Disclaimer:
"Sleepy Hollow". Tim Burton, Estados Unidos (1998)
"Naruto". Masashi Kishimoto, Japón (1999-2014)
Adaptación:
"El jinete sin cabeza". Kusubana Yoru, México (2015)
Género:
Suspenso, Terror.
Reparto:
Raidō Namiashi.
Sinopsis:
Cuerpos sin cabeza aparecen en un pequeño pueblo en la frontera del País del Fuego, por lo que Raidō Namiashi es enviado para investigar y detener al asesino. Pero mientras escucha las leyendas sobre un jinete fantasma, su pasado reaparece en sueños solo para complicar más, el cumplimiento de la misión.
El jinete sin cabeza
— ¿Vas air solo? — preguntó Genma solo para confirmar lo que había escuchado, y tras haberse recuperado del atragantamiento que le había causado un trozo de carne luego de la declaración de Raidō, sentado al frente de él.
— ¿Tiene algo de malo?
Genma estiró la espalda y recargo un brazo sobre el respaldo del asiento mientras se acomodaba el cabello, un ademán típicamente suyo que había ensayado demasiadas veces para poder impresionar a sus citas pero que ahora, sin embargo, lo hacía mecánicamente con una absurda naturalidad.
—Primero — empezó numerando con los dedos —, estamos hablando de un asesino. Segundo, ese lugar está casi en la frontera, por lo que podría tratarse de un extranjero y eso conlleva a muchos inconvenientes políticos. Tercero, se determinó que posee un nivel de entrenamiento considerable porque aniquiló a la patrulla Chūnin que estaba cerca de la región. Cuarto, ni siquiera se pudo confirmar que sea una sola persona. Y quinto, yo estoy muerto de aburrimiento, la última misión decente que me asignaron duró exactamente seis horas y fue hace cuatro semanas.
—Quiero hacer la valoración de unos procedimientos nuevos, y a ti te aburre más todavía esa parte. Ya lo han autorizado, el nuevo protocolo de Metodología de Investigación Práctica lo está armando Ibiki-san y aún quedan algunos huecos que me gustaría rellenar.
Genma rodó los ojos alcanzando su bebida y dándole un trago.
— ¿De nuevo con eso?
Raidō se encogió de hombros.
—Él me lo pidió.
—Y tú no le pudiste decir que no porque estás obsesionado con demostrarle que eres igual de bueno en eso de las técnicas de investigación.
—No seas infantil, eso quedó resuelto hace años.
— ¿Cuando te hizo la cicatriz? — preguntó el ninja tocando su propia mejilla a modo de reflejo de donde tenía Raidō la suya. No hubo una respuesta inmediata.
—Irás si necesito refuerzos.
—Iré cuando traigan tu cuerpo sin cabeza en una bolsa de plástico para basura.
—Gracias por los buenos deseos.
— ¡Estoy hablando en serio!
—Yo también. Iré solo. Y no hay discusión al respecto.
Raidō se puso de pie sacando el importe de su consumo de su billetera pero Genma se adelantó.
—Yo invito, es tu despedida — dijo malhumorado mientras se ponía el senbon entre los labios — ¡Que tengas buen viaje! — agregó en voz alta cuando el otro hubo empezado a caminar agitando una mano.
Estaba oscureciendo pero en la aldea todo era movimiento y ruido, la carreta que lo llevaría estaba aparcada en la puerta principal esperando por él y por el último lote de láminas de acero que un mercader había comprado aprovechando la misión que se le había asignado en su aldea: pedir por alguien que pudiera detener el terror que asolaba la zona.
Ver que se trataba de un único hombre decepcionó al mercader, pero la respetable maestra Hokage le había asegurado que se trataba de un miembro de su escolta personal, y si estaba capacitado para proteger al ninja más poderoso de Konoha, debía esperar lo mejor.
—Disculpe que nos vayamos a esta hora, pero no quiero esperar hasta mañana. Podría ser demasiado tarde — dijo el regordete hombre frotándose las manos con insistencia.
—No hay problema.
El ninja se acomodó en un espacio dentro del vagón de carga en donde había una ventana que le permitía ver el camino que dejaban atrás. Se le había reservado especialmente según pudo notar con el par de cojines y la manta. A su lado, había una minúscula cabina separada por un pequeño biombo y dentro ya dormía quien supuso, sería el segundo cochero que tomaría turno por la madrugada.
Escuchó cómo incitaban a los enormes bueyes de tiro con el chasquido de las riendas. Suspiró con cansancio al ser capaz de distinguir a Genma que, recargado en una lámpara de alumbrado público, le miraba con el mismo semblante de reproche que hacían los Genin cuando se les negaban las misiones Chūnin. Pensó que si se atrevía seguirlo, jamás se lo iba a perdonar, aunque al mismo tiempo sintió una vaga alegría de saber que había alguien que se preocupaba por él, pese a su insistencia de llevarlo a la cama de todas la mujeres solteras de Konoha y de otras en planes de divorcio, con la esperanza de que encontrara una que le gustase lo suficiente como para casarse, todo sin preocuparle cualquier inconveniente que pudiese surgir en el acto.
Se acomodó entre los cojines y cerró los ojos con cierta predisposición para dormirse, sería un viaje largo y quería empezar a trabajar inmediatamente en cuanto llegara a la aldea. El sol de la tarde entrando por la ventana y el traqueteo del coche lo arrulló permitiéndole lograr su cometido.
Quizás debido a que su último pensamiento fueron las chicas, fue que soñó con una en especial, la que le enseñó las primeras nociones del control de chakra, era un niño por aquél entonces, pero fue capaz de comprender esas complejas nociones del sistema de energía de todo ser vivo. Recordaba sus ojos oscuros como los suyos, de piel morena y cabello castaño. Siempre se había parecido a ella, solo que él ahora tenía una cicatriz que le deformaba la mitad del rostro y ella siempre fue la más hermosa, al menos hasta que…
Abrió los ojos sobresaltado por el golpe, la carreta había caído en un socavón del camino. Todas las laminas vibraron pero se encontraban bien sujetas, por lo que no había peligro de que le cayeran encima.
El ninja bajó de la carreta, el frío de la madrugada lo recibió causándole un escalofrío.
El otro conductor también bajó y entre los tres resolvieron en un par de minutos el percance. Fuera de ello, los días siguientes pasaron sin novedad alguna.
El cielo, a medida que se alejaban, se volvía más nublado dejaba el día triste y gris, o quizás no lo era tanto. Considerando el eterno resplandor que era Konoha, posiblemente solo se debía a una interpretación personal, porque además, él realmente hacía muy pocas misiones fuera de la aldea, su rol era más bien del cuerpo administrativo, y algunas otras situaciones que resultaban tediosas para ninjas más dinámicos, pero eran de vital importancia para el funcionamiento general.
El pueblo apareció finalmente tras cruzar un puente de piedra, en medio de un banco de niebla y el más absoluto de los silencios.
Raidō se incorporó prestando atención a todo, los ninjas de la Aldea Oculta en la Niebla tenían ese nombre por una buena razón, pero llegaron hasta la casa principal sin que pudiese distinguir la presencia de algún enemigo.
—Llegamos, señor —dijo el conductor deteniéndose frente a una gran casa —. Deberá entrevistarse con Sejong Do-sama, él es la persona que cubrirá los honorario de la misión.
—Gracias.
Bajó de la carreta con su mochila al hombro, y apenas estuvo frente a la puerta, el cochero incitó de nuevo a los animales y la carreta se alejó. Abrió la puerta una doncella que sólo por la banda de su frente lo reconoció como la persona que estaban esperando. Con excesivas ceremonias le condujo por el jardín y hacia el interior de la casa.
Debía de haber una fiesta, escuchaba la música y las risas y se sintió un poco consternado porque el hombre que había llegado a Konoha, estaba aterrado y desesperado, por lo que esperaba llegar a un pueblo con puertas y ventanas selladas y gente que no salía mas que para lo estrictamente necesario.
En el salón principal efectivamente había una animada reunión, no eran demasiadas personas, a juzgar por el tamaño completo del pueblo, esas personas reunidas solo podían ser los miembros de las distinguidas familias principales.
Como cualquier ninja experimentado, aunque no había sido informado de su misión con más anticipación que veinte minutos, había conseguido hacerse de la información elemental del lugar al que estaba destinado, de manera que sabía que el pequeño pueblo no se dedicaba a nada en especial, que lo que trabajaban sus habitantes era para ellos mismos y necesitaban poco o nada de sus vecinos.
Todo había empezado con un par de familias nobles hacía varios años, se trataba de clases altas que habían perdido su posición política luego de que terminara la segunda guerra ninja y optaron por no participar en la tercera, y se limitaron a establecerse en esas tierras y simplemente disfrutar de sus fortunas. A la larga, entre matrimonios, nacimientos y alguno que otro refugiado, la población había crecido un poco más, no obstante, las figuras de poder se habían mantenido iguales desde el principio, prueba de ello eran los invitados a aquella fiesta, con sus trajes elegantes y peinados complicados de las damas.
—Sejong Do-sama lo atenderá en breve — dijo la doncella —; después le llevaré a su habitación y le serviré la cena.
—Gracias.
Fue conducido hasta lo que parecía ser la biblioteca, y le bastó nada más que una breve inspección para notar que solo había títulos y ediciones de hacía más de veinte años, y algunos de los tratados que pudieran llamarse científicos estaban obsoletos desde antes de que él estuviera en la academia.
Al poco rato, un grupo de ancianos llegó a la habitación. Tenían un ligero olor a alcohol y estaban un poco nerviosos y sudorosos, pero ya se había acostumbrado a que la presencia de un ninja causara las más variadas reacciones.
—Me informan que es usted escolta de la quinta maestra Hokage.
—Sí. Mi nombre es Raidō Namiashi.
—Bien, Raidō-dono ¿Qué es lo que se le ha explicado sobre los acontecimientos que han ocurrido?
—Un asesino ha cobrado la vida del terrateniente y su hijo, además de una dama que no pertenecía a la familia, por supuesto está también la desafortunada desgracia del grupo de ninjas que regularmente estaban aquí.
—Se debe añadir la muerte del administrador, sucedió durante su viaje.
—Lamento oír eso, la misión consiste en descubrir y eliminar al asesino, y eso es lo que haré.
Uno de los ancianos carraspeó.
—No hay problema en descubrir al asesino.
— ¿Disculpe?
Sejong Do puso una mano en el hombro del anciano como gesto para que no continuara, y caminó un par de pasos hasta quedar frente al ninja.
—La identidad del asesino no nos es del todo desconocida.
—Eso es interesante — respondió Raidō — ¿Puede decirme lo que sabe usted al respecto de los acontecimientos que han ocurrido? — dijo haciendo la pregunta de vuelta.
—Hace unos años, cuando la tercer Gran Guerra Ninja estaba en su auge, nosotros ya nos habíamos proclamado como un territorio neutral, no obstante sufríamos el atosigo constante de las contiendas de nuestros vecinos. En aquél entonces, los ninjas se aferraban a sus propias aldeas y sus batallas, tanto que desatendían muchas misiones, y esa fue la oportunidad para que los mercenarios se inmiscuyeran en el mercado. Hubo uno que destacaba especialmente por tomar misiones de asesinato, o cualquier otra que sin importar el objetivo acababa con alguien muerto de todos modos, y la tarifa de sus honorarios era considerablemente económica. Cuando acabó la guerra, las aldeas ninjas necesitaban recobrar a sus clientes, así que pensaron que lo mejor era desaparecer a la competencia. El samurái fue emboscado en el bosque, no muy lejos de aquí, y para cerciorarse de que no solo estaba mal herido, cortaron su cabeza.
El ninja sabía que ese era un método efectivo para garantizar que los muertos se quedaban muertos, al menos hasta antes de la Cuarta Guerra Ninja cuando se optó por, en la medida de lo posible, desaparecer completamente todo rastro del cuerpo, lo que era algo complicado para muchos ninjas que solo sabían romper huesos.
Al menos el nuevo procedimiento le daba más campo de trabajo a los médicos y más misiones que solo esperar a los heridos en las líneas seguras.
—Sejong Do-sama, ¿Acaso el asesino…?
—Sé lo que debe estar pensando ¡Es una locura! ¡Es imposible!
Raidō negó con la cabeza. Hacía unos meses estaría de acuerdo con él, pero luego de ver la armada de ninjas caídos que se levantaron para pelear al lado de Madara*, ya no cuestionaba demasiado lo que se consideraba como imposible. Sin embargo, era necesario para su posición y el trabajo personal al que había sido encomendado, que mantuviera cierto grado de escepticismo.
— ¿Le han visto?
—Nadie que lo ve, vive para contarlo.
Sonrió de medio lado, eso ya estaba exagerado, porque de ser cierto, no habría manera de que estuvieran seguros de la identidad del asesino.
—No se preocupe, Sejong Do-sama. Me haré cargo de esto.
El hombre suspiró.
—Vaya… no creí que…
— ¿Qué fuese a creer que los muertos regresan?
—Es que es algo tan… antinatural.
—Lo entiendo, de verdad.
—Debe estar cansado, su habitación esta lista y la cena le será servida inmediatamente. Todo cuanto desee o necesite, solo pídalo a mis sirvientes, ellos ya tienen la indicación de servirle, al igual que el resto del pueblo.
—Gracias.
Los ancianos se retiraron lentamente, y el ninja aprovechó para inspeccionarlos cuidadosamente, notando que especialmente uno se encontraba más incómodo y mostraba los evidentes signos de que sabía algo que los demás ignoraban. Pero no podía abordarlo directamente, no le diría nada, o en todo caso le mentiría.
Fue el último en salir. La joven sirvienta aguardaba por él y le llevó hasta su habitación en la planta más alta de la casa.
El lugar no era especialmente amplio, pero contaba con todo lo necesario para una estancia cómoda. Dejó su maleta sobre la cama y despidió a la muchacha pidiéndole un rato antes de subir la cena. Se acercó a la ventana, pero entre la creciente oscuridad del anochecer y la densa niebla no podía ver la gran cosa. Pudo abrirla batiendo las hojas hacia afuera respirando el aire húmedo y frío. El País del Trueno estaba cerca y no pudo evitar el sentir un escalofrío. Él usualmente no tomaba misiones fuera de la aldea, y hacía más de veinte años que no pisaba un territorio tan cercano a ese país.
El silencio era absoluto, al menos lo fue por unos momentos antes de escuchar a lo lejos un galope.
Prestó atención aguzando el oído, se trataba sin duda de un caballo, una montura rápida y ligera que no era muy frecuente de ver y definitivamente era más tradicional de los samurái.
Sin dudarlo más, salió por la ventana al encuentro del jinete.
— ¡Es él! ¡Vamos por él! — escuchó que gritaba un grupo de muchachos más adelante.
— ¡No! ¡Deténganse!
Uno de los chicos de la fiesta era quien incitaba al grupo, y con solo escucharlo sabía que estaba ebrio.
La mayoría le hizo caso en cuanto vieron de quién se trataba, pero el resto ya iba corriendo desbocadamente hacia el puente de piedra llevando espadas desenvainadas en las manos.
—Por todos los cielos ¿Sus madres no les dijeron del peligro de correr con un objeto afilado?
Alcanzó a dos en un par de saltos y con una técnica muy suave consiguió dejarlos inconscientes, aunque debió recostarlos con cuidado para que no se clavaran sus propias armas. Fue por otros dos, pero el otro muchacho, aún ebrio, le había sacado una buena distancia de ventaja, y el hecho de que el jinete fuera a su encuentro reducía el tiempo disponible que tenía.
De pronto, el muchacho cayó de rodillas, pero no por un tropiezo, sino porque tenía la intención de derribar al caballo, cosa que consiguió. El jinete cayó tal como era de esperarse, sin embargo, consiguió ponerse de pie y desenvainando su katana fue contra el joven que recibió el embate con su propia arma consiguiendo devolver el golpe.
"Sospecho que sobrio sería un excelente espadachín" pensó Raidō llegando hasta donde ellos para separarlos, desarmando al chico en dos movimientos y mandándolo de regreso al lado del pueblo de una patada, al mismo tiempo que el jinete era empujado hacia el bosque quedando el ninja en el puente.
A los pocos metros de distancia pudo distinguir bien a su oponente.
Llevaba la armadura de metal completa y era negra salvo por algunos detalles rojos. Frunció el ceño al notar que no solo no llevaba la máscara o el casco, en general, no había nada sobre sus hombros.
De acuerdo a los informes oficiales, el jutsu de Invocación Resurrección del Mundo Impuro, regeneraba completamente el cuerpo a partir de una muestra de tejido: una cuerpo tan perfecto como lo era en un inicio.
El samurái envainó su espada y se inclinó tomando el arma que había soltado cuando le derribaran del caballo. Se trataba de una naginata; un asta larga con una cuchilla de remate. La hizo girar un poco y después fue contra él.
Raidō lo detuvo con un par de cuchillos kunai comprobando que se trataba de un hombre bastante fuerte.
"Quizás sea una invocación mal hecha"
Ambos habían quedados frente a frente pero antes de poder hacerle retroceder, el mismo muchacho del que se había deshecho unos momentos antes regresaba a la carga con un cuchillo de caza con el que apuñaló por la espalda al jinete.
— ¡Te dije que te alejaras de aquí!
— ¡Yo le dije a Sejong Do-sensei que podía hacerme cargo! ¡No te necesitamos, ninja!
—No seas necio, niño, no puedes apuñalar a un muerto.
El samurái consiguió apartarlo con el asta de la naginata y usar la hoja para atacar al muchacho.
— ¡No!
Tomó el arma pero esta ya había herido al muchacho.
— ¡Mierda! — exclamó dejando a su oponente de lado para tomar el cuerpo desvanecido del chico, pero al tenerlo en sus brazos supo que ya estaba fuera de toda ayuda posible. Giró para enfrentarse de nuevo al decapitado, pero todo lo que pudo ver, fue las patas del inmenso corcel directo a su cara, mandándolo fuera del puente y directo al río que atravesaba el pueblo.
— ¡Vencido por un caballo! — se quejó mientras salía del agua y regresaba la nariz a su lugar. Escupió un poco de sangre y trató de escuchar el galope del caballo. Rodó los ojos al notar que estaba dentro del pueblo.
—Debí aceptar que Genma viniera.
El ninja rodó los ojos, sería una noche larga.
Comentarios y aclaraciones:
*Creo que todos se quedaron con la versión oficial de que Tobi era Madara, dudo mucho, que de verdad Kakashi y los chicos (que fueron los únicos que entraron en detalles) hayan ido por ahí revelando que Tobi no era Madara, si no Obito.
Y bien, ya estrenamos historia para este año, y con una de mis películas favoritas, aunque claro, definitivamente no es lo mismo Raidō que Johnny Depp.
¡Gracias por leer!
