Bleach
Ichigo / Rukia
Advertencia: lemon explícito y descriptivo. Vocabulario rudo y más de algunas veces incluso grosero.
Capítulo X
No creo haber estado mejor conmigo mismo nunca. En mi línea temporal existía un antes y un después y definitivamente Rukia fue la que marcó ese punto de quiebre. La veía dormir pacíficamente a mi lado, siendo esa la primera noche en la que permitimos que supieran de nuestra renovada relación, aunque era obvia a los ojos de los empleados de la casa. Sentí a Rukia moverse.
—¿Ya es hora de que te vayas a tu habitación? —preguntó somnolienta.
—No, aún no es hora —contesté.
Ella se estiró y yo aproveché el momento para apoyar mi cabeza en su pecho.
—¿Y por qué estabas despierto? ¿En qué estabas pensando? —consultó —. Parecias realmente concentrado.
No quería decírselo, pero era ella la que ocupaba la mayor parte de mis pensamientos. Estar con Rukia era lo mejor que podía ocurrirme, pero a la vez yo también sabía qué tan bajo podía caer si las cosas no resultaban… había disminuido el temor considerablemente desde que habíamos aclarado nuestros sentimientos, pero nunca se esfumó del todo y no lo haría mientras Rukia no me dijera cuál fue la razón por la que se tardó tanto en regresar a mí, pero por lo que pude notar ella no estaba demasiado dispuesta.
—En sobre si será bueno seguir fingiendo que no estamos juntos delante de Masaki —evadí una respuesta honesta.
Ese tema me tenía preocupado, porque no me sentía bien haciéndole eso a ella, que no había hecho más que buscar acercarse a mí y darme amor. Era como engañarla a mi modo de ver.
—No tenemos que sentarla y contarle como me imagino que supones que tienes hacerlo; quiero que se dé cuenta de forma natural que nuestra relación cambió —contestó.
—¿Y cómo va a pasar eso si cada vez que ella se acerca tú te alejas de mi como si comenzara a apestar a cadáver de pronto? —interpelé.
—No seas dramático —me pidió aguantando la risa —. Es solo que no sé cómo hacerlo… me pregunto si le resultará extraño el verme así con un hombre.
¿Había escuchado bien? ¿Entonces ella no había estado con nadie? Aunque rápidamente hice la conexión en que el que Masaki no la hubiese visto nunca en esa situación, eso no significaba que no hubiese podido hacerlo ella en las sombras. Lo odiaba, sin embargo era muy posible y a su vez me demostraba que si no le había presentado a Masaki a nadie entonces no había sido nada serio... Justo lo que me faltaba, más paranoia sobre ella…
—Está bien —ella accedió interrumpiendo mi monomanía —. Pondré de mi parte... ¿Y a tu familia? ¿Cuándo?
Después de haber negado delante de mi madre mi relación con Rukia, ese era otro tema que me aquejaba. Durante años la sola mención de su existencia me enfermaba, ¿comprenderían mis motivos para querer estar con ella? ¿Intentarían convencerme de que no era una buena idea? ¿Nos tomarían en serio?
—Cuando los vea a todos —solté.
Ella me miró no muy convencida y suspiró.
—No me importa si no les dices —agregó ella repentinamente —. Sé que debe ser complicado a ellos aceptarme de vuelta por lo que te hice.
Abandoné mi cómoda posición para adoptar una nueva. La mención a eso me ponía de mal humor.
—Tú no tienes que preocuparte de eso —susurré.
Ella asintió pero sabía que le daría vueltas a eso hasta que lo solucionara, y en mi intento de distraerla terminé besándola y como consecuencia de mi apasionada entrega, una erección.
—¿De nuevo? —dijo con sorpresa ella.
Sí, nuevamente volvía a ponerme duro y ella colaboró con mi problema abriendo sus piernas y acomodándose para que nuestros sexos se encontraran.
—¿Puedo? —quise saber.
—¿Cuándo te he dicho que no?
Nunca, desde que volvimos ella dijo que no a ninguna de mis insinuaciones. Su disposición de hecho había creado una adicción… Estaba todo el día excitado pensando en ella. Lo que más esperaba era que las horas pasaran rápido para poder volver a casa, y poder estar con mi hija y por las noches con la madre.
Admito que no duré nada. Tan pronto se lo metí y la escuché gemir me fui. Hubiese sido vergonzoso si ella hubiese necesitado más de mí, pero sus espasmos me indicaban que no tenía que avergonzarme de mi pobre actuación, pero el saberme dentro de ella, de que tenía ese privilegio nuevamente, me calentaba al punto de no necesitar más para terminar.
Recuperé el aliento que perdí en pocos segundos. Había sido corto pero muy intenso.
—Creo que es mejor que me vaya —miré la hora —. A veces Masaki se despierta más temprano…
No quería irme y ella tampoco deseaba que lo hiciera. Pude apreciarlo en sus ojos a la perfección.
—Está bien —aceptó ella —. Nos vemos luego.
Me dio algo en el pecho cuando se despidió de esa forma. Teníamos que solucionar ese problema pronto, porque no me gustó ni siquiera un poco tener que alejarme de ella de esa forma.
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Era un viernes de alegría para mí: habían suspendido todas las actividades de la universidad, lo que significaba que era un día libre completo, y fui a la casa de mis padres. Mi madre se sorprendió al verme, pero parecía encantada de verme.
—Es extraño verte por este lugar —exclamó —. Creo que debes sentirte un poco ahogado con el humilde tamaño de esta casa.
Sonreí por el comentario, pero me enserié raudamente.
—Hay algo que tengo que decirte —dejé salir.
Antes de poder abrir mi boca ella me ahorró el trabajo.
—Rukia y tú están juntos —afirmó.
¿Era así de obvio? Ella se sentó y apoyando su rostro en sus manos me miró escrutadoramente.
—Sé perfectamente que me mentiste la otra vez que te pregunté, pero no te dije nada porque no es mi problema —agregó.
Me quedé callado. De todas las personas debí imaginar que mi madre era alguien a quien difícilmente podría engañar. Ella elegía creerme, si alguna vez le mentí y ella no dijo nada.
—¿No vas a decirme nada? —previne.
—¿Qué podría decirte? Eres un adulto, tú sabes lo que haces. Tienes una hija con ella y nunca quisiste a nadie más ¿de verdad crees que me sorprende siquiera un poco? —inquirió —. Se feliz hijo, si crees que es lo correcto sólo ve por ello. Es tu vida.
Antes de ponernos emotivos llegaron los demás, a quienes decidí contarles de inmediato. Papá comenzó a pedir más nietos tan pronto confirmé que Rukia y yo habíamos vuelto.
—¿Estás loco? —expresé —. ¡No puedo tener más hijos! Ni siquiera he terminado la universidad…
No obstante ese era otro tema que me complicaba. Lo que le pagaba a Rukia como "arriendo" era casi todo lo que ganaba y apenas y quedaba algo para poder ir por ahí con mi hija. Temía todo el tiempo que me pidiera algo que no pudiera pagar. Me había convertido en un hombre lleno de miedos. Daban ganas de regresar en el tiempo y haber hecho las cosas mejor y a tiempo y así tendría algo más que ofrecerle a Masaki además de mi amor.
—Habrá mucha diferencia de edad entre uno y otro hijo… —insistió mi padre.
¿No me había oído acaso? Era como hablarle a una pared.
—¡Ahjj! ¡Ya deja de complicarme con esas cosas! Con Rukia recién hemos regresado y ese no es tema por ahora —espeté con hastío.
Pero lo era en el fondo de mi corazón. Remembrar que me perdí todo el proceso y todos los primeros años de Misaki hacía que me pusiera nostálgico; quería vivirlo y experimentarlo.
Aun cuando mi padre hacía que fácilmente perdiera la paciencia, fue bueno volver a casa con mi familia y estar como antes. Esperaba la próxima vez traer conmigo a Rukia y a Masaki.
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Decidí pasear por el barrio en el que crecí antes de volver, hacía meses que no lo hacía y los lugares que solía ver no habían variado en lo absoluto. Las bancas con la misma pintura descascarándose y el mismo tacho de basura que "alguien" había pateado y había dejado hundido el lado derecho.
—Hey, ¡Kurosaki!… tiempo sin verte —saludó una voz.
No tenía que darme vuelta para saber que quien me hablaba era el puto de Ginjo.
—Vaya, es raro verte caminando a plena luz —comenté mordaz.
—¿Pero qué dices? Si es más difícil verte a ti en estos días –destacó —. Hace meses que no tenemos el placer de compartir contigo.
Su tono poco honesto nunca me engañó, pero la sobriedad y lo bueno que tenía en mi vida me hacía notarlo con mayor razón.
—Me he enfocado en la universidad —desvié el tema.
—Ah, es bueno saber que aún no te rindes —destacó.
—No me rendiré, Ginjo —contesté con agotamiento —. Estoy decidido.
—¿No volverás a ir a Xcution? —indagó él.
—No creo, no me van esas cosas ya —desestimé.
—Ah, ya veo que era cierto lo que decían, que estabas todo reformado por la pequeña putita que te había dejado hecho mierda hacia años —soltó con desdén.
Escucharlo hablar así de mi vida privada y que encima eso fuera un comentario general y conocido me irritó.
—Y que incluso volvió con ganga y que tú te hiciste cargo de su cagada —espetó.
Una cosa era que no me gustara que se refirieran de esa forma a Rukia, pero sabía que él lo hacía para provocarme, pero que estuviera hablando de esa forma de mi hija ni siquiera en broma se lo iba a aceptar.
—Como te vuelvas a referir así de esa niña te juro que te voy a partir la mandíbula jodido imbécil —lo amenacé.
Escuché cómo se reía de mí y casi no logré contenerme.
—Ya veo que te calzaron por estúpido y débil —insistió.
—Claramente lo soy sino ¿cómo hubiese sido capaz de soportarte esos años? —inquirí.
Vi que le molestó lo que le dije.
—Ve a meterte lo que te gusta por la nariz o bien por el culo, como sé que te gusta con Tsukishima —me burlé.
Sabía que lo que le estaba diciendo significaría justo lo que recibí, un puñetazo que me sacó lágrimas instantáneas. No tardé en devolvérselo. La adrenalina se apoderó de mi cuerpo y esa extraña emoción de tener una pelea contra ese sujeto que odiaba en el fondo reavivó una parte de mí que existía, pero que se había adormecido.
—Repite lo que dijiste —amenazó.
—Tú sabes a lo que me refiero ¿o se te olvida lo que vi? —metí el dedo en llaga.
Su rostro golpeado se contrajo. Él sabía que yo no hablaba a partir de los rumores y eso hacía que me odiara todavía más, sin embargo yo nunca había dicho nada hasta ese momento en que se metió con mi hija.
—No te metas en mi vida y yo no me meteré en la tuya —le advertí —. Si me ves no me hables, no te acerques… yo ya no tengo nada más que ver contigo y tu mundo. De mi boca no saldrá nada, como hasta ahora.
Me fui mirando todo el tiempo con atención. Tiempo atrás hubiese optado por pelear hasta que alguno de los dos cayera, pero yo ya no era esa persona sin objetivos y sabía bien que Ginjo no era del tipo que actuara solo o que se quedara sin hacer nada si se sentía amenazado, era mejor prevenir.
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Hacía tiempo que no sentía las miradas de la gente en mí, no de esa forma al menos, así que me imaginaba que no debía verme demasiado bien, y la sangre que había escupido más allá me indicaba lo mismo. Esperaba no sorprender demasiado a Masaki con la apariencia que estaba seguro tenía.
—¡Pero qué...! ¿Qué le pasó? —preguntó la niñera.
—Masaki, ve a lavarte las manos —le pedí —. Estaré contigo de inmediato.
—¡Pero papá…! -exclamó ella preocupada.
—Estoy bien… estaré contigo pronto, ve a lavarte las manos —insistí.
No quería que me viera así, ensangrentado y todo magullado.
—Nell, ¿podrías por favor ir con ella y cuidarla? —era una orden escondida de petición.
—¿Va a estar bien? —consultó.
—Sí, todo estará bien… no es primera vez que me pasa —sonreí y le quité peso —. Tal vez Masaki se asustó, acompáñala por favor.
Ella asintió y fue con ella y yo me apresuré en llegar al baño para asearme y lamentar mi imagen. Ginjo tenía una fuerza abrumadora para haber conseguido ese resultado con tan pocos golpes. Fui a la cocina a buscar hielo para bajar la hinchazón que sin dudar aparecería. De esa clase de cosas yo sí sabía.
Rukia no iba a estar nada contenta…
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Me dirigí a la habitación de mi hija que estaba con su niñera y al verme me abrazó.
—¿Te duele? –quiso saber tocando mi rostro —. Está helado.
Dolía y eso que estaba medio dormido mi rostro por el hielo.
—Masaki no hagas eso, de seguro le duele —pidió Nell.
Se lo agradecí con un gesto. No era la primera vez que me rescataba de Masaki; Nell sabía que yo no podía decirle que no.
—Está todo bien… sólo tuve un accidente. Papá es despistado, chocó sin darse cuenta. En una semana no notarás que esto ocurrió —le expliqué.
Ella lo tomó bien luego de que notó que no tenía más que eso. Rukia por otra parte no lo tomó tan relajadamente.
—No te voy a besar mientras te veas así y vete olvidando de que tendremos sexo también —me avisó —. Así quizá te lo piensas mejor antes de ir y meterte en problemas.
Una semana y unos días más, después de haber pasado por todos los colores del arcoíris, sentía resentido el rostro, pero ya estaba bien. Ella cumplió al pie de la letra su aviso y no me besó ni un solo día; ni hablar de sexo.
—¿Ya luzco presentable? —anhelé estarlo.
Rukia me miró y me sujetó desde el mentón, dando un vistazo evaluativo finalmente decretó:
—Sí, creo que si —dijo aguzando la vista.
No necesité más y me abalancé sobre ella.
—No creí que soportarás nueve días –dijo ella sonriente —. Un minuto más y yo misma abusaba de ti.
—¡Pero si fuiste tú quien me dijo…! —exclamé sorprendido
—¡No creí que me harías caso! —confesó —. Y creo que fui demasiado orgullosa para admitir que te echaba de menos.
Me dejó con la boca abierta, yo apenas aguantándome las ganas de estar con ella y ella sólo estaba midiendo mi paciencia. Me enojé un poco.
—No me gustó lo que hiciste —espeté.
—En un comienzo era cierto —justificó —. Pero volviste a ser guapo dentro de poco.
Me hice el ofendido y aunque no rechacé sus besos ni sus manos, no hice nada por hacer que aquellas muestras de aprecio fueran reciprocas.
Sus palabras estaban surtiendo efecto, pero yo seguí impávido. Ella poseía una sonrisa enorme en sus labios. Ella iba a jugar conmigo.
—Si no me vas a devolver los besos… entonces quizá, si bajo un poco pueda obtener otra clase de respuesta, una más sincera —dijo más para sí que para mí.
Descendió y desabrochó con maestría los pantalones, a mi favor tenía que decir que no tenía nada que pudiera favorecer a sus disculpas, pero vergonzosamente no tardé en rendirme cuando su boca cubrió parcialmente mi pene.
—¡Rukia! —solté con deseo.
Ella un día me había dicho que a ella le gustaba hacer eso, que le gustaba ver mi cara transformada por la fuerte sensación de su húmeda boca alrededor de mí. A mí me gustaba hacérselo a ella también, pero ella parecía más reacia a disfrutar de mis atenciones orales. Haciéndome eso, ella tenía todas las de ganar. Comencé a embestir suavemente en su boca, tratando de no provocarle arcadas, aunque cuando sus ojos lagrimeaban no podía evitar pensar que aquel brillo era digno de ser empaquetado y vendido. Era inevitable que le sucediera, más cuando lo que más anhelaba era poder metérselo todo, aunque era consciente a ratos que eso era anatómicamente imposible.
—Quiero metértelo —rogué.
Rukia mirándome, y separándose un poco de mí contestó:
—Hoy no se puede —dijo tajante.
Comprendí de inmediato y si no hubiese sido porque volvió a la faena, hubiese sido increíblemente frustrante.
—Voy a acabar —anuncié.
—¿Y? —replicó ella —. Eso es lo que he estado buscando.
—Voy a acabar en tu boca si no te detienes —advertí.
—Veamos a dónde nos lleva esto —dijo coqueta.
Ella continuó y yo me dejé llevar, si ella estaba dispuesta a hacer eso yo no iba a ser quien para negárselo, pero cuando comencé a acabar, ella, que anteriormente me había regalado la visión de sus pechos desnudos mientras me la chupaba con esa boca que amaba, dejó que acabara en ellos. Fue delicioso en su momento, pero tantos días sin sexo y sin siquiera tocarme causó estragos. Rápidamente la limpié antes de que eso la pusiera de mal humor.
—No imaginé que saldría tanto —dijo evidentemente un poco asqueada.
Yo me aguanté la risa para que no se molestara, pero era algo que ella debió prever antes de aceptar algo así. Reclamó un poco más, pero yo sabía que no estaba realmente molesta, seguro estaba frustrada por no poder acabar ella también.
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Al día siguiente, ya habiendo hecho las paces con Rukia y sin dejar nada por arreglar, me dirigí a la universidad como todo buen día de semana. No esperé encontrar a Yukio a la salida y yo supe inmediatamente que aquello no podía ser nada bueno, y al acercarme lo comprobé.
—Me debes un favor —anunció.
Rápidamente recordé lo que había pasado con las cámaras, justo cuando esa noche cuando todo comenzó con la súbita aparición de Rukia y él me lo había advertido: "nada es gratis en la vida". Lamentablemente soy del tipo que cumple lo que dice y asentí. Mi estómago dolió ante la anticipación de lo que sólo podrían significar problemas…
Continuará...
Hola, qué tal? espero que estén bien. Saludos...
Aviso que a partir de ahora las actualizaciones no serán tan rápidas como hasta antes de mi casi total desaparición durante abril. La universidad y la vida me alcanzaron, pero no duden de mi. No dejaré esto botado jamás en la vida y qué más quisiera que poder escribir durante todo el día.
