Capitulo 11: Libertad limitada.
Las mujeres jóvenes dentro del refugio, son las encargadas de criar a los niños que llegaban con el paso de los días. Al transcurrir de los años, dejaron de hacerlo, debido a los lazos que se creaban y el dolor que proseguía debido a las muertes prematuras de algunos.
Pasó a ser algo opcional, y quedaba a responsabilidad de cada uno el hecho de sufrir más de lo que ya estaban condenados.
Karofsky llegó a sus aposentos. Estaba algo cansado debido a que había estado revisando los alrededores; aparentemente los cazadores no estaban cerca, ni siquiera podía oírlos, y por ende ellos a él tampoco.
Era preferible que las cosas siguieran así.
Los enemigos lejos, y Kurt cerca. No podía dejarlo seguir marchándose por la noche, ni tampoco dejarlo salir por las mañanas. Mientras más encerrado y atrapado estuviera, todo sería más favorable para él.
Se quitó su capucha, dejándola caer a cualquier lado, colocando una mano en su cuello mientras lo ladeaba para relajar sus tendones, mientras encendía las antorchas con un movimiento de su mentón, sin embargo, se frenó de golpe al ver al castaño de pie frente a él. Estaba oculto en las sombras.
La mirada llena de ira, y decisión de la criatura fijándose en él como su objetivo.
Trató de componerse lo más rápido que pudo, volviendo a su usual faceta altanera y dominante.
-¿Se te ofrece algo?.- preguntó en un susurro, alzando una de sus cejas, dedicándole una sonrisa lasciva.
-Nada que haga feliz a tus instintos, para tu desgracia.- escupió descruzando sus brazos, dando unos pasos a su alrededor.- Vengo a demandar.
Karofsky soltó un sonido gracioso. La frase pareciéndole totalmente hilarante.
-¿Y qué se supone que vienes a demandar?.- preguntó haciendo énfasis en aquella palabra, rodando los ojos, ignorando la manera en que Kurt merodeaba, para caminar hacia uno de sus asientos.
El castaño tomó un largo suspiro, estirando los dedos de sus manos mientras cerraba sus ojos. Ambos dándose la espalda.
Le había tomado un par de horas decidirse, en pensar, en hacer memoria.
Sin embargo, no lo había logrado. No pudo recordar nada de su vida humana; desde hace años que se había resignado en dejar de pensar en ello y en vivir lo que era ahora, la criatura que dominaba su cuerpo. Pero fue cuando estaba comenzando a darle jaqueca mientras caminaba entre los árboles y las altas malezas, que se percató que aquellos tiempos era donde había empezado todo.
Donde se generaron las razones de esto, y de donde él se negaba a aceptar que provenía.
-Cumple tu parte del trato, Dave.
El Zethout se detuvo. Kurt trago el nudo de garganta, volteándose en el momento justo en que Karofsky también lo hizo. Ambos mirándose como si estuvieran luchando internamente.
Kurt no pararía de insistir, y Dave…
-¿Me lo recuerdas?.- ronroneó siguiendo su camino, sentándose, o más bien dejándose caer en su asiento.
...comenzaría a jugar.
-¡Yo era un niño!.- explotó Kurt comenzando a caminar hacia él; no permitiría que se burlara. Su rostro se contrajo en rabia.- ¡Apenas estaba comenzando a…!-
-¿En serio crees recordar los hechos correctos?.- le interrumpió con ojos amplios y ansiosos de hacerlo dudar; de voltear sus palabras hasta hacerlo retractarse.- ¿Estas tan confiado en tu memoria frágil?
-¡Llegué aquí!.- continuó tratando de ignorar su voz incesante por sobre la suya.- ¡Dijiste que podría cobrar venganza contra las personas que se burlaron-
-¿Hubo gente que se burló de ti?.- volvió a preguntar, jugando con sus dedos en el apoyabrazos.- ¿Alguna vez estuviste en el mundo de los humanos? ¿Pertenecías ahí?
-¡Me convirtieron!.- gritó sin parar, tratando de acallarlo lo más posible.- ¡Dijiste que si te hacía un favor a ti yo podría cumplir mi cometido!
-¿Un favor a mi?.- preguntó como si fuera algo completamente insólito.- Yo.- añadió colocando una mano en su propio pecho.- Estoy logrando que vivas más del tiempo que deberías, Kurt. Los lobos solo viven 15 años. Lo he repetido incesantemente.
-¡Y lo sigues haciendo por los últimos dos años!.- ladró jadeando, encorvándose un poco en sí mismo.- Y sigues utilizándome de la misma forma sin dejarme a mi cumplir lo que prometiste.
-¿Alguna vez te creíste capaz de siquiera acércate a dañarlos?.- preguntó sonriendo un tanto satisfecho. Su rostro comenzando a oscurecerse poco a poco cuando no veía cambios en Kurt. Este no era el plan que él quería. ¿Dejarlo ir con los humanos otra vez?. Sería un riesgo si conseguía recordar absolutamente todo. Estaba seguro de ello.
De pronto el castaño cambió su postura, sus labios apretados mientras desenvainaba su espada, Karofsky alzó unos centímetros su mentón sin entender a qué iba.
Alzó la manga de su camisa y colocó el filo de su espada contra su piel, deslizándola de un golpe hacia un lado sobre la carne. Karfosky mantuvo sus ojos muy abiertos durante un segundo, pareciendo más que nervioso y alterado, incluso levantadose de su silla.
Para su sorpresa, la piel de Kurt, permanecía intacta.
-¿Cuántos hombres crees que he matado haciéndoles pensar que esta espada les cortaría el cuello?.- susurró volviendo a guardar su arma. El Zethout apretó la lengua entre sus dientes.- ¿No crees que puedo ser lo suficientemente amenazante con lo inocente e inútil que te parezco, Karofsky?.- agregó luciendo molesto. Su mirada comenzando a lanzar llamas invisibles. El hombre simplemente hizo una mueca con su boca.
-¿Y dónde buscarás?.- preguntó alzando una de sus manos.- ¿Siquiera recuerdas de dónde provenías, además de que eras humano?
Kurt se mantuvo sereno y tranquilo. Si el tiempo que pasó tratando de pensar en su pasado no fue útil, la otra parte del tiempo en que trataba que sus neuronas descansaran, las utilizó en pensar en sus actos más recientes.
-Sé como averiguarlo.
-¿Ah, sí?.- preguntó burlón, apoyando su cabeza contra su puño, mientras una sonrisa crecía lentamente.- ¿Cómo?
-Eso no es parte del trato.- declaró lo más educadamente posible que pudo. La mueca de Karfosky se redujo a una de total seriedad.
Se puso de pie, comenzando a caminar hacia Kurt, mirándolo como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo. El castaño no quitó el contacto visual a su vez.
-¿Qué propones?.- preguntó alzando una ceja, cruzándose de brazos. Kurt fue el que sonrió esta vez.
Se escabulló entre los bosques, su figura de lobo rozando contra las altas malezas, ignorando ciertos rasmillones de los arbustos más bajos. Por primera vez en tanto tiempo se estaba sintiendo, en partes, libre.
El viento incluso parecía oler distinto, y la manera en que se deslizaba entre su pelaje era casi embriagadoramente placentero. Estaba lejos de ese hombre, estaba a punto de poder comenzar a buscar a los que le causaron daño, pero para ello venía la parte difícil.
Averiguar quién fue él.
-Deberás volver fin de semana por medio.- declaró en un acuerdo hablado. Kurt se cruzó de brazos, haciendo una mueca de disgusto.
-¿Por qué?.- farfulló negando levemente con la cabeza.
-Yo cumplo mi parte.- dijo como si fuera obvio. Colocando un dedo contra su pecho.- Y tú la tuya.- agregó subiendo su mirada hasta sus ojos.- ¿No?
Llegó al mercado; cambiando su apariencia para mezclarse entre la gente. Estaba atardeciendo y la gente se marcharía pronto, todos ocupados en ordenar y guardar dentro de sus carretas, así que siguió su camino, rodeando el Castillo, haciendo sus tácticas hasta lograr llegar a la puerta que le servía de apoyo para comenzar a escalar los muros.
-Si no vuelves como lo estamos estipulando.- susurró peligrosamente, deslizando su dedo hasta la parte de su corazón, enterrando la punta contra su tela.- Tengo el derecho a finalmente quitarte la vida.
Kurt sonrió levemente, quitando la mano con la suya, alzando la vista hasta él.
-¿Qué harás sin mi, Karofsky?.- canturreó burlezcamente, sintiendo un poco de satisfacción cuando vio su mueca molesta.
-¿Realmente quieres seguir provocándome?.- gruñó inclinándose unos centímetros, causando sombra sobre él.
El crepitar de las antorchas era el único sonido de fondo, y quería que alguna pequeña ceniza se alzara y le quemara la piel, solamente para darse cuenta que esa era la realidad. Que todo estaba siendo posible.
¿Qué dirían Santana y Brittany de esto?. Quizás la rubia sería la que más drama haría del asunto, pero no tenía tiempo para explicar ni informar. Se iría tan rápidamente como pudiera.
-Cumple tu palabra.- declaró afirmando sus manos sobre su espada.
-Sal de mi vista.- soltó alzando su mano como si tratara de espantarlo.
Y eso hizo.
Esperó lo que parecieron ser horas.
No estaba seguro del tiempo, porque nunca estaba interesado en cosas tan superficiales. La curiosidad solamente lo llevaba a ser impulsivo cuando lo sentía, y ese no era un tema que lo provocara en especifico.
Tenía que llevar a cabo el plan que había elaborado antes de dejar ese castillo. Si era sincero consigo mismo, no esperaba que pudiera utilizarlo nunca, solamente lo había hecho para burlarse en partes de los humanos que tuvieron contacto con él. Hacerles ver que había estado entre ellos y no se habían percatado de su presencia.
Solo había estado haciendo un juego de niños.
Escuchó la puerta abrirse.
Pasos, movimientos, un par de ruidos secos y páginas deslizándose. Se apoyó entre sus patas traseras, cuidando de estar siendo completamente oculto por las miradas ocultas de metros más abajo, alzándose un par de centímetros por sobre la parte baja de la ventana.
Visualizó a la pequeña niña, la hija de la criada, sentada en el suelo, comparando fotografías de libros de cuentos y anotaciones en un pequeño papel.
Una sonrisa se expandió en su rostro cuando reconoció el libro. Sí, los lobos podían sonreír.
Y entonces pasó muy rápido. Una ráfaga de viento provocó que su cuerpo perdiera el equilibrio y su pata golpeara la ventana sin intención de hacerlo. Se agachó de inmediato por miedo a ser descubierto, dando la vuelta por la pequeña torre para ocultarse de inmediato.
De pronto, las ventanas se abrieron de par en par, dejando ver a la niña asomar su cabeza hacia fuera. Miró hacia todos lados, pareciendo un poco inquieta y con el rostro asustado.
Sus labios titubearon entre abrirse y cerrarse, el Zethout frunció el ceño sin entender qué le ocurría.
-¿K- Kurt?.- preguntó en voz muy baja, siendo captada por sus oídos, provocando que se sintiera un tanto sorprendido. Sintió dudas. El mismo sentimiento de Beth cuando parecía titubear entre hablarle al aire o a lo que creía que se ocultaba afuera.
Si decidía aparecer, sería el comienzo, y no habría vuelta atrás.
Pero había sido advertido, y esta especie de libertad condicional tenía que ser aprovechada. Necesitaba que alguien le ayudara; pretendía recopilar la mayor información posible de su pasado y no sabía cómo.
Esta era la única oportunidad que estaba a su alcance.
Beth soltó un suspiro, dejando las ventanas entreabiertas, dándole la espalda al cielo para poder volver a la habitación.
-Estoy siendo paranoica.- susurró para sí misma. Pero deteniéndose a mitad de una risa nerviosa cuando escuchó unos suaves golpes contra la alfombra, obligándose a voltear de inmediato, tapándose la boca para ahogar el gemido de sorpresa.
Un lobo estaba frente a ella. Su pelaje castaño era brillante, y se sentía más que nerviosa de tratar de entender cómo es que ese animal había llegado hasta allí por una ventana a metros del suelo, pero entonces volvió a sus casillas.
¿Era verdad que…?
Fue en un abrir y cerrar de ojos, una suave brisa moviendo en ondas su vestido, mientras veía como en ese pestañeo el animal frente a ella se volvía humano. Lo reconoció al instante.
-No creí que pudieras descifrarlo.- susurró Kurt con sinceridad, incorporándose del suelo hasta quedar de pie dentro de la habitación, su rostro pálido y su mirada fría contemplando a la niña.- Quizás no tan rápido.
-¡No me hagas daño!.- chilló corriendo detrás del amplio sillón, tomando el libro que estaba sobre el suelo y acercándolo contra su pecho temblorosamente.- ¡Por favor, no me…-
-¿Qué les enseñan en las escuelas?.- gruñó deslizando su capucha hacia atrás para descubrir su cabello, su rostro luciendo ofendido.- No voy a herirte, no tengo intenciones de asesinarte niña.
Beth dejó de temblar, frunciendo el ceño sin entender del todo.
-¿No me harás daño?.- insistió, retrocediendo un par de pasos, cuando Kurt rodeó la habitación, tomando asiento en el sillón, dejando a un lado su capa, pero sin quitársela, solo alejándola para no sentarse sobre ella. Se veía como una criatura bizarramente elegante en una habitación llena de lujos. El contraste era llamativo.
-No. No me servirás si te mato.- explicó abriendo un poco sus ojos al hablar molesto, fijando su mirada en la pequeña rubia, quien pareció volver a la normalidad, bajando sus hombros.
-¿Por qué habría de servirte en algo?.- preguntó sin entender.- Soy una niña.
-La edad es un número.- señaló inclinándose hacia delante, mirando a Beth de cerca, quien esta vez no retrocedió.- A mi no me interesan los números, sino lo que aquellos libros te otorgaron.
Beth parecía un poco más seria para su edad, habiéndolo heredado de su madre. Tomó un largo respiro, sentándose en el suelo frente al Zethout. Sus labios se fruncieron mientras depositaba el libro frente a ella.
-¿Qué problema tienes?.- preguntó con total sinceridad, decidiendo que debía saber qué querría para poder juzgar si podía ayudarlo. No sabía qué clase de necesidades tendrían criaturas así. Kurt alzó su codo hasta el comienzo del sillón, apoyando su rostro en su mano, dejando el resto de su cuerpo descansar.
-Necesito investigar sobre…- comenzó, pero se detuvo al instante. ¿Qué tenía que decir? ¿Qué podía decir?. "Fui un humano, ahora soy una criatura que no puede sentir".
-¿Sobre una persona?.- preguntó frunciendo el ceño, mirando hacia arriba de los estantes donde habían cientos de biografías. El castaño decidió pensar rápido, pero si era sincero, nada vendría; aquí no podía utilizar mentiras, porque necesitaba la verdad. Pasó una mano nerviosa por su rostro.
-Sobre mi.
Beth se volteó de inmediato, luciendo totalmente perdida en el asunto.
-¿Cómo no vas a poder saber lo que eres?.- preguntó sintiéndose desconcertada de lo que aquella criatura confesaba.- ¿No crees que la única persona que puede conocerte mejor eres tú mism-
-¡No recuerdo!.- soltó sintiéndose atrapado, pareciendo frágil frente a ella cuando sus manos cubrieron su rostro.- ¡No recuerdo la gran cosa de mi pasado y necesito que alguien me ayude a investigar quién era!
Beth entreabrió sus labios, alzando un dedo hacia él.
-¿Eras otra… persona?.- soltó no muy segura de saber si estaba bien el utilizar ese sustantivo para aquella clase de criatura. Kurt soltó un suspiro. Esto iba a ser complicado si aquella niña no entendía más allá de sobre lo que él tenía conocimiento.
-Mira…- susurró volviendo a mirarla. ¿Cómo poder explicar…- Y entonces una idea le llenó la mente.- Pregunta.
-¿Qué?
-Pregunta todo lo que quieras saber.- le aclaró incorporándose, sentándose derecho.- Es la única forma en que puedas entender de la manera correcta lo que te estoy pidiendo.
Beth miró al libro frente a ella, abriéndolo donde había dejado su pequeña lista de anotaciones, pareciendo nerviosa consigo misma al estar en presencia de Kurt. Todo parecía estar dando vueltas.
-¿Qué puedo preguntar?.- soltó dejando que las hojas corrieran solas luego de un manotazo nervioso. Kurt soltó un suspiro, sabiendo que sería difícil, pero aquella niña era su única alternativa.
-¿No tienes dudas sobre nosotros?.- preguntó tratando de llegar a ella, a su mente, a la curiosidad de aquella edad, que probablemente era lo que podían compartir entre ambos. La rubia bajó la vista nuevamente hasta el ejemplar, comenzando a recordar las lecturas de tardes anteriores, tratando de recordar los párrafos que no le habían dado grandes explicaciones.
-¿Cómo es que los Zethouts nacen?.- preguntó, arrugando la nariz mientras observaba las páginas, sin saber si era una buena cuestión para comenzar.
Soltó un suspiro, acomodándose en su sitio, tanteando sus piernas con firmeza, abriendo sus labios mientras obserba a la niña quien parecía tratarlo como si fuera alguien importante.
-¿Alguna vez oíste de los niños perdidos?.- susurró deslizando una de sus manos por la tela del sillón, dibujando patrones al azar, pero en realidad marcando puntos notorios en el diseño, ayudandose de los colores.
Beth alzó la vista al librero detrás de ella, fijándose en un libro en particular.
-¿Peter Pan?.- preguntó poniéndose de pie, dejando a un lado el libro Zethouts para ir a buscar aquel otro.- Blaine me lo leyó hace mucho tiempo.- susurró volviendo a sentarse, comenzando a ojearlo hasta llegar a la parte en que mostraban una ilustración de un grupo de niños, partes de sus trajes con pieles de animales, flechas en sus espaldas y armas en sus cinturones, sobre sus pijamas.- Son ellos.
Kurt soltó el aire contenido por la nariz en un sonido gracioso, recibiendo una mirada curiosa de Beth.
-Si es que así los retratan.- se excusó alzando uno de sus hombros y las cejas.
- Entonces, ¿Quienes eran?.- le preguntó a Beth, quien bajó la vista al libro para releer el párrafo bajo la imagen.-Los niños que eran olvidados por sus niñeras.- murmuró por fin recordando la definición por su cuenta, alzando la vista a los ojos de Kurt, que se veían de un azul concentrado.- Los que se caían de sus cunas y eran demasiado pequeños para volver por su cuenta...-
Kurt alzó un dedo entre ambos, interrumpiendo su relato, bajando nuevamente la yema de éste sobre el sillón.
-"Siempre serán cuatro, al igual que los creadores...- susurró dejando caer uno a uno sus dedos, menos el pulgar, sobre círculos en el diseño.- ...serán arrastrados a sus nuevos tutores, y estarán condenados a su original destino".- acabó arrastrando sus dígitos hasta el centro, volviendo a fijar la vista en la niña, quien parecía sorprendida ante la revelación.
-Qu- Quieres decir...- farfulló volviendo su vista hasta el libro, observando los rostros de los niños, quienes se veían serios, tercos y juguetones, con la vitalidad característica.
-Los niños perdidos no son llevados por Peter Pan a Nunca Jamás, Beth.- explicó tomando el cuento, hasta cerrarlo lentamente y colocarlo a un lado del otro en el suelo.- Son arrastrados hasta el bosque.
Un trozo de madera cayó sobre el resto de los troncos que estaban quemándose en el fuego. Beth tenía sus labios entreabiertos, mirando a Kurt con esa expresión en los ojos que él conocía bien.
-¿Estas intentando decirme que los Zethouts son humanos?.- preguntó sintiendo que respiración se cortaría. Kurt pareció retroceder unos milímetros.- Es decir.- agregó alzando las manos, apuntándolo de arriba abajo.- Tú luces como uno.
El castaño soltó un suspiro, relajando su cuello de un lado a otro, esperando mantenerse calmado ante la comparación.
-Dentro del físico.- concordó tratando de aclarar su idea.- Pero no es así del todo.
-No entiendo.- farfulló dejando caer sus hombros. Kurt tomó el libro correspondiente del suelo, rebuscando en las páginas hasta poder hallar la hoja que lo describía. Los nombres de los antepasados estaban escritos en letra gótica antigua.
-Ellos tienen poder.- comenzó a explicar, colocando una mano sobre las letras. Beth asintió enérgicamente.
-Lo leí.- sentenció convencida. Kurt negó con la cabeza.
-No, no es sólo poder.- dijo a la ligera, alzando su mano en el aire.- Ellos poseen mucho poder.- agregó cambiando la hoja, donde comenzaba una serie de descripciones sobre las posibles características.- En sus años de gloria.- especificó rodando sus dedos sobre su mentón.- Vivían en las sombras, secuestraban sin piedad, y reunieron un grupo numeroso a medida que capturaban cuatro cada noche.- relató creando una imagen mental en la imaginación de Beth.- Ellos los habían creado así desde el momento en que fueron fecundados.
La niña se tapó la boca, sintiendo un poco de náuseas ante la idea de su propia madre siendo utilizada de esa manera.
-No son capaces de criar niños, así que esperan al momento en que pueden hablar y razonar, alrededor de lo años.- explicó frotándose las manos, sintiendo un escalofrío recorrer su piel.- Los humanos son sólo herramientas que crían su ejército.
-¿Por qué nunca hablaron de esto?.- preguntó un tanto alterada, sintiendo su garganta estrecharse.- ¿Por qué esas familias...-
-Esto fue hace siglos.- la frenó colocando una mano en su hombro.- La gente sólo pensaba que sus hijos eran robados para hacerlos guerreros y mandarlos a las tropas a luchar.- susurró pensando en aquellas mujeres que se quedaban esperando a sus hijos volver, con la esperanza falsa construyendose a su alrededor.
Él simplemente eligió la opción de huir, cuando habían cientos de chicos que hubieran preferido volver.
-¿Cómo actúa un Zethout en aquella edad?.- preguntó tomando el libro, trasladándolo a su regazo.
-Los creen enfermizos.- susurró rascando su frente, por la parte en que termina el crecimiento de su cabello.- Lloran demasiado, pero se autodomestican, obligandose a evitar las emociones de felicidad.
-Es una niñez terrible.- concluyó susurrando su opinión personal, escondiendo un mechón rubio entre su pañuelo amarrado en el pelo.
-Es la niñez de un Zethout.- le aclaró tratando de destensar sus músculos.
Beth volvió a colocar el libro en el suelo para cuando volvió a preguntar.
-Espera…- susurró un poco para sí misma.- Dijiste que eso pasaba hace siglos... ¿Ya no?
-Los ancestros.- susurró negando con la cabeza.- Comenzaron a debilitarse luego de… un tiempo.- farfulló recordando la verdadera razón. Él.- La conexión con la naturaleza comenzó a fallar, y lentamente la cantidad de Zethouts fue disminuyendo hasta que dejaron de llegar a sus tutores.
-¿Quieres decir…?.- concluyó la niña moviendo sus manos en círculos.- ¿Que murieron?
-Eres lista.- admitió el joven mientras asentía.- Así es.- agregó soltando el aire contenido.- Todos los que quedaron siguieron siendo criados y amaestrados como sus partes animales, enseñándoles que su parte humana es solo para aparentar.- explicó muy seriamente. Beth lo escuchaba sin perder detalle.- Deben entender que su parte humana no importa. Al fin y al cabo, su vida solo durará lo que su animal lo hace.
-¿Pasan la mayor tiempo siendo animales?.- preguntó titubeante, esta vez no estando segura de su conclusión. Kurt entrecerró los ojos, sabiendo que ese estaba siendo su principal problema.
-Al ser arrastrados lejos tan pequeños, logran olvidar prácticamente todo lo que era estar entre humanos.- admitió cerrando los ojos. Otros como él, solo partes.
Beth se acomodó en su posición, poniendo recta su columna, se veía un poco más preocupada que antes. Kurt alzó una ceja ante su lenguaje corporal. ¿Qué podía ser tan grave de preguntar?
-¿Recuerdas como era tu familia antes de que los ancestros te llevaran con ellos?.- murmuró jugando con la textura de la alfombra, para luego alzar la vista. Kurt se quedó en silencio, sin mirarla directamente, mientras trataba de regular su respiración. Ya era suficiente de preguntas.
-Es por ello que necesito tu ayuda.- finalizó poniéndose de pie, tomando el libro para entregárselo cerrado a la niña, quien lo miraba un tanto nerviosa.- Necesito saber de donde vengo.
-Eso es muy complicado.- admitió dando un paso hacia atrás, encogiéndose de hombros, miedosa a que Kurt reaccionara mal ante su respuesta.- No puedo llegar e investigar. ¿Siquiera tienes algo que pueda ayudarte a recordar? ¿Algo que tenga relación con tu pasado?
El castaño no tardó más de un segundo en bajar la vista a su espada.
No estaba seguro. Pero sí sabía que tenía relación a una persona importante, a alguien que le pidió proteger esa arma, y que le fue tan significativa que no dejaba ni dejaría nunca que alguien la tocara sin su permiso.
El hecho de haber sido huésped y arrebatado de sus pertenencias era un caso aparte. Y este también.
La deslizó de su cinturón, agachándose frente a la niña para enseñársela. Beth tragó saliva cuando Kurt la sacó de su vaina, lo que hizo a la criatura rodar los ojos.
-Ya dije que no te dañaré.- repitió como si lo hubiera dicho unas cinco veces seguidas.- Esto es lo único que tengo.- confesó dejando a la vista la descripción en latin sobre la hoja.
Beth se acercó cautelosamente, observando las letras, sin estar segura de lo que decían, pero sí identificando su origen. Rápidamente corrió a buscar un lápiz y tinta, dejando el libro a un lado para alzarse la manga y anotarla rápidamente.
Fue cuando finalizó la última palabra en que Kurt la guardó de pronto en un sonido afilado.
-Alguien viene.- siseó rápidamente.
-¿Qué haces aquí, Beth?.- preguntó Blaine mirando a la niña con expresión confundida con el lápiz aún en su mano, y la tinta en el suelo.
-¡N-Nada!.- exclamó soltándolo, dejando caer su manga para cubrir su anterior escritura.- ¡Blaine, puedo explicarlo!
-¿Qué cosa?.- preguntó aún más confundido, ladeando la cabeza a medida que se acercaba hasta ella. La niña se volteó, solamente para aumentar su desconcierto. ¿Dónde estaba Kurt? ¿Cómo es que se había marchado tan rápido?. Si no hubiera sido por la tinta aún secándose sobre su piel, habría creído que estuvo sola todo ese tiempo.
-¡Yo… eh!.- farfulló volteándose nuevamente hasta que sus ojos cayeran sobre el libro.- Lo lamento.- gruñó tratando de sonar arrepentida, pero no lo estaba. Ella no quería apartarse del ejemplar, era su única fuente de curiosidad, la que sobrepasaba a todo el resto de los libros.
-Beth…- susurró tomando el libro devuelta, pero si era sincero, casi lo había olvidado por completo es esos últimos días.- No le diré a Quinn.- dijo logrando que la niña volviera a mirarlo.- Sé como es su temperamento contigo.- agregó dejándolo en el estante más cercano, tomando la tinta y el lápiz para dejarlos sobre una pequeña mesa; luego puso ambas manos sobre sus hombros.- Hablaremos de esto más tarde. ¿Esta bien?
La niña asintió repetidas veces, para luego marcharse por la puerta, no estando muy segura de cómo advertirle al Zethout que estaba en alguna parte de la habitación. Pero recordó las palabras de Kurt y lo que había leído. Si eran educados como animales, debían tener sus capacidades.
-Me iré a mi casa.- avisó un poco más alto de lo normal, lo que hizo a Blaine sonreír. La puerta se cerró segundos más tarde, dejándolo solo en aquella habitación.
-No estoy seguro de que sea un buen horario para venir aquí.- dijo Jeff caminando alrededor de la pileta de la plaza central. El color del agua pareciendo dorado ante el sol comenzando a caer en el horizonte. Nick hizo sonar su lengua contra el paladar en negativa.
-Al contrario.- explicó deteniéndolo por el hombro para hacer un gesto ante el resto de la gente. Y tal como Kurt había visto minutos antes, la mayoría estaba recogiendo sus cosas y ordenando sus pertenencias para poder marcharse a casa.- Es perfecto para poder mezclarse en medio del desorden. Además…- susurró sacando su talismán del bolsillo, enseñándoselo.- Brilla bastante fuerte.
Efectivamente lo hacía.
Jeff desvió la vista con un gesto de hastío, siguiendo la forma de la pequeña construcción, escuchando el sonido del agua caer mientras trataba de parecer atento. No duró mucho más que tres pasos para que Nick le obstruyera el camino.
-No te estoy entendido.- admitió alzando ambas manos hacia él.- Ni todo eso de que ayudaste al Zet… a esa cosa.- agregó por miedo a que alguien los oyera. El rubio se cruzó de brazos luciendo enfadado.
Quería contarle todo. Que los había encontrado, y que el hecho de que se escaparan había sido su responsabilidad, pero no estaba seguro de que Nick compartiera su nueva forma de ver las cosas.
-No puedo decirte…- farfulló alzando la vista hacia el castillo frente a ellos, dejando que su visión transcurriera por los tejados…
Kurt guardó su espada nuevamente en su lugar, gruñendo cuando casi se resbala entre las tejas que soportaban su peso fuera de aquella habitación. Había huido por la ventana lo más rápido que pudo. Agradeciendo mentalmente cuando la niña advirtió donde iría en voz alta.
Tomó un respiro largo, captando la brisa que llegaba hasta aquella altura, para poder prepararse y comenzar a seguirla por el pueblo.
Tenía que admitir que era una idea arriesgada, y muy poco razonable al confiar en una niña. Son propensos a decir la verdad con facilidad, se desesperan por cosas insignificantes y parecen entusiasmarse con poco, pero tenía la curiosidad en común. Quizás no era la gran cosa, pero eso le daría las ganas suficientes para que investigue.
Otro sonido.
La ventana abriéndose hizo que se deslizara hacia uno de los costados de la torre para quedar oculto.
Jeff lo vio.
Ser un cazador te hace agudizar los sentidos, tal como los ciegos realzan los suyos sin percatarse a lo largo de los años. Fueron solo unos segundos, y debía admitir que fue bastante rápido; fue solamente suerte el hecho de verlo pasar.
-¿Podrías parar de hacer como si no me importaras?.- le llamó la atención Nick nuevamente, haciendo bajar la vista hacia él. Se sorprendió un poco al verlo tan afectado.
-¿Estas de acuerdo con la tortura?.- preguntó cambiando el tema. Eso no tenía que ver entre ambos. Era un tema que los incluía a todos los cazadores y su estilo de vida.- ¿De dejar a esos chicos en esas condiciones?.- agregó entrecerrando los ojos al recordar. Las imágenes mentales volviendo a su mente.
-¿No es eso lo que se supone que merecen?.- preguntó abiertamente; Jeff sabía que no se refería a él mismo.- ¿Lo que todos buscamos?
-Mi hermana no volverá porque Sebastian le rompa la mandíbula a una criatura.- sentenció con seriedad. Y hablaba más que en serio. El tema ya le había colmado la paciencia.- No volverá ningún familiar de aquellos hombres aunque los destruyan a todos.- agregó en voz baja, comenzando a caminar hacia la derecha, alejando a Nick del rango de visión del Zethout en aquellas alturas. El cazador lo siguió, mientras trataba de procesar sus palabras.- Están siendo unos bárbaros.
-¿Y qué planeas hacer?.- preguntó frunciendo el ceño, esquivando a la gente que pasaba por su lado.- ¿Irte? ¿Marcharte?
Era Blaine.
Se vio obligado a mirarlo, para descubrir sus futuros movimientos, pero el Príncipe simplemente se quedó ahí, mirando al horizonte mientras el viento parecía relajarlo, moviendo la tela de su chaqueta blanca y botones dorados. Se preguntó mentalmente si aquel lugar era uno de sus favoritos, debido a que siempre parecía pensativo al estar ahí.
Pero algo le molestaba de sus facciones. Sus labios y sus cejas estaban fruncidas.
Se veía distinto.
Estaba triste.
Y recordaba esa expresión en cada una de las criaturas que habitaban el refugio, pero por primera vez se sentía casi impulsado a hacerlas desaparecer de su rostro. Sin embargo, no podía arriesgarse ante nadie. El hecho de hablar con Beth y confesarle todo, era suficiente.
Golpeó con suavidad su cabeza contra el concreto de la pared de la torre. Era irónico que para buscar su libertad, debía ocultarse.
-¿Y qué si lo hago?.- preguntó negando con la cabeza.- Ya no puedes convencerme de hacer lo contrario, Nick.- susurró algo dolido, respirando con dificultad.
-Entonces... ¿De verdad te irás?.- murmuró retrocediendo un paso, entrecerrando los ojos. Jeff negó con la cabeza, sus ojos algo aguados, pero los ignoró.
-Si me voy, Sebastian gana.- farfulló con rabia, caminando hacia él.- Me quedaré y haré lo posible para hacer lo correcto.- sentención totalmente seguro.
El Príncipe soltó un suspiro, entrecerrando las ventanas para volver a entrar a la biblioteca.
Kurt estuvo a punto de comenzar a bajar, pero entonces se dio cuenta del error.
Si se iba a deambular por el pueblo, se arriesgaba a cualquier clase de peligro, que incluían a un Karofsky arrepentido de su decisión o a cazadores tratando de cambiar su método de captura.
Si tan solo lograba hacer difícil de distinguir su paradero…
Observó por entre el cristal, fijándose en que Blaine se hubiera marchado, para empujar la madera e introducirse dentro.
Nick no sabía qué decir exactamente, ¿Debía apoyarlo? ¿Ignorarlo?.
Siseó ante la vibración de su talismán, observando la ubicación de una fuerte luz, provocando que su cabeza se girará directamente al Castillo.
Jeff sintió su corazón repercutir contra su pecho, observando hacia la torre, pero sintiéndose aliviado al no ver a nadie.
Las horas pasaron y las luces se apagaron. Los pasillos estaban oscuros, y solo estaba presente la guardia correspondiente en las puertas principales.
Kurt estaba apoyado sobre la pared fuera de la biblioteca, trazando su cinturón por el borde de un lado a otro con gesto despreocupado. Finalmente había vuelto al lugar del que había salido. Al lugar donde había tenido días de paz, en su mayoría.
Podía ver la alfombra roja decorando la escalera para bajar hasta uno de los cientos de pasillos principales.
Se frotó los ojos, percatándose de que estaba cansado. Había sido un largo día, y le esperaban probablemente otros. Había sido la segunda decisión más complicada de su vida; la primera fue convertirse en lo que es ahora.
Comenzó a caminar lentamente, colocando su mano en el pasamanos, bajando silenciosamente; el taco de su bota siendo amortiguado por la tela de la alfombra.
Fue cuando estaba por la mitad en que sus ojos se cerraron, y pudo escuchar. Eran cientos de sonidos a la vez, voces, aplausos, gritos, festejos, música, instrumentos, y esa voz femenina que se repetía tantas veces en sus recuerdos momentarios.
Se afirmó del borde final de la escalera, sintiendo una punzada particularmente fuerte en su pecho, por lo que tuvo que ahogar el gemido.
Tragó saliva nerviosamente, cuando percibió el sonido de pasos, y esta vez no estaban dentro de su cabeza.
Miró a su alrededor, decidiendo huir por el pasillo del lado contrario al ruido, tomando otro camino, hasta llegar a una puerta que abrió, para luego apoyarse contra la madera. Colocó su oído contra ella tratando de oír.
-Llegamos a tiempo.- habló un hombre de voz gruesa, aparentemente conversando con otra persona.
-Me agrada esto de poder cenar tranquilamente y luego hacer el trabajo de vigilancia.
¿Vigilancia?
Kurt entreabrió sus labios, volteándose lentamente, sintiendo como se le erizaba el vello de la nuca.
Era la habitación del Príncipe.
No entendía como es que ese pequeño y particular detalle se le había escapado. ¿Cómo es que no se había dado cuenta de su error garrafal?. Estaba atrapado dentro de la habitación con la persona menos conveniente en todo el Castillo.
Se entregaría en ese instante a aquellos hombres si es que tenía que volver a buscar una forma de escape.
Se armó de valor, caminando entre la oscuridad, solamente viendo pequeños haz de luz de luna que hacían figuras en el suelo.
Esquivó la mesa en el centro, los muebles, hasta llegar a la cama del Príncipe.
Blaine obviamente se hallaba ahí. Pero, para su suerte, dormía plácidamente.
Kurt soltó un suspiro de alivio, sintiendo que su corazón volvía a su ritmo normal, si es que eso era posible en alguien como él.
Aquel día, la suerte estaba siendo una ruleta rusa con él.
Negó con la cabeza, tratando de buscar algún método de poder burlar a la guardia y salir de ahí, si podía hacerse los suficientemente pequeño… pero aunque fuera un cachorro, no podría pasar por debajo de la puerta.
Ni siquiera Santana, siendo un pequeño y flexible animal.
Un quejido.
Kurt se volteó hacia el Príncipe, quien parecía ponerse algo incómodo entre las sábanas, alzando sus manos por sobre su cabeza, apretando sus ojos como si algo le estuviera doliendo físicamente.
Se acercó guiado por la curiosidad y esos extraños impulsos, agachado hasta poder quedarse en cuclillas frente a él.
Se veía totalmente disconforme en ese lugar. Pero no era un dolor físico como él pensaba, no, era algo de su mente.
Estaba soñando.
Kurt no recordaba la última vez que había soñado.
Quizás los Zethouts no soñaban, pensó ladeando la cabeza, alzando su mano hasta los rizos de Blaine, que se veían desordenados y esponjosos ante el roce contra la almohada. Tocó uno con delicadeza, formando una leve sonrisa en sus labios cuando al soltarlo volvió a su forma original.
Cerró uno de sus ojos ante el golpeteo fuerte de su corazón, alejando su mano unos centímetros ante la sorpresa, rozando sin querer parte de su rostro.
Se quedó quieto, sus dedos a milímetros de su piel, esperando a que Blaine se despertara. Pero no fue así. Siguió pareciendo incómodo en su posición.
Kurt entonces se percató de qué tan cerca estaba de sus labios.
Había escuchado a Blaine narrar tantas veces sobre los besos de las princesas al casarse, y el eventual "vivieron felices para siempre". Pero nunca había dado uno en su vida. No entendía cómo debía hacerse.
Era solo piel, pensó mientras acercaba la punta de sus dedos hasta ellos, delineando suavemente el inferior, luego el superior, de un lado a otro, mientras se llenaba de la sensación algo suave y un poco áspera en el centro de ellos. El aliento del príncipe haciéndole cosquillas.
Blaine recostó su cabeza contra la almohada, ocultando la mitad de su rostro en ella. Kurt alejó su mano lentamente al ver que se había calmado. Y entonces todo pareció desmoronarse y armarse a la vez.
-Kurt…
Sus ojos se abrieron ampliamente ante la sorpresa. Y se sintió paralizado.
El miedo, susto e incluso temor comenzando a llenarlo hasta un nivel que no había conocido.
¿Por qué lo había llamado? ¿Lo había visto?
¡Tiene los ojos cerrados, es imposible!
El Príncipe soltó un sonido inentendible, alzando una mano para frotarse los ojos. Kurt se volvió del porte de un cachorro de aproximadamente, cinco meses de edad, corriendo con sus pequeñas patitas debajo de la cama. Escuchando movimiento por sobre él.
El Príncipe alzó su mano para alcanzar un vaso con agua, tomando un poco para luego voltearse al lado contrario en un suspiro.
El Zethout retrocedió temerosamente, su cuerpo temblando, chocando contra algo duro. Se volteó encontrándose con dos libros que parecían estar siendo leídos, debido a unos marcapáginas entre sus hojas.
Los hubiera ignorado, pero entonces reconoció los títulos.
Eran los ejemplares que Blaine le había conseguido el día de su escape.
Comenzó a reflexionar ante el hecho de que el Príncipe le llamara. Eso quería decir que quizás estaba pensando en él en sueños.
Quiso negarlo, ya que era una idea un tanto egocéntrica. Pero no sonaba tan poco razonable si es que observaba las pruebas a su alrededor.
Repentinamente se sintió algo decaído, lo que sumándolo al cansancio se convertía en sueño.
Sus extremidades se pusieron pesadas mientras se sentía adormilado. Camino hasta fuera de la cama, enganchando sus dientes sobre una de las pantuflas de Blaine, para arrastrarla bajo la cama, acercándola a la pared y recostándose sobre ella.
Olía a jabón, lo que hizo que se relajara un poco. Sin embargo, le tomó un par de minutos poder caer dormido.
No era correcto que Blaine intentara involucrarse con él.
Como había razonado anteriormente, los riesgos aumentaban mientras más humanos se enteraran de lo que él era.
Pero no fue simplemente ese hecho tan general el que le molestó el pecho constantemente dentro de esos largos minutos. Sino que el bienestar que podía provocarle el hecho de que alguien estuviera preocupado por su seguridad.
Sentía miedo de que si Blaine descubriera lo que era, dejaría de pensar en él.
¿Qué tal Klainers?
La actualización de Roses In December tardará un poco más, pero llegará tranquilos. ¿Cómo estan? (HOY ES LA ESCENA DEL ELEVADOR! *cheers*)
Los quiere, ama y adora...
~Carolice
