Esos ojos

Esos ojos

La luz desapareció, pero no fui consciente hasta que unos pétreos brazos de mármol me elevaron.

Alcé los ojos esperando encontrar sus maravillosos ojos dorados y cuando lo hice me derretí en ellos.

-Te quiero-susurré-.

-Lo sé-murmuré con mi sonrisa torcida predilecta-. Y yo a ti.

Miré a alrededor y, como ya suponía, estábamos en medio del salón de casa de Charlie. Por un momento me pareció escuchar un ruido en el exterior, pero Edward no pareció ser consciente por lo que supuse que no sería una amenaza.

-¿Me bajas?-pregunté con un puchero-.

Edward volvió a sonreír y me bajó con tanta delicadeza como si yo fuera de porcelana. Cuando volví a alzar la vista, vi que nuestros labios estaban tan cerca y como se iban aproximando poco a poco. Ya podía sentir su olor, y la sensación de haber llegado al cielo, a tan solo un paso.

Un estruendo se oyó en la entrada y los dos giramos la cabeza a uno, para ver una puerta volando a escasos milímetros de nuestras cabezas y con una alegre Alice dando saltos en la entrada.

Me extrañó no oir ningún ruido, porque la puerta tendría que haber provocado un desastre y cuando miré a Edward, me di cuenta de que el no estaba y que estaba ayudando a Alice a colocar la puerta de nuevo.

-Siento lo de la puerta, Bella-murmuró avergonzada-.

-No pasa nada-sonreí-.

-Perfecto-exclamó con un repentino cambio de humor-. Vamos tenemos mucho que hacer antes de salir.

Al principio fui a preguntar sobre que hablaba, pero después recordé la llamada que había hecho escasos minutos antes de que comenzara mi misión y Edward se metiera en un barco lleno de cazadores.

Se podía decir que todo había terminado y que esto eran mis merecidas vacaciones, pro yo sabía que no era así.

Tenía que descubrir la forma de que pudiera ser inmortal e intentar recordar aquella imagen de rostro borroso que había aparecido en mis sueños, pero pese a mis esfuerzos para intentar solucionar ese par de problemas, a mi cabeza, no acudía ninguna respuesta que pudiera solucionarlos. Una porque era cuestión de memoria, otra… porque era cuestión de fe, valentía y poder.

-¡Eh! Bella, ¿estás?

La dulce voz de Alice me devolvió a la realidad y cuando mis ojos se dirigieron a su dirección, vi que Rosalie también estaba en mi salón y que, por el contrario, Edward había desparecido.

ME obligaron a subir, a empujones, a mi habitación y a pesar de que les suplique que no quería nada exagerado y que ellas respondían con un "no te preocupes", creo que mis súplicas solo la escucharon las paredes.

Los chicos no habían aparecido, por lo que podían estar esperando fuera, o nosotras íbamos por nuestra cuenta. Era de noche y Charlie ya sabía de mi salida, al parecer Alice se había encargado de todo para que no pudiera escabullirme.

Entré en mi habitación y me tumbé en la cama mientras cerraba los ojos y dejaba que ellas evaluasen mi ropa.

Estuvieron más de media hora discutiendo que me pondría. Criticaban, porque evaluar ya era una palabra minúscula, mi vestuario una y otra vez, y me echaban la culpa de no tener sentido común de moda.

-Un día iremos a Port Angeles y renovaremos todo tu vestuario-cantó una alegre Alice-.

-No os atreveréis-dije, levantándome de golpe, con voz asesina-.

-Claro que nos atreveremos-rió Rosalie-.

Mire la gran montaña de ropa no aceptada y luego miré la otra, casi de miniatura de si aceptada. Fruncí el ceño y observé con más detenimiento la gran montaña. No pude distinguir demasiado, pero si distinguí mis vaqueros preferidos y camisetas que me habían regalado, pero que a mi me gustaban.

Lo que me sorprendió era que en el otro, en su gran mayoría, la ropa era la que me habían regalado Iris e Iria en un patético intento de arreglar mi vestuario. Alguna que otra que había comprado yo, y una que me compró mi madre.

-¿No tienes ninguna falda, Bella?-preguntó Alice-.

-Claro que tengo-dije con sarcasmo-. Como son tan cómodas a la hora de correr, dar volteretas, patadas, tengo muchas.

-Vale, vale-rió Rosalie-. Lo hemos cogido. Suerte que Alice y yo no salimos de casa sin la preparación adecuada.

De la "nada" Sacó una falda vaquera algo ajustada para mi gusto y demasiado corta.

-No pienso ponerme eso-susurré-.

-Pero si te quedará genial-Alice rodó los ojos con desesperación-. Además tienes unas converse altas que te pegan con esta camiseta-sacó de entre el montículo bueno una camiseta blanca con adornos rojos-.

-Venga, Bella.

Las dos hicieron puchero, aunque no era el estilo de Rosalie.

-Bien, lo haré-dije con una mueca-. Pero si nos atacan un ejercito de neófitos sedientos y no pueda luchar por culpa de esta falda, os mataré yo antes-bromeé-.

Las dos se miraron con complicidad y con sincronía dijeron: "Correremos el riesgo". Una sonrisa apareció en mi cara, pero un mal presentimiento recorrió mi espina dorsal.

Me cepillaron el pelo a conciencia y me rizaron un poco las puntas. El maquillaje consistió en una fina capa de colores claros, casi invisibles, pero que me quedaban genial.

-Estás preciosa, Bella-sonrió Alice dando saltitos-.

-Creo que deberíamos ser estilistas-sugirió Rose, admirándome como si fuera su mejor obra-.

Yo no pensaba lo mismo. Las miraba a ellas y no pude evitar sentir celos por ellas. No pude evitar pensar si los vampiros necesitarían gafas, aunque deseche esa ridícula idea. Pero ellas, ellas que superaban con creces a la misma Venus, se atrevían a decir que estaba preciosa.

-Claro que lo estás, Bella-murmuró Alice convencida-. Ahora deja la timidez de lado, hoy vamos a divertirnos.

Sonreí y dejé que salieran primero mientras yo sacaba la maleta que estaba debajo de mi cama. Cogí el pequeño par de dagas que eran mis armas y las guardé en un bolsito que encontré entre la ropa aceptada.

Me reuní con ellas mientras jugaba con una de las puntas rizadas.

Me llevé una sorpresa al ver a todos los jóvenes Cullen sentados animadamente en el sofá sin apenas notar mi presencia. Todos hablaban entre ellos. Todos parecían dioses demasiado grandes para reparar en un insecto tan pequeño y ridículo comparado con ellos. Aún así todos alzaron la cabeza, me miraron y me sonrieron murmurando: "estás preciosa".

Solo uno se levantó y me miró con más detenimiento haciendo que la sangre subiera hasta mis mejillas, pero aún así le miré a los ojos.

-Estás preciosa-susurró Edward, mi dios heleno-.

-No más que tú-murmuré con una tímida sonrisa-.

-Con eso, discrepo.

Con esas palabras se fue acercando más y más, haciendo que su dulce olor impactará en mi cara. Pero esta vez, Alice no interrumpió, todo lo contrario, sacó a todos para dejarnos intimidad.

El beso fue mejor de lo que recordaba. Pasé mis brazos por su cuello y me quedé disfrutando de aquel momento lo máximo posible; sin embargo, no pude evitar soltar un gemido de enfado cuando el se separó con una pícara sonrisa en la boca.

-Los demás nos esperan, mi bella dama-dijo con las típicas características de un antiguo caballero estadounidense-.

Le cogí la mano, evitando sacarle la lengua como una niña pequeña, aunque tuve que hacer grandes esfuerzos.

Apenas cruzamos la puerta, los comentarios salieron atropelladamente, y a la vez, millones de comentarios.

-Que cursis se vuelven-murmuró Alice-.

-Yo pienso que están enamorados-opinó Jasper-.

-Muy enamorados-afirmó Rosalie-.

-Yo creo que necesitan una buena dosis de sexo-comentó Emmet-. Pero que una muy buena dosis.

-¡Emmet!-gruñó Edward, mientras le perseguía-.

Todos estallamos a carcajadas y me di cuenta, de que esta era mi familia. Por muchos años que pasasen, estuviéramos juntos o no, siempre les tendría en mi memoria.

Por mi parte, seguiría a su lado para siempre, y estoy seguro que ellos piensan lo mismo. Pero… el destino es caprichoso y nunca sabes el giro que le dará a tu vida.

………………………..

Aquí les traigo otro cacho, el último cacho del fic.

Es cortito, pero ya lo he acabado he disfrutado mucho con esta historia y gracias a todos los que habéis seguido comentando.

Este es el final y espero que les haya gustado.

Besos,

Vampire Dark.

XDXDXDXDXD, que no, que es broma. Si el fic sigue y por ahora le queda muuuuucho. Espero, de verdad que este cacho les haya gustado y sigan comentando.