Este es mi tercer fic. Si bien los dos anteriores los había basado en la uistoria de Sailor Moon, en este solo usaré los personajes y sus personalidades... Obviamente, como ya han visto, me gusta escribir S&D y no lo voy a cambiar... Pero además, contará con un Mina&Andrew y la presencia de los personajes que más quiero: Sammy, Luna, Artemis, Haruka (en una versión masculina), Amy, Lita y Rei...

Se que había prometido que mi siguiente fic sería una continuación de 'Una vida normal' o 'Un hombre nuevo', pero tenía esta historia en mente y debía escribirla... La continuación de los otros estará en proceso, no los dejaré con las ganas, pero quería revivir una historia parcialmente real, que le pasó 'al amigo de un amigo' (para no echar a nadie al agua), y bueno, qué más que poder usar a mis personajes favoritos en una nueva historia de amor que me trae millones de recuerdos...

Si alguien vio de casualidad la serie SAO (Sword Atr Online) o han jugado algún rpg en línea, podrán ver cosas conocidas en esta historia y les parecerá muy común... A los que no conocen esa magia, podrán vibrar con todo lo que hay tras los juegos online... (El nombre del juego en el que centra la historia será inventado para no hacer propaganda)

No siendo más, les presento mi nuevo fic: 'Amor real'. Una historia cargada de emociones, momentos graciosos y grandes sorpresas...

Nota lega: los personajes no me pertenecen, son creados por Naoko Takeuchi para su manga Sailor Moon, pero la historia es completamente original.

Vivir en mundos paralelos puede despejar la mente. Eso pensaba Darien Chiba cuando pasaba horas, con sus amigos de universidad, jugando un tonto juego online. Bueno, eso creía hasta que la conoció a ella. Ese día, sus mundos se combinaron entre si y sin poder separarlos.


- Nick no quiero alarmarlos, pero Diamante viene siguiéndonos desde que salimos de casa - Jedite habló después de mirar el retrovisor por sexta vez en un minuto - y papá creo que viene detrás.

Sammy miró a Serena que se había quedado petrificada con el comentario. Nicolas miró por el retrovisor y luego al asiento de atrás donde estaban los dos hermanos ahora abrazados.

- Llama a Malachite, él sabrá que hacer y nos dará noticias de ellos - miró el frente del escarabajo - no podemos protagonizar una persecución en esta cafetera, hay que detenerlo de otro modo.

Con pericia, Jedite sacó su teléfono, marcó el número de su hermano y puso el altavoz.

- Voy con Serena, Sammy y Nick en el auto, Diamante nos persigue, papá va tras él, llama a Richard! - habló el rubio rápidamente sin recibir respuesta, la llamada terminó al instante - Ya debe estar trabajando en eso, pronto tendremos noticias.

- Conduce como si nada pasara hasta que tengamos noticias de Malachite - dijo Nicolas entre la serenidad y la preocupación. Debía mostrarse tranquilo para no empeorar el estado de su amiga, pero en realidad, temía mucho por ella.

- Está solo, tal vez no ataque, solo quiere saber qué hace ella normalmente - Los estudios en criminalística de Jedite estaban dando frutos - con usted y conmigo acá, no se atrevería a hacer un movimiento - miró a Serena sobre su hombro - me preocupa más Darien.

Al escuchar el nombre de su novio, Serena abrió los ojos en su totalidad. Se irguió y miró por la ventana trasera.

- Dónde está Zafiro? - preguntó casi presa del pánico.

- No lo se, descansando tal vez? - Jedite respondió tranquilo.

- Tonto! - Serena gritó tan duro que los aturdió a todos - Solo él y Beryl conocen a Darien bien y saben donde vive! Está vigilando a Darien! - cavilaba la información y la soltaba sin medir - Llama a Malachite ya!

Jedite marcó de nuevo el número de su hermano y puso el altavoz. No respondió la voz del platinado, al contrario, parecía como si lo hubiera contestado por accidente, se escuchaban pasos rápidos y una puerta. Un click muy conocido obligó a Nicolas y Jedite a cruzar sus miradas. Luego el sonido de un fuerte disparo llenó el auto.

- DARIEN! - el grito desgarrador de Luna, en su casa y de Serena en el escarabajo, siguieron al estruendo.

Artemis y Seiya, sin decir una palabra, corrieron hacia la puerta, chocándose con la espalda de Malachite en el instante en que pusieron un pie fuera de la casa. Al rodear al imponente hombre, Seiya se arrodilló junto a su hermano.

Darien estaba de rodillas, completamente inmóvil, si poder decir una sola palabra. Seiya lo miraba de arriba a abajo buscando sangre, un hoyuelo o algo pero no había nada, absolutamente nada.

Frente a Darien, a unos tres metros, un joven de cabellos azul oscuro sostenía uno de sus brazos que derramaba sangre a borbotones, dejando un charco sobre el suelo donde reposaba un revólver. Detrás de el petrificado pelinegro, Malachite aún sostenía su arma de frente.

- Lárgate Zafiro y dale un mensaje a tu hermanito - la profundidad de la voz de Malachite había alcanzo un nivel inimaginado - Antes de acercarse a Serena o a Darien, tendrá que acabar con los hermanos Chikyuu y no será fácil.

Sin decir nada, Zafiro caminó hasta su auto y desapareció bajo la mirada de los tres hombres Chiba y Malachite.

- Darien, respóndeme por favor - Seiya intentaba ayudarlo a parar pero su hermano no respondía.

- Qué sucedió? - Artemis se atrevió a hablarle a Malachite mientras este guardaba su arma de nuevo y sacaba su celular que estaba encendido.

- Señor Chiba, Déme un segundo y le explicaré, ahora debo calmar a alguien más - se llevó el teléfono a su oreja - Jed, no me digas que como de costumbre tienes el altavoz porque te voy a matar...

- Lo siento grandote, no sabía que...

- Tienes a Serena al lado y debe estar petrificada - Malachite soltó un suspiro - Serena, Darien está bien, el disparo fue mío, herí a Zafiro antes de que le disparara a Darien, esté tranquila...

- Todos están bien entonces? - ahora era Nicolas quien hablaba mientras miraba como Serena retomaba color en su rostro.

- Si, todos están bien, creo que Darien está en shock, pero no más - volteó para enfrentar los ojos de Artemis que seguía junto a él mirando a sus hijos arrodillados en el suelo - A ustedes aún los siguen?

- Mmm... - Jedite miró el retrovisor mientras Nicolas miraba por la ventana - No, parece que Diamante nos soltó...

- Richard hizo un buen trabajo entonces, tendremos que pagarle luego, no debió gustarle llamar a su padre - Malachite se relajó por fin - Sigan con sus planes tranquilos, yo intentaré calmar a Darien, con esto, tendremos un par de días de tranquilidad - y con esa frase colgó el teléfono.

- Gracias Mal... - la voz de Darien salió débil. El pelinegro aún seguía arrodillado en el suelo y sin enfocar la mirada - es la segunda vez que me salvas de Zafiro...

- Ese es mi trabajo jefe - se acercó a Darien y puso su mano en la espalda del petrificado pelinegro - aunque no lo coja de costumbre, no me gusta sacar mucho a la bebé de su funda - dijo con gracia mientras lo rodeaba y le extendía una mano para ayudarlo a levantar - Arriba Darien, todo está bien - el pelinegro tomó su mano y se levantó ignorando a su hermano, a su padre y a su madre y hermana que acababan de aparecer en la puerta, abrazó fraternalmente a su guardián.

- dime que Serena nunca sabrá esto - la voz de Darien ahora estaba quebrada, luchaba por no dejar escapar ni una sola lágrima.

- Demasiado tarde - soltó el abrazo y tomando por los hombros a Darien lo miró directo a los ojos - Escuchó el disparo por celular, les di orden de seguir su rumbo, pero algo me dice que estarán acá dentro de pocos minutos...

- Hijo! - Luna corrió hacia los dos hombres y abrazó con fuerza a su hijo mayor - estás bien? - lo soltó y lo miraba de arriba a abajo buscando alguna herida.

- Si mamá - la abrazó con cariño - entremos, necesito un vaso de agua fría - abrazando a su madre caminó hacia la puerta de la casa, seguidos de Seiya.

- Darien, recapacita... - Artemis intentó hablarle a su hijo pero el pelinegro siguió derecho.

- Señor, disculpe, pero tiene una idea errada en la mente - Malachite habló en cuanto desaparecieron los demás Chiba - Serena no es la mala acá - recogió con un pañuelo el arma de Zafiro que había quedado tirada en el suelo - buscaré algo con que limpiar acá, permiso - Malachite entró a la casa dejando a Artemis solo.

Mientras dentro de la casa Darien se reponía del susto, en el escarabajo Serena lloraba inconsolablemente.

- Jedite, llévanos a la casa de Darien, Serena tiene que verlo bien - Sammy, aún abrazando a su hermana levantó la voz.

- Pero...

- Ya que - Nicolas, resignado le habló a su empleado y amigo - Conduce a la casa de Darien, tal vez él pueda calmarla - volteó a mirar a su amiga pero aún estaba escondida llorando en el pecho de Sammy.

En la sala de los Chiba, Darien bebía un baso de agua. A cada uno de sus lados, su hermana y su mamá lo miraban y acompañaban. En la puerta, estaba recostado Malachite y frente al pelinegro, Artemis y Seiya estaban de pie frente al gran sofá. El más joven miraba a su hermano, madre y hermana sin saber qué decir, mientras el platinado movía insistentemente un pie pensando en qué frase decir primero.

- Darien - el hombre de largos cabellos plata y con rostro impaciente logró romper el silencio - Entiendo que Serena sea una víctima, pero hijo, solo quiero proteger a mi familia, mira lo que estuvo a punto de suceder de no ser por... - la indecisión se podía palpar en la voz del hombre.

- Malachite papá, se llama Malachite - Darien aún enfadado con su padre respondió sin mirarle - Y así me quieras alejar de ella, ya estoy metido hasta el fondo, ese hombre cree que yo le gané la virginidad de Serena, esté o no esté con ella, me considera su enemigo.

- A buena hora te enamoraste Darien! - soltó frustrado el hombre - Ahora qué debemos hacer?

- Nada Señor - Malachite se acercó - déjelo todo en nuestras manos... - el fuerte sonido del escarabajo interrumpió al guardaespaldas.

- Y acá está la culpable! - Artemis siguió destilando su veneno mientras Darien se paraba corriendo hasta la puerta.

- Cálmate Artemis! - Luna lo enfrentó por fin - Serena y Sammy son como nuestros hijos, no los vamos a tratar así...

En las afueras, Nick salía del auto dándole espacio a Sammy que llevaba abrazada a Serena. Al sentir el suelo bajos sus pies, la rubia por fin alzó la mirada para encontrarla con la azul zafiro de Darien. Solo bastaron unos segundos para que ella saliera a correr y se lanzara a los fuertes brazos de su caballero.

El abrazo se prolongó por unos diez minutos. El resto de personas entraron en la casa dejándolos solos. Serena lloraba en el pecho de Darien y el pelinegro sollozaba en los dorados cabellos de su novia.

- Aún crees que hacerle la vida imposible a esa niña es lo mejor Artemis? - Luna veía por la ventana y le mostraba a su esposo la tierna imagen - Cuándo habías visto a tu hijo así?

- Ya mujer, ya entendí - el hombre se sentó en uno de los sofás - Necesito algo fuerte...

- Ya te sirvo algo papá - Seiya se levantó directo al pequeño bar - alguien quiere algo? - preguntó aún nervioso a los presentes.

- No, gracias Seiya - Nicolas se limitó a responder.

Afuera, Darien mantenía a Serena en sus brazos. Por fin se habían calmado los dos Y ahora solo respiraban con dificultad.

- Ya pasó todo princesa - Darien le dio un beso en los cabellos a Serena - Estoy bien mi vida...

- No quiero perderte - la rubia hablaba aún con el rostro escondido - perdóname por meterte en esto, ves porqué no podía salir con nadie?

- Hermosa, no digas eso, no me vas a perder y fui yo quien me empeñé en hacer parte de tu vida - levantó el rostro húmedo de su novia y atrapando ese par de ojos azules, siguió con tu idea - No me arrepiento de nada Serena, y no me voy a alejar de ti aunque Artemis se pare en las pestañas...

- Qué pasó con tu padre? - sorprendida, Serena lo interrumpió.

- Digamos que está muy preocupado por mi seguridad y eso lo tiene de mal genio - le dijo simulando una sonrisa - Presentarles a Malachite no fue una buena idea.

- Lo siento - arrepentida y sin saber qué más decir solo se abrazó a él.

- No te preocupes mi vida - le dio un beso en los cabellos - Y tu señorita - la alejó un poco para mirarla al rostro - deberías estar cumpliendo una cita con tus padres, o me equivoco?

- Si, pero tenía que ver que estabas bien - se empinó y depositó un suave beso en los labios del apuesto pelinegro.

- Quieres que acompañe? - acariciando el rostro de Serena con delicadeza, Darien no quería separarse un segundo de ella, no después de haber estado al borde de la muerte y de no verla nunca más.

- Tu padre...

- Mi padre nada - tomó la mano de Serena y abrió la puerta.

Al entrar, todos los miraban. Luna, Hotaru y Seiya con ternura. Nicolas, Sammy y los dos guardaespaldas, preocupados y Artemis, entre enfadado y arrepentido.

- Voy a cambiarme - anunció Darien a todos sin soltar a Serena - cuando esté listo, iremos a visitar a los señores Tsukino - sin decir más, subió las escalareas llevando a Serena con el.

Media hora más tarde y después de una despedida seca, Nicolas, Sammy, Hotaru, Darien y los dos gorilas, salían de la casa Chiba camino al cementerio. Esa misma noche, Artemis Chiba visitó la casa Tsukino y, avergonzado, se disculpó con Serena, Darien y Malachite.

No era que Artemis tuviera una mala intensión, solo amaba a su familia y quería lo mejor para ellos. Pero por fin había comprendido que Serena y su hermano eran ya parte del clan Chiba y quisiera o no, tenía que apoyarlos y protegerlos, como lo hacía con sus tres hijos e incluso, con Rei, la prometida de Seiya.

Después de una larga conversación que incluyó a Richard y a su jefe, todos acordaron adelantar un poco el viaje a las montañas. Todo estaba listo, y solo serían unos cuatro días antes de lo previsto. Las emociones estaban en un punto muy alto, y todos necesitaban descanso, un momento para olvidarse de Diamante, sus hermanos, sus amenazas y sus atentados.

Ahora, el extenso grupo viajaba en una caravana de cautos por las carreteras de Japón. Darien y Serena viajaban en el deportivo, en compañía de Malachite, Jedite y Lita. Sammy, Hotaru, Nicolas, Amy y Richard, viajaban en el escarabajo. Artemis, Luna, Rei y Seiya, en el auto del doctor Chiba. Haruka, Mina, Andrew, Michiru y Unazuki, viajaban en el auto de Haruka.

Unas ocho horas de viaje después, los cuatro autos subían por un camino empedrado que se había abierto después de pasar una verja de hierro forjado que exponía en letras plateadas "Milenio de Plata". La nieve alrededor les daba la bienvenida cubriendo cada rincón del bosque que, en otra época del año, debería ser verde.

Al final del sendero, una enorme mansión con paneles en madera, techos en barro y grandes cristales se abría ante ellos. Por la chimenea salía una suave cortina de humo y un enorme y peludo perro se sentaba en la puerta de la entrada a mirar cómo se aparcaban los autos.

Una mujer alta, bien vestida de cabellos largos y verde y una elegancia sobresaliente, estaba de pie al lado del San Bernardo que babeaba meneando la cola.

Serena se lanzó del auto tan pronto se detuvo. Bajo la mirada de todos los que apenas estaban deteniéndose, se postró de rodillas frente al enorme animal. El reencuentro era de admirar. El perro se abrazó a la rubia, meneaba la cola y jadeaba mientras Serena le sobaba la cabeza y el lomo.

- Guardian! - Sammy se bajó del escarabajo y llamó al perro que inmediatamente soltó a Serena y corrió hacia el rubio que terminó tirado sobre la nueve y con un can del tamaño de un oso encima lamiendo su rostro.

- Tía Set! - Serena abrazó a la mujer que la miraba con cariño.

- Hola princesa - la mujer alejó un poco a su sobrina y la miró de arriba a abajo - Pero que linda te haz puesto en este tiempo.

- Gracias! - abrazó a la mujer pero fue apartada inmediatamente por Mina.

- Tia Setsuna! - el grito de la rubia sorprendió a la familia Chiba, Rei, Lita, Amy, Adrew y Unazuki, que creían que los primos Aino no tenían más familia.

- Mi niña - abrazó con fuerza a la escandalosa rubia hasta que Haruka llegó hasta ellos - Hola mi niño - le dio un tierno beso en la mejilla - que bueno verlos a todos tan grandes y tan apuestos aunque Sammy, como siempre, prefiere a Guardian que a mi.

- Perdona tía Set - el rubia seguía en el suelo y la corte de invitados miraban entre divertidos y sorprendidos - te ves bien! - le alzó un pulgar y como si fuera un niño de nuevo, siguió revolcándose con el perro en el suelo.

- Tía, tenemos invitados que presentarte - Serena interrumpió y cogió a la peliverde de la mano acercándola al grupo de personas que ya tenían las maletas en el suelo - Ellos son la familia Chiba - comenzó por sus suegros - Luna y Artemis, Seiya, Hotar, la novia de Sammy - hablaba mientras señalaba a cada uno y cada interpelado hacía un saludo cortés - y Darien, mi novio.

- Mucho gusto - Darien dio un paso al frente y extendió la mano para estrecharla con la hermosa mujer.

- Igualmente - la mujer hizo una corta reverencia antes de ser halada por Serena.

- Ellas son mis amigas - empezó con las cuatro chicas que estaban juntas - Rei, la novia de Seiya... - la primera señalada se sonrojó - Lita, Michiru y su hermana Amy, las novias de Haruka y Richard.

- Si que han crecido mis niños - se rió la mujer antes de seguir con las presentaciones.

- Mi jefe y novio de Mina, Andrew, y su hermana menor, Unazuki - señaló a los dos hermanos - Y al resto ya los conoces - señaló finalmente a Richard, Jedite, Nicolas y Malachite - Chicos, ella es nuestra tía Setsuna Meio - Serena le habló a sus invitados - y antes de que pregunten, no es tía de sangre, era la mejor amiga de nuestras madres y vive en esta casa desde que ellas se fueron a Tokio, esta era la casa de nuestros abuelos maternos y Setsuna los cuidó hasta que murieron - señaló la casa a sus espaldas - bienvenidos a la mansión Aino.

- Bienvenidos todos - la voz formal de Setsuna se escuchó sobre los sonidos de Sammy y el perro - y gracias por cuidar y acompañar a mis niños, yo no puedo dejar la casa sola para estar con ellos - abrió la puerta y se hizo a un lado - Pero entren, no quiero que se resfríen les voy a mostrar sus habitaciones.

Después de acomodar a los huéspedes, las habitaciones quedaron colmadas. En la que pertenecía a los señores Tenou, estaban ahora instalados los señores Chiba. En la que pertenecía a los Tsukino, estaban instalados Darien y Serena. En la habitación que era de Serena, quedaron Hotaru, Lita y Unazuki. En la de Sammy, quedó su dueño, acompañado por Nicolas, Jedite y Malachite. Haruka estaba compartiendo su cuarto con Michiru y Mina el suyo con Andrew. Rei y Seiya quedaron en una de tres habitaciones para visitas, al igual que Amy y Richard.

Todos descansaban tranquilamente del cansino viaje. En una enorme habitación, Serena dormitaba sobre la cama matrimonial que perteneció a sus padres. Darien llevaba unos cuantos minutos en la ducha. La noche ya se acercaba y un golpe en la puerta terminó de despertar a la rubia.

- Serena, cielo... - la voz de Setsuna se escuchaba desde el otro lado de la puerta - la cena estará lista en media hora, las cosas de navidad están listas para que las pongamos juntos después...

- Gracias Set - Serena se levantó fregándose los ojos y caminó a la puerta hasta abrirla - Tía, aún está guardado acá el joyero de soltera de mi madre?

- Lo tengo guardado en mi habitación - respondió la mujer confundida.

- En ese joyero está guardada una sortija de mi abuela Selene - dijo suavemente la rubia para que Darien no la escuchara - es de oro y tiene una rosa grabada.

- Si, se cuál es, pero para qué la quieres? - Serena y Haruka le pidieron a Setsuna, años atrás que guardara y cuidara las cosas de sus madres y su abuela. No querían tener esas pertenencias con ellos, por eso la petición le extrañaba.

- No digas nada, pero creo que Sammy le dará un buen uso en un par de años - dijo revisando que Darien aún estuviera en el baño.

La peliverde sonrió con complicidad y se retiró depositando un tierno beso en la frente de la hija de una de sus mejores amigas. Para Setsuna la muerte de las hermanas Aino había sido una desgracia. Pero, aunque viviera lejos, sabía que sus amigas le habían dejado el regalo que nunca podría alcanzar: cuatro hijos cariñosos y llenos de amor.

Su vida siempre se fue muy solitaria. Creció en un orfanato de monjas. Al cumplir la mayoría de edad, Selene, una docente voluntaria del orfanato la llevó a su casa y la trató como si fuera una de sus hijas. Ikuko y Ritsuko la acogieron rápidamente y se volvieron inseparables, o bueno, solo hasta que cada una hizo su vida al lado del hombre que amaba. Pero Setsuna se quedó al lado de la pareja que la acogió hasta que fallecieron.

Nunca se casó, nunca tuvo hijos, bueno, a menos que Guardian se considerara como uno. Se convirtió en una excelente diseñadora de modas y una voluntaria más del orfanato donde creció.

- Princesa - Darien salió del baño sin camisa, vistiendo unos jeans oscuros y secando aún su oscuro cabello con la toalla - hablabas con alguien o fue solo mi impresión?.

- Eh... Setsuna... - los ojos de Serena no podían apartarse de la figura aún húmeda frente a ella. Nunca pensó que vería a algún hombre con deseo, pero lo estaba haciendo. Tragó saliva - en media hora estará la cena - sin ser consciente de sus actos caminó hasta el hombre que la miraba con ternura. Amarró sus brazos por el cuello de Darien y aprisionó los labios del moreno en un mordaz beso.

Darien, sorprendido, solo se limitó a gozar del arranque desenfrenado de su princesa. La abrazó por la espalda para pegarla más a su cuerpo. Recorrió la curva de la cintura de la rubia y subió una de sus manos para enterrarla en el rubio cabello y evitar que el beso terminara.

Para Darien todo eso era nuevo. Tanto que se contuvo con Serena, tanto que controlaba sus deseos de recorrer su cuerpo. Sentía el dulce néctar de los labios de Serena en los suyos. Las delicadas manos de la rubia, recorrer su espalda y agarrar sus cabellos.

Con decisión, el moreno profundizó el beso. Apretó a Serena tanto como podía, introdujo su lengua para explorar cada rincón de esa boca que lo enloquecía. Tomando valor, condujo a Serena hasta la cama y con suavidad, acostó a su novia quedando sobre ella. Sin romper el beso, Darien se dio a la tarea de recorrer con sus manos ese cuerpo que ya había visto tantas veces en ropa interior.

Como si fuera una pluma , Darien comenzó su recorrido por los muslos de Serena. Con delicadeza siguió por sus caderas, cintura y abdomen. Recorrió los pechos de su rubia casi como si fuera a romperse y terminó por acariciar ese tierno y hermoso rostro que esperaba ver a su lado el resto de su vida.

Serena solo se entregaba a las caricias. Dejaba salir de su garganta uno que otro gemido de placer mientras Darien leía su cuerpo. No le importaba nada, no existía nada, solo eran ellos dos y su amor. Había aprendido a amar a Darien sin temores, sin restricciones, sin pensar en su pasado, sin nada más importante que el sentimiento que nacía de sus corazones.

Las caricias y los besos se intensificaban cada vez más. La entrepierna de Darien aclamaba a gritos saciar su deseo y Serena lo sentía complacida. Llevado por el deseo y el amor, Darien le quitó con cuidado la camisa a Serena, dejándola solo en sostén y jean. Se dio unos minutos para admirar la blanca piel y acarició las dos montañas que sobresalían subiendo y bajando por la respiración agitada de Su amada. Llevó sus labios a los de ella y comenzó un recorrido con ellos por la delicada mandíbula, el dulce cuello y el apetecible pecho.

Los gemidos de placer de Serena solo alentaban a su caballero a seguir adelante. Era la primera vez en su vida que sentía una inmensa necesidad de por un hombre. La primera vez que se entregaba tanto. La primera vez que quería continuar.

Sin abrir los ojos, Serena abrazaba a Darien mientras sentía los ávidos labios recorrerla. El mundo entero había desaparecido. La cena se había olvidado y la cama de los señores Tsukino, de repente, parecía el más perfecto escenario. Bueno, hasta que una voz proveniente de la puerta hizo que ambos abrieran los ojos y se miraran mutuamente.

- Serena, Darien, todos están abajo esperando por ustedes para cenar - un muy prudente Malachite hablaba mientras daba tres golpecitos en la puerta de madera.

- Ya vamos Mal - Darien contestó sin quitar la mirada de su amada e intentando contener su agitada respiración - Serena aún está en el baño, vamos en cinco minutos.

- Está bien, les diré a todos - se sintieron los pasos del platinado alejándose.

- Vamos princesa - sonriendo como un tonto le dio un beso más en los labios y le entregó la camisa que le había quitado - Vístete para que podamos cenar.

- Dar... - la rubia se sentó en la cama y pensaba hablar mientras se ponía la camisa pero fue interrumpida.

- Tranquila mi vida - Darien hablaba mientras sacaba una camiseta del armario - lego se la cobro a Malachite - se volteó a la cama aun sin ponerse la camisa.

- Vas a necesitar otra ducha cielo - Serena reía al ver que a Darien aún se le notaba una fuerte erección.

- Está muy graciosa princesita - la miró con falso enojo - Y como no hay tiempo, déjame refrescarme un poco y salimos - le dio un apasionado beso en los labios y entró al baño cerrando la puerta - Preciosa, me buscas unos zapatos? No debo bajar descalzo, no sería de muy buen gusto - dijo divertido.

- En qué está pensando doctor Chiba? - preguntóla rubia mientras buscaba unos descansados tenis para ambos.

- No quieres saberlo o le quedaremos mal a todos - dijo el pelinegro aún desde el baño.

- Solo sal de ese baño pronto cielo, no quiero tener a Setsuna acá en dos minutos - la rubia estaba sentada en el suelo poniéndose los zapatos.

- Ya amor - bien peinado, vestido y sin señas del calor que sentía un momento atrás, Darien salió por la puerta y soltó una carcajada al ver a Serena en el suelo - Qué haces hermosa?

- Me pongo los zapatos, no ves? - la pregunta la enfadó un poco. Tomó los de Darien y se los lanzó - mira los tuyos.

- Lo siento linda, pero es primera vez que te veo haciéndote ochos para ponerte un par de zapatos...

- No digas nada Darien - lo miró de reojo mientras ataba sus cordones - tu pudiste refrescarte, yo aún estoy... - De la nada, Darien se lanzó sobre ella atrapándola entre el suelo y su cuerpo.

- Estás que? - la miró insinuante.

- Bájate! - Serena pataleaba entre risas - Darien nos esperan, bájate!

- Te quiero preciosa - mirando fijamente a Serena a los ojos depositó un casto beso en los rosados labios.

- Y yo a ti mi cielo - el tiempo volvía a detenerse pero un perro enorme entró por la puerta y se lanzó sobre Darien buscando juego.

- Ahhhhhhh quién dejó entrar al oso? - Darien no tuvo más que soltar a su novia y luchar con Guardian para calmarle la alegría.

- No es un oso, es un perro Darien - Sammy, recostado en la puerta intentaba contener su risa - la tía Setsuna me pidió llevarlos así fuera cargados, pero no esperaba verlos en ensayos de mis sobrinos, que por cierto, quiero tres - el último comentario hizo que Serena, aún en el piso, se sonrojara al más no poder - Ven Guardian! - por fin el perro soltó a Darien.

- Gracias cuñadito - soltó Darien mientras ayudaba a Serena a levantarse - pero agradecería que en la próxima tocaras a la puerta y no enviaras al oso baboso sobre mi - acomodó un poco la ropa de Serena - Ya linda, tu hermano no vio nada...

- No vi nada? - Sammy halaba sobre actuado - casi vi la cabeza de mis tres sobrinos...

- SAMUEL TSUKINO AINO - el grito de Serena se escuchó en toda la mansión y Sammy solo pudo salir corriendo - De esta no te escapas - y emprendió la carrera detrás de su hermano, seguida por Guardian y un muy divertido Darien que caminaba entre carcajadas.

- Tía! Serena me quiere matar! - Sammy corrió por el comedor donde Setsuna, Mina, Haruka, Richard, Nicolas, Jedite y Amy reían por la escena. Los demás miraban extrañados.

- Samuel Tsukino - ahora era Serena la que hacía su aparición en el extremo contrario de Sammy - Ni la tía Setsuna te va a salvar esta vez.

- Cinco billetes a Serena - Mina se levantó de la mesa y puso los billetes en frente de ella.

- Cinco a Sammy - Haruka imitó a su hermana.

- Le voy diez a la princesa - Nicolas se sumó.

- Diez a Samuel - Ahora Richard se levantaba mientras Luna miraba a todos sin entender.

- Darien amarra a esa fiera! - Sammy intentó convencer a su cuñado cuando lo vio entrar acompañado de Guardian.

- Te lo mereces - buscó en sus bolsillos - le voy diez a Serena - puso el dinero frente al de los demás.

- Alguien me explica... - Artemis entre divertido y confundido intentó hablar pero una muy divertida Setsuna lo interrumpió.

- Cinco, cuatro, tres, dos... - la mujer contaba suavemente - uno...

Sorpresivamente, Serena rodeó la mesa con agilidad. Sammy huyó hacia la sala y bajo la mirada sorprendida de la familia Chiba, la rubia salió como una gacela sobrepasando mesas y sofás. Detrás de ella, todos los que no habían visto una escena de ese tipo, estaban viendo como Serena trepaba el último sofá y se lanzaba sobre Sammy cayendo los dos en el suelo.

- No vuelvas a decir esas cosas! - emprendió un ataque de cosquillas a Sammy - Y respeta a tu hermana mayor!

- Ya, ya! - entre risas y llorando, Sammy intentaba zafarse - Serena no más!

- Ganamos! - Mina llegaba a la sala abrazada a Nicolas y a Darien por cada brazo - Ya si podemos cenar - miró a sus primos en el suelo - Sere, ya, ayúdalo aparar.

Después de explicar a los que no entendían el suceso que esa era la forma en que Serena reprendía a su hermano, a sus primos y a sus dos amigos, comieron todos en familia y finalizaron la noche decorando la inmensa casa con adornos de navidad, luces de colores y uno que otro regalo de los que ya habían adelantado las compras.

- Juguemos los regalos de navidad! - Mina, como siempre tan animada, se levantó del sofá en el que estaba despatarrada.

- Me uno a la propuesta pero esta vez no cubro los gastos de Guardian - Sammy hablaba mientras sobaba la cabeza del perro con una mano y abrazaba a Hotaru con la otra - la última vez me tocó Darle a Mina y a Serena y casi me arruino.

- Yo cubro al oso - Darien sonrió y miró a sus padres - Anímate papá, va a ser divertido.

- Yo entro - Luna respondió alegre y fue seguida por un coro de personas. El único que faltaba era Artemis.

- Señor Chiba, anímese, mire que así son menos regalos los que debe comprar - Mina con su imprudencia hizo sonreír al hombre que tenía una taza de te en sus manos.

- Está bien, pero no pienso sacar a ese animal - señaló al perro que dormitaba a los pies de su hija y su yerno.

La reunión terminó con el extenso grupo de personas revisando a sus santas secretos y caminando a sus habitaciones, con la promesa de ir a esquiar en la mañana siguiente.

En la habitación, Darien, sentado en la cama, se quitaba los zapatos y revisaba otra vez los dos papeles de su santa secreto y del santa secreto de Guardian. Serena se peinaba el largo cabello en el tocador.

- No podía sacar a dos personas más difíciles - guardó los papelitos en el bolsillo del jean y se acostó boca arriba en la cama - cambiamos preciosa?

- No cielo, esa es la gracia del santa secreto - Serena se levantó y caminó hacia el armario en busca de su pijama.

- Qué haces preciosa? - Darien se levantó de la cama y se paró a la espalda de Serena, abrazándola.

- Busco algo de ropa para dormir - le respondió sin mirarlo.

- ven te ayudo - la apartó del armario para sacar una cómoda pijama de pantalón largo y camisa de tirantes.

Con la misma delicadeza y devoción que lo hacía siempre que compartían la cama, Darien desvistió a su novia y la cubrió con el conjunto café, rosa y blanco que había sacado. Sabía que no debía presionarla en temas sexuales, así que solo se limitó a seguir con lo que su princesa había comenzado. Minutos después, los dos dormían profundamente, entregados en un cálido abrazo.

Los días pasaban rápidamente. La mansión Aino volvía a tener vida después de muchos años. En las mañanas, todos partían a practicar deportes en la nieve. En las tardes, el extenso grupo de personas se separaba para ir de compras, a conocer el pueblo o simplemente a descansar.

La tarde del 23 de diciembre avanzaba. Darien había salido a trotar con Guardian y Malachite. Pasó poco tiempo para que el pelinegro se encariñara con el perro y había llegado a tal punto, que conversaba frecuentemente con el can para saber qué regalarle al santa secreto que había sacado para él, lo malo es que la única respuesta del animal, era un lametazo, una movida de rabo o un jadeo alegre.

Para Malachite, el tiempo que compartía con Darien era ameno. Debía admitir que en tanto tiempo de trabajo como guardaespaldas, nunca se había compenetrado tanto con su protegido. El pelinegro era un buen hombre, atento y alegre. Más de una vez logró quitarle su máscara de dureza y lo había puesto a reír como hacía cuando era niño. Había aprendido a apreciarlo y poco a poco, lo iba considerando más un amigo que una obligación.

En casa solo estaban Setsuna, quien se encontraba en su taller adelantando trabajo; Luna, preparando postres en la cocina para nochebuena; Jedite, que vigilaba a Serena desde la sala; y la rubia que leía tranquilamente un libro en el exterior de la casa, sentada sobre una silla de madera.

- No sabes cuánto me gusta verte así Serena - Setsuna llegó sorpresivamente a la misma silla y se sentó al lado de su sobrina - Ya era hora de que dejaras todo atrás y Darien es un gran joven.

- No ha sido fácil tía - la rubia bajó el libro que estaba leyendo y miró a la mujer que tenía a su lado - y todo no ha acabado aún...

- Si, lo se - dijo abrazando a su sobrina - lo sospeché desde que vi que Jedite y Malachite no estaba cuidando a Nicolas sino a ti y a Darien - apretó un poco a Serena - Las cosas están más graves de lo que parecen, verdad?

- No quisiera preocuparte...

- Mi niña, sabes que lo haré quieras o no - le dio un tierno beso en los cabellos - ustedes son lo único que tengo en la vida.

- No empieces Set - Serena la abrazó con cariño - Ya te hemos pedido mucho que te vayas con nosotros a Tokio para no estar sola - Serena cambió el tema para no preocupar más a su tía.

- Alguien debe cuidar la casa pequeña - dijo riendo la peliverde - y Guardian es feliz en la nieve.

- Y yo que pensaba pedirte que te fueras a casa con Sammy y conmigo para ayudarme en la cocina...

- Regresaron a casa? - sorprendida, Setsuna apartó a Serena y se quedó mirándola.

- Si, volvimos a casa, aunque ahora hospedamos a Nick y Jedite - respondió tranquilamente la rubia.

- Eso me alegra - la abrazó con cariño - prometo que voy a considerar el irme con ustedes, eres un desastre en la cocina y me da pesar de Sammy...

- No seas mala, hago mi mejor esfuerzo...

- Pero es mi niño quien cocina - la miró con picardía - o no?

- Ehm... - la rubia se sonrojó provocando una fuerte risa en su tía.

El enorme perro apareció de la nada y se lanzó sobre las dos mujeres para saludarlas alegremente.

- Guardian! - Serena agarró al animal y se tiró con él en la nieve a jugar.

- Es adorable - Darien y Malachite se habían detenido a una prudente distancia y el pelinegro habló mientras veía a su novia jugar con el inmenso animal.

- Si... - inconscientemente Malachite respondió pero mirando a Setsuna, cosa que no pasó desapercibida para Darien.

- Si, también es linda - agregó el pelinegro haciendo sonrojar a Malachite - y está soltera...

- Darien, no digas tonterías - Malachite emprendió el camino hasta la casa - voy a ducharme...

- Como quieras Mal - le respondio Darien divertido mientras caminaba hacia las dos mujeres - Qué tal el trabajo Setsuna?

- Bien, gracias por preguntar cariño - esas palabras y la forma de tratarlo le recordaba todos los días que la dulzura de Serena venía de su familia. Recibió un tierno beso en la mejilla - Qué tal se porta Guardian?

- Bien, baboso y enérgico - miró a su novia jugando con el perro - ven Guardian! - llamó al enorme can que por fin soltó a Serena dejándola despeinada y risueña sobre la nieve - Hola preciosa - se acercó y le tendió la mano para ayudarla a parar - necesito que me acompañes a comprar algo, vamos a organizarnos? - le dijo mientras intentaba peinar un poco la maraña dorada de cabello.

- Si - se empinó depositando un beso en los labios de su príncipe - yo también debo ir de compras - y saltando entró alegre a la casa dejando a su tía, perro y novio afuera riendo.

- Gracias Darien - Habló la peliverde - me devolviste a mi niña...

- La amo - le confesó a la mujer parada a su lado - solo quiero verla bien y feliz...

- Eso fue lo que me la devolvió - los dos miraban la puerta por donde había entrado la rubia - el que alguien la amara sin condiciones.

- Es difícil no hacerlo - miró a Setsuna - y si me disculpa, debo ir a comprar los regalos de mi santa secreto y del de Guardian - dijo riendo.

- Me gustan los chocolates, las carteras y los zapatos - le dijo giñándole el ojo.

- Lo tendré presente- le devolvió el guiño y entró en la casa.

En la habitación, Serena ya estaba en la ducha y había dejado la puerta abierta por lo que el valor del agua caliente llenaba la habitación. Darien entró y no pudo evitar sonreír al escuchar a Serena tararear una canción desde la ducha.

- Linda, quieres cocinarme al vapor? - Soltó en voz alta el peligero para que Serena escuchara.

- Lo siento cielo - gritó desde dentro - cierra la puerta...

- No te preocupes hermosa - se acercó a la puerta del baño con deseos de ver en su interior pero se contuvo - solo no tardes mucho - se quitó la chaqueta y la camiseta que llevaba puestas y se recostó en la cama para esperar su turno en el baño.

Estaba quedándose dormido cuando la imagen de Serena lo dejó sin aliento. La rubia se acercaba a él envuelta en una pequeña y blanca toalla que le cubría solo lo necesario. Su figura marcada luchaba por salir de la tela pero ella se aferraba a la pequeña prenda con celo. Era la primera vez que la veía así y el pensar que debajo no tenía nada, lo volvía loco

- Darien que te puedes bañar ya para yo vestirme! - le gritó entre divertida y avergonzada.

- Lo siento princesa, me quedé dormido - se levantó y con delicadeza se acercó a ella dejando un tierno beso en los dulces labios - te ves preciosa así - le soltó en el oído y entró al baño cerrando la puerta tras él. Necesitaba algo de privacidad. - Me vuelves loco Serena - susurró al recostarse en una de las paredes del baño.

Media hora más tarde, iban Serena, Darien, Malachite y Jedite en el deportivo rojo por las calles de la pequeña ciudad. Compraron los regalos y regresaron a la mansión donde ya todos estaban reunidos para la cena.

Para desgracia de muchos, el tiempo pasaba rápido y el viaje terminaba. Para Darien era cada vez más difícil controlar sus deseos. Más de una semana compartiendo cama con Serena, ayudarle a ponerse la pijama cada noche y verla contonearse por el cuarto eran solo una bomba de tiempo.

Serena, por su parte, aún luchaba con sus instintos de mujer y con los fantasmas de su cabeza. Quería dar rienda suelta a todo lo que sentía en su interior, a las sensaciones en su vientre cuando Darien la besaba, a la humedad de su intimidada cuando las caricias tomaban más fuerza y los besos se hacían más fieros, pero no podía, no aún. Solo si no los hubieran interrumpido ese primer día, tal vez ahora sería diferente. Pero no, no era así y ella cada vez se confundía más.

Otro que estaba sufriendo era Malachite. No quería alejarse de la mujer que ocupaba sus pensamientos. Con su trabajo era difícil enredarse en una relación sentimental, pero Setsuna había roto todo lo que había construido hasta el momento. Quería conocerla más, pasear con ella, pero estaba primero su obligación.

Para Setsuna la situación no era indiferente. El apuesto guardaespaldas le movía el piso, y de que manera. Le gustaba que la mirara y le sonriera de forma tímida. Y desde ya estaba planeando aceptar la invitación de su sobrina, aunque tuviera que esperar un tiempo mientras ordenaba todo y trasladaba sus talleres a la capital.

El viaje había servido para que todos descansaran, se relajaran y se conocieran más. Pero la fecha de partida estaba puesta y solo les quedaba hasta el año nuevo para disfrutar la la desconexión del mundo real que habían tenido.


Bueno, disculpen si no he respondido a sus mensajes, pero me concentré en estos capítulos y no he sacado el tiempo, pero seguro lo haré...

Espero que hayan respirado por fin. Este y el siguiente capítulo los voy a dejar descansar de tanta intensidad...

Gracias por todo su apoyo... Besoso!

Sophie