Lo mejor para ignorar el agotamiento mental, es un agotamiento físico aún más grande. Y si de paso eso me lleva a tachar otra estación de mi lista de obligatorias, mucho mejor. Me he puesto una meta de 10 kilómetros en la bicicleta estática, pero ni por asomo lo voy a lograr en la casi media hora que queda hasta la comida.
La parte buena es que estoy en un extremo del gimnasio, y eso me asegura buenas vistas con respecto al resto de tributos. Los seis profesionales están reunidos en un círculo hablando entre ellos. De vez en cuando alguno mira hacia atrás por si se está perdiendo algo emocionante. Se notan impacientes por empezar a comer. Típico de los que no se han tenido que saltar una comida a diario...
Cuando dan las dos en punto, anuncian la apertura del comedor por megafonía y Brendan nos dice que las estaciones estarán cerradas por una hora.
—¡Bueno Wiress, hora de comer! ¡Estoy hambrienta! —dice la instructora de la estación de entrenamiento físico— No has conseguido tu meta, pero era bastante irreal para una principiante de todos modos. Sigue probando y mejorarás muy pronto.
Hago un gesto de dolor al bajarme de la bicicleta. Me cuesta un poco andar porque mis piernas están doloridas, les he dado más batalla de lo que pueden aguantar. Las he llevado al límite. Pero hacerlo me ha ayudado a desviar mi atención de la frustración que sentí abajo en la estación de pesca.
Lo primero que hago al entrar al comedor es ir al dispensador de agua y llenar mi vaso dos veces. Hacer ejercicio hace que pierdas mucho líquido. Luego busco un sitio. Hay mesas de sobra así que puedo elegir. Las únicas personas con las que tengo algo de confianza, Luz y Prada, están en el buffet eligiendo la comida, por lo que me siento en una mesa junto a la pared dando sorbos a mi vaso de agua. Quizá alguna de ellas venga a mí.
Me pierdo tanto en mis pensamientos sobre lo que iba a hacer después que no me doy cuenta que Core hasta que no está sentado en la silla frente a mí. Lo miro perpleja durante un instante. Aún siendo mi propio compañero de Distrito no había esperado que buscase mi compañía y más con lo impredecible que puede llegar a ser.
—¿Qué? —dice él como si se estuviese perdiendo algo.
—Nada —contesto—. No te he visto en todo el día.
—Oh, he estado haciendo otras cosas. ¿No vas a comer nada?
Miro su bandeja. Ha llenado un plato con alitas de pollo, papas fritas y montones de panecillos típicos del Distrito 3, que son rectangulares y se comen de un bocado. Core lleva su patriotismo hasta niveles culinarios. No me extraña viniendo de él.
—Sí... creo que será mejor que vaya a por algo —digo levantándome.
—Date prisa o se acabará lo mejor.
Tomo una bandeja, un plato y cubiertos antes de acercarme al buffet. La variedad no es tan grande como arriba. Se nota que se han centrado en cosas nutritivas para recuperar las fuerzas tras el duro entrenamiento. Lleno el plato de arroz blanco con vegetales y voy a pinchar con mi tenedor el último filete de ternera, sin darme cuenta de que otro tributo también se disponía a hacer lo mismo. Ambos nos quedamos paralizados por la sorpresa, mirándonos el uno al otro. Miro el número de su camiseta. Un 7.
—Para ti —dice al fin.
—No, no, no... tú estás delante —contesto.
—No pasa nada, elegiré otra cosa.
—Pero...
Su compañera de Distrito que está tras él, parte el filete por la mitad y nos pone una en cada plato.
—Solucionado —dice sonriendo.
Le doy las gracias aún incrédula por el gesto de amabilidad y ambos se van a sentar juntos. Inicialmente me hace sentir bien, pero mientras vuelvo a mi sitio tras llenar el resto de mi bandeja con panecillos típicos, pienso que hubiese sido todo más fácil con una interacción más fría y aséptica. Core lo nota.
—¿Y esa cara? Ya te dije que te dieras prisa.
—Me he encontrado con los tributos del 7 en el buffet...
—Ah. ¿Y qué ha pasado? ¿Se han metido contigo? —pregunta frunciendo el entrecejo.
—Han sido... muy amables conmigo... —digo con un hilo de voz.
—Comprendo... hoy comes con ellos y mañana ves cómo un muto se hace una bufanda con sus intestinos. Qué tradición tan repugnante.
No le regaño al respecto, pues él sabe muy bien que está siendo explícito y estamos a punto de comer. Creo que lo hace a posta para generar más impacto en sus palabras, él es así. Además Kernel ya le ha advertido sobre hablar en contra de los Juegos. Le ha dicho que podría haber consecuencias y no solo para él. Mi expresión se ensombrece aún más y me concentro en mi comida.
—No creo que nos hayan oído con este escándalo.
—Eso no lo sabes —digo.
—No me importa. Voy a morir de todos modos —contesta como si ya fuera un hecho.
—Quizá no —digo para animarlo.
—Umm... veamos. Uno, hay gente mucho más preparada que yo. Dos, para ganar requeriría manchar mis manos de sangre y no pienso hacerlo. Tres... ¿Eres consciente de que si yo consigo la victoria, tú estarás muerta?
Soy consciente. Pero no es como si hablar de hipótesis aumente o disminuya mis posibilidades.
—Core... —empiezo a decir con algo de dudas— ¿Vamos a ser aliados?
Él levanta una ceja, sorprendido ante mi proposición.
—¿Aliados? ¿Quieres que seamos aliados en la Arena? ¿Por qué?
—Creo que tendríamos más posibilidades juntos que separados. Nos podríamos defender mejor de los peligros, turnarnos para dormir...
—¿Y qué haremos cuando nos quedemos solos tú y yo? —interrumpe Core— ¿Me matas? ¿Yo te mato a ti? ¿Lo sorteamos? ¿Cómo funciona eso?
—Quizá no nos tengamos que ver en esa situación —contesto.
—Vaya fiasco de alianza entonces —dice.
Me quedo en silencio comiendo hasta que él habla de nuevo.
—Aún así, imagina que de verdad pasa. Uno de los dos tendría que acabar con el otro. ¿Crees que me haría gracia convertirme en un apestado de por vida de vuelta en el Distrito 3, en un tipo que mató a su propia compañera para salvar su culo? ¿Cómo podría mirar a tus padres a los ojos después de haberle quitado la vida a su hija? ¿Tú podrías vivir con eso en la conciencia?
Lo pienso por un momento, y llego a la conclusión de que no podría. Matar a tu compañero de distrito es un estigma que se lleva de por vida. Matar al chico con el que estoy comiendo ahora mismo son palabras mayores. Por alguna razón, los comentarios de Core me hacen sentir ingenua e idealista y niego con la cabeza mirando a mi plato.
—No Wiress. Ser aliados no es una buena idea.
Aún así, todos los años hay alianzas. Los tributos se alían con gente de su confianza porque eso asegura la supervivencia del grupo entero. Aumenta las probabilidades de los demás compañeros de tu grupo, así como las tuyas, y es un riesgo que para muchos merece la pena. Para un profesional es más ventajoso tener una posibilidad entre 6 que una entre 24. Y para los demás es mucho más fácil enfrentarse a la Alianza Primaria en grupo que solos.
—Quiero que sepas algo... si yo he de morir me gustaría que fuese alguien de casa quien ganase. Me gustaría que fueses tú —digo tras una pausa. Core me agrada.
Él parece conmovido por mi comentario.
—No creo que haya alguien que se merezca más que otro ganar. Ninguno de nosotros merece morir. No es como si no hubiera opción. En cualquier momento podrían parar este sinsentido. Pero no lo hacen, quizá no tiene caso seguir luchando.
—Entonces ¿Crees que escapaste de la muerte una vez para morir aquí? —digo. Me resulta increíble que diga cosas así. Sobre todo después de que nuestros mentores se hayan esforzado tanto porque tengamos una mentalidad apropiada.
—Ja... eso es lo que dice Kernel. Pero él se equivoca. Tal vez yo no estaba destinado a sobrevivir. Tal vez la Parca ha venido a llevarse lo que no pudo la última vez.
—Core... —digo dolida.
—No pasa nada. Estoy bien. De veras. Ya dejé de lamentarme. Lo tengo asumido. Solo... lo siento por mis padres. Pero creo que aprenderán a perdonarme y cuando lo hagan, estarán orgullosos. Aquella vez no me resigné a morir, y ahora no me resignaré a...
—Por favor, no sigas —le digo.
La conversación ha tomado un rumbo feo. Uno en el que no me siento cómoda.
—Como quieras... —dice encogiéndose de hombros.
Tras eso pude sentir algo de tensión entre nosotros. Algo que tengo que arreglar. Quizá no vayamos a ser aliados, pero es importante estar en buenos términos.
—Entonces ¿Qué hiciste hoy? —digo—. Si se puede saber...
—No me importa que lo sepas. Estuve estudiando —contesta.
—¿Estudiando?
—¿Recuerdas cuando ganó Beetee? Fue la mejor victoria de todas. Yo tengo unos cuantos conocimientos de electrónica, pero quería ampliar y hacer... no se, hacer algo como lo que él hizo.
—Pero no sabemos si encontraremos componentes electrónicos en la Arena.
—Es un riesgo, le pregunté a Brendan si tenían algo al respecto. Me dijo que podía mirar en la sección de biblioteca, pero que igual me recomendaba asistir a las estaciones del gimnasio. Aquello no me hizo cambiar de opinión... así fue como acabé en la biblioteca. Tienen manuales de todo tipo. Estuve leyendo sobre electrónica desde la mañana y cuando la hora de la comida termine volveré. No es una estación muy popular, he sido el único ahí en todo el día.
—¿Y qué pasa con las habilidades de supervivencia o combate?
—Improvisaré —dice como si fuera algo sin importancia—. Esto es algo que de verdad quiero hacer. Tengo un plan.
Por alguna razón la frase me hace sentir inquieta. Prefiero no preguntarle detalles sobre ese plan suyo, porque en verdad, no sé si quiero saberlos. Si tiene en mente hacer algo como lo que hizo Beetee... entonces tiene que tener cuidado.
Como postre, vamos a por algo de fruta, alguna de la cual ninguno de los dos ha visto en la vida. La cocinera nos dice los nombres y nos recomienda los kiwis. Según ella son una de las frutas con más vitamina C. Los corto siguiendo lo aprendido en la mañana para practicar y le doy uno a Core antes de salir del comedor.
Me despido de él antes de que se vaya derecho a la biblioteca y yo me voy a la estación que he estado tratando de evitar todo el día, pero a la que tengo que ir por recomendación de Kernel: la de habilidades de cuchillo como arma. Los profesionales ya han ido en la mañana así que es improbable que me los encuentre.
La estación está dividida en dos secciones, la de lanzamiento a distancia y la de cuerpo a cuerpo.
Paso a la primera, que consiste en una especie de pasillo donde una serie de hologramas pasan de un lado a otro del mismo. Algunos son de personas, otros de animales salvajes. Algunos pasar cerca otros lejos y todos tus blancos y fallos se quedan registrados por el programa, el cual puntúa tu tiro y al final emite un informe. El instructor me ayuda a colocarme una bandolera con cinco cuchillos y tras darme unos cuantos consejos me deja sola.
Con mis primeros cinco cuchillos acierto a una persona en un hombro y a otra en un costado, aunque esta última estaba pasando de cerca. El último, de un ciervo pasando a lo lejos lo fallo. Una fuerza invisible arrastra los cuchillos tirados en el suelo hasta mis pies. Cuando me agacho a recogerlos, siento una presencia a mis espaldas.
—¡Wiress!
Reconociendo la voz de Luz, me giro al acto.
—¿Qué tal? —digo, muy feliz por verla otra vez—. Casi no te reconocí en el desfile con tu nuevo color de pelo. Te ves muy bien.
—Gracias... a mí también me gusta, por eso pedí a mi estilista que me dejase quedarme así y les encantó la idea. El blanco es mi color favorito, además es el mismo color de pelo que... Amigo... —dice agarrando un mechón de pelo y observándolo.
Es raro tener el pelo blanco natural, quizá el amigo de Luz es albino, por el tono de su voz y su expresión, deduzco que es alguien muy importante para ella.
—Me iba a sentar contigo en el comedor, pero mi compañero de distrito se adelantó —digo.
Aquello parece subir su ánimo.
—¿En serio? Eso significa que no me odias.
—¿Y por qué iba a odiarte? —digo extrañada.
—Uh... por nada... todo el mundo parece evitarme, y yo no les hice nada. Parece que ya se empezaron a correr esos estúpidos rumores —dice frunciendo el entrecejo.
—No sé de qué rumores hablas, pero a mí me caes muy bien —contesto sonriendo.
—Tu también me caes bien Wiress. Por cierto ¿Vas a aliarte con alguien?
—Hoy mismo se lo pedí a Core y él rechazó mi propuesta. Core es mi comañero de distrito. ¿Y tú?
—Bueno... mi mentor ha estado intentando buscarme una. Pero la cosa no va muy bien —dice con algo de tristeza.
—Vaya... lo siento.
Pobre Luz, no quiero ni pensar qué pasará si tiene que ir sola a los Juegos.
—No pasa nada. Ojalá fracase y pudea aliarme con quien quiera. Al parecer no tengo ni voz ni voto en el tema. Ya me ha advertido —contesta enojada lanzando un cuchillo que va a dar justo en el holograma de un pájaro que pasa volando.
Me quedo boquiabierta.
—Wow... eso ha sido asombroso.
—Gracias. Mi mentor me ha enseñado algunas cosas.
Luz da en el blanco cuatro de sus cinco tiros, aunque el último lo falla. Me da la impresión que lo hizo a posta. Lanza tan bien que hasta me da vergüenza seguir delante de ella.
—¿Sabes? Creo que no necesitas practicar esto —digo aún sin salir de mi asombro.
—Puede que tengas razón. Solo vine para descargar un poco de ira interior. La chica del Distrito 1 me ha estado diciendo cosas bien feas, y en el comedor volcó un vaso de jugo sobre mi comida "sin querer" —hace el signo de las comillas en el aire— y todos se rieron de mí.
Aisha... me había caído algo mejor que Cirella en la mañana, porque no había sido especialmente ruda conmigo, pero cuando Luz dice eso comienzo a sentir cómo me atacan los nervios. Mucho peor que si me lo hubiese hecho a mí. Detesto a la gente abusona.
—Ignórala. Es una estúpida —digo, es muy raro en mí el hablar así, pero me enojé, cosa que también es rara—. Y su mentora nada más que piensa en ir de fiesta. Se emborrachó anoche y vomitó en mis zapatos.
Luz ríe.
—Le diré algo así la próxima vez que se me acerque. ¿Qué harás ahora? ¿Vas a quedarte aquí?
—No lo creo —digo. Ésto claramente no es lo mío—. Quizá me pase al cuerpo a cuerpo. Mi mentor ha insistido en que deben ser cuchillos.
—Mentores... —murmura suspirando— yo iré a hacer fogatas. Ven luego si quieres.
—Iré —contesto, y ambas nos despedimos.
En la zona del cuerpo a cuerpo los instructores están aún más pendientes de nosotros, enseñándonos trucos y técnicas con un cuchillo de goma para que no nos lastimemos. Es macabro oirles hablar de cosas como el mejor punto para apuñalar a alguien por la espalda, o cómo seccionar la femoral de forma sencilla.
—Y si ven que su rival les supera en fuerza, siempre pueden inmovilizarlo antes de huir. La mejor manera es clavar el cuchillo en su pierna y girar la muñeca. La herida en la pierna entorpecerá su movilidad, mientras que el giro de muñeca hará que la hoja del cuchillo abra la herida y duela mucho más —nos cuenta uno de los instructores.
También nos dejan practicar un poco. Primero debemos esquivar a nuestro oponente. El instructor que se enfrenta conmigo elogia mis reflejos y velocidad. Sólo me tocó dos veces y no fueron mortales. Una en el brazo y otra en el hombro.
—El del hombro te habría dejado con el brazo inmovilizado por un largo tiempo. Te hubiese dejado bastante vulnerable, pues te deja incapaz de blandir tu arma —me explica.
—Bueno, con el derecho no puedo hacer mucho de todos modos —digo.
Él parecie entender a lo que me refiero.
—Así que zurda... ¿Lo sabe alguien? —susurra acercando su cara a mi oído.
—Creo que no —digo aliviada recordando que decidí no practicar lanzamiento de cuchillos delante de Luz por vergüenza.
—Procura que no lo sepa mucha gente. Normalmente tratarán de inmovilizar primero tu brazo derecho, y eso los deja muy vulnerables.
Yo asiento.
Esquivar es divertido, supongo porque de momento no es más que un juego. El otro monitor consigue matar al chico del 6 dos veces pero yo no morí en ninguna de las ocasiones lo cual está bien para ser mi primera vez, aunque aún tengo que conseguir que el cuchillo me toque menos.
Con el ataque sin embargo, la cosa es distinta. El instructor me esquiva siempre, con movimientos rápidos y elegantes. Es como un baile, él retrocede, se echa a un lado, mueve la cabeza... consigo rozarle la pierna al final, pero es un corte muy superficial según él.
Para cuando termino en la estación de los cuchillos ya ha transcurrido casi la totalidad del tiempo de entrenamiento, aunque valió la pena para familiarizarme un poco con el arma y acostumbrarme a blandirla, usarla y esquivarla.
Me dirijo a la estación de las fogatas, pero Luz ya no está allí. Pienso en volver a los cuchillos pero justo en ese instante el instructor me ve y ya no me permite irme. Nada más que la teoría nos lleva gran parte de la hora, al parecer una fogata es algo muy arriesgado ya que deja muchos rastros tanto visibles como olfativos pero a la vez es muy útil para cocinar o calentarse. Prender el fuego en sí es también complicado sin cerillas aunque pronto comprendo el funcionamiento de la fricción de la madera y consigo encender una llama. Para cuando lo consigo mis brazos están gritando de la fatiga.
Una señal por megafonía suena a las 8 en punto para indicar el fin del entrenamiento. Brendan nos reune a todos en el círculo, nos felicita y pide un aplauso para Sorrento quien aparentemente ha terminado el circuito de obstáculos en un tiempo récord. Sólo los profesionales aplauden. Tras eso nos dice que los informes con nuestro progreso serán entregados a nuestros mentores en una hora y nos despide.
Espero a Core junto al ascensor para volver juntos a nuestra planta. Tenemos que montar en el segundo viaje porque no cabemos todos. Con nosotros van los chicos del 7 y Tributo Bola de Billar, que es el más alto y corpulento de los cinco. Cruzado de brazos apoyado en un rincón, sus ojos permanecen cerrados todo el tiempo. ¿Qué estará pensando? Por un instante, el chico del 7 y yo hacemos contacto visual. Él sonríe, parece como si quisiese decirme algo, pero no dice nada pues la puerta se abre y cuando salimos a fuera vemos que Isaak, Beetee y Kernel están ahí esperándonos. También hay otros escoltas y mentores.
—¡Sorpresa! —dice Isaak sonriendo ámpliamente— ¡Venimos a por ustedes!
—Sabemos el camino gracias —dice Core.
Isaak sacude la cabeza.
—Este chico cada día se vuelve más un Kernel en adolescente. No se quién puede ser el culpable —dice a Kernel, quien encuentra el comentario muy divertido.
—¿Cómo les fue el día? —pregunta Beetee.
—Bien. Aprendí muchas cosas —digo.
—Normal —contesta Core.
—Tendremos mucho tiempo para hablar de eso más tarde —dice Kernel.
—En verdad vinimos a por ustedes porque queríamos enseñarles algo —dice Isaak—. El Salón de la Fama.
—¿Salón de la Fama? —digo.
Es la primera vez que oigo hablar de tal lugar. Aún me quedan cosas por aprender hoy.
—Es un salón con fotos de todos los ganadores. Pensamos que lo encontrarían interesante —explica Beetee.
La curiosidad me invade al instante. Tengo ganas de ver los rostros de todos los ganadores cuando tenían nuestra edad. ¿Será ese el misterioso piso número 13?
Al final resulta ser que no. El Salón de la Fama está en la misma planta donde nos encontramos. Es una habitación cuadrada cerca de la entrada principal, cuya puerta está flanqueada por columnas jónicas y un frontón de piedra que pone "Vencedores" en letras mayúsculas grabadas en la misma piedra. El interior no está muy decorado, hay 100 retratos numerados, aunque la mitad de ellos están vacíos. Mis ojos se clavan en la foto del primer ganador, una chica de pelo largo y grandes ojos marrones.
"Arcady Lake. Distrito 11".
¿Cómo debió haber sido para ella? En la foto tiene una mirada plácida e incluso parece que sonríe levemente.
—Estaba hasta arriba de sedantes en esa foto, la pobre Arcadia —dice Kernel—. Fue la única manera de hacerla parecer normal. Todos creían que no iba a superar su propia victoria, pero de repente sacó fuerzas de la nada y fundó un hospital junto con otra vencedora.
Lo que Kernel dice me da algo de esperanzas.
Mags está en la foto número 9. Se ve mucho más seria, frunciendo el entrecejo. Tiene muchas pecas y el pelo largo y negro recogido en una extraña y compleja trenza que sin duda pone de manifiesto su habilidad para los nudos. Su escolta también sale en la foto. En ediciones posteriores, los mentores también comienzan a aparecer en las fotos. Reconozco a Mags en un par de ellas, junto al tributo ganador.
—¡Y aquí tenemos a Kernel! —anuncia Core, reconociéndolo de inmediato.
"Kernel Dupont. Distrito 3."
Miro la foto bajo un gran 29 enmarcado. Kernel no ha cambiado mucho, seigue teniendo la misma mirada burlona, y no se ve traumatizado o afectado en lo más mínimo. Supongo que después de todo, es normal. Su forma de ganar fue bastante única. Una chica con rastas naranjas y un gran lazo verde en la cabeza está junto a él haciendo el símbolo de la paz con los dedos. Su mentora está detrás agarrándolo de los hombros. Va vestida con una camiseta de tirantes caqui y unos pantalones holgados de camuflaje. Su pelo es castaño y corto, con las puntas tintadas de rubio.
Beetee tampoco ha cambiado mucho. Su cara es casi igual pero con facciones más adolescentes. Kernel muy en su linea, de traje y corbata, aunque con unas cuantas arrugas menos. Una sonriente chica de cabello rubio hecho tirabuzones y un vestido plastificado fucsia se está colgando de su cuello. Core silba.
—¿De dónde sacaste a ese bombón, Kernel? ¿Es tu novia? —dice Core a quien nunca le he oído un comentario de ese estilo.
Beetee suprime una carcajada y entonces recuerdo la razón.
—No. No es mi novia. Pero si quieres pedirle una cita, mira detrás de ti.
La sonrisa de Core desaparece automáticamente de su cara, justo en el instante en el que él también recuerda. Abre mucho los ojos, girándose lentamente. Isaak está tras él, rojo como un semáforo y mirando al suelo. Core retrocede hasta que su espalda choca contra la pared.
—¿P-Por qué... por qué son tan raritos en este lugar? ¿No se dan cuenta de lo espeluznante que... que...? —grita, aún palideciendo.
A continuación se pone a examinar la foto de cerca, después mira a Isaak y después vuelve a mirar la foto susurrando para sí "Mierda... la misma nariz... maldito friki travestido...".
Lo cierto es que incluso mirando la foto fijamente, es difícil encontrar pistas que indiquen que aquella chica es en realidad un hombre. Isaak es muy delgado de por sí, y sus facciones son suaves y armonizadas. Pero de aquella apariencia femenina ya no hay ni rastro. Especialmente por su barba de un día.
—Mataría por haber tenido una cámara de video en mi bolsillo —dice Kernel—. Ésto hubiera valido la pena inmortalizarlo.
—En mi defensa diré que era joven e inmaduro —dice Isaak cruzado de brazos.
—Y lo sigues siendo. Lo segundo al menos —contesta Kernel.
—Te demostraré lo equivocado que estás haciendo como que no he oído eso —se defiende Isaak.
Beetee suspira y sacude la cabeza.
—¿Es así todo el rato? —susurro.
—Yo ya me he acostumbrado...
Decido que lo mejor es dejar el incidente atrás, ahora quedan menos de diez fotos para terminar. Reconozco Blight, el ganador de hace tres años. También a Sugar en la antepenúltima, a pesar de que su pelo no es rosa aún. Finalmente, el ganador del año pasado me devuelve la mirada desde la última foto. Dexter McKinley, 18 años, Distrito 5. Siento un escalofrío. Tiene los ojos de un absoluto demente. No me extraña que hubiese montado tal carnicería, asesinando a sus propios aliados mientras dormían. ¿Y éste tipo es el mentor de Luz?
—Dexter McTraidor... normal que no se atreviese ni a aparecer por la fiesta. Mags no está contenta con él. Sugar se enfurece nada más oír "Distrito 5" —explica Kernel.
—Es de esperar —agrega Beetee—. El año pasado era su debut como mentora. Traicionar a tus aliados tampoco es que te de mucha popularidad. Le va a costar mucho quitarse ese estigma.
—Lo peor es que serán sus tributos quien cumplan su penitencia. Pobres chicos... —agrega Isaak.
Al oir que estaban hablando de Luz pongo especial atención.
—¿Por qué? —pregunto. Intento sonar casual, pero no puedo disimular muy bien el tono de urgencia en mi voz.
—Oh, olvidé que se te activa el instinto protector en cuanto alguien menciona a esa niña —dice Kernel—. Hazte a la idea de que las posibilidades de que no sobreviva al baño de sangre son altas. Incluso si huyera inmediatamente. Cuanto antes empieces a asimilarlo más sencillo te resultará superarlo. Sugar por ejemplo, ha dado instrucciones muy claras a sus tributos de que vayan a por ellos dos en la Cornucopia en primer lugar y no me extrañaría que Mags y Semihombre también lo hayan hecho.
—¡¿Qué?! ¿Cómo tienes tú esa información? —pregunta Isaak suspicamente.
—Me lo ha dicho hoy ella misma —contesta Kernel encogiéndose de hombros.
—¿¡Hoy!? ¿¡Cuándo hoy!? —dice Isaak subiendo progresivamente su tono de voz.
Beetee pone su mano en mi hombro.
—Se avecina tormenta —susurra. Vamos.
A paso ligero salimos del Salón de la Fama mientras ellos se quedan rezagados discutiendo. No sirve de nada pues aún tenemos que esperar al ascensor que está ocupado en aquellos momentos. Pronto Kernel e Isaak nos alcanzan y para nuestra sorpresa están acompañados de la misma Sugar.
—¿De dónde rayos sale ésta ahora? —dice Core.
—...asuntos de mentores —viene diciendo Kernel—. Y dejen de gritar. Los deben estar oyendo hasta en el último piso.
—Esta pájara no es de fiar. Muffy me dijo que... —dice Isaak.
—Sea lo que sea que te dijo Muffy, es MENTIRA —masculla Sugar.
—Muffy no miente —replica Isaak—. Pobre esposo tuyo. Tener que aguantarte a diario.
—¡Muérete! —contesta Sugar. Y de repente me mira a mí, y su expresión se transforma en sorpresa—. Tú...
Sugar avanza hacia mí. Yo doy un paso atrás, pero no puedo apartar mi brazo a tiempo y ella se agarra a él.
—Así que tu mamá hace el videojuego de Los Juegos del Hambre. Me encantó cómo me dibujó. Es realmente talentosa —dice con suavidad.
Me empieza a cansar esto. Podría haber respondido muchas cosas. "En verdad mi mamá no hace el videojuego, forma parte del equipo que lo hace"; "mi mamá no dibuja, ella es programadora"; "programar es mucho más complicado que dibujar"... Pero simplemente me quedo ahí bloqueada, con todos mis músculos en tensión.
—Pensé que la gran Sugar no hablaba con "carne de Cornucopia" —se burla Kernel.
—¡Que te jodan Kernel, eso es cosa del pasado! Ahora somos amigas. ¿Verdad?
Aparentemente, ahora soy amiga de Sugar. Trato de decir algo, pero creo que no consigo articular nada inteligible. Por fortuna, el ascensor llega y me consuelo pensando en que ella se quedará en el primer piso.
—¿Te gustaría cenar hoy con nosotros? Te presentaré a Aisha y Sparkle. Por cierto ¿Cómo te llamas? Creo que aún no nos han presentado.
La puerta del ascensor se abre al llegar a su planta.
—A veces pienso que tienes serrín dentro de la cabeza. Vamos a hacer una reunión sobre el entrenamiento. Por supuesto que no puede quedarse a cenar. —dice Kernel molesto.
—Oh... ¿Me invitan a cenar entonces?
—Lo que vamos a decir en la reunión es secreto. Ya bájate y deja de molestar.
—¡No me importa tu estúpida reunión! Solo quiero hablar un ratito con ella.
—Te doy cinco segundos para que salgas.
—¡Oblígame! —responde cruzándose de brazos.
Kernel le da un empujón y la saca del ascensor mientras las puertas se cierran. Sugar retrocede torpemente igual que en la noche del desfile, solo que esta vez Core no está tras ella para frenar su caída.
—Adios Sugar.
—¡ÉSTA ME LA PAGAS KER... —es lo último que se oye antes de que el ascensor reanude su marcha.
Me da algo de lástima pero no pude evitar respirar aliviada una vez que la perdemos de vista.
—Con eso aprenderá —dice Isaak, quien parece recuperar el buen humor tras ver a Sugar tirada en el suelo.
—La última vez que empujé a alguien... gané los Juegos del Hambre —dice Kernel.
—Pero si anteayer... —comienzo a decir.
—¡Shush!. No digas nada Wiress. No arruines mi frase perfecta.
Princesa por un día. A Prada story.
¡SMACK!
Prada se tocó la mejilla donde su madre le había dado la bofetada. La zona estaba hinchada, dolorida y enrojecida. Por un momento no se atrevió a nada, ni siquiera a llorar, excepto por unas lágrimas silenciosas que se escaparon de sus ojos.
—Lo siento... —dijo su madre al fin—. Mejor una bofetada de tu madre que una paliza de los Agentes de la Paz. Sabes que no podemos probarnos los vestidos, Prada. Por muy bonitos que sean.
La madre susurraba. Como si tuviese miedo de ser oída, a pesar de que en la intimidad de su casa, eso no era tan probable. A veces se traía trabajo a casa. Vestidos de fiesta a los que había que hacerles pequeños arreglos y que Prada, como niña curiosa que era, se moría por probar. Pero eso no era posible. Esos trajes no eran para ellos, eran para los ciudadanos del Capitolio.
—Comprendes a mamá. ¿Verdad? No puedo dejar que te pongas esta ropa porque hacerlo va contra las leyes.
Sin mirarla, Prada sorbió por la nariz y asintió, y cuando su madre la hubo ayudado a quitarse el vestido de nuevo fue cuando rompió a llorar. Corriendo se encerró en el baño. Prada no tenía nada. Se pasaba la vida viendo esos deslumbrantes vestidos, pero no eran suyos. Tampoco tenía habitación propia pues su casa solo tenía tres habitaciones, una era el baño, otra donde tenían los fogones, las camas, y la mesa de comer y otra donde sus padres guardaban las cosas del trabajo. Era básicamente lo que uno se podía permitir.
—Lo siento... —repitió la madre desde afuera mientras oía a su hija llorar en el baño.
Sentía haber tenido que pegarle. Sentía no poder darle una vida mejor. Sentía no tener la posibilidad de hacer del mundo un lugar más justo para sus hijos. Se cubrió la cara con las manos y lloraron juntas.
Años después en la Cosecha y por alguna razón, Prada recordó éste momento cuando su nombre salió de labios de la escolta. Se sintió débil, indefensa. Sintió que las ganas de llorar la invadían, como siempre. Aunque esta vez intentó reprimirlas con todas sus fuerzas.
"Piensa en el desfile... todo irá bien... el desfile..."
Mientras caminaba al escenario, observaba a la gente a su alrededor mirarla con compasión y lástima.
"Te harán un vestido, sólo para ti... el más bonito de todo Panem..."
El mundo se emborronaba cada vez más. No quería llorar pero ella conocía bien la sensación. Una vez que empieza es imposible pararla. Se puede contener por un momento, pero no parar. Iba a morir. Lo sentía. Nunca fue rival para nadie.
"No llores... no llores, no llores, no llores, no llores... vas a morir, pero serás una princesa. Aunque solo sea por un solo día..."
Y el último vestigio de su fuerza la abandonó cuando puso el pie en el escenario. Y Prada lloró.
Snif... reconozco que me puse algo sentimental escribiendo eso. :(
Éste capítulo es raro porque empecé escribiendo el final, después el principio y después lo de enmedio, pero así es como vino y así es como fue. Igual tuve que hacer retoques para que no quedara raro al hacer el ensamble (¿Alguien ha comido huevos Kinder de los que te sale un juguetito desmontado adentro?).
Al escribirlo me preocuparon dos cosas. Una es que Wiress casi sólo está hablando con chicas. Creo que ella es más tímida con los chicos pero hablando con chicas se siente más segura. Con Core si habla porque ya tiene algo de confianza con él. Sentía como que ellos debían hablar ya, Core necesita comprensión. También me preocupan los modismos, y me acechan como un Ghastly en Torre Lavanda. (?)
Danro amo que me dejes reviews! Espero continuar con el fic a la altura de tus espectativas. Con Luz voy a ser muy mala D: (Sorry Luz). Y sobre los entrenamientos, es algo que me ha llevado bastante tiempo, primero para buscar info, que creo que he aprendido más de supervivencia en el intento yo que Wiress xDDD, lo segundo el no convertir el capítulo en "manual de entrenamiento para Los Juegos del Hambre" pero a la misma vez mostrar los conocimientos que Wiress ha adquirido y que le podrían servir útiles en la Arena. ¿Saltos temporales? ¿Qué es eso? XD
Prada es una chica con una gran sensibilidad. Quiere ser bonita como las chicas de los pósters de moda, es como una cenicienta. Solo que le ha tocado un hada madrina algo sádica, y cuando suene el gong su carruaje se convertirá en... ¿Calabaza? Su vida es un precio muy alto y ella lo sabe. También le gustan las cosas bonitas, las cosas que brillan y los cuentos de hadas.
Abrazos y espero leer algo tuyo pronto! Bee -cough- tee... ;) y el PM cuando puedas jajaja. Si has leído el mío y aún no me has tomado por loca es buena señal!
Creo que la otra vez no dije la etimología de Isaak. Me gusta mucho ese nombre, además soy fan de Fundación de Isaac Asimov. Es un libro genial y que estoy leyendo en estos momentos. Isaak también es un personaje de la serie americana Dexter, el oscuro pasajero. De hecho el mentor de Luz se llama... ¡Dexter!. Isaak Sirko aparece en la séptima temporada, un villano al que le tomé mucho cariño. En cuanto a Dexter (el de la serie), él es un asesino en serie de asesinos en serie. Un psicópata con una escala moral algo extraña. El Dexter de mi fic no me cae bien!
Sobre los nombres del resto de Tributos... los que no aparecen es porque aún no se me ha ocurrido ningún nombre.
Distrito 1
Aisha
Sparkle
Distrito 2
Kopper
Mustang (Tributo Bola de Billar)
Distrito 3
Wiress
Core
Distrito 4
Cirella
Sorrento
Distrito 5
Luz
Distrito 7
Nettle
Vermont
Distrito 8
Prada
Custo
Distrito 9
Tributo Gaviota (Bautizado por Kernel)
Distrito 10
Overton
Emory
Distrito 12
Lycoris
Hasta la próxima!
