Capitulo 11. La derrota.

El profesor Dumbledore mandó que los estudiantes de Gryffindor volvieran al Gran Comedor; donde se les unieron, diez minutos después, los de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Todos parecían confusos.

- Los demás profesores y yo tenemos que llevar a cabo un rastreo por todo el castillo - explicó el profesor Dumbledore, mientras McGonagall y Flitwick cerraban todas las puertas del Gran Comedor.- Me temo que, por vuestra propia seguridad, tendréis que pasar aquí la noche. Quiero que los prefectos monten guardia en las puertas del Gran Comedor y dejo de encargados a los dos Premios Anuales. Comunicadme cualquier novedad - añadió, dirigiéndose a Percy, que se sentía inmensamente orgulloso.- Avisadme por medio de algún fantasma.

El profesor Dumbledore se detuvo antes de salir del Gran Comedor y añadió:

- Bueno, necesitareis... - con un movimiento de la varita, envió volando las largas mesas hacia las paredes del Gran Comedor. Con otro movimiento, el suelo quedó cubierto con cientos de mullidos sacos de dormir rojos.

- Felices sueños - dijo el profesor Dumbledore, cerrando la puerta.

El Gran Comedor empezó a bullir de excitación. Los de Gryffindor contaban al resto del colegio lo que acababa de suceder.

- ¡Todos a los sacos! - gritó Percy.- ¡Ahora mismo, se acabó la charla! ¡Apagaré las luces dentro de diez minutos!

Jess y David cogieron unos sacos y los pusieron uno cerca del otro.

- Sirius Black... ¿Cómo crees que habrá entrado? -preguntó Jess a David.

- Oye, estos sacos de dormir son bastante cómodos. -comentó David cuando se metió en el suyo. Jess le miró enfadada.

- David, ¿has escuchado lo que te he preguntado o has pasado de mí? -preguntó visiblemente mosqueada.

- Si Jess, te he escuchado. -respondió David.- Si te soy sincero, no tengo ni idea.

- ¿Y los pasadizos secretos? -sugirió la chica.- Los gemelos conocen unos cuantos que conectan Hogwarts con el exterior.

- Podría ser. -reconoció David.- Pero como Filch también los conoce, estoy seguro que hay, al menos, un dementor en cada uno de ellos.

- ¿Y si apareció? -preguntó Jess.

- ¡En Hogwarts no se puede aparecer nadie! -gritó Hermione a unos metros de allí. Jess se giró pero parecía que había sido simple casualidad, ya que Hermione estaba mirando hacia Harry y Ron.

- Ahí tienes tu respuesta. -dijo riéndose David.

- Bastante clara, por cierto. -apuntó Jess volviendo a su posición inicial.

- ¡Voy a apagar las luces ya! - gritó Percy- Quiero que todo el mundo esté metido en el saco y callado.

- A sus ordenes, señor. -respondió uno de los gemelos haciendo reír a unos cuantos. David no supo reconocer si había sido Fred o George.

Todas las velas se apagaron a la vez. La única luz venía de los fantasmas de color de plata, que se movían por todas partes, hablando con gravedad con los prefectos, y del techo encantado, tan cuajado de estrellas como el mismo cielo exterior. Cada hora aparecía por el salón un profesor para comprobar que todo se hallaba en orden. Hacia las tres de la mañana, cuando por fin se habían quedado dormidos muchos alumnos, entró el profesor Dumbledore. Iba buscando a Percy, que rondaba por entre los sacos de dormir amonestando a los que hablaban. Percy estaba recorriendo la zona cercana David y Jess del trio dorado, todos fingieron estar dormidos cuando se acercaron los pasos de Dumbledore.

- ¿Han encontrado algún rastro de él, profesor? -le preguntó Percy en un susurro.

- No. ¿Por aquí todo bien?

- Todo bajo control, señor.

- Bien. No vale la pena moverlos a todos ahora. He encontrado a un guarda provisional para el agujero del retrato de Gryffindor. Mañana podrás llevarlos a todos.

- ¿Y la señora gorda, señor?

- Se había escondido en un mapa de Argyllshire del segundo piso. Parece que se negó a dejar entrar a Black sin la contraseña, y por eso la atacó. Sigue muy consternada, pero en cuanto se tranquilice le diré al señor Filch que restaure el lienzo.

David y Harry entreabrieron los ojos y se miraron. Ambas miradas reflejaban interés. Volvieron a cerrarlos cuando se oyó crujir la puerta del salón al abrirse, y se escucharon más pasos.

- ¿Señor director? -era Snape.- Hemos registrado todo el primer piso. No estaba allí́. Y Filch ha examinado las mazmorras. Tampoco ha encontrado rastro de él.

-¿Y la torre de astronomía? ¿Y el aula de la profesora Trelawney? ¿Y la pajarera de las lechuzas?

- Lo hemos registrado todo...

- Muy bien, Severus. La verdad es que no creía que Black prolongara su estancia aquí.

- ¿Tiene alguna idea de cómo pudo entrar, profesor? - preguntó Snape. David volvió a abrir los ojos y vio como Harry alzaba la cabeza ligeramente, para desobstruirse el otro oído.

- Muchas, Severus, pero todas igual de improbables. -Harry abrió un poco los ojos y miró hacia donde se encontraban ellos. Dumbledore estaba de espaldas a él, pero pudo ver el rostro de Percy, muy atento, y el perfil de Snape, que parecía enfadado.

- ¿Se acuerda, señor director; de la conversación que tuvimos poco antes de... comenzar el curso? - preguntó Snape, abriendo apenas los labios, como para que Percy no se enterara.

- Me acuerdo, Severus - dijo Dumbledore. En su voz había como un dejo de reconvención.

- Parece... casi imposible... que Black haya podido entrar en el colegio sin ayuda del interior. Expresé mi preocupación cuando usted señaló...

- No creo que nadie de este castillo ayudara a Black a entrar - dijo Dumbledore en un tono que dejaba bien claro que daba el asunto por zanjado. Snape no contestó.- Tengo que bajar a ver a los dementores. Les dije que les informaría cuando hubiéramos terminado el registro.

- ¿No quisieron ayudarnos, señor? - preguntó Percy.

- Sí, desde luego - respondió Dumbledore fríamente.- Pero me temo que mientras yo sea director; ningún dementor cruzará el umbral de este castillo.

Percy se quedó un poco avergonzado. Dumbledore salió del salón con rapidez y silenciosamente. Snape aguardó allí un momento, mirando al director con una expresión de profundo resentimiento. Luego también él se marchó. Percy continuó con su ronda.

Durante los días que siguieron, en el colegio no se habló de otra cosa que de Sirius Black. Las especulaciones acerca de cómo había logrado penetrar en el castillo fueron cada vez más fantásticas; Hannah Abbott, de Hufflepuff, se pasó la mayor parte de la clase de Herbología contando que Black podía transformarse en un arbusto florido. David pensaba en lo cerca que estaba Hannah de la realidad.

Habían quitado de la pared el lienzo rasgado de la señora gorda y lo habían reemplazado con el retrato de sir Cadogan y su pequeño y robusto caballo gris. Esto no le hacía a nadie mucha gracia. Sir Cadogan inventaba contraseñas ridículamente complicadas que cambiaba al menos dos veces al día.

- Está loco de remate - le dijo Seamus Finnigan a Percy, enfadado.- ¿No hay otro disponible?

- Ninguno de los demás retratos quería el trabajo - dijo Percy.- Estaban asustados por lo que le ha ocurrido a la señora gorda. Sir Cadogan fue el único lo bastante valiente para ofrecerse voluntario.

Aprovechando que Harry entraba en el baño, David lo siguió para poder hablar con él.

- Oye Harry, ¿no te siguen los profesores demasiado de cerca últimamente? - le preguntó mientras el moreno entraba en uno de los cubículos.

- Y lo peor es que creen que no me doy cuenta. -respondió visiblemente molesto.- Entre los profesores y Percy no tengo un momento de tranquilidad.

- Respecto a los profesores no puedo hacer mucho, -dijo David mientras se lavaba las manos.- pero respecto a Percy, si quieres, seguro que entre los gemelos y yo, se nos ocurre algo para alejarlo de ti.

- Gracias, pero no hace falta. Además, puede ser peor. -respondió Harry tras salir del cubículo.

En cuanto salieron del baño, se encontraron con la profesora McGonagall, que llamó a Harry a su despacho con una expresión tan sombría que Harry pensó que se había muerto alguien.

El tiempo empeoró conforme se acercaba el primer partido de quidditch. Impertérrito, el equipo de Gryffindor entrenaba cada vez más, bajo la mirada de la señora Hooch. Luego, en la sesión final de entrenamiento que precedió al partido del sábado, Oliver Wood comunicó a su equipo una noticia no muy buena:

- ¡No vamos a jugar contra Slytherin! - les dijo muy enfadado.- Flint acaba de venir a verme. Vamos a jugar contra Hufflepuff.

- ¿Por qué? - preguntaron todos.

- La excusa de Flint es que su buscador aún tiene el brazo lesionado - dijo Wood, rechinando con furia los dientes.- Pero está claro el verdadero motivo: no quieren jugar con este tiempo, porque piensan que tendrán menos posibilidades... -

Durante todo el día había soplado un ventarrón y caído un aguacero, y mientras hablaba Wood se oía retumbar a los truenos.

- ¡No le pasa nada al brazo de Malfoy! - dijo Harry furioso.- Está fingiendo.

- Lo sé, pero no lo podemos demostrar - dijo Wood con acritud.- Y hemos practicado todos estos movimientos suponiendo que íbamos a jugar contra Slytherin, y en su lugar tenemos a Hufflepuff, y su estilo de juego es muy diferente. Tienen un nuevo capitán buscador; Cedric Diggory...

De repente, Angelina, Alicia y Katie soltaron una carcajada.

- ¿Qué? - preguntó Wood, frunciendo la frente ante aquella actitud.

- Es ese chico alto y guapo, ¿verdad? - preguntó Angelina. - ¡Y tan fuerte y callado! - añadió Katie, y volvieron a reírse.

- Es callado porque no es lo bastante inteligente para juntar dos palabras - dijo Fred.- No sé qué te preocupa, Oliver. Los de Hufflepuff son pan comido. La última vez que jugamos con ellos, Harry cogió la snitch al cabo de unos cinco minutos, ¿no os acordáis?

- ¡Jugábamos en condiciones muy distintas! - gritó Wood, con los ojos muy abiertos.- Diggory ha mejorado mucho el equipo. ¡Es un buscador excelente! ¡Ya sospechaba que os lo tomaríais así! ¡No debemos confiarnos! ¡Hay que tener bien claro el objetivo! ¡Slytherin intenta pillarnos desprevenidos! ¡Hay que ganar!

- Tranquilízate, Oliver - dijo Fred alarmado.- Nos tomamos muy en serio a Hufflepuff. Muy en serio.

El día anterior al partido, el viento se convirtió en un huracán y la lluvia cayó con más fuerza que nunca. Estaba tan oscuro dentro de los corredores y las aulas que se encendieron más antorchas y faroles. El equipo de Slytherin se daba aires, especialmente Malfoy

- ¡Ah, si mi brazo estuviera mejor! - suspiraba mientras el viento golpeaba las ventanas.

- ¡Yo si que te voy a poner mejor el brazo! -exclamó entre dientes David.

Para cerrar el circulo de las desgracias, aquella tarde Wood subió al dormitorio de los chicos de tercero, donde estaban discutiendo Harry, Ron y David sobre como podía haber entrado Sirius Black en el castillo, para darles otra mala noticia.

- ¡Snape ha castigado a George mañana a la hora del partido! -dijo medio desesperado el capitán.

- ¡¿Cómo?! -preguntaron los tres chicos a la vez.

- ¡Le ha castigado a propósito a esa hora! -repitió indignado Wood.- ¡David, tendrás que sustituirle!

- ¿Quién yo? Pero, si hace que no entreno un mes y el partido es mañana. -replicó el chico.

- ¡Ya lo se! ¡Joder! -dijo golpeando con el puño el colchón más cercano.- Pero, eres el único que puedes hacerlo. Eres el reserva oficial y te conoces los movimientos. No es la forma en la que hubiera querido hacerte debutar, pero no me queda otra opción.

- ¡Venga! ¡Seguro que lo haces bien! - le animó Harry.- Te he visto entrenar y estoy convencido de que lo vas a hacer muy bien. -David afirmó con la cabeza no muy seguro.

Al día siguiente, Harry despertó a David muy temprano. Tan temprano que todavía estaba oscuro. El cielo estaba totalmente cubierto y una tremenda tormenta descargaba sobre Hogwarts.

- ¿Por qué has hecho eso? - preguntó David a Harry enfadado.

El metamorfomago tanteó en busca de su despertador y lo miró: eran las seis y media.

- Harry es muy pronto, vuelve a dormir. -dijo David enroscándose en las sábanas. Harry no volvió a su cama y salió del dormitorio con cara de arrepentimiento. David intentó volver a dormirse pero el recuerdo de que, en unas horas, se iba a estrenar en un partido de quidditch, hizo que renunciara a ese propósito, se levantó, se vistió, y salió silenciosamente del dormitorio.

Cuando David abrió la puerta, algo le rozó la pierna. Se agachó con el tiempo justo de coger a Crookshanks por el extremo de la cola peluda y sacarlo a rastras.

-¿Sabes? Creo que Ron tiene razón sobre ti -le dijo David receloso.- Hay muchos ratones por aquí. Ve a cazarlos. Vamos - añadió, echando a Crookshanks con el pie, para que bajara por la escalera de caracol.- Deja en paz a Scabbers.

El ruido de la tormenta era más fuerte en la sala común. David se acercó a los cristales y tuvo un escalofrio al ver tanta agua cayendo.

- ¿Crees que se puede anular el partido? -preguntó David medio esperanzado, medio dormido a Harry. Este negó con la cabeza. Harry tenía demasiada experiencia para creer que se cancelaría el partido. Los partidos de quidditch no se cancelaban por nimiedades como una tormenta.

David se sentó al lado de él, frente a la chimenea de la sala común.

- No tengo buenas sensaciones con este partido.-dijo Harry al aire.

- ¿Por? -preguntó David sorprendido ante esta afirmación.

- Este tiempo, el cambio de rival, el castigo de George... no me gusta. -respondió en un suspiro.

- La verdad es que no son las perspectivas mas halagüeñas. -reconoció David.- Pero, como dijo Wood, somos el mejor equipo. Bueno, quizás ahora tenéis que cargar conmigo pero intentare no molestar. -dijo intentando destensar el ambiente.

A pesar de los intentos de David por animarle, empezaba a preocuparse. Wood le había indicado quién era Cedric Diggory en el corredor; Diggory estaba en quinto y era mucho mayor que Harry. Los buscadores solían ser ligeros y veloces, pero el peso de Diggory sería una ventaja con aquel tiempo, porque tendría muchas menos posibilidades de que el viento le desviara el rumbo.

Harry y David pasaron ante la chimenea las horas que quedaban hasta el amanecer. De vez en cuando, se levantaban para evitar que Crookshanks volviera a escabullirse por la escalera que llevaba al dormitorio de los chicos. Al cabo de un tiempo, le pareció a Harry que ya era la hora del desayuno y se dirigieron los dos hacia el retrato.

- ¡En guardia, malandrines! - los retó sir Cadogan.

- ¡Cállate ya! - contestó Harry, bostezando. Se reanimó algo tomando un plato grande de gachas de avena y cuando ya había empezado con las tostadas, apareció́ el resto del equipo.

- Va a ser difícil - dijo Wood, sin probar bocado.

- Deja de preocuparte, Oliver - lo tranquilizó Alicia.- No nos asustamos por un poquito de lluvia.

Pero era bastante más que un poquito de lluvia. El quidditch era tan popular que todo el colegio salió́ a ver el partido, como de costumbre. Corrían por el césped hasta el campo de quidditch, con la cabeza agachada contra el feroz viento que arrancaba los paraguas de las manos. Poco antes de entrar en el vestuario, Harry vio a Malfoy, a Crabbe y a Goyle camino del campo de quidditch; cubiertos por un enorme paraguas, lo señalaban y se reían.

Los miembros del equipo se pusieron la túnica escarlata y aguardaron la habitual arenga de Wood, pero ésta no se produjo. Wood intentó varias veces hablarles, tragó saliva con un ruido extraño, cabeceó desesperanzado y dejo de intentar animarles. David sintió que debía tomar el mando. Era el único que sabía que las cosas tenían muchas posibilidades salir mal. (no estaba totalmente seguro, ya que, en la historia original, George no era castigado y el no jugaba). Se levantó y se aclaró la garganta, todos giraron la cabeza y le miraron sorprendidos.

- Capi, estate tranquilo; sigues siendo el animador y aburridor oficial del equipo. -algunas sonrisas asomaron en los rostros de los jugadores.- Yo estoy más nervioso que todos vosotros juntos, os lo puedo asegurar y, esta es una forma tan mala como cualquiera de intentar quitármelos de encima. Así que me toca a mi soltaros el rollo. -más sonrisas aparecieron. David se quedo callado.

- ¿Y bien pequeño cambiante? -preguntó Fred.

- Me he quedado en blanco. -reconoció David. Las risas se alzaron en el vestuario y todo el equipo se levantó para liarse a collejas con el metamorfomago.

- Vale, dejad de torturarle. -dijo Wood por encima del barullo. El ambiente era diferente al del inicio. Wood miro a David orgulloso, había conseguido animar al vestuario de la forma mas inesperada.

Todos se sentaron y volvieron a mirar al capitán, cuya rostro había cambiado radicalmente.

- Se que va a ser un partido difícil. Pero confió plenamente en vosotros. -miró a David.- Incluso en el novato loco que ha intentado quitarme el puesto. -más risas se alzaron en el vestuario.- No se si ganaremos o no, pero si disfrutáis jugando, tendremos más posibilidades de ganar. ¡Andando al campo!

El viento era tan fuerte que se tambalearon al entrar en el campo. A causa del retumbar de los truenos, no podían saber si la multitud los aclamaba. La lluvia rociaba los cristales de las gafas de Harry.

Los de Hufflepuff se aproximaron desde el otro extremo del campo, con la túnica amarillo canario. Los capitanes de ambos equipos se acercaron y se estrecharon la mano. Diggory sonrió a Wood, pero Wood parecía tener ahora la mandíbula encajada de la concentración y se limitó a hacer un gesto con la cabeza. David vio que la boca de la señora Hooch articulaba:

- Montad en las escobas.

David sacó del barro el pie derecho y pasó la pierna por encima de la Barredora 5. La señora Hooch se llevó el silbato a los labios y dio un pitido que sonó distante

y estridente... Dio comienzo el partido. David alzó la escoba y se elevó sobre el suelo embarrado. Era difícil mantener el control de la escoba debido a la inclemente lluvia y el potente viento racheado. Recordó alguno de los trucos que le habían enseñado los gemelos para este tipo de partidos.

Con este tiempo, mantente cerca de las cazadoras, no las pierdas de vista. Es vital mantenerlas protegidas, no es tiempo de buscar grandes jugadas para derribar a los contrarios. Lo que nos interesa es que marquemos la mayor cantidad de puntos.

Se acercó a las tres cazadoras que volaban en formación cerrada para que los pases fueran más cortos y así evitar los efectos del viento.

Vio como una bludger se acercaba por la zona derecha y se dirigía hacia Katie. Sobrevoló por encima a las tres cazadoras y cayó en picado hacia la bludger, golpeándola hacia el suelo.

- ¡David detrás! -le gritó Angelina. El metamorfomago se dio la vuelta y observó como la otra bludger se acercaba a toda velocidad. Aceleró, se colocó a su lado y, aprovechando la luz que emitió un relámpago, apuntó hacia uno de los cazadores de Hufflepuff que se interponía entre Alicia, que era la que llevaba la quaffle la ultima vez que pudo ver la roja pelota, y los aros que se alzaban al fondo. No escuchó si la bludger alcanzó al cazador de amarillo, pero un rugido se alzó en la grada y Katie pasó a su lado con el pulgar alzado en un gesto de afirmación.

David no pudo ver más goles ya que la lluvia arreciaba aun más y era incapaz de ver nada que estuviera a más de tres metros de su nariz. Golpeaba las bludger tirando de puros reflejos y muchas veces, sólo tenía tiempo para esquivarlas y no acabar con unos cuantos huesos rotos. Mientras volaba en busca de objetivos, escuchaba instrucciones fragmentadas sin ser capaz de distinguir quien las ordenaba o para quien eran.

De repente, llegó a sus oídos el pitido del silbato de la señora Hooch. David se acerco a la portería y así pudo ver a través de la densa lluvia la silueta de Wood, que le indicaba por señas que descendiera. Todo el equipo aterrizó en el barro, salpicando.

- ¡He pedido tiempo muerto! - gritó a sus jugadores.- Venid aquí debajo.

Se apiñaron en el borde del campo, debajo de un enorme paraguas.

- ¿Sois capaces de ver algo? -preguntó David sobre la mezcla de ruidos. Harry se quitó las gafas y se las limpió con la túnica.

- ¿Cuál es la puntuación? –preguntó Harry

- Cincuenta puntos a nuestro favor. Pero si no atrapamos la snitch, seguiremos jugando hasta la noche.

- Con esto me resulta imposible - respondió Harry, blandiendo las gafas.

En ese instante apareció Hermione a su lado. Se tapaba la cabeza con la capa e, inexplicablemente, estaba sonriendo.

- ¡Tengo una idea, Harry! ¡Dame tus gafas, rápido!

Se las entregó, y ante la mirada de sorpresa del equipo, golpeó las gafas con su varita y dijo:

- Impervius. - y se las devolvió a Harry diciendo: -Ahí las tienes, ¡repelerán el agua!

Wood la hubiera besado:

- ¡Magnífico! - exclamó emocionado, mientras ella se alejaba.- ¡De acuerdo, vamos a ello!

- ¡Hermione tiene soluciones para todo! -exclamó complacida Katie Bell.

El hechizo de Hermione funcionó. David veía entre la cascada de agua que caía como Harry aceleró la escoba a través del aire turbulento buscando en todas direcciones la snitch, esquivando una bludger; pasando por debajo de Diggory, que volaba en dirección contraria...

- ¡David! ¡Aquí abajo! ¡Cúbreme! -le gritó Angelina. David descendió para colocarse sobrevolándola. Brilló otro rayo, seguido por el retumbar de un trueno. La cosa se ponía cada vez más peligrosa.

- Bludger a la derecha, Angie. -le avisó a la cazadora. Esta la esquivó con un movimiento fluido. David frenó para apuntar con ciertas garantías, golpeó la bludger y escuchó un quejido de dolor cerca de él. Aceleró para seguir cubriendo a Angelina pero vio que ya no llevaba la quaffle.

- La tienen Katie y Alicia y las está cubriendo Fred. -le indicó la chica.- Busca a Harry y cúbrelo.- David afirmó con la cabeza y ascendió acelerando todo lo que permitía la escoba y el viento que le golpeaba en la cara.

Vio a los lejos como Harry se volvía, intentando regresar hacia la mitad del campo, pero en ese momento otro relámpago iluminó las gradas y los dos vieron algo que los distrajo completamente: la silueta de un enorme y lanudo perro negro, claramente perfilada contra el cielo, inmóvil en la parte superior y más vacía de las gradas.

- ¡Mierda Sirius! ¡Ahora no! -dijo para si mismo David.

- ¡Harry! - gritó Wood angustiado, desde los postes de Gryffindor.- ¡Harry, detrás de ti!

Harry miró hacia atrás con los ojos abiertos de par en par. Cedric Diggory atravesaba el campo a toda velocidad, y entre ellos, en el aire cuajado de lluvia, brillaba una diminuta bola dorada...

Con un sobresalto, Harry pegó el cuerpo al palo de la escoba y se lanzó hacia la snitch como una bala. David le siguió forzando su Barredora al máximo y desvió un par de bludgers que se le acercaban, dejándole el camino libre en busca de la snitch. Se dio la vuelta, ya no podía hacer nada más por Harry.

Quiso volver pero algo extraño pasaba. Un inquietante silencio caía sobre el estadio. Ya no se oía el viento, aunque soplaba tan fuerte como antes. Era como si alguien hubiera quitado el sonido. ¿Qué sucedía?

Y entonces le penetró en el cuerpo una ola de frío horrible y ya conocida, exactamente en el momento en que veía algo que se movía por el campo, debajo de él. Detuvo la escoba en el aire y miro hacia abajo. Había al menos cien dementores, con el rostro tapado, y todos señalando en otra dirección. David giró la escoba y comprobó con horror como los dementores se elevaban hacia la posición de Harry.

Al pasar los dementores a su lado, la niebla blanca invadió su cabeza y cayó con su cuerpo sobre la escoba mientras escuchaba a Jess gritar el nombre de su madre. Tras unos segundos de descenso incontrolado, se alejó lo suficiente de los dementores para volver a recuperar la normalidad y así, poder enderezar la escoba para no estamparse contra el suelo embarrado.

- ¡ARESTO MOMENTUM! -gritó una voz desde las gradas. David alzó la vista y vio como Harry caía a toda velocidad hacia el suelo, se frenaba bruscamente y descendía a mucha menor velocidad hasta golpear el suelo.

- Ha tenido suerte de que el terreno estuviera blando.

- Creí que se había matado.

- ¡Pero si ni siquiera se ha roto las gafas! -Harry oía las voces, pero no encontraba sentido a lo que decían. No tenía ni idea de dónde se hallaba, ni de por qué se encontraba en aquel lugar; ni de qué hacia antes de aquel momento. Lo único que sabía era que le dolía cada centímetro del cuerpo como si le hubieran dado una paliza.

- Es lo más pavoroso que he visto en mi vida. Horrible... Lo más pavoroso... Figuras negras con capucha... Frío... Gritos...

Harry abrió los ojos de repente. Estaba en la enfermería. El equipo de quidditch de Gryffindor, lleno de barro, rodeaba la cama, estaban todos menos Wood y David. Ron y Hermione estaban allí también y parecían haber salido de la ducha.

- ¡Harry! - exclamó Fred, que parecía exageradamente pálido bajo el barro.- ¿Cómo te encuentras?

La memoria de Harry fue recuperando los acontecimientos por orden: el relámpago..., el Grim..., la snitch..., y los dementores.

- ¿Qué sucedió? - dijo incorporándose en la cama, tan de repente que los demás ahogaron un grito.

- Te caíste - explicó Fred.- Debieron de ser... ¿cuántos? ¿Veinte metros?

- Creímos que te habías matado - dijo Alicia, temblando.

Hermione dio un gritito. Tenía los ojos rojos.

- Pero el partido, - preguntó Harry- ¿cómo acabó? ¿Se repetirá? Nadie respondió. La horrible verdad cayó sobre Harry como una losa. - ¿No habremos... perdido?

- Diggory atrapó la snitch - respondió George- poco después de que te cayeras.

No se dio cuenta de lo que pasaba. Cuando miró hacia atrás y te vio en el suelo, quiso que se anulara. Quería que se repitiera el partido. Pero ganaron limpiamente. Incluso Wood lo ha admitido.

- ¿Dónde está Wood? - preguntó Harry de repente, notando que no estaba allí.

- Sigue en las duchas junto a David. -dijo Fred.- Parece que quieren ahogarse.- Harry acercó la cara a las rodillas y se cogió el pelo con las manos. Fred le puso la

mano en el hombro y lo zarandeó bruscamente.

- Vamos, Harry, es la primera vez que no atrapas la snitch.

- Tenía que ocurrir alguna vez - dijo George.

- Todavía no ha terminado -dijo Fred.- Hemos perdido por cien puntos, ¿no? Si Hufflepuff pierde ante Ravenclaw y nosotros ganamos a Ravenclaw, y Slytherin...

-Hufflepuff tendrá que perder al menos por doscientos puntos - dijo George.

- Pero si ganan a Ravenclaw...

- Eso no puede ser. Los de Ravenclaw son muy buenos.

- Pero si Slytherin pierde frente a Hufflepuff..

- Todo depende de los puntos... Un margen de cien, en cualquier caso...

Harry guardaba silencio. Habían perdido. Por primera vez en su vida, había perdido un partido de quidditch. Después de unos diez minutos, la señora Pomfrey llegó para mandarles que lo dejaran descansar.

- Luego vendremos a verte - le dijo Fred.- No te tortures, Harry. Sigues siendo el mejor buscador que hemos tenido.

El equipo salió en tropel, dejando el suelo manchado de barro. La señora Pomfrey cerró la puerta detrás del último, con cara de mal humor. Ron y Hermione se acercaron un poco más a la cama de Harry.

- Dumbledore estaba muy enfadado -dijo Hermione con voz temblorosa.- Nunca lo había visto así. Corrió al campo mientras tú caías, agitó la varita mágica y entonces se redujo la velocidad de tu caída. Luego apuntó a los dementores con la varita y les arrojó algo plateado. Abandonaron inmediatamente el estadio... Le puso furioso que hubieran entrado en el campo... lo oímos...

- Entonces te puso en una camilla por arte de magia -explicó Ron.- Y te llevó al colegio flotando en la camilla. Todos pensaron que estabas...

Su voz se apagó, pero Harry apenas se dio cuenta. Pensaba en lo que le habían hecho los dementores, en la voz que suplicaba. Alzó los ojos y vio a Hermione y a Ron tan preocupados que rápidamente buscó algo que decir.

- ¿Recogió alguien la Nimbus?- Ron y Hermione se miraron.

-Eh...

- ¿Qué pasa? - preguntó Harry.

- Bueno, cuando te caíste... se la llevó el viento - dijo Hermione con voz vacilante.

- ¿Y?

- Y chocó... chocó... contra el sauce boxeador.

Harry sintió un pinchazo en el estómago. El sauce boxeador era un sauce muy violento que estaba solo en mitad del terreno del colegio.

- ¿Y? - preguntó, temiendo la respuesta.

- Bueno, ya sabes que al sauce boxeador -dijo Ron- no le gusta que lo golpeen.

- El profesor Flitwick la trajo poco antes de que recuperaras el conocimiento. -explicó Hermione en voz muy baja. Se agachó muy despacio para coger una bolsa que había a sus pies, le dio la vuelta y puso sobre la cama una docena de astillas de madera y ramitas, lo que quedaba de la fiel y finalmente abatida escoba de Harry.

- ¡Vaya día de mierda! –exclamó David bajo la ducha mas alejada de la puerta del vestuario de Gryffindor. – ¡Menuda forma de debutar! ¡Hemos perdido! ¡A Harry se le rompe la escoba y casi se mata por culpa de los dementores! -por suerte, nadie podía oír sus lamentaciones, estaba solo en el vestuario, bajo la ducha. Si Wood había intentado ahogarse, David quería hacerlo de verdad.

- Sólo es un partido de quidditch. –dijo Hermione en su cabeza.- Además… sabes que Harry está bien y que Sirius le regalara una Saeta de Fuego. Deberías preocuparte de otras cosas más importantes.

- De cambiar la historia, ¿no? –pensó el chico.

- Correcto. No se te olvide. –respondió Hermione molesta por el tono irónico del chico.

- ¡Joder Hermione! –exclamó en voz alta.- ¡Tengo 13 años! ¡Todo no gira alrededor de la misión! ¡Quiero vivir mi vida! ¡Tengo otras preocupaciones e intereses! ¡Las clases con Eve, los exámenes, el quidditch…! –elevó aun mas el tono.- ¡Amo a Jess! ¡Quiero protegerla! ¡Quiero saber lo que siente ella por mi! ¡Llevo tiempo dándole vueltas a como y cuando decirle lo que siento por ella! – empezó a golpear los baldosines de las paredes con rabia. El agua de la ducha se iba enfriando poco a poco.- ¡Cada vez que quiero hacer algo que se salga de la historia normal tengo que estar con mil ojos para que tu yo más joven no me descubra en sus idas y venidas con el giratiempo! ¡Los dementores me afectan tanto o más que a Harry! ¡Joder! ¡Quiero tener una vida aparte de la misión!

- Tu elección te limita. –respondió Hermione implacable.

- ¡¿Mi elección, Hermione?! ¡¿Mi elección?! ¡No me jo…!–David se mordió la lengua para no decir una barbaridad.- ¡Decidí ayudarte porque era una misión noble y, de paso, salvar mi culo! ¡Culo que decidiste, sin preguntarme por cierto, enterrar en este universo que se va a llenar de mierda en menos de un año!

- Pero… -intento aclarar sus palabras Hermione.

- ¡No hay peros posibles Hermione! –la interrumpió bruscamente el metamorfomago.- ¡Además no se que hacer para ayudar a Harry este año! ¡Ni siquiera se si debería tocar algo en la línea temporal! ¡Me cago en…! ¡¿Y si no hago nada y mis leves, y no tan leves, –añadió recordando el incidente con el diario de Ryddle el año pasado.- variaciones de la historia provocan que Harry no los libere?! ¡¿Y si le dan el beso?!

- Sabes no que va a ser así. –rebatió Hermione calmadamente para no enardecer mas los ánimos.

- ¡No lo sé! ¡Y tu tampoco! ¡¿Y si pasa lo contrario?! ¡Actuó y metó la pata! ¡¿Y si tu último viaje con el giratiempo no sale cómo está escrito?! ¡Que Harry no consiga hacer el Patronus en el lago! ¡Que no volváis a tiempo a la enfermería! ¡Que no os decidáis a desarmar los tres a la vez a Snape en la Casa de los Gritos! ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Son muchas cosas a la vez!

- Lo siento. –susurro Hermione mentalmente avergonzada por su actitud anterior.

- ¡No me vale tu perdón ahora! –gritó David desquiciado. - ¡Déjame en paz, Hermione! ¡Déjame en paz! – la chica desapareció de la mente de David. Este soltó un grito de rabia y le dio un puñetazo a la pared rompiendo un baldosín en varios trozos. La mano empezó a sangrarle por los nudillos. El agua que caía de la ducha se teñía ligeramente de rojo cuando se deslizaba por su mano. Intentó cerrar el puño pero fue incapaz. El dolor era insoportable. Se miró la mano entumecida y golpeada que empezaba a hincharse a marchas forzadas. Se había tenido que romper algún hueso o afectar algún tendón o articulación. Mantuvo la mano abierta en la posición en la que el dolor era menos intenso. Tendría que pasar por la enfermería y soportar las preguntas de la enfermera Pomfrey. Por suerte, su gigantesca y visible perturbación y la mano rota se podían explicar, de forma bastante convincente, por la frustración de la derrota.

David no lo sabía en ese momento y no lo sabría hasta bastante tiempo después; pero Hermione Granger, la real, la existente, la que estaba fuera de su cabeza; le había escuchado.

Hermione no sabía que pensar ni que hacer. Había venido al vestuario para recoger las cosas de Harry que allí estaban. Había dejado a Harry y a Ron en la enfermería lamentándose sobre la destrucción de la Nimbus 2000. Ella no podía comprender esa tristeza de los chicos.

Empezó a hacer memoria de lo que acababa de escuchar. David hablaba con alguien en el vestuario… alguien que respondía a su nombre, Hermione. ¡No podía ser! ¡No había nadie mas en Hogwarts que se llamara así! Le decía a ella que no tenia porque centrarse solo en una misión… ¿Misión? ¿De que misión hablaba David? ¡Que quería vivir! ¿Vivir?... ¿A que se podría referir con vivir?

Las noticias no acababan ahí. David había reconocido abiertamente que amaba a Jess. Ciertamente no era algo que, por lo menos a ella, la extrañara enormemente; pero si la había sorprendido, que lo tuviera tan claro tan pronto. Además se lo iba a confesar. ¡Vaya noticia!

A partir de este momento las cosas empezaban a tomar un cariz extraño y desconcertante. ¿Cómo habría descubierto que tenia un giratiempo? ¿Qué quería decir con eso de "algo que se salga de la historia normal"? Obvió el detalle de la relación entre David y los dementores, ya lo había visto en el tren. Parecía que la misión de la que hablaba David había sido forzada por esa otra Hermione. Lo siguiente la preocupó, "este universo se va a llenar de mierda en menos de un año". ¿De mierda? Eso solo puede significar que va a pasar algo grave en los próximos meses… ¿alguna muerte importante? ¿Voldemort regresa?

¡No sé como ayudar a Harry! ¿Ayudar a Harry? ¿En qué? No pueden ser las clases o el quidditch, el tono de voz seria menos desesperado y la cortada malsonancia de después no tendría sentido. ¿Tocar algo en la línea temporal? ¿Variaciones en la historia? No entendía nada de esto.

Según lo siguiente, Harry liberaría a más de una persona y algo de darle un beso a alguien. ¿Un beso… ¡Claro! Se tiene que referir al Beso del Dementor. Pero.. ¿quien podría recibir el beso y que provocara ese tono de pánico de David? Ninguna de las opciones que pasaron por su cabeza encajaban.

Las siguientes frases hacían referencias a hechos mas concretos pero eran igual de desconcertantes. Harry haría un Patronus en el lago. ¿Un Patronus siendo tan joven? Bueno, si esta Harry por medio no seria un hecho tan sorprendente. ¿Desarmarían a Snape los tres en la Casa de los Gritos? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Qué harían en ese sitio?

Al no escuchar el sonido del agua cayendo al suelo, se marcho rápidamente del vestuario para que David no la pillara allí. Esta noche tendría muchas cosas en las que pensar. La morena se chocó contra Jess a la salida del vestuario.

- Está dentro. -le dijo a la chica. Jess le dio un abrazo agradecida y entró al vestuario en busca del metamorfomago.

Comentarios.

Hola a todos. ¡OJO BARRO! Hermy se entera de cosas pero no tiene ni idea de lo grande que es la historia. No se que os parecera a vosotros, pero creo que no me ha quedado del todo mal el partido de quidditch. No se cuanto le zurrareis a la Hermione mental por su falta de tacto, pero entenden la posicion de la chica. No quiere que pase en esta realidad lo que le ocurrio a el. Ahora los agradecimientos:

- A Ale Franco por su review. No, por favor, no hace falta que pidas perdon. Me agrada que te hayas reido con el capitulo anterior.

Espero que os guste este capitulo. Un bratzo, xotug.