N/A: ¡Muchísimas gracias amigos lectores!

Hoy conoceremos un poco sobre las acciones de Ronnie y en el próximo, seremos testigos del momento en que Harry… bueno, ya lo leerán. Digamos que lo de hoy es una transición para llegar al clímax de la historia, y entonces nos perfilaremos hacia el final (que con lo de hoy muchos se darán una idea de pa' onde va esto) ya que cada vez más nos acercamos al presente. Espero leer pronto sus opiniones, ya que esto se me está saliendo de las manos… es que me está ganando el lado Dramione y pues no sé… todo puede pasar (risa macabra mientras me froto las manos)

Nos seguimos leyendo y una vez más: Gracias por sus comentarios y propagandas para recomendar DTELO. ¡Besos!

¡Disfruten la lectura!

Capítulo XI


Presente.

Mientras observo a Ron blandir su varita con seguridad; recuerdo ese momento en que comenzaron los ataques dirigidos a gobiernos muggle. Ese sería el detonante que guiaría al inicio de esta guerra. El inicio de la clara separación que tendría que hacerse entre Harry y yo.

Porque fue en ese tiempo en que la oscuridad comenzó a envolver su corazón; dirigiéndolo a donde yo no podría seguirlo.

Draco me empuja hacia atrás, esperando que pueda resguardarme a sus espaldas, pero aunque logra protegerme; yo solo quiero ver los ojos azules de Ron para poder entender que lo ha hecho perseguirme, ya que él también... No. Dudo que sea por voluntad propia, aunque en teoría él debería estar muerto.

Me niego a aceptar que esto esté ocurriendo.

Finalmente un hechizo logra traspasar la barrera protectora que Draco ha invocado y tomamos la única ruta de escape que nos queda: nos dejamos caer río abajo. El sonido que hacemos al sumergirnos en las corrientes de agua, pasa desapercibido mientras lucho por salir a flote – ¡Draco! –puedo gritar cuando mi cabeza logra salir a la superficie para coger aire.

-¡Aquí! –me responde a un par de metros de distancia.

-¡Hay que desparecer! –le urjo a hacerlo mientras me esfuerzo por seguir a flote, luchar por coger su mano y nadar contra corriente para alcanzarlo.

-¡Lo intenté allá arriba, pero no he podido hacerlo! ¡Maldita comadreja! –lo escucho gruñir furioso.

Dejo de intentar hablar con él porque el agua se mete sin consideración a mi boca. Empiezo a dejar de pelear contra el agua, hasta que el grito de alerta de Draco me obliga a continuar. Estoy a nada de impactarme contra una zona llena de enormes piedras y vertientes filosas.

Siento que mis fuerzas se acaban cuando soy sacada del río con un tirón invisible.

-¡Aparta tus traidoras manos de ella! –es cuando me veo envuelta en el brazo ajeno de quien fuera uno de mis mejores amigos. Escurriendo en abundancia, Draco levanta la varita, el rostro furibundo.

-¡Mira quién lo dice! –contesta Ronald sujetándome con tanta fuerza que me resulta imposible liberarme. –Deberías aceptar tu derrota, Malfoy. Hoy somos tres contra uno y únicamente tengo instrucciones de mantener a Hermione viva.

Dos hombres que no conozco se acercan a Draco por detrás – ¡No! –Forcejeo y sé que le está costando bastante contenerme – ¡A Draco no, por favor! ¡Iré con ustedes! –Suplico desesperada – ¡Iré con ustedes! Sólo… sólo déjenlo ir.

.

Septiembre, 1998.

En cuanto Charlie ha entrado con esa noticia; he entendido las complicaciones que esto conlleva. Que Voldemort esté atacando la sede del gobierno británico, indica claramente hacia donde se dirigen sus intenciones: piensa obtener el control de ambos mundos.

Nadie intenta detenerme cuando sumisamente Ronald me entrega mi varita. Las únicas que quedan atrás son la señora Weasley y su hija (porque no la dejan unírsenos a la batalla). Pidiendo que tengamos cuidado las veo por última vez antes de desaparecer con el resto.

La ansiedad crece dentro de mí, mientras corremos entre los policías que rodean el Palacio de Westminster; algunos demasiado escépticos como para intentar detenernos. Nadie podría culparlos; sobre nuestras cabezas una calavera brilla, como si fuera la iluminación de un concierto de rock; pero nosotros sabemos que significa: es clara señal de que los seguidores de Voldemort ya han llegado.

La situación empeora cuando los mortífagos comienzan a lanzar maleficios hacia la población muggle, que está paralizada por el terror. Cuando un rayo de luz verde alcanza al primer oficial y este cae inerte al suelo; el pandemónium se desata.

Ejecuto lo que mejor puedo hacer para darles tiempo a los muggles de huir: lanzar protegos a cuantos pueda. Veo que Ron a mi lado hace lo mismo, pero pronto nos convertimos en blancos de las maldiciones. Los policías abren fuego a la orden de un oficial de relevo, pero el pánico se comienza a esparcir entre ellos cuando ven a sus compañeros transformarse o hacer las cosas más extrañas. Disparan a lo que pueden, por lo que acercarse a la entrada del Palacio, se torna más complicado.

Esto es un completo caos.

Mientras intento de que no me alcance el rayo rojo que va directo hacia mí; escucho que algunos magos comienzan a desmayar a los policías que siguen disparando, ayudándoles en la medida de lo posible no ser blancos fáciles de los mortífagos. Aprovechando que la lluvia de balas disminuye considerablemente; corro tras unos miembros de la Orden y logramos escabullirnos al interior del edificio.

Los hechizos vuelan por doquier, y en varias ocasiones estoy a punto de ser alcanzada por alguno. Este lugar está fuera de control. Entre el humo y los escombros es difícil diferenciar entre aliados y enemigos. Ya he perdido a Ron de vista, pero alcanzo a ver la capa del señor Weasley, así que lo sigo. En un punto encontramos a un importante grupo de muggles arrinconados en una habitación. No es difícil ubicarlos: buenos trajes, peinados remilgados… Son importantes miembros del Parlamento.

Sus rostros llenos de terror mientras observan al presidente del consejo ser torturado mientras su cuerpo se retuerce en el aire es algo que no olvidaré nunca. –Así que no quieres firmar las nuevas leyes que yo estoy exigiendo –es Voldemort quien habla, entonces se da cuenta de nuestra presencia – ¡pero que encantadora sorpresa! Miren insignificantes muggles, como estos igualmente insignificantes magos intentan salvarlos y fallan estrepitosamente.

-¡Basta, Vol… Vol…! –Intenta decir con autoridad el señor Weasley – ¡Estos muggles no tienen nada que ver en esta guerra mágica! –Que sus gafas resbalen por su nariz, no ayuda mucho a fortalecer su imagen.

El mago oscuro libera una carcajada llena de burla. – ¿Es acaso el traidor a la sangre quién se atreve a hablarme? ¡Es una pena que Lucius esté castigado, de lo contrario se divertiría a lo grande contigo! –Entonces su cara brilla con malicia –pero hay alguien aquí al que me gustaría poner a prueba –sé a quién llamará antes de que lo haga y eso me da una mezcla de pavor y nerviosismo –Harry, ven.

Antes los ojos de todos los que nos hemos reunido en esta sala, aparece el-niño-que-vivió. No sé si es por el tiempo que no le he visto, pero incluso para mí que le conozco tan bien, se ve diferente. Parece algo más alto y robusto. El cabello le llega a los hombros y está muy bronceado. El rayo de su frente no es la única cicatriz que ahora tiene su rostro, una larga línea cruza su mejilla. Y sus ojos… sus ojos no son del hermoso verde que conocen cada parte de mi cuerpo, ahora una tonalidad más oscura se cierne sobre ellos. Donde antes había una suave sonrisa, hay una furibunda mueca que me causa temor.

Lo desconozco completamente. No sé cómo reaccionar, a mi cuerpo le urge tocarlo, mientras que mi mente me dice que no es sensato hacerlo.

–Ahora mi querido pupilo, quiero verte en acción.

Harry se queda quieto lo que parecen ser largos minutos. No despego mis ojos de él, esperando el momento preciso en que esta farsa terminará –Hermione. –Murmura a mi oído. He estado tan absorta vigilando los movimientos de Harry, que no me percaté que Ronald me ha alcanzado. –Debes salir de aquí. Vamos… –su urgencia me parece ridícula –vamos…

-Ella no va a ir a ningún lado –esta vez sí es Harry quien habla desde su lugar.

-¿Y quién lo va a impedir? –Ron se coloca frente a mí, y yo aprecio una sensación de déjà vu – ¿es tanto tu egocentrismo que quieres dejarla expuesta en este peligro?

-Pero que interesante –interviene el mago oscuro con súbita fascinación –veo que mi aprendiz no es el único que tiene interés por esta sangre-sucia.

De pronto todas las miradas de la habitación parecen fijarse en mí. – ¡No te atrevas a llamarla así! –Grita sorpresivamente Ron. Volteo a ver a Harry suplicante, pero únicamente distingo que tiene la mandíbula apretada y que sus puños empiezan a temblar.

El calor sube a mis mejillas cuando Voldemort prosigue – ¿Acaso es tanta tu ingenuidad, joven amigo? Supongo que sabes que estos dos han compartido mucho más de lo que nunca podrían hacer contigo, si sabes a lo que me refiero…

-¡Basta! –Ron alza la varita apuntando a Voldemort. – ¡Eso no es verdad! –Grita pero hay duda en su voz –ellos no… Harry sabía… mi… hermana… ellos… ¿Hermione? –se gira desesperado hacia mí, pero no puedo sostenerle la mirada, mis ojos escocen con lágrimas. – ¿Harry? –pregunta desesperanzado intentando conseguir una respuesta honesta de quien fuera su mejor amigo por tantos años. Cuando no obtiene lo que quiere, un grito de rabia sale de su garganta mientras se abalanza contra Harry.

Entonces la lluvia de hechizos comienza de nuevo. Así como miembros de la Orden y viejos conocidos comienzan a aparecer, hacen por igual los mortífagos. La sala comienza a destruirse conforme los hechizos desviados se impactan en las paredes. Yo intento acercarme a donde pelean Harry y Ron. Esto no puede estar sucediendo. – ¡Alto! –intento detenerlos porque está mal, todo está mal. Ellos deberían pelear del mismo lado, ellos…

Un hechizo está por alcanzarme pero en el último segundo termina impactándose tras de mí. Volteo lo suficiente para ver que Draco Malfoy me mira fijamente ¿ha sido él quién…? Vuelvo a intentar alcanzar a mis amigos cuando veo que Ron sale expedido hacia atrás, chocando contra un rústico mueble que hasta ese momento había permanecido intacto. – ¡Ron! –giro pero no sé si alcanzarlo a él o a Harry porque ahora está luchando contra tres magos que definitivamente no son mortífagos.

Uno de ellos se da cuenta de que Harry está mirándome y entonces lo observo abrir su boca apuntándome, creando una distracción para Harry. – ¡No! –Escucho que ruge y veo que un rayo sale expedido de su varita y en lo único que puedo pensar es "No puede ser". Doy unos pasos dudosos hacia atrás cuando veo que el cuerpo del mago que me apuntó cae inerte, cuando la luz verde alcanza su pecho.

Alguien me empuja haciéndome caer sobre los escombros. De repente todo es confuso. Puedo sentir como pronto soy levantada por el brazo – ¡deben salir de aquí! –Es Remus quien exclama –alcanza a Ron y… ¡Protego! Ve con Ron a donde estábamos… que… –tose –que Harry no les siga.

Por mis mejillas escurren abundantes lágrimas por el dolor, por lo que he visto. Intento mantener la cabeza fría ¿A qué está jugando Harry? Pero no tengo tiempo de comprender. Arrastrándome me acerco hasta donde Ron yace inconsciente, pero no muerto. –Enervate –susurro. De inmediato sus ojos azules me devuelven la mirada. –Hay que salir de aquí, Ron.

-Mis… mis hermanos –suplica débilmente.

-Estarán bien –digo más que nada para tranquilizarlo que por estar segura, pues la carcajada que tan bien conozco de Bellatrix retumba sobre el conflicto. Limpio mi nariz con la manga de mi sudadera antes de poder ayudarlo a incorporarse con cuidado, vigilante de que ninguna maldición nos alcance.

Estamos a punto de avanzar cuando un rayo de luz verde a penas y no roza la nariz de Ron, para terminar dando de lleno a Fred Weasley. – ¡No! –Ronald me suelta para ir tras el agresor. Sus cabellos platinos son inconfundibles: ha sido Draco Malfoy.

-¡Hora de irnos! –exclama triunfante Lord Voldemort alzando su varita al aire.

Inconsolable me dejo caer sobre mis rodillas hasta que arrastrándome alcanzo el cuerpo de Fred –no…

-Vamos, hermosa, tú vienes con nosotros –escucho que Theodore Nott me dice pescándome del cabello.

Escucho gritar a Ron por última vez antes de desaparecer frente a sus ojos.

.

Presente.

-¡No digas estupideces, Granger! ¡Sabes que no me iré sin ti! –sus palabras me suenan tan extrañamente familiares.

-Cuando me dijeron que estabas con el hurón, la única respuesta que encontré fue que probablemente estabas contra tu voluntad, pero veo que a Malfoy, a penas y puedo evitar vomitar, pareces importarle. –Dice con incredulidad –agárrenlo –ordena decidido.

-¡No! ¡No lo maten! –suplico nuevamente cuando veo que lo desarman con rapidez y comienzan a golpearlo al más salvaje método muggle. – ¡Déjenlo! ¡Déjenlo! –No puedo dejar de chillar histérica, pronto la sangre sale por su boca y cae encogiéndose de dolor. A penas y hemos tenido algún bocado por lo que estamos debilitados, más él que me ha dado más de lo que me corresponde al comer. – ¡No es Draco a quien quiere…! ¡Es a mí! ¡No lo maten! –Pido entre gritos. En un momento dado, caigo sumergida en la inconsciencia.

Cuando despierto ya ha oscurecido. Hay un par de tiendas colocadas cuidadosamente. Una fogata alumbra el pequeño campamento, y es bienvenido el crepitar de la leña porque me hace sentir acogida. Intento desperezarme, pero me encuentro con que estoy esposada a un macizo roble.

-Veo que ya despertaste –me dice con sus ojos azules mirándome fijamente. –Creí que me había pasado con el desmaius.

Ahora recuerdo – ¿Dónde está Draco?

-No lo maté, Hermione. No soy como él –gruñe de mal humor, pero parece ser que es contra sí mismo. Renuente levanta la esquina de una lona, permitiéndome ver que Draco está bajo ella, su respiración pausada y a salvo.

-Gracias, Ron.

Se encoje de hombros. –No me agradezcas nada, tampoco es que vaya a durar mucho tiempo vivo, en cuanto los entreguemos lo asesinarán –sus palabras hacen que se me encoja el estómago, pero o no lo nota o finge no hacerlo –no entiendo cómo es que esta escoria te importa, pero tampoco voy a juzgarte por eso. Dejemos esto en un empate.

-¿A qué te refieres? –pregunto sin pista alguna de lo que quiere decir.

-No finjas, Hermione. Sé que te tiene muy sorprendida que sea yo quien haya venido por ti. Me consideras un traidor, ¿no? –Me quedo en silencio, considerando sus palabras, pero él lo toma como una respuesta –claro que sí.

-Yo… no sé qué quieres que te diga, Ron –sorpresivamente estamos hablando civilizadamente, o lo intentamos ya que la comunicación nunca ha sido lo nuestro –desde el noventa y ocho que no te veo, son casi tres años desde entonces. Has cambiado, hemos cambiado.

-Es verdad. Han sucedido tantas situaciones que deberíamos ponernos al tanto –dice sin su usual humor; supongo que es una de las muchas cosas que la guerra le ha quitado. Se ve tan pálido y agotado, que puedo sentir a mis defensas bajar, ya no me importa que me tenga esposada, sólo quiero saber sobre los amigos que dejé atrás.

-¿La Orden?

-Querrás decir lo que queda de… Los que eran sangre limpia huyeron a esconderse en cuanto las cosas se tornaron feas, probablemente me retracte al decir esto pero parece que los puros son una sarta de cobardes. Claro que Malfoy encaja en esta categoría.

Ignoro su último comentario porque lo que menos deseo en estos momentos es discutir. – ¿Qué hay de los Lupin?

Lo veo asentir brevemente –La última vez que supe de ellos, se fueron de Inglaterra. Usando el hechizo Fidelio se han mantenido ocultos, pero sólo ellos saben a dónde, por seguridad no compartieron la información con la Orden.

Y es comprensible, Remus tiene la suficiente experiencia como para especializarse en traiciones. – ¿Qué hay de tu familia? –Generalizo para no sacar a colación la muerte de Fred.

-Vivos. Lograron cruzar la frontera mágica antes de que se diera el cierre de negociaciones entre Asia y Europa. –Dice atizando el fuego –ya sabrás que América aún pone resistencia, pero será cuestión de tiempo antes de que Latinoamérica baje las armas y se una al nuevo orden. El único país que se mantiene al borde de la situación es Australia, aunque Japón también sigue algo renuente.

Con todo y la información dada, no puedo dejar de sentir que hay algo que Ron no me está diciendo. ¿Qué es? Sin embargo, sus palabras me proporcionan un poco de alivio, puede ser que mis padres aún sigan vivos. Aunque temo que después de tantos años, sea irreparable el daño hecho por el obliviate. Pero un pequeño rayo de esperanza siempre es bien recibido. –Entonces tus padres están en…

-Japón, sí. Era ahí o el Himalaya –comenta empujando con un palo largo el cuerpo inconsciente de Draco.

Permanecemos en silencio por varios minutos, no le reprocho que picotee a Malfoy pues estoy sumergida pensando en las posibilidades que esta guerra mundial ya está trayendo. ¿Cuánto tiempo más soportarán los muggles antes de ser completamente sometidos al poder de magos mestizos y volverse sus esclavos? ¿Sus armas serán suficientes para detenerlo a él? ¿Qué será de la tierra en el futuro? La imagen apocalíptica de nuestro mundo me aterra.

–Lo siento, Hermione. Tienen a Luna. –Me dice finalmente como si con eso pudiera perdonarle su traición. –Ella y yo… Bueno… –Veo son sorpresa como sus orejas se tornan ligeramente rojas. La implicación de que ellos son algo más que amigos me deja estupefacta. Y entonces agrega –Pero no puedo lamentar coger a esta escoria. ¿En verdad, Hermione? ¿Malfoy? –Ahora el incrédulo es él – ¡Él asesinó a Fred en el ataque al Parlamento! Si no lo he matado es porque tú me lo pediste.

-¿Luna y tú? –no puedo evitar preguntar, desviando el rumbo que nuestra amistosa charla está tomando.

-Fue hace dos años –se explica –su padre murió y entonces mamá la acogió en la casa –es obvio que omite como falleció el padre de la excéntrica rubia, pero no insisto en el tema ¿Qué no hay ya suficiente muerte como para escuchar más? Una historia de amor es lo que hace falta en este mundo hundido en la maldad. –Es… yo sé que Luna puede ser extraña, pero hay tanta bondad, optimismo, no sé… incluso ingenuidad en ella que fue inevitable no quererla.

Sé que sonrió levemente –Me da gusto, Ron.

-Sí. Bueno, no creías que te esperaría toda la vida, ¿eh? –dice en broma, pero pronto su cara se vuelve de preocupación total, que hace que se me achique el corazón, es como si le hubieran cargado repentinamente diez años encima.

Aunque no me dice cómo es que se llevaron a Luna, entiendo que está sufriendo. Estoy a punto de decirle cuanto lo siento, pero soy interrumpida por quien hasta hace unos momentos estaba inconsciente –tus comentarios siempre fueron tan sosos, Weasley. –Dice Draco con crudeza.

-Cállate, Malfoy. ¿O debo recordarte que estás en calidad de prisionero? –Alcanzo a notar que Ron limpia una casi imperceptible lágrima de su mejilla.

-Lo he sido siempre, so-bobo –le responde mordaz, pero hay un toque de amargura en su voz que no puedo dejar de notar.

-Hijo de…

-¿Qué se siente estar del lado oscuro, Weasley? ¿Acaso no eras tú quién me despreciabas por ser un mortífago? –Ron cruje los dientes –Quiero decir – Draco sigue presionando desde el suelo –al menos el Señor Oscuro tenía clase.

-¡Draco basta! –exijo, pero es Ron quien sigue la línea.

-¡Pues si no mal recuerdo, tú despreciabas a Hermione por ser hija de muggles, y ahora resulta que hasta estás enamorado de ella! –No sé si sus palabras son reales o no, pero vaya que tienen el efecto de callar a Draco Malfoy. Envalentonado por la falta de réplica Ronald continúa –la insultabas y te burlabas de ella, pero claro, ahora entiendo; ¡siempre te ha gustado! ¡Es por eso que la odiabas! ¡Y nos odiabas a Harry y a mí! ¡Porque sabias que tú nunca podrías estar con ella!

-Cierra la boca, comadreja…

-¡E incluso la deseabas muerta! ¿Recuerdas segundo año? ¡Gritabas que los sangre-sucia caerían primero!

-¡He dicho que te calles…!

-¡Es suficiente, Ron! –demando molesta.

-¡No, Hermione! ¿Es que no te das cuenta de las intenciones de este ex-mortífago?

-¡Cierra el pico, tú…! –grita Draco perdiendo el control. Se ha podido sentar finalmente para enfrentar a Ron – ¡No sabes nada de mí, nada!

-¡Te conozco lo suficiente para saber de qué pie cojeas, alimaña! ¡Por traidores como tú estamos en esta situación!

-Ahora estamos cortados por la misma tijera, comadreja. –Sisea con mucha rabia contenida.

-¡Eso jamás! –prorrumpe apasionado.

-Oh, yo creo que incluso eres peor, porque yo nunca entregaría a Hermione.

Es obvio que Ronald busca desesperadamente refutar las últimas palabras de Draco, pero todos los que permanecemos despiertos sabemos que es la mera verdad. –No comprenden… –Murmura por lo bajo. –Al menos tú no podrías comprender, Malfoy –su voz es nuevamente civilizada pero algo quebrada. –No si nunca has amado a alguien tanto, que te duele el pecho por no poder estar a su lado.

Hace referencia a Luna, pero yo no puedo evitar pensar en Harry, o en Morte, que es como ahora se ha dado a conocer. Así que las palabras de Ron caen como un peso sobre mí, no pudiendo ser más certeras.

Pero lo que me deshace es la respuesta de Draco.

Susurrando me mira a los ojos seriamente. –Ahora comprendo.

.