Aquí os traigo otro cap de "Entre la espada y la pared", me han dado ganas de escribir. Espero k os guste :D
AnikaSukino 5d: No solo eso, Mirajane oye la voz de Lissana, aunque ella no está…
Natsu cogió la carta y la quemó. ¿Se habían atrevido a tocar a Lucy? Malditos cabrones. Iban a pagar por todo. Él creía en la humanidad, pero Lucy y Erza, sus Nakamas, estaban por encima de todo. No iba a dudar, aunque fuese un suicidio ir al cuartel general Nazi para rescatarla, lo haría, sin importar qué, no podía quedarse con los brazos cruzados ante la muerte de SU rubia.
-Iré ahora mismo a salvarla- Natsu se disponía a bajar las escaleras y ponerse a correr hacía el cuartel, cuando la delicada pero asesina mano de Erza lo paró, y con la mirada ensombrecida, negó con la cabeza.
-Natsu, si vas allí morirás, mira la otra noticia destacada- dijo Erza. Natsu miró sorprendido el periódico frotándose los ojos para ver si eso era cierto. ¿NEXUS HABÍA SIDO ATRAPADO, E IBA A SER EJECUTADO JUNTO A LUCY?
-Aaron no dejará que Nexus muera, podríamos estar enfrente de la guerra que decidirá el destino mundial. Aaron contra Hitler. Si intervienes, solo morirás en vano- dijo Erza, soltando algunas lágrimas, por la impotencia de no poder salvar a Lucy. Natsu sonrió y le acarició el pelo a Erza, después la abrazó, provocando el sonrojo en ella.
-Tranquila, no moriré. No sé tú, soy tu capitán, pero no te enviaré a una muerte segura, si no quieres ir conmigo, quédate aquí. Pero no dudaré en salvar a Lucy, aunque la oportunidad sea mínima. De verdad, si quieres quedarte, no te lo recriminaré- Erza con lágrimas en los ojos y un claro sonrojo en su mejilla, miró al suelo.
-Lo siento, pero prefiero no ir- Natsu sonrió y le volvió a acariciar el pelo.
-Nos vemos, Erza- le dijo, saltando por una ventana abierta y convirtiéndose en una llama para volar por el cielo hasta que su figura se desvaneció con los primeros rayos del alba. Erza seguía llorando, sentada en su cama, con la luz apagada. "Mierda" pensó.
Mientras en la base de la banda de Aaron…
-Ya está listo el transporte aéreo, señor- dijo un soldado raso de la banda de Aaron.
-Gracias- dijo Aaron, levantándose de su silla.
-Iremos a salvar a Nexus, e iremos con "el arca resplandor"- Aaron había hablado, y todos los comandantes se levantaron, junto a él, y ingresaron en aquella gran nave llamada "el arca resplandor".
-Se que es lo que quieren, pero no puedo dejar que lo maten, Steve- dijo Aaron, sentándose en un sillón grande, contestando la mirada de preocupación del comandante. Éste sonrió.
-Yo soy el primero que quiere ir a salvarle, él es como mi hermano- aclaró Steve, lamiendo la funda negra de su Katana, como de costumbre hacía.
-Además, habrá sangre- sonrió de nuevo.
Estaban llegando al espacio aéreo del cuartel general Nazi, y incontables balas y misiles explotaban en la armadura acorazada de "el arca resplandor".
-Ilusos, mira que querer destruir "el arca resplandor"… Ni cinco bombas atómicas juntas podrían atravesar la coraza hecha de diamante, titanio y acero puro. Es prácticamente indestructible, esto para el arca no son más que cosquillas- rió Aaron, cogiendo una botella de Whiskey y bebiéndosela entera.
El Arca aterrizó en el espacio entre el edificio del cuartel general y el mar, que se extendía, como una pradera azul interminable, hasta donde los ojos no lograban ver.
Se abrió la puerta principal y incontables soldados salieron de ella, intentando avanzar entre los millones de soldados Nazis allí presentes. Las vidas se perdían una por una sin descanso, sin importar la gente que las arrebataba.
-Que aroma tan agradable, el aroma a sangre fresca- sonrió Hitler, des de su despacho.
-Sangre judía derramada, y vísceras judías esparcidas por el suelo, ¿se necesita algo más para ser feliz?- rió de nuevo, Adolf Hitler. La puerta del despacho se abrió y un soldado entró.
-Ya he avisado a todos: Abraham, Alexia, Ryan, Byron, Amarillo, Azul, Gris y el nuevo general que sustituye a Roja: Naranja- Hitler sonrió.
-Todos los soldados de élite juntos, ¿Cuánto poder habrá ahí?, seguro que te ha costado convencerlos, los generales y los sargentos principales no se llevan muy bien- el soldado asintió, y después se retiró. "Y ahora que corra más sangre, mis guerreros de élite" sonrió Hitler, pensando barbaridades.
La pelea entre todos paró en seco y una gran puerta de hierro se abrió lentamente, hasta su tope. Ocho figuras oscurecidas se sentaron en el frío suelo y sonrieron.
-¿Porqué tenemos que aliarnos con estos?- dijo Alexia. Abraham sonrió.
-Órdenes directas del jefe. ¿Lo vas a desobedecer? ¿Acaso quieres morir?- rió Abraham. Alexia tragó saliva y después negó con la cabeza, mirando a Mirajane y dedicándole una mirada desafiante.
-Debería haber una barrera entre nosotros, no querría peleas entre esos imbéciles y nosotros, está claro que somos los más fuertes- Naranja le dedicó una sonrisa vacilante a Byron, después siguió mirando al frente.
-Debería haber una barrera, como en su cerebro y usted, una barrera muy definida- vaciló Ryan, haciendo enfadar a Byron y comenzando una pelea entre ellos.
-¿Para que queremos peleas entre ellos y nosotros…SI ENTRE NOSOTROS YA LAS HAY, IMBÉCILES?- Alexia le asestó un puñetazo a Ryan que le hundió la cabeza en el suelo (cualquier humano normal le habría reventado el cráneo), Ryan se levantó sin un rasguño y soltó un "tsk".
-Usted es mala, solo me pega a mí, Alexia…- Alexia rió por lo bajo y Abraham sacudió la cabeza, como diciendo: "son imbéciles".
Mientras en el "arca resplandor"…
-¿Quien quiere ser el primero?- sonrió Aaron, al ver a los soldados de élite sentarse en el suelo.
-Si me permite, jefe, habrá sangre, y no puedo perdérmelo- Steve se levantó de su siesta como un resorte, al entender algo dentro del concepto "pelea". En un abrir y cerrar de ojos, Steve ya no estaba, y había cortado las cabezas de innumerables solados Nazis, lamiendo su Katana y volviéndola a envainar. Siguió avanzando lentamente, con una sonrisa en su rostro. "¿Quien se enfrentará al espadachín demonio?", pensó, lamiendo la funda de su Katana.
Ryan dio unos cuantos pasos adelante.
-Seré yo el que mate a ese engendro, si me periten la expresión- sonrió Ryan.
Ryan era un hombre alto, con un el pelo marrón y un polar negro con estampados blancos. Tenía un libro bajo su manga derecha y se le reconocía una clara perilla color marrón.
En un instante, Ryan estaba forcejeando con Steve, y éste se relamía los labios. Aunque estaba tocando el filo de la "Akuna No Ken", no parecía cortarse, aunque ahora que lo veía bien, una capa de aire estaba entre los dos. ¿NO ESTABA BLOQUEANDO LA ESPADA CON SUS MANOS? Los dos salieron disparados a un lugar distinto, Steve envainó la espada, el suelo tembló y el edificio del cuartel general se cortó en dos, llevándose por delante a muchos solados.
-No esperaba menos de usted, espadachín demonio- sonrió Ryan, acariciándose la perilla y serio, como de costumbre estaba. Steve, por su lado lamió la funda negra de su Katana.
-Ni yo de ti, Ryan, es verdad que tienes el Yoso de la gravedad, eres un hombre que controla la gravedad, ¿cierto?- Ryan sonrió malvadamente y asintió, después los dos siguieron con su pelea.
CONTINUARÁ…
Espero k os haya gustado REVIEWS PLS BYE!
