Wolas xiquiss!
Hoy he estado a punto de no actualizar, como habéis visto... pero aquí estoy! NO contestaré a los reviews porque estoy demasiado estresada, me duele la cabeza y acabo de acabar un trabajo y tengo la cabeza como un bombo.. Im so sorry! A parte el cap no es de lo más alegre del mundo, aviso que puede herir sensibilidades...
Mañana también me ausentaré... T-T
Besos!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 11 – Daddies and Dobby! (¡Papás y Dobby!)
- Hola, señor Malfoy. – saludó Harry agarrando su varita con fuerza y con la mandíbula apretada. Los ojos de Draco se habían ensanchado de miedo, Hermione le había agarrado en brazos, poniéndole la túnica sobre la cabeza en un intento de ocultar el impactante pelo rubio de Draco, ya que al parecer Lucius todavía no lo había visto.
Ginny le puso una mano sobre la boca a Pansy y la puso detrás de sus piernas. Blaise y Neville, sintiendo que algo iba mal, también sacaron sus varitas.
- Buenos días para ti, Potter. Confío en que sea otro de esos fines de semana de Hogsmeade y tú y tus amigos no estéis saliendo a hurtadillas del colegio como es usual, ¿no?
- Lo es. – le contestó Harry llanamente - ¿Puedo preguntar qué está haciendo aquí?
- Eso no es asunto suyo, Potter. Pero si pudiera preguntar… ¿has visto a mi hijo en algún sitio? No me ha escrito en lo que va de curso y estoy empezando a sentirme un poco preocupado. – Harry detectó un destello de malicia en los ojos plateados del hombre y sintió como un escalofrió le atravesaba.
- No, no lo he visto en todo el día.
Los fríos ojos de Lucius recorrieron de arriba abajo a Harry y a Hermione, pasando después al niño que tenía en sus brazos. Volvió a levantar la mirada, encontrándose a Potter frente a la chica de manera protectora.
- ¿Y quién es el niño?
- No es asunto tuyo. – gruñó Harry.
Fue en ese momento, que una ráfaga de viento optó por soplar y la capucha negra que tapaba la cabeza de Draco se desprendió, revelando el pelo rubio casi plateado, muy distintivo de los Malfoy. Los ojos de Lucius se abrieron desmesuradamente.
- ¿Qué significa esto? – preguntó, con los ojos ardiendo y fijos en Hermione.
- El pr-profesor Dumbledore nos… él… - la chica había perdido el habla, no sabía cómo explicarle el trabajo sin decir nada que confundiera a los niños. Aunque Lucius estaba verdaderamente furioso, como si no hubiera permitido a Draco que visitara Hogwarts, como le había dicho Hermione el primer día y eso le había desconcertado aún más.
- No puedo creerlo. – murmuró Lucius – Mi hijo, con Potter y la sangre sucia. ¿Cómo ha podido pasar esto?
- ¡No la llames así! – protestó Draco, girando la cabeza de la túnica de Hermione y mirando a su padre, a pesar de que todavía estuviera terriblemente asustado – Ella tiene magia dentro… como todos los que estamos aquí.
- ¿Qué acabas de decir? – preguntó Lucius entre dientes, sacando su propia varita y apuntando a Draco. Harry se puso frente a Draco y Hermione, con sus ojos esmeraldas brillando de rabia.
- No te atrevas hacer algo de lo que luego vayas a arrepentirte.
- No te preocupes, Potter. – sonrió Lucius – Nunca me arrepiento de nada. – un hechizo aturdidor salió del extremo de la varita del hombre, seguido de una pequeña explosión que otro hechizo causó al golpear el suelo provocando que olas de tierra se levantaran en el aire, cegándolos momentáneamente a todos.
Hermione sintió como Draco era arrancado de sus brazos, escuchando sus suaves gritos amortiguados por las maldiciones de Blaise mientras intentaba salir de esa niebla.
- ¡DRACO! – gritó, intentado alcanzar la túnica del niño. Después de eso, todo lo que vio fue una luz roja que venía con exceso de velocidad hacia ella antes de que todo se volviera negro.
Lucius puso una mano sobre la boca de su hijo, saliendo de todo el caos creado, antes de desaparecerse de allí mientras Draco seguía luchando entre sus brazos. Segundos más tarde, los dos aparecieron dentro del bosque que bordeaba Hogsmeade. El rostro del señor Malfoy estaba lívido, mientras lanzaba a Draco al suelo, quien estaba temblando de miedo.
- ¿Qué crees que estás haciendo? – gruñó, observado al chico, que estaba acurrucado hecho un ovillo en el suelo del bosque.
- Hermione dijo que el profesor Dumbledore ya te lo había contado todo. – sollozó Draco – Me dijo que no me iba a meter en problemas.
- Bueno, pues estas metido en problemas mocoso. ¿Qué crees que estás haciendo con una sangre sucia? ¡No deben asociarte con ella de ninguna manera! ¿Me entiendes? ¿O QUÉ? – rugió, cuando notó que Draco continuaba en silencio.
- Hermione es buena. – susurró Draco – Y me gusta… más que tú.
Un segundo después, Draco había dejado su sitio en el suelo y estaba flotando, antes de volar hasta chocar contra un árbol y deslizarse después del golpe hasta la base del pino.
- Ella no me trata así. – sollozó, presionando más la espalda contra el tronco mientras Lucius se acercaba - ¡Se preocupa por mí!
- ¿Y qué te hace pensar que no me importas? – dijo entre dientes, con los ojos plateados brillantes, antes de levantar su mano y abofetear al niño en la cara - ¿Qué te hace pensar que no me preocupo por ti? – repitió, envolviendo su mano izquierda alrededor del cuello de Draco, levantándolo en el aire.
Draco no contestó, sólo sollozo aún más fuerte, con sus manitas tirando de las de Lucius, intentando liberarse. Con disgusto, el hombre tiró al niño al suelo, la cabeza del niño se golpeó contra el canto de una piedra salida creándole un corte.
- ¿Este es el niño que he criado? - continuó Lucius, al tiempo que pateaba a Draco, haciendo que rodara varios metros por el suelo - ¿Alguien tan débil? ¿Tan débil mentalmente? ¿Eres realmente mi hijo?
- Yo… no quiero… ser… tú hijo… - gimió Draco, sentándose mientras se llevaba una mano a la cabeza y se la miraba, observando el color rojo de la sangre adherida a ella – Nunca has cuidado de mí… Hermione y Harry… ellos sí que lo hacen. ¡Me quieren!
- ¡Lo que dices es mentira! – gruñó Lucius, dándole un golpe con el dorso de la mano en la cara, dejándole una marca rojiza, señal del reciente abuso – No les importas en absoluto, Draco. Sólo me importas a mí.
- ¡No, a ti no! – gritó Draco, poniéndose en pie y retrocediendo - ¡Si te importara no me harías daño!
- ¿Y si a ellos les importaras no estarían aquí en este momento? – Draco dejo de retroceder, abriendo sus ojos de la impresión – Si realmente les importas entonces, ¿dónde están?
- Estamos aquí. – anunció Harry, saliendo de los árboles que habían detrás de Lucius, sacó su varita apuntando al hombre, a la vez que todos levantaban la suya para imitarle. Pansy estaba de pie junto a Hermione, ayudando a la chica a mantenerse en pie, ya que aún parecía un poco inestable – Y si te atreves a tocarle una vez más, te arrepentirás.
- Podemos llamar a las autoridades por maltrato infantil. – dijo Hermione entre dientes, con sus ojos dorados brillando con rabia.
- Lo siento mucho, querida sangre sucia. – se burló Lucius – En el mundo mágico, ese tipo de cosas no son ilegales. Así que no tiene sentido presentar una denuncia… no irá a ningún lado. – en un rápido chasquido, el hombre se desapareció de allí, dejando el espacio que había ocupado completamente vacío.
Harry corrió los metros de bosque que le separaban de Draco, quien estaba sentado en el suelo, con una mano aferrada a su cabeza y la otra en su estómago.
- Oh, Dios mío… - murmuró Harry, agarrando al niño entre sus brazos y acunándolo contra su pecho.
- Has venido… - susurró Draco, mirando a Harry con lágrimas corriendo libremente por sus mejillas.
- Por supuesto que hemos venido… te queremos Draco… sólo siento no haber llegado antes. Fue difícil averiguar dónde habíais aparecido, pero Ginny se sabía un hechizo de localización y pudimos seguirte.
En esos momentos, el grupo ya se había reunido alrededor de ellos, Hermione seguía avanzando por su cuenta. Llegando hasta ellos, le arranco a Draco de los brazos a Harry, abrazándolo, mientras unas gruesas lágrimas resbalaban por su cara.
- Vayamos directos al castillo. - Sugirió Neville en voz baja – Cubre a Draco para que nadie lo vea… si no todos deberemos dar algunas explicaciones.
Harry se quitó la capa, envolviéndola alrededor de Draco, que ahora sollozaba suavemente entre los brazos de Hermione. En un solemne silencio, todos hicieron el camino de vuelta hasta donde estaban esperando los carruajes, Pansy miraba ansiosamente el bulto tembloroso que había en los brazos de Hermione, con los ojos desorbitados de miedo y preocupación.
Se montaron en los carros todavía en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, aunque todos giraban en torno al pequeño Slytherin. Tan pronto como se detuvieron, todos siguieron a Hermione hasta el retrato del bufón.
- ¿Cómo ha ido el viaje? – preguntó Leviculus alegremente, haciendo malabares con unos cuchillos por encima de su cabeza.
- Parvulus. – le contestó Harry en voz baja – Realmente no estamos de humor para hablar ahora mismo, Leviculus… lo siento. – se disculpó, viendo como la cara del bufón se abatía. Con un suspiro, el retrato se abrió y todos se adentraron en la sala, Ginny parpadeó varias veces, ya que ella era la única que todavía no había experimentado la impresionante clase que tenía la "Sala Arco iris" como la había apodado Pansy.
Hermione se sentó en uno de los sofás de color naranja brillante, retirando la capa de Harry del cuerpo de Draco, mientras su ceño se iba profundizando a medida que veía la cantidad de sangre que se adhería a su cabeza.
- No parece demasiado profundo… Harry, ¿puedes ir a buscarme un poco de agua y un trapo del baño? – el chico asintió y se fue hacia el cuarto de baño.
Neville se sentó en uno de los sillones y Blaise en el otro. Ginny se sentó junto a Hermione y Pansy se subió en su regazo. Harry salió unos segundos más tarde, entregándole un cuenco con agua y un trapo a su compañera, quien empezó a frotarle suavemente el corte superficial a Draco.
- Hecho. – dijo a los pocos minutos, dándole a Draco un beso en la frente, lejos del corte - ¿Te duele algo más?
Draco sacudió suavemente la cabeza, pero los moretones de alrededor del cuello y los que se estaban formando en su cara decían lo contrario. Hermione le dio un suave abrazo, sorprendiéndose cuando Draco se puso rígido e intentó apartarse. Con un suspiro, Hermione se puso en pie, aun con Draco firmemente aferrado entre sus brazos
- Volveremos en unos minutos. – murmuró la chica, dirigiéndose hacia la habitación de Draco.
Los demás estudiantes esperaron, quitándose sus túnicas y capas dejándolas despreocupadamente por el suelo, ya que el fuego de la chimenea les estaba proporcionando el punto de calidez que necesitaban.
- ¿Draco estará bien? – preguntó Pansy, tirando suavemente de la manga de Ginny, su voz retumbó en el silencio.
- Lo estará. – le aseguró Ginny, abrazando a la niña con fuerza – Hermione lo hará lo mejor que pueda.
En ese momento, Hermione y Draco emergieron de la habitación, el niño iba vestido con un pijama verde oscuro que Hermione había comprado ese mismo día para él, un vendaje envolvía su cabeza y una manta roja envolvía su pequeño cuerpo.
- ¿Cuánto está de herido? – preguntó Ginny, dedicándole una triste sonrisa al niño.
- No tan mal como pensaba. – dijo Hermione en voz baja – Tiene algunos moretones en la espalda y el estómago, desde Dios sabe cuándo y algunos en el cuello y en la cara. Y el corte en la cabeza, pero no es demasiado profundo.
- ¿Qué está pasando, Hermione? – le preguntó Neville.
- Una cosa antes de responder a eso… Blaise, ¿es verdad lo que dijo Lucius?
- ¿El qué? – preguntó el Slytherin.
- ¿Que el abuso infantil no es ilegal?
- Es verdad. – suspiró – Míralo de esta manera. La mayoría de la gente asocia a la familia Malfoy con las artes oscuras y con ya-sabes-quien, ¿no? – Hermione asintió – Justo el año pasado, fue detenido en el Ministerio con un puñado de mortífagos, pero ¿dónde está ahora? Caminando por las calles con el resto de magos y brujas.
- Pero le condenaron. – protestó la chica - ¿Por qué no está pudriéndose en Azkaban?
- El nombre de los Malfoy es representativo de dinero y poder. – explicó Blaise – Tan fácilmente puede comprar una sentencia de por vida como puede escapar de los abusos de su hijo. Por lo que al Ministro respecta, podría haber matado a miles de inocentes en su época como mortífago, que aun así quedaría libre. ¿De verdad crees que lo arrestarían por el simple hecho de abusar de su hijo?
- ¡Pero eso no es justo! ¿Qué ha hecho Draco para merecer eso?
- La mayoría de las familias sangre pura mantienen un régimen estricto en cuanto a sus herederos se refiere. Puede ir desde la ignorancia, al abuso, hasta la muerte si están demasiado enfadados. Afortunadamente, si logran matar a sus hijos, son juzgados y enviados lejos por un tiempo al menos.
- ¿Todos los sangre pura? – murmuró Harry con asombro.
- No es cierto. – intervino Ginny – Provengo de una familia sangre pura y nada de eso ha pasado en mi casa. Y a ti igual, ¿verdad Neville?
- Sí… nada de eso me ha pasado nunca.
- La diferencia es que vosotros habéis nacido en un tipo diferente de familia sangre pura. La mayoría de sangre puras están del lado del-que-no-debe-ser-nombrado y eso genera bastantes problemas familiares. Todos y cada uno de los Slytherins son sangre pura y apuesto que la mayoría han tenido problemas similares a los de Draco.
- ¿Y qué pasa contigo? – preguntó Ginny, mirando al chico de piel oscura con preocupación - ¿Tú estás bien?
- Yo soy de los que prácticamente ignoran por completo. – dijo Blaise – Mucho mejor, en mi opinión, que ser atendido y perseguido por todas partes. Se aprende a sobrellevarlo con el tiempo y de momento todo me va bien.
- ¿Y tú? – preguntó Ginny, abrazando a Pansy en su regazo - ¿Tus padres son buenos?
- En realidad no. – murmuró la niña – Mi padre grita mucho, pero nunca me ha golpeado… sólo a mi madre. Mi madre me quiere… me lo dice cada noche cuando me acuesta.
- ¿Tu padre le pega a tu madre? ¿Y no le pueden arrestar por eso? – exigió Hermione.
- No. – dijo Blaise – El matrimonio es una unión eterna entre los sangre pura. Prácticamente la esposa somete su vida a la de su marido y tiene que hacer todo lo que él diga. Se quedan literalmente sin libertad después de pronunciar sus votos. Así que denunciarlo ante el ministerio sería ir en contra de los deseos de su marido, lo que significa que no pueden hacerlo.
- Eso es terrible. –murmuró Hermione, abrazando con más fuerza a Draco.
- ¿Hermione? – dijo Draco en voz baja - ¿Puedo irme a la cama? ¿Por favor?
Sintiendo que el niño quería estar solo asintió y dejó que se deslizara por su regazo.
- ¿Quieres que vaya contigo, Draco? – le preguntó Pansy. Después de un momento de vacilación, Draco asintió y Pansy correteó hacia él, cogiéndole de la mano y llevándolo hasta su habitación, cerrando la puerta con un golpe suave.
- Lo sabía… - dijo Ginny, con una sonrisa triste en sus labios – que Lucius abusaba de él.
- ¿Cómo? – preguntó Harry.
- Cuando llegasteis a la cena el primer día, parecía asustado de ti, Harry. E incluso después, todavía parecías asustarle. Así que una noche, después de que llegarías de San Mungo, le dije que te preocupabas por él y que nunca le harías daño. Al día siguiente antes de que me engañara durante el desayuno, me dijo que tenía razón.
- Así que por eso me dejó estar con él esa noche de tormenta. – reflexionó Harry – Al decirle que estaba bien, algo cambió conmigo ese día.
- ¿Deberíamos decírselo a Dumbledore? – preguntó Blaise – Quiero decir, un Slytherin normalmente no ira a decirle nada, pero ¿deberíamos hacérselo saber? A lo mejor, podría quedarse con Snape durante el verano.
- Se lo preguntaremos a Draco cuando vuela a tener dieciséis años. – dijo Hermione con firmeza – Por lo que sabemos, Lucius no puede hacerle esas cosas con su edad original, por lo que debería estar bien. Me refiero a que él siempre se pavonea de su padre.
- Buen punto… pero podría ser una fachada. Supongo que tendremos que esperar para saberlo, ¿no?
- ¿Sabéis que creo que le animaría? – preguntó Harry - ¿Y si lo llevamos a las cocinas a ver a Dobby? Por lo que ha dicho, parece que le aprecia.
- ¡Buena idea, Harry! – chilló Hermione – Podemos ir todos a por una taza de chocolate caliente… ¿Qué tal si nos reunimos todos aquí a las ocho de la tarde? Nos colamos sigilosamente y después volvemos a la cama antes de que nadie se dé cuenta.
- ¿Acabo de oír que has dicho "colarnos"? – sonrió Blaise - ¿Quién lo habría imaginado? La bruja más inteligente, la santurrona, Hermione Granger, quiere "colarse" en algún sitio. Por mi parte, estoy a su favor. Y no quieres a nadie más en se momento, ¿verdad? – le dijo, guiñándole un ojo.
- Ella ya tiene el ojo puesto en alguien. – sonrió Ginny, lo que le costó un fuerte codazo en las costillas – Pero, es cierto. Aunque no quiere que nadie lo sepa.
- Creo que yo sé quién es. – río Harry - ¿Podría ser…
Rápidamente Hermione le cubrió la boca con una de sus manos.
- No es nadie. – gruñó – Vamos a mantenerlo en secreto, ¿de acuerdo? – Harry asintió en silencio y ella le soltó lentamente.
- Bien, pues voy a por Pansy y nos vemos a las ocho. – dijo Neville, poniéndose en pie.
- ¿Por qué no la dejas aquí? Harry y yo cuidaremos de ella. – dijo Hermione, sonriendo mientras observaba a los niños en la cama. Estaban juntos bajo las mantas, un rastro de lágrimas secas cubría el rostro de Draco y los brazos de Pansy estaban envueltos alrededor de su cuerpo, los dos profundamente dormidos.
- ¿Estas segura?
- Claro. Tenerla al lado podría hacer que Draco se sintiera mejor.
- Bien, entonces. – se alejaron de la puerta y Neville cogió si capa del suelo – Nos vemos esta tarde.
- Nos vemos después. – dijo Ginny, dándole a Harry un beso en la mejilla – Alguien debería explicarle a Dobby lo que está pasando.
- Ahora bajaré y se lo haré saber. – dijo Harry – Volveré en un rato. – dijo pasando un brazo alrededor de los brazos de su novia y saliendo por el retrato, con la cabeza apoyada en su hombro. Hermione se quedó mirando el espacio vació, soltando un suspiro.
Cruzando la sala común, entró en su habitación, cambiándose la ropa que estaba llena de barro y zarzas del bosque. Arrastrando su mochila hasta la cama, arrojó un trozo de pergamino en ella, comenzando a escribir furiosamente, mientras sus ojos escaneaban cada pocos segundos textos de Historia de la magia que tenía frente a ella.
Estaba a punto de comenzar su trabajo de Pociones, cuando oyó el crujido de la puerta abriéndose. Mirando hacia allí, vio a Pansy entrar en su habitación, abrazándose a sí misma.
- Algo le pasa a Draco. – susurró – Está llorando y no se despierta.
Rodando fuera de la cama, Hermione corrió hacia la habitación de Draco, sentándose en el borde de la cama junto al niño.
- Despierta. – le instó, poniéndolo en su regazo y sacudiéndolo suavemente – Vamos, Draco. Es sólo una pesadilla, un mal sueño… sólo un sueño…
Con un jadeo, Draco abrió mucho los ojos, debido al miedo, mirando salvajemente a su alrededor.
- Ya está. – le dijo Hermione, acariciando suavemente su pelo – Estás a salvo. – poco a poco su respiración comenzaba a normalizarse y su cuerpo a relajarse visiblemente.
- Lo siento. – murmuró Draco.
- ¿Qué tienes que sentir? Está bien que tengas miedo de vez en cuando… yo también lo tengo.
Pansy se inclinó y abrazó a su amigo.
- ¿Estás bien, Draco? – susurró y él le dedicó un pequeño asentimiento de cabeza.
- ¿Adivina qué? – le dijo Hermione alegremente, intentando aligerar el estado sombrío del ambiente – Esta tarde todos bajaremos a las cocinas… y tenemos una sorpresa para ti, Draco. Estoy segura de que te gustará.
Pansy miró por encima de hombro de Draco, hacia los sofás de color naranja.
- ¿Dónde están Blaise y Neville? – preguntó.
- Se reunirán con nosotros a las ocho, estabais dormidos y no queríamos despertaros.
- ¿Dónde está Harry? – preguntó Draco.
- En un recado. – dijo la chica evasivamente – Probablemente, volverá dentro de poco con la comida. Debe de saber que estamos hambrientos.
- He vuelto. – dijo Harry, desde el retrato – Y traigo la comida.
- Te lo dije. – sonrió Hermione. Había tenido la sensación de que los elfos no dejarían marcharse a su amigo con las manos vacías y su corazonada había resultado ser cierta. Colocando a Draco en su cadera y cogiendo una de las manitas de Pansy, Hermione salió del dormitorio hacia a sala común.
- Parece riquísimo. – comentó Pansy, sentándose alrededor de la mesa rosa. Acercó su mano para alcanzar un rollito de hojaldre relleno de crema, pero Hermione le dio un suave golpe en la mano.
- Primero un poco de pollo. – le ordenó, dejando frente a cada niño un plato con puré de patatas y un trozo de pollo a la plancha – Después podréis comeros los dulces.
- Entonces, ¿por qué Harry tiene uno en la mano? – dijo Pansy con un puchero.
Harry se quedó inmóvil, con un pedazo de crema resbalando por su barbilla, mientras le dedicaba una tímida sonrisa a Hermione.
- ¡Harry James Potter! ¡No hay dulces antes de cenar! ¡Lo sabes!
- Lo ffse. – dijo Harry mientras tragaba lo que tenía en la boca - ¡Pero es que parecía tan bueno!
- ¿Y quieres que los niños tengan esa actitud en la cena? ¿Qué sólo coman lo que parece que está bueno?
- No…
- ¡Entonces, no lo hagas!
- Está bien, lo entiendo. – gruñó Harry, poniendo las manos frente a su cara para protegerse de la furia de Hermione.
Su atención se volvió hacia los niños, supervisando como comían, intentando ver que no le colaban ningún dulce. Harry, sintiéndose como un perro al que habían castigado, puso mala cara mientras se sentaba en el sillón, lanzándoles miradas matadoras a los dulces que tanto le tentaban.
Después de terminar la comida y el postre, – Harry, muy a su pesar, no había podido coger más – se sentaron frente al fuego de la chimenea dejando que la calidez jugara con sus rostros.
Hermione examinó cuidadosamente los moretones que habían aparecido en la cara y cuello de Draco, mientras le añadía un poco ungüento que reduciría la hinchazón.
- ¿Podrías beberte esto? – le preguntó a Draco, sosteniendo frente a él un vaso que contenía un líquido de un azul oscuro – Es una poción de ocultamiento – le explicó, notando su desconcierto – Si nos encontramos con alguien por los pasillos no quiero que vean esas marcas.
Obedientemente, Draco cogió el vaso y bebió el líquido, haciendo una mueca por el sabor.
- Sabe horrible. – gimoteó, cogiendo el vaso de agua que le ofrecía Harry.
- No podías esperar que supiera a cerezas. – le dijo Hermione sonriendo – Por lo menos ha funcionado. – al tiempo que la poción iba haciendo efecto, los moretones iban desapareciendo de la piel pálida del niño, dejándola inmaculada.
El retrato se abrió un segundo después, revelando a Ginny, Neville y Blaise.
- ¿Cómo habéis entrado? – les preguntó Hermione, desconcertada.
- Recordé la contraseña. – dijo Ginny orgullosamente - ¿Nos vamos?
Los tres iban vestidos en pijama, listos para fingir sonambulismo si alguien les pillaba.
- Tengo el pijama de Pansy. – dijo Neville. La niña cogió las prendas de ropa que le tenía Neville con una sonrisa y se marchó hacia el cuarto de baño.
- Ves a prepararte. – dijo Hermione. Harry se fue a su habitación, saliendo unos minutos después, con una camiseta excesivamente grande y unos pantalones a cuadros rojos y dorados. Pronto, el grupo se encontraba cambiando por los pasillos, la varita de Ginny era la única fuente de luz. Draco estaba acurrucado entre los brazos de Hermione y Pansy en los de Blaise, los dos querían sentirse seguros en la presente oscuridad.
Minutos más tarde, llegaron frente a un retrato de una gran bandeja de frutas y Pansy y Draco intercambiaron una mirada entre ellos con curiosidad.
- ¿Ha donde lleva? – preguntó Pansy, mientras Harry se acercaba al cuadro y posaba su mano sobre una pera. Con una risa estridente, la pera se convirtió en un picaporte y Harry tiró de él.
- A las cocinas. – dijo con una sonrisa. – Adentro todo el mundo.
Los ojos de Draco y Pansy, así como los de Neville y los de Blaise que nunca antes habían estado allí, se abrían desmesuradamente a medida que veían la escena que transcurría delante de ellos. Un sinfín de elfos domésticos corrían por el lugar, algunos en los enormes fogones de las cocinas, otros lavando los platos y algunos barriendo y fregando.
El humo y el vapor se extendían por una parte de la cocina y conversaciones triviales se oían por todo el lugar sin cesar. Un elfo doméstico salió de entre todo el bullicio, corriendo hacia el grupo de magos.
- ¡Amo Draco! ¡Dobby está tan feliz de que el amo viniera a visitarle!
- ¿Dobby? – preguntó Draco, mirando estupefacto al elfo - ¡Dobby! – chilló, derribando a dos elfos más, mientras corría a abrazar a Dobby.
- Amo Draco… por favor… le hace cosquillas… a Dobby. – río el elfo, intentado desprenderse de los brazos del niño, que ahora estaba recorriendo sus manos por el estómago de Dobby, con una sonrisa en su rostro.
- Ohh, ¿no son monos? – susurró Hermione, tomando una fotografía – Realmente ha sido una gran idea traerlo aquí. – le dijo a Harry en voz baja – Mira lo feliz que está.
Pansy se lanzó a unirse a la lucha de cosquillas mientras la risa de los tres resonaba por toda la cocina, era un sondo de felicidad y alegría. Rodando por el suelo, Dobby logró escapar de los dos Slytherins antes de utilizar un poco de su propia magia, dejándolos suavemente paralizados sobre el suelo, al tiempo que los niños seguían riendo a carcajadas.
- ¿Harry Potter quiere que Dobby le consiga un poco de chocolate caliente para él y sus amigos? – preguntó el elfo, inclinándose ante el grupo.
- Eso estaría genial, Dobby. – sonrió Harry - ¿Hay algún lugar en el que podamos sentarnos? – el elfo asintió con la cabeza enérgicamente, llevando al grupo hasta una mesa en la parte trasera de la cocina, cubierta por un mantel a cuadros azules y blancos, adornada con un jarrón de flores en el centro de la misma.
- Dobby irá a liberar al amo Draco y a la señorita Pansy y después Dobby os traerá el chocolate caliente. – correteando se marchó de allí, volviendo un segundo después con los dos niños aferrados en el aire, sin dejar de reír dejándolos en el suelo, quienes corriendo hacia la mesa.
- ¿Qué está haciendo Dobby aquí? – río Pansy – Pensaba que debía estar en casa de Draco.
- Ha viendo aquí a aprender cómo se hace el pudin. – le contestó Hermione rápidamente. Estaba agradecida de que Dobby hubiera escondido sus calcetines y sombreros, así Draco no sospecharía de ver a uno de sus elfos con alguna prenda de ropa.
- Espero que lo haga cuando vuelva a casa. – dijo sonriendo Draco.
- Estoy segura de que lo hará. – dio Hermione devolviéndole la sonrisa - ¡Oh, mirad! ¡Aquí vienen las bebidas!
Con cuidado, Dobby dejo una bandeja con las tazas humeantes sobre la mesa. En cada taza se podía ver un delicioso y oscuro líquido, con una cucharada de nata en cada una de ellas y un poco de azúcar moreno por encima.
- Muchas gracias, Dobby. – le agradeció Hermione, tomando un sorbo - ¡Está delicioso!
- No hay problema, Hermione Granger. – dijo Dobby sonrojándose, haciendo círculos con el pie en el suelo.
- ¿No te gustaría unirte a nosotros? – le preguntó Harry.
- ¿Dobby… unirse a Harry Potter y al amo Draco? – susurró el elfo domestico - ¡A Dobby le encantaría! – exclamó, conjurando un taburete y trepando hasta él junto a Draco.
- Me alegra volver a verte, Dobby. – sonrió Draco, inclinándose y dándole al elfo un abrazo más - ¿Pero no se pondrá furioso mi padre si no te encuentra en casa?
- No… el amo Lucius sabe que Dobby está aquí. – aclaró el elfo, ganándose un suspiro aliviado de Harry que temía que le elfo se hubiera olvidado de lo que le había dicho.
Durante la siguiente hora, el grupo conversaba, Draco estaba contento de poder sentarse al lado de su viejo amigo y cuidador, bebían el chocolate y mordisqueaban unas galletas de mantequilla que otro elfo les había traído.
- Creo que es hora de ponernos en marcha, Dobby. – anunció Harry, poniéndose en pie y estirándose – Pansy y Draco deberían estar en la cama.
- Pero no estamos… cansados. – bostezó Pansy, mientras parpadeaba adormilada. Neville le sonrió a la niña, tomándola entre sus brazos, quedándose dormida un momento después.
- Adiós, Dobby. – dijo Draco con tristeza, dándole un último abrazo al elfo.
- Dobby verá al amo más tarde. –sonrió Dobby, devolviéndole el abrazo – Cuidaos, Harry Potter y sus amigos. – con las buenas noches intercambiadas, los estudiantes se despidieron unos de otros, Ginny se separó del grupo dirigiéndose hacia la Torre de Gryffindor y Blaise y su pequeño grupo hacia su sala común y el grupo de Harry también se dirigieron hacia el retrato de Leviculus.
- Esa ha sido una buena manera de terminar la noche. – bostezó Harry, mientras entraban a la seguridad de la sala común – Ahora es hora de irse a la cama.
Los tres entraron en tropel a cepillarse los dientes al cuarto de baño y luego fueron todos a la habitación de Draco para arropar al niño en su cama que ya tenía los ojos medio cerrados.
- Draco. – le llamó Hermione en voz baja – Harry y yo queremos darte algo antes de que te duermas.
El niño les miró con interés, haciendo parpadear sus ojos debido al sueño. Harry estiró un brazo detrás de él y cogió una caja que había en el suelo, entregándosela a Draco.
- Mione y yo lo hicimos para ti anoche. – dijo con una sonrisa – Esperamos que te guste.
Quitando el papel que envolvía la caja y apilándolo suavemente a un lado, abrió la tapa dejando salir una exclamación de sorpresa de su garganta.
- ¿De verdad que puedo tener esto? – preguntó, con los ojos brillantes.
- Es todo tuyo. – le dijo Hermione en voz baja. Draco metió la mano en la caja, acunando el objeto que allí había. Era un dragón de color verde suave, de peluche, que los Gryffindors habían cosido y recosido sin magia el día anterior. Tenía los ojos negros y las escamas plateadas y esmeraldas completaban la magnificencia del animal, con unas alas grandes y flexibles.
- Muchas gracias. – murmuró Draco, abrazándolo antes de saltar y envolver con sus brazos los cuellos de sus tutores.
- De nada, Draco. – susurró Hermione – De verdad, que de nada.
