¡Holaaaaa! xD
Paso de rápido dejándoles un capítulo más de ésta dramática historia(?).
Como continuo sin internet, ando robando desde la casa de una amiga de mi madre u.u. Es más seguro que en la primera semana de diciembre regrese mi propio internet, así que quizá para esas fechas me vuelvan a ver por aquí, sobre todo porque ya tendré vacaciones xD.
/Tokyo, Japón. Viernes 18 de Enero del 2008/
Preparatoria, clase 3-K
Era el segundo día que Zoro no iba a la escuela e incluso no le contestaba las llamadas, ¿qué era lo que estaba pasando?
A Sanji no le hacía gracia todo eso, ¿por qué el Marimo hacía todo eso? ¿Acaso lo estaba castigando por cómo le había tratado últimamente? Bien, se lo merecía, lo sabía. Pero lo que le alertaba era que el peliverde nunca había hecho algo como eso, ni en otras ocasiones cuando peleaban, ¿por qué ahora sí? Era como si lo estuviera dejando…
Y no, no podía permitir eso. Por más egoísta que eso se viera, no quería dejar a Zoro, pese a que también sabía que el estar juntos los dañaba a ambos, sobre todo al otro. ¿Pero qué podía hacer? Él era su pilar, no podía dejar que se fuera de su lado así como así, porque era por él que todavía podía soportar su superficial vida.
Definitivamente no iba a permitir que el peliverde se alejara.
Zona Residencial
Desde el día de ayer, Zoro y Law se la habían pasado entrenando cada tarde. Tanto formal, como juguetonamente, uniendo más aquella conexión que todavía ninguno de los dos sentía o entendía con claridad.
Además, el niño ojigris tenía especial cuidado en no utilizar su Room, puesto nadie de esa casa debía saber que era un usuario de las Akuma no Mi o eso pondría en peligro a Doflamingo y no quería eso en absoluto. Ya bastante era con que no llevara a cabo la misión que le había pedido que hiciera.
Estaban acostados en el piso del gimnasio ahora, mirando el techo, descansando después de una tarde llena de ejercicio propio de espadachines.
— ¿Cuándo piensas volver a la escuela, enano? —preguntó Zoro con los brazos flexionados tras su cabeza.
—El lunes —respondió Law con simpleza, mirándolo de reojo—. ¿Y tú?
—El lunes —Zoro le sonrió por el ocasional juego de palabras.
— ¿No te traerá problemas con tu padre? —se atrevió a preguntar Law, mirándolo fijamente.
—No y de todas maneras me da igual —puso los ojos en blanco—. En todo caso, en mi escuela no hay nada interesante —sonrió con cierta amargura.
Ese detalle fue percibido por el ojigris y recordó aquella plática que escuchó el día que vio como ese tal Ace besaba a Zoro.
¿Lo dirá por ese Sanji-ya? Pensó. De antemano sabía, por lo que escuchó, que Zoro estaba enamorado de ese chico. Saberlo no le hacía gracia e incluso le dolía, pero él era Trafalgar Law y sin importarle la maldita edad, podía hacer que el peliverde dejara a un lado a ese Sanji. Y lo iba a hacer. El problema era que no sabía cómo "conquistarlo", pese a que se desarrollaba muy bien en el ámbito sexual gracias a las enseñanzas de su maestro, más no tenía idea de cómo enamorar a una persona; tener sexo era algo muy diferente a intentar enamorar a alguien, ¿o iban ligadas de la mano? Por primera vez, el niño se sintió inseguro de algo, más aun con eso, lo intentaría y lo lograría.
Estaba decidido.
— ¿Y no hay nada de malo que faltes tus a clases? —preguntó Zoro, enarcando una ceja al ver al menor.
Law se encogió de hombros.
—No lo creo.
En ese momento, un torbellino de cabellos negros, ingresó al gimnasio.
— ¡Torao! ¡Zoro! Vamos a comer, shishishi, Makino ha cocinado lasaña —avisó Luffy con emoción.
—Está bien, Luffy, pero cálmate —respondió Zoro mirándole atento—. Últimamente estás más feliz de lo normal, ¿a qué se deberá? —inquirió de manera sospechosa mientras se sentaba para beber agua de una botella que tenía a su lado.
—Eso es porque Ace lo hace muy bien —contestó Luffy con una sonrisa orgullosa con completa inocencia.
El peliverde comenzó a ahogarse con el agua que bebía, alertando al ojigris, que se acercó a darle palmaditas al mayor.
—Estoy bien… —jadeó Zoro ya recuperado de su ataque de sorpresa y suspiró— Vaya, espero eso lo digas en el buen sentido.
—Yo creo que el pervertido eres tú, Zoro-ya —se burló Law con una sonrisa.
—Tsk, nada de eso y ya, vamos a ducharnos para comer.
— ¿Y si se bañan juntos para que se apuren? —sugirió Luffy.
— ¡Claro que no! —exclamó Zoro a la defensiva y luego se aclaró la garganta—. No es necesario, yo no me tardo tanto en bañarme…
Law simplemente se mordió el labio y desvió la mirada.
—Oh, está bien, ¡pero de prisa! Es que tengo hambre y los demás no empezaran sin ustedes —Luffy hizo un ligero puchero y luego sonrió—. Entonces nos vemos en el comedor —dicho eso, salió disparado fuera del gimnasio.
Zoro suspiró y luego tendió la mano al menor.
—Anda, vamos, enano —le miró atento y el ojigris le sujetó de la mano con más seguridad.
El reloj marcaba las once de la noche y Ace estaba en la azotea de la gran mansión, sentado, mirando el cielo estrellado, pensando en aquella primera vez que hizo el amor con su hermano menor. Tenía una mezcla extraña de culpabilidad, asco a su persona y felicidad. Lo peor de todo es que con una vez que se dejó llevar, controlarse las demás veces le fue imposible.
Ya había hecho el amor con Luffy más veces, incluso mientras se bañaban. La culpabilidad ya no podía contener ese irremediable y quizá enfermo amor por su hermanito. Pero es que sí, lo amaba tanto…
—Con qué aquí estás —esa fue la voz de Zoro y sin necesitar invitación, se sentó al lado del pecoso.
—Hola —saludó Ace con una sonrisa confusa—. Mira, yo también quería verte —le miró atento.
—Así que por fin decidiste dejarte llevar por tus sentimientos —comentó Zoro con tranquilidad.
Ace suspiró largamente.
—Me siento un maldito depravado, un asco un…
—Un chico enamorado, ¿eh? —contradijo Zoro con una sonrisa graciosa— Así que Luffy te corresponde…
— ¿Te lo dijo él?
—Digamos que me enteré de esto por un comentario bastante casual y comprometedor —Zoro rio un poco la recordar el comentario.
— ¿Qué te dijo? —insistió Ace con el ceño fruncido.
—"…es porque Ace lo hace muy bien" —Zoro imitó a la perfección el tono que uso el hermano menor de los D y al ver la cara colorada de su amigo, estalló en risas sonoras.
— ¡Eso no es gracioso, imbécil! ¿Cómo es qué te dijo eso? —Ace estaba deseando que la tierra se lo tragara, sobre todo porque la vergüenza era más por como su amigo le molestó.
—Yo solo le dije que se veía más feliz de lo normal —se defendió Zoro todavía riendo—. Luffy es bastante inocente.
— ¡Es por eso que me siento tan ruin, joder! —exclamó Ace con frustración.
—Pero lo amas y amar a alguien no es un pecado —esta vez Zoro habló con seriedad.
—Es mi hermano… —insistió Ace.
—Te preocupas demasiado, idiota —negó ligeramente—. Ni siquiera Luffy le da tanta importancia, él simplemente se concentra en quererte.
—Mi hermano no entiende la gravedad del asunto.
—Es amor después de todo y Luffy ve las cosas de maneras diferentes a ti, Ace.
—No sé qué hacer, ya no puedo contenerme más con él…
—No te contengas, deja que las cosas tomen su curso —le alentó Zoro mientras ahora se acostó en el suelo de la azotea.
—Ya sabes que no es fácil, Zoro.
—Aun así ya lo has empezado a hacer y de nada sirve que te tortures con tus pensamientos o entonces todo se complicará de verdad —la mirada de Zoro estaba en el cielo.
Ace volvió a suspirar.
—Supongo que ahora que esto inicio, ya no puedo dar marcha atrás.
—No, no puedes y más te vale de verdad solo concentrarte en amar a Luffy.
—Me sorprende que gracias a que nos besamos es que sucedió todo esto —Ace sonrió entre amarga y divertidamente.
—Yo te traje la suerte —Zoro sonrió también.
—Vaya suerte que me das —Ace le dio un puñetazo amistoso en el brazo.
—No besas tan mal después de todo y eso que estabas más ebrio que cualquier vagabundo —añadió Zoro para molestarlo.
— ¡Ya, no hables de eso! —Ace frunció el ceño y se sonrojó un poco.
Las carcajadas de Zoro inundaron la tranquila noche y luego el pecoso se unió a él. Se rieron durante un buen rato, hasta que el aire les faltó y el pecoso volvió a hablar:
—Ya no te ves tan amargado y no has ido a clase estos dos días, ¿quién eres tú y qué le has hecho a mi amigo? —entrecerró los ojos.
—Hah, qué gracioso, mamá —respondió.
—Vale, me dejo de rodeos —Ace hizo una pausa dramática y miró directamente al peliverde—. ¿Puedes decirme que te traes con ese niño Law?
El peliverde hizo lo posible para no abrir la boca ante esa pregunta que no se esperó.
—No sé qué rayos estás tratando de decirme, Ace, solo me llevo bien con él.
—Claro, lo mismo me dijiste con el idiota de Sanji y mírate ahora —Ace bufó—. No estoy ciego, Zoro.
— ¿Qué se supone que debo decirte? —Zoro le fulminó con la mirada— Solo es un niño, por favor, no es que algo pase porque simplemente me lleve bien con él.
—Pues hace un par de días te vi dormido en su cama —le desafió Ace con perspicacia.
Zoro enrojeció ligeramente y tensó la mandíbula sin poder decir nada.
—Te había ido a buscar porque no despertabas y se te iba a hacer tarde para ir a la escuela; no estabas en tu habitación y por puro reflejo me atreví a ver en el cuarto de Law y, ¡sorpresa! Los dos nuevos amigos estaban acurrucados durmiendo que incluso se veían bien —explicó Ace con los ojos entrecerrados.
—… —Zoro seguía sin poder decir nada coherente para respaldar eso.
—Espero que recuerdes que es un niño, alguien menor que tú por siete años, y tú ya eres mayor de edad —agregó Ace viendo fijamente al peliverde—. Aunque, si te soy sincero, prefiero que te conviertas en pedófilo a que sigas de marioneta con Sanji —su voz estaba bastante sincera.
— ¡Yo solo me había ido a disculpar con el enano, solo eso! —exclamó Zoro, ya harto por las cosas que decía su amigo.
El pecoso enarcó una ceja.
—Eso no explica por qué dormiste a su lado —presionó.
Zoro suspiró pesadamente.
—Yo tampoco lo sé, si te soy sincero… —confesó con el ceño fruncido— Simplemente lo vi dormir y no pude irme.
—Vaya… —Ace alzó ligeramente las cejas mientras en su mente unía cabos sueltos— Cuando él llegó, parecía que ya lo conocías —intentó seguir sacándole información a su amigo.
—El enano me ayudó a llegar al parque Ueno ese día —explicó Zoro con una mueca de resignación ante la terquedad e insistencia del pecoso—. Yo le prometí que le daría un pago por haberme ayudado, le di mi número de celular para que llamara, pero no lo hizo y una semana después cuando regresé a la casa, salí a caminar y me encontré con Law —suspiró inconscientemente al recordarlo—. En ese momento aproveché para darle lo que le prometí y luego volví a verlo en la cena, eso es todo.
— ¿Qué le regalaste? —Ace ahora estaba curioso, como si se tratara de un dorama.
—Un oso de peluche —Zoro le miró de mala manera.
—Uf, que complicado —Ace sonrió con cierta malicia—. Y dime, ¿Sanji te ha llamado? He visto que ya no cargas tu celular a dónde vas.
—Eres un maldito acosador, Ace, como me jodes —Zoro suspiró.
—Solo debo cuidarte, Zoro.
—Eres toda una madre, en serio.
—Anda, respóndeme y no molestes —Ace frunció el ceño.
—Me habló hace dos días, pero no le contesté porque estaba entrenando con Law —al responder, Zoro desvió ligeramente la mirada.
— ¡Bingo! —exclamó Ace, eufórico y al recibir la mirada perpleja de su amigo, añadió: —Tú sigue como hasta ahora, Zoro, solo recuerda dejarte llevar por lo que sientes —su voz se tornó un tanto escéptica, regresándole las palabras a su mejor amigo.
—No entiendo porque sales con eso, pero bien —su amigo se encogió de hombros.
—Ya lo verás, solo ten cuidado con que Kuina no te vea junto a Law —advirtió Ace con la mirada un poco ansiosa.
—Dudo que a ella le importe —zanjó Zoro con incomodidad—. Además, en estos días no se ha parado en la casa.
—De todas formas —Ace se incorporó de golpe—. Basta de charlas, vámonos a dormir que Luffy seguramente me está esperando en la habitación… —se calló de golpe cuando se dio cuenta que había revelado más información de la necesaria.
—Ahora comprendo porque tienes todos esos rasguños y mordidas —comentó Zoro con humor negro, dándole un codazo al pecoso.
— ¡Ah, jódete! —Ace le saludó con el dedo de en medio mientras se ponía colorado.
El peliverde simplemente comenzó a reírse.
/Sábado 19 de Enero del 2008/
Su habitación estaba bastante desordenada, lo único que estaba bien acomodado era su cama tendida que el mismo hacía siempre por mera manía.
Había pasado una maldita semana y no sabía nada de su amigo Law, lo cual lo tenía de un humor de perros y más que ansioso. Ese sentimiento que deseaba descubrir le estaba causando cierto dolor en su pecho, haciéndolo rehuir un poco, pero aun así, Kid quería tener claro lo que estaba sintiendo.
Ya no había vuelto a mandarle mensajes al ojigris, cuando en el tercer día que lo hizo siguió sin respuesta alguna; su orgullo le ganó desde entonces. Más la impaciencia seguía.
Necesitaba ver a Law, pero como también sabía, no se estaba quedando en su casa, sino en la de otro conocido porque Doflamingo había salido de viaje. Y no sabía porque, pero el hecho de que su amigo estuviese en casa de alguien más, le causaba coraje.
No quería que su Law estuviese con nadie más. Sí, ni siquiera supo cómo, cada que le pensaba siempre terminaba considerándolo como suyo.
— ¿E-esto…es lo que llaman…"amor"? —masculló Kid aterrado con el corazón acelerado.
Maldito Law, pensó y terminó por destrozar su cama.
/Domingo 20 de Enero del 2008/
En la mansión solo estaban Makino, Zoro y Law.
Los demás empleados se habían ido porque hoy era su día de descanso y su abuelo, junto con los hermanos D, habían salido a ver una película que el menor quería ver también. Y como Law parecía reacio a querer ir con ellos, prefiriendo quedarse a leer, el peliverde optó por hacerle compañía, así tampoco dejaban sola a Makino en esa gran casa.
— ¿Por qué tu hermana y tu padre nunca están en casa? —se atrevió a preguntar Law, sintiéndose ahora con más confianza que antes.
—Se toman muy en serio su trabajo —contestó Zoro de manera mecánica, dando a entender lo poco que le importaba—. Es por eso que yo a veces vivo solo en mi departamento —aclaró.
—Por eso no estabas cuando yo me mudé a este lugar —aventuró Law.
—Sí, eso mismo —Zoro le miró atento.
Los dos chicos estaban embrocados en el balcón de la ventana del peliverde; el menor leía un libro de medicina y el mayor estaba solamente viendo el cielo oscurecer lentamente.
—Es fácil notar que serás doctor en un futuro —Zoro le miró atento mientras ahora recargaba su cuerpo en un costado, flexionando el brazo para poder apoyar su cabeza en su mano.
—Te atenderé gratis —Law sonrió de manera sarcástica.
—Me enfermaré seguido y te dejaré en bancarrota —replicó Zoro con una sonrisa torcida.
Recibió como respuesta una fulminante mirada del ojigris.
—Al menos sabes que harás con tu vida y eso es lo importante —añadió soltando un bostezo.
—Tú eres un holgazán, Zoro-ya —Law bajó su libro y le miró atento.
El aludido le sonrió con arrogancia, enarcando una ceja. Pero ese gesto le provocó al menor admirarle idiotizado.
—Creo que… me iré a bañar y después, ¿podemos alcanzar a Mugiwara-ya al cine? Después de todo me gustaría ver una película —dijo Law, incorporándose.
—Sí o podemos verla aquí, tenemos internet y acceso a la cuenta del cine —recordó Zoro, incorporándose también justo en el momento en que el timbre de la casa sonó.
—Está bien, Zoro-ya, vuelvo pronto —Law le sonrió un momento para regresar a su expresión seria, dándose la vuelta para salir de la habitación.
El peliverde observó como el menor salió de su cuarto y se encaminó a su cama para dar una corta siesta en lo que esperaba al ojigris, sin preocuparse por quien había llegado a la casa, puesto Makino, el ama de llaves, seguramente atendería a esa persona.
Estaba quedándose dormido, cuando de pronto escuchó como la puerta de su habitación se abrió y pensando que se trataba de Law, no se movió y dejó que este se acercara para espantarlo. Sin embargo, quien terminó asustado fue el peliverde ante la voz que escuchó.
—Marimo idiota, ¿por qué me estás ignorando?
Abrió los ojos como platos, encontrándose con la figura de Sanji enfrente, quien le miraba de manera dolida y seria, mientras fumaba un cigarro. Vestía un pantalón de mezclilla negro junto con una camisa gris oscuro.
—Sa-Sanji… —murmuró Zoro, tanta era su sorpresa e incredulidad que le llamó por su nombre— ¿Q-qué haces…?
—Es tú culpa, ¿por qué no contestas mis llamadas? Te he estado llamando desde el miércoles, Marimo mierdoso —acusó Sanji nuevamente, aplastó su cigarro y se lo aventó al otro—. Idiota.
El peliverde se incorporó de la cama y se quitó el cigarro de encima.
—No es mi culpa, tú estabas ocupado con tu novia y a mí me surgieron otras cosas —explicó Zoro, molesto, pero con el pulso acelerado por verle.
— ¿Acaso ya conseguiste con quién reemplazarme? —inquirió Sanji, mirándolo atento.
— ¡¿Eh?! ¡No se trata de eso, estúpido Ero-cook! —zanjó Zoro— Mi mundo no gira en torno a ti —era la primera vez que le decía al rubio algo como eso.
Mismas palabras causaron que el ambiente se tensara por completo. El corazón de Zoro seguía acelerado; había extrañado tanto al rubio que incluso quería abrazarlo, pero ahora que lo veía… Bueno, no estaba seguro de lo que estaba deseando hacer.
—Claro, solo somos amigos con derecho, ¡pero me tenías preocupado, imbécil! —farfulló Sanji, dando un paso para acercarse más al peliverde y lo abrazó— No sabía cómo estabas y yo… —no puedo separarme de ti, Marimo, por más egoísta que sea, dijo en su fuero interno— Te extrañé…
Zoro correspondió al abrazo con fuerza, respirando el perfume ajeno.
—Estabas ocupado y no debo llamarte cuando estás con ella —le recordó—. Eso me dijiste.
—Sé lo que dije, Marimo idiota, pero no me respondías las llamadas y necesitaba verte… —habló Sanji, besando el cuello del ajeno con suavidad, acariciándole los brazos.
—Oye, este no es momento para…hacer otras cosas, no estoy en mi departamento —intentó decir Zoro, pero más que nada lo decía porque sabía que el niño ojigris estaría de regreso en algún momento y lo menos que quería era que lo viera así.
—No hay nadie en tu casa, Marimo, le pregunté a la hermosa de Makino-swan y dudo que ella venga a verte —Sanji ahora estaba desabotonándose la camisa y repartía besos en el rostro del peliverde.
—Espera un momento…
— ¿Ya no me deseas? —preguntó Sanji, mirándole con el ceño fruncido, intento ocultar el terror que eso desató en su interior.
— ¡No es eso! Pero… —Zoro estaba poniendo bastantes largas por primera vez en toda la desastrosa relación que tenían.
—Shh, ya no digas nada, déjame hacerte sentir bien, qué yo te he necesitado mucho —murmuró Sanji y entonces besó al otro apasionadamente, empujándolo para sentarlo en la cama y montarse sobre de él.
Por supuesto que Zoro correspondió al beso, si de igual forma lo había extrañado, sin embargo, parte de su atención estaba en que en cualquier momento Law llegaría, puesto verían aquella película.
Sanji le mordió el labio, comenzando a rozar sus glúteos en el miembro ajeno, exigiendo por completo su atención cuando se dio cuenta que algo era diferente. La excitación comenzó a apoderarse de Zoro y ahora fue él quien le despojó parte de la ropa al rubio, besándole con intensidad, desabrochándole el pantalón, pero todavía tenía esa inquietud…
—Anda, vamos directamente a hacerlo —animó Sanji con una sonrisa ladina y la mirada deseosa—. No sabes lo mucho que te he extrañado… —en ese momento, sus pantalones salieron a girones de él, junto con su ropa interior, frotando su miembro expuesto y erecto en el abdomen del peliverde ya sin la playera—. Aah… —gimió cuando sintió un dedo invasor cubierto de saliva, mientras que ahora desabrochaba el pantalón del ajeno, liberándole la erección— Deja los previos, estoy tan excitado que no será necesario —masculló con la lujuria en toda su voz.
Y de un sentón, se auto penetró, soltando casi un grito de placer y algo de dolor. Zoro sintió como las caderas del rubio comenzaron a cabalgarle, apretándole el miembro deliciosamente.
Los dos chicos estaban tan concentrados teniendo sexo que no se habían percatado de que la puerta estaba ligeramente abierta y por ahí, un par de ojos grises los miraba con un destello de ira.
En otro momento, Law se hubiese excitado por ver una escena sexual así de descarada, pues desde donde estaba, veía perfectamente como el miembro erecto del peliverde se metía en el ano del rubio. Lo único que sentía era un dolor horrible atravesarle el corazón, sintiendo los ojos cristalizados, quería irse y dejar de ver aquella escena, pero una parte de su ser quería ir y reclamar a Zoro como suyo, tenía deseos de disecar a ese maldito rubio.
No le tomó mucho tiempo decidir qué hacer.
Esperó unos minutos más, donde los gemidos de ese chico de cabellos dorados eran más continuos; gemía ahogadamente, diciendo una que otra palabra sucia, así como Zoro gruñía por el placer.
Y Law abrió la puerta, estampándola con fuerza bruta.
Los dos chicos que estaban en pleno acto sexual se detuvieron sobresaltados por el fuerte ruido; Zoro palideció al ver quien estaba ahí enfrente mientras que Sanji se sonrojó al encontrarse descubierto con "las manos en la masa".
Los tres se quedaron mirando casi un minuto, donde el ambiente estaba tan jodido que no se podía describir con palabras.
—Lamento tanto interrumpir —dijo Law, arrastrando las palabras de un modo que dejaba en claro que estaba mintiendo y estaba furioso, pese a su edad, trasmitía muy bien esa aura asesina, pero en sus ojos un destello de dolor que no pasó desapercibido para el peliverde—. Otro día vemos esa película, Roronoa-ya, tú sigue con tu pornografía —y sin cerrar la puerta, Law se dio la vuelta para salir no solo de esa habitación, sino de la casa.
Entonces, Zoro reaccionó tan rápido que ni siquiera lo pensó.
— ¡Law! —exclamó e incluso la erección se le había ido; alejó al rubio de su persona, empujándolo a la cama para abrocharse los pantalones y se ponía la playera lo más rápido que podía— ¡Law! —repitió con la expresión descompuesta, dispuesto a ir tras el menor, ¿por qué lo hacía? Ni él lo sabía, solo quería detenerlo.
—Zoro —era rara la vez en que Sanji llamaba al peliverde por su nombre y cuando lo hacía, era porque la situación era grave o demasiado sentimental, pero siempre más por la primera opción—. ¿Qué coño estás haciendo? —inquirió, indignado y furioso, sujetando al otro del brazo para que no se fuera— ¡¿Piensas dejarme así?! ¡Responde, Zoro! —presionó cuando notó que el nombrado ni lo estaba mirando.
El corazón del peliverde estaba dividido, pero aun sintiéndolo así, tenía claro lo que quería hacer.
—No puedo…dejar que se vaya… —masculló.
— ¡¿Qué mierda significa eso?! ¡Es un mocoso entrometido, deja que se vaya! —exclamó Sanji todavía enojado, pero cuando el otro muchacho le miró, su sangre se heló por completo.
Zoro nunca le había visto así.
— ¡No voy a dejar que le pase algo, es de noche! —respondió, soltándose del agarre del rubio— Tu ropa está ahí y en mi gaveta hay dinero para el taxi.
Sanji le dio un puñetazo en el rostro al peliverde.
— ¡¿Y tú crees que soy alguna clase de sexo servidor o qué carajo?! No puedes dejarme así, Zoro.
El aludido ya estaba impaciente, entre más tiempo pasaba discutiendo con el rubio, más se alejaba Law de su casa.
— ¡Maldita sea, Zoro! Yo podría dejarte en cualquier momento, pero igualmente deseo estar contigo aquí y…
—Haz lo que quieras, Sanji.
Dicho esto, Zoro salió corriendo de la habitación con toda la rapidez que fue capaz, dejando al rubio solo en la habitación.
Sanji estaba que no se creía lo que acababa de pasar; la persona que pensó jamás lo dejaría, lo acababa de plantar justo ahora. ¿Qué es lo que estoy haciendo con mi vida? Pensó, antes de desmoronarse en la cama del peliverde, abrazándose a sí mismo, temblando ligeramente.
El resultado de las cosas le estaban provocando un dolor inexplicable en su pecho y una vocecita en su mente aceptó que se lo merecía. Pero de todos modos no iba a permitir que Zoro se alejara de él así como así.
Kid acababa de salir de la ducha, luego de una sesión completa de masturbación, imaginándose a su amigo ojigris sin culpa alguna, porque si ahora sentía lo que era estar en "abstinencia" era precisamente culpa de Law, por hacerle sentir lo que era el sexo y el no tenerlo le estaba poniendo casi ansioso. O quizá solo tenía que ver con el hecho de que no lo había tenido precisamente con él.
Quería ver a su amigo, estaba preocupado por él y aunque no se lo diría tan abiertamente jamás, necesitaba verlo. Solo así comprobaría si de verdad lo que estaba sintiendo por él era amor. Era extraño, porque parecía que ese sentimiento desde cuándo hubiese estado ahí, oculto en su ser, como necesitando una fuerte excusa para salir. Tal vez si nunca hubiesen intimado no lo hubiera descubierto y no se sentiría así de jodidamente impaciente.
Se vistió con su pijama que consistía en una playera azul y un pantalón corto gris. Hoy estaba solo en casa, pues su padre había salido a divertirse al burdel "Dressrosa", así que no tenía con quien entrenar o algo más que hacer, por lo tanto, ya dormiría.
Estaba por acostarse, cuando escuchó que tocaban el timbre de manera desesperada, logrando ponerle de mal humor y dispuesto a matar a ese bastardo que lo estaba fastidiando, salió de su cuarto hecho una fiera, bajó las escaleras hasta llegar a la puerta principal. Pero cuando abrió la puerta, ese mal humor desapareció tan pronto como llegó al ver quien estaba enfrente.
—E-Eustass-ya —murmuró Law con la expresión tan seria y fría que le hizo estremecer.
Kid sabía que algo había pasado, sobre todo porque la voz de su amigo se oía destrozada, pero no lloraba y no había indicios de que fuese a hacerlo.
— ¿Puedo quedarme en tu casa a dormir? —preguntó Law con la misma frialdad.
—Si…pasa —Kid se hizo a un lado y permitió al otro niño ingresar.
Dentro de la casa, el ojigris no se movió para nada y tenía la mirada en el suelo.
— ¿Qué tienes, La…Trafalgar? —preguntó Kid intentando ocultar su estúpida e innecesaria preocupación. Que sintiera amor por su amigo era algo muy distinto a que se fuera a declarar.
—Eustass-ya, ¿podrías abrazarme? —Law no supo ni porque había pedido algo como eso, simplemente su corazón se lo pedía y estando como estaba, no iba a ignorar ese deseo.
El pelirrojo vaciló, pero finalmente, envolvió al ojigris entre sus brazos con fuerza. Y Law hizo todo lo posible por no soltarse a llorar ahí mismo, porque de verdad que no lo haría; llorar sería como admitir la derrota ante ese estúpido rubio y si había huido de la casa del peliverde era porque se sentía tan dolido que necesitaba un respiro. El único quien podía darle ese respiro era Kid y todo su ser lo sabía.
Porqué después de todo, él era su primer amor.
/Lunes 21 de Enero del 2008/
Zoro no había dormido en toda la maldita noche preso de la angustia y ni a la escuela había ido. El día anterior pasó hasta las tres de la mañana buscando al ojigris y no lo encontró, para colmo, este no respondía al celular.
—No es necesario que te diga algo, ¿verdad? Ya tienes suficiente escarmiento —dijo Ace con el gesto serio.
—Así es, mejor mantente callado —Zoro asintió con desesperación.
—Qué lástima que ayer no estaba, sino sacó a Sanji a patadas —bufó Ace y miraba la hora de su reloj—. Deberías dormir.
—No dormiré hasta que encuentre a Law —advirtió Zoro.
—Sino te conociera diría que te estás enamorando de ese niño —opinó Ace ya sin más rodeos, porque su amigo necesitaba que le abrieran los ojos a la de ya.
—No digas estupideces, Ace… —pero su mirada se desvió ligeramente y su voz sonó a la defensiva.
—Claro, claro, estupideces… —Ace puso los ojos en blanco— Ni estando así te das cuenta.
— ¡Es un niño, maldición, no puedo enamorarme de alguien como él! —zanjó Zoro, ahora furioso.
— ¿Ahora entiendes como me sentía con mis sentimientos por Luffy? —inquirió Ace con calma.
— ¡Ya, joder! Sea lo que sea que sienta, no es momento para hablar de esto ahora, necesito encontrar a Law, así que si no te importa, saldré a buscarlo otra vez —Zoro se incorporó de donde estaba sentado y salió como alma que lleva el diablo de la casa.
El pecoso le miró y sonrió un poco. Ojala no tardes mucho tiempo en darte cuenta en que te has convertido en un pederasta, pensó con un poco de humor. La verdad es que no le daba importancia a eso, Zoro era su amigo y lo apoyaría siempre.
Los dos niños iban caminando después de la silenciosa noche que tuvieron el día anterior.
Era medio día y después de haberse duchado cada uno por separada (el pelirrojo le prestó algo de ropa a su amigo) y desayunado, Kid estaba acompañando al ojigris de regreso a su casa.
No hablaron detalles sobre lo que pasó y además el pelirrojo tampoco los necesitaba, solo sabía que alguien le había hecho daño a su amigo, ya después se encargaría de averiguar bien las cosas y hacerle pagar a ese mal nacido que le dañó.
—Aquí está bien, Eustass-ya —dijo Law, deteniéndose enfrente de la tienda de regalo donde una vez el peliverde le llevó a comprar su peluche, esta misma estaba abierta—. Puedo caminar hasta la casa.
—Lo siento, Trafalgar, pero te acompañaré a donde sea que te estés quedando —repuso Kid, cruzándose de brazos.
—No es necesario, estaré bien, no es como si me hubiesen hecho daño —replicó Law, frunciendo ligeramente el ceño con la expresión seria.
— ¿Qué no te hicieron daño? —inquirió Kid con cierta molestia y sarcasmo— ¿Entonces porque llegaste a mi casa anoche?
—Porque necesitaba un respiro, solo eso —respondió Law sin inmutarse—, y porque te extrañaba —añadió con honestidad y la misma expresión.
Con esa última oración, el corazón del pelirrojo se aceleró con violencia y para disimular su molesto sonrojo, desvió la mirada. Segundos después, suspiró, calmándose.
—De todos modos te acompañaré, quieras o no.
—Qué no es necesario, Eustass-ya —Law pareció sentirse ligeramente incómodo, puesto los ojos ámbar de su amigo le miraron de una manera que… le hizo recordar ese sentimiento cálido que sintió la primera vez que tuvieron sexo. Y no le gustaba sentirlo, aunque cada que pensaba en el peliverde, se eclipsaba por completo.
—Lo lamento, pero incluso aunque te vaya siguiendo, te acompañaré, Trafalgar —siguió insistiendo Kid y sujetó al mencionado de la muñeca—. Así que, vamos.
—Lo siento, pero él se irá conmigo, niño —esa fue la voz grave y bastante molesta de Zoro, que se detuvo justo enfrente de los dos menores.
Law se quedó de piedra cuando lo vio. Tenía la misma ropa que el día anterior y parecía no haber dormido nada.
— ¿Y quién demonios eres tú? —Kid enfureció y apretó más el agarre con que sujetaba a su amigo.
—Eso es algo que no debe de importarle a un niñato como tú —Zoro le miró gélidamente sin inmutarse por el aura asesina del pelirrojo y luego miró al ojigris—. Anda, Law, ven conmigo —extendió la mano frente al mencionado.
Extrañamente, el niño ojigris se sintió entre la espada y la pared.
—Trafalgar está conmigo, no necesito que ningún bastardo desconocido venga a molestarnos —Kid estaba tan enfadado que no le importaría el utilizar el poder de su Akuma no Mi para matar a ese adolescente de cabello verde.
Pero Zoro lo ignoró por completo, mirando solamente al niño de ojos grises.
— ¿Law?
El golpeteo frenético del corazón del mencionado menor sabía muy bien a donde quería irse, pero su orgullo también estaba ganando terreno.
—Bien, no tengo tiempo para esto —habló nuevamente Zoro y bajó la mano.
El menor pensó que se iría y estaba a punto de decirle que esperara, pero entonces, vio como el mismo peliverde se inclinó y lo abrazó, acomodándolo sobre un hombro, rompiendo fácilmente el agarre que tenía con el pelirrojo.
— ¡Bájame, Roronoa-ya! —exclamó Law, más que molesto, estaba avergonzado y su rostro lo delataba.
— ¡Bájalo, tú, idiota! —Kid rugió de furia y sin pensarlo dos veces, alzó uno de sus brazos para atacar al peliverde con su poder, atrayendo algún objeto metálico para golpearlo.
—Doce Fleur —dijo la voz de una mujer.
Inmediatamente, varios brazos morenos aparecieron del cuerpo del niño pelirrojo y se apretaron a su cuerpo, inmovilizándolo contra el suelo, impidiendo así su ataque contra Zoro. Este último junto con Law, dirigieron su mirada de dónde provino la voz, pero no había absolutamente nadie. Y el peliverde no desaprovechó la oportunidad de que se deshicieron de ese irritable pelirrojo, así que continuó caminando con Law sobre su hombro con prisa.
— ¡Qué me bajes, Roronoa-ya, puedo caminar solo!
—Te dije que me llames simplemente "Zoro".
—… —Law se quedó callado.
El mayor suspiró y reacomodó la posición en que abrazaba al ojigris, sosteniéndolo ahora con ambos brazos, acunándolo, causando que el niño se sonrojara ligeramente.
—No vuelvas a irte y sin dejarme saber dónde estás —dijo Zoro mirando intensamente al menor mientras sentía que por fin podía respirar con alivio.
Abrazó con más fuerza a Law, con un sentimiento desbordante recorriéndole el pecho, al mismo tiempo en que se sintió completo.
¡Listo, sweeties míos! xD Como ven, la tensión entre Zoro y Law va volviéndose más fuerte, empezando a tomar una forma muy esperado por todos nosotros(?).
La escena sexual que se mencionan entre Zoro y Sanji no la puse como advertencia, pues creo que eso es algo que imagino se puede tolerar(?), no es tan "fuerte" como el incesto o pedofilia, jajaja. Pero si les molesta y les gustaría tener advertencias también para ese tipo de contenido, no duden en hacérmelo saber.
Well, eso ha sido todo por hoy, sweeties xD. ¡Nos vemos pronto, cuídense mucho! Y no olviden dejarme sus comentarios, eh :3
