Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling


Capítulo 10- Negra pasión.


-¿Horrocurx?- repitió Hermione- ¿Cómo es que nunca he leído nada sobre ellos? ¿Y qué tienen que ver mi inmortalidad o la tuya? Yo no quiero la inmortalidad.

No le gustó para nada la mirada de Voldemort. Le recordó al primer día, tan carente de vida. Ahora en cambio, cuando le miraba un tenue brillo solía aparecer.

-Es un tema tabú hasta para los magos de magia negra- respondió- es un hechizo sumamente complicado y peligroso. Se considera un delito castigado con el beso del dementor.

Hermione tragó saliva. Ella no quería tener nada que ver en algo así.

-¿En qué consiste?- su curiosidad pudo con ella.

-Es magia negra muy antigua. Te permite dividir el alma en partes, desgarrarla y depositar una parte en otro objeto. De esta manera nadie podrá matarte a no ser que destruyan todas las partes de tu alma.

Hermione se quedó blanca.

-Tú ya lo has hecho- se quedó sin respiración- por eso cuando el avada que mandaste a Harry y rebotó no moriste, porque ya lo habías hecho- Voldemort asintió- P-Pero el alma es una, no se puede partir.

-Es un proceso muy complicado. Para dividir el alma se exige una gran concentración. El ritual también exige un delito que corrompa tu alma de tal forma que sea posible su división.

Hermione sólo podía pensar en una cosa.

-¿El Avada Kedavra?

-Eres una bruja inteligente, Hermione, no somos tan distintos.

-Te equivocas- se levantó de golpe sin poder alejarse demasiado debido a su agarre- yo nunca mataré a nadie para conseguir la inmortalidad.

-Ahí es donde tú te equivocas. No te obligaré a hacer varios, pero realizarás un Horrocrux y lo alojarás en mí- dictó- de igual forma que yo haré otro y lo alojaré en ti.

-¿Qué? Pero es imposible alojarlo en un ser vivo, dijiste objetos. Además, si tú ya has partido tu alma no podrás volver a hacerlo.

La sonrisa malvada en su rostro no presagiaba buenas noticias.

-Conseguí volver a partir mi alma seis veces más- Hermione ahogó una exclamación de horror- También conseguí alojar un trozo de mi alma en Nagini. El proceso consume mucha energía y lleva su tiempo pero es posible.

-Entonces…- costó encontrar las palabras- lo que buscábamos ese día fue uno de tus Horrocrux.

-Efectivamente. Dumbledore ya debe de haberse percatado de que destruirlos no es tan sencillo, así como encontrarlos. En estos momentos hay seis Horrocrux, el séptimo lo destruyó tu amigo Potter hace casi tres años- se adelantó a ella.

-El diario…

-Sería una lástima echar a perder una inteligencia como la tuya, Hermione, no rechaces la magia negra porque Dumbledore lo diga.

Hermione negó repetidas veces.

-No lo hago por eso. Hay ciertos límites que el ser humano no debe superar.

-No hay límites, tan sólo obstáculos.

-Dividir el alma- siguió como si no le hubiera interrumpido- es inhumano.

-¿Soy tan inhumano para ti, Hermione?

La chica elevó el rostro, buscando en su mirada algo que le dijera que el mago por el que se sentía atraída estaba ahí dentro. El que le había salvado la vida y le había abrazado temblando cuando volvió a él.

-No, no te veo tan inhumano.

Voldemort elevó las cejas con asombro. Se levantó hasta quedar a meros centímetros de separación y buceó en su mente en busca de la sinceridad. Encontró todo eso y más. Cerró los ojos y apartó la mirada.

-Debes aprender Oclumancia- proclamó, acto seguido le apuntó con la varita- Piensa sobre los Horrocrux, porque no voy a cambiar de parecer.

Rápidamente realizó el hechizo para poder separarse y le dejó sola en la biblioteca. Hermione se preguntó si todos los hombres eran igual de complicados. ¿Cómo podía pensar Voldemort que ella iba a asesinar a alguien? ¿A dividir su propia alma y alojarla en él? Sabía que le quería, está bien, pero eso no cambiaba el hecho de que ella era quien era. No pensaba hacer un Horrocrux dijera lo que dijera Voldemort. Punto y final.

Una vez hecha su decisión aprovechó que estaba en la biblioteca y buscó información sobre la Oclumancia. En cierta parte tenía razón, no quería dejar abierta su mente a cualquiera.


Pasados los quince minutos Voldemort volvió a informarle de que durante un tiempo cambiarían su residencia. En poco se estaban mudando a casa de la persona a la que mejor caía en todo el planeta: Bellatrix Lestrange.

-Es un honor tenerle con nosotros, mi señor- saludó Bellatrix. Su tono era extasiado y ni siquiera miró a Hermione para lanzarle una de sus miradas envenenadas.

-¿Cómo va tu tarea, Bellatrix?- no se acostumbraba al duro tono que usaba con sus mortífagos, o todo el mundo en general. Se estaba acostumbrado a su tranquila voz cuando estaban a solas.

-Muy bien, mi señor. También he recibido noticias de Draco, dice que no le falta mucho para terminar- anunció con regocijo.

-Bien, hoy tendrá lugar la cena con el círculo interno. Manda a uno de tus elfos traer un vestido adecuado para Hermione- aquello fue un golpe que Bellatrix supo encajar. Hermione no pudo evitar mandarle una sonrisa de victoria.

-Por supuesto, mi señor.

Sin mediar palabra Voldemort tiró de la joven bruja entre los pasillos de la inmensa mansión. Aún así pudieron escuchar los gritos de Bellatrix hacia sus elfos y alguna que otra maldición. Hermione se encogió sufriendo por ellos.

-Vaya, una hermosa mujer nos honra con su vista.

Giró su vista hacia el lugar donde provenía la voz. Por el lugar no había más que cuadros.

-Oh, sí, mira hacia aquí, joven dama. Hacía mucho que no nos podíamos deleitar con una suave mujer.

-Con curvas- añadió otro cuadro.

-Mirada indomable.

-Y cuerpo que desearía hasta Merlín.

-Incendio.

Sin previo aviso los cuadros estallaron en llamas. Hermione se tapó la mano con la boca, horrorizada. Voldemort tenía una de sus miradas asesinas. Lo peor es que seguía avanzando el paso hacia la habitación sin cambiar su humor.

-Elfo- llamó con un tono mortífero. Al instante un elfo apareció a su lado- informa a la señora Lestrange que su número de obras se ha visto reducido y que retire el resto de los cuadros mientras dure mi estadía.

El elfo no tardó en desaparecer. Voldemort giró en la última esquina, abrió la puerta y tiró a Hermione dentro. De lo brusco que había sido casi termina en el suelo. Menos mal que cayó sobre la cama y detuvo el impacto.

-¿Se puede saber qué…? ¡Mmm!

El cuerpo del mago le obligó a tumbarse sobre la cama con él encima. El cerebro de Hermione se cortó por el día y se concentró en devolverle el salvaje beso. Sus lenguas lucharon por la victoria, sin darse cuenta de que las manos de Voldemort se dirigían a otros lugares. En un parpadeo le desproveyó de su jersey y camiseta, dejándole sólo en sujetador. La chica se quedó blanca como la sábana. Con una mano Voldemort mantuvo el jersey y la camiseta sobre su cabeza, sujetándole las muñecas e inmovilizándola, mientras que con la otra comenzó a bajar tras su espalda hasta encontrar el cierre del sujetador.

-Hermione…- su voz sonó tan ronca que por un momento se olvidó de su vergüenza. Volvió a ella cuando su sujetador desapareció.

-¡Voldemort, no! ¡Ahh…!- se mordió el labio hasta casi hacerse sangre para evitar el gemido de gusto ante lo que acababa de hacer el mago. Voldemort se había inclinado y había cogido un pecho con la boca, dándole placer mientras que con una mano masajeaba el otro. Se arqueó sin creerse las sensaciones que podía hacerla sentir con sus labios. Sus manos tampoco es que fueran malas. Una ola de placer le recorrió al sentir su lengua pasando de un pecho a otro, dejando besos a lo largo del camino.

-¡No! Ahh, ¡por favor! ¡Voldemort! ¡No estoy preparada!

El mago detuvo sus movimientos. Alzó la vista para ver a la chica completamente roja y con la mirada algo nublada. Su respiración era errática y su nerviosismo también. Su corazón se detuvo cuando Voldemort asintió.

-Te daré tu tiempo- prometió- hoy no llegaré más lejos.

Le terminó de quitar el jersey y la camiseta y se quitó él mismo la suya, quedando ambos sólo en pantalones. Hermione se cubrió sus pechos con sus brazos, sin conseguir que se fuera su sonrojo. Se quedó de piedra cuando Voldemort sonrió por primera vez desde que le había visto. ¿Qué estaba pasando?

-Ven aquí.

Alzó los brazos hacia ella y como hipnotizada se dejó coger hasta quedar con su espalda pegada a su pecho envuelta en la protección de sus brazos y sentada en su regazo.

-No te tapes, me gusta lo que veo.

Sus caricias en la espalda estaban consiguiendo relajarle algo. Al cabo del rato se atrevió a separar una mano y girarse hacia él. Se pasó la lengua por los labios antes de tocar su pecho. No era ni demasiado musculoso ni demasiado marcado. De verdad que era guapo.

Al ver sus movimientos Voldemort le imitó y alzó una mano para acariciarle lentamente, rompiendo sus límites poco a poco.

Estuvieron de aquella manera todo el rato que hizo falta. Voldemort sintió más y más de su magia con cada toque que daba, así como una sensación extraña hacia Hermione. Por otro lado la chica, todavía con la vergüenza, no dejaba de maravillarse de lo bien que se sentía. Terminó recibiendo un caluroso beso de Voldemort. Bajó sus labios poco a poco hasta su cuello y chupó duramente, marcando su cuerpo para vista de todo el mundo. Le volvió a besar en los labios cuando terminó y se separó rumbo hacia la ducha del baño del cuarto.

Ojalá estuviera allí Nagini. Necesitaba alguien con quien hablar lo que acababa de suceder. Tenía que buscar más cuadros pervertidos en casa de Bellatrix… Un segundo. ¡Casi acababa de tener sexo con Voldemort en casa de Bellatrix! Una vena malvada estuvo a punto de hacerle bajar corriendo y relatarle la maravillosa experiencia a la bruja, mas se cortó en cuanto lo pensó. Quería que aquellos momentos fueran de Voldemort y ella y, si lo decidía, de conocimiento de Nagini pero de nadie más.

-Ya puedes ducharte- la voz del mago le sorprendió.

-Gracias, no tarda…

Se tapó de golpe la cara con ambas manos nada más girarse hacia Voldemort en toda su plenitud. El hombre caminaba sólo con una cortísima toalla por el cuarto sin vergüenza alguna. Hermione cogió su ropa y salió corriendo a encerrarse en el baño. Afuera escuchó una de las pocas risas roncas del Señor Oscuro.


Desde luego que Bellatrix no quiso defraudar a su señor ni con el vestido que compró su elfo para ella. Un vestido blanco y negro, largo y suelto y abierto por la espalda. Voldemort le besó posesivamente nada más la vio con ello puesto, recordándole a quién pertenecía.

-¿Qué tipo de cena es la de hoy?- preguntó por curiosidad mientras salían del cuarto. La espalda abierta facilitaba que Voldemort le pudiera tocar más a gusto, así que caminaban con su mano en aquella parte del cuerpo.

-Es una cena oficial con mi círculo interno de mortífagos y sus esposas o esposos, a excepción de Snape que no ha podido venir.

Nunca había asistido a una de ésas. La verdad es que no había asistido a muchos eventos formales en su vida. Internamente agradecía que Voldemort le ayudara con la apariencia, ya que en unos segundos había estado arreglada y según él perfecta, aunque no sabía si fiarse. Se dio cuenta que estaba cayendo por él más y más a cada segundo que pasaba.

Todos los magos y brujas se inclinaron nada más Voldemort y ella entraron en la sala. El Señor Oscuro se dirigió hacia el extremo de la mesa donde estaban colocadas dos sillas pegadas. Permitió que Hermione se sentara primero y luego se sentó él con una mano unida a la de ella, indicando con un gesto al resto de magos y brujas que ya se podían sentar. De manera bien formal los magos separaron la silla como había hecho Voldemort con ella y de forma grácil las mujeres se sentaron. Nadie comentó acerca de la marca perfectamente visible en el cuello de la joven.

-Que comience la cena- ordenó Voldemort con un tono monótono. Mantuvo la mano unida a la de Hermione bajo la mesa como había hecho el día que tuvieron que cenar en compañía de Blaine.

Estuvo a punto de relamerse los labios ante los manjares que habían aparecido. La cena le recordó bastante a Hogwarts, si ignoraba los mortífagos y las conversaciones sobre los sangre pura y las relaciones entre ellos. Con el segundo plato el whisky ya había tenido tiempo para asentarse. Voldemort y ella eran de los pocos que bebían simplemente agua, uno queriendo estar completamente lúcido y la otra no gustándole la bebida.

-Mi señor,- llamó Rodolphus Lestrange con tono dudoso- ¿me permitiría una pregunta que llevamos tiempo haciéndonos?- reposó los ojos por breves segundos sobre la chica, indicando cuál era la pregunta.

Hermione se sorprendió cuando Voldemort respondió afirmativamente.

-Adelante, Lestrange.

El mago bebió antes de seguir.

-Nos preguntábamos el motivo por el que… su huésped esté siempre con usted.

Era una pregunta llena de eufemismos, eso estaba claro. Todos los rostros se encontraban en aquel momento girados hacia su señor, esperando con impaciencia la respuesta. Bellatrix parecía querer salir de su asiento y Lucius ni siquiera pestañeaba.

-Me alegra que me hagas tal pregunta. Esta cena había sido convocada en un principio para daros una grata noticia, una noticia que también responderá a tu pregunta- miró con ojos penetrantes a Hermione antes de girarse hacia sus mortífagos- Os presento a Hermione Granger, bruja de mi propiedad a todos los niveles y, a partir de este momento incluido, el mi prometida y futura consorte.

Juraría que Bellatrix se desmayó.

Ella estaba demasiado ocupada mirando fijamente a Voldemort con un rostro de indignación, incredulidad y rabia, sin creerse lo que acababa de escuchar.

-Felicidades,… mi señor- dijo el primero Lucius- estoy seguro de que será una mujer de su conveniencia.

Aprisa el resto de mortífagos se enfrentaron por alagar también su unión. Sabían de sobra lo que pasaría si alguien sacaba a relucir su clase de sangre.

-Nosotros nos retiramos, no es necesario que la cena se termine- añadió al ver que los mortífagos tenían intención de levantarse.

Tiró de Hermione, quien todavía repasaba en su mente las maldiciones más mortíferas que conocía. Al salir de la sala se tropezó con sus propios pies y cuando Voldemort le ayudó a incorporarse le separó de un empujón, sin llegar a romper su toque.

-Guárdalo todo hasta que estemos en el cuarto- advirtió con un tono letal. Hermione elevó la cabeza de forma digna y avanzó aprisa con la mano del mago todavía en su espalda. Una vez dentro del cuarto y puestos los hechizos de seguridad se separó todo lo que pudo de él, dejando de entregarle magia.

-¡¿Se puede saber qué ha sido eso?! ¡¿Tu bruja?! ¡¿Prometida?! ¡¿Consorte?! ¡Aguanté la mierda parecida con los vampiros porque era necesario pero no pienso dejar que se te suba a la cabeza esa necesidad compulsiva tuya de adueñarte de todo! ¡ ¡No soy tuya! ! ¡ ¡ ¡Y ni siquiera me has pedido la mano! ! ! ¡ ¡Mírame cuando te chillo! !

Voldemort se terminó de servir la bebida en la copa para cuando Hermione estaba terminando de gritarle. Se giró hacia ella con tranquilidad, aunque si fuera cualquier otro mago ya estaría temblando. Hermione nunca usaba juramentos, y no significaba nada bueno cuando lo unía a gritos.

-Sólo les he informado de lo inevitable- comunicó lentamente- eres mi bruja, lo eres desde hace tiempo. Admitiste que me amabas, ¿qué problema hay en hacerlo público? Te convertirás en mi bruja a todos los niveles- entrecerró la mirada- No sabía que eras del tipo de bruja que le gustara el romanticismo. No tendrás mucho de eso de mí.

Hermione se quedó con la boca abierta.

-¡Eres… agh! ¡¿Te estás escuchando?! ¡Sólo alguien tan narcisista, egoísta y ególatra como tú podría decir algo así! ¡Porque te ame no quiere decir que aceptaría ser tu esposa! ¡Ni siquiera me lo has pedido! ¡Y…!

-¿No te casarías conmigo si te lo pidiera?

Hermione se cortó en plena carrerilla del sermón.

-¿Cómo?

-¿Si te pidiese ahora mismo que te casaras conmigo lo harías?

-Pero eres Lord Voldemort.

El mago elevó una ceja, bebiendo un trago de la bebida. Lo iba a necesitar.

-Eso ya lo sé. Ahora, te agradecería que respondieras a la pregunta.

-Eh… yo… No estamos hablando de eso.

-Responde a la pregunta, Hermione- el tono de Voldemort había dejado de tener el tono ligero. Ahora estaba completamente serio y exigía respuestas. Sin que lo viera venir le acorraló contra la pared. ¿Desde cuándo se estaba acercando a ella?

-¿Y bien? ¿Tengo que usar legeremancia para averiguarlo?

Al instante Hermione cerró los ojos.

-Eso no te servirá de nada conmigo. Mañana comenzaré a enseñarte Oclumancia, pero ahora responde. Te concederé cinco segundos.

Sintió su respiración al tenerle tan cerca.

-¡No puedo responder eso ahora!- exclamó todavía con los ojos cerrados.

-Cinco.

-¡No me puedes preguntar algo así!

-Cuatro.

-¡Soy demasiado joven y tú eres Voldemort!

-Tres.

-¡Pertenezco al otro bando, sería traicionar a todos lo que conozco!

-Dos.

-¡No sé qué responder!

-Uno.

-¡No, espera!

Se echó hacia atrás de la potencia con la que Voldemort se internó en su mente. No necesitó estar mucho tiempo para ver la respuesta tapada con todo tipo de miedos.

Al salir de su mente Hermione cayó al suelo derrotada.

-¿Tanto te costaba responder sí en voz alta, Hermione?- inquirió Voldemort con un suave tono. Se inclinó sobre sus rodillas hasta quedar a su altura. Hermione elevó el rostro vencido justo para verle acercar sus labios a los suyos. No le pudo besar con amor, pero aquello se parecía bastante.

Aún así ella seguía muy enfadada con él.