Marinette y Adrien se encontraban caminando por las lindas calles Parisinas. El colegio quedaba relativamente cerca de aquél supermercado en el que Sabine trabajaba. Podían ir por el camino largo o por el camino más corto.
Marinette estaba un poco perdida en sus pensamientos, por eso mismo no se dio cuenta de que estaban algo cerca del supermercado. De hecho, se encontraban bastante cerca de un parque.
—¡El último en llegar es un huevo podrido! —gritó Adrien mientras comenzaba a correr a gran velocidad. Tenía que sujetar su gorra para que no saliera volando.
Marinette al levantar la vista se dio cuenta de que Adrien se dirigía a los columpios, ¡columpios! Ella los adoraba. También comenzó a correr, aunque debía sujetar su peluca.
—¡Columpios! —exclamó ella.
Obviamente Adrien fue el ganador, se encargó de reír un poco y de repetir una y otra vez que era un "huevo podrido", obviamente la azabache no estaba feliz.
—¡Hiciste trampa! —se quejó mientras mantenía sus brazos cruzados de un modo infantil.
—Solo admite que soy más rápido que tú.
—¡Jamás! —ella se sentó y comenzó a mover sus piernas de modo rápido, ella ya se estaba columpiando —. ¡Llegaré a la luna antes que tú! —gritó de modo infantil. Adrien simplemente negó con la cabeza y rió.
Es que así era Marinette. Una chica infantil, dulce, amorosa y... simplemente ¡fantástica!, ella guardaba una increíble inocencia en su interior y eso era lo que más le gustaba de ella, que era una niña. Marinette era una de esas personas con las que sentías que debías cuidar, una persona que necesitaba protección.
—¡Yo llegaré primero! —exclamó él comenzando a mover sus piernas de modo rápido.
—¡No! —Marinette intentaba ir aún más rápido.
Ambos estaban solos en el parque, ambos se encontraban en su propio mundo, ambos eran felices juntos sin importar nada más.
—Iremos a la luna juntos, como siempre —se escuchó decir Adrien.
A veces no podía evitar decir cosas así. Marinette se sentía incómoda, pero al mismo tiempo lo apreciaba mucho, lo adoraba, era el mejor amigo.
Poco a poco comenzó a detener su columpio. Colocó ambos pies en el suelo y se detuvo un poco en sus pensamientos, en todo eso de la investigación que estaban llevando a cabo.
—¿Crees que está bien esto de fingir ser personas inexistentes? —preguntó Marinette repentinamente.
—Técnicamente esas personas sí existen, porque somos nosotros y nosotros existimos. A menos de que no existamos —respondió Adrien —. ¿Realmente existimos o solo somos el resultado de un sueño? —su rostro demostraba confusión.
—¿Viste alguna película de terror o algo de viajes en el tiempo?
—Mm... recientemente no, la última película que vi fue "La vida secreta de tus mascotas" —respondió Adrien de inmediato —. ¡Tenía muchos perritos! —dijo de modo tierno —. Pero...
Adrien retomó el tema porque vio el rostro de su mejor amiga, solo demostraba algo de tristeza, ella no se veía muy bien.
—Creo que podemos hacer una investigación, aunque si te soy sincero temo del resultado.
Marinette levantó la vista confundida.
—¿Temes del resultado? —Adrien asintió —, ¿por qué?
—No quiero que esto te lastime —respondió con sinceridad él —. Tú eres sensible.
Marinette era sensible y ya se sentía un poco herida, no era sencillo pensar que tu madre tenía un noviazgo a escondidas. Aún no comprendía las razones para ocultar algo así. Ella simplemente quería saber la verdad, nada más que la verdad. Si dolía o no, eso no importaba. Ella ya estaba decidida.
—Yo quiero saber la verdad —respondió con decisión.
—En ese caso vamos —Adrien se levantó y extendió su mano hacia Marinette. Ella la tomó y se levantó de su columpio —. ¿Cuál era mi nombre clave? —preguntó una vez retomaron su andar.
—¡Adrien! —reclamó ella.
—Estoy seguro de que Adrien es mi nombre real, no es una buena idea utilizar el mismo nombre.
Marinette rodó sus ojos.
—Utiliza un nombre nuevo, porque el que habías elegido lo olvidas siempre —determinó ella.
—Mm... Paco.
—¿Paco? Ese nombre suena feo.
—Está bien, entonces soy Hugo —Marinette volvió a rodar sus ojos y colocó sus manos en su cintura.
—¿Los sobrinos de Donald, es en serio? —preguntó con sarcasmo —. ¿La última opción era Louis?
Adrien pellizcó la nariz de Marinette.
—Me conoces bien —dijo finalmente. Ella no pudo evitar reír, realmente no esperaba eso.
—Mm... en ese caso yo me llamaré Emma.
—¿Quién es Emma? —preguntó Adrien —. En Pato Aventuras ningún personaje tiene ese nombre.
—Oh, es solo que... —las mejillas de Marinette mostraron un leve sonrojo, era un tema un poco privado —... si algún día tengo una hija, me gustaría llamarla Emma. Me gusta el nombre —admitió.
—¡Qué linda eres! —Adrien le dio un abrazo a su amiga —. En fin, estamos a unos cuantos pasos de entrar.
Marinette levantó la vista y se dio cuenta de que eso era cierto, el camino se había hecho un poco más corto debido a la agradable conversación que mantenían. Cuando estaban juntos el tiempo transcurría de modo más lento, era lindo.
—Creo que deberíamos hablar de modo distinto, por si nos topamos con tu madre —dijo Adrien —. Yo hablaré como si supiera algo de Inglés, ya sabes... —y fingió el acento.
—Haré lo mismo —respondió fingiendo el acento.
Chocaron los cinco y siguieron su camino.
Una vez que ingresaron al enorme supermercado, saludaron a un guardia de contextura rellena que se encontraba en la puerta. Luego empezaron a observar distintas cosas para el hogar, cosas que estaban en la entrada.
—El detergente es tan llamativo —decía Adrien fingiendo el acento —. Me agrada su gran tamaño, con una sola de estas bolsas podría lavar toda la ropa de mi casa.
—¿Sabes que no se usa toda la bolsa, cierto? —preguntó Marinette.
—¿Lo dices en serio? —Adrien parecía sorprendido.
—Si usas todo eso, probablemente provocarás una inundación.
—¡Eso suena genial! —Marinette tuvo que tapar la boca de su amigo, él había dejado el acento de lado.
—Oye, no nos delates —le susurró al oído sintiéndose un poco asustada. ¿Qué pasaría si su madre estaba ahí? ¡tenían que ser cuidadosos!
—No me des ideas para enfadar a Nathalie —se defendió él —. Y será mejor que busquemos al gordito, porque sino estar aquí no servirá de nada.
Ambos se separaron y caminaron un poco más. Los pasillos se encontraban si mirabas hacia la izquierda. Había una juguetería muy llamativa.
—¡Quiero entrar! —exclamaba Adrien. Había visto una pistola Nerf que necesitaba comprar como sea.
—Solo sigue el plan, Hugo.
—¿Quién es Hugo? —Marinette lo pisó —. ¡Auh! Hugo dice auh —se quejó.
—Concentración, por favor.
—Yo siempre me concentró, soy el chico más concentrado... ¡oh, mira! ¡hay una paloma! —miraba hacia el techo —. Pobre pequeña, ¿cómo ingresó aquí?
Marinette golpeó su frente. ¿Qué sucedía con Adrien?
Entonces, al avanzar unos pasos más, encontraron la sección de los cuadernos y otros útiles escolares. Ahí estaba él. Estaba agachado, llevaba audífonos y guardaba algunos cuadernos.
—Objetivo a la vista —Adrien hablaba como si tuviera una radio entre sus manos.
—¿Qué haces? —preguntó ella enfadada.
—Tiene audífonos y no nos ha visto —respondió Adrien entre susurros —. Daremos la vuelta y lo observáremos desde lejos, si alguien nos ve simplemente tomamos algún objeto y ya.
—He de admitir que esa es una buena idea.
—Como todas mis ideas —sonrió Adrien —. Anda, caminemos.
Ambos chicos ingresaron al pasillo de al lado, ahí había cosas de deportes, como cascos, patinetas, patines y más. Al dar la vuelta se encontraron con muchas pelotas. Los ojos de Adrien brillaron ante la admiración, ¡era hermoso!
—¡Debo tirarlas! —susurró él.
—¡Que ni se te ocurra! —Marinette lo empujó un poco, debía evitar que hiciera tonterías.
—¡Tengo que hacerlo! —susurró algo fuerte.
—¡No! —repitió ella —. Ahora observemos.
Marinette asomó su cabeza del modo menos llamativo posible, estaba siendo sigilosa mientras lo observaba. Él simplemente ordenaba cuadernos, uno por uno.
Adrien imitó a su amiga.
—Esto es muy aburrido... —susurró él.
—Ni que lo digas... —ella estuvo de acuerdo.
Siguieron observando. En el rato que estuvieron ahí, coincidieron en una cosa: ése sujeto no parecía ser realmente interesante.
—Hola, ¿puedo ayudarlos? —una voz los hizo saltar a ambos. Como estaban muy cerca chocaron con la cabeza del otro y sin querer, tiraron algunos cuadernos que se encontraban cerca.
Marinette se asustó mucho, cuando dio la vuelta se dio cuenta de que ese sujeto se estaba acercando a ellos. Adrien solo se percató de que quien había arruinado su espionaje era otro chico, uno de piel morena y que se veía simpático, pero... ¡¿por qué tenía que arruinar el espionaje?
—Em... —dijo Marinette. Estaba más que nerviosa.
Ambos adolescentes estaban siendo observados por dos adultos. Eso no se sentía exactamente cómodo.
Siempre recuerden esto: espiar es malo, ¡muy malo! XD
