Los personajes no me pertenecen. La historia sí

Capítulo 11

Bella entró en el impresionante salón de los Cullen y se sintió como en casa. Hacía semanas que no visitaba a su "otra familia" y lo cierto es que se dio cuenta de cuánto los había echado de menos. Se sentó en el lujoso sofá de cuero color crema y se dejó mimar por Esme. Se rió de las bromas hechas por el simpático Emmett y hasta disfrutó mientras Alice le enseñaba nuevas cosas que había comprado para la ceremonia. Ya era demasiado tarde para lamentarse y desear una boda sencilla e íntima. Hasta Rosalie departía animada con ellas haciendo que la joven humana se sintiera totalmente cómoda y a gusto allí.

Pero algo bullía dentro de ella; la castaña estaba ansiosa por volver a verlo. ¿Cómo iba a reaccionar?¿y él? Su corazón dio un vuelco cuando Esme dijo que Jasper no tardaría en llegar. Se había matriculado en la Universidad. No lo sabía. Se dio cuenta de lo poco que sabía de las ocupaciones de los vampiros. Por lo que Bella sabía, ellos se limitaban a estar allí... siempre. Se repitió mentalmente que siempre estarían allí. El recuerdo era demasiado doloroso todavía. La idea de la ausencia de Edward le resultaba insoportable, y el pensar en perder al resto de los Cullen también la angustiaba. Apartó esos desagradables recuerdos de su mente y se centró en disfrutar del momento tan agradable en familia.

-¿Jasper va a la Universidad? -preguntó a Esme como si tal cosa- No lo sabía...

-Sí, este año se ha matriculado en Historia del Arte -informó la vampira- Es en Olympia. Va y viene todos los días.

Bella se quedó pensativa, ahora comprendía que Jasper se pasara aquel fin de semana leyendo "La pintura en la España del siglo XVII"

¿A Olympia? Eso está bastante lejos, ¿no? -pregunto ella pensando que el interés de Jasper por los estudios era en verdad apasionado.

-Lo cierto es que desde que le regalé la moto está encantado de conducirla -dijo Edward sonriente. La Ducatti plateada había sorprendido e ilusionado al vampiro.

-Sí, por fin nuestro Jazz se ha animado a tener vehículo propio -dijo Carlisle con voz tranquila.

-El último medio de transporte que tuvo fue su "Dragón" -rió Emmett.

-¿Dragón? -Bella miró extrañada a Edward.

-Su caballo cuando todavía era humano -me informó Alice mientras sostenía en las manos unos preciosos ramilletes de lirios de agua que iba dejando por la habitación- Según él no hay nada que lo pueda sustituir.

-Pues parece ser que sí -dijo Edward.

-Más le vale, porque Dragón ya es historia -dijo Rosalie con sorna- Además, se lo comería...

-¡Jasper no haría eso! -todos se sorprendieron al ver que era Bella la que salía en defensa del rubio. Incluso la castaña se quedó abrumada por las palabras que había escuchado salir de su boca de forma tan vehemente- Quiero decir, Jasper es un vampiro civilizado...

Edward alzó sus cejas y sonrió.

-Era un broma, Bella -dijo él divertido pensando que su novia se esforzaba por disimular su miedo hacia su hermano más voraz- Por cierto, está a punto de llegar, puedo sintonizar sus pensamientos desde aquí. Llegará en... cinco minutos.

-Pues más le vale que esta vez lleve puesto el casco -dijo Esme poniéndose en plan mamá protectora- Las multas llegan casi cada semana.

Al rubio inmortal le encantaba sentir la velocidad, y la potencia de aquella moto era alucinante. No había visto máquina igual. Disfrutaba poniéndola al límite por las solitarias carreteras de montaña del estado de Washington. El control sobre la moto era impecable; sus reflejos eran rápidos y sus movimientos sobrehumanos. El problema era que a la Policía no se lo parecía y consideraba que el hijo adoptivo del bueno del Doctor Cullen estaba pasando por una etapa de rebeldía un tanto peligrosa.

En el tiempo que Edward había previsto Jasper llegó a casa. Llevaba el casco. Al menos lo portaba en sus manos mientras subía por las escaleras hasta el salón. Pasó una mano por sus largos cabellos desordenados mientras observaba a toda la familia reunida allí.

-Vaya, estamos todos. Hasta Bella -dijo acercándose a su esposa, besándola suavemente en sus labios- Hola cariño.

Edward se fue a sentar al lado de Bella mientras Jasper se situaba al lado de Alice entrelazando sus manos.

-Veo que vuelves a honrarnos con tu presencia -dijo el vampiro a la joven que se puso roja como ya era habitual en esos casos- Es estupendo volverte a ver, Bella.

La joven castaña sonrió nerviosa haciendo que su novio volviese a malinterpretar sus reacciones. La rodeó por los hombros para tranquilizarla, pero lo único que consiguió es que se sintiera más incómoda aún. Miró a Jasper mientras este se quitaba la cazadora de cuero. Su estilo rockero le sentaba de maravilla. La chica se mordisqueó el labio inferior mientras evitaba clavar su mirada fijamente en él.

-La verdad es que me gustaría hablar contigo -dijo Edward al rubio- Sobre Bella.

-Creo que es hora de que empiece a hacer la cena para Bella -dijo Esme levantándose del sofá y saliendo hacia la cocina.

-¡Qué divertido!¡Te ayudo! -Alice se soltó delicadamente de la mano de su marido. Este buscó sus ojos con ansiedad y ella le devolvió una mirada tranquilizadora en plan "todo va a ir bien"

Bella observó como su cuñada se marchaba detrás de Esme dando ligeros y gráciles pasos de baile, como si flotara. Ella también quería ir con las vampiresas pero Edward la tenía firmemente agarrada por la cintura. Jasper se quedó de pié ante ellos y la joven humana pudo apreciar que seguía pareciéndole imponente. El rubio enganchó sus pulgares a su cinturón de piel y separó sus piernas. Un gesto muy masculino. Bella no pudo evitar mirar justo por debajo de la hebilla de su cinturón. ¡Maldición, era como un imán!. Apartó rápido la mirada y la fijó al suelo.

-Jasper, tú eres el único con el que Bella no mantiene una relación tan estrecha como los demás miembros de la familia -dijo Edward resueltamente. Los demás Cullen, aparentemente viendo las noticias en la televisión, no perdían detalle de lo que se comentaba. Jasper escuchaba con interés- Y es porque Bella se sigue sintiendo intimidada por ti.

El rubio vampiro alzó una ceja y miró fijamente a Bella. La chica resopló incómoda mientras miraba a Edward. ¡En menudo lío se estaba metiendo!

-¿Es cierto, Bella? -le preguntó Jasper con una sonrisa ladeada- ¿Me temes?

-Bueno... -la chica lo miró fijamente a los ojos y sintió como si una descarga le atravesara el cuerpo. Estaba claro que a Jasper todo aquello parecía divertirle. Permanecía calmado, con una mirada serena en sus ojos dorados. Bella se cruzó de brazos, claramente a la defensiva- Quizás un poquito... sí.

Jasper suspiró. Lo cierto es que estaba ya cansado de aquella situación. En el fondo la culpa era de Edward.

-Sí, la culpa es en parte mía -dijo Edward excusándose- Debería mostrarme menos sobreprotector con ella y mostrar más confianza en ti. Eres mi hermano y confío en ti.

-Bueno, después de lo ocurrido -Jasper recordó el ataque a la joven castaña- ¿no crees que es normal que se sienta así? Una forma prudente de reaccionar, diría yo...

Edward se giró hacia su prometida.

-Bella, te quiero y también quiero a Jasper -dijo el vampiro cobrizo- Le confiaría incluso tu vida. Jasper puede parecer muy intimidante, incluso para los propios vampiros -se dirigió al rubio- No te ofendas, pero resultas atemorizante. Pero es un Cullen, y nadie de esta familia te hará nunca ningún daño.

Jasper se encogió de hombros indicando que no le importaba el comentario.

-Sí, por eso lo mandamos atender a todos los vendedores que tocan a nuestra puerta -dijo Emmett bromeando- Ya no nos molesta ni uno. Jejeje.

Jasper miró a Bella, ella también parecía divertida con la situación. Los ojos achocolatados de la humana brillaban con un toque de lujuria cuando se clavaban en los suyos. ¿Cómo era posible que Edward no lo viera?

-Jasper será tu mayor ayuda cuando te conviertas en neófita -dijo Rosalie apoyando a su hermano- Tiene mucha experiencia con los vampiros recién creados.

-No voy a hacerte ningún daño -Jasper se dirigió de aquel modo hacia Bella que sonreía disimuladamente- Yo ya te considero de la familia, desde hace mucho tiempo. Estoy deseando que seas una de los nuestros. Me encantaría verte cazar con nosotros. Será todo un acontecimiento...

-Gracias Jasper, significa mucho para mi -la castaña le dedicó una dulce sonrisa. Ella sabía que el rubio era del todo sincero. Edward la besó de manera tierna en la frente y la rodeó con sus brazos por su cintura.

-Sería buena idea que acompañaras a Jasper en una de sus salidas al bosque -dijo Edward de repente.

La idea que había surgido del guapo vampiro tomó por sorpresa a todos.

El primero en reaccionar fue Carlisle, que frunció el ceño de manera preocupada.

-No sé si será buena idea -dijo con voz calmada pero firme. Luego se dirigió a Jasper- No te ofendas, hijo, pero creo que será peligroso que te lleves a Bella en tu cacería.

Ya iban dos veces que le decían lo mismo, Jasper se preguntó si no debería empezar a sentirse ofendido de que le insinuaran sus problemas para controlarse.

-No le va a pasar nada malo -dijo Edward convencido- Jasper sabrá cuidarla, y será una buena oportunidad para que se conozcan.

Emmett carraspeó y Rosalie enseguida le mandó una advertencia en su mirada.

-No es sólo eso -dijo ella- Jasper estará cazando, no podrá ocuparse de Bella todo el tiempo. ¿Y si se mete en líos? No es por nada, pero es algo muy habitual en ella.

-Pues yo confío en Jasper -Emmett metió baza poniéndose de parte de su hermano favorito- Si alguien sabrá proteger a Bella será él.

-¿Y si la ataca un animal salvaje? -Rosalie intervino de nuevo- Tendrá que estar alejada y en un sitio seguro todo el tiempo.

-No habrá ningún problema -dijo Edward sonriendo a Jasper que se mostraba dudoso al respecto- Será solo un día y una noche. ¿Qué me dices, Jazz?

Jasper suspiró y adoptó una pose pensativa. Dudaba hacer de canguro de la joven Swan otra vez. La chica siempre conseguía volverlo loco, pero si con aquella pequeña excursión al bosque daba por zanjado el tema, lo haría.

-¡Eh eh eh! -Bella interrumpió la conversación a la que era ajena hasta el momento- ¡¿Es que nadie va a preguntarme si yo voy a aceptar?

Jasper la miró esbozando una malévola sonrisa. No hacía falta preguntarle, percibía su entusiasmo a raudales, estaba encantada con la idea.