N/A:Gracias por sus comentarios, aquí un nuevo Capitulo. Hasta el Próximo =3

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Pérdida

(Parte 1)

El peli-verdaceo se movía bajo las sabanas. Se encontraba realmente cansado, pero no podía conciliar el sueño. Eso era algo que realmente odiaba.

—Sakuno…

Instintivamente abrió sus parpados dejando ver unos hermosos ojos color ámbar. El joven se llevó rápidamente la mano a su pecho. De nueva cuenta le sorprendió lo que acababa de decir. Desde hace casi dos años despertaba diciendo aquél nombre, pero en aquélla ocasión sintió algo diferente. Su corazón latía velozmente. No sabía por qué.

—Sakuno… —murmuró de nuevo—. ¿Otra vez? —parecía regañarse así mismo. Pero una sonrisa se dibujo en sus labios—. Volví a decir tu nombre. Ya ha pasado tanto tiempo desde que me fui. Desde esa última vez que te tuve entre mis brazos… No he podido olvidarte.

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Mi Sakuno —susurró el oji-ámbar abrazando a la oji-carmín—. ¿Qué? —murmuró por lo bajo al ver una marca en forma de estrella en la espalda de la castaña—. ¿Un tatuaje? —se preguntó—. ¿Estás dormida? —el joven no recibió respuesta—. Quería que fueras la primera en saberlo —él comenzó a sujetar los cabellos de la castaña entre sus dedos—. No sé si algún día volveré, pero quiero que sepas que yo… yo te amo. Pero lo mejor será que no hablemos más, o sino la despedida sería aún peor. Pero te amo, te amo y siempre te amare —finalizó dando un beso en la mejilla de la joven para después vestirse y salir del lugar.

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—¿Pero por qué siento?… ¿Te habrá pasado algo?

Echizen abrió el primer cajón de su buro. Sacó la fotografía que resguardaba con sumo cuidado. En ella, él aparecía con un parche sobre su ojo, muy cerca de él, la castaña oji-carmín.

El ruido de la sirena de la ambulancia era algo muy normal para los doctores y enfermeras del Hospital de Tokio. Aquella tarde, como en muchas otras, llegó una ambulancia, rápidamente, los doctores se alejaron de la entrada de "Urgencias" y se acercaron al automóvil, que recién se estacionaba, para el auxilio de los lesionados.

Las puertas traseras de la ambulancia se abrieron, de ella bajo un hombre de no más de treinta años, que vio como se acercaban a él los doctores de bata blanca.

—¿Qué tenemos? —le preguntó uno de los hombres de blanco.

—Ryuzaki Sakuno. De catorce a quince años. Accidente automovilístico. Estado inconsciente. Golpe en la cabeza y posible vaso roto —murmuraba el treintañero mientras veía al doctor verificar sus pupilas y latidos del corazón. También observó como otro médico traía en sus brazos al niño pelirrojo que había viajado con él en la ambulancia—. Ryuzaki Ryosei. Dos años. Heridas superficiales —añadió mientras lo veía al tratar de limpiar sus lágrimas.

La camilla se adentro en el edificio, dónde el olor a hospital ya era evidente. El médico verifico la herida en su cabeza, solamente superficial. Después, corto ligeramente su playera color blanco con azul, que ahora se encontraba manchada con un poco de sangre, se podía leer claramente Seigakuen la parte superior. Presionó levemente la herida en su abdomen, sus guantes de látex se llenaron de sangre.

—Hay que operar de inmediato —ordenó el médico a la vez que se le acercaba una enfermera—. Prepare un quirófano y verifique su tipo de sangre para realizar transfusión.

—Sí doctor —se escuchó decir a la enfermera.

El de bata blanca volteó de nuevo hacía el hombre que había traído a la castaña.

—Avisaremos a sus familiares… —murmuró el doctor por instinto.

—De hecho, sus padres también viajaban en el auto. Se encuentran inconscientes, ya se dirigen hacia acá en ambulancia —le decía a la vez que se alejaba.

OoOoOoOoO

La peli-rosa piso el freno, ocasionando que el auto de cuatro puertas color gris se detuviera. Por el retrovisor pudo observar la impaciencia de Mayumi. A su lado se encontraba Haruhi con algo de preocupación en su mirada.

Las tres salieron del auto y se encaminaron hacia la entrada. Pudieron observar el enorme y verde jardín. Las canchas de tenis que se veían a lo lejos y a las personas que jugaban en ellas. También la piscina, donde justamente una joven en traje de baño estaba a punto de realizar un clavado. Haruhi abrió la puerta de cristal, en ella se podía leer el letrero de "Club Deportivo Nominohi".

Haruhi era quién caminaba enfrente. Como si fuera una autentica líder, las personas le abrían paso. Mayumi y Norino se encontraban caminando sólo unos cuantos pasos atrás, siguiendo a su hermana mayor muy de cerca. Una sonrisa se dibujo en los labios de Haruhi, al visualizar las puertas donde las esperaban. Abrió la puerta sin prestar atención a las palabras de la mujer tras el enorme escritorio. Mayumi la observó a la mujer, al igual que esta última poso sus ojos en los ojos color rubí de la peli-verde, la joven oji-rubí sólo entró.

Norino se quedó un momento más, sonriendo a la mujer nerviosamente.

—Por favor, encárgate de que no nos interrumpan. Ni llamadas, ni visitas.

—Pero no creo que…

—Tranquila —la interrumpió Norino—. Él estará de acuerdo —continuó a la vez que le regalaba una sonrisa, para después entrar a la oficina donde ya la esperaban.

OoOoOoOoO

Sus cabellos rubios se movían a cada paso que daba. Sus ojos de un color café claro leían con detenimiento el expediente que se encontraba en sus manos. Levantó la vista, y observó lo abarrotado que se encontraba el lugar. Una joven recostada en una camilla le llamó la atención, especialmente por que vestía el uniforme deportivo de la escuela a la que asiste su hijo.

A pasos apresurados se encamino hacía ella, sus ojos se abrieron de par en par al ver de quién se trataba. Sus largos cabellos castaños se encontraban sueltos. Una venda se encontraba alrededor de su frente. En su rostro se podían apreciar pequeñas heridas, al igual que en sus piernas, que seguramente desaparecerían con el tiempo.

—¿Dónde está su expediente? —preguntó la mujer de bata blanca a la enfermera que recién terminaba de tomar una muestra de sangre.

—Allí —señaló con la mirada al mismo tiempo que desataba el torniquete del brazo de la castaña—. Si no entra a cirugía de inmediato, puede que no sobreviva —añadió, algo de que seguramente la rubia ya se había dado cuanta con el simple hecho de verla y de leer el expediente que se encontraba ahora entre sus manos—. Su madre murió camino al hospital y su padre esta por entrar a cirugía también. Será una terrible pérdida para ellos.

La rubia cerró el expediente de golpe, ocasionando un respingo en la enfermera.

—¿Quién va a realizar la cirugía?

—Yamada-san —respondió la enfermera.

—Es un excelente médico… pero quiero estar en el quirófano también.

—Muy bien.

—¿De casualidad viajaba un niño con ella? ¿Y qué hay de sus familiares?

—Sí. Un niño viajaba con ella, pero sólo tiene heridas superficiales. Se encuentra en la sala de espera con una enfermera hasta que lleguen sus demás familiares. Y respecto a eso… nadie contesta en casa.

—Entiendo. Yo me encargaré de comunicarme con ellos.

—De acuerdo, Sakakibara-san.

La rubia sacó su celular mientras veía retirarse a la enfermera. Marcó algunos números y espero hasta que alguien contestara.

Moshi, Moshi —se escuchó del otro lado de la línea.

—Soy yo, Kenji.

¿Mamá? ¿Qué sucede? ¿No te quedarías hasta tarde en el hospital?

—Sí, pero ha ocurrido algo.

¿Qué cosa?

—Sakuno y su familia han tenido un accidente.

¡¿Qué? —el castaño se había puesto de pie, causando preocupación en la peli-negra que se encontraba frente a él—. ¿Cómo esta? —preguntó.

—A punto de entrar a cirugía.

Mamá tienes que…

—Lo sé, entraré con ella, así que no te preocupes. Pero ahora, tienes que localizar a Ryuzaki-sensei. Ella aún no lo sabe y necesito que le informes.

Yo le daré la noticia, ¿Cómo está Ryosei?

—Él está bien, sólo unas heridas leves.

Bien, estaremos allá lo más pronto posible.

Mitsuki Sakakibara colgó. Observó por última vez a la castaña y después se alejó, aunque no por mucho tiempo, ya que estaría junto a ella en unos minutos.

OoOoOoOoO

El castaño se acomodo en su asiento. Su mirada estaba en las tres jóvenes que se encontraban frente a él. Se miraban las unas a las otras, incapaces de decidir quién sería la primera en hablar. La peli-lila dio un paso al frente y se dispuso a hablarle al hermano menor de su padre.

—Creo que algo está a punto de ocurrir —Haruhi sentía su garganta seca, ¿Miedo? ¿Nervios?, ni ella misma lo sabía—. Si no es que ya ocurrió —añadió—. Mayumi… —murmuró, la peli-lila vio a su hermana acercarse.

—Lo dijeron las cartas —soltó sin rodeos, sin importarle que tan extraño se pudiera escuchar. La peli-verde rodo sus ojos al ver la sonrisa de su tío.

—Bromeas… ¿No? —el peli-negro la miro a los ojos—. ¿Cartas?

—En realidad se llama Tarot —se defendió la joven—. Pero no nos pondremos a discutir eso ahora. Lo importante aquí, es que algo está por pasar en nuestra familia, y puede ser algo grave, muy grave —la peli-verde dirigió la mirada a sus hermanas mayores buscando apoyo.

—Yo no entiendo eso de la adivinación —la peli-rosa había comenzado a hablar—. Y tampoco entiendo la fascinación de Mayumi por todas esas cosas. No creo que el futuro lo digan unas cartas con imágenes en ellas, ya que pienso que nuestro futuro lo construimos nosotros mismos día a día. Mi intelecto no me permite creer en la adivinación, pero como persona me permito creer en mi hermana —Norino suspiró—. ¿Qué pasaría si existiera la mínima posibilidad de que Mayumi tuviera razón? —le preguntó.

El hombre se acomodo en su asiento una vez más, las veía detenidamente y fue capaz de notar ciertos detalles. Por primera vez Norino había expresado abiertamente, por decirlo de alguna forma, su apoyo a Mayumi. Tan sólo habían ocurrido unas cuantas veces, el peli-negro sonrió, una vez más Haruhi dio libertad a sus hermanas de luchar, de cierto modo, por sus ideales. Y Mayumi Hayashi, a pesar de su orgullo, buscó apoyo en sus hermanas. Los pensamientos del hombre, fueron interrumpidos por el sonido de su celular, que ya tenía varias ocasiones sonando.

—Es la tercera vez —murmuraba Haruhi mientras veía el celular color gris sobre el escritorio de mármol—. Insisten, debe de ser algo importante.

El peli-negro dirigió su mirada a la peli-lila para después dirigirla a su teléfono celular, para finalmente presionar la tecla para iniciar la conversación.

—Moshi, Moshi —dijo el hombre.

Shinji, ¿Dónde estás? Llevo un rato tratando de localizarte —del otro lado se escuchó la voz de una mujer mayor.

—Estoy en el Club, Mamá, ¿Qué ocurre?

Tu hermano y su esposa —la mujer parecía contener el llanto—. Y también Sakuno y Ryosei. Tuvieron un accidente en la carretera. Están en el Hospital. Acabo de llegar, y me acaban de informar que… que Sakura murió camino al Hospital.

—¿Qué? —el hombre se puso de pie atrayendo la atención de sus sobrinas.

Shinji y Sakuno están en Cirugía, te necesito aquí, ¡Ya!

—Llego en diez minutos.

El hombre colgó. Rápidamente las miradas de las chicas se posaron en él.

—Tal vez Mayumi tenía razón —susurró.

—¿En qué exactamente? —cuestionó Norino Funaki.

—Su padre… tuvo un accidente en auto junto a su esposa y su hija menor.

OoOoOoOoO

Del otro lado de la línea, Kenji quedo petrificado ante la noticia dicha por su madre. Rápidamente colgó el teléfono y salió corriendo hacia el Seigaku, sin importar los gritos de preocupación que le lanzaba continuamente Ikina y sus torpes y lentos pasos por darle alcance.