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Capitulo Once: "Como Orihime y Hikoboshi"
Hana vio embobada el mensaje de su celular llamando la atención de su hermana Sara que le arrebató el dispositivo.
—¿Y qué esperas para responderle? —le dijo Sara cuando terminó de leer. Hana levantó una ceja.
—No me negaré.
—Como quieras. —dijo la pelinegra y escribió un seco "Si" en respuesta.
—¿Qué es lo que planeas? —se decidió a preguntar la castaña. Sara solo sonrió.
—¿Acaso no es claro? Hacerte llorar. —respondió con sinceridad. —Recuerda esto: Tú necesitas que yo coopere, pero el resultado es el mismo, solo se trata de alargar el periodo de espera.
Hana frunció el ceño.
—Tú no tienes derecho a asegurarme eso.
—Y tú sabes que no es necesario asegurarte nada, lo comprendes muy bien por tu cuenta, hermana. —se burló Sara. Hana rechinó los dientes, y en esos momentos recordaba las razones por las que había aceptado ser novia de Aomine Daiki. Suspiró.
—No voy a romper con Daiki.
—Esperaba que dijeras eso. —dijo torciendo la boca. —Y tú sabes que no hay otro final, terminarás dejando de lado esa relación, por nuestra causa. No existe otra realidad alternativa, tú sabes quién eres, no puedes escapar y tampoco crearte otro destino más que el que ya conoces. Te casaras con quien el abuelo decidió, procrearas y aseguraras el patrimonio familiar, eso es todo, ¿lo entiendes? —dijo solemne.
—Sara… —la castaña era capaz de detectar el tinte de desesperación en la voz de su hermana. Para ella la sentencia ya estaba dicha.
—Cállate. Dices que estás enamorada de él, tal vez yo no lo entienda, nunca he amado y tampoco alguien me ha amado a mí, pero sé que el amor no es egoísmo, pero a mi tu no me vas a engañar, y tú, Hana a pesar de que te toman por una santurrona, sabes que tu egoísmo es tan grande como el de Máxime, pero te falta poder, y por eso te aferras tan desesperadamente a ese chico. Lo terminaras rompiendo, arrastrando al lugar que no quieres pisar.
Hana abrió los ojos con sorpresa, ¿era egoísta?
—¿Egoísta? ¿Llamas egoísmo al querer libertad? —le reprendió. —Tú te has dado por vencida sin dar lucha, yo quiero vivir como se me dé la gana.
—Y terminaras dañando a mucha gente por tu preciada libertad. Eso es egoísmo.
La castaña vio los ojos de su hermana, casi era capaz de sentir todo su resentimiento, de presenciar todas esas noches que pasó llorando por su ausencia. Sara era la más débil de las dos, y eso su madre lo había aprovechado a su favor.
Avanzó hacia su hermana sin importarle la retahíla de insultos que salían de su boca y la rodeó con sus brazos estrechándola en su pecho.
Y Sara se quebró en ese momento, no era capaz de seguir insultando a Hana, era la persona que más quería en el mundo, le habían obligado a odiarla. Lloró, de nuevo como en aquellos días en los que le consolaban, lloró aferrándose a su hermana.
—Sara, nunca digas que nadie te ha amado. Yo lo hago cada día de mi existencia. Pido por ti en cada una de mis oraciones y no hay momento en el que no piense en ti. —dijo Hana sobando la cabeza de Sara, como lo solía hacer antes. —Pase lo que pase, y hagas lo que hagas, siempre serás mi hermanita.
Sara sollozó más fuerte sin importarle que estuvieran en la cocina en donde Karen o Natsu podían verlas. Quería responderle tantas cosas a Hana, pero aún no estaba lista para sincerarse, por ahora guardaría silencio.
Natsu había escuchado casi toda la discusión desde su escondite en el marco de la puerta, sonrió porque sus pequeños tesoros iban por buen camino. Detrás de él, escondida del resto, estaba Karen que les observaba con confusión, no sabía que tenían de especial, pero le producía una punzada en el pecho, ¿acaso era envidia?
Subió lentamente por las escaleras regresando por donde vino y encerrándose en su soledad. No se quedó para oír lo que le dijo Hana al final, que dejó sorprendido a Natsu y le hizo entender a Sara por qué su abuelo la quería de regreso en su poder.
"Te prometo que conseguiré nuestra libertad" —le había dicho.
Y no tenía idea de que el cumplir esa promesa les llevaría a tantas cosas en el futuro.
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Satsuki cepillaba su cabello frente al espejo en su habitación recordando su pequeña conversación con Hana.
"Escuchó los golpes en la puerta y ya sabía quién era. Le indicó que pasara.
—¿Cómo estás? —le preguntó ella nada más al entrar. La pelirrosa vio que traía los uniformes deportivos. —Kuroko-san me los dio. —respondió su muda pregunta.
—Ah, Tetsu-kun. Estoy bien, Minochan. Gracias por… ya sabes, defenderme.
—No sabía que te trataran así.
—Siempre supe que no les agradaba, pero nunca habían llegado tan lejos.
—Y no lo volverán a hacer.
—Te insultaron por mi culpa, todos empezaran a investigarte y descubrirán quien eres. —recalcó Satsuki, Hana chasqueó la lengua.
—No es que sea un secreto tampoco. —dijo cambiándose el uniforme.
—Pero tú y Akashi-kun… —le dijo la pelirrosa también cambiándose.
—Ni lo digas.
—Pero… ¿Qué le dirás a Dai-chan?
—No hay nada que decir, no aceptaré nada que la familia Du-Lecome me imponga.
—No quiero que lastimes a Dai-chan. —dijo ella. Hana sonrió levemente.
—Sería como lastimarme a mí misma. Creo que… en serio estoy enamorada de él.
Hubo algo en eso momento, un destello en los ojos de Hana, que hizo incapaz a Satsuki de argumentar contra eso.
—Yo quería decirte algo. —dijo Momoi. —Respetare la decisión de Dai-chan, aunque no me agrade. Si él te eligió fue por algo.
—Gracias, Momoi-san.
—Te lo encargo mucho. —dijo Satsuki. Hana solo asintió y salió de la habitación."
Definitivamente no esperaba que Hana tuviera todas esas conexiones. Temía por Daiki.
—Supongo que tendré que investigar más afondo sobre esto.
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El día siguiente fue tranquilo a pesar de que tanto Hana como Amane no asistieron a la escuela, su rumoreaba que Satsuki estaba siendo protegida por un grupo de yankees, y sus antiguos acosadores ya ni le dirigían la palabra para atosigarla, además Daiki comenzó a estar más cercano a ella al no tener a Hana por ahí.
—¿Iras a dejar los apuntes a su casa? —le preguntó Satsuki.
—No. Ella pasará por ellos a la salida. Vendrá a entrenar, además de que Sara jugara un 1 vs. 1 contra Murasakibara.
—¿En serio?
—Sí. Ayer hizo todo un drama en la enfermería mientras tú y Hana se ponían al día. Por cierto, ¿de que hablaron?
—Cosas de chicas. —zanjó el tema. Aomine alzó una ceja pero no agregó nada más.
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—¿Estás loca? ¿Retar a Murasakibara-kun? —preguntó Sawako Ichigo, de cabellos chocolate y compañera de clases de Sara.
—Claro que no estoy loca, tengo cosas que arreglar con ese tipejo.
—¿Apostaron algo? —realmente Sawako esperaba que no hubieran hecho apuesta, pero la sonrisa torcida que se apodero de los labios de la azabache le dejo una tremenda inseguridad.
—Aun no.
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Kise Ryouta miraba atentamente a su compañero, Murasakibara Atsushi, y es que este estaba algo más hiperactivo de lo usual. Podría ser… ¿Qué estuviera emocionado?
—Sigo pensando que aceptar su reto no es buena idea, Murasakibaracchi.
—Oh, calla Kise-chin. Pienso apostar contra ella. —dijo el gigante.
—¿Por qué?
—Me robó mis gomitas ayer. —explicó con toda la lógica del mundo.
Kise golpeó su frente con la palma de su mano.
Cuando el timbre sonó, Atsushi se puso de pie tranquilamente y abandonó el salón de clases con sus cosas y se dirigió a la cancha acordada. No habían querido expandirlo como parte del entretenimiento así que solo el club de básquet estaba enterado, sin embargo, algunas compañeras del salón de Sara le acompañaron hasta el lugar acordado. Karen se encontraba al costado de Kuroko algo nerviosa esperando que llegara Hana para no sentirse tan fuera de lugar.
Sara se sujetó el cabello en una coleta sencilla, en ese momento llego Hana con una bolsa que traía unos tenis deportivos.
—No pensabas jugar con las zapatillas escolares ¿o sí? Se trata de jugar, no de regalarle puntos. —dijo Hana.
—Eso es traición, Ha-chin. —dijo Atsushi.
—Eso es votar por un duelo justo, Murasakibara-san. —se defendió.
—Ya deja de hablar y pásame los tenis.
Cuando ambos estuvieron listos, había varias personas arremolinadas a su alrededor. Akashi se acercó con el balón para el salto inicial.
—El primero en hacer diez puntos gana. —dijo Akashi. Luego el balón en el aire, Atsushi saltó.
Claro que Sara era lista, por eso de antemano sabía que Atsushi obtendría el balón, así que fingió su salto y le esperó abajo. El gigantón no había tocado por completo la duela cuando sintió que el balón salía de sus manos. Solo alcanzó a ver un manchón abriéndose hacia la orilla de la cancha y boqueó al verle hacer un tiro de tres desde allí como si nada. Tampoco había terminado de reponerse cuando ella llegó abajo del aro para conseguir el rebote antes que él y hacer una elegante bandeja.
¿Y que hizo Atsushi? Pues nada, quedarse como pelele mientras sus compañeros casi se golpean con las bancas.
Sara: 5, Atsushi: 0
—Eres bastante rápida, Hito-chin. —mencionó cuando le alcanzó. —Pero eso no evitará que te aplaste de igual manera. —y recuperándose de su sorpresa inicial le arrebató el balón.
Su figura era suficiente para absorber toda la de Sara, tan delgada y pequeña para él, pero tan difícil de aplastar, con esa chispa en sus ojos que le hacía no sentir sus dedos y le impedían mover el balón con despreocupación. Tenía determinación de aplastarle, pero luego la miraba bien… y parecía una pequeña hada de cristal, como esas que cuelgas en los pinos navideños, que se ven hermosas y resplandecen con fuerza al encender las luces, pero que si se deslizan y tocan el piso, se quiebran con una rapidez abrumadora, dejando solo un montón de trozos irreparables que no hacían más que cortarte los dedos al tratar de juntarlos. ¿Enserio quería rebanarse los dedos?
Sara deslizó su mano con rapidez para quitarle el balón, pero Atsushi reaccionó a tiempo echándose para atrás dejándolo fuera de su alcance. Entonces hizo un tiro rápido que le marcó dos puntos, para luego tomar el rebote y donquear para conseguir otros dos.
Sara: 5, Atsushi: 4.
—Te propongo una apuesta. —dijo Atsushi quien traía el balón en sus manos.
—Que coincidencia, lo mismo te iba a decir. —trató de arrebatarle el balón de nuevo, pero este volvió a lanzar.
—El ganador le podrá pedir al perdedor lo que quiera. Sin restricciones. ¿Qué dices Hito-chin? —sonrió el gigante que volvió a sentir como el balón se le escurría y antes de darse la vuelta Sara ya había lanzado de nuevo consiguiendo otros dos puntos.
—Pienso que te haré morder el polvo, Murasaki-gallina.
Sara: 7, Atsushi: 6.
Akashi miraba con sumo interés a la menor de los Minobe. Su fuerza era capaz de soportar u contra Atsushi, solo el simple hecho de que estuviera plantada con esa mirada bravía frente a él ya era algo admirable.
—Minobe-san, su hermana es buena en básquet. —habló Kuroko. Hana le miró con una sonrisa algo compungida.
—Sí, bueno. Somos hijas de "Thunder" Minobe, y no hay nada mejor que lo explique. —dijo llanamente.
—No seas modesta, Lyon. Sara y tú jugaban 1 contra 1 desde que aprendieron a caminar. Aquí la que es buena en el eres tú. —dijo Karen con voz queda, pero perfectamente audible.
—En realidad, yo creo que mi nivel está muy por debajo del de mi hermana. Estoy algo oxidada.
—Sara no ha jugado desde que se fue, creo que están igual las dos. —Hana quedó en silencio mientras Daiki la miraba de reojo.
Hana miraba la sonrisa de superioridad que tenía Sara cuando logró lanzar el balón hacia el poste del aro y se escurrió entre las piernas de Atsushi para alcanzar a tomar el balón y hacer un donqueo del que Atsushi tomó el rebote e hizo un tiro de tres. Sorprendiendo a todos.
Sara: 9, Atsushi: 9
La pelinegra logró hacerse con el balón sintiendo al gigante pisarle los talones, lanzó con la presión mientras sentía el cuerpo de Atsushi por encima de ella.
El balón rebotó en el borde del aro y Atsushi solo tuvo que inclinarse un poco por encima de ella para donquearla.
—Terminó.
Sara: 9, Atsushi: 11.
—El resultado era obvio desde el principio. —dijo Akashi. —Pero la resistencia de tu hermana fue sorpresiva, sería una jugadora muy valiosa y tiene un potencial abrumador. Quisiera que algún día me mostraras el tuyo. —repuso. Algo en esa oración le puso los pelos de punta a Hana.
—Por supuesto, Akashi-san.
Sara miró con coraje al gigantón mientras él sonreía con altanería.
—Te gané. —dijo sacándole la lengua. Sara bufó.
—Hiciste trampa.
—¿Cómo?
—No sé, pero la hiciste. Maldito estafador.
—No, no. Aquí todo fue legal, así que ahora cumplirás la apuesta. Quiero que me des esos extraños dulces que parecen pastelillos de colores. Te vi con ellos en el almuerzo y sé que te sobraron los suficientes. —dijo con voz severa.
—¿Macarons? Ni muerta, es el único dulce que como, los demás me disgustan.
—Pues yo quiero que me los des. ¿O es que no tienes honor? —retó el pelilila. Sara chasqueó la lengua y se dirigió a su mochila para sacar una pequeña caja de seda negra.
Se la entregó a Atsushi de mala manera y este la abrió.
—Que bonitos colores. —y comenzó a comerlos frente a ella, sin piedad alguna, los ojos de Sara estaban llorosos.
"Sera hijo de…"
Uno tras otro fueron devorados por el enorme chico. Pero Sara vio el ultimo macaron, solitario, a punto de ser tomado por él. Así que rápida, extendió la mano, lo tomó y luego se lo metió entero a la boca comenzando a masticarlo.
Atsushi frunció el ceño.
—Eso es contra las reglas. —señaló molesto. No perdonaría que se haya comido el ultimo.
—Nunca fijamos reglas. —habló la pelinegra. Limpiándose la crema de dulce con los dedos.
Y entonces a Atsushi Murasakibara se le ocurrió una excelente idea que además enojaría a la hadita de cristal.
Tomó con fuerza la muñeca de Sara atrayéndola hacia si mismo, y colocó torpemente sus labios encima de los de ella. Saboreó la almendra, la galleta y la crema. La degustó con ganas e incluso cerró los ojos. Sara estaba estática con los ojos muy abiertos sin poder procesar realmente lo que sucedía. Cuando Atsushi se separó de ella se limitó a palmear su cabeza.
—No provoques cosas que no quieras. —dijo. Sara sintió lágrimas de humillación agolparse en sus ojos y su mano voló certera a la mejilla del chico.
—Aplícatela a ti mismo, Murasakibara. —dijo para darle un puntapié en la espinilla e irse rapidísimo de ahí casi tropezando con todo mundo.
—Oh, cielos. Esto pinta mal. Nos vemos más tarde chicos. —dijo Hana y se lanzó para alcanzar a su hermana. —Y tú eres un idiota, Murasakibara-san. —dijo al gigante antes de salir.
El silencio cubrió el gimnasio.
—Y bueno, ¿Qué tal estuvo? —preguntó Kise.
—Bien, supongo. —contestó el grandote. Akashi alzó la ceja.
—Hablo del beso.
—Lo sé.
—Oh no. —repuso el rubio.
—Qué cosas. —respondió Daiki.
—¿Y ese fue tu plan brillante para conquistarla? —preguntó escéptico Midorima.
—Nop. Pero me sirvió para darme cuenta que me interesa. Yo la vi primero Mido-chin. Es mía.
—¿Qué se supone que es? ¿Una muñeca Barbie? —dijo Daiki.
—Parece, ¿a qué si?
—Suerte en ello. —dijo Karen, que no se había movido. Suspiró y siguió el camino que tomó Hana. Kuroko la miró fijamente mientras desaparecía por el camino.
Definitivamente no era sencillo entender la complicada mente de Murasakibara.
Pasaron unos días desde ese incidente, sobra decir que hubieron habladurías de todo tipo entorno a Sara y Atsushi, pero que eran silenciadas por la mirada asesina de esta. Hana no asistió a clases el resto de la semana, iba después de ellas a entrenar y luego desaparecia, ocupada en sus trabajos, no vio a Daiki con la frecuencia que quería.
El sábado llegó, y la ciudad se cubrió de colores, lámparas de papel y personas en yukata para asistir a ver los fuegos artificiales.
Hana, Karen y Sara estaban en la habitación de la primera. Sara se encontraba cubierta solo por una toalla de baño, sonrojada frente a una caja. Hana estaba frente al espejo acomodándole el cabello a Karen, terminó de acomodar un broche de flor en el cabello de Karen y volteó a ver a su hermana que miraba indecisa la caja.
—Aun no entiendo porque tengo que hacer esto.
—No es una obligación que vayas, pero tu insististe.
—Y lo sigo manteniendo. No me agrada la idea de que vayas con ellos tu sola.
—La verdad el plan original era solo entre Daiki y yo. Pero se extendió y ahora irán todos los titulares.
—Bueno, es una celebridad, y tú eres la novia de la celebridad. Me pregunto porque no te acosan.
—Por que golpeó a la presidenta de merde de ese pathétique club. —dijo Karen. Hana se sorprendió por el tono mordaz que usó. Pero tuvo que darle la razón.
—De igual manera, la que me preocupa eres tú. ¿Qué hay de Murasakibara-san?
—Es un pelado. Fin de la historia. —sentenció Sara. Hana rio.
Después de que Sara sufriera "la humillación de su vida" y que saliera corriendo, Hana le siguió. Karen las encontró después montando un espectáculo junto con Natsu que quería asesinar al pelimorado.
—Y ¿fue tu primer beso? —preguntó con un tono insinuante Karen.
—Como que hoy estas muy insolente ¿no, Karen?
—¿Tiene que ver con que Kuroko-san irá? —dijo Hana. Las mejillas de Karen se inundaron con un leve sonrojo.
—Tal vez.
—Tu competencia es Momoi-san, así que si fuera tú, actuaria ahora.
—Con todo esto, no se ve como si a Kuroko le interesara Momoi, pero tiene dos grandes ayudantes así que suerte.
—Sinceramente comienzo a pensar que Kuroko-san es inmune a las chicas. —dijo Hana.
—Si es gay sería un desperdició, será algo pequeño y sin prescencia, pero es bien parecido. —reconoció Sara.
—Imagínate si es gay, Karen. Y tú queriéndotelo ligar. —rio Hana. Karen hizo una mueca de preocupación.
—En ese caso, Hana, deberías de preocuparte tú, que es la sombra de tu novio. Literal. —contraatacó Karen.
Touché.
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Se encontraban parados en el punto de reunión, es decir, al lado del estanque. La entrada estaba del otro lado de un pequeño puente que pasaba por arriba del estanque. Debía admitirlo, estaba impaciente, y se notaba porque incluso Kuroko le puso una mano en el hombro. Y así terminó siendo una salida colectiva en la que incluso Akashi había sido participe.
—¿Por qué dices que Minobecchi no llegó contigo? —preguntó Kise a su acompañante.
—Karen tenía problemas con su cabello y Hana quiso hacerse cargo de todo. No tarda en hacer aparición. —contestó Saori.
Ryouta y Saori parecían una verdadera pareja, hablándose tan de cerca, con yukatas combinados y el rubio tan meloso.
Daiki desvió la vista para enfocarla en la entrada, entonces la vio. Cruzaba el puente, con su cabello recogido en un moño desarreglado, agarrándose la falda del yukata, que por cierto era blanco cubierto de flores parecidas a dientes de león color azul celeste, azul rey y negro, su obi era de una tela arrugada, de un hermoso tono lila, traía una pequeña bolsita del mismo color.
—Es…
—…Hermosa. —completaron a su lado. Él volteó con una mirada molesta, pero se extrañó al ver que era Murasakibara el que había hablado. Entonces cayó en cuenta de la chica que venía detrás de ella, era Sara.
Sin esperar más, avanzó impacientemente hacia el puente, interceptándola justo en medio.
—Hola. —saludó él, mientras la tomaba de la mano.
—Hola. —dijo ella y lo besó. El mundo despareció para ellos, que ansiaban tanto encontrarse después de no verse en tres días.
Algunas veces no entendía cómo podía ser tan cursi y aún menos con ella. Cuando regresaba el tiempo atrás para pensar en cómo había comenzado todo le parecía algo absurdo. Aunque realmente no pensaba en cambiar nada de ello.
—¿Por qué te vistes como un dulce, Hito-chin? —Sara sintió el aliento de Atsushi en el oído y no pudo evitar dar un brinco de la impresión.
—¿Cómo un dulce? —le preguntó indignada, con una mirada de desdén.
—Y hueles como uno también. —se refería a su cabello, con la esencia de su shampoo de fresa. Y el yukata rojo, con lunares blancos y ese obi blanco, hasta adorable llegaba a ser con su cabello trenzado despreocupadamente y cayéndole por el hombro.
—No seas igualado. —despreció ella. Atsushi la ignoró por completo.
—Vayamos a comprar dulces. —la tomó de la mano y la jaló hacia los puestos de comida.
—¡Oye! ¡Déjame en paz! No quiero ir contigo. —gritaba, quejándose, pero Atsushi parecía ser sordo y tenía un agarre muy fuerte.
—Quiero Taiyaki, ¿y tú? Bueno, quiero un poco de todo. ¿Cuál es tu platillo favorito? —preguntó Atsushi.
Sara que estaba acostumbrada a siempre tener una respuesta para todo, ahora no sabía que decir. Se sonrojó de la vergüenza.
—Yo no como esas cosas corrientes. —dijo ella en un último intento de salvar su dignidad.
—No sé si es corriente o no, pero amo el yakisoba. —defendió Atsushi.
—Sigue siendo corriente.
—Pero nunca lo has probado, eso no cuenta.
—Es mi decisión. —respondió Sara tratando de emprender la marcha de regreso con Hana. Pero Atsushi tuvo una idea, una brillante idea.
—Te mostraré todo de lo que te has perdido. —dijo el con decisión. Sara lo miró fijamente a los ojos, la fuerza arrasadora que mostraba Atsushi la hacía incapaz de negarle algo.
Recorrió con él cada uno de los puestos probando cada platillo que al muchacho se le ocurría. Sara tenía que admitir que sabían bien, pero estaba a punto de reventar, y el solo ver como los bocadillos navegaban en aceite, le daban nauseas.
—Murasakibara, creo que me siento mal. —dijo mientras el chico se entretenia comprando unas manzanas con dulce.
—¿Eh? Hito-chin, ¿quieres vomitar? —preguntó prestándole completa atención.
—Me quedaré a tomar aire, sigue sin mí.
—¿Y si te pierdes? Mejor nos comemos estas manzanas juntos, ya van a comenzar los fuegos artificiales.
Sara suspiró, al parecer no se iba a librar de él tan fácil.
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Kuroko sorbió de su batido de vainilla, a su lado derecho, Momoi comía un pastelillo mientras que del lado izquierdo Karen miraba embelesada al peliceleste.
—¿Te quedaste mucho tiempo fuera? —rompió el silencio, Kuroko. Se dirigía a Karen.
—Eh… no, Hana llegó casi a los diez minutos.
—Ya veo.
Silencio incómodo, mirada de Momoi sobre Karen.
—Pero, fue una sorpresa encontrarte precisamente en Teiko y que, fueras amigo de mi prima.
—Sin duda.
—Emm… según tengo entendido juegas con el primer equipo ¿no?
—Así es. —respondió impasible. Karen se esforzaba por que la conversación no muriera.
—¿Tan impresionantes son?
—Yo no me comparo con ellos, son demasiado asombrosos.
—Me gustaría verles alguna vez. —le sonrió Karen. Tetsuya se quedó observándola un momento, con esa tierna sonrisa y sus ojos amables.
—El inter-middle comenzará pronto, espero que vayas.
—Ahí estaré.
Momoi frunció el ceño.
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Daiki luchó por ordenar primero Takoyaki, mientras Hana compraba un par de bebidas. Faltaban unos pocos minutos para que comenzaran los fuegos artificiales y quería agarrar un buen lugar.
Pago con los pocos yenes que traía en el bolsillo y se giró para buscar a Hana. No la vio por ningún lado y había un mar de gente.
Torció la boca en un gesto preocupado y giró la cabeza a ambos lados para localizar a la chica. Ningún resultado.
—No me voy a ningún lado, Dai. —oyó detrás de él, cerca de su oído. Daiki viró su cuerpo para encararla.
—¿A dónde fuiste?
—A comprar bebidas, obviamente. —y alzó su mano de donde colgaba una bolsa blanca con dos botellas. Él sonrió, tomó su mano libre y ella entrelazó sus dedos.
Caminó guiándola al lugar que había escogido de antemano. Una barandilla bastante solitaria les daba la bienvenida.
—¿No tendríamos que estar todos juntos? —preguntó Hana con un tinte de burla. Daiki sonrió condescendiente.
—Se supone, pero ya viste, Murasakibara fue el primero en huir, con tu hermana por cierto. —la chica soltó una carcajada.
—Cierto. —hubo un silencio mientras el primer destello de color resplandecia en el cielo. Daiki sacó el Takoyaki de su contenedor para compartirlo con ella. —Aunque a decir verdad, es la primera vez que vengo a uno de estos festivales en todos los años que tengo viviendo en Japón.
—Júralo.
—Lo juro.
—Entonces tienes que disfrutarlo al máximo. —le dijo Daiki con simpleza.
—Estamos juntos, eso es suficiente para mí. —le respondió mirándolo directamente a los ojos.
Daiki rememoró todo lo que había sido de él en esos cuatro meses. Se habían conocido y peleado más de lo que se podría, siendo apenas unos desconocidos. Mentiría si dijera que no le había gustado en cuanto la vio, allí sentada en silencio ignorando al mundo, y el mundo ignorándola a ella. Cumpliendo cada petición académica, minuciosamente. Y ahora estaban juntos, no solo eran amigos, eran pareja. Daiki podría darse el lujo de decir que conocía cosas de ella que nadie más se imaginaba. Incluso su manera de mirarlo era diferente a los ojos de todos.
Estiró la mano para tocar su rostro con la yema de los dedos. Ella pareció disfrutar su tacto porqué se acercó más a él.
—Permanece conmigo. Así me vuelva asquerosamente fuerte y sea insoportable, quédate conmigo. —no pudo evitar decirlo, tenía que saberlo. Tenía que saber si ella estaba dispuesta a permanecer con él cuando cayera. Puede que no faltara mucho.
—¿Y qué otra cosa podría hacer si no permanecer junto a ti? Es lo que quiero. —ella no titubeó al responder y tampoco desvió su mirada.
Joder que era afortunado.
—Así que aquí estaban. —era Akashi. Todos los chicos venían con él, excepto Atsushi y Sara.
—Minobecchi, tu hermana está perdida. —informó el rubio. —Murasakibaracchi la ha secuestrado.
Hana se limitó a reír levemente, —Ella estará bien. —dijo.
Karen observó la felicidad irradiar de los ojos de Hana, y a pesar de que Sara estaba "extraviada" ella la podía ver a su prima junto con el gigante de Teiko en una situación comprometedora, y una manzana en medio de sus rostros.
Sonrió cuando volvió su vista a su acompañante de cabellos celestes. ¿Podría buscar alguna oportunidad?
—¿Ocurre algo, Avory-san? —le cuestionó Kuroko quien la miraba fijamente, Karen se sonrojó.
—No, nada, ehmm…
—Puedes llamarme Kuroko o Tetsuya a secas, ya que no estas acostumbrada a los sufijos, Avory-san.
—Kuroko. Te llamaré Tetsuya cuando me llames Karen tú a mí. —le dijo suavemente. Kuroko la miró fijamente y curvó ligeramente sus labios.
—Me parece bien. —ella asintió y desvió la mirada, nerviosa. La desvió huyendo de los poderosos ojos celestes de Tetsuya, sin embargo se encontró con otros ojos color ámbar, parecidos a los de Hana, pero más amarillos, más salvajes. Y supo que era esa mujer.
Observó su sonrisa cruel, supo que la miraba y luego a Hana y a Sara. Casi era capaz de escucharla reír. Su piel morena se veía más obscura en contraste con aquel yukata morado y desde donde estaba era capaz de apreciar los múltiples aretes. Las grandes arracadas en sus orejas y la cadena que iba de la nariz al cabello. Su cabello desparpajado, larguísimo, color azabache.
"Karen" deletreó la morena con sus labios. Karen sintió los vellos de su espalda erizarse.
—Hana. —llamó asustada. La nombrada seguía absorta en un tipo de juego con Takoyaki y su novio. —Akashi. —intentó con alguien más, el pelirrojo la miró al instante.
"Demasiado tarde" deletreó de nuevo la morena y sonrió enseñando todos sus perfectos y blancos dientes.
—Tenemos que salir de aquí. —la voz suave y cantarina de Karen sonó alterada. Akashi trató de seguir la vista de Karen pero ella lo evitó sujetando el rostro del pelirrojo.
—¿Qué ocurre?
—Su nombre es Kali, y es capaz de hacer cosas que ni te imaginas. Ya ha visto a Hana y a Sara, tenemos que salir de aquí. —dijo Karen, que respiraba entrecortadamente y su mirada estaba dilatada.
—Hey Karen, ¿Qué ocurre? —preguntó Hana en medio de una risa.
—Ha visto a una mujer llamada Kali. ¿Te dice algo? —informó Akashi. La sonrisa de Hana se borró al instante y su mente viajó cinco años atrás.
"Hana cepillaba la crin de su yegua McKinnon, que siempre estaba al cuidado de su abuela y que veía muy pocas veces al año. Aun no se sentía en completa confianza. Tampoco podía hacer grandes maniobras como su prima Jia, ni mucho menos como Máire Jeanne. Pero sin duda la que mejor ejecutaba todas esas técnicas era Kali, la hermana menor de Parvati. Ella montaba un caballo árabe, negro, antiguamente brioso, que solo dejaba montarse por ella. Pasaba más tiempo con aquel caballo que con las personas, obviamente en resultado su coordinación era asombrosa. Pero el aura que rodeaba a la niña no era de felicidad por ello, si no de verdadero terror. Ella infundía terror en sus espectadores e incluso le había echado el caballo encima a uno de sus mayordomos solo por diversión.
—¿Qué ves? —le había preguntado cuando la descubrió admirándola.
—Nada. Solo que pienso que eres muy buena con tu caballo.
—Obviamente, así tiene que ser. —la castaña desvió la vista y la morena alzó una ceja. Luego vio a la yegua y sonrió. —Tú quieres mucho a esa yegua vieja, ¿verdad? —inquirió con un tono divertido.
—Sí.
—Vaya, que suerte. —dijo para luego seguir cabalgando junto a Máire. Hana no entendió su reacción, hasta que en la mañana siguiente había encontrado a McKinnon envenenada."
Hana buscó a Sara urgentemente con la mirada.
—Esta demente y asesinó a mi yegua solo porque la vi cabalgando con su caballo árabe. —explicó Hana rápidamente.
—En otras palabras, emprendemos la retirada. —dijo Karen y se dirigió hacia donde estaba Sara.
Akashi sacó su móvil rápidamente y pidió a su chofer que lo esperara en la entrada.
—Shintarou, necesito que cubras a Karen. Daiki, cubre a Hana. ¡Atsushi! —le llamó al gigantón. Él junto con Sara y Karen se acercaban a él.
—¿Necesitas algo, Aka-chin?
—Necesito que cubras a Sara. Nos vamos ahora. —dijo tras recibir un mensaje en su celular.
Kali sonrió al ver la acción del pelirrojo. Sabía de sobra que lo que Seijuuro buscaba era advertirle de su presencia par que mantuviera su distancia. Y lo haría, no quería exponerse demasiado aún, ya llegaría el momento de su acto.
Seijuuro guió a sus compañeros para que las chicas se metieran al auto, sin embargo terminaron entrando todos y estando en rumbo hacia la casa de los Minobe.
Hana lo entendió. Solo era cuestión de tiempo.
¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!
Hola, chicos. ¿Cómo les va en sus vacaciones de invierno? (O de verano según el hemisferio correspondiente).
A más de un mes de ausencia, bueno, ya estoy regresando y exactamente faltan 7 capítulos más. Y estamos llegando al punto, es como la aparición del súper mega villano. Y ¿Qué opinan de Kali? ¿Les da miedo? Enserio asesinó a la yegua de Hana.
¿Qué piensan de Murasakibara con Sara? ¿Y de Karen con Kuroko?
Saori y Kise siguen siendo un misterio.
¿Qué piensan de la "reconciliación" de Sara? ¿Enserio será ella la mala aquí?
Esto iba a ser actualizado antes sin embargo después de que mis niños (mis primos a los que estoy cuidando como parte de mi trabajo), me hagan jugar a cuanta cosa se les ocurra, me quedó en parálisis total.
Espero que lo disfruten. Gracias por todos los review's y los favoritos.
REVIEW'S ANONIMOS.
Tessa: Realmente quería un capitulo algo tranquilo para preceder a una gran tormenta. Kali es un muy fuerte inicio. Recordemos que son doce nietas, quitando a Hana, Sara, Olga, Irasema, Parvati, Kali y Karen. Quedan cinco más. Veamos que tienen para ofrecer.
Katze02Anime: ¡Pensé que habías muerto, mujer! Me alegra tenerte por acá de nuevo. Yo sé que soy bien malditamente impuntual, pero si subí esto el 31 de diciembre es probable que alrededor del 31 de enero ya haya actualizado. Exacto el mes. Sin embargo el 19 de enero se cumple un año de este fic así que espero poder publicar antes. Date una vuelta. Y sí, estúpida familia materna, como podrás haber notado. Y no odies tanto a Sara, mujer. Que tiene sus cosas buenas. Gracias por tus felicitaciones, ya soy adulta y no quiero ser responsable. Espero verte pronto.
Gracias por leer, nos leemos pronto. Cariños, Ce.
