CAPÍTULO 10 El animago.
Como era de esperar, Draco puso mala cara y su madre y Zabini la pusieron aún peor. Lupin había tenido un pase porque le había sido leal a Harry todo el tiempo, pero Hermione se había puesto en su contra y no se fiaban de que no fuera a tenderles una trampa. Harry pasó un rato duro explicando que no hablaría con ella si Remus no le aseguraba que estaba receptiva a la verdad y finalmente zanjó la discusión haciendo notar que su amiga había conseguido en una semana la información que los mortífagos probablemente habían tardado años en reunir. Después de refunfuñar un poco más, acabaron admitiendo que no podían desdeñar la ventaja que suponía una mente como la de Hermione y dieron su aprobación a la entrevista. Harry se alegró porque habría ido de todos modos, pero era más cómodo no tener que mentir sobre ello.
Mientras aguardaban más noticias de Remus Lupin, ellos tenían que preparar el secuestro de Robards. Harry les contó todo lo que sabía de él y sus costumbres. Estaba casado, tenía un hijo de treinta años que iba a comer a su casa todos los domingos con su mujer, su brazo izquierdo se le había quedado algo anquilosado desde la guerra y solía ir con un dementor como guardaespaldas. Además, había protegido su casa con los mejores sistemas de seguridad del mundo mágico y los tres crups más malencarados que él había visto nunca.
-Entonces no iremos a por él a su casa-dijo Narcissa.
-El ministerio es un escenario aún más difícil-replicó Draco-. Y allí no podremos interrogarlo con tranquilidad. Yo voto por la casa.
Harry meneó negativamente la cabeza.
-Yo también creo que la casa es nuestra mejor opción, pero tenemos que entrar y llevárnoslo. No podemos quedarnos a interrogarlo.
-¿Por qué no?
-Entrar en su casa quiere decir alejar al dementor, reducir a los crups y romper su sistema de alarma. Si alguien de su entorno se acercara, notaría enseguida que algo va mal.
-Pero aquí no podemos traerlo, Potter-dijo Zabini-. Es demasiado arriesgado. Si consiguieran seguir su rastro de algún modo los conduciríamos directamente al monasterio.
-¿Por encima del Fidelius?
-Aunque se suponga irrompible, aquí hay niños-dijo Narcissa, mirando a su hijo-. ¿Qué tal la Casa de los Gritos?
-Está demasiado cerca de Hogwarts y de Hogsmeade-contestó-. Si se enteraran de que estamos ahí, tendríamos a mil y pico magos tras nosotros en cinco segundos. Es mejor un sitio más aislado.
-¿Os acordáis de aquel granero abandonado que había a unas veinte millas de mi casa?-preguntó Zabini-. Aún seguía allí la última vez que me acerqué.
Draco y a su madre parecieron encontrarlo una buena opción y le pidieron a Blaise que se asegurara de que el granero no había sido demolido sin su conocimiento. También empezaron a decidir quién participaría en esa misión. Malfoy quería ir, y eso normalmente habría obligado a Zabini a quedarse en el monasterio, pero aquella vez participarían los dos. No querían meter a más gente en el secreto y cuando Harry señaló que tres personas parecían pocas para la tarea que tenían por delante, Malfoy propuso a uno de sus guardaespaldas.
-Nos llevaremos a Greg.-Se giró hacia Harry, como anticipando la protesta que, efectivamente, estaba a punto de salir de sus labios-. Ya sé que piensas que él y Vince son dos mulos de carga sin cabeza, Potter. Y tienes razón. Pero los dos harán cualquier cosa que les pida sin una sola pregunta, sobre todo Greg. Y entre Blaise, tú y yo ya tenemos poder de sobra.
Harry aún seguía sin estar demasiado convencido, pero asintió, deseando seguir adelante con el plan.
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Al día siguiente, cuando iba charlando por los pasillos con Virginia McAllistair, una de las gemelas le dijo que Draco, que estaba en ese momento en el laboratorio de Pociones, necesitaba que fuera allí un momento. Un poco sorprendido de que Malfoy le dejara acercarse siquiera a su santuario, Harry se fue a ver qué quería y se lo encontró con cara de mal humor, liado con una poción y con un lloroso Altair Malfoy al lado. Al pequeño no le faltaban razones para llorar, ya que su piel se había vuelto de color azul pálido y se había cubierto de bultos de aspecto desagradable.
-¿Qué ha pasado?
-Este idiota ha entrado aquí sin permiso y se ha puesto a jugar con las pociones-dijo Draco, sonando terriblemente parecido a Snape en ese momento-. Cualquiera diría que un Malfoy sería lo bastante listo para no jugar con algo tan peligroso como una poción, pero obviamente mi propio hermano tiene el cerebro de un Hufflepuff.
-¡No soy un Hufflepuff!-rugió Altair entre lágrimas, sonando tan indignado que costaba creer que no había visto a un miembro de esa casa en toda su vida.
-¡Pues deja de portarte como uno!-Los dos hermanos intercambiaron la misma mirada desafiante hasta que, finalmente, el pequeño apartó la vista y siguió sollozando en silencio. Harry se dio cuenta de que el ceño de Malfoy se suavizaba un poco-. Tengo que prepararle el antídoto antes de una hora o esos bultos estallarán y entonces sí que dolerá de verdad. Le había prometido a Greg que le ayudaría a practicar el Patronus. ¿Te importa sustituirme? Se lo pediría a Blaise, pero está de guardia hasta las tres. Y mi madre...
Harry le interrumpió.
-Claro, no te preocupes. Da la impresión de que estás muy liado.
Draco miró a su hermano con resignado cariño y meneó la cabeza. Harry le sonrió, pensando que era más cálido de lo que daba a entender la mayor parte del tiempo. Se preguntó cómo sería su vida si no fuera responsable de casi medio centenar de personas, si pudiera hacer lo que quisiera. Todavía se entetendría preparando pociones, pero jugaría más al quidditch, seguro. Y probablemente dejaría de dar esos paseos solitarios que daba a veces.
-Gracias, Potter. Supongo que me estará esperando donde siempre, en esa sala anexa a la capilla. Ah, y en teoría lleva él el chocolate.
-De acuerdo.
Harry se despidió de ambos deseándole buena suerte-Altair era un chiquillo bastante duro y aquello debía doler si estaba llorando y Draco no lo criticaba por ello-y fue a reunirse con Goyle. Normalmente la gente sólo iba a la capilla para practicar la Cruciatus, así que estaba desierta, pero en cuanto entró le llegaron voces provenientes de la sacristía. Las identificó enseguida, eran las de Crabbe y Goyle.
-No sé hacerlo, Vince, déjame en paz-oyó que decía Goyle.
-Si yo he podido, tú también puedes-replicó Crabbe-. Mira, no es tan difícil.
Mientras iba hacia la puerta, supuso que Crabbe también le estaba ayudando con el Patronus, pero entonces escuchó un revoloteo de plumas que le dejó bastante confundido.
-Vale, tío, deja de presumir.
El revoloteo cesó inmediatamente.
-No estoy presumiendo. Te intento ayudar. Draco cree que tú también puedes ser animago, así que inténtalo.
Aún al otro lado de la puerta, Harry ató cabos rápidamente. Por increíble que pareciera, aquel berzotas de Crabbe había conseguido convertirse en animago y podía transformarse en algún tipo de pájaro. Si eso era posible, cualquier cosa lo era. Intrigado, tocó a la puerta y la abrió sin esperar respuesta. Vince estaba a medio vestir-realizar la transformación con ropa incluida era aún más difícil- y los dos lo miraron con alarma.
-No estábamos haciendo nada-dijo Greg a toda prisa, pensando seguramente en su mujer.
-Ya, ya lo sé-le tranquilizó Harry, reprimiendo la imagen escalofriante que Goyle había sugerido.
-¿Qué haces aquí?-le preguntó Crabbe, con recelo, terminando de vestirse.
-Me envía Mafoy. No puede venir a ayudar a Goyle con el Patronus y me ha pedido que lo haga yo. Crabbe, no sabía...
Entonces se interrumpió. No, no sabía que era un animago. No constaba en su ficha. Entre los aurores se le consideraba un mago apenas más poderoso que un squib, nadie habría visto razones para colocar un hechizo anti-transformaciones en su celda.
Crabbe podría haber abandonado Azkaban por la ventana en cualquier momento.
Harry se lo quedó mirando sin entender absolutamente nada. ¿Por qué no lo había hecho¿Por qué había esperado a que Malfoy acudiera al rescate?
-¿Potter?
Había dado por sentado que Malfoy había ido a por Crabbe y, al verlo allí, se lo había llevado a él también para devolverle su involuntario favor en el ministerio. O, como mucho, que después de la captura de Crabbe habían decidido matar dos pájaros de un tiro. Ahora empezaba a preguntarse si Crabbe no habría sido sólo una cortina de humo. ¿Y si desde el principio el único motivo de aquella misión hubiera sido rescatarlo a él?
Crabbe se lo había quedado mirando con su habitual falta de curiosidad, Pero Harry decidió que prefería hablar con Malfoy directamente. Si no hubiera sabido que estaba ocupado preparando esa poción para Altair, se habría ido a buscarlo en ese mismo instante. Ya que tenía que esperar, bien podía hacer lo que había dicho que haría.
-Nada... Nada, se me ha ido de la cabeza. ¿Tú también te quedas a practicar?
-No, tengo cosas que hacer. No te canses, Greg.
Ayudarlo a lanzar un patronus medio decente no era tarea fácil, pero Harry no llegó a distraerse tanto como para olvidar lo que había descubierto. Su cabeza era un auténtico hervidero de teorías, algunas disparatadas. Por un momento incluso consideró que todo aquello fuera una inmensa y complicada trampa, pero rechazó la idea rápidamente. Su instinto le decía que Malfoy no le estaba engañando. Sin embargo, la explicación de que se lo debía por lo del ministerio había dejado de cuadrar.
Estaba impaciente por oir qué tenía que decirle.
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Harry finalizó la sesión cuando el chocolate dejó de paliar los agotadores efectos del Patronus. Greg no conseguía lanzar un patronus corpóreo, pero su escudo parecía bastante consistente y tendría que bastar, al menos por aquel día. Entonces se despidió de él, felicitándole alentadoramente por su esfuerzo, y se fue a buscar a Malfoy con un gesto de decisión en los ojos.
-¿Sabéis si Malfoy sigue en el laboratorio?-le preguntó a Connor Montague y su novia Erin. Los dos tenían veinticinco años y ella, que era Ravenclaw y de una familia libre de sospechas, había decidido esconderse allí con él y convertirse en la heroína romántica, junto con Pansy, del escaso puñado de chicas adolescentes que pululaban por el monasterio.
-No, le he visto yendo hacia la entrada.
Harry les dio las gracias y se dirigió hacia allí. Antes de salir usó la varita para hacer aparecer una de sus túnicas de abrigo y se la colocó. A pesar del frío, Malfoy no era el único que andaba por allí fuera. Harry vio a Virginia y a Andrea Greengrass, que le confirmaron que habían visto pasar a Draco por ahí hacía un par de minutos y le indicaron la dirección que había tomado. Después distinguió a lo lejos a las madres de Crabbe, Goyle y Nott paseando juntas, pero ellas no lo vieron. Más adelante, por fin, se topó con Malfoy, que se había agachado para arrancar una flor y la estaba oliendo con aire de concentración y curiosidad. Harry no pensó ni por un momento que le hubiera atrapado en un momento de ternura y romanticismo: sabía que debía de estar tratando de averiguar sus posibilidades como ingrediente en alguna poción.
-Malfoy-le llamó.
Él dio un leve respingo, pues no le había visto llegar, y se puso en pie.
-Eh, Potter¿qué tal con Greg?
-Lo ha hecho bastante bien. ¿Cómo está tu hermano?
-Mentalmente dañado desde el día de su nacimiento, si me preguntas a mí. Pero ya no es azul y los bultos le han desaparecido.
Bien, cortesías cumplidas.
-He descubierto algo. Sé que Crabbe puede transformarse en algún tipo de pájaro. Y no termino de entender por qué no lo usó para salir de Azkaban.
Draco arqueó una ceja.
-Ya sabes que no es muy poderoso. Cinco minutos entre dementores y se quedó sin magia para usar la transformación. Y ahora, si me disculpas, tengo que matar a Crabbe por ser tan descuidado. Le dije que debía mantenerlo en absoluto secreto.
Pero Harry le cerró el paso.
-No, no, no, Malfoy, no tan rápido. Los dos sabemos que eso no es exactamente verdad. Sirius salió de Azkaban transformándose en perro después de pasar allí diez años. Sin un contra- hechizo específico, la capacidad de usar esa habilidad es de las últimas que se pierde. Crabbe podría haber huído por la ventana.
Draco ladeó la cabeza, intentando aparentar desinterés.
-¿A dónde quieres ir a parar, Potter?
Pero Harry no se dejó engañar. Malfoy estaba cada vez más tieso, y eso sólo le pasaba cuando se sentía incómodo.
-Creo que no fuisteis a por Crabbe. Él estaba allí por otra razón. Desde el principio, fuisteis a por mí.
Draco se las apañó para hacer un ruidito burlón.
-Y luego dices que no te crees el centro del universo.
-Lo estoy diciendo en serio. Quiero saber por qué os arriesgasteis tanto por mí. Y no me vengas con lo del ministerio. No me debías tanto.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. Entonces Draco apretó los labios como si estuviera disgustado y se giró un poco, dándole la espalda.
-Sí te lo debía-dijo, con voz hosca-. Te lo debíamos todos.
-¿De qué estás hablando?- Draco no contestó-. ¿De qué estás hablando?
Malfoy seguía callado, pero Harry casi podía oir las palabras pugnando por salir en contra de lo que sin duda le estaba dictando su cabeza. Lo que no esperaba es que de pronto se girara de nuevo hacia él y demostrara que el gris también podía llamear.
-¿Quieres saberlo?-Se subió la manga de la túnica con rabia y le mostró la Marca Tenebrosa que llevaba en el brazo-. Te lo debíamos por esto. Cada vez que la veo recuerdo que hubo un tiempo en el que tuve un amo. Un amo...Como si fuera un elfo doméstico. Teniendo que rebajarme ante ese... esa cosa.
Parecía imposible que una voz humana pudiera destilar tanto aborrecimiento. Harry casi lamentó haberle dicho nada.
-Malfoy, no...
-Una vez me preguntaste por qué no me había contentado con desertar. Lo habría matado con mis propias manos, Potter. Con los dientes, si hubiera hecho falta. Porque los Malfoy no tenemos amos¿lo entiendes?. Los Malfoy no nos inclinamos ante nadie. Pero el único que podía matarlo y darnos la libertad eras tú. Y nosotros te dimos la libertad a ti.-Su mirada se había vuelto retadora-. Yo pago mis deudas, Potter.
Los ojos de Malfoy estaban expresando mil emociones a la vez, pero eso estaba bien, pensó Harry, porque él también tenía en ese momento mil emociones en la cabeza. La guerra lo había convertido en un héroe. En EL héroe. Le habían dedicado discursos de agradecimientos que le aburría y avergonzaba oir, le habían condecorado y le habían puesto su nombre a sus hijos recién nacidos. Pero era Malfoy, Malfoy entre todos los hombres, quien se había sentido en deuda con él hasta el punto de arriesgar su vida y la de sus amigos para sacarlo de Azkaban.
-Harry-dijo, sin saber por qué-. Me llamo Harry.
Aunque Malfoy lo miró como si se estuviera preguntando qué clase de respuesta era aquella, su agitación apenas contenida se aquietó bastante.
-Harry-repitió, en voz baja.
Su nombre en labios de Draco sonaba... correcto.
-Siento que esto te traiga malos recuerdos, pero yo me alegro de saberlo. Y nunca te he dado las gracias por lo de Azkaban, ni siquiera cuando lo hizo Remus...
-No necesitas hacerlo-le interrumpió él, sin brusquedad-. ¿No has oído lo que te he dicho?
-Sé que no necesito hacerlo. A lo mejor es que quiero hacerlo. Así que gracias, Draco.-Su nombre sonaba exótico y nuevo-. Gracias por mi alma.
Malfoy clavó los ojos en el suelo, y si antes había parecido incómodo, ahora estaba a punto de colapsarse.
-Gracias por la mía-masculló, tan bajito que Harry estuvo a punto de no oirlo.
Un golpe de aire hizo que sus túnicas revolotearan y que el fino cabello de Draco le cayera sobre los ojos. Harry estuvo a punto de alargar el brazó y apartárselo él mismo de la cara, pero contuvo el gesto antes de que pudiera notarse, asombrado de sí mismo, y observó cómo lo hacía el propio Draco. La sensación que tenía de pronto en el estómago le hizo sentirse raro y nervioso y buscó algo que le distrajera.
-Entonces¿cuál fue el papel de Crabbe en todo aquello?
Malfoy frunció ligeramente el ceño, pero fue apenas un instante. Cuando volvió a hablar, su voz sonaba tranquila, casi amable.
-Para empezar, él podía escaparse y advertirnos si notaba algo raro o si te habían trasladado a otra parte. Además... intentábamos darte una coartada.
-¿Una coartada?
-Se supone que somos los malos. Te iban a dementorizar: no había razón alguna para ir a por ti, sacarte de allí y matarte en nuestro cuartel general. Pero si íbamos a por Crabbe... Bueno, entonces cabía dentro de lo posible que decidiéramos divertirnos contigo un rato. Todo el mundo te daría por muerto y podrías hacer planes sin tener a los aurores detrás. Obviamente, no esperábamos que Lestrange y los demás fueran a intentar colgarte a ti sus asesinatos.
-Así que se dejó atrapar.
-Sí.-Sí. Como si fuera lo más normal del mundo-. Mi madre le hizo un Obliviate para que no pudiera recordar casi nada de nosotros y los aurores no pudieran sonsacarle nada importante con la veritaserum o la Legeremancia.
Harry dedicó unos segundos a asimilar aquello.
-¿Cómo sabías que no iba a venderte al ministerio en cuanto estuviera en condiciones de irme?
-Porque te conozco, Po... Harry. Te vigilé muy de cerca en Hogwarts durante seis años. Sabía que en cuanto vieras qué clase de personas hay aquí, comprenderías que no éramos los Renegados. Y aunque no lograra convencerte de que terminé siendo un espía de la Orden, eso bastaría para que no intentaras jugárnosla, no después de haberte salvado la vida.-Hizo una pequeña mueca-. No soy un iluso. Había un riesgo, claro. Pero era pequeño y tenía que correrlo.
Harry asintió.
-¿Ya sospechabas que podía ser una trampa de los mortífagos?
-¿El qué¿El doble asesinato?
-Claro.
Pero Malfoy lo miró como si hubiera dicho una estupidez.
-Yo no sabía si los habías matado o no. ¿Cómo iba a saberlo? Ya has matado antes¿no? Y motivos para enfadarte en serio no te faltaban.
Harry se quedó atónito.
-¿Me rescatasteis pensando que podía ser culpable?
-Harry¿es que no lo has entendido aún? Lo que hicimos no tuvo nada que ver con tu inocencia o tu culpabilidad. Tenía que ver con nuestro orgullo. Con nuestro orgullo y nuestra vergüenza. Si hubieras sido peligroso, te habríamos mantenido encerrado hasta que te recuperaras y después te habríamos dejado en la calle con un Obliviate que no habrías podido deshacer ni tú. Pero comprendí que eras inocente en cuanto me acusaste a mí de haberla matado.-Esbozó una sonrisa resignada, irónica-. Así que nuestra acción fue buena por dos motivos y eso quiere decir que recibiremos doble castigo por ella.
-No digas eso.
Draco se encogió de hombros, como si le estuviera quitando importancia.
-Bueno¿tienes alguna pregunta más sobre tu rescate que deba responder?
"Un millón".
-No.
-Te agradecería que no le dijeras a nadie lo de Crabbe. Es un arma secreta que nunca se sabe si podríamos usar.
-Claro. ¿No lo sabe nadie más, aparte de ti y de Goyle?
-Mi madre y Blaise.-Se metió las manos debajo de las axilas-. ¿Nos vamos? Estoy empezando a helarme.
Los dos echaron a andar hacia el monasterio, en un silencio amistoso. Harry iba pensando en todo lo que acababa de escuchar, pero volvía una y otra vez a la expresión de Draco mientras le hablaba de la Marca Tenebrosa, en la furiosa humillación de sus ojos. Había algo en esa imagen que le hacía desear resucitar a Voldemort sólo para cruciarlo un buen rato y volverlo a matar. Entonces miró a Malfoy, que caminaba con las manos en los bolsillos, sumido en sus propios pensamientos. Parecía un poco preocupado, o quizás triste, y Harry sintió el impulso de hacerlo sentir mejor.
-Todo saldrá bien, Draco, ya lo verás.
Él lo miró con una ligera y divertida confusión, como si no supiera de qué le estaba hablando, y luego le sonrió cansadamente.
-Optimismo Gryffindor¿eh?-dijo, apenas burlón-. Ojalá tengas razón.
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NdA Hola, guapas. Mañana subiré el siguiente, pero a partir de entonces, sólo publicaré miércoles y domingos. Tengo que retocar algunas cosas del fic y, además, no voy a tener vacaciones-y eso que me las merezco muchisísisimo-, así que la ilusión de publicar y de recibir vuestros comentarios va a ser mi anti-depresivo estival. Besitos!
Einx Marauder, hola. Había averiguado que eras tú x tu manera de despedirte, jeje.Bueno, tienes razón, Remus es un poco el Snape de Draco versión Gryffindor. Están en la misma situación, si lo piensas: son de la misma edad, eran buenos amigos de sus respectivos padres... Pero bueno, aquí la relación de Harry con Remus no es tan importante como era la de Draco con Sev en el otro fic. En cuanto a Harry... sí, un poquirritín celoso sí que está, jeje.
Tefi hola. Lo de Ian fue una pena, pero necesario para que viéramos lo malísimos que son los malos. Los sentimientos de Draco son cosa suya, jeje. De todos modos, prometo solemnemente que NO vais a esperar tanto como en el otro fic. Besitos y que te lo pases super-bien y aprendas mucho!
Drakitap, hola. Con lo de Halloween quería mostrar un poco la vida de la gente del monasterio. Después de nueve años y con niños pequeños, supuse que intentarían hacer una vida lo más normal posible. En cuanto a Pucey... bueno, Draco no iba a estar solito todo ese tiempo¿no? Remus es y ha sido un gran apoyo para Harry, tienes toda la razón. Sus amigos pensaron una cosa en caliente, pero han pasado un par de meses y ya no están tan seguros de lo que sucedió. Y sí, a Draco le sorprende que Remus quiera ayudarle; está acostumbrado a no esperar nada de la gente, pobrecito. Bueno, muchas gracias por los comentarios y las cosas bonitas, Drakitap. ¿Te he dicho alguna vez que eres un sol? Pues eres un sol.
