Advertencias:

Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.

Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.

La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.

Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea

Capítulo 11

Abril estaba apunto de entrar amenazando lluvia. Marzo había sido un mes lleno de emociones para la joven castaña, quien mejoraba día tras día en su recién descubierta habilidad.

Se le daba bastante bien, y le costó poco captar el proceso, pero cuando el hechizo requería una fuerza y poder serio, la chica sufría mucho físicamente, y la mayoría de las veces no era capaz de realizar el proceso al completo, señal de que aún no estaba preparada para aquel gran paso. Aún así, no se rendía y entrenaba duramente día tras día, ya sin la supervisión de su madre, para lograr ayudar a Damon. Esa era su prioridad. Él, en cualquier aspecto de la vida, pues lo amaba enormemente.

Por otro lado, Damon andaba impaciente esperando el día en el que Sally le dijera que ya era capaz de realizar aquella magnitud de magia. La obsesión le seguía incansable, la ansiedad porque el momento llegara le estaba consumiendo interiormente y se reflejaba en la gran atención y presión a la que sometía a la joven. A veces se daba cuenta de que se le iba de las manos, y otras tenía pequeñas discusiones con la muchacha por su inquietud. Cuando esto pasaba se llamaba idiota interiormente, ya que no podía poner en peligro el plan ahora que estaba a segundos de conseguirlo.

Una tarde lluviosa ambos quedaron, como de costumbre, en la casa del moreno. Sally llegó con una expresión en el rostro que a Damon le gusto bastante.

Ambos se sentaron en el sofá del salón, ya que estaban solos en la casa y Sally sacó en gran grimorio de una mochila y lo colocó sobre sus rodillas comenzando a pasar páginas con cuidado y rapidez a la par.

-Por fin he descifrado lo que pone sobre el hechizo de la cripta. –Dijo la chica tras encontrar la página deseada y mirar al chico.

-Estupendo, quién iba a decirte que el latín te serviría para algo ¿eh? –Damon acompañó su comentario jocoso con una sonrisa burlesca, mientras al chica le daba un golpe en el brazo.

-Pero hay un inconveniente. Además de la piedra, necesitamos un objeto personal del hechizado. ¿Tienes algo que haya pertenecido a Katherine?

El moreno se quedó pensativo unos momentos mientras miraba al infinito a ceño fruncido, pero tras unos instantes, relajó el rostro y miró a la chica continuando la conversación.

-Sí, tengo una pulsera que perteneció a ella. Tendré que buscarla, porque la verdad es que no recuerdo dónde está.

-Estupendo, pues búscala y cuando consiga tener la fuerza suficiente para realizar el hechizo, estará todo listo.

-Perfecto. –Susurró el hombre muy cerca de la chica, para después besarla con pasión.

Después de unos minutos ambos se separaron y el moreno se levantó dirigiéndose al mini-bar mientras preguntaba a la joven si quería algo.

-Sabes que aún no puedo beber.

-Venga... ¿Ahora eres puritana? Esa no es la Sally que yo conocí hace unos meses.

-Está bien, ponme lo mismo que tú, pero no mucho, Damon. Por cierto, no me has hablado de Katherine nunca; Cuéntame más sobre ella.

-Bueno, es bastante más vieja que nosotros, tienes unos quinientos años y era de Bulgaria. La conocimos cuando vino a nuestro pueblo, Mystic Falls. En virginia.

-¿Llegó allí por casualidad?

-Bueno, cuando se es vampiro nada te ata a un sitio así que, nunca sabes dónde puedes acabar.

-¿Cómo os conocisteis?

-Ella era de alta alcurnia, al igual que nuestra familia, la veíamos en las fiestas de élite y los bailes. Ella siempre se mostró receptiva en conocernos a mí y a Stefan, y al final acabamos acercándonos y siendo amigos.

El moreno hablaba mientras movía su vaso sin preocupación, a la vez que a cada pausa de su historia veía en su mente recuerdos entre él y Katherine, sus besos furtivos, la pasión de la vampiresa, las noches de lujuria... La había amado tanto... Y después de dos siglos aún esa llama seguía intacta en su interior.

-¿Por qué os transformó? –Preguntó la joven tras un rato, con intriga.

-Nosotros se lo pedimos. Queríamos vivir y ser como ella, viajar, despreocuparnos de todo, ser fuertes y poder controlar lo que quisiésemos. No veíamos lo malo en ese entonces; Queríamos estar con ella y vivir hasta el fin de los tiempos. Pasarlo bien.

-¿En serio? ¿Nunca sentiste amor por ella? Ese sería un motivo más aceptable para ser inmortal la verdad... –Comentó la chica con tranquilidad mientras observaba el semblante algo serio del moreno.

-No, eso no pasó nunca. -Damon mintió a la castaña, quien no dudó de la palabra del vampiro. Ambos bebieron de sus vasos.

El joven se sorprendió de que la chica no dudase de su palabra, y no siguiera aquel tema tan delicado, sabía que no se había delatado ni por sus palabras ni por su reacción, pero era algo tan obvio que incluso lo había acertado sin querer.

Se alegraba de que se hubiera tragado aquello, ya que, si se enteraba de que amaba a Katherine y ella había pedido a ambos hermanos que se convirtiesen por ella, Sally sospecharía de sus intenciones, descubriría que algo raro había en todo aquello. Además la había mentido desde el comienzo diciéndola que era su amiga, sería un gran desastre que acabaría con su plan por completo.

-Oye, tengo que irme a terminar un trabajo y después he quedado, así que mañana nos vemos.

-Está bien. Pásalo bien entre tus queridos apuntes. Me duele que los prefieras antes que a mí, tenía grandes planes hoy para nosotros dos. –Dijo mientras abrazaba a la joven por la cintura y buscaba sus labios.

-Tendrán que esperar a mañana. Estoy segura que podrás aguantar.

-No prometo nada.

-Adiós, Damon. –Se despidió la joven mientras abría la puerta de la casa.

-Mañana nos vemos.

Después de que la chica saliera, el moreno contempló su alrededor mientras intentaba recordar dónde estaba la pulsera de la vampiresa. Después de unos minutos sin que surgieran ideas, empezó a revolver la estancia en busca de la pieza.


Horas después Stefan llegó a la casa y se quedó extrañado al encontrar desorden en el piso, ya que normalmente su hermano era muy organizado y limpio.

Buscó hasta que encontró a Damon en su cuarto revolviéndolo en busca de algo. El moreno estaba tirado en el suelo mirando bajo la gran cama del cuarto. Se sobresaltó levemente al escuchar la voz de su hermano.

-¿Qué diablos estás buscando, Damon?

-Nada, sólo me entretengo para no matar a nadie, ya que ahora vivimos en la casa de la pradera. –Sonrió al joven mientras se levanta y se dirigía a su armario, siguiendo con la búsqueda.

-En serio; Qué buscas.

-La pulsera de Katherine, he pensado que podría empeñarla o regalársela a Sally, ya sabes, soy todo un romántico. ¿No sabrás dónde está?

-Ya no, no tengo ni idea, hace tiempo que no la veo. Bueno, que te cunda la búsqueda, tengo que irme, he quedado con Sally. –Ante su contestación el moreno se giró con el ceño fruncido, totalmente extrañado.

-¿Por qué has quedado con ella?

-Somos amigos, ¿recuerda que te lo dije? Vamos al cine y a tomar algo.

-¡Estupendo! Pasadlo bien. Pero no le des un beso de mi parte.

-Hasta luego, Damon –Respondió el castaño con cansancio ante la broma de su hermano, mientras se daba la vuelta y salía de la estancia, directo hacia la salida del piso.

Damon se giró para seguir con su búsqueda, aún con aquella sonrisa torcida en sus labios, y tras revolver varias prendas de vestir, encontró un pequeño compartimiento secreto en la madera del armario. Tocando un pequeño botón, accionó el mecanismo que hizo que una fina capa de madera se desplazara mostrándole un pequeño hueco en el cual metió la mano. Ahí estaba la pulsera plateada que imitaba un enredadera con pequeñas flores.

El moreno sonrió mientras la guardaba en su bolsillo.