Cuán Profundo es tu Amor

¡PERDÓN! ¡PERDÓN! ¡LO SIENTO! TTTwTTT

Sé que quieren torturarme etc. etc., pero es que estuve demasiado ocupada y enferma... pero ya se los traje...

Les recuerdo que la historia se sitúa en el S. XVIII.

La única advertencia es que puede que se traten algunos temas retrógrados y que me falte estudiar más las tradiciones griegas...

Gracias por sus comentarios que contestaré abajo ^^!

En fin, sin más... disfruten el capi...


–11–

Sonrió al contemplar cómo era que esa pequeña niña de cabellera ceniza se apresuraba al salón donde se celebraría la fiesta.

–Parece que Sigrid está más emocionada que la propia novia –murmuró Atenea colocando su mano sobre el hombro de la rubia

Thetis solo se sonrojó y mordió sus labios, al entrar al salón notaron la tensión, el Patriarca le dirigió una mirada suplicante a la diosa, parecía que estaban a nada de desatar una nueva Guerra Santa. Ari negó con la cabeza, Shion llegaba a ser muy aprensivo, sin embargo la presencia femenina comenzó a relajar el ambiente, ante la mirada de todos los presentes Thetis corrió al encuentro de Kanon, quien le recibió con los brazos abiertos y le besó nuevamente.

–Creo que ya es hora de que empiece la verdadera fiesta –se puso de pie cierto dios de blanca cabellera alzando su copa

–Coincido con Zeus, ahora brindemos por la hermosa pareja –agregó Poseidón secundando la idea

Sin mayor oposición los varones brindaron y la música cortesía de Hermes inundó el salón, sin demorarse los invitados se pusieron de pie disponiéndose a conversar con el resto de los invitados.

–Vamos doña Agasha, quiero ver a mi precioso –le haló de la falda la pequeña asgardiana

–Sí, vamos Sigrid –accedió la mujer andando por el salón

–¡Ah! Mira qué tenemos aquí –susurró una voz masculina haciendo que se detuviera en seco

Su cuerpo se tensó al instante, sus orbes verdes se encontraron con esa enorme y tétrica figura, blanquecina piel, ojos violáceos, cabellera platinada y en sus pálidos labios se dibujaba una sonrisa sádica, una que hacía 10 años había contemplado en la Villa de Rodorio en ese trágico y doloroso día.

–Minos –masculló sin voz, su respiración se entrecortó y su corazón retumbaba en su pecho

Su mirada violeta le escudriñó de pies a cabeza, la fémina que tenía enfrente poseía hermosas curvas y piel clara, su cabellera castaña enmarcaba su bello rostro, su mirada verde estaba fija en su persona; sonrió al contemplar su vestido color durazno, el color de las Vestales, las vírgenes que se reservaban para servir a las diosas.

–Agasha –se deleitó con la expresión en su rostro cuando le llamó por su nombre

La castaña dio un paso hacia atrás e instintivamente llevó sus manos a su pecho, donde sintió aquella rosa.

–Señor Albafica –llamó con cierto desespero, todo a su alrededor desapareció y la sangre se le congeló en el pecho, no podía ser, no había forma… ese espectro no podía estar ahí

–¡Jo! Tantos años y sigues hermosa pequeña Agasha, no, ya no eres pequeña, ahora sí aparentas ser una mujer –sonrió el juez del Inframundo caminando hacia ella obligándola a que chocara contra la pared

–¡Ah! –gimoteó –No, no puede ser, tú estás muerto, el señor Albafica dio su vida para detenerte… –sollozó con una expresión de terror en su rostro

Una carcajada brotó de los labios del Juez y atrapó uno de sus mechones castaños, la suavidad de su cabello le cautivó, miró sus orbes verdes, perdiéndose en ellos, de repente una imagen invadió su mente, una hermosa sonrisa, cabellera castaña, ojos oliva que le contemplaban con tanta ternura.

–Precioso –susurró arrinconándole con su cuerpo contra la pared

Agasha ahogó un gritito, aquella mirada violácea le heló la sangre, parecía que había vuelto a aquel día, pero sabía que esta vez no estaría el señor Albafica para protegerle, instintivamente llevó su mano izquierda hacia la rosa y la derecha a su vientre, como si deseara resguardarse del Juez del Inframundo

–¡Detente! –dijo una voz masculina a sus espaldas

–¿Ah? –murmuró el juez cuando una rosa rasguñó su rostro y dirigió su mirada hacia el agresor

Se sorprendió al ver a un varón de ondulada cabellera y ojos celestes, piel blanquecina, rasgos finos, sin duda era realmente hermoso, pero no fue lo que más le sorprendió sino el hecho de que portara la Armadura Dorada de Piscis.

–¡Vaya! Si no fuera porque eres más joven y de menor estatura, así como tus facciones más delicadas juraría que tengo enfrente a Albafica de Piscis –comentó divertido

–¡Afrodita! –chilló Agasha

–¡Aléjate de ella! –amenazó el dorado sacando una rosa blanca

–Con que una rosa sangrienta –sonrió el peliplata –sin duda debes de ser discípulo de Albafica –

–Minos de Grifo uno de los 3 jueces del Inframundo –le llamó el Caballero

–¡Oh! Parece que sabes quién soy –sonrió Minos –pero vamos Caballero no estamos aquí para pelear, sino para celebrar la alianza entre 2 dioses –su mirada se fijó una vez más en la fémina –y crear posibles alianzas entre los demás dioses –

–De la política deben de encargarse los dioses, no sus súbditos –respondió con seriedad el muchacho –ahora aléjate de Doña Agasha –amenazó apuntándole con la rosa blanca

–Vamos Piscis no seas aguafiestas, si Agasha y yo somos viejos conocidos –respondió deleitándose con la figura de la mujer –solo estábamos recordando viejos tiempos –sonrió alejándose finalmente de ella

Tan pronto como el espectro desapareció de la visión de la castaña, ésta se dejó caer, sin embargo en un movimiento ágil Afrodita le atrapó en sus brazos.

–Afrodita –sollozó la fémina

–Ya estoy aquí Doña Agasha –susurró acariciando su cabello

–¡Doña Agasha! –exclamó Sigrid llegando con un racimo de uvas en sus manos –está pálida, ¿qué le hiciste precioso? –la niña hizo un puchero y le dirigió una mirada de reproche al dorado

–Yo… –murmuró Afrodita

–Tranquila Sigrid, me he sentido mal y Afrodita ha sido tan amable para cuidarme, no tienes que estar enojada con él –

–¡Ah que sí! Mi precioso es el Caballero más noble –sonrió la pequeña abrazándose al peliceleste

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El grupo se escabullía entre los edificios del Santuario, hacía poco que habían asaltado el recinto de las Amazonas y ahora mismo esperaban a uno de sus camaradas en el ala este.

–Seiya ya se tardó demasiado –se quejó un peliverde

–Explíquenme ¿por qué decidimos seguirlo en esta tontería? –murmuró uno rubio con los brazos cruzados

–Porque nos rogó durante estas dos semanas que le ayudáramos a sacar a su "amiga" –respondió un pelinegro

–Cierto, se volvió tan insoportable con sus constantes súplicas –fingió indiferencia el peliazul

–Por favor hermano, Hyoga, Shiryu, no hablen así de Seiya, es nuestro amigo y no sé ustedes pero yo siento que su amiga merece salir de ese encierro y conocer el mundo –le defendió el menor

–Hermanito, no sé por qué desde que te entregaron tu armadura actúas como el más maduro del grupo, me dejas en mal Shun –rió Ikki revolviendo el cabello del menor

Los otros dos chicos empezaron a reír pues era verdad aquel chiquill de tranquila apariencia había concretado su entrenamiento en tiempo récord, y ahora ya era un Caballero de bronce. Sin embargo un ruido les puso en alerta.

–Mira aquí están –dijo el castaño saliendo de entre las sombras guiando a una figura más pequeña y delgada de larga cabellera

Los 4 varones le observaron y notaron que se trataba de una niña de apariencia delicada, definitivamente no se parecía a ninguna de las Amazonas o Doncellas Guerreras, no supieron la razón exacta pero aquel rostro inocente les parecía familiar

–¡Ah! Ellos son tus amigos –sonrió aquella niña ajustándose la ropa que habían tomado prestada del Recinto de las Amazonas

–Sí, mira él es Shun, este es Hyoga, Shiryu e Ikki –señaló a cada uno de los varones

–Mucho gusto, mi nombre es Saori –dijo alegre la chiquilla

–Bien, ahora que has logrado sacar a tu amiga debemos de volver a la fiesta –comentó Ikki mirando entre los edificios para asegurarse que ningún soldado pasara por ahí

–¡Esperen! –exclamó Shiryu –si queremos que Saori pase como una de las aprendices de Amazona, le falta algo –recordó

–¡Cierto! –dijo Shun sacando aquella pieza metálica de color blanca

–¡Oh! Se parece a la máscara que usa la maestra Serinsa –murmuró Saori tomando el objeto en sus manos –pero es blanca y no tiene ningún dibujo –agregó

–Ella tiene razón, mmm, si la usa sin ninguna marca se darán cuenta de que la tomamos del recinto sin permiso –afirmó Shun

–¿Y ahora qué haremos? –interrogó Seiya

–No podemos perder mucho tiempo, si nuestros maestros notan nuestra ausencia nos castigarán –murmuró el mayor

–Coincido con Ikki, por eso, creo que lo mejor será que solo te la pongas Saori, ya pensaremos en algo cuando lleguemos al Salón –dijo Shiryu

La niña hizo como se le pidió y se colocó la pieza de metal, sin que los demás lo notasen la máscara se ajustó a su rostro, un par de líneas de color dorado y azul se grabaron en ella y su color se convirtió en plateado.

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El novio caminó hacia la mesa donde se encontraban todos los dioses, sonrió con cierta incomodidad, como lo había dicho el Patriarca, no entendía por qué el interés de los olímpicos por estar durante su boda, por Atenea aún no se la creía ya estaba casado con su hermosa nereida y ya faltaba cada vez menos para la noche de bodas, el rubor recorrió sus blanquecinas mejillas y se pasó la mano por el cabello.

–Esa es la sonrisa de un hombre verdaderamente enamorado –comentó una mujer de ojos azules y cabellera carmesí ondulada

–Si Afrodita lo dice debe de ser verdad –levantó su copa otro hombre de corta cabellera verde con un casco alado

–¿Ahora resulta que Hermes sabe de amor? –enarcó una ceja un hombre de tez bronceada y cabellera escarlata

–Más que tú Ares, es seguro aunque tú digas ser el padre de Eros –replicó el peliverde dando un sorbo al vino

–Vamos chicos compórtense –pidió una mujer de rostro delgado y cabellera castaña oscura, la única de los presentes que portaba una corona dorada

De inmediato la mesa se llenó de una atmósfera incómoda, Kanon inclinó un poco su cabeza, porque la Señora Atenea le pedía que fuera prudente con su mirada.

–Damas, señores es para mí un honor tenerlos presentes en este banquete –dijo el geminiano

Los presentes rieron discretos, el muchacho sabía cómo halagar a los dioses, parecía que Atenea le había instruido bien.

–Con que Kanon de Géminis –la castaña dirigió toda su atención al jovencito –dime muchacho siendo el menor de los gemelos, aquel cuyo signo siempre posee un augurio maligno para su destino, además de poseer fama de mujeriego, pícaro y descarriado ¿cómo fue que tú terminaste siendo el novio? –interrogó la diosa sonriendo cruelmente

Atenea torció los labios y apretó los puños, Hera estaba propasándose con sus palabras, no había forma de que le permitiera insultar de esa forma a Kanon, especialmente porque ella lo había conocido desde que era un bebé. Poseidón por su parte enarcó una ceja, su hermana era una de las diosas más irascibles y vengativas, si aquel muchacho no era prudente podría condenarse y condenar a Thetis en un instante.

–Hera –forzó una sonrisa la pelilila a punto de intervenir

–¡Je! –rió Kanon con gracia llevando una mano hacia su barbilla –pues tiene usted razón Señora Hera, el signo de géminis siempre lleva un mal augurio y tampoco negaré mi mala fama, porque es la verdad –respondió el peliazul alzando los hombros con naturalidad

–Un muchacho honesto –comentó el peliblanco sentado a un lado de Hera con una sonrisa bonachona

–Y de convicciones –intervino Poseidón –prueba de ello es que porte la Escama del Dragón del Mar –afirmó el Rey de los Mares alzando su copa esperando que la diosa desistiera de sus intenciones

–Con que lo tienes en alta estima Poseidón –le miró la Reina del Olimpo pero ¿podemos pensar lo mismo de tu Promesa? –esbozó una sonrisa instigadora la castaña y sus ojos brillaron malignos

La mirada azul cobalto de Poseidón comenzó a taladrar la figura de Hera

–Thetis es como mi hija, su carácter es noble y puro, es honesta, responsable y prudente, jamás actuaría de una forma indebida –afirmó el rey de los Mares

–Hablas con tanta seguridad Poseidón, pero ¿te olvidas que todas las conquistas de Zeus eran en un inicio así? Doncellas puras, nobles y honestas –continuó la castaña –que al ser cautivadas por una de las flechas de Eros, dejaron atrás todos esos valores y se revolcaron con él –dijo mirando con desdén a los hijos de Zeus –si lo que Afrodita dice es cierto, esa joven ha podido caer en la red de un descarriado como él –dictaminó señalando a Kanon

–Habla claro Hera, ¿qué es lo que estás insinuando? –intervino finalmente Atenea al ver como el geminiano apretaba sus puños

–Lo he escuchado, en el Santuario rumoran que la novia ya no es pura –sonrió con crueldad mirando a la pelilila –lo que me hace dudar si en algún momento lo fue realmente –contestó la deidad

El geminiano apretó la mandíbula y con la mirada fulminó a la diosa

–¡Hera! –bramó Poseidón golpeando la mesa al mismo tiempo Atenea apretaba el puño

–Con todo el respeto que me merece diosa Hera, pero créame que no voy a permitir que se exprese así de Thetis –murmuró Kanon –de mí pueden decir lo que quieran, que soy un bastardo porque mi padre solo nos trajo a mí y a mi hermano al Santuario, es verdad; que no soy el legítimo portador de la Armadura de Géminis y por ello mi padre jamás me entrenó, también es cierto; tengo fama de mujeriego y pícaro no solo en el Santuario sino en varios pueblos a la redonda, eso todos lo saben –confesó el menor de los gemelos –sin embargo Thetis es una doncella noble, dulce, fuerte, inteligente, su sonrisa hace que se opaquen las estrellas, su cabello es como los rayos del sol; pero no solo eso, posee una gran determinación y prudencia, de ella no se podía dudar jamás –explicó con desespero Kanon

–Esas son verdaderas palabras de un enamorado –afirmó Afrodita jugueteando con uno de sus rizados mechones de cabello

–La Señora Atenea y el Patriarca tuvieron esa misma preocupación cuando nos comprometimos, pero yo les juré que Thetis llegaría pura e inmaculada hasta nuestra noche de bodas y la palabra de un Caballero es su honor, sin éste no tenemos ningún valor –agregó el peliazul –y por mi honor como Santo de Géminis de la Orden de Atenea, que Thetis sigue siéndolo –afirmó Kanon arrodillándose de una forma solemne

–Le has escuchado Hera, yo conozco a Kanon y no tengo motivos para dudar de su palabra –intervino Atenea

–Coincido con Atenea, este muchacho ha pasado mi prueba y cuenta con mi bendición, así como Thetis cuenta con toda mi confianza –afirmó el rey de los Mares

La diosa dio un resoplido parecía que estaba perdiendo contra el par de dioses, pero no había forma en la que desistiera de su idea, aún si no era verdad, se daría el lujo de humillar a la "hija" de Poseidón y de paso hacer que el matrimonio entre ellos iniciara mal.

–Parece que están muy confiados en la palabra de estos jóvenes –sonrió ladina la castaña –sin embargo como diosa del matrimonio es mi deber corroborar que se cumplan todos los requisitos para esta unión, por ello exijo que a la novia se le realice una prueba de "ajuntamiento"–contestó disfrutando de las expresiones de Atenea y Poseidón –podrían ser tus propias Doncellas Guerreras en mi presencia las que realicen la tarea –agregó

–¡¿Cómo te atreves Hera?! –mascó Poseidón a punto de invocar su tridente

–¡Lo que pides es indignante! –intervino Atenea

–Te diría que presidieras la prueba Atenea, sin embargo tu voto de castidad te prohíbe exhibirte a tales actos –replicó la reina de los dioses –así que esta será la única solución –dijo poniéndose de pie

–¡No! –se opuso inmediatamente Kanon, no podía permitir que humillaran a su novia por su mala fama –seré yo quien le proporcione esa prueba –anunció el geminiano

–¡Humano estúpido! ¿Cómo te atreves a contradecirme? –bramó la diosa señalándolo

–¡No te atrevas! –Atenea y Poseidón exclamaron poniéndose de pie

–No seas tan estricta Hera –intervino finalmente Zeus –dejemos que el muchacho nos traiga la prueba después de que suceda –

Todos centraron sus miradas en el padre de los dioses, quien hizo un ademán para que tomaran sus asientos nuevamente.

–Como lo ha solicitado Hera, tendrás que entregarnos en este pañuelo –dijo arrebatándole aquel pedazo de tela blanco a su esposa –la prueba de la virginidad de Thetis, tan pronto como termines de hacerlo deberás de volver a entregárnosla –dictaminó lanzando el pañuelo hacia el geminiano

Kanon lo atrapó y asintió

–Ni creas que podrás burlarte de nosotros –intervino Hera –de inmediato nos daremos cuenta si la prueba es real –se cruzó de brazos

–¡¿Cómo podría atreverme a engañar a un dios?! –replicó Kanon guardando el pedazo de tela en la armadura, hizo una reverencia a modo de despedida y se alejó

–Muchacho, no olvides que tienes que regresar tan pronto termines a beber con nosotros –sonrió Zeus porque no podía permitir que Hera demostrara que el esposo se sometía a la voluntad de su mujer.

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Thetis se acercó discretamente hasta aquella mesa donde se encontraban los Generales Marinos sentados, aprovechando el hecho de que aquel pelilila estaba de espaldas a ella, le cubrió los ojos con sus manos.

–¡Hey! ¿Quién? –interrogó al verse tomado por sorpresa

La rubia trató de contener la risa, sin embargo no pudo hacer mucho ante las sonrisas cómplices de sus amigos.

–¿Thetis? –preguntó Sorrento atrapando las delicadas manos de la joven con las suyas

–Sí –respondió ella en un suspiro cuando lo vio ponerse de pie para luego ser envuelta en un cálido abrazo

–Te ves muy hermosa –susurró acariciando su mejilla

–Gracias, tú, ustedes se ven muy atractivos –afirmó al dirigirse a los demás –Baian, Io –les llamó

–Toda una novia –suspiró Io

–Definitivamente bellísima –afirmó Baian

–Gracias, ¿por qué no vinieron Krishna, Isaak y Caza? –interrogó con un deje de decepción

–Krishna y Caza tenían asignada la tarea de custodiar el Santuario Submarino –respondió Io

–Pero Isaak… –Baian desvió su mirada algo preocupado

–¿Sucedió algo malo? –Thetis se quedó sin aliento

–Isaak sufrió un accidente mientras cumplía una misión –explicó Sorrento –se está recuperando porque la herida fue tan grave que perdió su ojo izquierdo –

–¡¿Qué?! ¿Cómo? Isaak es muy prudente y hábil –comentó la rubia

–No quiso decirnos nada, solo nos pidió que te felicitáramos y que le disculparas por no poder asistir en este día tan especial –respondió Baian con un deje de tristeza

Thetis suspiró entristecida

–Entiendo, díganle que lo extraño y que se recupere pronto –sonrió con amargura

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Miró a su alrededor con fastidio, estaba realmente aburrido, en especial porque Hypnos no le acompañaba, no era que dependiera de su gemelo, pero era el único con quien podía mantener una conversación decente, porque a excepción de su amo Hades, los jueces eran unos brutos y vulgares humanos.

–Estúpido Hypnos –se quejó dándole un sorbo al vino, enarcó una ceja por lo menos su sabor era agradable

Sus ojos azules escanearon todo el salón tratando de buscar alguna fémina que le llamase la atención, porque si bien para él los humanos no eran más que basura, debía aprovechar la oportunidad y encontrar por lo menos una doncella de buen ver, de lo contrario se atendría a lo que su amo eligiera y el señor Hades no tenía ojos más que para la Señora Perséfone, por lo tanto le daría igual casarlo con una belleza que con un esperpento.

–Soy el dios de la muerte, no me puede pasar eso a mí –murmuró al observar lo que sucedía

A la distancia descubrió una interesante escena…

El dorado de escorpión esbozó una sonrisa incómoda cuando aquella pelinaranja de vestido púrpura le abrazó sin mayor pudor, sus ojos verdes notaron como era que la Amazona de cabellera verde se ponía de pie y se alejaba del lugar. Chasqueó la lengua y trató de separarse de ella.

–¡Joven Milo! –rió la chica aferrándose a él

–Shoko, creo que no es correcto que me abraces de esa manera –murmuró forzando una sonrisa

–No sea así joven Milo, es una fiesta y hoy podemos divertirnos –sonrió con coquetería

Detrás de ellos reía cierto Caballero de Cáncer disfrutando del momento incómodo de su camarada.

–No seas grosero bicho, la Doncella desea pasar la velada contigo, no la desaires de esa forma –comentó el cuarto Caballero de la orden

–Ahórrate los comentarios Máscara Mortal –respondió el escorpión –Ese Jabu ¿Dónde se metió? ¿qué no ve que lo necesito aquí? –pensó aquel peliazul tratando de apartar a la pelinaranja

–Joven Milo, vamos a bailar –rogó Shoko ilusionada halándolo de la mano

–Sí joven Milo, ve –rió burlón Máscara

–Me la pagarás… –juró el peliazul cuando una sonrisa sádica se dibujó en su rostro –Oye Shoko, tú tienes una compañera que se llama Erda ¿no? –

La chica asintió

–Tengo una idea Shoko, por qué no vas por Erda para que le haga compañía a Máscara Mortal, porque parece que Afrodita está algo ocupado con la Señora Agasha y aquella pequeña castaña; y pues no quiero que mi amigo se quede aquí solito –dijo Milo fingiendo preocupación por su camarada

Máscara que estaba dándole un sorbo a su copa de vino se atragantó con el líquido y le lanzó una mirada asesina al Escorpión Dorado. Mientras que la pequeña Shoko sonrió y asintió.

–Es una excelente idea joven Milo –afirmó antes de salir corriendo para buscar a su amiga

–¿Qué crees que haces maldito bicho? –bramó el canceriano tomándolo por el peto de la armadura de una forma amenazante

–¡Oye, oye! Tranquilo crustáceo, no deberías de desairar a esa joven Doncella, seguro que desea pasar la velada contigo –respondió con sadismo el Escorpión usando sus mismas palabras

–A mí no me metas en tus malditos enredos bicho estúpido –amenazó Máscara

–Entonces no te metas en mis asuntos crustáceo –replicó Milo

Ninguno de los Santos de Atenea deseaba ceder, sin embargo una vocecilla dulce les interrumpió

–Disculpen Caballeros –dijo una castaña de ojos verdes acompañada de otra joven de larga cabellera azulada

–¡Ah! ¡Helena! –exclamó Máscara soltando de inmediato a Milo y le dedicó una sonrisa a la doncella

–Joven Máscara, la señorita Lyfia deseaba saber si alguno de ustedes conoce al hijo del Caballero Degel de Acuario –interrogó Helena

–¿El hielito? –murmuró Milo –yo lo conozco pero él está… –el Escorpión buscó con la mirada a su amigo pero curiosamente no lo encontró, sin embargo pudo divisar a Shoko caminando hacia él –no lo veo señorita Lyfia pero yo le ayudaré a buscarlo –se ofreció de inmediato guiando a la chica

–Helena… –murmuró Máscara con un leve sonrojo cruzando sus mejillas –te gustaría… bailar conmigo –pidió ofreciéndole su mano y haciendo una reverencia

El rostro blanquecino de la joven doncella se coloreó de rubor y asintió tímidamente antes de colocar su mano sobre la del Caballero de Cáncer, quien le atrajo a él y la guió con el ritmo de la música para danzar esa hermosa melodía.

A la distancia el dios de la Muerte apretó su copa, ese Caballero de Cáncer era idéntico a su antecesor, aquel maldito humano que había dañado su cuerpo huésped y luego lo había destruido durante la anterior Guerra Santa.

–Maldita basura –apretó la mandíbula al reconocer en ese muchacho la risa despreocupada, la actitud altanera y desafiante

Su interior ardía con deseo de venganza, no podía soportar ver al hijo de su enemigo tan tranquilo, divirtiéndose con la Promesa de otro dios… de repente una idea llegó a la mente de Thanatos, esbozó una sonrisa maligna y fijó su mirada en la joven que le acompañaba, viéndola bien era hermosa…

–El hijo pagará por el pecado del padre –

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Camus se acercó a una mesa apartada del Salón donde se encontraba sentada, la Reina de Asgard, se quedó sin aliento al contemplar a la fémina de larga y platinada cabellera, sus ojos eran de un cristalino color aguamarina, su fino rostro era realmente atractivo, guardaba cierto parecido con la princesa Hilda de Polaris, o debía de decir que Hilda de Polaris había heredado el atractivo de su progenitora.

–Caballero de Acuario –le saludó una joven rubia que de inmediato reconoció

–Señorita Fler –hizo una reverencia

–Mi tía Seraphina estaba ansiosa de conocer al sucesor de Acuario, me ha contado que fue amiga del maestro Degel de Acuario –

–He oído de eso –respondió con un grado de indiferencia el muchacho

–Eres el vivo retrato de Degel –sonrió la mujer señalando la silla a su lado

Camus se sentó sin decir nada y continuó admirando la figura de aquella fémina de la que su padre había escrito tanto en sus diarios.

–A lo lejos por un momento te confundí con tu maestro –

–Es evidente que guardo parecido con mi padre –arrastró la última palabra

–Pero teniéndote aquí, a mi lado, puedo notar las diferencias, tu cabello tiene un tono más claro, tus ojos son violáceos y no índigos como los de él –describió la peliplata tratando de tomar la mano del joven quien la apartó discretamente –pero sobre todo esa expresión fría en tu rostro, Degel siempre sonreía, era muy cálido –afirmó Seraphina

–Discúlpeme su majestad, pero desconozco esa faceta de mi padre, en lo que a mí respecta, Degel de Acuario era un frío e inexpresivo Caballero, su trato no era diferente con su único hijo –respondió el acuariano

–Es una pena, no sé qué podría haber cambiado el noble corazón de mi querido Degel –sonrió Seraphina al verlo ponerse de pie –¿Acaso tu madre falleció cuando tú naciste joven Caballero? –intentó averiguar

–Lo ignoro su majestad, mi padre jamás habló de mi Señora madre, lo poco que sé es que tal vez heredé el color de sus ojos, nada más –dijo Camus poniéndose de pie –si me disculpa volveré con mis camaradas y deseo que pase una hermosa velada –dijo a modo de despedida

Seraphina vio partir al joven Santo

–Es una pena que no pueda recordar lo que sucedió desde la última vez que Degel y yo nos vimos… –murmuró la peliplata

–¡Seraphina! –exclamó cierto hombre peliazul sentándose a su lado

–Señor Poseidón –hizo una reverencia

–Han pasado bastantes años pero has envejecido con tremenda gracia bella Seraphina –sonrió el Rey de los Mares

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–¿Sucede algo malo? –interrogó Marín al fijarse que Shaina había vuelto a la mesa que estaban compartiendo con algunas de las Promesas

–Nada –respondió con molestia la peliverde desprendiendo un aura de mal humor

De inmediato la pelirroja buscó con la mirada al Caballero de Escorpio, porque sobraba decir que Milo era la mayoría de las veces el causante de los enojos de la Amazona de Ofiuco, sin embargo le sorprendió encontrarlo del otro lado del Salón conversando con Camus, quien tenía un semblante más frío que el de costumbre.

–¿Y ahora qué tendrá…? –

Entre tanto la joven Natassia conversaba con June

–¿Por qué es que usan la máscara –interrogó observando detenidamente la pieza metálica que cubría el rostro de la rubia

Marín fue la que intervino para responder a la curiosidad de las chicas

–Desde la era mitológica han sido los hombres quienes se han dedicado a proteger a la diosa Atenea, por ello las mujeres no podían ser Caballeros, sin embargo el Santuario aceptó a las Amazonas cuando ellas renunciaron a su femineidad cubriendo sus rostros con una máscara –explicó la pelirroja, al tiempo que las Promesas asentían –Es por eso que lo más humillante para una Santa de Atenea es ser vista por un hombre sin su máscara, porque entonces solo tiene 2 opciones: matar a ese hombre o enamorarse de él –dictaminó Marín

–¡¿Matarlo?! –exclamó Esmeralda

–¿La ley es tan estricta? –interrogó Shunrei

–Sí, bueno… no ha sucedido en varios años –comentó June con tranquilidad –a penas somos unas cuantas Amazonas las que existimos –

–¡Ah! Es cierto –sonrió Natassia –pero… ¿por qué sus máscaras son diferentes? –

–Es por nuestro Cosmos –respondió Geist –las máscaras son originalmente blancas, pero cuando las portamos por primera vez reconoce la naturaleza de nuestro cosmos, se convierte de color plateado y aparecen nuestras marcas distintivas –

–Entiendo –comentó Shunrei –pues se ven muy bien con ellas –afirmó

–Hey chicas, ¿por qué están aquí sentadas? Es una fiesta –dijo jovial la maestra Serinsa acercándose al grupo acompañada por el Caballero de Tauro

–Señor Teneo, maestra Serinsa –saludaron las Amazonas

Mientras que las promesas solo hicieron una pequeña reverencia

–Vamos chicas, acompáñenme a conocer al resto de los chicos –soltó una risilla –quién sabe si tal vez encuentren a su futuro prometido –dijo Serinsa divertida

–Pero… –Esmeralda murmuró apenada, a primera vista los Caballeros Dorados les llevaban varios años

–Ya sé qué piensan que somos muy mayores, pero no deben de preocuparse, están nuestros discípulos –señaló al grupo de varones que acompañaban al Caballero de Libra

Un poco más tranquilas las chicas se pusieron de pie y siguieron a los adultos, lo mismo hicieron June y Geist; Marín estaba a punto de ir con ellos, cuando notó que Shaina se había quitado momentáneamente la máscara para tomar un trago de vino.

–¡Shaina! –le llamó la atención

–¡Sshh! –replicó la peliverde poniéndose de nuevo el accesorio de metal

Observó a Geist y June platicar animadas con el flamante Caballero de Andrómeda, si bien al inicio se había preocupado por la relación tan cercana que June y aquel chico mantenían, pero al conocerlo se dio cuenta de que era un buen niño, demasiado amable para ser un Caballero.

Rió al ver al impetuoso discípulo del León Dorado sonrojarse por la compañía de la simpática Esmeralda. Shunrei por su parte sonreía al reconocer a su amigo de la infancia, el hijo de Dohko de Libra, Shiryu, había oído que ellos sus padres eran amigos. Mientras tanto el discípulo de Camus hacía un par de trucos con su cosmos para impresionar a Natassia. Finalmente estaba Helena bailando con Máscara de Muerte. Por un momento Shaina sintió celos de todos ellos, era una maldita fiesta y ella no estaba disfrutando, todo por culpa del estúpido bicho y la cabeza de zanahoria, pues en el instante en que los había visto abrazados una ira incontrolable había nacido en su pecho.

–¡Te odio maldito bicho! –mascó apretando el colgante que él le había regalado

Suspiró enojada realmente envidiaba a sus compañeras y a las Promesas, todas estaban pasando una hermosa velada con algún acompañante, mientras que ella estaba ahí enojada y sola. Entonces se dio media vuelta dispuesta a alejarse cuando tropezó con alguien.

–Lo siento –murmuró de inmediato porque no sabía si se trataba de alguno de los olímpicos era seguro que le castigarían

–¡Ah! La pequeña ninfa –sonrió galante aquel hombre de túnica negra y cabellera plateada

Por unos instantes la chica se quedó sin habla y pronto reconoció al varón

–¡Tú! ¡Digo usted! –le señaló sorprendida

–Con que me recuerdas hermosa Amazona –murmuró el peliplata tomando la mano de Shaina para depositar un beso en el dorso

La peliverde ahogó un gemido y agradeció portar su máscara de lo contrario aquel hombre la vería completamente ruborizada.

–¿Quién es usted? Y ¿qué hace aquí? –balbuceó la Amazona de Ofiuco

–¡Ah! Mis modales, yo soy Minos de Grifo uno de los Tres Jueces del Inframundo –hizo una reverencia dedicándole una sonrisa galante

–¿Juez del Inframundo…? –susurró sorprendida

–Así es, pero aún no sé su nombre… –dijo Minos

–¡Oh! Disculpe mi impertinencia… Shaina de Ofiuco –se presentó asintiendo

–Entonces Amazona de Ofiuco concédame el honor de bailar conmigo –sonrió tomándola de la cintura para llevarla al centro del Salón

La peliverde no estaba segura de sí realmente deseaba bailar con ese hombre pero al ver la expresión en el rostro del Caballero de Escorpio, entrelazó sus dedos con el Juez del Inframundo.

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Ambos chicos se escabulleron entre las mesas y se quedaron en uno de los rincones observando al resto de los invitados divertirse.

–¡Vaya! No pensé que hubiera tantas personas en el Santuario –murmuró Saori admirando aquellas Armaduras Doradas

–En serio que no sé cómo has podido vivir sin conocerlos –negó Seiya –yo solo llevo aquí un par de años y conozco a bastantes personas –afirmó

–Eso es porque tú eres muy hiperactivo –rió la pelilila

–Bueno con el asunto de la máscara solucionado, creo que ya podemos ir con los demás –dijo el castaño mirando a sus amigos –que por lo que veo están muy sociables con las dichosas Promesas –

–¿Promesas? –inquirió Saori

–Ajá, son las representantes de otros dioses que vienen a casarse con alguno de los Caballeros –explicó Seiya caminando hacia el centro del Salón

–¡Oh! ¡Espera Seiya! –exclamó la fémina cuando el chico se adelantó para sorprender a Shiryu y Hyoga con sus respectivas acompañantes

Saori sonrió y se echó a correr tras él, sin embargo tropezó con alguien provocando que tirara la copa de vino que llevaba en sus manos y ella cayera irremediablemente al suelo.

–Disculpe, no fue mi intención –dijo al instante alzando su rostro para descubrir la figura de un hombre muy alto de caballera y mirada escarlata así como tez dorada, portaba una túnica blanca con detalles en rojo y dorado así como accesorios de cuero

–¡Fíjate por donde caminas humana! –bramó el varón haciendo que la sangre se le congelara

El pelirrojo fijó su mirada en aquella chica notando de inmediato por su atuendo que se trataba de una de las Amazonas de Atenea, pero no fue eso lo que le llamó la atención, sino fueron aquellas marcas que adornaban su accesorio, alrededor de sus ojos llevaba líneas doradas que le recordaban a los ojos de los búhos mientras que en las mejillas tenía marcas en forma de alas de color azul cielo, bufó por un momento, le recordaban a la armadura de aquel impío Asesino de Dioses que ahora mismo estaba castigado en lo más profundo del Inframundo.

–¿Cómo te llamas? –interrogó con la misma voz fría

–Sa… Sa… Saori –tartamudeó la pelilila

Hasta nombre extranjero como el de aquel blasfemo, pero esa apariencia, frágil y delicada, piel blanquecina y sobre todo esa sedosa cabellera… alzó su mano tratando de arrebatarle la máscara y comprobar lo que intuía.

–¡Saori! –exclamó una voz y una figura de vestido durazno se interpuso en su camino –¿Qué haces aquí? –exclamó preocupada una joven de cabellera rojiza abrazando a la menor ocultándola de aquel dios

–Humana, ¿cómo te atreves? –interrogó

–Disculpe mi impertinencia señor Ares, pero es solo que esta pequeña está enferma, tiene un resfriado y debería de estar guardando reposo –explicó la doncella enfrentando su mirada escarlata

El dios de la Guerra observó detenidamente a la fémina y de inmediato notó su virginal atractivo.

–Si nos disculpa, nos retiraremos –anunció la pelirroja llevándose a Saori

–No cabe duda que las Vestales son hermosas –sonrió Ares al verla partir

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Caminó discreto hacia la puerta del Salón, contó a todos los presentes quienes parecían estar tan entretenidos como para notar su ausencia, así que esa sería su oportunidad para buscarla.

–Los invitados no están autorizados a salir del Salón –dijo una voz femenina a sus espaldas

Se detuvo en el acto y volteó su rostro para descubrir la figura de una de las Amazonas con los brazos cruzados y que a pesar de portar ese inexpresivo pedazo de metal sobre su rostro emanaba un aura peligrosa.

–¡Oh discúlpeme Amazona! –fingió el peliverde –es solo que nos hemos quedado sin vino y no deseaba molestar a nadie para traerlo –

–No tiene que molestarse señor Hermes, yo me encargaré de llevarles más vino a su mesa, puede regresar tranquilo –afirmó la pelirroja

–Muchas gracias ¿Amazona…? –inquirió

–Marín del Águila, señor Hermes –respondió la Santa

Sin mayor remedio el dios caminó de regreso a la mesa principal no sin echarle un último vistazo a aquella muchacha.

–Una belleza peligrosa –rió para sus adentros.


¡Tadá!

Oh sí, no crean que me había olvidado del reencuentro que tendrían Minos y Agasha, se nota que algunas cosas no se borran así como así ¿verdad? Ni Minos se puede olvidar de Albafica, quien lo mató en la anterior Guerra Santa

Seiya liderando a sus amigos desde tiempos inmemorables xD jajaja, ah sí la explicación de la máscara... esa me la inventé no me crean mucho

Oh sí, Hera no dejará pasar la oportunidad de joderle la vida a los demás, dioses o humanos... y el ajuntamiento es una palabra que encontré para referirse a la prueba de la virginidad, ya explicaré mas en el siguiente capi

Los Marinos *3* son todos bien lindos con Thetis porque es su hermanita menor... Kanon ya se jodió xD si la lastima lo van a matar...

Jojojojo Thanatos tampoco va a dejar pasar la oportunidad de joderle la vida a la sangre de Manigoldo, sea por el medio que sea...

Sip Seraphina está viva y sip se lleva bien con Poseidón, pero Camus... bueno es una relación complicada la que tuvo con Degel (ya lo sabrán)

XD nuestros futuros niños de bronce conocen a las pequeñas Promesas, quién sabe, como dijo Serinsa si encuentren en alguno de ellos a su futuro esposo...

Minos parece que ya le hecho el ojo a nuestra Amazona de Ofiuco

Ares... Ares... parece que notó algo particular... algo que le ha llamado la atención...

Y Hermes... bueno, no cabe duda que algo trama ese dios...

Ahora a los comentarios del capi pasado...

XD ya sé las Doncellas Guerreras van a ser como que las que le pongan los sinsabores a nuestros Caballeros, la mayoría de las veces... pero no todas jajaja

Ah bueno de la doncella Europa, pues lo consideraré pues no estaba contemplada, pero ya verán que se me ocurre xD...

Creo que es todo, nos leemos, espero que pronto no me olviden ;3;

MCR77 off~

PD. En la siguiente toca la noche de bodas xD...