viejo amigo.- Soy Haruka Tenou. ¿Estás bien preciosa?
- ¡Qué vergüenza! -agachó la cabeza al darse por entendido que el hombre era bastante mayor para ser él, luego salió corriendo del apartado.
- ¿Por qué tanto escándalo Haruka-San? -Mencionó, al ver salir a toda prisa a una muchacha, una rubia de cabello suelto con un listón rojo en la cabeza, de algunos cuarenta y cinco años - ¿Sigues asuntado chicas?
- ¿Asustando? ¡Suena muy cruel! Minako-San.
"Manos tan climáticas
que presionan sus templos y mi pecho…
Entran a la morada esa noche
pues ella vendrá al hogar... POR SIEMPRE"
Acariciaba su mano, con el ajetreó apenas tomaba otra vez por cuenta que Elis había tomado su mano, una sensación tan maravillosa. Itzel lo aló a un apartado del camerino, fingiendo pedir ayuda para guardar su vestuario. Seiya tenía la curiosidad de observarle más de cerca con aquellos chongos y definir la verdad.
- ¡Discúlpame! No sabía que en realidad amaras tanto a Elis… -con sumo remordimiento Itzel se sentó en uno de los banquitos.
- ¿Lo estás comprendiendo apenas? -colocando las alas de ángel en el enorme ropero.
- Tus expresiones, la manera en que la miras buscando descifrar su incógnita. -turbándose por completo, inclinó su cabeza, observó la muñeca vendada por el rasguño que tomó algunas puntadas - Aunque estén fingiendo un futuro matrimonio no puedes seguir aparentando tus sentimientos…
- ¿Fingiendo? -rió con gracia- No sé a qué te refieras Itzel. Es cierto que Elis es una persona callada, con poco sentido del humor… Pero es una muchacha muy linda que se preocupa por las personas que la rodean. Da todo por sus amigas, es dulce en cierta forma y… -suspiró a punto de tomar color rosado en sus mejillas- adoro sus silencios. -Se giró para salir del lugar.
- No te preocupes por lo que paso esa noche… En tu bebida coloqué una hierba que crea una ilusión pasional muy vívida. Puedes estar seguro de tú virginidad. -Itzel sonrió un poco. La derrota era inminente.
¿Virginidad? La revelación diagnosticaba que entonces nunca había estado con ninguna chica en ese sentido. El comunicador de Seiya lo sacó de sus pensamientos. Escuchaba a Elis decirle que una labor importante con Elido le mantendría fuera y que se verían en casa. Mientras él contestaba Te entiendo… nos veremos en el apartamento se integraba al equipo de colegas.
- Así que el encantó terminó para Cenicienta y tiene que regresar a casa antes de que su carruaje se convierta en calabaza. -propuso Yaten con burla.- Y su príncipe sigue en la fiesta.
- ¿Cenicienta? No, en absoluto. Parece que su abuelo y ella tienen algo que hacer. -Suspiró el pelinegro tratando de poner orden a las relajadas palabras de Elis.
- ¿Conmigo? -Elido salió tras la puerta. Escuchó totalmente el asunto.
- ¡NO! -Gritó Iris aterrada- Sí Belum intenta extorsionarla, drogarla y violarla como hace días… ¡JURO QUÉ LO MATO!
Una sordina entabló en los presentes. Ahora tenía sentido la cara de aquel día, su cabello húmedo, su ropa mal abrochada, los ojos hinchados, su conducta renuente, la llegada de su abuelo… ¿Se atrevió a dudar de Elis? Los pasos de Seiya fueron más rápidos que los pensamientos. Mientras él andaba a las afueras del teatro, en los camerinos Elido lanzó un vistazo de molestia a su nieta Iris.
- Alguien puede explicarnos lo que sucede aquí - Taiki prorrumpió en el aura muda.
- ¡COMANDANTE ABUELO! -vociferó Siena lanzándose a los brazos del anciano- ¡Qué guapo te has puesto!
- ¡He hecho ejercicio! ¿Vamos por un pastelillo? -sacó a las chicas del Teatro. Bastante obvio que el anciano no diría nada.
Taiki estaba molesto al cien por ciento. No explicarles nada. Metió sus manos a los bolsillos y se fue sin dar definiciones de su acto al resto.
- ¡Qué carácter!, ¡qué chico! Creo que estoy enamorada -los luceros verdes de Iris brillaron con emoción.
- ¿Taiki? -Viorel algo asustada, por un momento pensó que la personalidad del cantante que había conocido no era la misma.- mañana tengo examen de hierbas curativas. Así que, ¿podría ser en otro momento?
- Las finales están cerca y el drama sigue corriendo. -Cloe se despidió de Elido con un beso en la mejilla. En seguida cogió del brazo a Viorel y al peliplata - Otro día Abuelo… tienes que revelarme tus secretos para conservarte tan joven. Yaten, ¿podrías llevarnos a casa?
- Sí. Yo también tengo muchas cosas que hacer mañana. -Salió acompañado de las dos Damas. -¡Nos vemos luego!
Itzel suspiró profundamente, no estaba de ánimos de ir a ningún lado - El día de hoy ha sido muy cansado para mí. Debo estudiar bastante.
- ¡Yo sí voy! -Confirmó Siena.
- ¡Yo también! -la secundó Iris- Tienes que contarme de ese chico ¿Takiki?
- ¡Bueno! Andando nietas, que hay mucho que conversar. -Elido ofreció sus brazos después de darle el hasta luego a Itzel.
El evento fue un encuentro perfecto para Haruka. Recién llegaban a la mansión que habían alquilado para las cuatro. Se le venía a la memoria la disputa del paradero del viaje, Serena siempre tenía la manera de convencerlas, muy a pesar que sabían que estaban en el ojo del huracán. Para finalizar, la pequeña dama se había quedado en Tokio de cristal para cuidar de su pequeña hija y suplir momentáneamente el lugar de su madre.
- ¡Ami-San!
- ¡Oh Haruka-San! Serena-Sama ya está dormida. Parece que el viaje la cansó demasiado. ¿Y Minako-San?
- Llegó directamente a la cama… dijo que los tacones de este planeta la estaban matando -Haruka se acercó a la peliazul con sigilo.- Hiciste el favor que te pedí.
- Debo decirte que la base de datos de invitados a la obra tenía ciertos códigos de seguridad. Sin embargo mi sistema clasificó a las chicas con los rasgos que me solicitaste.
- ¿Y? -Elevó una de las cejas paja en espera de información que confirmara el asunto.
Mientras tecleaba en la mini laptop- En este planeta los ojos Azules son poco comunes… se podría decir que del diez por ciento de la población, el punto cero uno, los posee. -Proyectó los datos.- Su nombre es Elis Salem. Futura cabeza de la familia de magos más importantes y milenarios en este mundo. Calificaciones excelentes, alumna destacada en la magia, ordenada, con un estricto régimen de conducta, piloto experto, su cumpleaños diecinueve será el treinta de Junio de este mes.
- ¿Será? esa fecha ya pasó. -sostuvo con firmeza Haruka.
- En Cybele el tiempo transcurre más lento que en la Tierra. Caso parecido al nuevo planeta donde habitan la Princesa Kakyuu y los Star Lights, en discrepancia de ser mucho más lento que Cybele. -proyectó la imagen en el monitor de plasma a su lado y ambas se miraron con bastante desazón.
- No cabe duda… su parecido con nuestro Rey es formidable. Su carácter, piel, ojos azules relajados. Por un momento llegué a pensar tener que buscar la cara de Serena-Sama por todos lados.
- Es una idea lógica, ya que nuestra Reina tiene genes dominantes. Sin embargo la estadística dice que en algunos causes la genética puede proveer las variedades. Aún hay más… en sus datos dice que se casará pronto.
- ¿Casarse? ¡Vaya! -sonrió al recordar el nombre del muchacho- Rick…
- ¿Rick? -acomodándose los lentes.
- Nada Ami-San. Preferiría, por el momento, no ilusionar a la Neo Reina hasta estar seguras. Nos pondremos en contacto dentro de la semana entrante con los Kou.
- ¿Tan tarde? Sé que llegamos hoy… pe-pero.
- Recuerda que estamos en zona de guerra y es preferible proteger a nuestra princesa adecuándonos a la vida de Cybele. Los chicos han de permanecer ocupados y creo que darle prioridad a nuestra visita es preciso.
- Será que Haruka-San teme el reencuentro de la Neo Reina con Seiya Kou. -en tono cantado procuro Ami.
- ¡Tsk! - resopló la mujer de cabello pagino- Me iré a dormir.
En una cafetería a las cercanías del Teatro.
- Lo dije porque no hay nadie ayudando en esa relación. -de brazos cruzados, con la nariz arrugada se quitó el regaño del Abuelo Salem.
- ¡Calma! Iris. Sabemos que quieres lo mejor para Seiya y Elis. -Habló Chikyú el zorro, acurrucado en las piernas de la pelirrojo ojiverde.
-Abuelo… cómo va el entrenamiento de Seiya. -Siena tomaba la bebida tibia.
- Avanza muy rápido. -aspiró todo lo que pudo de oxígeno. Se amoldó a la silla varias veces sin sentirse cómodo.
- ¿Qué te preocupa? Abuelito. -preguntó la pelirroja, sosteniendo el aza del recipiente que contenía té.
- Belun llevó las prendas de Elis al cónclave de Magos, corre rápido en sus ambiciones. Los jueces están deliberando sobre Seiya y tuve que hacer movimientos para cambiar las fechas de la boda. -angustiado planteó el hombre.
- Según el código de los Salem, si la boda se realiza en cadena nacional no podrían enfrentarse ante los ojos de millones de auditores… ¿Planeas hacerlo durante el concierto de los Three Ligts? -Siena ya no parecía la chica ingenua de todos los días.
- No lo había pensado. Excelente idea Siena. -con la válida expresión, el anciano arrojó un halito de alivio.
- ¡Oh por supuesto! Tendremos que iniciar los preparativos de la ceremonia. -sonrió Iris, tomando la iniciativa de llevar a su prima ante miles de tiendas que conocía.
- Pongamos en práctica lo de la boda, pues Itzel comienza a entender su nuevo papel. Edmund no podrá detener a Ónix por mucho tiempo engañándole con que Itzel es Gaia… sí el regresa.
- ¡Abuelo! ¡Ni lo digas! Sí el regresa los viejos sentimientos de Elis retornaran -Siena se levantó estrepitosamente de la silla- Y Seiya podría verse afectado…
- Rick. Ese muchacho nunca me gustó para Elis. -el estrés se dibujaba en la arrugada cara del Señor Elido.
"¡Ah! (ella la única que me entristece)
Ella lo es todo y más
Solemnemente hipnótica
Mi Dahlia bañada en posesión
Ella es como un refugio para mí"
Fingir sus sentimientos. Sonaba tonto, la apreciaba, quizá como a una amiga o como su maestra. Amarla le sonaba un tanto precipitado. No obstante, qué clase de cosa querría evitar Elis para prestarse a un asunto tan bajo. Intentó llamarla, no contestó. Entró al apartamento, el abrigo de ella descansaba en el sillón, le buscó por todas partes. La última opción fue el maldito desván. Ese dónde guardaba pilas de recuerdos del tal Rick Hunter que comenzaba a odiar a inconsciencia y con insondable rencor. No deseaba prestarse al mismo juego de Mamoru y Usagi, sin lugar a dudas lo tomaría con extremo cuidado. En el desván no había nada, pero unas escaleras que daban al techo lo obligaron a subir. Ahí estaba ella mirando fijamente el cielo, parecía que contaba las estrellas. La luz de la luna roja impactaba en la morena piel de Elis haciendo que Seiya se perdiera en la expresión enfática de la chica Salem.
- ¿Qué tanto me miras Kou?
- Estoy enojado contigo… Belun intentó hacer cosas de ti. ¡Quiero saber el motivo! -la observó desde lejos.
- Siempre he querido volar. -desviando la petición se abrazó las piernas flexionadas, acurrucando su mentón en las rodillas- Cuando niñas las chicas me preguntaban qué quería ser de grande, nunca supe que responder, porque ya sabía de las responsabilidades de una Salem. Ahora lo reflexiono, me hubiera gustado ser pintora.
A metros de distancia, escuchándola decir esas cosas y ver aquella sonrisa de añoranza sintió lo pesado para Elis ser una Salem. -Aún no me has dicho la razón -su tono de voz fue paciente, caminó unos pasos y se sentó al lado de la castaña rojiza.- No des rodeos
- Me llevó con él para enseñarme imágenes del romance que sostienes, diciendo que ambos estábamos juntos en un disfraz, que éramos unos mentirosos… en el paso descifró tu secreto del Demonio. No debía permitirme verte inmiscuido en problemas. Tus hermanos me aborrecerían- un tono franco ocultando el temor- Te repito, tienes tiempo para declinar, antes de que esto se convierta en el infierno para tú vida. Sobre todo aquel amor por Itzel…No te preocupes continuaré entrenándote.
Un sacrificio por él, para protegerlo de su secreto, su garganta colapsó al enterarse de la falta. No deseaba conocer los detalles del acto heroico cometido por su compañera, es más, el sólo pensarlo le revolvía el estómago.
Silenció.
El viento producía ecos en el techo de cemento y las hojas de los pequeños arbustos colocados artesanalmente para decorar la azotea. Las cavilaciones se profundizaron en Seiya. ¿No debía él velar por ella? La abandonó en un instante difícil… Y él… sumido en encontrar a la hija de Serena, hasta relegaba a sus hermanos y el asunto de la princesa arcoíris. Había escapado tanto de todo, que ese todo ahora le azotaba en la cara. En qué momento se le olvidó su responsabilidad, la promesa a Edmund. Elis le daba todas las libertades que deseaba, ir a los ensayos, llegar tarde a casa sin ninguna explicación. Lo apoyaba en sus prácticas, estudiar para los exámenes… ¿Qué le ofrecía él a la chica Salem? Sólo el compromiso para salvar su amado orfanato, liberarla de casarse con el asquerosos Belun. Mientras él prefirió voltear su barca a otro lado.
Decidió buscarle una sonrisa o cambiar su humor, como en los viejos tiempos con Usagi. Seiya resopló una risa - ¿Estás celosa?
- Celosa… -cascabelearon los dientes de la chica de cabello color coñac al sentirse descubierta.- No-no seas estúpidamente presumido ¡Seiya Kou! -sintió el peso de un saco sobrepuesto a su espalda. - ¿Am? ¿Qué haces?
- Tienes frío… Tiemblas como gelatina.
- Ahora sientes lástima… -se puso de pie y le aventó el saco- Escucha bien Seiya Kou. La compasión es la peor bajeza que alguien pueda sentir por mí. Tienes seis días para pensártelo. Itzel es una gran amiga mía y no deseo verla sufrir con tu paranoia de comparaciones. - caminó a las espaldas del pelinegro para que él no se diera cuenta de sus pies lastimados por lo tanto que había corrido en tacones. Tenía cara de pocos amigos, el ceño fruncido y los luceros azul menta en irisaciones de ardor, luego sintió un jalón provocado por Seiya, el estrujo la posicionó en los brazos del joven Kou.
"Me pongo nervioso, perverso,
cuando veo que empeora
pero el estrés es pasmoso
Ahora o nunca ella vendrá al hogar
por siempre
¡Ah! (ella la única que me entristece)"
Elis forcejeó para escapar de la escena, Seiya la retuvo con una fuerza descomunal- ¡Necia! No soy la única personita aquí que vive enfrascada en el pasado.
- ¡Suéltame Seiya! Me lástimas la muñeca -se tocaba la cortada hecha en su pequeño secuestro.
- ¡Olvídalo! A él -la expresión de sus ojos zafiros fue triste- Me desespera verte como zombi cada momento que piensas en el tal Rick
Elis dejó de patalear y carcajeó- ¡Envidiosos! Rick me correspondió. -con pedantería postuló- Te enfada que en tu caso haya sido diferente. Por eso buscas a la primera que se le parezca.
- ¡Basta!- la apretó sin medir la energía que emanaba de su incomodidad - Parece que no lo has notado. No me interesa Itzel o Siena, ni mi amor le pertenece a Usagi Tsukino.
- ¿Cómo? -los presurosos latidos bombearon sangre a todo su cuerpo, las extremidades se le acalambraron… luchaba para no ruborizarse, creer que le diría que ella era la nueva dueña de sus sentimientos transcurría como ilusiones. Intentando aligerar las forjadas altas fantasías actuó arrogante.- ¡Sí claro! ¿Cambiaste de objetivo?
- Deseo estar en paz conmigo mismo… En este preciso momento no tengo a nadie clavado en mi corazón. Existen muchas cosas y ocupaciones que debo atender. -se levantó con ella, cargándola en brazos, y se dirigió al hueco de la entrada al desván- No pido que dejes tus hermosos recuerdos, sólo que te des cuenta que Rick ya no está aquí y no volverá. Quizá, algún día, encuentres una persona especial que ocupe un lugar diferente.
No supo cómo Seiya descendió con ella de la azotea del desván, la llevó a su recamara y le quitó los tacones. Él la contempló seria, se podría decir helada, con mirada perdida… Por un fragmento de segundo sintió culpa por ser tan agresivo en esas palabras, pero por otro lado, con la responsabilidad o el derecho de exponérselas. A pesar que se mintiera era prodigioso verla débil, desconsolada, silenciosa, al ritmo de depender de él… un efecto retorcido.
Seis días del concierto en un viernes por la tarde.
Las campanadas del colegio Lumen comunicaron la salida. Las últimas noches el entrenamiento había sido más duro que lo habitual y su compañera bastante esquiva con él. Seiya sentía que desde esos días lo estaban observando. Empezó a preocuparse.
En el pórtico de la universidad.
- ¡No! sin peros Elis… escogerán su traje hoy. -la alaba Siena del brazo.
- Hemos trabajado muy duro con los preparativos -mentó Viorel que sostenía unos pápeles donde anotaba cada objeto de la boda.
- adelantar nupcias suena grato. -Itzel los veía a ambos con satisfacción. Ya había comprendido su lugar.
- Parece que se les queman las habas para comerse el pastel -bromeó Cloe, abanicando su dedo índice.
- Si es que no se lo comieron ya. -molestando a Seiya, como siempre alardeó el peliplata, haciendo entrar en calores a su hermano de en medio.
- Suenas vulgar. Yaten. -Arrojó Taiki con poca cordialidad.
Seiya abrió la boca, alguna tontería vendría a su mente, pero Elis le ganó la tirada con palabras desabridas- Seiya es un caballero…
Un grito les hizo girar a todos en dirección a Taiki, él que parecía luchar con una cosa que se le subió a su espalda.
- ¡Qué bonito eres! -Una pelirroja abrazándolo con frenesí, estrujaba su cara en el lomo del castaño. Aparentaba ser un mono trepado que no quería soltarse.- Takiki… te amé desde el primer momento en que te vi…
- En primera mi nombre es Taiki -intentó despegársela- En segunda no me interesas y en tercera bájate. -la arrojó al suelo.
Se levantó pronta- ¡Qué feliz soy! Takiki es tan tiernamente tímido que disimula su amor por mí -Iris con manos colocadas en puño, al extremo de sus mejillas sonrojadas.
- ¿Iris? ¡Por los dioses! Llevo años sin saber de ti. -Sonrió la castaña rojiza.
- ¡Obvio! He viajado por el universo… En cuanto me enteré de la boda no dude un instante de estar con mi aburrida prima favorita. Seiya… te llevas a la mujer más talentosa, dulce y hermosa del planeta. Así que cuídale bien.
¿Dulce? Se cuestionaba Seiya. Tal dulzura la tenía muy escondida. - ¡Lo sé! -sonrió cuajadamente.
Iris curioseó por varios segundos a Seiya y Elis, les tomó por las muñecas dando un grito de pavor- ¡No puede ser! Seiya… tú… tú…
Chorreándole una gota por la cabeza, con las vistas de todos clavados en ambos, el pelinegro casi juraba que la chica delataría que él era un Demonio - Pa-pasa que yo…
- ¿Dónde están sus sortijas de compromiso? ¡AHHH! El abuelo me explicó que vienen de otro planeta… Bueno vayamos en mi nave a las tiendas. -Contestó Iris con acentos de sorpresa.
- Planeábamos que escogieran sus trajes de bodas. ¡Podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo! -Siena relucía de contenta. La verdad aparentaba un poquito, ya lo había planeado con el comandante e Iris.
"Difícil decir que llamo mi atención
Estática y loca, atracción de áfido
Tallé mi nombre en mi rostro, reconociendo,
Análogo a un culto a la feromona para aterrorizar"
Caminaron por todo el pasaje de las boutiques, fans se abalanzaron a Seiya, Taiki, Yaten y Cloe pidiendo autógrafos. A punto de volverse locos, sumando los admiradores tras ellos, llegaron a la última joyería. Digamos que si Seiya decía blanco, Elis señalaba negro o viceversa. No por estar en desacuerdo, lo podríamos definir como la venganza de la "prometida" por las palabras la noche después de la obra.
- Tengo una duda. - del brazo de Taiki, quien rabiaba de lo imprudente que era la chica de ojos verdes, Iris inquieta se acercó a Seiya y a Elis- ¿en verdad están enamorados? No les he visto besarse, ni abrazarse, mucho menos tomarse de la mano…-los puso nerviosos- Les advierto que el código Salem es muy claro. Siendo Seiya un hombre ordinario los ojos del cónclave estarán bastante puestos en el romance. No dudo que ahora los estén monitoreando. -Luego cambió su vocablo riguroso, por uno escandaloso- Takiki y yo no tendremos problemas… ¡miren como derrochamos nuestro amor! -Abrazó al castaño empalagosamente.
- Me llamo Taiki y ¡Sepárate de mí! -exclamaba irritado de la compañía, cansado de decirle su nombre.
- Hermanito… que feliz pareja hacen ambos. -insinuó Yaten a su alto hermano, a punta de carcajada-
- ¡No seas insensato! -Taiki respondió pronto, buscando la manera de huir de Iris.
- Viorel, Itzel… amm… aún quiero ver el detalle de las flores. ¿Me acompañan? -a rastras se llevó la pelirosa a la chica de ojos plata seguida de la grisácea.
Tomarle de la mano, abrazarla, besarla. Los términos de Iris pasaban como precaución. Tenía toda la razón, parecían todo menos novios, enamorados y con deseos de boda. Qué importaba, todo se jugaba en una farsa. Un momento… el cónclave sobre ellos. ¡Qué diablos! Nervioso, con temor buscó la mano de su "novia" al enlazarlas sintió una corriente eléctrica, la primera originada del arranque, la segunda en los confusos ojos de Elis.
- Es la última joyería -Seiya le susurró al oído a Elis, al ver que Taiki intentaba salirse del amarre de Iris y discutir con Yaten - Vamos solos - tiró de su mano con sigilo perdiéndose de la vista de los demás.
Entraron al establecimiento detallando las estanterías. El joyero se les acercó inquiriéndoles amablemente su necesidad. Luego el hombre fue a buscar los anillos que guardaba en la bodega, pues estaba de limpieza en aquella vitrina.
- No tienes que hacerlo si no quieres -desató el lazo de las manos.
Seiya comprendió, se refería a ser cariñoso como un enamorado con ella, pero nuevamente las unió- No seas quejumbrosa ¿Quieres? -antes de que la castaña coñac dijera otra cosa le ganó la partida- Hoy se cumplen los seis días de plazo ¿No?
- Lo has decidido. Por mi no hay problema. No me pondré a llorar como sufrida por que Seiya Kou me plantó en el altar. -soberbia le contestó.
-Deja de decir esas tonterías desde ahora. -le giñó el ojo. Llevaba tiempo sin hacer el ademán.
El vendedor regresó con el cajón delgado donde estaban los aros de compromiso. Lo extendió.
- ¿Cuáles te gusta para nosotros? -curioseó Seiya.
- ¡Los que sean! No importa. -respondió.
- ¡Ah no! Señorita. Hemos dado vueltas por todo el centro comercial y te has comportado negativa a mis elecciones… -regañándola con gentileza- Deseo que estas argollas las conservemos como un maravilloso recuerdo, un pacto de paz y…
- Y de amor. -irónica completó la palabra.
- ¿por qué no? No todos los días tienes el privilegio de casarte con Seiya Kou. -bromeó.
- Fanfarrón insensible. ¡No te soporto! -se cruzó de brazos.
Una disputa interminable, el comerciante acabó por dejarlos hasta escuchar que habían tomado una decisión.
La vio alterarse de una forma poco fiel, reclamaciones del plazo de seis días, volver con el tema de Usagi, Siena e Itzel, pedirle que abandonara todo este circo- Elis… ¿Estás enamorada de mí?
- ¡Qué majadería! Es lo que tus oídos desean oír para agrandar tu vanidad. -su cuerpo tembló sin concebirlo, se dirigió a los aros para ocultar su mirada dolorida mudando de aires abruptamente el dialogo- Estos son los correctos, tienen una piedra azul como nuestros ojos…
Era bastante parecidos, ambos cojeaban del mismo pie, heridos por un amor irreal. Las discusiones que tenían se formulaban burdas, quizá ella no se había enterado del enamoramiento, él sí. Después de todo quién se resistía al guapo Seiya Kou. Sacudió su cabeza para sacarse la tonta teoría. - Hasta que estamos de acuerdo…
En la florería.
- Viorel, ¿no estás celosa? -indiscreta preguntó Cloe.
- ¿Por qué?
- Iris anda fastidiosa con Taiki y… -insinuó la pelirosa falseando en mirar las flores del local.
Viorel rio con delicadeza- Pensaste que… Taiki es guapo, es un gran amigo. Comprobé que no es mi hombre ideal. Nos parecemos en muchos aspectos, pero es demasiado serio. Siendo honesta mi corazón se fue muy lejos de este país con Alain.
- Te refieres al joven al Alain Versage… vicioso, libertino, pandillero, aprovechado. -Sorprendida Itzel comenzó a sentir pena por su amiga de cabellos azul cian.
- ¡Efectivamente! Porque lo conozco desde mucho tiempo y sé realmente quién es…
- Tan calladita montando la pinta de gustarte los ecuánimes, ahora me sales con el disparate de Alain. En la secundaria y el orfanatorio lo odiábamos.
- ¡Pues sí! Cloe-se ruborizó Viorel- Es alto, rebelde, me hacía reír mucho, por él aprendí a amar el deporte. Lo adoptó la buena familia Versage. Estoy segura que algún día lo volveré a ver. Lo prometimos.
- ¿Có-cómo? -el lado teatral de Cloe; Una mano en la frente y cara dramática.
Yaten se condujo a la impactada Cloe, trayendo tras él a Taiki con una vena alzada en la sien. - Pensé que estarían aquí…
- ¿Perdieron de vista al Joven Seiya y a Elis? -preguntó la de ojos aceituna.
- Nos encontramos con el Señor Elido Salem, nos dijo que se habían marchado -apuntó Taiki con su colgante chica pelirroja a la cintura.
- ¡Amado Taiki! Comprende a los enamorados… -llena de felicidad, sujetándose fuerte del castaño, rumoró Iris.
El comandante Salem llegó de improvisto al local de alhajas saludándoles, voltearon al anciano para corresponder. Hubo unos minutos de charla sobre la deliberación de las sortijas, en un pequeño instante, Seiya observó a Elis ponerse pálida y retirada. Sólo escuchó el susurro en Elis ¡Rick! para verla desfilar entre la puerta de cristales. El abuelo encrudeció la expresión empujándolo para marcar la persecución tras ella.
La encontró en los portales del centro comercial. Paralizada, muda y fría.
- ¿Viste un fantasma? -apretando con fuerza los puños, esperaba escuchar una queja de su parte. No fue así.
Esgrimió una paranoica sonrisa- ¡Rick…! ¡Era Rick! Rick… Estoy segura.
La estrujó de los hombros- ¡Murió! ¿Entiendes?
- ¡NO! ¡Volvió por mí!
Mirándola ponerse cual enfermo mental; ojos perdidos, movimientos desequilibrados, fuera de razón. ¿Comprendería la muchacha el significado de fallecer? Lo puso tan furioso ver aquella condición desubicada. Un sonido pastoso provocó la huida de los pájaros al Seiya abofetearla. Elis se sorprendió.
- Encaja en la realidad… Él ha MUERTO -gritó el pelinegro, para dirigírsele con palabras excedidas- Lo entiendo… Todo el maldito tiempo pretendes ser indiferente, solitaria, ecuánime, madura. Una odiosa mentira. Una niña, eso eres. Una niña descontrolada escondida en la adulta estable.
- ¡Seiya! -susurró aterrorizada la maltrecha joven.
Seiya conjeturaba una respuesta agresiva, sin embargo, ella se echó a sus brazos buscando refugio en él. El llanto chorreaba de su fina camisa azul claro al suelo pavimentado. Las palabras de Edmund vinieron como relámpagos a su cabeza En cambio Elis, en esta casa y fuera de ella, nada ni nadie la protegerá de las lagunas que posee. Vislumbróel contexto, claro como el agua, Elis estaba sola y de cierta forma él se convertía en su único escape… Le hormigueó la mano criminal, punzadas de dolor y pecado ¿Qué había hecho?
- ¡Di-discúlpame! -la abrazó por el cargo de conciencia.
"No dejaré que se acumule en mí
No dejaré que se acumule en mí
No dejaré que se acumule en mí
No dejaré que se acumule en mí
(¡Sí!)"
Un día habían pasado y en dos días sería la famosa ceremonia. Perdido en las cavilaciones de las largas fechas que convivía con Elis, ¿cuánto había pasado desde el primer día de conocerla? Unas dos semanas que le parecían meses. Aún le dolía la mano, aún sentía los piquetes de la culpa.
- ¡Seiya! -el ojiverde trató de traerlo a la realidad.
- ¿Me decías algo? -contestó el pelinegro, parando de tocar la guitarra.
- Desafinaste al cantar… has dado un tercio más grave… también pisaste en el traste una nota en octava más aguda. -Le corrigió Taiki.
Aclarando su garganta, Yaten escuchaba pedir perdón varías veces a su hermano Seiya. Con franqueza empezó el dialogo- Nunca estuvimos de acuerdo con lo del matrimonio, de hecho nos parece la idea más loca que has tenido…
- Se preocupan demasiado -risa nerviosa entonada por Seiya, en la persecución de cambiar la conversación. Por descabellado que pasaba el asunto, sus hermanos no tenían que enterarse de la "encomienda" dada por el príncipe de Cybele- Continuemos el ensayo.
- Seiya, por un momento préstanos atención. -severa mirada violeta recorrió el rostro del pelinegro.- Todo el tiempo nos rehúyes, buscas pretextos y te zafas con incongruencias.
- ¡A ver! Échenme en cara su inconformidad -bufón les dijo, inclinando la guitarra a un lado del banco en el que estaba sentado.
- No sé qué estás pensando. Te olvidas que tienes que regresar a nuestro mundo. Aún servimos a la princesa Kakyuu. El amor no es parte de esta tarea. -Lo regañó abiertamente Taiki.- ¿Acostumbrarás hacerlo todo él tiempo? ¿En la siguiente misión embarazaras a alguien?
Ya sabía a dónde se dirigía, comparando el contenido a lo de Usagi en el tiempo de Galaxia. Extrañamente no se sintió ofendido y le sonrió a Taiki- ¿Nunca te has enamorado Taiki?
- Ya sabes que mi lealtad y amor es para nuestra Princesa. -con toda seguridad respondió el castaño.- Le he dado vueltas al asunto y por más que lo pienso no comprendo que en pocos días de llegar a este planeta ya pienses que amas a esa mujer. -con algo de rencor le contó.- No sabe de nuestras identidades, toma en cuenta que cuando terminemos vamos de retorno a nuestro planeta. -reafirmando lo dicho.
- Pero si en el concierto de Itzel dijiste que… -Seiya reprochó acordándose claramente del elogio destinado a su prometida. Y aunque las puñaladas fueron un claro síntoma celoso de su hermano, lo dejo a un lado.
- Fue una cortesía. -Justificándose Taiki.
- Yo opino diferente… -contradijo Yaten, poniendo exacerbado a su hermano Mayor. No obstante el peliplata caminaba por otro atajo- Aunque la idea pase de la cordura, me agrada. Te ha cambiado. Eres más responsable, dedicado, sonríes más a menudo. Y Usagi Tsukino ya no es una palabra prohibida. - Sobre todo él también tenía unas lecciones aprendidas en la trayectoria. Cloe lo puso nítido. Sus servicios ya no pertenecían a Kakyuu, si no al Príncipe de Cybele. Lo complejo recaía en explicarlo al testarudo Taiki.
- ¿Cómo puedes estar de su lado? - el más alto de los Kou exasperó la locución, tanto de voz como rostro.- ¡Oh! Caigo en la cuenta con esas saliditas y las grabaciones. No me vengas que estás enamorado de Cloe.
Se atragantó el peliplata - ¿Y tú de la prometida de Seiya? No haces más que decir "Elis esto" "Elis lo otro" Aunque sea por reclamaciones.
El joven pelinegro carcajeó con gracia, por un momento sintió escozores de peligro- No creo que suceda así. Taiki está molesto con Elis por robarme. -presumió-Tengan confianza en mí, volveré a nuestro hogar sin ningún problema…
El castaño estaba decidido a lanzarle el cuestionario sobre la seguridad que proyectaba Seiya. Interrumpido por una voz de fondo chillante que vociferaba ¡Caramelito! He traído comida y té para todos buscó un escondite para escapar de esa chica pelirroja, como diera lugar. - ¡Tengo que salir de aquí! ¡Ya no la soporto! Es una pesadilla.
- ¿Qué le pasa? -preguntó Seiya al ver salir a Taiki a toda prisa.
- Es que Iris nos preparo la cena ayer al regresar del centro comercial y se estuvo hasta muy tarde hablando con Taiki, luego como a la una de la madrugada, media hora de que se fue, le llamó. En la mañana llegó muy temprano y nos hizo el desayuno decorado con corazoncitos para Taiki. -contaba Yaten guasonamente- Lo hace bastante bien ¿he?
- ¡Qué gracioso suena! Es una lástima no haber estado ahí.
- De la que te perdiste hermano. -mentó Yaten en diversiones.
Tanto Yaten como Seiya vieron devolverse a Taiki con una sonrisa tensa. Venía abrazado por el abuelo de Elis e Iris diciéndole la frase que alguna vez le expuso a Seiya. Misma expresión amenazante. Bienvenido a la familia Salem… no dejes a mi dulce princesita o te mando fusilar… Notándolo desde otra perspectiva aquello le causo gracia.
- ¡Buenas Tardes nieto Seiya! Quería darte esto -le sacó una bolsita de papel decorada con el nombre de la última joyería que visitaron ayer-
Nieto… sonaba genial, él nunca había conocido a su familia, era bonito tener a alguien que lo nombrara así. Se encariñaba bastante con Elido. Todas las noches, durante la cena le narraba cosas increíbles, cuentos de batallas, estrategias de guerra, se entretenían con el abuelo en un juego parecido al ajedrez combinado a un monopoli, que Seiya nunca podía ganar. Luego cogió el paquete y le dio una miradita al estuche contenido. Los brazaletes… detallándolos venían gravados con sus nombres; Elis decía el de apariencia masculina y Seiya el más delicado.
- ¡Son los de gemas azules! -exclamaba Seiya. Ayer no hubo momento para comprarlos por la escena de su "novia" Elido asintió con esa gentil sonrisa, llena de calor que sólo los abuelos podían dar.
Observó a Iris colocando un mantel blanco en la mesita del estudio, después la canasta en el centro y sacar alimentos. Se quedó perplejo por el contenido de la comida. El mismo alimento que le tiró a Elis el primer día que la conoció, comida marina del planeta.
Indiscreto preguntó para sacarse la duda. - He visto todo este tiempo… ¿no consumen carne las mujeres Salem?
- Pues cuando las mujeres Salem son vírgenes se nos prohíbe comer carnes rojas. -se ruborizó Iris.- Yo no soy tan buena cocinera como lo es mi prima o Viorel. Así que Elis lo preparó para ustedes para agradecerles el préstamo de su hermano, asimismo me dijo que Seiya debe estar bien comido -sonrió para Yaten y Taiki, sacando el último refractario, con un maravilloso pastel decorado.
- Matrimonio no suena a préstamo -refunfuñó Taiki.
- Yo pensé lo mismo. De hecho prefiero las cosas discretas… una boda tan aparatosa me da miedo -la pelirroja comentó cuando todos buscaban su lugar, ella especialmente junto a Taiki. Al que inició a darle de comer con mucho romanticismo.- ¡Di A Takiki!
- ¡Qué lindos se ven! -Yaten atacó su sarcasmo mordaz a pesar que su hermano mayor se negaba en aceptar el ridículo gesto.
Sí Elis se comportara como Iris estaría en sus redes, pensó Seiya. Aunque en cierta medida la pelicoñac se preocupaba por él… Sin señas aparatosas o de las cuales se diera cuenta. Tal el caso de su sacrificio. Llego nuevamente a la cuenta ¿Qué hacía por ella? Mientras escuchaba reñir a Iris con Taiki y al abuelo carcajeando con lagrimeos de felicidad en sus hermosos y viejos ojos azules, le vino a la mente lo de la noche después del concierto de Itzel.
- Iris. ¿Qué te gustaría estudiar? -preguntó yéndosele las palabras sin razonar.
- Ammm… Soy una Salem, las obligaciones nos dicen que solo podemos ser Magas o Hechiceras… Siéndote franca amo la literatura, me encantaría ser maestra universitaria y poder publicar un libro de poemas. -contestó Iris.
- ¿Poemas? Si cantas maravilloso -profundizó sorprendido Yaten.
- ¡Gracias! Fue un favor que me pidió Iztel cuando nos reconocimos en la preparatoria de un colegio en el planeta Valhala. Al cual fui enviada para traer conocimientos nuevos para el cónclave.
El abuelo respondió- Su desarrollo es estricto en la época de preparatoria. La vida de las mujeres Salem es muy dura. Pues tienden a ser las cabezas de la familia. Iris es la segunda a cargo, sí muriera Elis, ocuparía su lugar.
- Ni lo imagines ¡Suena muy feo Abuelito! -con el cuchillo en mano, Iris realmente lucía atemorizante.
Entonces Seiya se percató que Elis no compartía más que el color de los ojos con Elido… Sencillamente su prometida era muy diferente a todos los Salem que conocía. ¿Se parecería a su madre o quizá al padre? - Suena muy tonto a estas alturas, pero Elis nunca menciona a sus padres, ni siquiera sé como se llaman o como son.
- Litmus, mi nuero… lleva años desaparecido, unos meses después de la muerte de Rick. Un hombre fiel, amoroso y comprometido con su labor. Tiene el cabello canoso y los ojos tornasol, alto y de piel blanca. Fue el guardia de la casa imperial del padre de Edmund, Edom el primer esposo de mi hija. Mi querida hija… -suspiró.- Siempre fue una chica muy rebelde, odiaba el cabello largo como el destino de las Salem. Recuerdo que una vez tomó las tijeras del despacho y se trasquiló. Ella estaba enamorada de Litmus pero la obligación de la Salem principal era establecer matrimonio con la realeza Cibeles o con algun pariente Salem.
- ¡oh! ¡Qué triste! -se encogió de brazos Yaten.
- La tía Elphis tenía los ojos más verdes e impresionantes que nunca hubiese conocido y un fino cabello negro, parecía una muñequita. Al menos lo que recuerdo de ella. -Con excitación mentó Iris- Gracias a la tía, el código Salem se revolucionó y las hijas cabezas de la familia podemos decidir con quién casarnos. Siempre y cuando se conserve el apellido.
- ¡Toda una historia! -comentó Seiya con ojos engrandecidos.
- Seiya, te estoy muy agradecido por llegar a la vida de Elis. La has llenado de esperanza y de felicidad… ha pasado mucho desde que la vi sonreír. -El anciano lo miró satisfecho.- o platicar con alguien que no fuera Edmund. Me sorprendió mucho que me recibiera de tan buena forma a mí y a Chikyú después de lo que hicimos…
- ¡Ya! ¡Suficiente de hablar de tragedias!… -golpeó a la mesa con emoción- en dos días será el momento más feliz de la vida de Seiya y Elis. Así como pasará con Takiki y yo… ¿Verdad Amorcito?
Taiki se limitó a regalar una cara de "no quiero", mientras Yaten y el abuelo Elido reían si parar. Seiya se cuestionaba cuál cosa le habría hecho el abuelo, ese no era el lugar para descubrirlo… de otro modo no le incumbía. No daría acceso a permitirse tener lástima por Elis y mucho menos meterse en su vida privada.
El zorro llegó corriendo repentinamente, mordiendo el pantalón de Seiya, parecía que quería decirle algo.
-¿Lluvia? ¿Dónde estoy? ¿Qué clase de lugar es este? - Miró a Seiya parado en la azotea del raro lugar, estaba conversando con una chica, desde su punto distinga una mancha con cabeza amarilla, con una especie de ropa de militar de falda azul marino, se aproximó al pelinegro- ¡Seiya! ¿Dónde estamos? -No respondió el chico, quiso tocarlo para que se girara a ella, pero era como si ella fuera un fantasm, pues le atravezó- ¡Demonios! ¿Qué es esto? -observó sus manos, eran normales, luego escuchó la voz chillante del uniformado. ¿Una chica?… era una chica.
- A decir verdad, yo no soy una persona entusiasta como todos creen.
-¿Qué? -preguntó Seiya tratando de entenderla.
-Bueno… aunque me lo proponga el día de hoy hacer la tarea al llegar a casa, siempre como dulces y me da un poco de sueño. Al final de cuentas me quedo dormida sin importarme lo demás -Elis se acercó lentamente podía mirar a la chica ahora… esas coletas doradas, ojos azules, piel clara fina, esa cara de ingenuidad… La famosa Usagi.
-¡Uah!- escuchó exclamar a Seiya.
-También me propuse esforzarme sin la ayuda de nadie… ¡PERO RECORDE A MAMORU! ¡AL VER ESA ROSA ROJA! -¡Rosa roja! ¿Cuál significado tan importante tendría esa flor?
-¡Odongo!
Estática sólo contempló el hecho, ella era una sombra y Seiya no podía verla…
-¡Pensé que no habría ningún problema si él no me escribía o me llamaba por que se dedicaría a estudiar, creí que mi obligación era vivir sola un tiempo. Pero… pero… ¡NO PUEDO VIVIR SOLA, NO PUEDO! - Sollozante dijo Usagi, mientras a Seiya se lo tragaba la amargura…
-¿Odongo?
La rubia se arrodilló por el dolor que tenía en el pecho -¡LO EXTRAÑO!, ¡EXTRAÑO A MOMO-CHAN!
Elis observaba los hermosos zafiros de Seiya encunados por la amargura que pronto mudaron a la furia, no entendía cómo podía ser presa de esa extraña ilusión… Seiya colocó las manos para ¿agredirla? ¿Burlarse?
-¿Qué? -dudosa la rubia de coletas no entendía la actitud del pelinegro.
-¿Y no puedo remplazarlo?- sucumbía por dentro. Elis lo sabía, sabía que Seiya pasaba por el peor momento de un dolor moribundo… -¡Déjame remplazarlo! -pausó- Odongo, las cosas que te dije ayer eran enserio -sonrió mirando a esa chica con dulzura.
-Seiya… no quiero que…- lo miró con lástima.
-No pienses… que me estás causando problemas, solo porque me gustas Odongo.
Seiya se comportaba tan tierno, afable, enamorado… Nunca, nunca había tenido una reacción para ella de él así-¿QUÉ? Seiya… no lo hagas… -gruñó Elis con histeria, al no poder palparlo- ¿No lo entiendes?… ¡mírame! Ella te está haciendo daño.
La escena continuó muy a pesar de lo que Elis intentara.
-¿Eh? -expandió sus llorosos luceros cielo.
La morena podía verlo como se acercaba a Usagi y le susurraba.
– "Sabes cuando termine el concierto te secuestraré. -nuevamente no era él pelinegro cantante que conocía, con ese sonsonete pícaro con el que informaba de sus actos malvados a la rubia- Sólo quiero que comprendas que sin darme cuenta me enamore de ti como no tienes idea.- sonrisa firme… aunque no tenía esperanzas… ¿por qué? ¿No entendía que esa Usagi tenía a otro- Odongo, solamente quería decirte lo que siento por ti, ya que dentro de poco tiempo dejare de ser el cantante Seiya Kou.
¿Dejar de ser Seiya Kou? Entonces quién era él… se arrojó al suelo, la precipitación del agua que caía del cielo hacía estragos en su cabello coñac. Golpeó la superficie. Desenado que Seiya la escuchara. No quería seguir oyendo toda esa declaración… -¡Es un mal sueño!… ¡Un mal sueño! ¡Tengo que despertar!…
Cuando se giró a ver la escena, esta había cambiado. Aunque la lluvia caía sobre Elis, la chica, ahora era una Mujer con una luna dorada en su frente, parecía estar seca, con un panorama hermoso a sus espaldas y un castillo de cristal. - ¿Quién eres? -preguntó la morena buscando una respuesta con un gran rencor en su mirada chispeante azul menta.
- ¿Me odias? -incrédula la mujer, sosteniendo un cetro dorado.
- ¡MALDITA SEAS! Es tú culpa que Seiya sufra así…
La mujer caminó hasta Elis, arrodillándose en el suelo mojado de la azotea, sin importar que su fino vestido blanco se mancillara con la mugre de la tierra.
- Yo quiero mucho a Seiya -contestó con enorme seguridad, para abrazarla con afecto.- y Él me quiere tanto como yo… -le murmuró al oído.
La aventó haciéndola caer al enorme charco- Pues… ¡Quédatelo! No necesito a ese vanidoso cerca de mí… ¡LO ODIO! ¡LO ODIO! -sus palabras debilitaron- ¡Lo odio! -en sus mejillas corrían lágrimas que se confundían con la lluvia. De sus labios gemidos patéticos de sufrimiento, quería correr, su cuerpo no reaccionaba.
La dama de cabellera dorada volvió a abrazarla, una energía cálida la envolvió.- Serena… Me llamo Serena... y no le odias… Estás enamorada de Él.
- ¿Enamorada? ¿Odongo?
Seiya escuchó decir Odongo en murmullos a la castaña caoba- ¡Elis! ¡Elis! ¡Reacciona! -Intentando reanimarla con el estuche de primeros auxilios que tenían en el estudio. La mirada de Seiya pasaba por preocupada.
- "Ese sueño otra vez…" -pensó- ¿Do-Dónde estoy? -preguntó la morena.
- En el estudio. Elis. -contestó Yaten- ¡Rodaste por las escaleras!
-¿No estarás embarazada? -Iris caía a la cuenta.
- ¿Seiya? ¡No puede ser! -exasperado se tomó de la cabeza Taiki.
- ¡No de mí! -susurró el pelinegro con algo de coraje, por fortuna sólo pudo entenderlo Elis, pues estaba muy cerca de él. Seguramente ese maldito de Belun había dejado un regalito.
- ¿Cómo? -el abuelo no pudo descifrar la mención de Seiya.
- No. ¡Gracias al cielo! no me aventuraría a esas cosas con ella.- rascó su cabeza, por la presión ya no hilaba correctamente las frase- es decir… que… respeto a su nieta…
La morena de ojos azules entendió perfectamente lo que intentaba decir. Le daba repulsión seguramente. Seiya miró a Elis levantarse del sillón, entregándole una cajita de cartón color rojo, pronunciar lo de siempre. Tengo muchas ocupaciones Muy a pesar de pedirle que se sentara a reposar, aseguró que estaba perfecta, que el calor la estaba sofocando y que no tenía nada. Partió con Chikyú, para Seiya fue ver una sombra salir del estudio.
Más tarde regresó a casa. Elis ya estaba dormida y el abuelo cansado se retiró a su recamara. Se sentó en la sala, prendió el televisor de tecnología 3D en volumen bajo. Realmente ni le prestó atención, necesitaba el ruido para olvidar sus pensamientos en la posibilidad de que su "prometida" pagara un alto precio por protegerlo… Se quitó el sacó y calló la caja carmesí. Decidió abrirla. Contenía una pulsera de color rojo con figuras de rosas, hecha de canutillo a mano y una nota en papel.
"Tienes razón… jamás pensé que fuera tan estúpida… Gracias por mostrarme cuan equivocada estaba… Quiero empezar nuevamente y sé que algún día mi corazón encontrará a la persona indicada que ocupe un lugar diferente"
¿Qué clase de persona realmente era Elis? Luego recordó que todo el mundo le aseguraba esa dulzura. No necesitaba ser empalagosa como Iris, ni tan elegante como Itzel o inocente cual Siena… o con esa calidez que desparramaba Usagi. La dulzura no provenía de los actos estridentes de ninguna de las chicas que conocía… venía de los actos pequeños. Como prepararle el desayuno todos los días, preocuparse por él, ayudarlo en todo lo que podía, procurar su alimentación, atender el vestuario que se pondría para la jornada, entrenarlo en su nuevo estilo de vida, agradecerle con esa pulsera, quizá suponer que ella estaba enamorado de él y resistía en negárselo. ¿Entonces qué hacía él para Elis? Nada…
Podía permitirse o darse el lujo de decir lo cruel que se comportaba. Elis, muy a pesar de su dolor, había perdido una persona amada como él con la princesa Kakyuu en épocas de Galaxia, Seiya se convertía en alguien que pretendía estar en un sitio cómodo, hacer lo que debía y en ese caso ahora cambiaba de papel, el papel que tenía Usagi en ese tiempo.
Lamentablemente Seiya no podía hacer nada por Elis, porque Taiki se lo puso en claro… Volverían a su planeta natal y permitir que el amor creciera en él era un error, ya que Elis era una Salem muy importante, la futura cabeza de magos milenarios, tenía una vida a la cual no podía rechazar y dejar de lado. La conocía bastante bien, su responsabilidad.
No se iría con el corazón destrozado, ni dejaría otro en ese Planeta.
"Soy el esclavo y soy el amo
Sin límites, ni coleccionistas controladores.
Existo atreves de mi necesidad, para autocomplacer
ella es algo en mí, que no me place..."
Muy temprano, por la mañana Seiya acudió a un repentino llamado de sus hermanos. Asegurándole a Elis que llegaría a tiempo para ensayar los pasos de la boda que sería mañana. En el trayecto se colocó el brazalete de compromiso. Tendrían respuestas de las piezas del Arcoíris, lo más posible para acarrearle tan improvisado al apartamento.
Estacionó el autonavío en un lugar accesible para regresar volando al ensayo.
Llegó al apartamento, tocando como un pariente lejano. Yaten atendió con una sonrisa entusiasta. Escuchó varias voces femeninas en provenientes de la sala, le sonaban familiares, demasiado maduras para ser Iris, Siena, Cloe y Viorel. Luego contempló el cuadro. Definamos que Seiya se quedó atónito, más nunca renuente.
- ¡Odongo! -exclamó para una preciosa rubia cana que se levantaba del sofá para saludarlo.
- ¡Irrespetuoso! ¿Cómo te atreves a llamar así a una Reina? -Regañó Haruka en dejos de añoranza.
- ¡Tenou! -susurró Seiya.
- No te preocupes Haruka-San, tenía mucho sin escuchar que me llamara así. -se aproximó al pelinegro, dándole un fuerte abrazo- Luces tan joven Seiya… me sorprende demasiado, podría decir que eres mi hijo.
- Nos podrías explicar… Hermano. Cómo es eso de que sabes el paradero de una hija de Serena que no conocemos. -argumentaba Taiki, al lado de Ami.
- Lo que sucede, Taiki-kun. Es que posiblemente luego de la batalla con Ónix y de que esa luz les cubriera no recuerden lo que sucedió. -Con mucha seguridad y la presencia inteligente que expelía la guerrera de Mercurio.
- ¿Ónix? -A Yaten le sonaba el nombre pero no daba.
- Pasó hace diecinueve años en la Tierra. -Sonrió dulcemente Minako- Les contaremos.
Más de media hora de plática, algunas bebidas, lágrimas en Serena, caras de disgusto. Les refrescaron un poquito las memorias a los Jóvenes Kou desentendidos de aquella batalla.
- ¿Quién es la que crees mi hija? -Ansiosamente preguntó Serena.
- Es una chica muy elegante, de cabello grisáceo, con ojos aceitunados, llamada Itzel Lakmus. Va a la misma Universidad que nosotros. -le contó el pelinegro tomándose un refresco de color mora.
Haruka y Ami se miraron extrañadas. No esperaban esa respuesta.
- La pueden conocer mañana en la boda de Seiya. -Argumentaba Yaten.
- ¿Te casarás Seiya? -Minako no podía creérselo. Llegó a un punto de casi infartarse.- Aún creía que adorabas a nuestra Reina.
La reina de la luna bosquejó una dulce sonrisa- Creí que siempre llevaría esa carga en mi conciencia… Estoy muy contenta por ti Seiya.
Hubo un tiempo que el corazón de Seiya se haría como una esponja para declinar en los encantos de su hermosa rubia. En esas fracciones de tiempo sentía tan sano el corazón- Todo el tiempo te preocupas por los demás. Odongo. Me complacería que estuvieran con nosotros en la ceremonia… Será mañana por la noche, en el concierto.
Taiki no se quedó callado y mostró su incomodidad a flor de piel- ¡Lo pueden creer! A inicios de misión y contraerá nupcias con una chica desconocida…
- ¡Taiki-Kun! -Ami no lo creía, aunque cuando eran jóvenes el chico intelectual se comportó de manera similar con su Neo Reina.
- ¿No estás nervioso? Digo… dar el gran paso no es tan simple. -Minako estaba inquieta por saberlo.
- ¿Cómo es la chica? -Serena estableció su curiosidad.
- Es… es… -definirla pasaba muy difícil, la muchacha era el signo de interrogación en persona- En ocasiones seria, enojona, dedicada, estricta, muy responsable…
- Nada parecido a la antigua Usagi Tsukino… Es más la describes como un sargento. -muescó una burla. Le vino a la cabeza la chica llamada Elis Salem. No en definitiva. Haruka había escuchado el nombre de Rick, la casualidad de que ella se casara con Seiya pasaba como imposible.
- Para nada… Ella es… como decirlo... Dulce, consentidora y se preocupa por mí a su medida.
Ellas desconocían totalmente los asuntos de ese planeta. Se les había complicado escarbar información porque aún no dominaban totalmente el lenguaje de Cybele. Y Ami se había dedicado a comprenderlo y a enseñárselos a las chicas durante todo el lapso de la semana, con todo eso se le pasaba algunos vocablos complejos de modismos del idioma coloquial. Sailor Mercury tenía gran inteligencia, pero no el conocimiento y la sabiduría del universo.
Hablaron muchas horas de los viejos tiempos, los Kou también explicaron el asunto que los mantenía ahí. El timbre de la casa sonó desesperado. Taiki puso cara de chupar limón. Yaten estaba a punto de iniciar la diversión del día y fue a la puerta a abrirla. Una pelirroja con cabello atado de lado, rizado, ojos verdes y sonrisa despampánate saludo al peliplata y corrió a abrazar al pobre castaño.
- ¡Sorpresa mi amado Takiki! ¿A qué no me esperabas? -Iris se percató luego de las chicas.- ¡OH! ¿Una de ellas es tú madre? -Se ruborizó completamente- ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Qué pena! Me hubiera arreglado más bonita. -Miró a Ami, la más serena y con cara de erudita, se aproximó a ella- ¡Es un placer Señora Kou!
Ami sonrió delicadamente.- Me confundes. Soy Ami Mizuno. Todas nosotras somos amigas de los jóvenes Kou.
- ¡Qué pena! -Contestó Iris.
- Ella es amiga de Itzel y mi prometida. -Entabló Seiya.
- Serena de Chiba. ¡Un placer! -saludó la Reina de la Tierra.
- Por todos los cielos… Usted parece una ángel, una Reina… es tan elegante como Itzel, juraría que se le parece muchísimo. Itzel es huérfana, como sus amigas. Excepto mi prima. -se enredó un poco-
- Haruka Tenou . A tus servicios, linda. -una reverencia con toda caballerosidad.
- Minako Aino. Es un gusto conocer a la novia de Taiki. -Arqueó su ceja para aproximarse al castaño para hablar en nipón- No me imaginé que las prefirieras tan alegres, pensé que algo estilo Ami-San, pude tener oportunidad. -Luego se fue con Yaten- ¿Y tú Yaten?
A partir de ahí sus diálogos cambiaron por completo al lenguaje de Japón.
- Hay una muchacha con la que trabajamos en conjunto en nuestra misión, Sailor Silver Moon… Llamada Cloe Pink. -Insinuó Seiya- Bastante orgullosa, vanidosa y soberbia, quitando eso es una buena chica.
Yaten se puso colorado, intento contradecir, pero Minako le robo las palabras.
- Hasta que te encontraste con tu propio chocolate… Yaten Kou.
Después de las presentaciones Iris fingió no entender nada, ponía carita de tonta al escuchar el extraño lenguaje, que sabía, y ella denominaba perfectamente el japonés.- No entiendo ¿De qué hablan?
- Les traducíamos las cosas que decías… Iris -cortante le explicó Taiki.
- ¡Ahhhh! Bueno… -miró su reloj- cómo sea… Seiya, apúrate llevas cinco minutos de retraso. No querrás perderte el ensayo para la boda.
- Lo olvidé por completo. Otro día platicamos. -Salió del apartamento como alma que llevaba el diablo, teóricamente siendo un Demonio, se subió a la nave.
Mientras conducía las refecciones se volcaron a él… Cuando miró a Serena lo primero que pensó fue en que el pasado estaba enterrado atrás. La observó cual vieja amiga sin tener otra ambición más que recordar las historias que habían pasado. No le guardaba en absoluto rencor. Dominaba ese día sus sentimientos.
Elis estaba colocada en el filo del estrado del estadio donde se haría la boda, al lado de Itzel.
- Me encontré con el comandante -Itzel sacó un paquete pequeño de su bolso- Quería que recibieras esto.
- ¿Qué es?
- ¡Ábrelo!
- ¿Una pequeño bolígrafo? ¡Qué anticuado! -la pluma era de color azul, con la insignia de Gaia en la parte inferior.
- Para felicitar tus próximas bodas y modernizar lo demás... -suspiró- ¡Amm! Recibió tu mensaje. Contestó que es buena tú decisión de ya no hacer travesuras. También que limaras asperezas con el comandante Elido y extraña verte por el cuartel.
- Eso quiere decir que has vuelto a las andadas Itzel.
- Bueno… no podía quedarme sin hacer nada… Iris, Siena y yo prometimos cuidarte de todo a la Princesa Elphis, al Rey Litmus y al Príncipe Edmund.-le dio un ligero abrazo.
- A veces siento que todo el mundo me oculta cosas, que desean alejarme de los misterios, encerrarme en una burbuja para protegerme… ¿pe-pero de qué? -sus ojos azules entristecieron- Como desearía volver a los tiempos del orfanatorio, cuando todo estaba tan calmado y la felicidad colmaba.
- No hay maquinas del tiempo, Elis, este es tú presente. Lamento tanto que mientras tú nos buscabas los mejores padres del mundo, hayas perdido a los tuyos. -se encogió de hombros.- ¿Seiya no te hace feliz?
- No lo entenderías… porque ambos han estado juntos…
- Comprendo que quieras salvar a los chicos del orfanato y librarte de Belun. De todas formas te equivocas en eso. Seiya se conserva puro -sonrió Itzel- y yo ya comprendí mi lugar.
- ¡Pervertida! ¿Le pusiste hierbas alucinógenas?
- ¡Sí! Tenía que comprobar algunas cosas. Él puso muy claro que no pretendía ocupar el lugar de Rick, lo que él desea es forjarse el propio. Y aunque lo nieguen se han enamorado el uno del otro. -se levantó.
- ¿El informe sobre mi salud? -preguntó temblando.
- El comandante revisó personalmente los análisis y tus desmayos son originados por la saliva de un Demonio que entro a tu organismo alterándote los impulsos cerebrales. -exhaló suavemente- Pasará en un par de días. -le besó en la mejilla tomó el paquete grande que escondía a sus espaldas- Tengo que ir con el comandante, parece que las cosas empeoraran y las nuevas mejoras no han sido terminadas.
- Y yo tengo ensayo para una boda… -Elis recibió una bolsa de tamaño mediano de Itzel, le ojeó y se le puso la cara roja.- un baby… baby-doll No cambias nada Itzel… Sigues con esa mentecilla degenerada.
- ¡Estrénense! -se despidió a lo lejos la chica de cabello gris.
Una hora tarde… completamente sola. Aunque rogó al maestro de ceremonia, a los músicos y demás ayudantes, ellos no esperaron más, tenían sus compromisos. Suspiró creyendo que Seiya lo hacía a propósito. Lógico pensarlo. Ayer con su confesión de lo poco agradable que sería pasar una noche de pasión con ella lo decía todo, Itzel se equivocaba en sus afirmaciones. Se levantó para irse y empacar sus cosas pensando en cancelar la boda. No tenía caso forzar a una persona que siquiera deseaba ayudarla.
- ¡Lo siento! Me entretuve con los chicos… Llegaron una viejas amigas a visitarnos y… -creía escuchar los gritos de reniego en Elis, nuevamente no fue así. La observó guardando las cosas con mucho cuidado y sonriendo en gesto de desilusión. - En verdad lo siento… ¿Estás ahí?…
- Voy a cancelar la boda… sabré vivir con ello -volvió a sonreír, sus ojos menta mar apretaron las lágrimas, su boca se sobre esforzó por sonar lo más sarcástica, su mano buscaba la otra para retirarse el brazalete.- Vivimos en mundos diferentes. Tienes tus ocupaciones y yo las mías… No deseo forzarte. Belun sería un gran padre… -mentó al recordar lo que dijo el día anterior de no desear el encuentro erótico, mucho menos un hijo con ella.
Lo rechazaba con palabras amables pero esa duda no se le quitaría de la cabeza luego de escucharla.- ¿Estás embarazada de él?
- De qué hablas Seiya…
- Los desmayos, la falta de apetito, duermes muy temprano, el cambio de humor… no te suena lógico.
Elis carcajeó. -Por lo de ayer… ¿embarazada? Ni enferma, ni moribunda, ni embarazada… Recuerdas el día que succionaste mi sangre, cuando descubrí tu prodigioso cambio.
- ¿Qué tiene que ver?
- Tú saliva demoniaca afecto mi sistema nervioso… Aún no lo entiendo por completo. Se supone que soy una Salem y no debería ocurrir. Tus pensamientos angustiantes de aquel momento se cruzaron con los míos… -lo sintió dudar y sin alterarse continuó- Si no me crees hazme estudios, lee el libro que quieras y si aún no te complace te autorizo a comprobar mi virginidad.
- ¡Elis! -¿escuchó bien? ¿Hacerlo con ella?
- ¡Ah! Pero no, recuerdo lo que dijiste ayer… "¡Gracias al cielo! no me aventuraría a esas cosas con ella." -risa encajada en su sátira, alzó su comunicador. Seiya comprendió para que sería la llamada y la retuvo aventando el aparato.
- Me estoy cansando de esto Elis… Todo el tiempo queriendo salirte por la boda… ¿Qué quieres de mí? Que me rinda a tus pies diciendo lo mucho que te amo. No puedo, no lo siento en mi corazón.
- Sigues siendo un insensible y vanidoso. Un descerebrado. Seiya. -expresión fría- ¿cuándo te pedí que lo hicieras?
- Lamento interrumpir el dilema de pareja.- Mencionó un hombre de largo cabello azulino, llevaba puesto un traje de etiqueta de color blanco. Ojos color topacio y arrogante pose.- Vengo por la pieza de esta Señorita
- To-topacio -suspiró Elis- ¡Seiya! ¡Sal de aquí! -Gritó empujándolo.
- ¡Olvídalo! ¡Tenemos que huir! - La aló de la mano. Luego el hombre se le interpuso lanzándolo fuera del escenario.
- ¡SEIYA! -corrió a auxiliarlo.
- No deseaba escuchar su charla amena, pero siento informarle a tu futuro esposo que quedará viudo antes del matrimonio… Ahora muéstrame tu pieza.
Una luz rojiza salió de Elis, aproximando sus manos, a la vista de Seiya, invocando un poder- ¡ATADURA CUARENTA DEL INFIERNO! -agujas de hielo brotaron del suelo estrellándose en el hombre que les atacó, poniéndolo paralizado.
- ¿Ese es… el poder de una Salem? - Se levantó de súbito, impresionado, en los entrenamientos no la había visto usarlo, tocó a su pechó para quitarse el medallón.
- ¡Ni se te ocurra Seiya! -Un regaño de la castaña- Aún te descontrolas por completo… Además ya lo tengo solucionado.
El sujeto se liberó en unos segundos - Mereces que te diga mi nombre. Soy Topacio y parece que tendré diversión antes de apoderarme de tu pieza.
- ¡Maldición! Ya sé cómo te llamas -meditó- "Mi atadura no funcionó… sí atacó al sujeto puedo llamar la atención del cónclave y si uso el otro recurso, Seiya y los secuaces del enemigo no puede saber mi secreto… Necesito mi espada, el espíritu de mi espada... Chikyú nunca estás cuando preciso de ti. Un momento… el corazón de cuervo."- Tan Oscuro como la maldad… tan poético como las tinieblas… - levitando del suelo unos milímetros alzó sus brazos.- ¡CORAZÓN DE CUERVO!
Un pájaro negro apareció arriba de la cabeza de Elis, Seiya conocía al animalejo… el ave de la guía Cábala, del orfanato. El ave rodeó a Topacio cubriéndolo con un aura oscura.
- ¿Qué rayos haces Elis? -La miró, los ojos de Elis estaban en blanco.
Topacio tomó al pájaro del cuello para aventarlo al piso. -No es bonito que me prohíbas atacarte con trucos que inmovilizan Demonios… Somos parecidos, no iguales ¡Mujer! -Se dirigió a Seiya, con pasos lentos- Mientras vuelves a la realidad, probaré mi suerte con este sujeto.
Preparó su brazo, apuntó y lanzó el poder para sacar la pieza de Seiya… sin embargo las cosas no pasaron así. Elis se interpuso. Todo desfiló vertiginoso. El pelinegro aún lograba ver a su prometida intercediendo en el ataque y la garra de Topacio penetrando su pecho.
Elis se elevó en el aire a centímetros del espacio que había de las butacas al escenario. El escalofrió de terror se apoderó del cuerpo de Seiya. La chica le sonrió desde lo alto, una gentil amorosa sonrisa, una mirada dulce y serena que lo lleno de una mezcla de sensaciones de tristeza y concordia. Entendió perfectamente las palabras suaves y endebles de Elis Huye de aquí… descerebrado… inútil Algo le decía tener que salir para buscar un lugar en donde transformarse. Apretó primero el botón de emergencia para avisar a sus hermanos… luego escuchó:
- Es la pieza más hermosa, única, para coleccionista… No es lo que busco, si bien aseguro que le fascinara al señor Ónix…
Definitivo, nunca en sus luchas Seiya había visto una cosa así… su pieza tenía la forma de una rosa de cristal, que brillaba con enérgica luz cálida. Sentía por momentos visionar campos repletos de flores, cascadas altas, manantiales de agua dulce, mares calmos, siervos corriendo, crías de leones juguetear, pájaros trinando melodías de un nuevo día, cielos despejados y noches cubiertas de infinitas estrellas.
Puso su mano en el transformador, tenía que hacer algo… La mano le temblaba, su seguridad decaía.- ¡No dejaré que tomes la pieza de Elis! -advirtió Seiya.
El hombre embistió a Seiya poniéndolo en un estado momentáneo de inocencia. Entreabrió los ojos segundos luego, sentía su cuerpo cansado, no podía mover ni un solo músculo, sus parpados pesaban, con la vista borrosa alcanzó a distinguir lo siguiente:
Elis, conservando un poco su estado cuerdo, hurgó en la bolsa de su pantalón negro, alzó la mano con las pocas fuerzas que le quedaban gritó ¡EARTH… MAKE UP! La pieza volvió a ella… Seiya creyó la revelación un sueño, un sueño la transformación. La forma en que el cuerpo de la castaña coñac tomaba el fuku de Senshi, asemejaba a las Sailor del planeta Tierra. No imposible. Irreal.
- ¡La famosa Sailor Gaya!… que intentó derrocar nuestra fortaleza. Recuerdo que Ónix le pidió a mi superior Rubí te diera un trato delicado, pero ella no hizo caso... aún está castigada por herir tu hermoso rostro. -se masajeó la barbilla mientras subía al cielo- ¿Por qué le agradas a nuestro amo?
- No estoy interesada en tu amo… ¿Dónde dejaste al chico? -gimió ella con desagrado.
- Ónix acabó con su existencia… Ahora que se tu identidad, el amo estará feliz que le lleve la información.
-¡STELAR GAYA LIGHT! -envió su poder hacía el maligno tendiéndolo al suelo.- Hablas demasiado.
- Sigues con los juegos… -Algo le sorprendió- ¿Qué es eso?
Plumas de ángel que brotaban en la esfera - ¡SILVER MOON! ¡CRISTAL POWER KISS!
- ¡NOOOO! -Topacio sintió que algo lo envolvía, una maravillosa energía. Ningún sonido…- ¿Dónde estoy?
Gaya se giró a las figuras que habían llegado… cuatro Sailor Scout que nunca había visto socorriendo a Seiya, y dos Knight Star light acorralaron a Topacio. Corrió a Topacio para estrujarlo - ¿Qué le hicieron al chico? ¡Responde!
- ¿Quién eres? No recuerdo… nada. -confundido, con la mente en blanco, Topacio se tocaba las sienes y desmayó.
- ¡Scout Entrometidas! -un gimoteó desesperado de Sailor Gaya- Ya las pondré en su lugar. -brincó por los árboles y huyó de ahí.
- ¡Seiya-Kun! ¡Estás bien! -preguntó Ami ayudándolo a levantarse.
- Aturdido, es todo…
- ¿Y Elis? -preguntó Taiki mirando a todas partes.
Seiya se quedó pasmado… Elis era Sailor Gaya. Lo que quería decir que ella fue la que le dio su primer beso, un beso robado que aún palpitaba en sus labios. Nuevamente lo había protegido… ¿qué hacía él por Elis? Escuchaba a los demás buscar razones, una dónde llevar al enemigo con la mente en blanco, la segunda dividirse las tareas y la tercera preguntar una y otra vez por Elis… ¿Qué hacía por ella? Volvieron todas las imágenes. En el enfrentamiento con el príncipe de Cybele, lo protegió. Descubrir que era un Demonio, lo protegió. Lo de Belun, lo protegió. Y lo de ese día, donde pudo perder la vida… lo protegió. ¿Qué clase de persona era Elis? Si preguntarse todo el tiempo de la dulzura de ella nadie le daría más razón que esa.
- Encontré a una chica desmayada en la parte trasera -Haruka cargaba a una chica de cabello coñac, aunque ya sabía a quién. -¿Es está tú prometida?
Todos tenemos secretos. Knight Figther. Y quiero alejar a Elis del lugar al que nos metimos. Ella ya ha sufrido suficiente con la muerte de Rick, mi mejor amigo. Como príncipe de Cybele, te pido que guardes lo que dije y diré en secreto… Trepó a su mente el dilema. Confesar que ella era Gaya. Sacudió su cabeza y se levantó -¡Elis! Fue atacada por el enemigo… querían su pieza - Su decisión, guardarlo para él.
- ¡Está inconsciente! -la revisó Ami, echándose vistazos de sorpresa con Haruka.
Yaten intervino- Minako, Taiki y yo iremos a llevar a este hombre a algún asilo.
- Vamos a subirlo al auto. Nos veremos mañana para la boda Sieya -Sonrió la rubia de listón rojo.
Taiki parecía escurrirse recordando la unión matrimonial, varias causas en su cabeza… la primera constaba el desacuerdo, la segunda los celos, la tercera que prometió llevar a Iris para que los dejara irse.
- ¿Qué sucedió? -preguntó Elis en los brazos de la alta Haruka- ¡Es usted!
- Nos volvemos a encontrar, ¡Preciosa! Parece que soy el príncipe azul que salva a la princesa. -Sonrió la pelicastaña.
- ¿Se conocen? -extraño para Seiya, tendría su explicación.
- Larga historia Kou. -Bajó a la muchacha.
Cuando Serena colocó sus ojos en Elis, la expresión de una maravillosa sonrisa se le dibujó. La incomodidad y la impresión de la castaña caoba la hicieron tiritar, coletas, el cabello rubio albino, ojos celestes, gesto amable y postura elegante. Le indicaba que era la mujer de sus sueños… La Neo Reina caminó torpemente hacía ella, la acarició con ternura y dirigía sus ojos a Seiya varias veces. Elis se reusaba en recibir los cariños de la rubia, sentía morir al ver al viejo amor de Seiya parado a su lado.
- Elis, en la Tierra significa; Aquella que lleva una promesa divina o La que ha hecho un juramento a Dios. -Tradujo Ami muy contenta a Seiya, Haruka y su Reina.
- Te llamas Elis… es un nombre hermoso, como tú.-los ojos de Serena se cubrían de lágrimas.
- Yo tengo que irme… -rehuía verla.
Seiya no descifraba el contenido de las manifestaciones de Serena. Quería convertirse en mago para entenderlas… o más bien saber desaparecer los cálculos.
- ¡Me voy! -corrió lejos de todo el dolor, subió al escenario, mientras Seiya se despedía de las chicas. Elis Se tropezó al girar con el resto de agujas de hielo que usó para atar a Topacio. Estaba a punto del colapso nervioso y sus nervios no era lo más fuerte en ella en aquellos momentos. El pelinegro la socorrió al instante- ¿Esa es Usagi?
- ¡Perdóname! trate de no decírtelo… no quería herir tus sentimientos.
- No engrandezcas tú ego… yo no siento nada por ti -Suspiró profundamente, no podía levantarse.- Lo revocaré todo. Puedes irte con tu amada...
La asilenció, besándola con el mismo frenesí que había recibido cuando evitó revelar su identidad. Ambos corazones palpitaron en unísono. Sus rostros cubrían en el terciopelo perfecto del rubor, la apegó a él sin desear detenerse. Elis sentía estar en el éter, parecía que volaba en el cielo. Seiya parecía tocar el suelo por primera vez y ser consciente de sus actos.
- Soy un hombre de palabra, prometí que nunca te dejaría sola. -la tomó entre sus brazos- Te casarás conmigo… -ordenó como un amo-
Sonrió al verla tratar de cambiar la conversación, al ir a casa, diciendo una sarta de tonterías y muescar gestos de nerviosismo. En aquel momento cayó en la cuenta de la somnífera manifestación de atraerlo, desde la primera vez que la conoció, esos ojos penetrantes y azules lo habían capturado, su arrogancia e inocencia de rehuir de los demás. Tan cierto que su charlatanería de dejar de lado su amabilidad cubría el devaneo de ser honesto consigo mismo. Tan falso el pretender buscarla para desenmascararla en la supuesta creencia de que ella pasaba como el enemigo.
Ahora más que nada se deshelaban sus sentimientos... Para Seiya el debate comenzaba, al igual que la futura lucha. Después de buscarlo tanto, de ambicionar describirla, concibió por fin definirla; Elis era Irreal.
"¡ELLA NO ES REAL!
¡NO PUEDO HACERLA REAL!
¡ELLA NO ES REAL!
¡NO PUEDO HACERLA REAL!
(Ella no es real, no puedo hacerla real)
(Ella no es real, no puedo hacerla real)"
