¡Muchas gracias por todos vuestros reviews!

Para aquellos que no lo sepan, que imagino seréis la mayoría, me he abierto una cuenta en Twitter, para poder avisaros de los progresos de los fics que vaya escribiendo. Os iré poniendo al día de si avanzo, si publico…e igualmente podréis darme sugerencias, ideas…si así lo deseáis (Buscadme como: Joke_ff)

Siento haberme vuelto a retrasar en la publicación del nuevo capitulo, pero la universidad me absorbe demasiado…

Y sin más dilación, os dejo con el capítulo 11.

EL DE CUANDO HERMIONE ROMPIÓ LA BARRERA

Draco continúo mirando por dónde se había ido el húngaro hacía ya varios minutos. Quería poder echarle de allí. Dejarle claro que Hogwarts eran sus dominios y Hermione su presa. Pero suponía que si se atrevía siquiera a sugerirlo y la castaña le oía, montaría en cólera. Era una realidad aplastante, la sabelotodo le pertenecía, le gustase o no. Lo que pasaba era que aún no era consciente de ello, se auto-convencía el rubio. Aquello no era amor, si no atracción, sexo pasional descontrolado, posesión. Era su posesión, de su propiedad. Su juguete del mes. Y podría hacer uso de él hasta que apareciera otro más nuevo, más bonito o más entretenido.

Entrecerró los ojos imaginando la cara que pondría el Neanderthal cuando se enterase de aquello, y no pudo evitar que una mueca sádica apareciese en su cara. Algo muy similar a una sonrisa de triunfo.

-Cuando todo esto termine, no querrás volver a poner un pie en Hogwarts, homínido peludo,-susurró, ensanchando su versión de la sonrisa de triunfo-. Ella es mía,-y su voz se apagó cuando comprendió que del deseo posesivo al deseo con amor, podría haber pocos pasos-.

Recompuso su postura, y se recolocó el flequillo. Muy digno. Quería saber si el estúpido cazador sin balas, ni armas de ninguna clase, había ido a por la presa, que evidentemente estaba fuera de su alcance. A por SU presa. Apostaría su cabellera a que se habría perdido en el Castillo. La inteligencia no era uno de sus fuertes…

Cuando llegó a la biblioteca, caminó con las manos en los bolsillos. Silbando una cancioncilla ridícula, como si el paseo hacia aquella estancia hubiese sido casual. La bibliotecaria le mandó callar con la mirada, pero él la ignoró. Miró distraídamente observando cada rincón del lugar, buscando a la sabelotodo. No le costó dar con ella. Estaba sola en una mesa. El sol daba de pleno en su bronceada piel. Se mordió el labio en gesto de deseo contenido, y camino lentamente hacia Hermione.

-Granger,-susurró cuando había llegado junto a su compañera-. Te estaba buscando,-y utilizó una de sus miradas provocativas, que nunca jamás le habían fallado con sus múltiples conquistas. Incluidas las más complicadas. No obstante, ante la aterrada mirada del Slytherin, la chica ni siquiera levantó la vista del pergamino-.

-¿Qué quieres?,-respondió con evidente mal humor-.

-Sólo venía a informarte de que tu amiguito ha venido a buscarte. No sabía que estuviera tan desesperado. Apenas lleva unos minutos en el Castillo y tiene que ir corriendo tras de ti como un perrito faldero. Patético,-escupió arrastrando las palabras-.

-Que irónico…,-dejó caer Hermione, levantando la vista y posando su cálida mirada en los ojos fríos del rubio-.

-¿El qué?,-preguntó el chico sentándose junto a ella e intentando derretirla mientras la contemplaba con intensidad-.

-Que te refieras a él como un perrito faldero, cuando te ha faltado tiempo para venir corriendo a contármelo. ¿Acaso tienes miedo de la competencia, Malfoy?

El chico empalideció evidentemente. Sintió las manos frías y sudorosas, y un impulso creciente de gritarle que no se creyera tanto, que aún no había nacido nadie capaz de ser competencia de Draco Malfoy. Pero se contuvo. Sonrió de medio-lado, y contestó.

-¿Competencia? ¿Ese homínido peludo que ni siquiera ha sido capaz de encontrar el camino a la biblioteca? Me ha sobrado tiempo para coquetear con un par de descerebradas de Gryffindor. No te creas tan especial, Hermione. Y en cuanto al tema…, creía que para tener competencia, tendría que ser partícipe en el juego. ¿No habías deliberado que lo nuestroera inexistente?,-y una sonrisa real de triunfo bailó en sus sensuales labios-.

La castaña le miró, y su sonrisa de auto-complacencia se fue borrando poco a poco, a medida que las palabras iban saliendo de la garganta del rubio. Había metido la pata al decir aquello, pero no había podido evitarlo.

-¿Nos quedamos sin pretextos ni largos discursitos, amor?,-le preguntó Draco, acercándose demasiado a la chica, con premeditación. Comenzó a mordisquear levemente el lóbulo de la oreja que tenía más a mano, dando por sentado que la tenía de nuevo entre sus redes-.

La castaña abrió la boca, sin estar muy segura de qué iba a decir, pero teniendo claro que no la dejaría como a una estúpida. No obstante, la labor del rubio sobre su oreja estaba comenzando a nublarle la vista y la razón. Por eso celebró internamente lo que ocurrió a continuación.

-Herrrrmione,-sonó la gutural voz de Krum tras la espalda de Malfoy. Por el tono de voz, parecía no estar muy contento-. Me ha costado encontrrrarr la biblioteca,-explicó mientras se acercaba a la peculiar pareja-. Drraco me dijo que estarrrrías aquí-.

-Soy tan rematadamente adorable que dan ganas de abrazarme y regalarme ramos de rosas rojas, ¿verdad Hermione? Ronroneo sólo de pensarlo,-sonrió satisfecho, y añadió-. Uy, siento si he dicho algo que no hayas entendido. Pero mi pronunciación de la letra "erre" es mucho más sutil que la tuya, Viktor.

El búlgaro le miró con los ojos entrecerrados, y sonrió forzadamente.

-No pasa nada, Malfoy.

-Somos amigos, puedes llamarme Draco, si quieres. Pero asegúrate de pronunciar bien mi nombre, o no me daré cuenta de que me hablas a mi,-y volvió a sonreír maliciosamente-. Hermione, nosotros podemos seguir la conversación luego. Con más, privacidad,-dijo el chico, alejándose levemente de la castaña a regañadientes-.

-No será necesario, Malfoy,-respondió Granger rápidamente, que volvía a ser poseedora de su mente y sus actos-.

-Ya lo veremos,-susurró el rubio en el oído de la Gryffindor, que sintió como un escalofrío recorría su columna vertebral-.

Draco se fue, dejando a la feliz parejita en la biblioteca. Intentó entrever los sentimientos de la castaña por el simio peludo allí presente. Parecía feliz, e incluso estaba algo sonrojada. Pero ¿quién le decía a él que aquello no era causa de su leve pero intenso contacto físico? Decidió ir a montar en escoba para olvidarse del mundo.

Cuando el rubio entró en la Sala Común para coger su Saeta de fuego, entró arrastrando los pies. Había deseado que su plan hubiera dado algún fruto. Apretar a la castaña y que terminase declarando las cosas que sentía por él. Pero había fallado estrepitosamente. Se sorprendió pensando que era un plan demasiado Gryffindor para ser suyo.

Cuando se disponía a salir de su habitación, escoba en mano, escuchó voces provenientes de la Sala, y no lo dudó dos veces. Se acercó a su mesilla de noche y cogió algo con la mano que tenía libre. Y sin salir siquiera del cuarto, comenzó a gritar:

-Hermione, ¡he encontrado tu pendiente! Estaba debajo de mi almohada. Debió caérsete el otro día cuand…,-a medida que había ido hablando, había empezado a salir hacia la escalera, y simuló enmudecer al "darse cuenta" de que la chica no estaba sola-.

Viktor Krum le mató con la mirada. El chico puede que fuera tonto. Pero no "tan tonto", sonrió internamente el rubio.

-Lo siento,-se disculpó falsamente-. No sabía que estabas con alguien…,-y le dio el pendiente a Hermione, asegurándose de que el búlgaro se diera cuenta de que era uno de los pendientes que él mismo le había regalado, y que, evidentemente, la castaña había perdido en una noche de pasión con él. Así dejaba claro las reglas del juego. Granger era suya-.

El rubio se fue de la Sala sin siquiera llegar a escuchar una palabra. El buen rollito y ambiente que había entrado con ellos, se había congelado en el momento en el que él había entrado en la escena. Perfecto.

No obstante. En aquel preciso momento en que estuvo satisfecho sabiendo que estaba claro que la sabelotodo era suya, se dio cuenta de que era más que un juego. Y que los sentimientos comenzaban a aflorar levemente en su interior. Lo peor de todo, es que no le importaba lo más mínimo. Había conseguido romper su barrera, y pensaba llegar hasta el final, y se atendería a las consecuencias.

Cuando salió a los exteriores, se dio cuenta de que había comenzado a anochecer, y no se veía muy bien quién andaba pululando por los terrenos de Hogwarts, pero cuando una voz femenina y potente le llegó a los oídos, no tuvo duda alguna de quién estaba haciendo piruetas sobre su escoba en el Campo de Quidditch.

-Ronald, ¡presta más atención!,-gritaba Ginny Weasley a su hermano, que había vuelto a fallar otro tiro-.

-¡Se acabó el tiempo para los perdedores!,-gritó Draco dando una patada al suelo con fuerza. Salió volando con rapidez-.

-¿Y quién dice eso?,-contestó Harry de mal humor-.

-Lo dicen los relojes, los horarios, y las reglas del Colegio, San Potter. Así que ya te estás largando.

-Que yo sepa el Campo no puede ser reservado por una sola persona. ¿Dónde está tu equipo de bobalicones tramposos?

Draco sonrió levemente. Deseaba tener un enfrentamiento con alguien, puesto que no podía dejar escapar sus fuerzas por otro lado, pensó levemente en Hermione, aquella sería una forma como cualquier otra de hacerlo.

-Nunca había oído tal cosa,-mintió con descaro-. ¿Acaso pretendes que baje de nuevo al Colegio para leerme unas reglas estúpidas? Se te ha acabado el tiempo y no hay más que hablar.

Vio como Harry intentaba ir hacia él, pero su novia, la estúpida pelirroja, se lo impidió.búlgaro

-Puedes decir lo que quieras, Malfoy, pero no vamos a irnos del Campo. Haz lo que te plazca,-y la impertinente hermana de La Comadreja, le dejó con la palabra en la boca-.

Estaba dispuesto a decirle de todo, a lanzarle hechizos si fuera necesario, pero entonces vio una sombra que le pareció conocida, y decidió bajar un rato. Tenía una conversación pendiente, y no pensaba olvidarse de ella.

-Granger,-susurró con voz grave mientras aterrizaba a su lado-. ¿Qué haces en el Campo de Quidditch? ¿Acaso has venido a que te golpee una bludger la sesera para poder mantener conversaciones con Krum? Apostaría lo que fuera a que él no necesito golpearse. La estupidez debe venirle de familia,-atacó fugazmente-.

-¡Malfoy!,-se quejó Hermione, mientras subía a las gradas y se ponía de pie-. Déjame tranquila.

-¿Qué te pasa, sabelotodo? ¿Acaso no te encantan nuestras conversaciones? Debes aceptar que son…excitantes,-susurró a duras penas cerca del oído de la chica-.

-Ahora mismo no estoy para cosas excitantes.

-¿No estás para mí?,-respondió con rapidez el rubio, sonriendo de lado-.

Hermione rememoró la corta conversación que había tenido con el búlgaro. El chico había ido hasta allí para pedirle disculpas, diciéndole que no había sabido apreciar lo que tenía con ella hasta que lo había perdido. Quería su perdón, y una reconciliación. Ella le había respondido que no estaba segura. Que necesitaba pensarlo por un tiempo, pero que hasta entonces podían ser amigos. El búlgaro había sonreído con tristeza, y había aceptado a regañadientes, prometiéndole que la haría cambiar de opinión durante la semana que se hospedaría en Hogwarts. No había mentando nada sobre la catastrófica aparición de Draco, que habría jurado había sido planeada por el rubio, pero era evidente que el chico se había dado cuenta de que había algo entre ellos dos.

No estaba segura de lo que deseaba. ¿Acaso lo que no quería era una relación? ¿O el problema lo tenía Viktor? Se adivinó fantaseando con el pálido Slytherin que la rondaba en aquellos momentos, arrinconándola contra la barandilla, y se dio cuenta de que, tal vez, el problema le tenía ella.

-Malfoy, basta,-consiguió articular cuando el chico le besaba el cuello desde detrás. Sus brazos rodeaban la cintura de la chica, y su lengua comenzaba a significar una distracción más que evidente para la castaña-. Podrían vernos.

-Lo dudo mucho,-contestó Draco con la respiración acelerada y reprimiendo una risa traviesa-.

Hermione no se había dado cuenta, pero mientras ella rememoraba la conversación que había tenido con el búlgaro , el chico la había ido moviendo más y más contra el punto ciego de las gradas. Aquel en el que podías ver el Campo de Quidditch, pero los jugadores no te podían observar, y sólo una persona a pocos metros podía ser consciente de que allí había alguien.

-No…, no quiero,-dijo con voz insegura y dubitativa-.

-Mientes tan mal… Entre eso y tu enorme inocencia, hacen que me vuelvas loco,-susurró el rubio, con voz ronca contra el cuello de la castaña-.

Las protestas de Hermione fueron acallándose bajo los besos y las caricias del rubio, que a medida que pasaba el tiempo se hacían más profundas y osadas. Cuando la castaña se dio cuenta de las intenciones del rubio, intentó zafarse de él.

-No te resistas, Hermione, sabes que lo deseas tanto como yo,-dijo el rubio mientras introducía su mano bajo la falda de la castaña, y pasaba la barrera de la ropa interior-. Estamos hechos el uno para el otro,-recitó, mientras arrastraba las palabras y sentía la sangre bombeando en cierta parte de su anatomía-.

La castaña intentó decirle que aquello no era cierto, que él era un ser despreciable, hipócrita, mentiroso y manipulador. Pero fue entonces cuando se dio cuenta de que ella se había convertido en algo así en las últimas semanas. Intentaba manipular a Malfoy para que se enamorase de él, quería jugar con sus sentimientos sin importarle lo más mínimo que sufriera, de hecho, lo deseaba. Mentía a sus amigos, a Viktor y a sí misma al creerse mejor persona que Malfoy. Y era una hipócrita por acostarse con una persona por la que, en teoría, sentía asco y menosprecio.

Así que no dijo absolutamente nada, cuando sintió el miembro del rubio rozando su feminidad, simplemente se acercó más hacia él, deseando sentirle dentro. Sabiendo que sus amigos estaban a unos pocos metros de ellos, que podrían sorprenderles. Mientras iba pensando todo aquello, no se sintió peor, sino que sintió la excitación y el morbo creciendo en su interior, como si de una bomba de relojería se tratase. El tiempo había terminado. Ya no había marcha atrás. El chico la embistió, y ella gimió de placer, sin importarle lo más mínimo que la encontrasen entre los brazos de su enemigo.

O-O-O-O-O-O

Fin del capítulo. Ya sabéis, tanto si lo habéis amado como si lo habéis odiado, hacédmelo saber con un review.

Besosotes.
Joke.