Canción del capítulo XII: The Only exception - Paramore

xDDD. No soy una "big fan" de Paramore, pero hay canciones buenas, y en cuanto escuché esta pensé "es la canción de Yama x3".

Enjoy!


—Pasa —abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarla entrar primero. Ella le sonrió, dando pasos tímidos mientras cruzaba el umbral.

—Hace mucho que no venía —comentó ella, paseando la mirada por el lugar con interés, mientras cruzaba el pequeño pasillo desde la entrada hasta la sala.

La cocina se hallaba al lado derecho del pasillo, y las habitaciones y el baño estaban a la izquierda. La sala estaba frente a la cocina, separadas sólo por un mesón al estilo americano. Todo seguía igual a como ella recordaba, a excepción del enorme televisor pantalla plana que colgaba de la pared y una repisa que contenía unas cuantas fotografías. Dejó su bolso en el sofá y se acercó a la repisa, curiosa, y la observó con interés.

—¿Algo interesante? —preguntó el rubio.

—Mucho —respondió ella, que ahora sostenía una fotografía de él y de Sora. Por sus rostros, debían de estar aún en la preparatoria. Se veían felices, con esas sonrisas que transmitían calidez y tranquilidad.

—Padre —murmuró él entre dientes después de ver la fotografía, con las mejillas rojas. Mimi le sonrió, interrogante. —A él le gusta esa fotografía.

—Él estima mucho a Sora, ¿verdad?

—Pues sí.

—Y le gusta para ti, ¿no?

—Tú también le gustabas —murmuró muy bajito

—¿Qué?

—Nada. Siempre dice que terminaré casándome con ella.

—¿Y tú lo crees?

—¿Eeeh? —soltó él, con el rostro desencajado.

—¿Te casarías con Sora?

—No… No lo sé —balbuceó. —Aún falta demasiado para casarme…

Ella trató de aguantarse la risa al verlo abochornado e incómodo con el tema.

—Sólo bromeaba. Son muy jóvenes aún para casarse —dejó el porta-retrato en la repisa.

Yamato dejó escapar un suspiro de alivio sin que ella lo notara.

Mimi continuó su escrutinio de las fotografías.

—Me gusta esta —dijo ella.

Echó un vistazo por sobre el hombro de la castaña. Era una fotografía de él con Sora y Tai. La pelirroja estaba entre los dos, riendo, cogida del brazo de ambos. A él también le gustaba esa foto.

—¿Por qué? —le preguntó.

—Porque están los tres —respondió la castaña, mirándolo.

Se quedaron un momento en silencio hasta que ella fue consciente de la cercanía de sus rostros y se sonrojó, volviendo su mirada hacia la repisa. Él carraspeó y se alejó un poco de ella, y ella se giró y le sonrió.

—¿Vas a mostrarme tu antigua habitación?

—Claro.

El viejo cuarto de Matt era la última puerta desde la entrada. Todo seguía igual. Su cama estaba apegada a la pared y junto a ella había un velador con una lámpara. Había una cajonera en la pared opuesta a la cama, y el único decorado que quedaba eran algunos posters en los muros y una fotografía pegada con cinta adhesiva.

—Qué lindo —dijo ella, mirando la fotografía de hace diez años, aquella que Andromon tomó poco después de que derrotaran a Apocalymon. Su dedo señalaba al Matt de once años, con ese pelo rebelde y la mano en la cadera, tal como ella lo recordaba desde que dejó Japón.

Él se sonrojó.

—Ibas a enseñarme una canción, ¿no? —dijo ella.

—Sí —fue hasta su cajonera y hurgó en el primer cajón. Habían muchos papeles y algunos juguetes, como un auto, un yo-yo y una pelota. Lo cerró y revisó el segundo cajón, pero ese, al igual que los otros, estaba vacío. Fue hasta su cama y se sentó cerca de la cabecera, abrió la gaveta de su velador y hurgó entre más papeles.

—Aquí está —exclamó y Mimi se sentó a su lado. Él desdobló el papel y lo leyó.

—¿Puedo verla? —preguntó ella, tímida.

Él sólo asintió y se la entregó. Mientras ella leía, se puso muy ansioso, pero sus facciones de acero no le delataron.

—Es… —comenzó a decir ella. —Es preciosa.

—¿Lo crees? —preguntó, entusiasmado. —Quiero decir… —intentó recuperar la compostura. —¿Te gustó?

—Sí. ¿Cómo es la melodía?

Yamato sacó la guitarra (que no se había quitado de la espalda) del estuche y la acomodó sobre sus piernas. Rápidamente le enseñó la melodía mientras tocaba y tarareaba. A mimi no le costó aprenderse el ritmo.

—Practiquemos —dijo.

—Bien.

Las notas de la guitarra de Matt inundaron toda la habitación. Aquella música la envolvió de una forma inesperada. Era una melodía un tanto melancólica, pero cada nota prometía algo esperanzador, que transmitía una extraña calidez que le llenaba el pecho de una sensación de calma que no creía que experimentaría. Aún no memorizaba la letra, así que fijó la vista en el papel que sostenía con las manos antes de comenzar.

Mimi: When I was younger
I saw my daddy cry
And curse at the wind.
He broke his own heart
And I watched
As he tried to reassemble it.

And my momma swore that
She would never let herself forget
And that was the day that I promised
I'd never sing of love
If it does not exist…

But darlin',
You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception
You
are the only exception —se miraron. La piel se les puso de gallina.

Matt & Mimi: Maybe I know, somewhere
Deep in my soul
That love never lasts.
And we've got to find other ways
To make it alone
Or keep a straight face.

And I've always lived like this
Keeping a comfortable distance
And up until now
I'd sworn to myself that I'm content
With loneliness

Cos none of it was ever worth the risk, but

You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception
Matt: You are the only exception

Mimi: You…

La voz de Matt era… sublime. Cada nota que escapaba de su garganta le erizaba aún más la piel. Estaba tan fascinada de verlo y escucharlo que dejó de cantar. Quería disfrutar de él, de su voz, algo que siempre había querido y que ahora… Ahora todo parecía un sueño. Él parecía demasiado perfecto para ser real…

Matt: I've got a tight grip on reality
But I can't
Let go of what's in front of me here
I know your leaving
In the morning, when you wake up
Leave me with some kind of proof it's not a dream

Oooohh

You are the only exception—miró esos ojos acaramelados que lo miraban fijamente. No tenía idea sobre qué podría estar ella pensando en ese momento. Una sensación indescifrable se había apoderado de él. Sentía cosquillas en la boca del estómago y en la punta de los dedos, tenía la piel erizada y sentía escalofríos en la espalda, pero nada de eso era desagradable. Porque tenerla a ella viéndolo de esa forma… Dios, quería tenerla así siempre. Quería cantarle siempre.

You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception

Mimi & Matt: You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception

Matt: And I'm on my way to believe it.

Mimi: Oh, And I'm on my way to believe it —terminó ella, compartiendo con él la mirada más intensa de todas.

El corazón comenzó a latirle con mucha fuerza, y creyó que nunca antes le había latido de esa manera. Esa canción la había escrito hace tanto, mucho antes de que ella se fuera a los Estados Unidos, pero después de la pelea, y de ese estúpido accidente, había olvidado por qué había escrito una canción de niñas tan cursi. Por mucho tiempo creyó que alguien más la compuso y que él sólo tenía una copia del lyric o algo así, pero ahora recordaba. Había escrito esa canción para que ella la cantara, aunque se trataba de él. Nunca había compartido con nadie sus sentimientos sobre la separación de sus padres, ni siquiera con su hermano, pero en aquella época en que escribió la canción, la tenía a ella, la única con la que se había atrevido a ser un poco débil. Además había querido decirle algo importante entre esos versos, algo que le había costado semanas decidir si hacer o no, algo que había tratado de esconder, pero que, después de meditar y meditar, creyó que lo correcto sería que ella lo supiese. Había sido imposible negarse a ese algo, era un niño y ella era su mejor amiga, la chica linda de la escuela que siempre lo ponía en sus prioridades.

El corazón se le saldría por la boca en cualquier momento. ¿Por qué ella lo miraba de esa manera? Con los ojos brillantes, tímidos, pero a la vez imprudentes, como esperando algo. Debería estar prohibido mirar de esa forma, porque lo derretía todo, lo hacía temblar. ¿Temblar? ¿Por qué temblaba? Él no temblaba.

Intentó tragar saliva, pero estaba seco. Le dolía la garganta. Esperaba que ella hubiese entendido el mensaje de la canción, que hubiese entendido lo que quiso decirle, que años atrás, cuando eran unos niños, él…

—Matt —dijo ella.

—¿Si?

Los latidos de su corazón ya eran desbocados y los escuchaba tan fuertes que se preguntaba cómo demonios ella no los oía. Sus rostros se aproximaban peligrosamente, y él deseó que la distancia entre ellos desapareciera, porque en ese momento sólo quería una cosa, algo que había anhelado tanto cuando apenas era un estúpido adolescente…

.

Ninguno de los dos escuchó cómo la puerta del departamento se abría y daba paso al señor Ishida cargado con una bolsa de compras. Fue a la cocina, sacó las sopas instantáneas y las galletitas que había comprado, y, como suele hacer todos los días, miró hacia la puerta de la habitación de su hijo, y se llevó una sorpresa al ver que estaba abierta. Luego se fijó en el bolso rosa que había sobre el sofá. Se acercó a mirarlo. Sí, no era imaginación suya, era un bolso de chica.

Se acercó a la habitación de Matt y se asomó. Se sorprendió de ver a su hijo porque lo hacía con los demás en el Digimundo, pero más se sorprendió por lo que veía: Matt y una chica mirándose tan fijamente y acercándose como si fuesen atraídos por una fuerza magnética. Le hizo algo de gracia ver a su hijo de esa manera, porque no recordaba haberlo visto nunca así con ninguna chica (y si de chicas se trataba, Yamato se había encargado de que miles de ellas hubiesen desfilado por la casa), sólo Sora le había arrancado al rubio alguna mirada parecida a esa, pero no era lo mismo, había algo diferente esta vez, quizás se debía a la chica, que se le hacía sumamente familiar. Sin embargo, algo en el interior de Hiroaki Ishida se reveló. Su hijo sabía la regla sobre llevar chicas a la casa, y aunque no siguiese viviendo más allí, debía respetar las reglas.

A su pesar, Hiroaki carraspeó.

Los dos se sobresaltaron y se sonrojaron hasta la punta del pelo.

—Creí que regresarían mañana —dijo el señor Ishida con sonrisa maliciosa.

—Pa-papá —balbuceó el rubio. —¿Dónde estabas? Me sorprendió que no estuvieras en casa.

—Fui a comprar mi almuerzo y mi cena para los próximos tres días. ¿Y ustedes? Lamento si interrumpí algo.

Los dos se pusieron más rojos, si eso acaso era posible.

—No… Yo vine a buscar algo y… luego llegaste —no sabía dónde meterse, simplemente odiaba dar explicaciones.

A Hiroaki le hizo mucha gracia ver a Matt tan avergonzado. No lo había visto así desde la vez que lo descubrió masturbándose, hace siete años exactamente.

—¿No vas a presentarme a tu amiga, Matt?

—Ya-ya la conoces —dijo. —Es Mimi.

—¿Mimi? —repitió su padre, confundido. —¿Te refieres a la niña que solía venir a la casa con Takeru y que después olvidaste? ¿La que cuando volvió se tiñó el cabello el rosa?

—Esa soy yo —sonrió ella.

—Ya sabía que te conocía —dijo Hiroaki para sí mismo. —Bueno, vengan a beber algo conmigo. Mimi no ha venido a la casa desde hace más de siete años, creo…

Ella y Matt se miraron y se sonrieron, avergonzados. Dejaron la vieja habitación del rubio y siguieron al señor Ishida.

—Toma asiento, Mimi —dijo el padre de Matt.

—Gracias.

—La verdad es que no tengo mucho que ofrecer. Matt me hace las compras, cuando no lo hace Matt lo hace T.K., y cómo se fueron de campamento, tuve que ir yo al supermercado.

—Y compraste sólo basura —comentó Matt al mirar las sopas y las galletas. —¿Sólo trajiste esto? —miró al interior de la bolsa de la compra de su padre. —Ah, y esto —sacó una bolsa gigante de patatas fritas sabor barbacoa.

—Es fácil de preparar —comentó Hiroaki encogiéndose de hombros.

—Mañana haré las compras —refunfuñó el rubio.

—¿Y cómo está Gabumon? ¿Por qué no está aquí contigo?

Matt y Mimi se miraron, este con una expresión de alarma en el rostro que se reflejó en el rostro de ella.

—Olvidamos a… —comenzó a decir el rubio.

—Palmon y Gabumon —completó la castaña. Ella se puso de pie al instante y corrió prácticamente a coger su bolso. Hurgó en él hasta sacar su computadora portátil.

—¿Le envías un correo a Izzy? —dijo el rubio.

—Sí —dijo ella sin dejar de teclear. —Palmon va a odiarme. No puedo creer que los hayamos abandonado. Estaba tan molesta… Oh, Izzy ya respondió. Dice que ninguno está molesto. Que Palmon se había enfadado, pero que Gabumon y los otros la hicieron entrar en razón. Ahora mismo están viendo la decoración, así que ya no están en la Isla File.

—¿Y dónde están ahora?

—El castillo del Shogun-gekomon están en el continente Server —cerró su mini computadora y la guardó en su bolso. —Qué bueno que no estén enfadados con nosotros.

—Sí. ¿En qué pensábamos? —ambos se miraron y su padre observaba la escena, divertido.

—¿Ya piensan regresar?

—No exactamente. Esta noche tendremos una fiesta y… olvídalo —se dejó caer en el sofá. —¿Ibas a almorzar?

—Sí. Tengo suficientes sopas instantáneas para los tres, así que, ¿me acompañan?

—¿Seguro que no hay nada más? —preguntó el rubio.

—Hay carne en el congelador, pero como tenía hambre y no quería cocinar…

—Yo cocinaré —dijo Mimi.

—Claro que no —dijo Matt, incorporándose.

—No es necesario, Mimi. Eres la invitada —dijo el padre de él.

—Pero para mí será un gusto.

—Bueno, la verdad es que no me vendría mal probar comida hecha por alguien que no sea Matt —comentó Hiroaki. —Él le echa picante a todo.

—¡Oye! —exclamó Matt. —Mi comida te encanta.

—Claro hijo, pero es bueno variar. Dejemos que una dama nos consienta.

—¿No es mucha molestia? —preguntó a la castaña.

—Claro que no —sonrió ella.

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Mimi preparó la carne con algunas verduras que encontró en el congelador, y la acompañó con un poco de arroz, al que le añadió un toque de salsa de soya.

—Estuvo delicioso —dijo Matt.

—Muchas gracias por prepararnos a Matt y a mí algo tan delicioso —dijo el padre.

—No fue nada —sonrió ella.

—Bueno, creo que es mejor que nos vayamos —dijo Matt. —Ya tenemos la canción así que…

—Sí.

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Después de tomar la guitarra y el bolso respectivamente, Matt y Mimi fueron acompañados a la puerta por el señor Ishida.

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—Mañana regreso. Y haré las compras —dijo el rubio.

—Hasta luego, señor Ishida.

—Nos vemos Mimi. Espero que vuelvan a visitarme los dos.

—Claro —sonrió ella, sin notar la mirada cómplice que el padre le lanzaba a su hijo.

—Nos vemos papá.

—Adiós, y cuídense. Dile a Takeru que se cuide también.

—Lo haré.


Un momento de Matt y Mimi, yeah!

Qué les pareció la canción? Yo creo que es perfecta para la situación y para Yama, en verdad lo único que arruinaba la canción era el comienzo porque no es muy varonil xD, pero después pensé en eso de que "la escribió para que ella la cantase" y me pareció más perfecto aún!

Nai: Qué bien que regresaste! Es que tu cap de HcM me mató x3, espero que este te guste! Tiene más Matt-Mimi xD. Y Wallace *-*, es que acaso tienes una debilidad por los rubios de ojos claros? Yama, Mike, y ahora Willis... xDD

Sakura Tachikawa: No fue ni Long Kiss Goodbye ni Closer, pero no os preocupéis que vendrán de todas formas xDD. Y Mimi comía sus huevos con Soya fermentada DxxD.

Puchisko: Gente ebria adsadsdadsadsdad xDDD. Trataré de qué salga gracioso y que haya gente ebria, I promise!

Gracias a: Meems Tachikawa, digimon4ever99, -ptyx3, Neerak y Valerii Hyuga.

Espero que este capítulo no os decepcione (hoy me creo españolísima ;D).

Lyls