Capítulo 11
-Repasemos: comenzaremos con los accesorios; las once modelos, dos vueltas, más una tercera vuelta con solo tres modelos, ahí dejamos a nuestras VIP. Luego toda la onda Vintage, Casual y Navy; las once modelos…
Sasha repasaba con Irasue cada mínimo detalle desde la apertura al cierre del desfile. El ajetreo del día había sido casi infernal, pruebas de audio, vídeo, luces, ropa y accesorios hacía que no dieran real abasto con todas las exigencias, por lo que Sasha había tenido que conseguir a última hora que se les uniera Matsuri, la joven que solía hacer el trabajo de asistente 'comodín'.
Ya eran las cinco de la tarde y las modelos estaban haciendo su tercer recorrido por la pasarela, comprobando que los ajustes hechos a los atuendos no les fueran a jugar una mala pasada. Sesshoumaru había llegado a eso de las diez de la mañana ya que sabía que su madre podría estar teniendo un colapso nervioso y, efectivamente, en cuanto lo vio, corrió hacia él y le gimoteó sus desdichas. Ya que siempre era así y conocía bastante bien el quehacer para la presentación, se ofreció a cubrir la parte de supervisión del soporte técnico, lo cual alivianó bastante la carga de las organizadoras.
En lo que llevaba de día había visto dos o, a lo mucho, tres veces a Kagome y siempre desde lejos, excepto a la hora del almuerzo, donde la joven le dijo que no quería comer nada, a lo que él se negó rotundamente, ganando la discusión. Estaba expectante por ver la hora en la que apareciera Kagome, para saber qué llevaría puesto y si debía crear un incendio o robar las ropas que no fueran de su agrado. Sin embargo, llegado el momento en el cual, sospechosamente apareció Miroku, su madre lo corrió del lugar, aludiendo a que las pruebas finales, para que resultaran, debían ser estrictamente privadas para que no se filtrara ningún tipo de información.
-¿Qué podría decir?, he estado ayudando todo el día, si me quedo es para asegurarme que las cosas funcionen.
-Te avisaré si algo falla en el momento –le dijo Irasue empujándolo hacia la salida- además, ya deberías volver al penthouse a cambiarte, podrías ayudarme con la recepción de vuelta.
-¿Y por qué Miroku si puede quedarse dentro? –su actuación de niño pequeño sacó una risa a la mujer, pero ante la advertencia se dio vuelta para localizar al infiltrado… al cual no logró localizar.
-¿Estás seguro que Miroku estaba por aquí?
-Dijeron pruebas de modelos y apareció mágicamente.
-No le veo por ninguna parte, pero gracias por el dato, estaremos al pendiente –y cerró las puertas doble, con seguro, en su nariz.
Malhumorado como de costumbre, a estas alturas, se alejó del lugar mientras sacaba su móvil y comenzaba a marcarle a su mejor amigo… el cual desvió las llamadas. Claro, el muy listillo había pensado en todo. Maldito suertudo. Sin más remedio llamó a Lin, quedando en pasar a buscarla a eso de las seis y veinte mientras ya se dirigía a su auto para poder ir cambiarse a su penthouse.
Miroku fue realmente inteligente, llegó al Shikon no Tama con unos tejanos y una remera negra, casi igual a los de seguridad. Mientras observaba cómo era el movimiento, las salidas de emergencia, el flujo de movimiento y las personas que andaban cerca, trazó su plan para poder colarse cerca de Sango. Pasaron por su lado dos jóvenes cargando un pesado bulto dentro de una caja y amistosamente le quitó la gorra a uno de ellos, la cual rezaba seguridad en letras blancas. Calándosela hasta los ojos, esquivó a las organizadoras con mucha cautela y llegó hasta el lugar donde la mayoría de las modelos estaban siendo peinadas y maquilladas para el desfile. La mayoría se encontraba aun con el albornoz de satín para vestirse más tarde y tras un leve chequeo la encontró.
Hermosa, como siempre, más preocupada de apuntar alguna tontería en su agenda mientras hablaba por su móvil, apartada lo más que podía del bullicio del resto. Al acercarse se dio cuenta que hablaba en italiano, por lo que supuso que era una llamada de trabajo. Esa mujer no sabía el significado de 'descanso y relajación'. A punto de llegar hasta ella, sintió que alguien lo tomaba del brazo y lo jalaba hacia la derecha, a espaldas de su objetivo principal. Frustrado se dio la vuelta y su cara cambió en cuanto vio el risueño rostro de Kagome.
-Eres cosa seria Miroku.
-Kagome –era hora de jugar sus mejores cartas- qué guapa estás, Irasue me ha enviado a hacer una supervisión rápida. Si me permites, por favor.
-¿Y ella te ha entregado la gorra de seguridad?
-No, la he cogido yo mismo, me gusta tomarme en serio las tareas que me dan, por mínimas que sean.
-Bueno, Sasha se está asomando por la puerta en este momento, quizá te esté buscando, déjame llamarla… -Kagome iba a hacer el gesto cuando Miroku la empujó tras un mudador de tres cuerpos.
-OK, todo ha sido idea mía, ¿buscabas una confesión?, ahí la tienes, disfrútala –Kagome se rio tapándose la boca-. Solo quiero saludarla antes del desfile, nada más. Prometo que me iré en seguida, ¿podrías cubrirme?
-El box de al lado es el VIP, Sango se dirigirá ahora allí, Kana está siendo maquillada en este momento y yo me quedaré por si veo venir a alguien. ¿Te sirve eso?
-Eres un sol –dijo abrazándola y besando su mejilla.
-Miroku –le dijo ahora seria la chica- si ves que se comienza a cambiar espero que tengas un poco de decencia, no la vayas a espiar o yo misma me encargaré de ti.
-¿Tu familia es siciliana acaso?
-No quieres saber quiénes eran mis abuelos maternos… aprovecha tus cinco minutos –dijo la joven alejándose.
Siguiendo los consejos de la pelinegra, volvió a deslizarse fuera del lugar. A su paso se dio cuenta que efectivamente Kana estaba siendo peinada y maquillada, mientras Sango brillaba por su ausencia. Abriendo cuidadosamente la puerta para no importunarla si se estaba cambiando, ingresó a la habitación que se encontraba aparentemente vacía. Cuando cerró la puerta y esta hizo más sonido de lo que esperaba y la voz de Sango salió de detrás de una pared que servía de probador.
-¿Esto iba con los tacones ro…?, ¿Miroku? –aparentemente avergonzada volvió tras la pared y asomó solo su cabeza- ¿qué haces aquí?
-¿Vas a salir con eso? –se acercó más que rápido hasta la pared la cual realmente tenía una puerta, Sango lo empujó un poco, pero él logró ingresar y encerrarlos a ambos dentro.
Sango llevaba un ajustado crop top de lentejuelas rojas que, prácticamente, solo cubría su busto, acompañadas de un daisy duke ajustadísimo y minúsculo, donde supuso que la prenda principal era la chaqueta de mezclilla tipo boyfriend, la cual tenía unos desgastados repartidos por varias partes y un gran estampado en la espalda.
-¿Qué haces?, podría entrar alguien –Miroku comenzó a supervisar las prendas que habían detrás de la joven colgadas.
-Sango… no… -dijo en un gemido el chico, mientras veía una especie de corsé blanco cubierto de un fino empedrado.
-Miroku, debes irte –la chica puso la mano el picaporte cuando se abrió una puerta y Miroku la tomó desde atrás por la cintura, cubriéndole la boca con la mano libre.
-¿Sango? –la voz de Kana inundó el lugar.
Desde dentro del probador, Miroku la alejó silenciosamente de la puerta manteniéndola en la posición, pero recostando su espalda en la pared para sentir algo de apoyo. Trato de no sentirse nervioso para calmar a Sango que se había quedado muy quieta captando la indirecta. Cuando sintieron el sonido de un pestillo pusieron atención y Kana comenzó a hablar en japonés.
-¿Ya vienen para acá?... no, aun no le he dicho nada… ¿cómo debo presentarlo?... ¿estás seguro que nadie sabe que es el padre de Kagome?... –Miroku frunció el ceño, ¿de qué hablaba Kana?- Haku, esto me está dando mala espina, ni si quiera sabe si Irasue podría reconocerlo, a estas alturas podría saber quién es y, sí es así, estaremos jodidos, no él, no me interesa ninguno de ellos, hablo de ti y de mí… sí, lo haré, he dicho que lo haré y no me puedo retractar a estas alturas, pero tendré que improvisar en el momento… OK, avísame cuando lleguen.
El pestillo se destrabó y volvieron a cerrar la puerta. Se quedaron un momento más en la posición en la que estaban, Miroku comenzó a soltar de poco a Sango, la cual cuando estuvo liberada del todo se acercó en silencio a la puerta y abrió un poco para comprobar que estaban realmente solos. El chico se deslizó por la pared hasta quedar sentado en el suelo, sus ojos muy abiertos, moviéndose rápidamente de un lado a otro, sopesando las posibilidades, tratando de adivinar qué era lo que decía Hakudoshi del otro lado de la línea. Sango volvió hasta él y se preocupó al verlo de esa manera. Agachándose hasta quedar a su altura comenzó a llamarlo por su nombre, pero este no respondió sino hasta el cuarto intento.
-¿Qué ocurre?, ¿qué ha sido todo eso?, ¿es mi idea o ha mencionado a Kagome? –la joven tomó el rostro del hombre y comprobó si tenía temperatura o algo. Le quitó la gorra y la tiró al suelo para luego obligarlo a mirarle- Miroku me estás asustando.
-Lo siento… yo… debo irme… -poniéndose de pie trató de salir de ahí pero Sango lo retuvo contra la pared, haciendo que él le pusiera atención.
-Vas a decirme en este momento qué está ocurriendo o saldré y lo averiguaré por otro medio –dos pares de ojos se sostuvieron por un momento. Cuando Sango fue envuelta por los brazos de Miroku trató de suavizar un poco su trato. Algo malo estaba ocurriendo y sabía que esto involucraba a su amiga
-Sango –ahora la sostenía con firmeza por los hombros- necesito que confíes en mí. Prometo que volveré a ti al finalizar la noche y te contaré todo lo que quieras saber, pero ahora debo irme.
-Aunque no haya entendido ni una palabra, estamos juntos en esto Miroku, no quiero que cargues solo con lo que sea que esté pasando aquí –los profundos ojos marrones de la chica eran dulces en el fondo y lograban dejar entrever otra emoción más que no supo interpretar bien pero, sin embargo, lo llenaba de un sentimiento dulce y acogedor.
-Dios… te besaría sí p… -Sango acortó la distancia y selló la boca de él con la suya. Fue una suave presión, que afiebró los labios de ambos y lanzó una corriente eléctrica por sus espaldas. Cuando se alejó estaba profundamente ruborizada a lo que Miroku sonrió con dulzura, pasando su pulgar por el labio inferior de ella- estaré muriendo de un infarto cada vez que desfiles por la pasarela. No tendré ojos para nadie más que para ti.
-Disfruta del desfile sin predisponerte a nada. Ve y búscame cuando acabe la noche.
El joven salió disparado del lugar. No le importó ser reconocido por las modelos o la asistente de Sasha por el camino, tenía la cabeza dando vueltas aun por el beso de Sango y no sabía bien qué hacer ahora.
Irasue.
Debía dar con Irasue. Debía decirle lo que había escuchado y con ello impedir que, sea quien sea el invitado de Hakudoshi, entrara a la fiesta.
-¿Ese era Miroku Kenzou, el abogado de Sesshoumaru? –dijo una modelo asiática a otra.
-No puede ser, ¿qué haría saliendo de la sala VIP? –Kana se percató de inmediato del comentario y se levantó de donde estaba para verlo con sus propios ojos.
No podía ser, el chico iba como alma que lleva el diablo y se alejaba en dirección opuesta a la pieza en donde había estado antes. ¿Y si había escuchado todo?, mierda, ¿qué haría ahora? Alejándose nuevamente esta vez encerrándose en un baño volvió a llamar a su hermano.
-Estamos por llegar –dijo rápidamente el albino por la otra línea.
-No tengo mucho tiempo, escucha bien lo que te diré y no hagas preguntas. Me enviarás un sms cuando llegues y esperarás en tu auto junto a Naraku. Cuando recibas el mío de vuelta, rápidamente te dirigirás a la entrada para ingresar, pero una vez dentro no puedes quedarte cerca de Naraku, tendrán que dispersarse. Busca una foto de Miroku Kenzou y muéstraselas, ahora estoy completamente segura, hay personas que conocen la identidad del padre de Kagome y…
-¿Cómo sabes eso? –respondió tenso le joven.
-Solo has lo que te digo –la chica no quería admitir su error, pero había mostrado ser más ingeniosa que su hermano- lo he escuchado hablando con Irasue. Naraku deberá cuidarse de los dos, se dirige a la cueva del lobo.
-Todos modelarán menos yo –dijo una jovencita que aparentaba mucho menos de su edad actuando de ese modo, en medio de una evidente pataleta.
-De haber sabido que te emocionaba tanto te hubiera propuesto yo mismo para que ocuparas el lugar de Kagome.
-En serio que actúas como todo un hermano mayor… celando tanto a tu pequeña hermana…
-Podrías estar de mi lado, solo como por variar un poco.
-Pobrecilla Kagome, de seguro no la has dejado citarse con nadie acá, eres un pesado Sessh.
-No vino buscando novio, hay chicas que piensan en otras cosas más que hombres Lin… claro, tú no lo entiendes mucho… -la joven le dio un fuerte golpe en el brazo- ¡OUCH!, eso me ha dolido.
-Esa era la idea –bajando del auto.
Los invitados aun no comenzaba a llegar, pero la prensa ya estaba dispuesta y siendo retenida tras el acordonado de terciopelo rojo por los guardias de seguridad para evitar tumultos. Los hombres se encargaban de revisar y repartir membretes entre fotógrafos, periodistas y camarógrafos mientras se hablaban por intercomunicadores en las mangas de sus camisas.
Queriendo evitar las sesiones fotográficas, Sesshoumaru instó a Lin a entrar por una puerta menos visible y asediada de personas, a lo que nuevamente hizo un puchero, ya que esperaba poder conseguir que le hicieran unas cuantas fotos. Saludando a su paso a dos fornidos hombres, ingresaron por uno de los laterales al hall del Shikon no Tama y se dirigieron al gran salón del desfile. Haciendo un breve repaso de cómo había dejado las cosas, se percató que no habían acontecido inconvenientes mientras realizaron las últimas pruebas, por lo que se dirigió a Matsuri, la que se encontraba visible de las tres anfitrionas, para preguntarle por su madre y las respectivas ubicaciones de Lin y él.
-Se retiró hace una media hora con Sasha para cambiarse, ya debería estar por… ahí vienen –dijo apuntando con su dedo índice.
Al darse la vuelta, vio que tras su madre corría Miroku, el cual la cogió de uno de sus brazos para llamar su atención. El chico estaba realmente pálido. Temiendo que algo hubiera pasado y casi olvidando por completo a Lin, se acercó rápidamente a los dos, haciendo que Miroku lo mire con los ojos muy abiertos.
-¿Qué sucede? –la pregunta directa fue para su amigo.
-¿El qué?, nada, ¿qué haces aquí?
-Soy invitado y dentro de poco llegará el resto, es obvio que esté aquí –dijo explicando como si Miroku tuviera problemas cognitivos. Irasue que no se había enterado aun de nada reparó en la joven que se acercaba a espaldas de su hijo.
-Lin, querida, qué guapa estás –se abrazaron y besaron para luego centrarse brevemente en Miroku- cariño, no puedo atenderte en este momento, debo dirigirme a la entrada dentro de poco, ¿es muy urgente lo que necesitas decirme?
-Mucho –Miroku no sabía cómo distraer la atención del resto. Saludó rápidamente y sin mucho reparo a Lin y trató de apartar un poco a la madre de su mejor amigo- quiero consultarte algo acerca de uno de los invitados.
-Miroku, ¿piensas presentarte así? –le dijo Lin reparando en su ropa.
-Irasue –Sasha la llamaba de lejos- entrevista de cinco minutos antes de comenzar a recibir a los invitados en la recepción. Es para la Weekend Magazine, rápido.
-Lo siento chicos, Miroku, si es muy urgente pregúntale a Sasha o Matsuri, de otro modo trata de ubicarme luego –dijo mientras finalmente se alejaba y salía por la puerta que Sasha le abría. Maldiciendo para sus adentros, restregó su cabello con tanta fuerza que logro aflojar su coleta, la cual tuvo que poner en unas de sus muñecas antes de que se le extraviara.
-¿Qué hay con los invitados?, no es lo que estoy pensando, ¿o sí? –dijo Sesshoumaru frunciendo el ceño mientras le sostenía la mirada al pelinegro.
-No. Nada sobre 'la que no debe ser nombrada'
-¿Hablamos de Kagura?, ya quisiera que se presentara, le quitaría todas las ganas de seguir siendo tan borde a la muy mal parida.
-Tú no te metas, ¿oíste?, ya tengo bastante con mi madre.
-Tú tranquilo, yo nerviosa. Miroku… ¿en serio está todo bien?
-Voy a cambiarme -dijo tratando de pasar por alto la pregunta.
-Llegarás a mitad del desfile a estas horas -reparó el peliplateado.
-Nada de eso, tengo mi ropa en el auto. Nos vemos en un momento –sin decir más, se alejó del lugar dejando más intrigado a Sesshoumaru que a Lin, la cual evidentemente no se hacía problema por nada.
-Qué aburrido, nadie me toma mucho en cuenta. Esto no pasaría si fuera modelo, si tan solo Irasue me hubiera llama…
-Señor Frossard –ambos voltearon a ver a la albina mujer de cabello trabajadamente escarmenado. Llevaba un maquillaje que la hacía ver como una muñeca gótica, a lo que Lin volvió a lloriquear algo sobre ropas, estilistas y pasarelas.
-Kana, ¿no deberías estarte preparando?
-Es que… no encuentro a la señora Irasue y pues… usted me dijo que podría ayudarme con el ingreso de Hakudoshi y nuestro amigo –Sesshoumaru lo recordó en seguida y restándole toda la importancia del mundo le pidió a Lin que se quedara esperándolo mientras resolvía el asunto de la ejecutiva.
-¿Sabes si hay algún problema con alguno de los invitados o algo? –Kana trabajó una perfecta máscara de desentendida y negó con la cabeza.
-¿Ocurre algo malo?
-No, no es nada, quédate aquí mientras salgo a por tu hermano.
Kana esperó pacientemente pero muy nerviosa para sus adentros mientras veía desaparecer a su jefe por el hall principal. Al cabo de uno minutos, entró seguido de Hakudoshi y un hombre que no era Naraku lo cuál la extrañó de sobremanera. Sesshoumaru les entregó unas pulseras que le había pasado previamente un guardia de seguridad y al llegar hasta ella se excusó para volver con Lin.
-¿Dónde está Naraku?
-Tuvimos que improvisar, él es Onigumo –el hombre a su lado hizo un gesto despreocupado de saludo hacia la joven mientras observaba hacia otro lado- es uno de los guardias VIP, por eso usa traje, es primera vez que viene, así que nadie lo conoce. Me ayudó a ingresar a Naraku, debe estar en la parte posterior del edificio. Intercambiaran brevemente de lugar.
-Vaya, al fin se juntaron tus dos neuronas, ahora sí puedo notar que somos hermanos.
-Ya lárgate, quiero que esta mierda se acabe luego –la chica dio media vuelta pero antes de alejarse su hermano le preguntó-. ¿Qué pasó con Miroku e Irasue?
-No lo sé, no pude escuchar mucho. Lo único que sé es que Miroku sabe que Naraku vendrá –la albina miró más allá de su mellizo hasta donde estaba la mujer respondiendo animadamente a un reportero- pero Irasue parece bastante despreocupada... No te fíes mucho y ten cuidado.
En cuanto quedaron solos Hakudoshi volvió a mirar a la anfitriona, luego comenzó a comprobar el resto de la entrada, los primeros invitados que comenzaban a llegar y al cuerpo de seguridad que se mezclaban perfectamente con los demás asistentes al evento.
-¿Conoces a todos los guardias VIP?
-Sí, nos reunieron a todos para la distribución de áreas, no voy a poder quedarme mucho tiempo deambulando por aquí, no es mi zona.
-Bien, quédate pendiente de mis mensajes, no me sentaré dentro de las primeras filas, pero estaré relativamente cerca de Naraku. Dejo el resto en tus manos, condúcelo al salón cuando veas más flujo de personas.
-Entendido –el joven se alejó tranquilamente pero con paso firme y seguro, desapareciendo a los pocos minutos de la vista del albino.
Hakudoshi entró y se dedicó a merodear por entre las últimas filas. Observó sin muchas ganas el decorado, la pasarela y la disposición de la iluminación. Más pendiente estaba de ver por dónde y en qué momento aparecería Miroku. Sin duda, estaría en primera fila junto a Sesshoumaru y Lin, los cuales conversaban entre ellos mientras saludaban a uno que otro personaje. A Naraku no le había agradado para nada la idea de entrar sin invitación teniendo que esconderse como si fuera casi un terrorista, pero cuando Hakudoshi le explicó lo que sucedía supo atender y aceptar los cambios de planes. Estaba demasiado cerca de obtener lo que quería como para echarlo todo a perder por un simple capricho.
El lugar ya estaba casi copado cuando por fin dio con el joven abogado. Si tan solo pudiera hacerlo desaparecer. Al maldito ya le tenía sangre en el ojo hace algún tiempo, y ahora resultaba ser que, al parecer, sabía algo al respecto sobre Kagome… algo que no le había comentado a su buen amigo. Una sonrisa algo diabólica se asomó en sus delgados labios. Esto debía aprovecharlo a su favor o luego se arrepentiría. Las luces comenzaron a hacerse más tenues y todos cogieron asiento, Hakudoshi se hizo lugar cinco filas más atrás de Frossard y sus amigos, casi al final, para estar atento si alguno se movía. Comenzó a sonar la música y apareció el presentador a dar la bienvenida a los presentes para luego dar paso a Irasue, quien dio un breve discurso de entrada. Sintiendo la vibración de un mensaje en su pantalón leyó la pantalla de su móvil que decía ´dos filas detrás de ti, tres asientos a tu derecha. N.´
Perfecto.
Que comience la función.
-¿Qué demonios te sucede?, me estás sacando de quicio, quédate quieto –le dijo en un susurro de evidente molestia Sesshoumaru.
-Lo siento, lo siento… -respondió distraído Miroku mientras seguía mirando hacia atrás, luego a su derecha, a su izquierda y estirando el cuello mientras inspeccionaba a la sección frente a ellos.
-¿A quién buscas?
-Solo quiero saber quién es el acompañante de Hakudoshi.
-¿Por qué?
-Señores, ¿podrían quedarse quietos?, no nos dejan ver el desfile –les llamó la atención una mujer mayor tras ellos. Sesshoumaru se disculpó por ambos y le dio una última mirada de advertencia a Miroku. Lin se cruzó sobre el peliplateado y se dirigió al chico de la coleta.
-Está cinco filas atrás de nosotros.
-Gracias.
Volteándose una vez más, sin ningún ápice de disimulo, Miroku pudo localizar fácilmente al albino. Sus miradas se cruzaron y sostuvieron por varios minutos, sin embargo, a ambos lados del chico había mujeres. La rosada mirada de Hakudoshi era desafiante, lo cual molestó al abogado, el cual pensó 'sabe que lo estoy vigilando'. Cuando el joven a su espalda le brindó una media sonrisa y le movió la cabeza en forma de saludo, Miroku respondió de la misma manera y volvió a concentrarse en un punto fijo cualquiera delante de él.
Esto estaba mal. No había logrado hablar con Irasue y ahora se encontraba solo en esto.
Aunque no del todo.
En el momento en que pensó en Sango esta cruzó la pasarela delante de él. Estaba de muerte. Ante el anuncio del presentador el público aplaudió el paso de la joven por la pasarela. Esos tacones rojos a juego con su top le nublaron el entendimiento, más cuando esta se quitó la chaqueta para sostenerla con una de sus manos por sobre su hombro derecho. Su seguridad y desplante le hacían pensar que no era la primera vez que hacía esto y ante los comentarios que se centraron en la chica más que en las prendas, sintió que sus mejillas se encendían de celos. Haciendo el camino de vuelta, Sango le sonrió y automáticamente una sonrisa se dibujó en su cara. Sesshoumaru aplaudió a su lado le dio una miradita picarona a su mejor amigo, mientras le clavaba un codo nuevamente en el costado.
El desfile continuó y continuó. El público estaba cada vez más eufórico por las prendas y joyas que estaban siendo subastadas, cada modelo tenía su encanto y desplante natural que favorecían sobremanera la exhibición de las mismas. Después de cada ronda, se les pedía a los espectadores que fueran marcando en los folios que se les entregaron al entrar, los artículos que le llamaban la atención, así, al finalizar el modelaje comenzaría la subasta con los productos ya dispuestos para su retiro tras el acuerdo de transacción.
Sesshoumaru estaba satisfecho con las prendas que modeló Kagome. Era deslumbrante, difícilmente podía pensar en lo que llevaba encima cuando conocía lo que escondían las finas prendas por debajo, pero se sentía tranquilo de que estas fueran lo bastante sobrias como para no revelar más de lo que 'él quería' que el resto viera de ella.
Gracias al cielo.
-Sí que es una belleza –susurró Lin con profunda admiración- modela como todo una profesional… y mira qué lomo se gasta…
-Es perfecta –dijo más para sí que para su amiga, mientras una fila más atrás escuchó comentarios que no le hicieron la más mínima gracia.
-Ya sé lo quiero llevarme a casa -replicó alguien por lo bajo a espalda de los tres amigos.
-Ni lo pienses, tengo más dinero que tú.
-Si compartes conmigo, entre los dos se la arrebatamos a Kometsu.
Lin, quien también escuchó los machistas comentarios a sus espaldas, cogió firme uno de los brazos de Sesshoumaru para que este no se levantara y volteara a golpear al trio de imbéciles. Se volteó y les dio sendas miradas de asco a cada uno, finalizando con un gesto de desprecio mientras volvía a su posición inicial. Sin duda no conocían a Sesshoumaru lo suficiente, pero ella apoyaba moralmente a su amigo ante tan desagradable circunstancia… y luchaba por contenerlo.
Las luces cambiaron de tonalidad, ahora eran más cálidas y las modelos comenzaron a aparecer con menos ropas… lo cual puso nervioso de sobremanera al chico de la mirada ambarina. Cuando Sango salió con un bikini de cuerina ajustado y con adornos de tachas y cadenas, Sesshoumaru sintió una profunda compasión por su amigo. Miroku se cruzó de brazos y negó rotundamente con la cabeza, en un momento agachó la cabeza casi derrotado, pero duró menos que un suspiro, ya que su vista la siguió hasta que se perdió de vuelta a los bastidores. Sesshoumaru trató de alentarlo con una breve palmadita en su pierna, sabía perfectamente lo que él sentiría si…
Dulce Cristo clavado en la cruz.
Ante la pasarela, una ninfa de la primavera hacía su aparición en un delicado y minúsculo bikini que dejaba muy poco a la imaginación. Más parecía un cuerpo pintado cubierto de pétalos de flor de cerezo; eran tan sutiles que su cuerpo se tensó temiendo que pudieran caerse a su paso. A lo mejor si no respiraba lograría que la prenda no saliera volando del cuerpo de la chica… Vale, la autoasfixia no era una solución realista. De la forma en que se presentaba ante la pasarela solo podía revivir la imagen de Kagome desnuda en sus sábanas bajo él.
-'Para'.
Si seguía por ese camino se pondría de pie y la raptaría para llevarla a su casa y no salir de ahí por lo menos en un año. El maldito calvario no terminaba nunca, la joven se daba vueltas y vueltas, posaba hacia un lado y otro y sonreía haciendo que el mundo se derritiera a sus pies. Quizá debería marcarlo en la carpeta que tenía entre sus manos y así regalárselo… para que continuara el desfile la próxima vez que estuvieran solos, lo que tenía pensado sería luego de que terminara todo este maldito infierno.
Naraku había estado atento a cada paso que dio Kagome sobre la pasarela. Si bien se sentía orgulloso, desaprobaba totalmente la actuación de su primogénita. Se había estado sirviendo un sinfín de comentarios indeseables respecto a la figura de su hija, pero si algo tenía, era paciencia… y muchos contactos para meterles un poco de modales a golpes a los mal nacidos. Al fin parecía acabar todo ese bodrio, debía admitir que la mujer que organizaba el evento era bastante atractiva, es decir, más en persona que en vídeos y fotos.
Finalmente todas las modelos salían juntas a la pasarela, comenzaban los aplausos y agradecimientos. Harían un pequeño breack en el salón contiguo para luego pasar de lleno a la subasta de los artículos. Naraku se mezcló entre la multitud al salir procurando mantenerse distante de las personas que Hakudoshi les había mostrado en fotos. Ahora debía esperar que las modelos se cambiaran y pasaran a la recepción del cóctel para poder acercarse a la pelinegra y lograr su cometido. Por una parte, estaba ansioso de decirle todo en ese mismo momento, dejar a un lado las sutilezas y hacer que su hija enfrentara la realidad que él había preparado cuidadosamente para ella, mas, por otra parte, estaba demasiado expuesto, en un lugar desconocido y sin sus refuerzos cerca.
Un joven le ofreció una copa de champagne la cual aceptó con gusto. Pronto divisó al heredero Frossard, era la viva imagen del cabrón de su padre, por lo que el desprecio hacia él fue casi innato, sin embargo, su mayor preocupación era el alto joven de coleta que lo acompañaba y que había estado inquieto la mayor parte del evento buscando con la mirada a alguien que no conocía.
Pobre. Mejor que supiera mantener su distancia. Sino tendría que hacerlo por él y de la peor forma.
Checando su móvil, pudo leer los mensajes de Hakudoshi. Onigumo ya se encontraba nuevamente cerca, lo cual era perfecto, ya que en ese preciso momento estaba siendo presentado al grupito que se había formado alrededor del peliplateado. Y ahí estaba ella. Esta vez, vestida en un hermoso vestido blanco de tubo con escote de corazón, saludaba muy alegremente a todos aquellos que se le acercaban. La noche sería larga sin duda, pero no podía culparla del todo, era obvio que llamara la atención del modo que lo hacía. El vago recuerdo de Naomi le vino a la cabeza e inconscientemente apretó un poco más su copa. Tenían los mismos ojos pero, sin duda, el resto era en gran parte de él.
Ojalá lo notara en el primer encuentro.
Escribió un sms a Kana, ahora debía hacer su parte. Le agradaba la albina, había resultado ser más despierta que su antipático hermano y sabía perfectamente que todo lo hecho hasta el momento había sido gracias a su ayuda. Volviendo a relegarse en una de las áreas más apartadas, sacó del bolsillo interno de su abrigo un pequeño paquete en un lindo envoltorio rústico.
-Aun no hablo con Irasue, ¿tiene algo en mente? –Kana lucía un traje largo de fiesta bordado en cristales aguamarina. Su inexpresivo rostro no encajaba bien con la inquieta expresión de sus oscuros ojos, de lo cual se había percatado desde su primer encuentro. Le tenía miedo y eso era bueno.
-Quiero que sepas que he aprendido a confiar más en ti que en tu hermano. Sé que te las arreglarás de alguna manera para concretar nuestro encuentro –le extendió con cuidado el paquete, el cual la joven observó un momento para luego coger entre sus manos atenta a sus palabras- cuando le digas que hay alguien que quiere conocerle entrégale esto y trata de hacer que lo abra en el momento. Eso te dará una segura ventaja para persuadirla si llegara a negarse. Estaré atento a tu mensaje.
La chica no esperó más nada y se dio media vuelta alejándose entre la multitud. Quizá podría seguir jugando un poco más con fuego. Haciendo rodar su mirada por el salón, logró localizar a Irasue, quien charlaba animada con un grupo de mujeres de lo más cotorras. La miró tan intensamente y por tanto tiempo, que pronto esta volteó un poco extrañada a ver en su dirección, pero no reconociendo ningún rostro conocido, se distrajo nuevamente con sus invitados.
-Así que eres extranjero, lo siento, pero no noto ningún acento en ti, ¿de dónde dices que vienes? –inquirió el joven abogado al moreno que le había presentado Hakudoshi.
-No soy precisamente extranjero del todo. Mi padre es el danés. Estuve de visita hasta hace poco en el país, pero yo me he criado prácticamente toda la vida aquí en Japón.
-¿Y conoces hace mucho a los mellizos?
-Más de lo que puedo recordar… supongo.
-Pues tu llegada ha sido muy conveniente, justo ha dado con el desfile.
-Miroku, ¿necesitas por casualidad el record de Onigumo?, digo, por las dudas. Siempre podemos hacernos con una copia para ti.
-No es nada personal Hakudoshi–salió en defensa de su amigo el peliplateado- solo viejos hábitos de su profesión.
-La verdad te anunciaron con tanto misterio que la curiosidad me estaba matando. Creo que conozco a la mayoría de los asistentes, así que supongo que el pajarito nuevo la lleva. Pero no es para tomárselo grave –dijo llevando una copa a sus labios despreocupadamente el joven abogado.
-Simple modus operandi de abogado quisquilloso –replicó Sesshoumaru, quien tenía abrazada de su cintura a una radiante Kagome.
-Fuera de todo eso, debo decir que ha sido un desfile despampanante. ¿Son ustedes modelos? –dijo el infiltrado dirigiéndose a Kagome con una sonrisa bastante natural.
-Sabemos en qué consiste el trabajo, pero no nos dedicamos ni de cerca a esto. Eso sí, Sango tiene mucha más experiencia ya que se dedicó mucho tiempo al modelaje part time, hasta que mi padre le ofreció el trabajo que siempre quiso.
-Ya veo, se conocen hace bastante.
-Prácticamente, nos hemos criado juntas. Somos casi hermanas –sentenció Kagome a lo que Sango movió afirmativamente la cabeza. En eso Kana se unió al grupo.
-El evento va por muy bien camino, por lo que escuché se está armando rumorcillo entre alguno de los invitados –miró a Sango con fingido entusiasmo, el cual solo su hermano notó que era falso- tu vestido plateado está en disputa por cinco asistentes.
-Kana, tu amigo es bastante simpático, debes invitarlo nuevamente a la próxima fiesta de la empresa, a todo esto, ¿a qué te dedicas? –insistió con las preguntas el ojiazul. Los tres se tensaron un poco por la pregunta y de muy mala manera, abandonaron a Onigumo a responder solo.
-Servicios privados de seguridad. Una pequeña empresa –respondió mintiendo solo en parte- pero no puedo hablar mucho de eso ahora mismo… aunque no quiero parecer descortés –Sesshoumaru lo miró de reojo, eso tenía sentido, ahora recordaba su rostro y sabía que había algo turbio con el muchacho.
-Para nada -declaró Sesshoumaru-. ¿Lo dejas ya Miroku?, por cierto, debo pedirte un favor. Si nos disculpan –dijo alejándose del grupo seguido de un malhumorado Miroku.
-No quiero parecer inoportuna pero, ¿puedo hablar un minuto contigo Kagome? –la morena, aunque extrañada, accedió con naturalidad ante el pedido de la joven, alejándose en otro sentido contrario al de los hombres y el grupo.
-Son muy cercanos, ¿no? –Sango pensó que Hakudoshi siempre hablaba hacia ella con un tono de voz bastante suave. Si no fuera por el hecho que Miroku sentía una evidente aversión por él, habría pensado que era un ser bastante angelical... por decirlo de alguna forma.
-¿Kag y Sessh?, bastante –Lin se excusó un momento para ir al servicio.
-¿Qué hay del otro hermano?, no recuerdo muy bien su nombre…
-InuYasha –aclaró la joven de la coleta- pues, Kagome se lleva estupendamente con ambos. Vivimos juntos en Nápoles, de hecho.
-Llega a ser contagiosa la animosidad de Sesshoumaru a su hermana, nunca lo hubiera pensado de él –dijo actuando magistralmente ante una Sango que realmente cayó ante su pantomima-. Por eso me causa algo de… -el chico la miró a los ojos, ella no supo descifrar el mensaje oculto en ellos, por lo que esperó paciente a que continuara- lo siento, creo que mi comentario era inoportuno.
-Por favor –dijo animándolo sutilmente la castaña-, siempre que sea dicho con respeto creo que no podría molestarme lo que dijeran.
-He visto que han creado una buena relación con Miroku –el ojirosado miró su copa de Martini como buscando una respuesta dentro de ella- y no quiero parecer malhablado en honor a esa misma camaradería que puedo notar entre todos ustedes… pero desde que la señorita Frossard llegó, he notado un peculiar cambio en Kenzou –Sango recordó de inmediato el incidente de la tarde con Kana, la actitud de Miroku y cómo le había prometido que le contaría todo después-. A veces… no lo sé… pero a veces siento que oculta cosas. Al propio Sesshoumaru. No concibo eso en los amigos –el joven la miró con ojos penetrantes pero suaves, como los rayos de un cálido atardecer. Había algo bastante juvenil, casi infantil en sus facciones, lo que lograba transmitir algo de confianza, mas, sus instintos siempre habían sido agudos y algo muy en el fondo no la conquistaba respecto a la charla del joven. Pero ya que estaba en el arenal del chico, jugarían el mismo juego.
-Eso sería bastante inapropiado –se llevó la mano al cuello fingiendo sentirse algo confusa-, ¿a qué te refieres exactamente?
-Nada muy concreto, pero lo único seguro es que involucra a ambos hermanos, es cosa de hacer las matemáticas.
-De verdad –Sango cogió una de las manos del chico y dulcificó su mirada al máximo, al punto que este casi llegó a sonrojarse- te lo agradezco. Uno nunca termina de conocer a las personas y, ya ves, a Miroku lo hemos frecuentado hace muy poco tiempo. Gracias por tener la confianza de compartir esto conmigo Hakudoshi.
El albino se demoró un tanto en soltar la mano de la chica, la cual se dio cuenta y le siguió el juego, logrando ganarse la confianza del chico. Ahora solo necesitaba que Miroku volviera. Esto estaba recién comenzando.
-No comiences a hacer el papel de madre enojada conmigo Sessh –le dijo fastidiado el moreno a su mejor amigo.
-He visto a ese tipo. Es parte de la seguridad VIP esta noche, han estado mintiendo todo este tiempo, por lo menos en parte. No confío en ellos –Miroku abrió mucho los ojos.
-¿Cómo lo sabes?, lo de su trabajo digo.
-Hoy vine a ayudar a mi madre, ¿recuerdas? Como siempre me he encargado de revisar en gran parte la logística del evento, era obvio que checaría la parte de seguridad. Su foto estaba entre los guardias VIP, así que sé que no necesitaba de mi ayuda para ingresar. Hay algo muy raro en todo esto.
-Lo sabía –la azul mirada del chico se volvió al ahora reducido grupo, donde solo se encontraba Sango, Onigumo y el miserable de Hakudoshi haciéndose la tierna criatura. Espera un momento, ¿dónde estaba Kana y Kagome?-, no es bueno que dejemos a las muchachas solas vol…
-¿Por qué resultó tan evidente desde un principio todo esto para ti?, ¿qué sabes que no me estás diciendo? –sus miradas se encontraron nuevamente. Miroku con la mandíbula tensa soportó la situación.
-No creas que para mí es tan evidente todo esto Sessh –trató de medir lo más que pudo sus palabras-, es solo que hoy he oído a Kana hablando por el móvil con Hakudoshi. No pude oír la conversación claramente –mintió- pero lo que sí escuché con claridad fue el nombre de Kagome y si te das cuenta –dijo desviando nuevamente su cabeza hacia el grupo- en este momento ni Kana ni ella están con los demás. Puedes llamarme paranoico si quieres, sé que no es secreta mi aversión a Hakudoshi, pero desconfío de ellos, porque, ¿qué interés tan repentino pueden tener en tu hermana? Y, ¡vamos!, eso que estamos hablando de dos de las personas más interesadas de todo Japón –Sesshoumaru rastreó a las jóvenes mencionadas por Miroku. Kana le hablaba casi en plan de disculpa a Kagome, quien escuchaba atentamente y asentía con la cabeza, mientras la albina le tendía una especie de regalo. Mientras no la perdiera de vista no armaría un alboroto por dudas aun infundadas.
-Quiero que me ayudes a vigilarles, pero con más sutileza. Esta noche has sido desmedidamente evidente con esa maldita actitud que te has montado. Necesito saber qué es lo que sucede, pero mejor sería que volviéramos –el ambarino miró más allá de las espaldas de su amigo- así podrás evitar que Hakudoshi le siga poniendo las manos encima a Sango.
Miroku volteó más que rápido en la dirección opuesta y vio como Sango y Hakudoshi sostenían sus manos, ante el desinterés y desidia de Onigumo, quien volteaba constantemente en dirección a Kagome y Kana.
Sin decir más, se volvió dando grandes zancadas mientras acortaba rápidamente la distancia entre ellos, Lin apareció por un costado y abrazó a Sesshoumaru por la cintura, lloriqueándole lo divino que le quedaría el colgante de Morganita rosado, una pieza de más de cuarenta quilates en donde la pieza central, la Morganita en talla de pera, turmalinas rosas en baguette y diamantes redondos brillantes, estaba rodeado de un collar de diamantes y platino creado con una sofisticación digna de duendes. El empresario rodeo sus hombros con un brazo y trató de darle un poco de aliento ante la situación, aunque la verdad no estaba prestando mucha atención.
-Siento sacarte así de la compañía de tus amigos –el rostro de la joven adquirió una hermosura e inocencia infantil- sé que todo esto va a parecerte muy raro, porque apenas sí nos conocemos y no hemos tenido mucho tiempo para conversar ni nada, pero… -la joven pareció dudar mientras recogía un mechón de cabello tras una de sus orejas- se trata de un hombre. Lo conozco hace algún tiempo y es un hombre admirable, muy correcto, de bajo perfil e, incluso, un tanto tímido –notó como la pelinegra comenzaba a ponerse un tanto incómoda mientras le miraba y asentía silenciosamente con la cabeza-. No es lo que crees. No se trata de una cita ni mucho menos. De hecho –la chica extendió un paquete ante su silente interlocutora- no me ha pedido más nada que entregarte esto. Puede que no lo entiendas ahora, yo no tengo idea de qué va para ser honestas, pero lo único que puedo hacer es dar fe de él en este momento –Kagome tomó el envoltorio entre sus manos y calculó la ligereza del paquetito, bellamente envuelto en papel vegetal y sisal.
-Kana… no sé qué decir la verdad –respondió vacilante la joven.
-¿Qué tal si solo lo abres? –Kagome dudó por unos minutos, Kana no pudo evitar ocultar la excitación en sus ojos, aunque poco importaba ya que Kagome no la miraba directamente, cuando en eso se acercó un alto hombre a ellas.
-¿Un admirador secreto? –preguntó el recién llegado con una elegante y fina cela alzada- señorita Toei, he de decir que me sorprende su actitud de celestina con mi hermana. Me temo que deberé preguntar de quién se trata –Kana pareció congelarse en su lugar evitando en todo momento mirar a los ojos a su imponente jefe.
-Nada de eso señor Sesshoumaru, le acababa de explicar a la señorita Kagome que es un presente muy especial, pero al mismo tiempo, algo muy, muy personal –dijo mirando fijamente a Kagome, quien solo atinó a sonreírle no sin un poco de desconcierto.
-En ese caso, ¿puedo robarme a mi hermana por un minuto? –Kagome de inmediato fijó la vista en él. Los ojos del chico estaban comenzando a desprender ese fuego ambarino que le consumía las entrañas.
-Ya hemos acabado, si me disculpan –dijo la albina alejándose a-quién-sabe-dónde.
-¿Sería tan amable de acompañarme un momento señorita Frossard?, ¿o será que dará una mala impresión a sus adeptos? –dijo el joven irónicamente mientras le ofrecía uno de sus brazos.
-Sí continuamos guardando las apariencias, puede que aun logre liarme con uno o dos invitados… la noche es larga.
-¿Sabía usted que es una bruja? –dijo tensando una sonrisa en su blanquecino rostro el joven de cabellos plateados.
-Esta noche está especialmente encantador joven Frossard, sobre todo con sus sutiles halagos.
Sesshoumaru la guió hacia las escaleras, si bien había ascensor en el recinto, le encantaba poder simplemente caminar y conversar con ella, tomándole el cabello de vez en cuando o sacándola un poquitín de quicio. Aun cuando ambos llamaban mucho la atención, lograron salir del salón del cóctel y concentrarse un poco más en ellos, como habían estado deseando hacerlo toda la noche.
-Pensé que me daría un infarto cuando te vi con ese bikini.
-Es una de las prendas más hermosas que he usado nunca, aun cuando no sea mucho de mi estilo.
-¿Te ha obligado mi madre a usarlo?
-Algo así –dijo ella haciéndose la desentendida mientras arreglaba su melena- aunque una vez que lo tuve puesto… sentí que quería usarlo.
-¿Por qué si no es 'muy de tu estilo'?
-Porque quería que me vieras con el –dijo mientras pasaba un brazo por la cintura del joven-, quería poder captar tu atención y borrar el recuerdo de las demás modelos que desfilaron esta noche.
-Como si realmente pudiera haberme fijado en las demás modelos. He estado a punto de crear una masacre en pleno desfile porque 'alguien' se hizo notar de sobre manera.
-Creo que me quedaba bien.
-¿Eso piensas?, porque es una manera bastante sosa de decirlo –dijo mientras subían un segundo tramo de escaleras.
-Siempre podemos hacer una encuesta, sí así lo quieres. Hasta podría ponérmelo de nuevo, claro, para aclarar dudas.
-Te encanta provocarme, ¿cierto? –dijo bajando una de sus manos por la cadera de la joven. No había nadie cerca, solo debían cuidarse de las cámaras.
-Lo único que me encanta, me fascina y me vuelve loca… eres tú –Sesshomaru miró esos profundos ojos marrones y quiso arrojarse hacia sus profundidades para perderse y nunca más volver a salir. Kagome le sonrió con dulzura y le dio un breve apretón cerca del cinturón, donde reposaba una de sus manos.
-¿Qué te han regalado esta noche? –el joven le hizo señas hacia una puerta mientras le hablaba, se detenían ahora frente a una suit.
-No lo sé –dijo la chica entrando seguida de Sesshoumaru, el cual cerró la puerta tras él- me ha dejado un poco intrigada.
Lo último que Kagome supo era que el chico se encontraba a una distancia de seis pies de ella. Acorralándola en el pasillo de entrada mientras dejaba con poco cuidado el paquetito en una mesa de arrimo, él sostuvo la cabeza de ella para evitar que impactara de lleno en la pared y tomó posesión de su boca.
-Han estado torturándome todo el día manteniéndote lejos de mí.
-Puedo pensar en algo para recompensarte –respondió ella contra su boca arqueando la espalda para hacer que sus curvas se insinuaran más contra el cuerpo del chico.
Kagome no esperó más nada y, como si tuviera todo el derecho del mundo de hacer lo que quería con el cuerpo del joven, comenzó a tirar de su fino cinturón Hermes. Sesshoumaru adoraba que fuera tan demandante con él, sonreía mientras comenzaba a dejar un reguero de húmedos besos por su mejilla y se dirigía directamente a su cuello, donde mordisqueó con suavidad para evitar dejar marcas. Ahuecando uno de sus pechos mientras con la otra mano acariciaba su bien formado trasero, escuchó los primero gemidos de asentimiento de ella. No se había dado cuenta en qué momento y de qué forma tan rápida ya le había quitado la chaqueta, corbata y camisa del cuerpo, lo único de lo que era consciente era de como sus manos frotaban su ya preparado miembro de forma apasionada por sobre la ropa.
Pero aunque la idea de hacerle el amor contra la pared era algo que había estado queriendo hacer hace algún tiempo, como pudo la condujo hacía el living, en el cual había amplios sillones de cuero negro y una gran y felpuda alfombra blanca de lo que parecía ser piel de oveja en todo el centro.
Cuando estuvieron sobre esta, Kagome empujó sobre uno de los sillones a Sesshoumaru, el cual le brindó una lasciva mirada mientras extendía su cabeza hacia el respaldo del cómodo mueble. Rápidamente la mujer condujo ambas manos hacia su espalda comenzando a bajar el cierre de su vestido para que finalmente este se deslizara por su cuerpo. Sesshoumaru se relamió los labios cuando Kagome se acercó sensual y lentamente a él en nada más que unas pantaletas blancas de encaje. Adelantándose al movimiento de ella, se inclinó hacia delante quedando a la altura perfecta de su entrepierna, donde comenzó a besarla por encima de la lencería mientras ella jugaba con su cabello, ondulando su caderas en el proceso.
Las manos de él aferraron con fuerza su pelvis, de vez en cuando sus manos iban de arriba abajo por sus piernas de seda y entonces Kagome pensó que necesitaría apoyarse en el espaldero del sofá para no caerse. Queriendo alzar una de sus piernas para darle mayor espacio para explorar, sopesó la idea de que podría dañarlo con sus tacones, por lo cual comenzó a tratar de quitárselos.
-Ni se te ocurra, te los dejarás puestos.
Tomando con agilidad una las piernas de la chica mientras se la flectaba, la apoyó en uno de sus hombros y tiró de ella sobre su pecho, Kagome acoplándose rápidamente al movimiento separó un poco más sus piernas y sintió como Sesshoumaru mordisqueaba y lamía a través de la prenda su hendidura. Ya estaba completamente empapada, las succiones del chico la tenían delirando y sentía que en cualquier momento alcanzaría el orgasmo.
Notando que los movimientos de ella eran cada vez más rápidos y sus gemidos más profundos, maniobró apartándose de ella por un costado. La joven quedó de rodillas sobre el sillón y el rápidamente se posicionó tras ella apretando su dura erección contra su trasero. Mientras hundía una de sus manos bajo el blanco encaje y frotaba su clítoris, bajó el cierre de su pantalón y tiró de su bóxer, apartando lo justo la tela que cubría la intimidad de ella, guió con la mano libre su miembro y la llenó por completo de una sola vez.
Kagome gimió curvando su espalda, mientras sus músculos vaginales apretaron la erección del joven, el cual se movió rápidamente dentro de ella haciéndola llegar al orgasmo, lo que la hizo estremecerse en un placer incalculable. Cuando esta acabó, él ralentizó las embestidas, pero no abandonó su húmeda cavidad. Siguió en un vaivén cadencioso que volvió a acalorar su cuerpo, mientras cubría de besos su hombro derecho y masajeaba con suavidad uno de sus pechos, Kagome giró su cabeza para unir su bocas. Sesshoumaru deslizó su lengua por el borde sus labios antes de unirla a la de ella, sosteniendo su rostro con una de sus manos para mantener la posición.
El aire que salía de sus bocas era lo único que necesitaban respirar en ese momento, daba igual si eran leves suspiros, sus cerebros igualmente se estaban condensando para dejar que sus cuerpos tomaran todo el control de la situación.
-Te siento perfecta de esta forma, ¿notas lo profundo que llego así? –un escalofrío recorrió la columna vertebral de la chica, quien se sujetó con fuerza del sofá por lo intenso del placer que sentía.
-Sí –dijo en un suspiro- me llenas tan bien. No puedo pensar en nada más que en tu cuerpo dentro de mí.
-Quiero esto –él comenzó a aumentar la intensidad de las embestidas-, quiero hacértelo de esta forma… y contra la pared y en el suelo, quiero que no sientas nada más que a mí dándote placer.
Kagome se escurría más y más gracias a las embestidas de Sesshoumaru. Le encantaba que le hablara mientras le hacía el amor, que le hiciera saber lo bien que se sentía también para él y que quisiera esto tanto como ella. Los sonidos de sus cuerpos chocando la hacían calentarse aún más mientras las manos de él iban y venían desde sus pechos hasta su centro.
De un momento a otro, se sintió frustrantemente vacía. Con la mente enturbiada, giró la cabeza sobre su hombro y vio que él se quitaba el resto de su ropa rápidamente.
-Tienes que ver esto –dijo el chico mientras la giraba y la hacía tenderse sobre su espalda elevando completamente sus caderas al encuentro de las suyas- quiero que veas como entro en ti –el aún seguía de pie, con una rodilla apoyada en el asiento mientras elevaba una de las piernas de la joven y la otra la enrollaba sobre su cadera. Lentamente su miembro comenzó a perderse de vista, mientras ella sentía nuevamente la dulce invasión de él en su cuerpo. Sus ojos comenzaron a cerrarse mientras se retorcía de placer, pero ante ello, el comenzó a retirarse tan lento como había estado entrando hasta ese momento-. No, quiero que lo veas, quiero que recuerdes esta imagen. Quiero que recuerdes cómo te hago sentir, cómo te hago mía Kagome.
Ella volvió abrir los ojos automáticamente, concentrando de nuevo toda su atención en el lustroso miembro de Sesshoumaru. Con una lentitud deliciosa se iba abriendo camino entre sus pliegues íntimos, haciendo que los músculos de su abdomen y pecho se tensaran por la pasión contenida. Su cuerpo se estaba cubriendo de una fina capa de sudor que lo hacía ver apetecible, ese hombre era un verdadero dios griego. Ella lo vio morderse un labio mientras tiraba un poco hacia atrás su cabeza, mientras algunos mechones de cabello se le pegaban a la frente y el cuello. Ahora salía por completo y volvía a entrar, una y otra y otra vez, para después de un buen rato, comenzar a hacer nuevamente más desenfrenadas sus embestidas. Kagome escuchaba unos gemidos profundos y roncos, y se sorprendió al notar que era ella quien los estaba emitiendo. Sus manos comenzaron a acariciar su propio cuerpo mientras una se detenía en uno de sus pechos y la otra iba hasta su hinchado clítoris.
-Sí. Mierda. Tócate amor. Tócate y deja que vea como te acercas al abismo –ahora él se acomodaba nuevamente para poner ambas piernas de ella sobre sus hombros haciendo que esta se arqueara bajo él mientras maldecía.
-Sesshoumaru… Sessh… Dios… – él acercó una de sus grandes manos a la cara de la joven e introdujo su pulgar entre los carnosos labios de la chica, la cual comenzó a lamerlo de forma delirante mientras tiraba succión tras succión. Cuando las cosas se pusieron más crudas y Kagome sintió que se aproximaba su segundo orgasmo, comenzó a mordisquear levemente el dedo del chico.
-Sí, muerde cariño, hazlo fuerte –Kagome empezó a ahogarse en sus propios gemidos-, muerde y ahora córrete para mí.
Y eso fue todo lo que necesito la joven antes de ver estrellas de colores en un sinfín de parpadeantes reflejos. Cuando el éxtasis la estaba partiendo por la mitad, sus músculos interiores vibraron y crearon una sujeción mortal en el miembro de Sesshoumaru, el cual comenzó a verter calientes chorros de su semilla dentro de ella. Los músculos de su cuello se tensaron y dejaron escapar un ronco gemido que más pareció un gruñido mientras su hinchado apéndice seguía retorciéndose en los últimos espasmos de su orgasmo.
Sus cuerpos se tomaron su tiempo para abandonar los resquicios del ritmo que habían estado llevando hasta ese momento, lentamente Kagome comenzó a bajar su piernas y darle espacio para que él se tendiera sobre ella formando la manta más calentita y aromática de la historia. Sesshoumaru no hizo ademán de salirse de dentro de ella, al contrario, espero que su cuerpo perdiera la tonificación del momento para solo deslizarse de su interior. Se acomodó en el pecho de ella y cerró los ojos por un momento, entregándose a lo placentero de las caricias que ella le brindaban con sus manos, dedos y uñas sobre la espalda.
El sonido de un celular lo sacó de su ensoñación. Sesshoumaru, reconociendo que era su móvil, aguardó unos minutos para luego incorporarse, besar los labios de su amada y elevarse un poco volviendo a quedar casi en la misma posición anterior. Kagome jugueteó con sus piernas en las caderas de él y este la miró moviendo sus cejas de arriba abajo varias veces seguidas. Su sonrisa llena de hoyuelos completó el panorama de su rostro y sin ninguna convicción habló mientras miraba la ropa tirada en el suelo.
-Deben estarnos buscando –acarició las piernas de la joven, elevó una pantorrilla para depositar un beso y luego se alejó del sillón-. Será mejor que bajemos para no destrozar los delicados sentimientos de los invitados de mi madre.
-La verdad me gustaría descansar… en la cama de mi hombre –Sesshoumaru, de pie y desnudo, la miró como si ella hubiera dado la respuesta del millón de dólares.
-¿Qué tal si bajamos y te llevo a casa entonces?
-Pero la subasta debe estar por comenzar… si es que no lo ha hecho aún.
-Pueden prescindir de nosotros, además hemos trabajado bastante hoy, nos merecemos un buen descanso. Sobre todo tú.
El chico se adelantó al baño cogiendo su bóxer y pantalón del suelo. Kagome esperó hasta que volviera para luego entrar ella al cuarto y asearse y arreglarse un poco antes de bajar. Una vez listos y dispuestos, Sesshoumaru la abrazo y la volvió a besar mientras ella sonreía y le decía te amo junto a su boca.
-Espera, antes de que volvamos tengo algo para ti –el rebuscó entre la chaqueta de su traje y sacó una cajita plana y rectangular del bolsillo, poniéndose muy cerca de ella, la extendió entre la unión de sus cuerpos y Kagome lo miró con ojos llenos de curiosidad.
-¿Qué es? –dijo tomándola entre sus manos.
-Compruébalo tu misma.
La joven tiró de la delgada cinta azul que cerraba la negra cajita y retiró la tapa. Dentro, un hermoso dije de oro blanco en forma de media luna era sostenido por una fina cadenilla que destellaba en minúsculos diamantes. Kagome jadeó ante lo hermosa que era la joya, era sorprendentemente ligera para el tamaño que tenía y por algún motivo, era algo que le podría recordar muy bien a Sesshoumaru, la luna.
-Amor –sintió que las lágrimas le escocían tras los párpados- es hermoso.
-Solo lo mejor para mi mujer –Kagome se enganchó a su cuello y volvió a unir sus labios- ¿quieres que te ayude?
-Sí, por favor –se dio vuelta, apartó el cabello de su nuca y Sesshoumaru abrochó el fino broche volviendo a deslizar la cascada de ondas negras por su espalda. La guió hasta un espejó cercano y ella pudo apreciar cómo destellaban los diamantes y la hermosa media luna un poco más debajo de sus clavículas. El la abrazaba por la espalda sonriéndole a su reflejo y ella tomó sus manos y las besó-. No me lo quitaré nunca.
-Te amo dulzura.
-Y yo a ti encanto.
Salieron de la habitación, nuevamente Sesshoumaru le ofreció su brazo y volvieron a bajar por las escaleras hablando despreocupadamente de todo y nada. Él se quejó de tener hambre y ella de sentir sus músculos algo tensos necesitando un masaje, el cual él se ofreció de inmediato dar en cuanto llegaran al penthouse. Cuando volvieron a la primera planta, la gente estaba comenzando a ingresar de a poco en el siguiente salón contiguo a los anteriores, donde se llevaría a cabo la subasta. Había nuevamente algunos reporteros y fotógrafos cerca asediando a algunas de las personalidades más connotadas del momento por lo que Sesshoumaru se detuvo al final de las escaleras apartándolos a ambos a un espacio más alejado.
-Iré a decirle a los demás que nos retiraremos, por lo menos haré el intento de llegar hasta mi madre. Espérame aquí, no quiero que te acerques sola al aparcamiento. Aprovecharé de buscar tu abrigo.
-No demores mucho, no quiero estarme escondiendo, pero no sé qué decir si alguien se me acerca.
-Ya estoy de vuelta –dijo guiñándole el ojo traviesamente y alejándose entre la multitud.
Kagome pudo percatarse, ahora más que en toda la noche, como las mujeres le abrían el camino al pasar a Sesshoumaru, como si fuera un príncipe al cual no debieran tocar, mas, las miradas que le brindaban rayaban en el descaro. Solo pudo sonreír y negar con la cabeza. Desde que se conocían nunca había utilizado eso a su favor y siempre parecía no percatarse de lo que provocaba en el resto, eso o fingía muy bien. Viendo desaparecer esa platinada cabellera que le gustaba tanto se concentró en lo que tenía en las manos.
Sopesó el paquete de una mano a otra tratando de adivinar qué podría ser. Lo primero que se le vino a la mente fue un libro, pero eso sería mucha coincidencia. ¿Quién podría haber sido?, la verdad, no había logrado ni preguntar el nombre a Kana. Con cuidado comenzó a rasgar el papel revelando poco a poco una vieja y algo desgastada cubierta de un libro. Sintió por un momento que la sangre se le congelaba en las venas, su corazón dio un brinco al mismo tiempo y el fondo de su garganta comenzó a rasparle, provocándole ganas de toser.
Quitando por completo el papel sostuvo el objeto como si fuera casi un recién nacido. Era una copia original del Decámeron traducido por su madre al español, la tesis con la que obtuvo el doctorado. Cuando su madre le había comentado sobre aquello le dijo que había perdido la única copia que tenía de su trabajo sin editar en una mudanza que había hecho. Pasando las páginas vio la letra de su madre, los bordes cubiertos de garabatos y apuntes, palabras tachadas y oraciones completas subrayadas. Las lágrimas atenazaron sus ojos. En el interior de la contratapa había una foto de su madre, era muy antigua, lo sabía porque llevaba el cabello largo atado en una coleta baja. Se llevó una mano a la boca para reprimir un sollozo, levantó la vista y comenzó a mirar a su alrededor. ¿Quién era el hombre que poseía esta copia y se la había hecho llegar en este lugar tan desconocido?
Como si la hubieran llamado por su nombre Kagome dirigió su mirada hacia la entrada del hall, donde un alto hombre de cabello oscuro y ondeado la miraba melancólicamente. Su penetrante mirada rubí la atravesó en una extraña intimidad, como si algo le dijera que lo conocía. El desconocido dobló uno de sus brazos por delante de su pecho e hizo una reverencia hacia ella, para luego brindarle una cálida sonrisa y luego darse media vuelta y comenzar a salir del lugar. Antes de que supiera cómo, se estaba dirigiendo hacia él, primero caminando rápido, luego ya trotando en sus finos tacones, creando un eco que llamó la atención de los que se encontraban cerca. Con las mejillas húmedas alcanzó la puerta. El hombre ya descendía por las escaleras.
-¡Espere!, ¡señor! –no sabía si comprendería inglés, pero notó que el aludido se detenía y giraba lentamente hacia ella a medio camino de las escaleras de la salida. Ella logró bajar quedando unos cuantos peldaños sobre él, aun así notó que era bastante alto y pudo detallar mejor sus facciones, las cuales les resultaron extrañamente familiar- ¿quién es usted?, ¿cómo ha obtenido esto? –dijo elevando el libro casi a la altura de su rostro.
El desconocido la miró durante lo que parecieron varios minutos.
-Sentí que era hora que lo tuvieras –dijo en un perfecto italiano. La chica abrió muchos los ojos. Era evidente que no era asiático.
-¿Quién es usted? –el hombre pareció dudar unos instantes, luego acortó la distancia y le entregó una pequeña tarjeta de presentación en un fino papel color marfil.
-No creo que sea el momento ni el lugar indicado. Pero puedes llamarme cuando quieras e iré a tu encuentro. No importa cuándo, no importa dónde, solo te pido que lo mantengas en secreto –ella cogió la tarjeta sin apartar la vista de sus ojos, sus lágrimas seguían cayendo gruesas por su rostro-. Por favor, no llores, me partes el alma.
-Por favor… -susurró la joven.
-Tienes los ojos de tu madre –dijo el desconocido y volvió a emprender el camino bajo las escaleras para subir a un auto que ya lo esperaba y marcharse.
Kagome abrazó el libro fuertemente contra su pecho, sentía como si recuperara una parte que no sabía que le faltaba. Sus piernas le temblaban y la brisa nocturna resultó levantarse más fría de lo que pensaba que estaría. Los guardias de seguridad cercanos cruzaron miradas unos con otros, hasta que finalmente uno decidió acercarse. Habiendo oído que hablaba en inglés se dirigió a ella en dicho idioma.
-Señorita, ¿se encuentra bien?, ¿desea que llamemos a alguien? –Kagome lo miró como si no reconociera los rostros humanos, a lo lejos una voz comenzó a hacerse cada vez más próxima y mientras más se acercaba más preocupación notaba en el tono.
-¡Kagome!, ¿qué ha ocurrido?, ¿qué haces aquí afuera? –la chica limpió sus mejillas rápidamente tratando de pasar desapercibida- ¿has estado llorando? –dijo el joven preocupado mientras la abrazaba- cielo ¿qué ocurre?
-No es… no es nada –'solo te pido que lo mantengas en secreto', le había dicho el hombre- es solo el regalo –Sesshoumaru se apartó de ella preocupado, no entendía nada de lo que ocurría, miró primero el libro y luego hacia las filas de autos que se encontraban alineadas en la salida.
-¿Quién te ha dado eso? –su tono ahora era preocupación mezclada con enfado-, ¿te ha hecho algo? –dijo tomándole por los hombros.
-No… no… he sido una tonta –dijo la joven tratando de sonreír y odiándose por lo que estaba a punto de hacer-. He salido pensando que encontraría a quién me ha hecho este regalo, me he emocionado porque es algo muy valioso, pero no he encontrado a nadie. Solo quería dar las gracias… lamento haberme puesto tan sentimental –el chico la miró con el ceño fruncido pero la volvió a rodear con sus brazos. ¿Cómo podía el aroma de él relajarla y su calor calmar todo su nervioso cuerpo?, gracias al cielo que tenía a Sesshoumaru cerca.
-Podemos volver y tratar de localizar a Kana, o bien llamarla mañana. No le he visto ni a ella, ni a su hermano dentro. Descubriremos quien fue cariño, no te pongas así.
-Lo siento- dijo ella nuevamente contra su pecho.
Sesshoumaru le hizo señas a uno de los guardias cercanos, el cual cogió la llave que le tendía y fue a por su auto. Cuando ella logró calmar su pena del todo, le ayudó a ponerse la gabardina beige que le pertenecía para evitar que cogiera frío mientras esperaban unos minutos y luego subían al coche.
-¿No te han reprochado por nuestra ausencia?
-Le dije a mi madre lo cansada que estabas y con lo entusiasmada que se encuentra, me ha pedido que te trate como una reina y agradezca lo que has hecho hoy. Miroku acercará a Sango y a Lin que ha decido quedarse también hasta el final –Kagome seguía aferrando inconscientemente contra su pecho el pequeño libro-. ¿Quieres hablar amor? –la preocupación en el tono de Sesshoumaru la trajo de vuelta a la realidad y decidió volver a fingir que todo estaba bien.
-Es un regalo muy especial, solo quiero darle las gracias a quién me lo ha hecho llegar. Ha sido un gesto muy desinteresado de su parte, sobre todo porque lo hizo llegar mediante un tercero y ni siquiera sé su nombre –el auto aun no arrancaba. Sesshoumaru la miraba con suspicaz atención.
-¿De qué se trata? –dijo indicando con su cabeza hacia el objeto.
Kagome lo instó a partir, lo cual el joven hizo de mala gana, no sin antes protestar. Mientras se alejaban del Shikon no Tama, ella le contó todo lo que sabía respecto al libro, le mostró algunas de las páginas con apuntes y subrayados, pero omitió la parte de la foto. Sesshoumaru logrando entender el por qué había descolocado tanto a la joven aquel presente, aparentó más calma ante ella, pero por dentro comenzó a maldecir a Kana por lo que había hecho esa noche.
Él sabía que la palabra desinterés no se encontraba en el diccionario de los Toei.
-Creo que cometeré una locura, Sango, Miroku, no me dejen sucumbir a la tentación.
-Es eso o terminas viviendo bajo un puente Lin –repuso el joven de la coleta.
-Terrible modernidad… ahora te dejan pagar con una tarjeta, ¡una tarjeta! –fingió la castaña de la coleta.
-Si tan solo me hubieran considerado dentro de las modelos… podría haberme hecho fotos con algunas de las prendas y esa preciosa joya…
Lin era bastante simpática, muy jovial y llena de vida, bastante extrovertida y con ningún tipo de filtro entre su cerebro y su boca. Sango la adoró. Mientras seguían charlando de pie al fondo del salón para evitar molestar a la gente interesada en la compra de artículos, Sango comprobó su móvil y decidió hacerse una foto junto a los dos jóvenes para enviárselas a su hermano. Hicieron diferentes poses, en una hasta Miroku tuvo que tomar el celular para ayudarla ya que era el más alto de los tres y alcanzaba mejor ángulo. Sango ya estaba cansada, pero Lin parecía no querer irse por lo cual no dijo nada, pero Miroku se logró dar cuenta tras verla bostezar.
-Lin, ¿no quieres que te venga a recoger al final de la noche?, Sango parece agotada, me gustaría llevarla a casa.
-Pero qué aburridos son, y gente tan joven… -la chica fingió estar molesta haciendo un puchero- Vayan, vayan. Yo me acoplaré a Irasue y le pediré que me pasen a dejar más tarde… quizá, después de todo me tengan que dejar bajo un puente.
-Hay varios muy bonitos en esta ciudad, ánimo –le dijo el chico mientras la abrazaba tiernamente.
-Siento abandonarte, ¿segura que estarás bien?
-Claro que sí, mañana quedamos a la hora del almuerzo, no lo olvides.
-Por supuesto.
Tras despedirse de Lin, ambos jóvenes salieron de lugar en dirección a la entrada. Repitiendo el mismo paso de Sesshoumaru, Miroku esperó junto a Sango a que trajeran su auto mientras palpaba en uno de sus bolsillos en busca de su cajetilla de cigarrillos.
-Aún tenemos una charla pendiente –le dijo agudamente la joven. Miroku encendió un cigarro y trató de pensar en alguna buena patraña para aplazar lo inevitable a esas alturas.
-¿Qué tal si lo dejamos para cuando puedas mantenerte despierta cinco minutos?
-Supongo que en tu casa tienes café.
-¿Quieres ir a mi casa? –preguntó con una traviesa sonrisa el joven.
-Creo que tendríamos un poco más de privacidad –respondió ella tratando de parecer indiferente.
-Eso me encantaría –los azules ojos del chico brillaron tras el humo que salía de sus labios. A sango le gustó el olor del tabaco que fumaba y se preguntó si sería realmente una buena idea jugar en territorio desconocido.
-¿De qué hablaba Kana? –dijo volviendo a centrarse en el asunto primordial. Ahora ambos estaban serios.
-Es un tema delicado Sango –el auto apareció a pocos metros de ellos y el chico apagó su cigarro en una pila especial para colillas-. Lleguemos a casa primero.
El viaje se hizo relativamente corto. Miroku era uno de los pocos hombres jóvenes que conocía que optaba por vivir en una casa en vez de un departamento o habitación de hotel, lo cual le encantó. Era inusualmente grande para alguien que vivía solo y tenía un estilo bastante europeo. Cuando ella se lo comentó él le dijo que era la casa de su infancia, con algunos ajustes y remodelados para convertirla en una casa de soltero. Sus padres habían decidido mudarse a un lugar más alejado del centro de la ciudad y todo el bullicio hace varios años atrás, luego optaron por volver a Inglaterra donde residían actualmente.
-¿De verdad quieres tomar un café?, a lo mejor podrías recostarte un rato mientras yo reviso unos papeles y ya cuando tengas renovadas tus energías podríamos hablar.
-Si me duermo ahora, más que seguro que no despertaré hasta mañana. Quiero aclarar las cosas ahora, siento que es importante.
El chico se apoyó en la mesa del living mientras ella estaba sentada en el amplio sofá de cuero blanco. La verdad, él también parecía agotado y sus profundos ojos azules eran una condensación de sentimientos que denotaba que no era algo fácil para él. Mientras suspiraba, el joven comenzó a frotar su cabeza como si quisiera ordenar un poco las ideas dentro de esta. Acabó quitándose la coleta y poniéndola en una de sus muñecas mientras tironeaba del nudo de su corbata verde esmeralda.
-¿Te importa si me cambio de ropa?
-¿Lo harás en frente mío?
-¿De qué otra forma podría ser? –la chica rio ante lo desinhibido que era el joven, le gustaba su picardía y que se comportara como un listillo la mayor parte del tiempo. Ella tendría que quedarse con el ligero vestido púrpura con escote asimétrico, que caía en un suave drapeado hasta sus talones.
-No hay problema, estás en tu casa –dijo ella observando sus manos, apartando el cutch y dejándolo sobre la mesita de centro.
-Ya regreso –el chico salió de la habitación, lo que la hizo sentir un tanto inquieta ante la espera, pero tras unos cuantos segundos volvió-. Me acabo de dar cuenta que no te he ofrecido nada, ¿aun quieres ese café?
-Estoy bien, puedo esperar a que vuelvas.
-No es como que quiera embrigarte, pero si no insistes con lo del café puedo ofrecerte algo para beber, ¿vino?, ¿champagne?... ¿algo más fuerte? –la chica resopló una risa. No se iría hasta dejarla con algo.
-Una copa de vino me iría bien.
-Claro… italiana… -dijo él mintras se dirigía al bar y sopesaba las opciones de vino que poseía.
-En realidad, soy alemana –volviéndose a mirarla le brindó una sonrisa.
-Cierto, ¿una cerveza entonces?
-Cualquier cosa me irá bien.
El chico abrió una mini nevera de donde sacó un par de cervezas. Abriendo una y vertiéndola en una vaso, cogió una servilleta de tela y la acercó hasta su invitada, quien la aceptó tímidamente. Ahora sí dejándola sola, desapareció por el espacio de unos breves minutos. Cuando volvió llevaba unos tejanos azules y un ligero polo grafito de cachemira. Cogió su cerveza del bar y volviendo a poner el vaso de vuelta, se dirigió cerca de Sango con nada más que la botella.
-¿No te sientes solo en una casa tan grande?
-La mayor parte del tiempo estoy fuera –dijo encogiéndose de hombros- pero es agradable tener un lugar amplio y tranquilo para poder descansar –cogió un mando a distancia y pronto el leve sonido de Muse comenzó a inundar el ambiente.
La chica no quiso ejercer más presión sobre él. El silencio se extendió entre ellos dejando más espacio la música. Miroku bebió unos sorbos más de cerveza, mientras se acomodaba en el suelo, sobre la mullida alfombra marrón delante de ella. Aun llevaba el cabello suelto, el cual se enroscaba un poco en las puntas y le enmarcaban los contornos de su bien formada mandíbula. De pronto ella quiso mordisquear ese lugar y comprobar si era igual de suave que los labios que había besado unas horas antes. Ante ese recuerdo se tensó un poco y llevó el vaso nuevamente a sus labios, sentía que sus pezones se estaban poniendo duros ante los recuerdos que estaba teniendo y lo frío del líquido que bebía. La verdad, estaba cansada, y el hecho de saber que al fin podía estar a solas con el apuesto hombre que se había colado en sus pensamientos desde hace algún tiempo, la hizo desear poder estar en una cómoda y amplia cama recostada sobre su pecho mientras él la acunaba hasta quedarse dormida.
¿Podría estar pensado lo mismo que él?, la forma en como se mordía los labios y como sus ojos parecían estar absortos dentro de una realidad fuera de ese cuarto le hacía pensar que, a lo mejor, también se encontraba rememorando aquel beso en el camerino del Shikon no Tama y deseando más, como él. No quería ser imprudente y avasallador como solía serlo con el resto de mujeres, pero no pudo evitar seguir el contorno de ese maravillo vestido que resaltaba todas y cada una de las curvas de su cuerpo. Su busto, bien formado y lleno, dejaba traslucir el hecho que no llevaba sujetador, por lo que sus pezones comenzaron a hacer acto de presencia de un momento a otro.
-¿Tienes frío?
-¿Hum? –respondió desconcertada.
-Puedo traerte algo para que te abrigues o si gustas puedo ajustar el termostato –la chica, realmente sentía que la temperatura estaba bastante alta, ¿acaso él no notaba el calor?
-No, no. Estoy bien. Siempre puedo ponerme el abrigo de nuevo –lo cual sería una lástima, pensó él.
No se rendiría. No importaba cuánto fantaseara con acercarse a esas piernas y subirle el vestido mientras le cubría de besos. Ella estaba esperando una respuesta. Eso era algo testarudo de su parte y hasta casi dominante, pero por algún motivo lo hizo sonreír y pensar que le encantaba. Armándose de valor, subió lentamente la mirada, hasta que ella encontró la suya. Sabía que sería difícil, pero sentía como si no hubiera nada de lo cual no pudiera hablar con ella.
-Antes de todo, quiero que sepas que hasta hace unos días no tenía idea de nada de esto. La verdad, preferiría no haberlo sabido, porque me ha puesto en un posición de lo más incómoda y, aunque quiero ayudar y eso me mata por dentro, la verdad no sé cómo hacerlo –la joven buscó acomodarse a la misma altura que él, sentándose en la alfombra, doblando sus piernas hacia un lado y apoyándose en uno de sus brazos, quedando a una distancia corta de él-. Tampoco es como si supiera mucho al respecto y ese es uno de los mayores problemas, poseo unas cuantas piezas de un gran puzzle que ni siquiera sé qué forma tiene y ahora… ahora estoy un tanto entre la espada y la pared.
-¿A qué te refieres con eso?
-Di mi palabra, algo que me tomo muy en serio –dijo con extrema seriedad en su rostro-, pero de un modo u otro te has vuelto la espada acorralándome. Sé que a medias ya estás dentro de esto por lo que ha ocurrido en la tarde, pero tengo mis reticencias de si realmente hablar o no, una, porque dije que no mencionaría nada hasta llegado el momento y dos, porque no sé cuán peligroso es el que más personas se enteren. Sí es así, preferiría que no me volvieras a hablar y me maldijeras mientras me golpeas con los puños, pero por ningún motivo voy a ponerte en una situación en la cual no pueda protegerte.
Sango sintió que su estómago daba un brinco. Primero pensó que era un nudo, pero terminó dándose cuenta que eran más bien mariposas. La sincera preocupación de él, quién aún podría considerarse un desconocido, la llenó de un sentimiento cálido que la empujaba a querer abrazarlo contra su pecho y besar su morena cabeza. El silencio volvió a extenderse. Él, con sus piernas flectadas, los codos en las rodillas y la cabeza algo gacha. Ella, ahora en una pose similar, mirando hacia el gran ventanal de la derecha.
-¿Me lo dirás? –el chico dio un largo y hondo suspiro, ella buscó su mirada y cuando se encontraron vio la lucha interna en sus ojos.
-Sí.
-Bien. Entonces tiene que ver con Sesshoumaru y Kagome, por lo que puedo deducir.
-Sí
-Supongo, igualmente, que hay más personas que lo saben, como los Toei.
-Probablemente.
-Hakudoshi me ha insinuado algo sobre ti esta noche, algo con lo que trataba de persuadirme con respecto a no confiar en ti, por los secretos que estas guardadndo–extendió una de sus manos y la posó sobre una de él, quién había puesto una cara de ira ante la revelación que le estaba haciendo-, pero por algún motivo, confío en ti y suelo tenes buen instinto sobre las personas. Me lo dirás cuando creas que sea apropiado –Miroku pareció sorprendido, sus labios estaban tensos en una delgada línea – pero… si necesitas ayuda o ves que las cosas se ponen mal, debes buscarme y dejar que te ayude. Como bien dijiste, ya estoy a medias en esto y estamos hablando de Kagome, quien es prácticamente mi hermana.
-Gracias –él se acercó sin siquiera pensarlo y la abrazó fuertemente.
Sango aún tenía el vaso en una de sus manos y temió dar vuelta el contenido. Tanteando con cuidado a uno de sus lados, lo apoyó en la superficie plana del suelo y pudo por fin hacer lo que llevaba deseando desde hace mucho tiempo: rodear con sus brazos al joven.
Miroku extendió sus largos dedos por debajo de la sujeción de la coleta alta de la joven, quitándosela y haciendo que su cabello cayera libre mientras aferraba las castañas ondas. Olía a jazmín, le encantara que no fuera un aroma común, y estaba más que seguro que no llevaba precisamente perfume. La había notado nerviosa desde que subió a su auto, pero ahora, su cuerpo suave y tibio, hacía que fuera él quien sintiera sus extremidades estremecerse y temblar. Nunca el cuerpo de una mujer le había provocado eso y ya que estamos en ello, no habían sido pocos, pero siempre acababan siendo eso, cuerpos, cuerpos sin un rostro que recordar, sin ojos los cuales buscar continuamente en otras personas, sin labios que quebraran su deseo de besar otras bocas, sin un cabello que olía a paraíso y lo arrojaba al infierno cada vez que se esfumaba de sus senos nasales. Sango era diferente y eso le provocaba algo de miedo, porque no sabía cómo actuar al cien por ciento. Lo único bueno, era que su cuerpo parecía entrar en piloto automático cada vez que estaba cerca de ella, pero, ¿qué pasaría cuando ella no estuviera cerca? Ya lo había experimentado levemente, pero ahora que habían compartido un poco más y que la relación entre ellos se diera como si se conocieran desde el origen de los tiempos, tenía ese dejo de miedo a un nuevo tipo de soledad, una donde ningún cuerpo puede reemplazar al ser que se quiere y donde ni siquiera se concibe la idea de hacer tal cosa.
Eso era poner su mundo de revés.
Apartándose un poco, tomó el rostro de la joven entre sus manos y apoyó su frente en la de ella. Se moría por besarla, pero esta vez como se debe, sin embargo, de hacerlo, sabía que su vida cambiaría completamente y no estaba seguro de si era eso lo que quería.
Cobarde.
El dulce aliento de ella se filtraba de entre sus labios y le producían leves cosquillas en el mentón. Ella lo llamó en un susurro y él apretó sus ojos tratando de contenerse. Con lo cerca que estaban podría ver su reflejo en los ojos de ella… y con eso estaría acabado. Tímidamente, unos esponjosos y suaves labios se posaron sobre los de él, haciendo que abriera levemente la boca tratando de ahogar un suspiro. Ella solo aprovechó la oportunidad para succionar su labio inferior, pasando su lengua caliente por la comisura de este, provocando que quedara resbaladizo e hinchado. Él no podía coordinar bien los movimientos. Dios, le estaba entrando vergüenza el responder tan mal a la dulce caricia que ella le estaba dando, porque era un besador experimentado, de esos que saben hacer muchas cosas con la boca y que no la dejan quieta hasta que consiguen saciar todas sus ansias sexuales. Pero Sango lo derrumbaba, hacía pedazos todo su gran ego de hombre candente, estaba demostrando que podía perfectamente masticarlo para luego escupirlo sin que pudiera defenderse ante ello. No sabiendo qué hacer, su rostro se presionó más al de ella y separó mucho más sus labios, pero sin siquiera hacer un amago de otro movimiento. Y no lo necesito, porque ella introdujo su lengua rozándose en la de él y lamió con calma, muy a consciencia, los rincones de toda su boca, succionado, retrayendo, introduciendo, mordisqueando.
-Miroku –jadeó la muchacha.
No fue hasta el tercer intento que él logró darse cuenta que ese era su nombre y por fin abrió sus ojos para salir un poco de la bruma en que lo había sumergido el beso de aquella mujer. La tenía presionada contra el sillón, en lo que él calculó una pose incómoda. No se había dado cuenta que una de sus manos exprimían una de las caderas de la chica y la otra se aferraba con fuerza de los mechones de su cabello. Estaba despeinada, sonrojara, con los ojos brillantes y los labios hinchados. Su pecho subía y bajaba de forma irregular, como si hubiera atravesado corriendo toda la ciudad hasta su casa y las piernas de él la tenían prisionera entre en suelo y el mueble.
-Sango… yo… lo siento –dijo comenzando a alejarse. Azorado, se puso de pie rápidamente extendiéndole una mano para ayudarla a incorporarse-. No sé qué me pasa… juro que no suelo ser así, o sea, suelo ser mucho mejor… digo… -el chico se estaba hundiendo cada vez más, ella solo rio con un sonido cantarín y cristalino como el agua- Dios… -volvió a suspirar, alejándose un poco puso los brazos en jarra y la miró unos segundos-. Te acercaré a casa de Irasue –por el rostro de Sango cruzó una sombra extraña, que la hizo ver como alguien que acaba de recibir una especie de rechazo de alguien muy preciado. Levantando la barbilla y plantándole cara lo miró casi desafiante.
-Quiero quedarme –Miroku se restregó la cara con ambas manos y cuando sintió que extensas llamas se extendían por su interior, saltó sobre Sango y se aferró a ella como si su cuerpo tuviera el único método para volverlo a la calma.
Sus manos aferraron los extremos de su cabeza y la obligaron a retroceder hasta chocar contra el cristal de la puerta corrediza. Sango gimió y aferró la estrecha cintura de él para no perder el equilibrio y atraerlo más hacia su cuerpo.
-¿Por qué? –susurró con estranguladas palabras.
-¿Por qué, qué? –preguntó confusa ella. El recorrió el camino de su boca hasta su cuello y sus brazos rodearon con fuerza su cintura.
-Creo que voy a devorarte.
-Está bien. Eso quiero.
-No, no está bien.
-¿Por qué no? –el joven no supo cómo decir que no se sentía lo suficientemente bueno, que se había convertido hace veinte minutos en un inseguro de mierda y que tenía miedo de que ella lo notara y se alejara corriendo.
Se detuvo por un momento en su cuello, sin poder decir nada realmente. ¿Dónde había ido el extrovertido galán que había sido todo este tiempo?, ¿por qué se comportaba de forma tan patética justo ahora cuando sabía que ella quería lo mismo que él? Una vez más la palabras no salieron de su boca y sintió que sus extremidades superiores comenzaban a ceder laxas a cada lado de su cuerpo. Ella rodeó su cuello y apoyó su dulce cabeza casi rozando la altura de su hombro. Estuvo así un momento hasta que finalmente habló.
-No pasa nada Miroku. Puedes llevarme a casa de Irasue –en cuanto dijo eso la alerta se activó en su cerebro y automáticamente la apretó contra sí.
-No quiero que te vayas –ella se apartó y lo miró con esos ojos llenos de comprensión y cálida tranquilidad.
-Entonces vamos a descansar. Solo eso. Me encantaría poder dormir a tu lado.
Él quiso detallar una larga lista de las cosas que deseaba hacer con ella en su cama y que no eran precisamente dormir, pero en su interior supo que el solo dormir representaba algo igualmente íntimo. Le encantaría poder despertar y ser ella lo primero que vea entre sus brazos, o que si despertaba a media noche y estiraba su brazo, sería su cuerpo el que encontraría del otro lado de la cama. La volvió a besar, antes de guiarla fuera de la sala.
-Me encantaría dormir contigo –tomó una de sus manos y la condujo escaleras arriba a una amplia habitación adornada en color caoba, dorado y blanco.
Le ofreció una polera para que estuviera más cómoda, la cual le quedaría perfecta como pijama. También le mostró el baño y ofreció materiales de aseo dándole tiempo para prepararse.
No tenía la costumbre de dormir con pijama, siempre los había detestado y nunca una mujer se lo había pedido. Jamás. Pero esto no se trataba de él o de las docenas de mujeres con las que había estado anteriormente; esto se trataba de Sango, de la dulce, tierna y comprensiva mujer que le había propuesto lo que nunca otra había siquiera imaginado: dormir con él. No pudo evitar sonreír. Esa chica era lo más inusual que se había topado en la vida. Y vaya que había tenido encuentros inusuales.
Estaba apartando las mantas cuando ella salió del baño con su hermoso cabello suelto cepillado y la blanca polera de algodón que le había dado, la cual le llegaba casi a las rodillas. Era una imagen a la que cualquier hombre podría acostumbrarse y mil veces más sexy que cualquier lencería fina y sugerente. Ella no quiso mirarlo hasta estar en el borde del extremo opuesto de la cama, donde vaciló unos minutos.
-Puedes acostarte, yo iré a cambiarme –dejándola sola, refrescó su cara con agua helada demorándose más de lo habitual en hacer su aseo previo a acostarse.
Para cuando salió, Sango estaba bajo las mantas apoyada de forma que quedaba mirando hacia él. Sus párpados estaban pesados, pero no se durmió hasta que él volvió junto a ella. Él se había puesto un pantalón largo de franela negro que aún tenía la etiqueta, la cual retiró en el balo y una musculosa azul petróleo cualquiera.
-¿Estarás cómodo si duermo aquí? –él apoyó la cabeza en la almohada, pensando en si apagar o no la luz del velador.
-Yo… -cuando no hubo más respuesta la joven se incorporó un poco.
-No pasa nada, iré a otra habitación –Miroku saltó y sujetó uno de los brazos de la joven deteniéndola.
-No, Sango… es solo que… -la chica lo miró un tanto curiosa, su cabeza inclinada hacia un lado hizo que el cabello le cayera hacia delante- es solo que me gustaría… poder abrazarte.
-Miroku, puedes hacerlo, no haré nada que no quieras –era tan extraña esa conversación. Sonaba como algo que diría un joven de instituto en la cita donde había logrado llegar a segunda base.
-No eres tú, soy yo –ante esas estúpidas palabras no pudo evitar reírse, cosa que también le causó mucha gracia a ella-. No puedo creer que actúe como todo un novato. Estoy aquí con una hermosa mujer, que solo me ha pedido yacer a mi lado, a la cual he estado deseando con locura por meses y ahora que tengo la oportunidad que estuve esperando todo este tiempo, no me atrevo ni siquiera a respirar al lado tuyo...
-¿Qué fue lo que dijiste? –preguntó curiosa Sango. Miroku pareció confuso y trató de repasar todo lo que había dicho encontrando cuál había sido el error.
Mierda.
-Yo… -este papel de niño bobo lo estaba fastidiando- vamos... no puedes no darte cuenta de cuánto me gustas... eso terminaría de destruir mi ego esta noche.
Sango, por décima vez en la noche, tomó la iniciativa. Lo empujó con suavidad sobre el mullido colchón acomodándose a su lado.
-Date la vuelta.
-¿El qué?
-Que te des la vuelta. Ahora. Y apaga esa luz, que sino no podré dormir.
Miroku hizo lo que le dijo, dándose la vuelta extendió uno de sus brazos, apagó la luz dejando la habitación en penumbras y se acomodó sobre su costado izquierdo. Un brazo le rodeo la cintura y unas insinuantes curvas se pegaron a su espalda. Las piernas de ella eran un poco más cortas, pero supieron enredarse a la perfección en las de él. Depositando un suave beso entre sus omóplatos, Sango posó una mejilla contra su espalda y su respiración comenzó a hacerse más profunda y lenta.
Extrañamente, esto se sentía tan bien como si estuviera sobre ella arrancándole la ropa y hundiéndose en su cuerpo. Nunca se había acurrucado con una mujer, muy pocas veces había pasado una noche entera con una, para ser sinceros, pero la ternura de este gesto lo derretía y hacía desear que nunca, nunca le soltara. Pero no solo sus sentimientos habían despertado. Hacía más de media hora que el bulto entre sus piernas no quería ceder, tirando a través de su ropa como si quisiera salir y saludar gritando desesperado por atención. El pijama era su mejor aliado. Confiaba plenamente en que la incómoda tela le mantendría a raya de los obscenos pensamientos que había estado teniendo en torrente desde que Sango había cruzado el umbral de su puerta.
Debía dormir. Sango ya estaba grogui. Ahora de él dependía que esta fuera la mejor o la peor noche de su vida.
Musas de los reviews, primero que todo, muchas gracias por sus comentarios nuevamente. Es muy gratificante leerlas a quienes se dan el tiempo de dejar un mensaje de ánimo; segundo, mil disculpas por subir tan tarde el capítulo y alargarlo tanto (como la historia en general). Me faltan muchas cosas por mencionar y no sé calcular bien cuántos capítulos más me echaré en esto, solo espero que puedan estar disfrutándolos.
La cosas se comenzaran a complicar de aquí en adelante entre los personajes, les pido paciencia y comprensión; estoy tratando de retomar mi vida donde la dejé como hace tres semanas atrás, así que espero poder actualizar pronto para que no pierdan el impulso y ganas de continuar leyendo.
¡Besos y abrazos cibernéticos a todxs!
Jú la Deppravada.
