Capítulo 11
Padres
"Y sin saberlo ella tenía dos padres, uno que le habían adjudicado al nacer, y otro que desconocía los lazos de sangre que los unían, y sin embargo, ambos tenían una cosa en común, la querían por ser el retrato exacto de la mujer que amaban"
La mujer suspiro cuando la luz comenzó a filtrarse por la ventana, así que se levantó, un nuevo día comenzaba y la esperanza de ser libre latía con fuerza en su pecho, todos los días desde hace meses era la misma rutina, apenas se ponía en pie, se obligaba a mirar por su balcón solo para comprobar desilusionada que la cámara de gravedad y su ocupante seguían ahí, "¿Cuándo se irá?"... se preguntaba entonces la peliazul mientras volvía a la cama a refugiarse bajo las sábanas, desde aquella ocasión en que hablo con Vegeta y su situación quedo clara, imaginó que el príncipe no tardaría mucho en marcharse, habría jurado que su orgullo lo obligaría a hacerlo, pero al parecer estaba equivocada pues el guerrero no daba señas de abandonar la Corporación.
Lejos estaba la mujer de imaginar los verdaderos motivos que obligaban al príncipe a permanecer en un sitio, donde sabía que su presencia era motivo de incomodidad para ella. En la cámara mientras entrenaba, Vegeta luchaba no solo por incrementar su fuerza sino por apartar de su mente la idea de alejarse de todo, gustosamente se habría marchado a la mañana siguiente de su separación, cuando por la ventana de la cámara vio pasar a la mujer con una expresión de felicidad que hacía mucho no tenía y que lógicamente obedecía a lo que había acontecido la noche anterior, fue entonces que se convenció de que lo mejor que podía hacer era desaparecer de la vida de la peliazul cuanto antes, apenas se aseguro de que Bulma se había marchado salió en dirección a la casa, dispuesto a arreglarlo todo y partir de inmediato, y lo habría hecho si sus planes no hubieran sido descubiertos por su pequeña…
- ¿Qué haces papi? –preguntó la voz infantil al encontrarlo en la cocina llenando varios contenedores de alimentos- ¿Por qué guardas tanta comida? –insistió la niña al no recibir respuesta-
- Porque la necesito –respondió malhumorado.
- ¿Para qué?...
- Eso no es de tu incumbencia –soltó mientras apretaba los botones que convertían los contenedores en cápsulas y las guardaba en su bolsillo.
La niña lo siguió mientras se dirigía al jardín, preguntándole una y otra vez que hacía, él trató de ignorarla esperando que con ello se fuera, pero la pequeña era tan testaruda como él, finalmente llego hasta la cámara, y mientras el guerrero se disponía a mirar por última vez la que fuera su casa, la peliazul aprovecho para entrar rápidamente.
- ¡Sal de aquí! –le dijo furioso, pues su paciencia se acababa.
- ¡No quiero! –replico ella resistiéndose.
- ¡Debes marcharte! –exigió tomándola por el brazo.
- Quiero ir contigo –dijo la niña que a pesar de su corta edad comprendía que su padre se marcharía.
- No puedes –respondió tratando de controlarse- Este viaje será muy largo.
- ¿Cuánto tiempo te irás?...
- No acostumbro dar explicaciones de lo que hago, regresa a la casa ahora mismo.
Ordenó a la pequeña que se abrazó fuertemente a sus rodillas, negándose a obedecerlo, aferrándose a él con desesperación, al tratar de separarla, el guerrero vio las lágrimas que asomaban en los ojos celestes de su hija.
- Llévame contigo –rogó la niña.
- Necesito entrenar y mientras lo hago no puedo cuidar de ti –mintió al tiempo que la dirigía a la puerta.
- Prometo portarme bien.
- ¡Basta de tonterías Bra, quiero estar solo!.
La rudeza con la que dijo la frase logró asustar a la niña, sin más resistencia de por medio la saco de la cámara listo para oprimir el botón que cerraba la compuerta, fue entonces cuando vio su mirada, la angustia y el dolor que reflejaban los zafiros de la pequeña le atravesó el alma, hasta esos instantes no había pensado en que al partir no la vería más, nunca creyó que separarse de ella le dolería tanto.
- No te vayas papi –suplicó la pequeña tomando su mano.
Vegeta miró nuevamente a Bra y se supo vencido, esa niña le tenía ganada la voluntad, todo gracias al parecido que guardaba con la madre, esa similitud era su debilidad.
- Deja de llorar.
Pronunció por fin, la niña entendió lo que eso significaba y se seco las lágrimas al tiempo que le sonreía agradecida, "Tal vez Bulma no me necesite, pero ella si", se dijo mientras se dejaba rodear por los brazos de la pequeña, él sabía lo que era sentirse abandonado y solo, no quería que su hija experimentara el mismo dolor, ahora comprendía que era una crueldad lastimar de manera semejante a alguien tan pequeño, dejando en su alma heridas que tal vez nunca llegarían a sanar del todo, fue entonces que el príncipe se fijo nuevos objetivos, por el momento pospondría su intención de irse, abandonaría el planeta una vez que consiguiera romper con el apego que Bra tenía con él, apartaría a la niña de su lado poco a poco, hasta lograr que al igual que paso con la madre, la pequeña también dejara de necesitarlo.
Ajena a los recuerdos de su ex -pareja, la peliazul seguía preguntándose hasta cuando seguiría esa situación, desde aquella noche en que aclararon las cosas comenzó a hacer planes, lo primero que pensó fue que una vez que Vegeta se marchara, ella esperaría un tiempo prudente para hablar con Goku, sabía que él estaba dispuesto a dejar a Milk, se lo había dicho la tarde en que le notifico a Gohan del puesto que obtuvo en la Corporación, el mismo día en que ella le confesó lo que había hecho y el saiyayin enloqueció de celos y de rabia, aún recordaba la furia en su voz mientras le reprochaba su traición, solo logró tranquilizar al guerrero una vez que le contó sus verdaderos motivos, la explicación basto para que Goku recuperara la cordura, fue entonces cuando tomo sus manos y le dijo que dejaría todo por ella si se lo pedía, Bulma estaba por responderle cuando Videl apareció de pronto.
"Si ella no hubiera llegado, le habría pedido que me llevara lejos de todo" pensó la mujer con tristeza, sabiendo que nada deseaba más en el mundo que estar al lado de Goku, "Pero aún falta mucho para eso" se dijo mientras se secaba las silenciosas lágrimas que corrían por sus mejillas, pues hasta que Vegeta no se fuera de la Corporación ella no podía sentirse libre, ni siquiera se había atrevido a decirle a Goku que había terminado con el príncipe definitivamente cuando aquel seguía viviendo en su casa, pues sabía que el guerrero no le creería, o peor aún, temía que al enterarse el saiyayin perdiera la paciencia por completo y buscara la forma de enfrentarse al príncipe, de obligarlo a irse de una vez, "Márchate ya Vegeta, por favor" rogó en espera de un milagro.
Mientras tanto, en las montañas, Goku trataba de superar su frustración a través de su entrenamiento, se sentía lleno de impotencia cada vez que pensaba en la peliazul, desde el día en que casi los descubren ella se había alejado, además con Gohan trabajando en la Corporación, él no podía ir a buscarla, su hijo podía darse cuenta de lo que pasaba, "Ya lo descubrió una vez, debo evitar que pase de nuevo" se decía cada que sentía el impulso de buscar a la peliazul, sin embargo esa mañana estaba más atormentado que nunca, necesitaba verla aunque fuera solo unos minutos, deseaba tenerla cerca, confirmar con una mirada que Bulma era suya, sin detenerse a pensar en las consecuencias, coloco sus dedos índice y medio en su frente concentrándose en encontrar la energía de la mujer…
"Abuelito", grito de pronto una voz infantil rompiendo su concentración, Goku miró entonces a sus espaldas, Pan llevaba puesto un uniforme de entrenamiento, idéntico al de él, junto a su nieta estaba Bra, que sonreía.
- Hola niñas –saludo sin muchas ganas.
- Mira mi traje abuelito –dijo Pan con orgullo.
- Es lindo –respondió con la mayor amabilidad que le fue posible.
- Mi mamá me lo hizo –señalo su nieta.
- ¿Y qué hacen aquí? –pregunto el saiyayin en un suspiro, aún molesto por la súbita interrupción de sus planes.
- Queríamos verlo entrenar –dijo Bra clavando sus ojos celeste en él.
"El parecido es extraordinario", se dijo al mirar a la niña, en sus ojos brillaba aquella expresión de curiosidad infinita que sin duda había heredado de la madre, "Tiene tanto de ella, que me ha sido inevitable quererla", pensó el guerrero y entonces una sonrisa sincera volvió a adornar su rostro, le parecía irónico que la hija de su rival pudiera despertar tales sentimientos en él, y devolverle el buen humor en tan solo unos segundos, cada que la pequeña Bra los visitaba el sentía menos la ausencia de la madre, era absurdo, pero cuando la niña aparecía lo hacía sentir cerca de Bulma, y eso calmaba sus temores.
- Les mostraré algunas de mis técnicas.
Dijo el saiyayin más relajado a sus pequeñas espectadoras, mientras estas asentían emocionadas. Fue un espectáculo entretenido para las niñas, ver la fuerza y el poder del guerrero, Goku veía satisfecho las expresiones de asombro y admiración que se dibujaban en el rostro de la peliazul, "Soy el mejor guerrero, el más fuerte" parecía decir en cada uno de sus golpes y ataques, últimamente esa certeza era lo único que le brindaba consuelo, sentía que había fracasado en otras áreas de su vida, odiaba su inocencia e ingenuidad que lo habían llevado a casarse sin amor, sin tener verdadera idea de lo que estaba haciendo, odiaba obedecer esos principios morales que lo hacían estar atado a una mentira que lo obligaba a vivir alejado de la mujer que amaba, sentía rabia cada vez que pensaba en que una vez más se estaba sacrificando por otros, cuando lo único que deseaba era dejar de esconder sus sentimientos y ser feliz.
- Es suficiente -dijo después de un rato, para decepción de las pequeñas que habían disfrutado ver su entrenamiento- Regresemos a casa.
Pan asintió y con una seña le indico a su compañera de juegos que la siguiera, Goku camino junto a ellas absorto en sus pensamientos, hasta que escuchó a Bra decir que su madre la recogería esa tarde, "Siempre me devuelves la sonrisa", le dijo en silencio a la pequeña de cabello azul, que no podía imaginar el efecto que sus palabras causaban en el guerrero.
Algunas horas más tarde, la ansiedad del saiyayin llego a su fin cuando pudo detectar la presencia de la mujer acercándose a la montaña Paoz, la necesidad de verla fue más fuerte que su sentido de discreción, apenas escucho descender la nave salió de la casa; mientras Bulma bajaba del vehículo sintió los ojos azabaches del guerrero sobre sí, y tuvo que hacer un esfuerzo por no arrojarse a sus brazos
- Deseaba tanto verte –dijo Goku acercándose.
- Y yo no he hecho más que pensar en ti –respondió la peliazul sonriendo.
- Me haces falta –musito él en voz baja.
- Y tú a mí.
Exclamo Bulma en el mismo tono, que difícil era para la peliazul decirle aquello y conservar la distancia comportándose con normalidad, cuando su corazón latía con tanta fuerza que parecía querer salirse de su pecho. Goku deseaba poder hacer más que solo contemplar a la mujer, a su mujer, la verdadera, la que estaba prohibida, la que no podía besar ni acariciar en esos momentos, aunque sabía que ambos se morían por estar en los brazos del otro.
La pareja estaba tan ensimismada, que no percibieron que estaban siendo observados, unos ojos azabaches seguían atentamente cada una de sus reacciones, esperando impacientemente el final de ese encuentro, Milk apretaba los puños para controlarse, se decía una y otra vez que ese romance había muerto, que ahora era ella la mujer que Goku amaba, con la que él había decidido pasar su vida, sin embargo, las dudas la asaltaron de nuevo cuando vio salir a Bra de la casa de Gohan acompañada por Videl y Pan.
Desde la ventana vio a su nuera y esa mujer conversando alegremente, mientras Goku acariciaba con ternura casi paternal la cabellera celeste de Bra, poco después Videl y su nieta regresaron a su hogar, dejando a Bulma y a su hija a solas con Goku, al verlos a los tres juntos, una idea que había tratado de borrar de su mente hacía años, se apoderó de ella, Milk apretó los puños con más fuerza al grado de lograr que sus uñas se le enterraran en la piel, sintió el leve calor de la sangre escurriendo por sus dedos pero no le importo.
Había recordado el momento en que su esposo le confesó que llegó a creer que Bra podía ser su hija; la angustia que sintió y el temor de que fuera cierto, hizo que su pecho se comprimiera igual que aquella vez, la sola posibilidad de que la infidelidad de su marido hubiera tenido consecuencias, la lleno de pánico, tratando de tranquilizarse, la morena comenzó a buscar argumentos lógicos que le permitieran ahuyentar esa idea de su mente, pero no lo logró, esa duda que siempre había existido en su corazón, había cobrado más fuerza que nunca; completamente atormentada, Milk cerró las cortinas para no verlos más, ahora odiaba más a Bulma y a esa niña.
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Hola a todos, antes que otra cosa muchas gracias por sus review y por su paciencia con el fanfic, porque a decir verdad y me avergüenza reconocerlo, me he vuelto un poco egoísta al no actualizar tan seguido como acostumbraba en historias pasadas, pero últimamente he tenido que enfrentar varios conflictos con los que no contaba, y los pocos ratos que tengo libres me he puesto a descansar de tantas presiones.
Honestamente, me es imposible escribir algo decente cuando tengo preocupaciones en la mente, siento que no pongo el mismo empeño, por eso decidí esperar a estar un poco más inspirada para seguir con la historia, y bueno aún falta para el final, pues sigo trabajando sobre los acontecimientos de los siguientes capítulos ;)
Gracias, otra vez y muchos saludos a todos =)
Críticas constructivas, dudas, quejas, tomatazos en los review =).
Jessibloom
