Smiles
Disclaimer: Percy Jackson y los olímpicos no me pertenece, es de Rick Riordan.
Bien, ella se dijo, las cosas estaban raras. Para empezar, Nico se había ausentado más de una semana y eso no era normal desde hacía meses. Él nunca se iba por tanto tiempo sin darle al menos una razón o aviso. Marie, por su lado, no dejaba de mirarla y hacer comentarios ocasionales. La pelirroja le clavaba la mirada sin una palabra de por medio y ella abandonaba cualquier intención de sacarle información. Pero de una u otra forma, por el Campamento se rumoreaba que ambos estaba peleados ¡No era cierto, ellos habían estado muy bien hasta que él se fue! ¡Incluso se había quedado a cenar aunque su llegada inicial fue mañanera!
La causa de su mal humor y preocupación estaba en los motivos de la ausencia. Quizá Nico tenía problemas en el Inframundo, o tuvo algún enfrentamiento con monstruos fuertes. Ella caminó por toda la habitación con la morena sin sacarle un ojo de encima. No quería llamarlo y molestarlo porque su mayor esperanza estaba en que, pedía, él estuviera resolviendo asuntos de Hades. Las horas pasaban y ya se cumplían nueve días sin noticias del italiano. Ella lo había decido, si no llegaba o le mandaba un maldito mensaje en la próxima hora ella le mandaría un mensaje iris. No le importaba quedar como una novia problemática o entrometida: ella estaba preocupada.
Marie la observó buscando algo en particular, algún indicio de una pelea que no presenció. Llevaba casi una quincena allí y ella nunca había visto al joven irse por un tiempo tan prolongado. Y viendo a Rachel, pensó, ella tampoco.
A lo mejor la pelea había sido fuerte, decían por el campamento. Algunas jóvenes maliciosas habían agregado que tal vez ella no lo dejaba satisfecho, y la insinuación tenía un claro sentido sexual. Otros le restaban importancia y expresaban que lo más probable era que él tuviera asuntos del Inframundo que no le permitían ir, pero no sabían explicar el mal humor de su oráculo.
Marie evitaba hacer comentarios por su única pelea con el oráculo, pero sabía que ésta podía ser fiera en una batalla aunque fuese verbal. No quería imaginar cómo podría ser una discusión entre esa oráculo aguerrida y el letal hijo de Hades. Oh, no, ella prefería no saberlo nunca. Cuando se cerraba la hora que la pelirroja se había impuesto a sí misma como límite, ella lanzó a Marie casi literalmente fuera de la cabaña.
—Voy a pintar y no te quiero cerca, esfúmate. — Espetó totalmente fastidiada.
Marie alzó las cejas, puesto que no esperaba ser abordada de esa manera. Rachel casi nunca la trataba mal, e incluso luego de su discusión ésta era estrictamente educada con ella. Dudó hacia dónde dirigirse, pero terminó por elegir los bellísimos campos de fresas.
Una vez que la morena estuvo fuera Rachel aseguró las puertas; la única persona que quería ver podía entrar sin necesidad de ellas de todas maneras. Luego fue al baño, donde se encerró, y preparó todo para enviar un mensaje iris. Antes de mandarlo de una vez, pensó, armaré un argumento. Le diría que le extrañaba su ausencia y que llamaba para ver si todo iba bien, se decidió. No quería atosigarlo, ni nada, pero ella necesitaba saber. Un manía adquirida por los años.
—Muéstrame a Nico Di Angelo. — Pidió, una vez realizada la ofrenda.
Cuando miró a través del reflejo, se encontró con un Nico de espaldas en un lugar que ella no reconocía. Era una amplia y desierta playa, con arena clara pero espesa y llena de pequeñas piedras esparcidas al azar por el arrullo del mar. A juzgar por el pullover que él vestía, Rachel dedujo, hacía más frío que allí. Ella lo llamó por su nombre y tuvo que dar un segundo intento antes de que éste volteara. Al verla Nico pareció entrar en conflicto.
—Sabes que si pasa algo puedes decírmelo, Nico, incluso si es sobre mí. — Fue su saludo.
Aunque no era el plan inicial, ella se dijo, estaba feliz de verlo sano y salvo descansando en una playa. Pero una parte de ella estaba muy enfadada porque mientras ella se moría de la preocupación y tenía que soportar todo tipo de rumores, él estaba de vacaciones en algún lugar bonito libre de ello. Un segundo antes de reprochárselo lo observó mejor y agradeció haber mantenido su boca cerrada porque él lucía como si una lucha interna sin descanso se librara dentro de él.
—Lamento no haberte avisado. — Logró decir, pero Rachel estaba de muy mal humor y eso se notaba en su rostro. — Debí haberlo hecho.
—Debiste, sí. Estaba muy preocupada y no te ponías en contacto conmigo. — Dijo, tratando de contener su enojo y severidad. — Ahora, dime, Nico ¿Qué te tiene mal? ¿En qué piensas que necesitas alejarte incluso de mí?
Nico titubeó y eso se vio reflejado en la imagen que recibía el oráculo. Rachel sintió sus ojos escocer, ella sabía que estaba enojada y a punto de llorar y patalear. Bajó la vista y luego regresó sus ojos a la figura de su novio.
— No es apropiado hablar a través de un mensaje Iris, iré a verte.
La muchacha quiso protestar y espetarle que no quería, que ya habían pasado nueve días y estaba furiosa con él. Pero quería verlo y apretó los labios fuertemente para que no le ganara el orgullo e iniciaran una discusión. Asintió, aún molesta, y lo miró firmemente a los ojos.
—Un poco tarde, pero ven. — No pudo evitar agregar sarcásticamente antes de que el mensaje se desvaneciera.
¿Nueve días y eso era todo lo que le decía en su primera llamada? Independientemente de eso, como la absurda joven que era, no pudo evitar acomodar los pliegues del vestido azul índigo sobre la rodilla que usaba y tratar de arreglarse el pelo a gran velocidad comprobándolo desde distintos ángulos. Luego se sintió estúpida y se sentó en los cojines a esperar. Estaba enojadísima y pronto pensó que aquellos almohadones representaban lo mejor de ellos de modo que se levantó y se sentó en la cama. No quería arruinar los bonitos recuerdos en ese lugar, ocupándolo mientras estaba furiosa aunque sonara absurdo.
El joven apareció luego de diez minutos con la frente transpirada y la apariencia de un atleta luego de una larga maratón. Él se limpió el sudor y luego caminó hasta ella, sentándose en el suelo enfrentados. Nico quería mirarla a los ojos y tratar de transmitirle sus pensamientos por medio de un cruce de miradas; pero ni siquiera en su nivel de empatía eso era posible.
—Corresponde que me disculpe por preocuparte. — Inició él. — Pero ya lo hice.
"No vendría mal una disculpa extra", pensó ella sin apartar los ojos.
— Pero necesitaba alejarme un tiempo para pensar, sin distracciones. — Nico se acomodó nerviosamente un mechón de cabello. — Y tú, Rachel, eres una enorme distracción.
Eso no debía ofenderla, pero cuando una mujer estaba enojada casi todo comentario posible puede convertirse en el peor insulto a oídos de ésta. Ella contuvo la respiración, absteniéndose de contestar y mandarlo a casa de su padre, apretando los labios firmemente. Nico conocía cada ademán suyo, y apreciaba el esfuerzo por contener su mal genio.
— Luego de muchos días de pensar, he llegado a una conclusión difícil de asimilar para mí.
Nico se levantó de su lugar y se paró frente a ella, inclinándose para estar a su altura y colocó ambas manos sobre los hombros femeninos antes de deslizarlos suavemente hasta la base de su cabeza donde ésta se unía con el cuello.
—He caminado por cada lugar en el cual permanecí, un departamento aquí en América, Italia, la casita de la que te hablé, el Inframundo y este campamento. — Enumeró, quedamente. — Y quizá sea una emoción del momento que se diluya con el tiempo, de modo que no prometo eternidad, pero llegué a una única afirmación al final, Rachel.
Ella estaba casi segura de que él iba a terminar con ella. Al menos había sido lindo, pensó, mientras había durado. Enojada como nunca, sintió las lágrimas agolparse en sus ojos. Había tenido la dignidad de ir a decírselo en persona, era lo único que podía rescatar de la situación.
—Nico… yo… — Estaba tratando de decirle que entendía.
Incluso lo más bonito puede acabarse rápido, tanto como una estrella fugaz que arde intensamente antes de perecer. No quería oírselo decir.
—Nunca me he sentido tan en casa, como cuando estoy contigo. — Confesó, inquieto y abochornado. — Creo que… de esto es de lo que hablan los poetas. Yo, en verdad, creo que estoy enamorado.
Nico tragó lentamente, y sentía como si fuera en seco. La miró expectante a su respuesta ante tal revelación que a él mismo le había consternado durante días. Rachel lo observaba desde el colchón de la cama, y su rostro pasó por innumerables facetas antes de que pudiera emitir palabra. Y rompiendo cualquier tipo de atmosfera agradable, espetó:
— ¿Qué?
Ella se levantó y Nico se vio obligado a reincorporarse por la falta de espacio que había entre ambos. La pelirroja puso las manos en jarras y si antes parecía enojada, en ese momento estaba más allá del término iracunda. Para cualquiera fuera de la situación habría resultado un panorama cómico. Ella, menuda y flacucha, intimidando a un hombre hecho y derecho que le sacaba por lo menos una cabeza. Él conocía a varias semidiosas enojadas, y hasta ese momento Thalia se llevaba el premio a la más intimidante; pero Rachel le seguía muy de cerca a pesar de su falta de sangre divina.
— ¿Me estás jodiendo*, Di Angelo? — Farfulló, obligándolo a retroceder mientras avanzaba. — ¿Me has dejado aquí sola, preocupada, loca de ansiedad y luego vienes y me dices que me amas? ¡Por la madre que te trajo al mundo, imbécil! Pero si yo también te amo, energúmeno infernal, y no por eso me desaparezco del mapa por más de una semana sin dejar ni una miserable nota.
Ella lanzó sus manos al aire y siguió hablando, a veces apretando las palabras y otras tantas sacudiendo su cabello en medio del discurso. Para cuando ella sintió que todo estaba dicho, el enfado había mutado a través de las palabras en un sentimiento mucho más cálido que la albergó completamente mientras observaba a su novio quien estaba sin saber qué hacer. Él no lo había previsto de ese modo. Al final de todo, los gritos cambiaron a risas cuando ella lo tomó por el cuello del pullover y le estampó un beso.
—Ay, Nico, sólo espero que cuando me digas alguna otra cursilería, no necesites una semana de hacerte el muerto para tomar valor. — Se burló y le robó otro beso. — Porque ahí sí, de novios, juntados*, o casados ¡Te pido el divorcio!
Nico sonrió, él estaba confundido luego de las transformaciones de ella. Había pasado de enojada y seria, a furibunda y gritona, para terminar en risueña y bromista. La tercera vez que ella lo besó, él la tomó por la cintura y la apretó fuerte contra él, abrazándola y acariciando su cabello antes de profundizar el beso.
Podía haberla besado pocas veces, porque no estaba demasiado familiarizado con el contacto constante, pero con ella sentía la inclinación por besarla y conocerla a tientas. Nunca le había ocurrido desde que era un adolescente inquieto; ansiar tan firmemente besar y tocar a alguien. Él acomodó la cabeza en búsqueda de una posición más cómoda para besarla, y ella retrocedió un paso para ponerse de puntillas y dejar que sus manos se perdieran en su pelo oscuro.
Mientras él lamía su labio inferior, ella dudó puesto que él normalmente no lo hacía. De querer profundizar, Nico esperaba a que ella le cediera el camino para ello. Luego mordió su labio, succionando un poco y ella apretó su boca contra la suya. Era su forma de decir "ve despacio que aún soy nueva". Pero era una estudiante rápida y pronto adquirió la técnica.
Según las chicas de Afrodita besar era un arte, una ciencia y un placer. Rachel estaba profundamente de acuerdo.
Ella retrocedió otro poco y se dio contra los bordes de la cama, por lo que cansada de estar constantemente en puntas de pie, rodeó a su novio y lo empujó levemente hacia atrás. Entendiendo al vuelo, él se sentó y Rachel ocupó el espacio a su lado. El joven llevó una de sus manos hasta el cabello de ella tomándose el tiempo de llevarlo detrás de su oreja antes de darle suaves besos mariposa sobre los labios que a ella la hacían reír.
El divino paso de la pelea a la reconciliación.
Siguiendo el camino que el instinto les daba se besaron sin prisa y a capricho en un inicio. Rachel no recordaba ninguna sesión de besuqueo. Se habían besado, sí, pero un par de veces cuando se veían y nunca se habían besado tanto y tan seguidamente. Ella sentía sus labios hinchados por la succión y los leves mordiscos que él le daba. Entonces Rachel se decidió a probar algo a sabiendas que Di Angelo no se burlaría de ella.
Se separó de Nico para recuperar el aliento y se internó en la tercera carrera de sus labios unidos. Casi se arrodilló en la cama, con él inclinándose y afirmando su agarre en la cintura, antes de besarlo con ansias. Abrazó sus labios con los propios, lamiendo y besando con una sensualidad que apenas descubría y jalando sus labios con lentitud para abrirse paso entre ellos. Rachel lo exploró, como él hacía con ella, y por primera vez dejó sus manos rondar por él.
Acarició su cabello como siempre hacía, pero luego deslizó las manos con las palmas abiertas y los dedos tamborileando hasta sus hombros y luego a través de su pecho con lentitud. Bajó, subió y acarició con una inicial timidez que abandonó cuando él la sentó sobre su regazo a horcajadas y recorrió su espalda con las manos masculinas sin pudor. Primero por sobre su ropa, aunque el vestido estaba arremolinado en sus caderas. Nico acarició sus labios con los propios cortando el beso apasionado que Rachel reanudó como si nunca hubiera sido interrumpido.
El hijo de Hades soltó sus labios y envalentonado por las caricias de ella, besó su cuello dejando a sus dientes atormentarla sin morderla, y luego llegó a su clavícula que exploró sin queja alguna. Rachel dejó su cabeza reposar en el hombro de él mientras sus manos le tocaban la espalda sin recordar en qué momento las había metido por debajo de su pullover gris oscuro. No le importaba, no lo hizo hasta que él subió las manos desde sus caderas por los costados de su torso hasta acariciar tímidamente los lados de su busto. Ella suspiró y sus alientos se mezclaron mientras entreabrían los ojos en un contacto íntimo, sensual y cálido. Ella sentía la agitación de las caricias y él no había sido inmune a ellas. Rachel sintió una corriente de vergüenza y, al mismo tiempo, le sirvió de recordatorio. Estaba en un camino que aún no podía recorrer hasta el final.
Fue incómodo cuando se separó de él y le besó los parpados antes de bajarse, darle la espalda completamente abochornada, y estirar los pliegues del vestido escandalosamente subido.
—Yo… aún no puedo… — Balbuceó, acalorada. — Lo siento, me emocioné un poco.
Nico apareció por detrás, abrazándola por la espalda y Rachel se estremeció cuando él suspiró en su oído. Nunca antes se había estremecido con tanta fuerza; era como si quisiera dejarse caer entre sus brazos y abandonarse a su tacto ligero para despertar arremolinada entre sus dedos como un guerrero en la trinchera de los besos. Apretó los labios para contener un suspiro que quería dejar salir la tención de sus músculos nerviosos.
—Lo sé, lo siento. Yo también me emocioné. — Admitió y Rachel encontró una leve burla en su última afirmación. — Será mejor que me vaya, pronto será el toque de queda.
Ella se giró y le tomó de la muñeca aún con las mejillas rojas.
—Luego, cuando Apolo no me convierta en cenizas por ello. — Le prometió. — Y no vuelvas a desaparecerte así, o me encargaré de contratar a unos mestizos salvajes que te maten por mí.
Rachel y Nico comprendían aquello que la muchacha acababa de decir. La primera certeza que ella le dio, avergonzada por lo que implicaba, y lo último en búsqueda de desestimar la importancia de su propia declaración.
—Volveré mañana. — Prometió.
Cuando él se fue luego de un abrazo largo, Rachel lo despidió con una sonrisa. No fue sino hasta que se esfumó de su vista que miró sus palmas desnudas. Nunca había sido tan conciente del vacío de éstas, como si hubiera pasado toda su vida con el aire burlándose de sus manos frías, hasta que no las tuvo ocupadas con Nico. Jamás pensó en lo llenas de caricias para dar, y lo ansiosa por proveerlas que estaba, hasta ese día.
Era como si de repente entendiera muchas cosas demasiado rápido para asimilarlo. Y eso la asustaba: el poder del contacto y la calidez humana en ese breve momento en el cual sus alientos se entremezclaron mientras se miraban: era puro y sensual al mismo tiempo con sus bocas llamándose al tibio roce. Dioses, se sentía vacía.
¿Cómo era eso de la dependencia emocional…? Ah, sí. Amor.
Gracias a Samanta Black, amicaricia10, Lupita M, Nyaruko - San, readingaddict24 y a white-spirit-of-darkness por sus constantes comentarios y apoyo.
* "¿Me estás jodiendo?" Es una expresión muy argentina que usamos para darle incredulidad y fuerza a la pregunta. En un español estándar sería más o menos un "¡Debes estar bromeando!" o "¿Estás jugando conmigo?" Pero no me parecían adecuadas por la carencia de fuerza, es decir, la poca transmisión de enojo que me daba. En inglés se traduciría como "Are you f,u,c,k,i,n,g kidding me?" O algo similar.
Siempre trato de escribir en un español lo más estándar posible, sin regionalismos, pero a veces no sé cómo reemplazar las expresiones comunes para mí sin que pierda la esencia. Por cualquier problema o confusión, sugerencias también, estoy a un PM de distancia. Gracias.
Para los que creían que no iba a ver ni un mínimo de acción entre ambos. (?) Pues sí hay, pero cómo se desarrollará no lo escribí como normalmente se hace acá: no es asombrosamente rápido, ni muy lento. Porque la parte que más trabajo requiere en una relación, que es el lazo emocional, ya se fue creando y afianzando a lo largo de estos capítulos. De ahora en más procuraré centrarlo en el desarrollo de la misma, en todos sus aspectos. Ya escribí otros dos capítulos y comenzaré un tercero ahora. Lo que darían catorce. Actualizo diariamente mientras tenga escrito algo, de modo que tienen capítulo seguro hasta dentro de cuatro días.
No sé cuál será el largo del fanfiction ya que en un inicio no planeaba extenderlo más allá de doce capítulos, pero se me ha ido de las manos porque pensé que era necesario incluir un montón de cosas y no era posible en tan poco. Muchas gracias por su apoyo, que siempre me da ánimos para seguir escribiendo.
Les mando un abrazo y un beso enorme a todos.
