En un día que había sido como cualquiera, el atardecer trajo un extraño y pesado silencio.

En un castillo a las afuera de Kyoto, Kuno Hitouchi, shogun y señor de la región, inspeccionaba a sus soldados, su instinto le decía que había un peligro, una sensación en "el aire". Pero no podía determinar que era.

Desde la muralla de piedra observo el prado, a la derecha la villa y a la izquierda el bosque, la brisa fría que llegaba desde allí le calaba hasta los huesos. Y noto que no solo a el, si no también a sus soldados.

En el interior del castillo, dos jóvenes también estaban inquietos.

Eran hermanos, ella una hermosa chica de largo pelo negro, blanquísima piel, ojos negros como la noche, de un mirar altivo y orgulloso, con una figura proporcionada y delgada.

El otro era un muchacho flaco, pero no desgarbado, compartía el color de pelo piel y ojos, ambos vestían riquísimamente, y ahora observaban nerviosos desde su ventana al bosque.

-te lo dije- pareció reprocharle el muchacho a ella- han venido, vendrán por uno de nosotros-

Ella volteo a observarlo, seria, calmada, como siempre…

-entonces sabremos si somos tan poderos como creemos-

Fue Tatewaki Kuno quien ahora observo a su hermana, ella parecía que la situación no le importaba, pero el susurro con el cual le había contestado contradecía esta idea.

Si, ella estaba tan nervioso como el.

Tatewaki se dirigió a su arcon, de el saco unos libros, así como algunas velas y unos pequeños sacos. Los dejo sobre el piso, tras lo cual ubico cinco velas sobre el tarimado, abrió los sacos y empezó a trazar líneas entre las velas, formando una estrella de cinco puntas, luego de unir todas las velas, se sentó en el centro de la estrella y encendió las velas, ante el resoplo de su hermana.

-si son ellos, eso no nos ayudara, tendremos que enfrentarlos, LO SABES-

Tatewaki se puso violentamente de pie, y se acercó a su hermana hasta casi quedar cara a cara con ella.

-no los podemos vencer, no sabemos el hechizo de protección, si es que es cierto que hay uno-

-pero entonces…vendrán por uno de nosotros?, que pasara con el otro? con papa? Con la gente del castillo? De la villa?

Tatewaki se quedo mirando a Kodashi, su hermana y el habían descubierto los libros de magia que su padre ocultaba en uno de los mas profundos sótanos del castillo hacia mas de cinco años. Desde entonces, en secreto, pero con constancia, habían leído, aprendido y practicado los conjuros allí escritos.

Con el tiempo, habían adquirido una gran habilidad en hechizos menores, lo cual le dieron confianza para intentar cosas mayores.

Cambiar la dirección del viento, hacer llover o incluso nevar en pleno verano, se convirtieron en cosas habituales y fáciles, convocar la niebla para ayudar a su padre sin que este lo supiera era jugo de niños.

Pero esos juegos habían llamado la atención.

Y los hermanos, así como todos los hechiceros del mundo, con poco o mucho poder, supieron mediante sueños, que hubo una gran batalla entre Iluminados y Oscuros.

Cuatro magos habían muerto, dos de cada bando.

Los Kuno no se hacían ilusiones de a quienes pertenecían esos poderos que se sentían en el bosque, el frió del mal impregnaba la brisa.

Y bien sabían que solo uno seria el elegido, nunca hermanos, por mas fuertes que fueran, eran favorecidos.

Por eso, cuando sintieron otro enorme poder materializarse en su propio cuarto, ella lo abrazo.

Y el solo pudo pronunciar una frase.

-por… los dioses, ya están aquí-


Algún lugar de Irlanda… cincuenta años después.

En medio de una violenta tormenta, en donde el granizo castigaba a plantas, animales y seres humanos sin distinción, bajo la protección de un frondoso roble, Ranma Saotome, observaba a el muchacho que se había aparecido junto a el desde la nada.

El iluminado, parecía no preocuparse porque quien fuera cruzado lo amenazara con una afilada daga. Se apoyo negligentemente en el árbol, brazos cruzados, y una sonrisa socarrona en sus labios.

-no deberías pronunciar el hechizo de protección antes de atacarme?-

Ranma se lo quedo mirando, nuevamente, no era la actitud que esperaba de los magos, sean iluminados u oscuros.

Si es quien pienso… ni siquiera debería tener esta daga en mi mano, verdad?- Ranma bajo su daga, pero no la guardo -desea ver a Akane?

-Así es-

-y con que intención…?-

El Iluminado miro a las ramas por sobre el, la granizada empezaba a menguar a su alrededor.

-tú sabes, que si quisiera hacerle daño, no hubiera dejado que Godofredo te advirtiera lo que ellos planeaban, ni le hubiera permitido acompañarte a luchar junto a ti y ella-

Ranma, sin dejar de estar pendiente a todo, guardo su daga, lo que el brujo o mago decía parecía muy lógico

-tiene nombre?-

El Iluminado suspiro…

-Por ahora, soy el primero de aquellos que son llamados los siete, pero alguna vez me conocieron como Ryoga Hibiki-


En medio de lo peor de la granizada, Akane levantaba sus manos al cielo, extrañas palabras escapaban de sus labios, Cologne, junto a Kasumi y Nabiki en sus formas animales le miraban.

-no entiendo nada, que dice?- pregunto Nabiki, en hombros de la anciana, esta parecía mirar las nubes con ojos sesgados.

-magia, no ha habido una tormenta así desde que Akane se enojara hace mucho, mucho tiempo-

-y que hace Akane entonces?-

-esta hechizando los vientos y las nubes-

Sobre la bruja, parecía que una tormenta eléctrica desataba toda su furia… de repente, un cegador has de luz pareció caer desde el cielo hacían ella, un ruido ensordecedor lastimo los oídos de todas… al tiempo que el aire parecía quemar…


En los plantíos en un verdadero caos se desarrollaba, las personas del pueblo trataban de rescatar lo que se pudiera de las cosechas.

Sesgaban el trigo tan velozmente como pudieran, otros trataban de cosechar naranjas o manzanas lo más rápidamente posible.

Pero no había suficiente gente para salvarlo todo… casi con angustia tan solo podían ver el hielo caer destrozándolo todo…

Hasta que un fucilazo cayo no muy lejos de allí.

Algunos instintivamente se protegieron, escuchando el fortísimo sonido que acompaña la descarga casi al mismo instante que la luz cegadora, indicio inequívoco de la cercanía del fenómeno.

Pero pasado un instante, otro fenómeno encandilo a los pobladores al caer otra centella en el mismo lugar…

Algunos se santiguaron, pero otros, parecieron notar algo…

Como que este nuevo rayo, se elevaba hacia el cielo.


Ryoga Hibiki miro hacia el cielo con una sonrisa luego que ambas chispas se hicieran visibles…

-la bruja combate…-

Ranma, algo cegado aun por ambos rayos, miro hacia el cielo sin entender, pero de repente comprendió… ambas descargas habían caído muy cerca de la cabaña de Akane, sus hermanas y Cologne.

-AKANEEEE-

El otrora guerrero empezaba una carrera hacia la arboleda, cuando la garra del iluminado lo detuvo.

-detente Jenízaro, ella vendrá pronto-

Ranma miro a su acompañante… mientras el señalaba hacia las alturas…

Algo sucedía entre las negras nubes, que parecía conmocionarlas, logrando que la luz del sol empezara a filtrarse por entre ellas,

Saotome giro a mirar al mago.

-Akane?-


-UN RAYO- grito Kasumi antes de quedar momentáneamente ciega.

Pasado un instante… Cologne noto que ahora era desde Akane que el relámpago subía hacia el cielo, y por sobre sus cabezas, un nuevo trueno hizo retumbar la bóveda celestial integra.

La bruja miro hacia el piso en su derredor, al tiempo que pronunciaba nuevas palabras, las pupilas de sus ojos cubrieron el iris en su totalidad, y su rostro adquirió esa fisonomía extraña, como si fuera mas bien una mascara pétrea y no piel y carne.

Una suave brisa pareció llegar de todas direcciones, poco a poco fue increcendo en su soplido, hasta que se transformo en un inclemente viento que al parecer iba desde la tierra al cielo, arrastrando lluvia, granizo y nubes en un diabólico remolino sobre sus cabezas.

Al fin, un ojo de claridad entre la tormenta se abrió y empezó a extenderse, colándose por el los rayos solares e iluminando la oscura arboleda, el pueblo y la castigada cosecha.

Una Akane seria se volvió hacia sus hermanas y Cologne.

-a mí con hechizos de tormentas, Kasumi, Nabiki, por favor, vuelen y vean como esta el pueblo-

Las aves se remontaron prestas, mientras en el rostro de la hechicera se vislumbraba una mueca de preocupación.

Miro en dirección a la aldea, y en silencio se dirigió hacia ella.

-adonde vas?-

Cologne parecía preocupada, la actitud de la Oscura, su preocupación, esas palabras en ese idioma que no le escuchaba casi desde que ella misma era una niña. Akane contesto con un susurro, sin voltear siquiera…

-a buscar mí destino-


Godofredo ayudaba a la gente que había sido golpeados por el granizo en su desesperación, eran muchos y sus heridas iban de simple moretones a sanguinolentos cortes que requerían atención inmediata.

Muchos de ellos estaban estupefactos por el fenómeno climático, jóvenes preguntaban que era lo que había sucedido… ellos no recordaban presenciar una granizada en su vida.

Los más ancianos se preguntaban otra cosa… por que?

Acaso la bruja los había abandonado? O los había traicionado?

La ambigua relación entre los habitantes de la aldea y la bruja siempre transcurrió en medio de una desconfianza de los primeros hacia la segunda.

Empero de ayudarles con las cosechas, de proveerles de un clima moderado tanto en invierno como en verano, de que las enfermedades y pestes que asolaban Europa entera no se conocieran en esta pequeña parte de Irlanda…

A pesar de protegerlos de salteadores y bandas de mercenarios sin mas que hambre y desesperación que ofrecer, de que su sola presencia disuadiera a los pueblos vecinos de intentar algo mas violento que el trueque o las relaciones económicas normales, de que nobles o cobradores de impuestos siempre se perdieran intentando llegar a la población…

Akane, a pesar de ochenta y tantos años de ayudarles, no era bien recibida en la aldea.

Era aun una oscura, con un aun más negro pasado sobre sus hombros, y así como al parecer cambio para bien… quien podría asegurar que no volvería a cambiar para mal?

Ese recelo no se había perdido ni siquiera ante los pequeños encuentros que ella tuvo con mucha gente de la villa, o los distintos párrocos que habían llegado en esos tiempos a la aldea.

Era como un sucio secreto que debía ser velado a otros, algo que se ocultaba casi con vergüenza.

Y aunque nadie negaba el bien que la bruja les daba, trataban si podían, de que se mantuviera lo más lejos posible del pueblo.

Es por eso que Cologne era la encargada de llevar las solicitudes de los habitantes del pueblo a Akane.

Aun así, en caso de ayudar a un moribundo, o algún accidentado, se daba el caso de que alguien con cara de temor se atreviera a avenirse hasta la puerta de la cabaña…

El precio, ya todos lo sabían, era tan solo de una muñeca de trapo, no más, no menos.

Era por eso que por décadas, el pueblo no había visto más que lluvias beneficiosas y días benignos.

Hasta el día de hoy, en que confundidos y estupefactos, vieron a la mujer vestida de negra allegarse hasta allí, y observarlos a ellos y a los plantíos casi con pena…

Luego se dirigió con paso firme donde el forastero hablaba con alguien vestido de blanco.

Y entonces todos entendieron quien acompañaba a Saotome.


Ryo Kumon sonreía al ver como su hechizo era roto, evidentemente, a pesar del tiempo sin practicar magia negra de verdad, Akane recordaba sin problemas sus antiguas enseñanzas, intento matarla, pero no pudo sorprenderla con el rayo… por el contrario, a pesar de la sorpresa que habrá tenido, contesto con un encanto igual… y luego limpio los cielos con una variación del "soplo de céfiro".

Ese sortilegio solía ser usado para arrasar pueblos… o hundir barcos y navíos por cientos…

Y la que fuera su alumna improviso y lo utilizo para despejar la tormenta…

Si, a que negarlo, Akane era su mejor discípula, malvada, sangrienta o directa según la necesidad, y fue su mejor compañera en su derrotero de crear dolor y sufrimiento, como también lo fue en su propia cama.

Pero cambio...

Y ahora tendría que matarla…

Pero, no podía hacerlo así como así.

Ella tendría una muerte especial, algo que seria recordado por las eras venideras.

Algo que seria tan grandioso, como lo seria la victoria de los Oscuros sobre los Iluminados incluso con la ayuda de la traidora.

Al fin y al cabo, Akane se lo merecía.