DE NUEVO CLAN

En los días siguientes, Harry apenas se separó de Draco, haciéndole compañía casi constantemente, velando en compañía de su madre o Severus su sueño, comprobando que los preparativos para el funeral fueran correctos, y recordando a los aurores que aun registraban la casa, que tanto Draco como Narcisa estaban fuera de sus límites.

Explicar la presencia de Sirius vivo y coleando, cuando se suponía que estaba muerto, fue un tanto difícil, pero una hábil media verdad – que Sirius no había muerto sino resultado tan gravemente herido al escindirse en una aparición de emergencia para evitar caer por el velo, que Remus había creído que moriría - y un poco de ayuda de Severus, en forma de antídoto contra el veritaserum para Remus y Sirius, ayudaron a salvar el escollo. Sirius había ido recobrando magia, gracias a los continuos mordiscos de su ahijado, que le transfundía su propia magia inconscientemente, dándole lo que necesitaba para recobrarse. Tras alcanzar cierto nivel de poder, Sirius simplemente usó sus antiguas habilidades como animago, pero a la inversa, recuperando su cuerpo casi tal y como era antes de ingresar en Azkaban, reconquistando su propio poder.

En poco mas de diez días, tras el abandono de los aurores cuatro o cinco días antes, Narcisa y Draco se alzaban ante el mausoleo de Malfoy Manor, acompañados de un breve puñado de gente: Andrómeda, Blaise Zabini, Severus, Sirius y Remus. Harry había hecho levitar el ataúd blanco hasta la cripta y ayudó a madre e hijo a regresar de nuevo a la superficie, sosteniéndoles ambos por las escaleras.

Ya nada retenía a Harry en Malfoy Manor y Draco se entristeció. El Griffindor se preocupaba de él, como sin duda haría por los otros miembros de su Clan, pero no había siquiera intentado tocarle o morderle en todos esos días. No tras el leve sorbo justo antes de la batalla. Sin duda, su lugar estaba claro, pero Draco sabía que ya no había más opciones para él. Si era la muerte por desamor lo que le aguardaba, al menos lucharía hasta el último minuto, con uñas y dientes, por las migajas del afecto de su compañero que pudieran corresponderle.

Así estaba su animo, cuando el moreno emergió de detrás de un macizo de flores, sacándolo de sus lúgubres meditaciones mientras paseaba por el jardín cubierto de nieve. Con una sonrisa el moreno susurró:

Estas aquí… vas a enfriarte…

Le arropó en su propia capa, apretándole contra su calido costado y Draco sonrió con tristeza, aun cargado de melancolía. Sin embargo, se rehizo y enlazó su brazo en la cintura del joven, cerrando los ojos y disfrutando de lo que se le ofrecía. En ese momento Harry era solo suyo, y atesoró la sensación de felicidad, sabiendo que su dicha sería breve, que compartir a su amado era inevitable y hundió el rostro en su pecho, aspirando su aroma varonil y deliciosamente atractivo.

Su gesto hizo reaccionar suavemente el cuerpo del cazador y Draco se sintió entusiasmado, deleitado al saber que su amado aun le deseaba, aunque solo fuese uno más para él. Por eso cuando Harry le preguntó que pensaba hacer ahora, con aire tímido y extrañamente inseguro, Draco sonrió y le miró a los ojos:

Seguirte, a donde quiera que vayas Harry, si me dejas acompañarte…

Los ojos verdes relucieron y el Slytherin sintió la oleada de afecto de su bello cazador, acariciándole y envolviéndole. Los labios rojos besaron su frente, pero en el casto beso tembló la promesa de otros bien diferentes y el rubor acudió a las mejillas de alabastro de Draco.

Será todo un honor para mí, Draco…

No era exactamente lo que Draco deseaba oír, pero se acercaba bastante y la sonrisa de ambos se ensanchó. Harry deseaba retornar a Hogwarts, a los terrenos y los bosques, aunque no a las clases y Draco asintió. En pocos lugares podría encontrar una concentración de magos y criaturas tan numerosa y era lógico que quisiera retornar a la fuente de la sangre que era vital para él.

La despedida de su madre fue tensa, pero Narcisa simplemente le abrazó y le besó. Tras una duda, la bruja abrazó al Griffindor y susurró en su oído:

Por favor, cuida de él, Harry…

EL joven asintió y devolvió el abrazo con delicadeza y respondió en tono comedido:

Aunque él no me deje Narcisa, se lo prometo…

La respuesta era un tanto extraña, pero a veces el joven era un poco enigmático en su comportamiento, la bruja había visto esa faceta de su carácter cuando el joven le había pedido permiso educadamente para beber de ella. Sorprendiéndola con su gentileza y delicadeza, el moreno había insistido en que Severus se uniera a ellos, alegando que le daría un soporte y una tranquilidad adicional.

Respondiendo a su petición, los adultos habían tomado asiento juntos en un pequeño saloncito, en un diván cómodo y confortable. Al cabo de un rato, Narcisa olvidó el propósito de la reunión, relajada bajo el dulce influjo calmante del joven y cuando este comenzó a lamer su muñeca, sentado en un cojín de seda a sus pies, apenas reaccionó. El mordisco fue indoloro y placentero, y llenó de una gran paz a la dama, haciéndola dormirse en los brazos de Severus que la estrechaba con delicadeza. Con idéntico cuidado, Harry tomó un sorbo de su profesor de pociones y este también acabó sumido en un sueño sereno y dulce.

Harry había percibido los sentimientos ocultos del hombre y dio un pequeño impulso a los mismos, liberándole del temor y la vergüenza al rechazo, susurrándole a su inconsciente que Narcisa le necesitaba, que su afecto era importante para ella, y que aunque al final no le correspondiese románticamente, siempre tendría su sincera amistad. Narcisa siempre había apreciado profundamente al hombre y el Griffindor esperaba que ambos pudieran hallar un mínimo rescoldo de felicidad de una u otra forma.

Eran esos pensamientos los mismos que habían mantenido a Harry cuerdo hasta poder reencontrarse con Draco, los que le hacían levantarse cada mañana y luchar contra el deseo de dejarse morir en un rincón, los que le hacían beber de Remus y Sirius para soportar y mitigar el dolor que desgarraba su pecho como una herida supurante.

De regreso a Hogwarts, el moreno condujo a Draco a la Cámara de los Secretos. Draco abrió la boca, impresionado, al ver los túneles derretidos y refundidos por el fuego y la magia del muchacho y su cuerpo tembló visiblemente.

"¿Cómo había imaginado que era posible que Harry, alguien tan poderoso, consintiese y se sometiese ante él?"

Draco se sintió abrumado, derrotado, pero su resolución no flaqueó. Tendría de Harry lo que pudiera obtener, y le daría cuanto pudiera ofrecer…. Su leve temor no pasó desapercibido y Harry le guió hacia un pequeño lago de agua caliente que había creado en una de las cavernas. Comenzó a desnudarle, con suavidad, sin presionarle, y pronto el rubio respondió, desabotonando con nerviosismo y sonrojado su túnica y su camisa.

La sonrisa de Harry se ensanchó y su mano acarició su rostro y su cabello, y se inclinó para besarle en la frente primero, y tras un instante, dándole tiempo para apartarse, para evitarlo si era su deseo, en los sonrosados labios. Su propia reacción fue evidente y Harry rugió rompiendo el beso, rugió arrancando ecos a las rocas, estrechándole entre sus brazos. Con un jadeo, los ojos verdes miraron a los de de plata y Harry murmuró:

Lo siento Draco, perdóname… ha pasado demasiado tiempo desde la última vez…

El rubio parpadeó, sorprendido. Sin duda, Harry habría llenado su lugar con otros…La mirada de absoluto deseo del moreno - esmeralda y oro fundidos - le convenció de lo contrario y su corazón se desbocó de nuevo en su pecho. Harry aun mantenía su promesa, pese a su abandono, a su huida y cobardía, el cazador había hecho honor a su palabra. Draco tembló, estremecido, no de temor o recelo, sino de vergüenza. Había fallado como compañero, como amante y como persona a su amado y eso era más de lo que podía soportar en ese momento.

Harry le era todo lo fiel que su naturaleza le permitía. Draco entendía que nunca podría dejar de provocar deseo y placer en otros, que tenía que dar a cada miembro de su Clan el premio y recompensa adecuados y que para la mayoría de la gente, el placer sexual de una u otra clase, era el medio más inmediato y efectivo. Hacer eso, privándose de igual liberación, era especialmente duro y Draco entendió plenamente el sacrificio de Harry.

Aun así, con el moreno totalmente entregado a el, se había obstinado en apartarle y privarle de la plena expresión física de su deseo, y pese a todo, Harry aun le era fiel, tal como diera su palabra…

Draco le miro de nuevo, la vergüenza tiñendo de rojo sus mejillas, encendiéndolas. Su estado de ánimo agitado y turbulento fue notado y el moreno le acarició el cabello susurrando tranquilizador…

Ssh… está bien Draco, ahora estas aquí y eso es lo que importa… lo único que importa…

El Slytherin le acarició el cabello, incapaz de hablar y sus ojos recorrieron las paredes de piedra derretidas y moldeadas por el joven, imaginando por un momento cuanto tiempo y energía había puesto el moreno en aquello, cual era el objeto de retorcer las piedras de las cuevas hasta el extremo, e imaginó el inmenso calor, viendo las enormes corrientes de distintos colores fundidas entre sí…

Draco cruzó de nuevo su mirada con la de Harry y lo que vio en ella le asustó. Oculto entre el fuego del deseo, cubierto por el inmenso afecto del muchacho, un miedo intenso asomaba a sus bellos ojos verdes. La furia de su sangre agitó su respiración, quien quiera que osase amenazar a su compañero tendría que encontrarse con él primero y la veela en su interior graznó, clamando por destrozar la supuesta amenaza.

Se giró, recorriendo la caverna con ojos suspicaces, atento a cualquier posible peligro, olfateando, escuchando, y se extrañó al ver que estaban realmente solos. Harry respiraba pesadamente, exhalando más y más excitación, y su deseo se agudizó, viéndole entreabrir los labios rojos. Celoso y posesivo, deseando instintivamente demostrar que era el mejor, el único candidato posible, el rubio capturó los labios del otro en un beso demandante e intenso, lleno de pasión y amor.

Cuando volvió a mirarle a los ojos, ronroneando satisfecho por su respuesta, vio desaparecer la angustia, reemplazada por un amor tan intenso que Draco creyó imposible fuese para él. Siseando de celos, Draco volvió a girarse repentinamente, esperando ver a Luna o a cualquier otro de los miembros del Clan. Solo las rocas les rodeaban y finalmente, Draco compendió.

Era él, la fuente del miedo y el objeto del amor de Harry. Y eso solo podía significar una cosa. Harry le había elegido… a el. Confuso, perplejo, satisfecho y nervioso a la vez, inseguro, Draco murmuró, acariciándole el rostro, acercándose a él una vez más.

¿Estas seguro Harry?

Asintiendo y devolviendo las caricias, deslizando las manos por su toso desnudo y dejando que Draco hiciera lo mismo, el moreno le besó suavemente, mostrándole todo su amor.

Siempre has sido tú, Draco…¿No puedes verlo?

Sus dedos rozaron las serpientes en torno a su cuello y con un movimiento fluido, estas se deslizaron hacia sus muñecas. Draco rozó la pluma engastada en su cuello y sonrió con timidez.

¿Y como...? No sé qué hacer ahora Harry…

La risa aterciopelada del moreno llenó sus oídos y los problemas parecieron resolverse. Con una sonrisa seductora y deslizando las manos hasta sus nalgas, el cazador murmuró, erizándole el vello:

¿De veras Draco?

Draco abrió los ojos, asombrado y sus instintos comenzaron a gritar dentro de él, instándole a una locura impensable. Inclinándose más sobre él, Harry susurró ladeando seductoramente el cuello:

Hazlo Draco, demuestra a todos que soy tuyo…solo tuyo…

El deseo y la necesidad de marcarle, de morderle y tomar su sangre se hicieron abrumadores y Draco bufó enojado y frustrado, dejando libres las garras de la veela, arañándole levemente en los hombros. Harry tiró de él, lenta y suavemente, llevándole al estanque de agua caliente. Sus propias garras arrancaron el pantalón y el rubio destrozó el suyo, marcando su piel una vez más, frenético y rabioso, desesperado.

Las veelas pueden ser muy agresivas en su apareamiento y aunque tienen la capacidad de sanar cualquier herida infligida a su pareja, eso no evita que sus encuentros, especialmente al establecer definitivamente el vínculo y en las épocas de calor o celo, contengan una carga de violencia importante sobre todo por parte del sujeto dominante.

Harry no se quejó, eran simples arañazos y ni siquiera sangraban como para manchar su piel y los ignoró, acariciando la piel de Draco a su alcance, besándole y llevándole hacia el centro del pequeño estanque. El agua no tenia más de 50 o 60 cm, excepto en el lugar donde el agua se derramaba formando un arroyuelo que se perdía por los túneles y en la suave pendiente de entrada, donde formaba una playa sobre la roca con menos de 20 cm de agua.

Arrodillándose en el agua caliente, atrayendo a Draco con él, Harry le acarició y besó con pasión, iniciando una suave caricia a sus genitales, deslizando sus manos por su virilidad. El rubio le empujó, instándole a continuar, enarcándose contra él, y haciéndole retroceder. La losa de la orilla, suave y pulida, apenas cubierta de agua resultaba perfecta y Draco le tumbó sobre ella, montando en sus caderas. La fricción, los besos y el agua les llevaron al borde de clímax, pero algo fallaba en su encuentro. Frustrado, Draco aulló, liberando su rabia, arqueándose sobre el moreno, que sumó su rugido al del joven.

El sonido aun reverberaba en las rocas cuando Harry le hizo girar sobre si mismo y ocupó la posición inversa sobre sus muslos, acariciándole y besándole intensamente. Draco se retorció, pero las manos de Harry le mantuvieron en su lugar y un suave murmullo en su oído le hizo temblar.

Confía en mí, Draco…

Sus instintos decían que no, que luchara, que no era su papel someterse sino someter, pero poco a poco se calmó, jadeante. Porque otra parte mas racional de él decía que Harry nunca le haría daño y que cualquier cosa que su compañero desease era buena. Excitante y placentera, aunque no le pareciese totalmente correcta a su parte veela.

Con un gemido ronco, Draco liberó sus alas, que resbalaron por la roca húmeda, reluciendo con miles de gotas de agua, y miró los húmedos mechones negros que ocultaban parcialmente el rostro de Harry. Los apartó detrás de las orejas, y le vio contemplarle con amor, con deseo, con posesividad y se estremeció. Con lengüetazos lentos y deliberados, Harry trazó un sendero hacia su erección, tentándole y enardeciéndole. Cuando el moreno trepó felinamente hacia él de nuevo, se tensó ligeramente. Los ojos del moreno no dejaban lugar a dudas, estaban resplandecientes de fuego por la sed y oscurecidos por el deseo, pero no había usado ningún tipo de preparación con él. Esperó que el agua tibia fuese suficiente lubricante y trató de relajarse, viéndole avanzar entre sus muslos.

Harry se colocó a cuatro patas sobre él, mirándole a los ojos y por un instante, Draco se perdió en esos ojos de oro y esmeralda. Luego, en un movimiento de retroceso que no esperaba, se impulsó sobre su erección, empalándose con un grito convulso. Los ojos verdes se cerraron y unas lágrimas brotaron de los párpados apretados, angustiando a Draco, que no sabía que hacer, temeroso de moverse y lastimarle aun más. Sus jadeos entrecortados eran el único sonido, junto con el murmullo del agua, que podía escucharse en la caverna.

Draco le acarició suavemente, notando el cuerpo ardiente de Harry en torno a su miembro, resistiendo el impulso de moverse, y tras unos minutos, los ojos verdes se abrieron de nuevo. El deseo era tan intenso que el verde en ellos era ahora un mero reflejo, una sombra velando el oro que ponía en ellos la sed y el deseo.

¿Qué has hecho Harry?

Murmuró sorprendido y extasiado el rubio, acariciándole el poderoso pecho dorado y el húmedo pelo de azabache, atrapado bajo su peso y envuelto por sus muslos. Con un gemido, las negras alas de verdes reflejos del cazador se desplegaron, y este susurró, inclinándose sobre el rostro de su amante:

Lo que era preciso para tenerte para siempre a mi lado, Draco.¿Realmente piensas que semejante minucia puede importarme?

Draco acarició sus alas, moviéndose levemente bajó el, y el moreno se arqueó, aleteando suavemente. Con lentitud, se movieron, Harry alzándose sobre las caderas del rubio, abriendo su cuerpo para él, aceptándole en su interior cada vez más. Era el cazador el que marcaba el ritmo, buscando su placer y el de Draco al mismo tiempo, y pronto, el miembro del rubio rozó en su interior ese lugar de placer, provocándole una súbita llamarada de calor. Draco se movió levemente, volviendo a tocarle, usando sus manos para acariciar la abandonada erección sobre su vientre y su ritmo se aceleró. Pronto, la ola de placer se hizo tan grande que ninguno pudo controlarse más y se abandonaron, dejándose ir, Draco incorporándose un tanto, buscando una mejor posición para morder.

En pleno orgasmo, Draco clavó sus pequeños colmillos en el cuello de su amado, mientras este hacía lo mismo con él. Era increíble, el placer les consumía y gritando, se derramaron, mezclando sexo y sangre. Una columna de fuego brotó del moreno, envolviéndoles, haciendo brotar nubes de vapor del agua pero sin tocarles la piel, sin lastimarles, sin que fuesen siquiera plenamente conscientes de ello ninguno de los dos. Se derrumbaron en el agua, casi inconscientes, sacudidos por la magia de los nuevos vínculos entre ellos, saciados y sonrientes, envueltos en una suave manta de diminutas llamas azules.

Cuando despertaron horas mas tarde, Harry parpadeó. La gruta estaba demasiado llena de vapor, cálida pero sofocantemente húmeda y se incorporó sobre su codo, sacando el torso del agua. A su lado reposaba Draco, y sonrió al verle. Ahora era plenamente suyo, para siempre, y acarició sus alas de plata. El joven se removió y parpadeó, sonriente y se sentó, chorreando. Con un gesto de afecto, le besó y algo muy intenso se despertó en él, sorprendiéndole.

Sus ojos de plata miraron hacia el cuello del moreno y efectivamente encontró la marca de su mordisco, dos pequeñas punciones plateadas en la base del mismo.

¿Por qué esa urgencia entonces de morderle? ¿Por qué de repente quiero su sangre?

Sus ojos se dilataron y su mano alcanzó un mechón en el cabello de su compañero, un mechón completamente plateado naciendo en la mitad de su cráneo y lo enredó entre sus dedos, incrédulo.

Los ojos verdes siguieron su gesto y vieron la hebra blanca en sus manos y las negras cejas se alzaron. Con delicadeza, las yemas de Harry ordenaron el cabello del joven y entre ellos sacaron un mechón de azabache mezclado a la plata de su melena.

Ahora somos uno, Draco…

Murmuró el joven, acariciándole el rostro, los ojos llenos de emociones. Draco sonrió y el cazador conjuró un espejo, diciéndole:

Mira…

Draco vio su cabello, desordenado y mojado, con la extraña marca negra, y los leves cambios en su dentadura. Sus caninos superiores, se habían hecho más prominentes, y en esos momentos, se alargaban levemente en el reflejo del espejo.

¿Qué me ha ocurrido?

No estoy seguro, pero parece que te he hecho mas parecido a mí, algo así como si te hubiera convertido…

Draco asintió, sus instintos decían exactamente eso, que ahora el y Harry eran iguales, y sonrió. Su deseo de morder se agudizó y olisqueó cauteloso el cuello del moreno que le dio acceso. Tras unos lengüetazos, mordió con cautela, saboreándole, saciándose de él y dejándole hacer lo mismo. Sin embargo, se detuvo, jadeando y Harry paro con él. Sus ojos llenos de plata y oro centellearon y el rubio murmuró:

Voy a hacer algo a lo que no me atrevía antes…

Con gracia, dejando que su húmedo cabello erizase la piel del moreno le besó los pezones y rápidamente emigró hacia una zona más interesante. La erección de su compañero se ajustó a su boca, llenándola de calor. Arqueándose, y mientras Draco le lamía, Harry gimió, enviando todo su ardor hacia Draco. Su orgasmo fue suficiente para que el rubio se derramase entre sus piernas, paladeándole y devorándole.

Harry les sacó de allí, haciendo acopio de toda su voluntad, llevando a Draco dormido entre sus brazos al dormitorio de Salazar. Cuando despertaron, esta vez secos y en un lecho confortable, Draco murmuró con timidez:

¿Tengo que beber de otros?

Harry alargó la mano y tomó unos frascos de sangre y los tendió al rubio. Draco los olió cuidadosamente, arrugando la nariz y murmuró:

No me resultan atractivas, tan solo tal vez esta…

Tiene sentido… es de Severus, probablemente solo necesites beber de mí, y tal vez quieras beber ocasionalmente de gente muy cercana a ti, dentro del Clan. Lo siento, creo que yo si necesito seguir bebiendo de algunos de ellos, además de ti, Draco.

Y besándole de nuevo murmuró con una amplia sonrisa:

Después de todo, no ha resultado tan mal, verdad?

Draco le miró con adoración, y denegó, acariciándole el cabello ensortijado.

No, mi bello cazador, nunca soñé con que esta felicidad fuese posible…

Con una sonrisa de entendimiento y un beso tierno, el rubio murmuró con ojos repentinamente traviesos.

Y ahora que Harry?

Lo que tú quieras mi Dragón. Lo que tú quieras…

Y Draco quiso…muchas muchas cosas.