- Mycroft H. -
Sherlock había vuelto a entrar en acción. Y como siempre, por la puerta grande. Se había enfrentado no solo una, sino dos veces contra los herederos de Moriarty. Y sólo hacía un par de días que había regresado. Mycroft no era capaz de comprender cómo podía gustarle tanto el trabajo de campo. Aquel no era su terreno, él prefería observar desde lejos, contar con la comodidad y la seguridad de su despacho y si podía relegar sus tareas en otra persona, muchísimo mejor. Pero esta vez no podía quedarse fuera. Siempre se preocupaba por su hermano pequeño, y siempre se preocuparía por él, pero eso no significaba que tuviese que intervenir en todos y cada uno de sus infantiles juegos. Si fuese por él, dejaría que Sherlock hiciese lo que le diese la gana mientras se mantuviese seguro, pero no pudo. No al recibir ese mensaje, no cuando el timbre de su mansión sonó.
Obviamente no fue él quien fue a abrir la puerta, para eso tenía una empleada en su casa, pero si que bajó asustado cuando vio el mensaje de su hermano pequeño. Le había metido en un lío del que quería formar parte, pero sabía que si se negaba a esas alturas no sería Sherlock el que protestase, sino que vendría su madre en persona a agarrarle de la oreja.
" Cuida de él.
SH"
Esas tres palabras produjeron pánico a Mycroft. Estaba seguro de que no era John Watson, ahora que sabía lo que sabía era obvio que el detective jamás se separaría de él, aunque eso significase que ambos corrían un gran peligro. Lo cual ampliaba enormemente la lista de posibles personajes que podían estar de pie frente a su puerta junto a un montón de maletas dispuesto a quedarse. Pero él era Mycroft Holmes, quien tenía una capacidad deductiva muchísimo más alta que la de su estúpido hermanito pequeño. Ni siquiera le dio tiempo a terminar de bajar las escaleras para cuando ya tuvo una respuesta a su interrogante. Era demasiado fácil, demasiado obvio, sólo había necesitado un dato más, una única pista:
La última aventura de su hermanito pequeño había reducido la enfermizamente enorme serie de personas que podía haberle metido en casa a sólo una.
- Inspector Lestrade, que sorpresa.
Mycroft apartó gentilmente a su empleada y con una mirada bastó para dejarle claro que tenía que largarse. Si tenía que lidiar con los asuntos de Sherlock prefería estar solo, y aún así eran del todo aburridos e inoportunos. De todas formas, aún no se apartó de la puerta, no iba a dejar pasar a aquel hombre recién enviudado a su hogar sin un pequeño interrogatorio antes.
- Se que no le hace gracia que esté aquí, Mycroft. Y créame, a mi tampoco.
- Deduzco entonces que Sherlock le ha obligado a venir hasta aquí.
- Así es. No me ha dejado otra alternativa, él…
- No hace falta que continúe. Conozco los métodos de mi hermano.
Lestrade sonrió un poco, algo más animado por encontrar a alguien que le comprendía al menos un poco respecto a las rarezas de Sherlock. Aunque estaba claro que Mycroft le conocía muchísimo más, después de todo eran hermanos. Hermanos. Aún le parecía imposible que aquellos dos individuos tan diferentes compartiesen sangre. Incluso al propio Mycroft le sorprendía, pero así era. Y el haber crecido juntos era lo que les había hecho como eran, y también la causa de que la mayoría de las veces no pareciesen siquiera conocidos. El dramatismo con el que Sherlock se refería a él como su archienemigo era muchísimo más lógico que el hecho de que fuesen hermanos.
- ¿Puedo pasar entonces?
Tras dudar un instante y echar un último vistazo a su indeseado invitado, Mycroft se apartó del umbral y con un elegante gesto le indicó a Lestrade que pasase a la casa. No hacía falta ser un genio para interpretar la expresión de asombro del detective, seguramente jamás se había visto envuelto en un ambiente tan lujoso. Y además iba a vivir allí, una emoción demasiado fuerte para alguien tan… ordinario. Pero Mycroft no era alguien ordinario. Para él aquel lujo era lo normal, lo justo y el tener que permitir que aquel hombre irrumpiese en su vida para seguramente ponerla patas arriba era el precio que debía pagar por el regreso de Sherlock. Quizás hubiese sido mejor que se hubiese quedado donde estaba, vigilando como un acosador a su amor inalcanzable. Pero Sherlock no era de los que se quedaban fuera del juego y ahora le tocaba al hermano mayor acarrear con las consecuencias, esa vez en forma de pobre y depresivo inspector de policía.
- Entonces… ¿Durante cuánto tiempo habré de contar con su… agradable presencia?
Si algo había aprendido Mycroft es que la educación no era tan inútil como parecía y que podía abrir muchas puertas, al igual que servía para calmar a las mentes sencillas. Alguien educado no podía ser malo, ¿cierto? Era algo muy británico, todo se juzgaba a partir de los modales. Era una regla de oro. Y estaba claro por la sonrisa que apareció en su rostro que Lestrade se guiaba por esa regla, algo que estaba claro que haría su vida allí mucho más sencilla.
- No se preocupe, pretendo irme lo antes posible. No me gustaría causar molestias.
- Muy bien. Entonces Jane le acompañará a su habitación, inspector Lestrade.
- Greg.
- ¿Disculpe?
- Bueno… Ya que vamos a vivir juntos supongo que podría empezar a llamarme Greg.
- Está bien… Greg.
- Greg L. -
Increíble. Después de todo lo que había pasado, Sherlock había sido incapaz de permitirle un sólo instante de paz, un minúsculo momento para adaptarse a todo lo que había ocurrido. Su mujer estaba muerta, el había sido secuestrado y ahora estaba en peligro de muerte. Pero Sherlock seguía siendo incapaz de comprender ese tipo de sentimientos. A pesar de todo, Greg agradecía la preocupación por su parte, pero la solución que había propuesto era un tanto excesiva: vivir con su hermano Mycroft. Cierto que era una de las personas más influyentes de todo el país, pero precisamente por eso tenía sus propios asuntos que tratar y su seguridad sería más importante que él que cualquier otra cosa. Lo que significaba que Greg sólamente sería un estorbo en su casa. Lo más probable era que se negase a tener que hacer de su niñera, pero Sherlock no escuchó. Simplemente le obligó a meterse en el taxi y le mandó directo a la mansión del brillante Mycroft Holmes.
Ya se había hecho a la idea de que se hombre debía tener muchísimo dinero, pero aquella casa estaba fuera de los límites de la realidad. Bueno, quizás exageraba, pero la verdad era que se trataba de una casa magnífica, y por dentro era mucho más espectacular. Incluso tenía servicio, muy noble todo. Demasiado como para sentirse cómodo allí, pero no le habían dejado otra opción. Lo único que le quedaba era desear que todo terminase lo antes posible y poder largarse de ahí, de vuelta a una vida en la que ya no le esperaba nadie. Se había quedado sólo y ni siquiera había tenido tiempo de darse cuenta de ello.
Al menos las cosas no habían ido tan mal con Mycroft. Estaba claro que provenían de dos mundos completamente distintos, pero el mayor de los Holmes se había comportado con una calma y naturalidad de la que no había sido capaz de imaginar tuviese esa familia. Aunque lo más probable era que hubiese sido todo por puros modales y ahora estuviese despotricando sobre él en su despacho mientras exigía a Sherlock que le sacase de allí. No merecía la pena hacerse ilusiones, no duraría ahí ni una noche.
De todas formas se sorprendió al ver que la habitación estaba perfectamente equipada para ser ocupada. Un armario, un escritorio, un cuarto de baño propio, una cama de matrimonio… Matrimonio. El suyo se había roto no hacía ni 24 horas y ni siquiera podía velar tranquilo a su esposa. Cierto que últimamente las cosas no habían ido bien entre ellos, cierto que la llama que había habido al principio se había acabado hacía tiempo, pero eso no significaba que no la quisiese, que no la echase de menos.
Sin ni siquiera darse cuenta de ello había comenzado a llorar. Tuvo que sentarse sobre la cama, no se encontraba bien, no realmente. No se suponía que las cosas fuesen así, no debía haber terminado de esa manera. Deberían haber vivido juntos para siempre, haber arreglado las cosas, continuar juntos… Pero le habían arrancado esa posibilidad y ahora no le quedaba nada, absolutamente nada. Sólo el encierro en casa de un desconocido que lo único que quería era echarle de su casa. No podía imaginar una existencia más miserable.
No se dio cuenta de cuando se quedó dormido. Sólo supo que de golpe estaba tendido en la cama, con una manta de cuadros azules y verdes sobre él y sus zapatos estaban en el suelo. Por un momento se sorprendió pensando en que Mycroft pudiese haber entrado en aquella habitación para ver como estaba y que al encontrárselo dormido había decidido taparle y quitarle los zapatos. ¿Realmente alguien tan estirado podía ser tan amable con alguien inferior? Pero entonces recordó que no estaban ellos dos solos en esa casa. La sirvienta, Jane, también vivía allí. Seguramente había sido ella, después de todo a lo que se dedicaba era a que la gente que estuviese en esa casa se sintiese lo más cómoda posible, ¿no? Definitivamente debió ser ella.
Tras frotarse los ojos, se levantó con pesadez de la cama y miró el reloj. Era hora de almorzar. Dios, ni siquiera había ido a trabajar. Entonces recordó que no tenía por qué ir. Estaba de baja por su secuestro, por el fallecimiento de su esposa. De nuevo sintió un nudo en la garganta, pero no volvió a llorar. Era un inspector de policía, estaba acostumbrado a ver cosas desagradables cada día, tenía que ser fuerte, tenía que seguir adelante con su vida. Además, eso es lo que su mujer siempre habría querido, ¿no? Que él estuviese bien aún sin ella.
El primer paso era buscar algo con lo que mantenerse ocupado. El trabajo estaba descartado, tenía completamente prohibido volver a las andadas hasta que estuviese todo el asunto de los secuestradores resuelto. No podía alejarse de esa casa, así que tendría que empezar a hacer algo por allí. ¿Cocinar? No, no estaba demasiado seguro de que eso fuese lo suyo. Quizás pudiese ayudar con la limpieza… Sí, eso era una buena idea. Así que, por fin con un plan en mente, se metió a la ducha dispuesto a comenzar con su nueva vida. Ojalá las cosas le fuesen mejor que la anterior.
Lady B al habla!
Os traigo un pequeño intermedio en la historia de Nicotine a petición de mi querida y loca fangirl Titxutemari :33
Voy a dejar de decir que intentaré actualizar más a menudo y con capítulos mas largos porque cada vez que lo digo no lo consigo e.e
Lo que si puedo prometer es que no voy a dejar la historia sin terminarla
Espero que me tengáis paciencia y la sigáis!
XOXO
