Kyaa, cómo me he tardado con este capítulo, me parece que han sido meses aunque según yo sólo fueron dos o tres semanas, jejeje. Pues nada, vaya semanita la que me aventé, no tanto por la escuela sino porque fue mi cumpleaños y me intoxiqué con el pastel :s bad luck, Yereri.
Ya tengo teclado nuevo en mi lapcita! Por lo tanto ahora todo es mas sencillo :) soy feliz.
Los invito a leer.
One piece no me pertenece.
La Maldición de Viluel
Capítulo 11
Escuché tu voz
A pesar de tener aquel temor con respecto al cazador de piratas, esa sensación se disipó de Celine en pocos segundos. Ella concluyó que era solo su lado humano reaccionando, como era lógico, a la amenaza física que representaba, y que, a final de cuentas, no era nada comparado con cómo podía ella hacerlo sufrir si quería.
Fuera como fuese, para ella podía ser un buen instrumento. Lo veía como material valioso; era después de todo, el cuerpo de un hombre formado. Fuerte, resistente y poderoso, más de lo que habría conseguido hasta entonces. Nunca vio antes nadie que le llamara tanto la atención, claro, después de Robin.
Después de pensarlo, su retorcida mente decidió hacerle una propuesta al espadachín. Con el paso de tantos años, las lealtades de Celine no estaban con nadie y el "amor" que alguna vez le profesara a su esposo lord Henry era algo perfectamente negociable para ella.
-Oye…Espadachín-san- sonrió, queriendo aparentar un tono conciliador-, creo que estás llevando esto demasiado lejos.
Se le acercó con un par de pasos decididos y Zoro, de manera automática, llevó las manos a sus espadas, más estas fueron detenidas suavemente por las manos de Robin, ahora bajo el mando de Celine.
-No tienes porqué actuar así. Eres demasiado violento- objetó, luciendo en sus labios su mejor sonrisa.
Zoro no dejaba de mirarla con miles de pensamientos confusos en su mente. Le costaba mucho contenerse debido a la encrucijada, quizás la peor que había enfrentado en su vida. Tenía al enemigo frente a él, pero no podía enfrentarlo porque estaba utilizando el cuerpo de alguien que a él le importaba demasiado.
En otras situaciones, en otro momento de su vida, quizá, al espadachín no le hubiera causado problemas el atacar a Nico Robin. Después de todo, no era nadie para él, salvo una mujer peligrosa que podía hacerle daño a sus nakamas.
Pero ahora sí era alguien importante, era su amiga, era su nakama, y aunque le costara admitirlo, en pocos días ella había conseguido despertar en él un sentimiento que nunca antes había tenido por nadie, tal vez únicamente, en algún momento de su ingenua infancia, por Kuina.
Tenía las manos atadas y de eso no había duda, pero necesitaba seguir mostrándose firme ante Celine, y esperar a que Mainery diera ese golpe que había planeado, y para el cual le había dicho que necesitaba prepararse.
Otro hecho era que Mainery había sido aprendiz de Celine, y lamentablemente ambos murieron antes de que pudiera superarla en poder. La había matado, sí, pero fue una victoria en defensa propia en la cual su miedo y su instinto de supervivencia habían podido mas contra el poco respeto que le conservaba, contra su amor incondicional y sobre todo contra las desarrolladas hechicerías de las que la bruja era capaz.
Actualmente ambos habían desarrollado sus habilidades, en la medida en que habían podido hacerlo, y de cualquier forma la diferencia era abismal ya que Celine contó con la ventaja de conseguir el cuerpo de una muchacha de Viluel, cuerpo que nunca apreció, pero en el cual vivió y envejeció conservando el deseo de conseguir un nuevo cuerpo para seguir en este mundo.
De modo que Zoro, en un intento de ganar tiempo para que Mainery se concentrara y reuniera el poder que le hacia falta, decidió escuchar a aquella mujer. La idea de estar ante Robin, y al mismo tiempo, saber que su cuerpo había sido usurpado por aquella arpía, era simplemente inconcebible y un acto tan despreciable que le hubiera valido lo suficiente para cortarla en numerosos y limpios trozos ahí mismo…pero con esto sólo volvía a la encrucijada de que se trataba del cuerpo de Robin.
Así pues, temporalmente vencido, se quedó sin moverse frente a ella. Si intentaba atacar, él simplemente se defendería, así de fácil.
-Espadachín-san, mírame- pidió con el mismo acento suave y tranquilo que solía usar Robin, al ver que él trataba por todos los medios de hacerse fuerte ante ella- créeme, por favor, cuando te digo que nunca quise hacer tanto mal como parece que estoy haciendo ahora.
Se acercó aun mas y ahora tocó su mejilla- yo solo fui una mujer débil, no tenia opción. Para proteger mi isla era necesario ser fuerte, y es por eso que busqué este poder. Mi vida no fue nada sencilla.
-La vida de Robin tampoco- señaló Zoro sin moverse y sin expresar alguna emoción- y no por eso le haría esto a alguien.
-Se lo dije a ella, y ahora que te tengo enfrente te lo digo a ti. Ella también lo hubiera hecho. Cualquiera en mi lugar- recalcó- habría actuado del modo en que yo lo hice.
Tenía esa forma de hablar…ese suave ritmo en su voz, que, como en la voz de la arqueóloga, obligaba a reflexionar sobre sus palabras.
La mujer se acercó un poco más a Zoro. Él se quedó inmóvil cuando ella lo abrazó. El cuerpo cálido desprendía el aroma a flores tan característico de Robin, y se sentía tan bien que Zoro se quedó helado.
-Nadie tiene derecho pleno a juzgarme por lo que hago cuando no saben si ustedes mismos hubieran actuado peor.
Zoro temblaba, estaba demasiado tenso. Parecía que en cualquier momento se iba a derrumbar. Ella lo notó.
-Todo lo que deseo es vivir. Quiero vivir- le susurró cerca de la oreja, su respiración chocó sobre su piel, mezclando el fresco de su aliento con la calidez que el cuerpo de Zoro aún tenía por el ejercicio de haber pasado los obstáculos-, y eso no es un crimen.
Esas palabras…con esas palabras solamente podía recordar a su compañera. Zoro apretaba los puños mientras ella lo abrazaba todavía de esa forma tan íntima. Cómo deseaba que fuera Robin, en cuerpo y alma, pero aquel solo era un cuerpo y el alma que lo ocupaba ahora no tenia nada que ver con la de su nakama.
Apenas podía resistir más, necesitaba un desahogo para todas las emociones que se agolpaban en su interior. Pero Mainery no hacía indicios de atacar aún y él había prometido mantenerse firme ante aquella mujer.
Mientras tanto ella lo seguía abrazando. La tenía tan cerca y cada vez estaba más inseguro de su control. Lo único que podía hacer para aliviar un poco sus ansias era alejarla de él. Le sujetó las muñecas para alejar sus brazos de su cuello, y la empujó suavemente hacia atrás, con firmeza y con la expresión mas severa que pudo encajar en su rostro.
Pero a pesar de haber dejado de abrazarlo, Celine no le permitió que le alejara demasiado de él, si acaso algunos centímetros. Ella no dejaba de mirarlo, con una sonrisa dulce y unos ojos tan tiernos que nadie en el mundo hubiese podido imaginar que detrás de ellos hubiera tanta maldad. Lo examinaba con cariño, como si tuviera años de conocerlo y lo estimara profundamente. Zoro se estremeció desde lo más profundo cuando ella acarició su mejilla y siguió hablando.
-Espadachín, ¿No te gustaría venir conmigo? Tengo un sueño, y tengo un plan para hacerlo realidad. Volveré a hacer que esta isla sea lo que fue en el pasado, y mientras lo hago, tú puedes seguir entrenando, haciéndote fuerte y venciendo a cualquier rival que te propongas. Yo puedo ayudarte con eso. Yo puedo darte el poder que necesitas- Zoro desvió la vista, pero ella le sujetó la barbilla y lo obligó a mirarla de nuevo- Tus ambiciones no son muy diferentes que las del resto de la gente como tú. ¿Y tú no harías lo que fuera por cumplirlas?
Zoro sentía como ese temblor que antes dominaba el resto de su cuerpo se había pasado únicamente a su barbilla. No quiso hablar, sólo trataba de contenerse y cada segundo esto era algo más difícil de lograr. El tacto de la delicada mano sobre su rostro le corroía la piel.
-Yo…yo puedo hacerte feliz, Roronoa-san. Conmigo puedes lograr ser el mejor. Y yo sé que puedo ser la mujer para ti. Puedo complementarte, puedo ser para ti, puedo amarte.
Si es que eso era posible Zoro se tensó aún más. ¿Celine hablaba en serio? Después de todo lo ocurrido, ¿En serio planeaba seducirlo de esa manera? No podía contestarle porque no tenía nada qué decir y no se podía mover porque sabía qué era lo que iba a hacer si se movía. Para colmo, Celine era totalmente hipnótica, sus ojos que parecían mirarlo hasta lo mas profundo, sus manos que lo tocaban con delicadeza, su voz se introducía en sus oídos, acariciando suavemente cada lugar que alcanzaba…
No iba a poder por mucho mas, esa mujer sencillamente le daba náuseas. Maldita, mil veces, maldita mujer. Le repugnaba la forma en que usaba la forma, la voz y cuanta actitud de Nico Robin le convenía para tratar de debilitarlo.
-Temo que te equivocaste de hombre, Celine-dijo finalmente, cuando se pudo calmar-. Yo no soy quien va a caer en tus trampas y en tus promesas tan fácilmente.
La expresión que ella puso a continuación pareció sinceramente dolida.
-No estoy bromeando ni tendiéndote ninguna trampa. Lo que te propongo es verdad. Siempre pensé que mi esposo era mi compañero de vida perfecto y es por eso que quería traerlo a la vida de nuevo…pero en un mundo como éste…creo que un hombre como tú tiene más valor. ¿No te das cuenta? Si me sigues serás invencible. Si no aceptas entonces tendré que matarte.
Roronoa, no te muevas. Estoy preparado.
Zoro se contuvo de contestar a la advertencia de Celine. Mainery le había dicho que si lograba sacarla del cuerpo de Robin, ésta volvería a la vida de un modo u otro, o al menos confiaba en ello.
Lo que haría Mainery era relativamente sencillo pero requería de muchísima fuerza. Tendría que atravesar el cuerpo de Robin (como lo había hecho ya un par de veces antes) pero lo haría para llevarse con él el espíritu de Celine. Mientras lo hacia tenía que decir en voz alta un rezo que la sellaría y la obligaría a "descansar".
Nunca lo había hecho antes, pero llevaba años siendo consciente de que de un momento a otro tendría que hacerlo y había memorizado el procedimiento y las palabras. En cuanto a la fuerza que necesitaba, no estaba seguro pues ésta tenia que ser mayor a la de Celine. No tenía idea de su poder en ese momento, pero no pensó que fuera mucho más fuerte que él.
Así que Zoro no se movió, pero repentinamente tuvo la sensación de que algo se desprendía de su piel. Percibió algo fresco, como una ligera brisa. Ella al parecer también lo percibió pues se quedó inmóvil, y poco a poco frunció el ceño.
Rechazó a Zoro violentamente, cosa que él no se esperaba porque un empujón, con la fuerza que ella tenia, no tendría que haberlo mandado hacia atrás como lo hizo. Cayó al suelo de espaldas sólo para ver cómo un fuerte viento se soltaba sobre ella, que caía al piso, también de espaldas, con un grito fuerte que lo estremeció de pies a cabeza.
Zoro se puso de pie en cuanto el viento se detuvo y todo se calmó una vez más. Ella estaba tirada a varios metros de él. Se acercó con precaución y se detuvo a un metro de ella.
Ella abrió sus ojos lentamente, y luego se incorporó con lentitud, evidentemente adolorida, hasta quedar sentada en el piso.
Zoro no tardó en saber si aquello había funcionado o no. Decir que la expresión de aquella mujer era de enojo sería quedarse corto. En cuanto percibió a Zoro cerca de ella, lo fulminó con una mirada. Luego se apoyó en el piso para ponerse de pie.
-Buena jugada, espadachín. Lástima de ejecución-le dijo mientras se quitaba el polvo del vestido- En cuanto a ti, Mainery, que sepas que no eres mucho más poderoso que cuando eras mi aprendiz. Me das pena, querido, creía que podía esperar mas de ti, pero veo que con el tiempo sólo te has vuelto más patético, si es que eso era posible.
Lo…lo siento, Roronoa, no sé que ha ocurrido.
-¿Qué haremos ahora?
Bueno…
-Ahora entiendo…porqué no contestaste a mis proposiciones ni te moviste de tu lugar, espadachín. Te estabas conteniendo- sonrió- y lo hiciste muy bien, por momentos creí que eras demasiado frío para escuchar mi voz. Pero,-su expresión cambió a una que mostraba cierta burla- finalmente, sabía que mis palabras te habían afectado de una u otra forma. Roronoa-san, para John no hay perdón alguno de mi parte. Me desharé de él en cuanto pueda. Pero mis proposiciones para ti siguen en pie.
Zoro bajó la vista. No tenían un nuevo plan y mientras tanto, tenia que seguirse conteniendo para no partirla en pedazos. Sin embargo, tomó mucho aire, y sin saber qué haría después, contestó con voz firme.
-Temo que no aceptaré tus proposiciones, mujer- cruzó los brazos completamente convencido de lo que estaba diciendo- En primer lugar porque yo tengo una tripulación y amigos a quienes les debo mi lealtad. Y en segundo porque…
Celine frunció el ceño.
-No me lo digas. Lo veo en tus ojos. No puedo entender… ¿Porqué te importa tanto esa mujer? ¿Qué tiene ella de especial?
Zoro hizo una sonrisa ladeada y en seguida contestó.
-Ella tiene de especial todo lo que tú no tienes. Un cuerpo propio, por ejemplo.
Y fue entonces que ella no mostró mas dulzura ni comprensión. A un movimiento de sus manos Zoro quedó inmóvil. Se percató entonces de que un montón de brazos surgidos de la nada lo sujetaban. Luego dos series de piernas florecieron del suelo y cada vez surgieron mas, levantándolo tantos metros que de pronto pudo ver las copas de los árboles. Supo que estaba mal cuando las piernas desaparecieron. En seguida comenzó su descenso, cada vez mas rápido, y finalmente se estrelló contra el suelo, de cabeza.
Duró varios segundos sin conocimiento. Cuando pudo recuperarse, todo le daba vueltas, y el dolor se extendía desde su cabeza, pasaba por su nuca y recorría toda su columna. Por suerte, al parecer no se había roto nada. Bendita fuera la resistencia súper humana.
Pero lo que mas le sorprendió fue que Celine pudiera usar el poder de Robin, y que lo hiciera con tanta facilidad. La mujer estaba frente a él con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión de enojo y rabia simplemente inexplicable.
-¡Yo soy mejor que ella!- gritó mientras un brazo gigantesco surgía del suelo, creado por una conexión infinita de brazos mas pequeños- ¡No te atrevas a compararla conmigo!
Y entonces el brazo golpeó el piso después de que Zoro lo esquivara hábilmente. Pero apenas se pudo poner de pie a tiempo, pues el brazo seguía golpeando furiosamente y ella no parecía tener intención de detenerse.
Su rostro estaba desencajado por la furia, y sus ataques poco a poco parecían menos coordinados, pero no por eso menos fuertes.
-Demonios, ¿Qué le sucede a esta mujer?
Creo recordar… comentó Mainery, que esto es parecido a la reacción que tuvo cuando Henry la rechazó.
-¿Y qué ocurrió?
Ah, nada grave, contestó el espíritu con ironía, mientras un golpe más destrozaba un árbol luego de ser evitado de nuevo por Zoro, lo mató y luego trató de meter su espíritu en mi cuerpo.
-Vaya, eso me alienta mucho, no tienes idea.
Lo lamento, Roronoa, pero a partir de ahora lo único que podemos hacer es enfrentarla. Tienes que…
-¡No la voy a atacar! ¡Es el cuerpo de Robin!
¡Esa mujer no es Nico Robin, Roronoa!
Mientras tanto, los brazos volvieron a aparecer alrededor de Zoro y lo sujetaron de nuevo.
-Es fascinante este poder. Es como si con solo pensarlo pudiera atacarte. Le veo las desventajas que tienen todos los poderes de la fruta del diablo, pero mientras pueda combinarlo con mis hechizos, creo que estaré bastante bien.
Luego Zoro fue doblado hacia atrás. Sabía lo que venía después. Su columna se rompería en cientos de pedazos. Sus órganos serían heridos por las astillas de sus huesos, y mientras perdía movilidad de todo su cuerpo, una hemorragia interna lo mataría.
Pero no sintió nada más a continuación. Se adormeció. Y entonces supo lo que había pasado.
El cuerpo de Zoro se soltó de los brazos de Celine, y desenvainó sus espadas mientras corría con todas sus fuerzas hacia ella. Unos brazos morenos surgieron de su espalda y le sujetaron los brazos tratando de contener sus espadas, y otros varios florecieron del suelo y le sujetaron las piernas. Se quedó a pocos centímetros de ella. Trataba de soltarse con desesperación, impulsándose hacia delante, mientras Celine lo encaraba con los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa satisfecha. Se miraron a los ojos por varios segundos en los que él no dejaba de luchar por soltarse.
-Es bueno enfrentarnos de nuevo, John, querido. Creo que debo suponer….que este será el final, ¿cierto?
Él sonrió.
-No sabes cuanto lo he esperado, Celine.
Y ahí estaban los dos cuerpos. Celine contra Mainery, con la forma y apariencia de Robin y Zoro.
Los dos estaban dispuestos a terminar con una guerra iniciada décadas atrás.
Pero ¿a qué costo?
…
Zoro conocía el lugar en el que estaba, aunque lo recordaba como una parte de su inconciencia, un recuerdo, un lugar apartado de su mente. El mismo lugar al que fue la primera vez que fue victima de una posesión y, por lo que supo después, casi mataba a Robin. Y al parecer el asunto ahora no era demasiado diferente.
…
Si Zoro hubiera tenido el mismo poder de Mainery y Celine, hubiera buscado la forma de entrar en el cuerpo de Robin y liberarla, sacarla de donde estuviera y despertarla para juntos poner punto final a aquella situación de locos.
Pero por supuesto, primero se hubiera perdido sin remedio. Hubiera durado unas cuatro horas buscando el cerebro, y finalmente, completamente seguro de haber llegado al lugar correcto, terminaría llegando al corazón.
Pero como siempre, de alguna u otra forma al equivocarse hubiera dado con el lugar correcto.
Sin embargo al llegar ahí habría necesitado una lámpara. Y entonces, en el rincón más escondido, oscuro e incómodo, hubiera encontrado una pequeña niña, que a primera vista no hubiera reconocido como Robin. Pero al verla de cerca, ese cuerpo de niña le mostraría una mirada azul, casi transparente, y una mueca melancólica. En esa niña pequeña encontraría a Robin.
Una que poco a poco, desaparecía. Una que nuevamente esperaba morir. Una que esperaba estar en paz, sin recuerdos. Y él de alguna forma, la liberaría, y juntos volverían al barco y se irían con sus nakama de aquella isla.
Pero Zoro no podía hacer eso, aunque lo deseara. Por el momento, se encontraba tan atrapado como Robin.
…
Mainery y Celine se encontraban peleando con todas sus fuerzas. A estas alturas, ella había recibido ya muchos cortes, y él varios golpes y torceduras de todo tipo, pero seguían en la pelea, provocándose.
-¡Ya ha sido suficiente, Celine! ¿No ves todo el daño que has causado?
-¿Porqué debería importarme? Ahora tengo todo lo que he venido deseando durante estos años. No hay nada que pueda detenerme ahora.
-¡Yo seré quien te detenga! ¡Sólo sigo aquí por eso, y hasta que lo logre te seguiré y te encontrare donde quiera que estés! ¡Siempre, Celine!
Celine retrocedió mientras las estocadas la seguían. Pequeñas cortadas alcanzaban sus brazos y desgarraban poco a poco su ropa. Ella por su parte buscaba la forma de detenerle usando el poder de la hana-hana no mi de Robin.
La pelea iba bastante pareja; tal vez porque, en teoría, ninguno era un experto en manejar las habilidades de los cuerpos que habían tomado. Si bien alguna idea tenían, simplemente no había punto de comparación.
Pero a pesar de ello ninguno de los dos se hizo menos ante el otro. La pelea estaba más que reñida y francamente no les importaba mucho el dañar un cuerpo que no les pertenecía. Celine se sentía como un pez en el agua, pero Mainery se notaba nervioso y más aún al notar que ella estaba tan tranquila. Esto lo enfureció.
La Celine que él había conocido…la que él había amado, le había enseñado toda clase de hechizos con el fin de ayudar. Ella soñaba con hacer de Viluel una isla conocida a nivel mundial, pacífica, sin la intervención de piratas ni de los marines. Quería que todos ahí tuvieran buenas vidas, que la gente fuera a conocerlos, que la economía creciera, que todos los días fueran de fiesta. Que al salir a las calles, éstas rebozaran de gente yendo y viniendo, que sonara la música, que los niños corrieran en las calles y que el aire oliera a frutas.
Ella…los dos, habían soñado con un Viluel así. Con algo bello, pacífico y alegre, soñaron con la comunidad perfecta.
¿Pero a qué costo buscaron la perfección? No era muy difícil de entender. Bastaría con decir que después de probar el poder, Celine no lo soltó más.
Después de mucho tiempo se dio cuenta de que si alguien había soñado, había sido únicamente él. Al final se dio cuenta de que Celine sólo lo había utilizado.
Tal vez eso era lo que le daba fuerzas para seguir adelante cada día en sus intentos de acabar con ella, y de terminar con ese juego absurdo en que la había seguido tanto tiempo atrás.
…
La pelea había crecido en cuanto a intensidad y fuerza. Ahora se podían apreciar diversas heridas en el cuerpo de Robin, y varios moretones en el de Zoro.
Mainery sentía un terrible dolor en una de las piernas. Quizás se le había desgarrado un músculo, o se le había roto algo, no lo sabía. Lo único que sabía era que tenía que acabar con Celine. Y para su desgracia, y peor, para desgracia de su reciente aliado, Zoro, la única forma segura que tenia de vencerla era matarla otra vez. Es decir…matar el cuerpo de Nico Robin.
Finalmente, se decidió y se lanzó con toda su fuerza. Se la llevó al suelo saltando sobre ella y apuntó las espadas al lugar preciso…sin embargo se detuvo. Y en seguida reconoció que algo de la fuerza de Zoro quedaba latente en ese cuerpo. Zoro no quería matar a Robin, Zoro no lo iba a dejar matarla.
A pesar de estar conciente de ello, insistió en su intento. Sin embargo lo que hizo ella no se lo esperaba.
-¡John! John…querido, espera por favor, no hagas esto.
Mainery estaba con las espadas en alto, listo para dar el golpe. Creía que había vencido ya la voluntad de Zoro pues no estaba sintiendo resistencia por parte de su cuerpo.
A pesar de saber que no poda confiar en ella, se detuvo a escucharla.
Ella levantaba una mano, como si intentara cubrirse del ataque. Estaba tirada en el piso, debajo de él, y en su rostro reflejaba cierta angustia.
-John… no me hagas daño, por favor…- pidió- sólo escúchame. Lo lamento. Lamento todo lo que he hecho. Ayúdame a cambiarlo, por favor.
Él bajó las espadas. Frunció el ceño. Ella levantó su mano y se la ofreció.
-Hagamos las paces- sonrió- y terminemos con esto. Al igual que tú, solo quiero descansar.
Mainery envainó una de las espadas y ofreció una de sus manos a Celine. La sujetó y la ayudó a ponerse en pie.
De pronto dio un salto en el aire, esquivando una cadena de manos que al parecer planeaban estrangularlo. Ella también saltó hacia atrás y al encontrarse a cierta distancia sonrió y en su rostro se pudo apreciar la habitual maldad de aquella mujer.
-Maldición, por poco me atrapa- se lamentó Mainery, regañándose internamente por haberse permitido por un segundo creer en ella y en sus palabras – Veo que no has cambiado en nada, Celine. Eres la misma que me traicionó hace tantos años.
-¿Sigues pensando en eso, después de tanto tiempo? Dime, ¿De qué te ha servido guardarme todo ese resentimiento? No puedes vencerme, siempre he sido más fuerte que tu y lo seguiré siendo. Además tienes un corazón demasiado débil. Aunque pudieras hacerlo, no podrías matarme.
-¿Cuánto apuestas, bruja?
En esos momentos, ella cruzó los brazos, y él sacó la espada que ya había guardado y se prepararon de nuevo para atacar.
-¡Oi! ¡Zoro! ¡Robin!
Desde el bosque se escucharon los gritos de una voz que para ambos era conocida. Aunque no los llamaba a ellos, los dos voltearon hacia donde se escuchaba la voz.
-¡Zoro, Robin! ¡Si tienen problemas y quieren pelearse, regresen al Sunny y arréglenlo como nakamas!- ordenó la voz- ¡Pero no dejen que esos viejos fantasmas los controlen!
Permanecieron en silencio mientras la voz rebotaba entre los árboles.
-¡Zoro! –gritó una vez más- ¡Quítatelos de encima de una vez y regresa a Robin al barco! ¡Si no lo haces tendré que ir yo mismo y estaré muy molesto contigo!
-Tsk- Celine hizo una sonrisa ladeada- parece que no me equivoqué con ese niño, vaya si tiene agallas.
-Por algo es mi capitán.
Celine volteó a ver a su oponente, y se percató de que quien estaba frente a él, definitivamente ya no era John Mainery.
Zoro sonrió mientras se amarraba a la cabeza el pañuelo que siempre traía en el brazo, lo cual quería decir que pelearía en serio.
-Tendré que darle las gracias cuando lo vea- Celine no dejó de sonreír- Ahora, ¿En qué estábamos?
Celine lo observó fijamente unos momentos, sobretodo porque Zoro se irguió ligeramente desde su posición y habló en voz alta.
-¡Oi, Robin! ¡Sé que tienes que seguir allí de algún modo, así que escúchame, tienes que despertar!
Celine rió con desdén.
-¿Para qué le hablas? Ella no puede escucharte y aunque lo hiciera no serviría de nada.
Zoro negó con la cabeza.
-¿Qué lo has olvidado, bruja? Tú misma le hablaste a Robin acerca del poder de un nombre. Sé que funciona porque he visto cómo se hace. Deberías tener más cuidado con la información que das.
Celine borró la sonrisa cínica que tenia en el rostro. Frunció el ceño y mostró los dientes al tiempo que apretaba los puños con fuerza.
-Ella ya debe estar muerta- contraatacó Celine- su espíritu disminuye con cada minuto que pasa, lo más probable es que haya desaparecido por completo.
-Robin es muy fuerte, Celine, y no importa cómo, ella podrá liberarse. Yo creo en ella.
Celine tenía una expresión en su rostro que evidenciaba lo difícil que era para ella contenerse en esos momentos. Realmente estaba molesta. Sonrió, aparentemente, burlándose de él, mas la expresión de Zoro no dejaba de ser determinada, firme, orgullosa, tanto como él mismo.
-¡¿Me oíste, Robin?! ¡Yo creo en ti! ¡Ayúdame con esto!- gritó casi en su cara, lo cual a Celine le molestó mucho.
-¡Vaya, creí que en ti había encontrado a alguien que valía la pena! Pero ni hablar, eres un verdadero estúpido.
Justo cuando terminó de decir aquello, Celine escuchó unos pasos atrás de ella, pero al mirar de reojo no vio a nadie. Lo interpretó como un simple presentimiento, no tenía porqué preocuparse con algo como eso.
-Ahora sí, Espadachín-san… ¿En qué estábamos?
…
La pelea cambió completamente de rumbo desde aquel momento. Celine seguía atacando con todas sus fuerzas y con cualquier ataque que se le ocurría para los poderes del cuerpo de Robin, pero Zoro no la atacaba, sino que se defendía lo mejor que podía. Ella se desesperaba al pensar que solamente la estaba cansando, y que no estaba peleando con seriedad. Zoro solamente tenía una cosa en mente, y eso era lograr que Robin respondiera, y para ello no dejaba de hablar: gritaba el nombre de la arqueóloga, la llamaba, como si estuviera perdida en el bosque o algo por el estilo.
Y eso desesperaba a Celine. A un punto apenas tolerable para ella.
-¡¿Quieres decirme qué demonios pudiste verle a esa mujer?! ¡No tiene nada de especial!
-¡Por supuesto que es especial, ya te lo dije mujer!
Celine detuvo su ataque y ambos se miraron.
-Ella no lo cree así.
-¿Qué?
-Ella sabe que no significa nada para ti. Después de todo, tú nunca se lo dijiste.
Zoro apretó los puños con la molestia creciendo en su interior. ¿Qué tanto sabía aquella bruja?
-Créeme, Roronoa, ninguna mujer podría vivir tranquila con algo como eso. Por lo menos no la ilusionaste, ¿Verdad? Eso es lo peor que podrías haber hecho.
-¡Eso no es asunto tuyo, bruja! ¡Eso es entre ella y yo!
-Pues qué lástima que hayas sido tan poco hombre para dejar las cosas inconclusas, Roronoa. Lamento informarte que perdiste tu oportunidad, porque yo no voy a permitir que ella vuelva a este mundo.
-Tu no sabes cómo son las cosas entre ella y yo. No conoces lo que es la verdadera amistad o la lealtad. Puede que haya cometido un error al dejarla sola, pero era lo mejor que podía hacer- se defendió- por algo estoy de vuelta, ¿No crees?
Celine siguió atacando con furia. Por alguna razón sentía que estaba perdiendo el control, que ya no era tan fuerte como en un principio, pero, ¿Porqué? Aunque su vista estaba atenta al espadachín, dentro de su mente había algo que quería llamar su atención, que la distraía. Sabía que eso le podía costar.
-Robin, ¿Puedes escucharme?- preguntó él, sin gritar, pero sin bajar demasiado la voz- Tú eres fuerte y sé que saldrás de esto. Tu eres fuerte Robin, y eso…- Zoro tragó saliva, no podía creer lo que iba a decir, pero ya que estaba en eso no perdía nada- Eso es lo que yo amo de ti.
A Celine se le crisparon los cabellos al escuchar aquello.
-¡Eso no importa ya!- gritó la bruja con todas sus fuerzas- ¡Nico Robin está muerta, acépalo, idiota!
-¿Está segura de eso, querida señora?
…
Celine detuvo sus ataques y se quedó en pie, luciendo infinitamente desconcertada. Zoro frunció el ceño, pero a pesar de que ella no parecía tener intensiones de seguir atacando, no bajó su guardia.
Ella cayó al suelo de rodillas. Se apoyó con las manos. Zoro esperó.
…
-¿Cómo es que…?
-Te dije que nada de esto estaba a mi nivel, Celine. Tus mentiras y tus trampas llegaron demasiado lejos esta vez.
Celine se había dado la vuelta. El lugar en el que estaban era la mitad de la cubierta de un barco. Era el Sunny.
-Te presento mi hogar, Celine- sonrió Robin haciendo un ademán amplio con los brazos, queriendo abarcarlo todo- ¿No es precioso?
-Lo es- concedió ella- lástima que ya nunca volverás a él.
-Puede que tengas razón Celine, pero también puede que no.
Celine soltó una risilla burlona, pero la expresión decidida de Robin no cambió.
-Esperaba que realmente estuvieras muerta.
-Como el mismo Espadachín-san te dijo antes, fue esa información que me diste lo que me hizo volver. Yo se lo conté a él, y él lo aplicó a mi favor. Creo que sí estaba desapareciendo, pero cuando escuché la voz de mi capitán llamándome, y luego la de Zoro, sentí mucha fuerza en mi interior.
La voz de Robin era tan tranquila como siempre, no parecía que estuvieran hablando de una situación de vida o muerte. Para cualquiera de las dos. La que perdiera. Celine se dio cuenta de esto en seguida.
-El hecho es que la única forma de vencerme es matándome querida, ¿Cómo piensas hacer eso?
Robin cerró sus ojos, y asintió en señal de acuerdo.
-Eso lo sé bien. Y ya que lamentablemente ahora gobiernas la mayor parte de mi cuerpo, solo hay una cosa que puedo hacer.
Celine apretó los puños y se inclinó hacia el frente gritando con todas sus fuerzas.
-¡No te atreverías! ¡No tienes las agallas para hacer tal cosa!
-Supongo que hasta aquí llegamos, Celine.
…
Zoro se quedó como piedra al ver lo que sucedía a continuación.
De nuevo surgieron brazos, pero esta vez, alrededor de ella.
¡Se estaba atacando a si misma! ¿Cómo podía ser eso?
Los brazos sujetaron su cuerpo y dos de ellos se dedicaron exclusivamente a sujetarle el cuello con fuerza. Y ella forcejeaba, quería liberarse, ¿De un ataque que ella misma provocaba?
Zoro envainó sus espadas y se fue directamente hacia ella, pero el cuerpo de Robin seguiía siendo agredido por sus propios ataques, miles de brazos surgían del suelo y la golpeaban o trataban de torcerla, mientras ella se retorcía furiosamente tratando de soltarse, pero sin lograr nada.
-¡¿Qué demonios haces?!- preguntó, desesperado, pues estaba ocurriendo justo lo que él no quería. Si aquello seguía de ese modo, terminaría matándose. A pesar de que la fuerza de Robin no era muy grande como para que los golpes fueran mortales, podían debilitarla. También se estaba estrangulando a si misma, y tratando de torcerse hacia atrás. Cualquiera de esas cosas podía hacer mucho daño, o en el peor de los casos, matarla.
-No te acerques, Zoro-san. Esto es entre ella y yo.
-¿Robin?
-¡No te sientas tan segura, pequeña perra! ¡No podrás detenerme con esto!
-¿Qué sucede?
Están luchando. Esto se ve así porque ambas habitan el mismo cuerpo, aunque creo que la arqueóloga está de acuerdo conmigo.
-¿A qué te refieres con eso?
Ella sabe que la única forma de acabar a Celine es matándola de nuevo. Y ya que están habitando el mismo cuerpo, el suicidio es la única alternativa para ella.
Zoro se puso tenso en seguida. No podía creer en las palabras de Mainery. Tenía que haber otro modo de ayudar a Robin.
Lo hay. Pero no quiero fallar otra vez.
-¿Quieres intentar otra vez lo de antes?
Sí, pero hay que esperar. Cundo esté suficientemente débil para que no pueda oponerse a mi ataque.
-Si fallas de nuevo- pensó Zoro- se matarán de verdad.
Lo lamento, Roronoa. Todo poder requiere de un sacrificio. Así funciona la hechicería que nosotros practicamos.
Zoro se detuvo en seco. Tenia que esperar el momento oportuno para acercarse, el momento en el que estuviera tan débil que no pudiera defenderse. Pero mientras tanto, ellas, Celine, Robin, seguían dañándose, y sabia que cualquier duda, o fallo, podría terminar con la vida de su nakama.
Los golpes no se acababan, y un fuerte remolino de aire comenzó a rodearlas, levantando el polvo a su alrededor. Zoro se estaba desesperando, aquello era demasiado para él, ¡No podía dejarla morir!
Se acercó a paso lento, pero se detuvo en seco cuando vio que los movimientos se detenían.
Ella, Robin o Celine, quien fuera, se puso de pie trabajosamente. Sus rodillas estaban dobladas y no lograba enderezar su espalda. Todo su cuerpo estaba maltrecho, su vestido estaba hecho tiras y su cabello lucía sucio y revuelto. Apenas logró levantar un poco la vista y sonreírle, cuando cayó de nuevo al piso.
Zoro corrió hacia ella, y sin dudarlo siquiera se dejó caer de rodillas a su lado y la sujetó contra él. No podía equivocarse, esa sonrisa, esa mirada, no era Celine, era Robin. Tenía que ser Robin.
-Mujer- susurró- ¿Te encuentras bien?
-Sí, Zoro-san- contestó ella trabajosamente- creo que lo logré, pero no puedo moverme más. Gracias por todo…yo…oí lo que dijiste, escuché tu voz.
Zoro se estremeció, y un dolor atravesó su pecho.
-Mainery, hazlo ahora, por favor.
No te garantizo que se salve.
-Sólo hazlo.
Sujetó a Robin con mucha más fuerza contra su pecho, y entonces sintió que se desprendía de él. sintió un frío muy fuerte helándolo de la cabeza a los pies, y de pronto el cuerpo de Robin también se estaba congelando, él sabía que aquello la iba a lastimar más, necesitaba fuerza para resistir, para vivir después de someterse a aquello.
De pronto sintió como las manos se aferraban a su ropa, y Robin soltó un grito desgarrador, Zoro solamente atinó a abrazarla con toda la fuerza que sus entumecidos y congelados brazos se lo permitían.
Nunca pensó que podía llegar a sentir algo así por Robin… ¿Porqué se dio cuenta en una situación así?
No podía perderla. No de ese modo.
El frío no se alejaba de sus cuerpos. El aire que se soltó a su alrededor era más fuerte que el anterior. Los envolvió con fuerza.
Creo que puedo acabar con Celine, Roronoa. Pero…lo lamento. Lo sé, no hay forma de que tu arqueóloga sobreviva.
No recibió respuesta.
Deberías estar orgulloso. Es muy valiente.
De nuevo no hubo respuesta. Zoro no soltaba a Robin, y ahora parecía estar dormido o algo así.
Mainery, entonces, hizo lo que tenía que hacer.
El frío aumentó, Zoro sentía el aire a su alrededor, oía gritos lejanos, ¿Acaso de Celine? Mientras tanto, las manos de Robin seguían aferradas a su camisa.
-¿De verdad es el final? ¿No hay nada que pueda hacer? ¿Robin? ¿Con llamarte por tu nombre basta? ¿O… puedo hacer un hechizo también?
Sus propios pensamientos lo sorprendieron, pero no se contuvo.
-¿Te puedo dar mi vida? Si ellos pudieron hacer lo que quisieron con nosotros, ¿No podemos hacer lo mismo? ¿No puedo cambiar mi lugar por ti? Pese a todo lo que creas…Robin…mereces vivir.
Las manos de Robin se aflojaron. Zoro reaccionó, se separó para verla bien, aún con el aire dando vueltas a su alrededor, la cabeza de la morena caía hacia atrás, sin fuerza. Zoro se acercó, trató de buscarle el pulso, de sentir su respiración, pero nada. Ni siquiera temblaba por el frío tan grande. ¿O es que ella ya no lo sentía?
Desesperado, Zoro no pudo más que abrazarla de nuevo.
-Solo aguanta, por favor. Esto no puede acabarse así, tienes un sueño igual que yo, esto no se acaba aquí, ¡Robin! ¡Robin, esto no se acaba aquí! ¡Tienes que vivir, Robin!
Poco a poco, la debilidad se apoderó de él.
Sintió que tenía que dormir, era como si algo en su interior se lo ordenara. Él no era el tipo de hombre que acatara órdenes que no fueran de su capitán, pero no pudo oponerse por mucho.
Igualmente, no soltó a la arqueóloga. Cayó de espaldas, con ella encima.
-Gracias por todo, Espadachín-san.
Continuará…
Y nada, el próximo es el último. Aparte de eso, nada de spoilers :)
Saludos!
Atte Yereri Ashra
