Los rayos de sol iluminaban tenuemente el rostro de Ciel, quien con pesadez abría sus hermosos ojos azules, un poco aturdida su mente confundía la realidad con la terrible pesadilla que había tenido.

-Una pesadilla... Parecía tan real... Murmuraba el joven para sí mismo, estando solo en su gran cama cubierto con las suaves sabanas, de repente sintió una angustia en su corazón, y la imagen de su demonio que lo sometía con fuerza, recordaba sus ojos que no tenían la mirada dulce y amorosa cuando estaban juntos, a cambio estaba esa mirada perversa llena de malicia con un destello que maligno que le asustaba, todo su semblante lo combinaba con esa mirada, sin notarlo unas amargas lágrimas rodaron por sus pálidas mejillas. Sollozaba al darse cuenta que esa terrible pesadilla había sido una dolorosa realidad, la sensación de que su cuerpo fue maltratado por ese ser al que había prometido su amor, comenzando a llorar sin consuelo alguno trataba de levantarse, aun un poco adolorido con esfuerzo lo hizo, recordaba con sus pasos como había hecho lo mismo en la madrugada anterior, caminando un poco más recordó que había vomitado no tanto por los malestares que tenía sino que se sentía asqueado de sí mismo, entonces recordó todo aquello de forma tan real, que se arrodillo en el suelo llorando, escuchando que alguien abría la puerta, decidió ir a encerrarse al baño, lo que menos quería era ver a ese demonio, que lo humillo de esa manera, pero le costó trabajo apenas levantarse quedándose sentado en el suelo sintió a Sebastian de pie frente a él.

-Ciel... no sé qué debería decir... no puedo explicar con palabras lo arrepentido que estoy... Perdóname, amor... Decía con tristeza el demonio tratando de abrazarlo

-No quiero verte... Vete, por favor... Exclamaba Ciel conteniendo las lágrimas, empujando con sus fuerzas a Sebastian.

-La culpa consume mi ser, por favor no me rechaces, no quiero perderte, no sé qué me ocurrió... Hablaba el demonio con tristeza y arrepentimiento, mientras se alejaba de Ciel.

-Quiero estar solo por ahora... Entiéndelo... Habló en voz alta el pequeño aun sin dirigirle la mirada a su amado a quien solo veía los pies.

-Es que no quiero verte así... Deja que te acompañe... Exclamaba el demonio agachándose para consolarlo.

-No quiero estar contigo por ahora, no ruegues más y lárgate... Gritó el joven levantando la mirada para dirigirle sus ojos azules llenos de coraje.

-Está bien, entiendo... Te llevo a la cama, te dejare alimentos aquí, come algo por favor... El demonio le dolió aquella petición pero aun así sabía que era natural que su pequeño se sintiera así.

-Puedo ir solo... ya vete... Le dijo empujándolo cuando le ayudaba a tratar a levantarse.

-Como digas... Lo lamento tanto, no quise lastimarte, he luchado con todas mis fuerzas por no hacerte daño, pero al final solo soy un vil demonio, que se sacia del dolor... Perdóname, lo digo sinceramente... Dijo el demonio con un hilillo de voz totalmente arrepentido aquello conmovió al joven a pesar de todo lo amaba.

-Sebastian... Susurró el joven levantando la mirada veía a su amado salir, una gran tristeza invadió todo su ser, llevándolo a la desolación absoluta, las lágrimas que había contenido en esa corta conversación salieron todas en un llanto conmovedor, las palabras de Sebastian parecían sinceras, Ciel se levantó llegando a su cama se recostó en ella con pesadez, reflexionando sobre esas palabras, trataba de comprender lo sucedido anoche, en que ciertamente su demonio parecía poseído por algo que no era él, o ese era en realidad él, ya no lo entendía, pensando en todo lo que habían pasado juntos en los últimos meses, su corazón estaba cediendo en mostrarse benevolente con ese ser que parecía de verdad arrepentido. Mientras tanto que el de mirada azulina pensaba, el demonio hacia lo mismo, se sentía impotente, un coraje a si mismo lo consumía, la culpa le carcomía por entero todo su ser, el había prometido estar junto a él, para amarlo y protegerlo de todo mal, que nada ni nadie lo lastimara, ahora era el quien lo había lastimado, con lo sucedido en la noche lo peor era que ya parecía haber perdido el autocontrol, por mucho que lo amara no podría asegurarle que no lo seguiría lastimando, aun temía que en algún momento le quitaría la vida, solo pensar en eso una gran angustia inundó todo su ser, sentía un nudo en la garganta, que quería de algún modo desatar, saliendo de prisa de la casa, se dirigió al pueblo cercano, a plena luz del día comenzó sin razón alguna arrebatar la vida de quien pasaba por ahí, estaba frustrado, quería desahogarse, mientras la sangre salpicaba a su alrededor y el grito de las personas aterrorizadas, resonaban en el ambiente, el demonio no veía a quien mataba solo lo hacía por satisfacer lo que su ser reclamaba, mientras murmuraba con dolor algo para sí mismo. Ciel... te amo, pero esto es lo que soy... Perdóname... decía una y otra vez en voz baja cuando como enloquecido tomaba esas almas que a su paladar le parecían insignificantes. Recordó a su pequeño con una sonrisa esa dulce imagen cruzaba su mente, como amaba la sonrisa de su pequeño, era tan dulce e inocente, detuvo su inesperada cacería de almas, alejándose rápidamente todo manchado de sangre al hogar que había formado con su Ciel.

-Sebastian... ¿Qué sucedió? ¿Por qué estas así? ¿Estas herido? Preguntó el joven con preocupación al ver entrar a Sebastian todo ensangrentado, pues había decidido perdonarlo pero al bajar a buscarlo no lo había encontrado así que decidió esperarlo.

-Respóndeme... Exclamó el joven acercándose a Sebastian que no hablaba palabra alguna.

-¿Cómo puedes preocuparte por mí, cuando te he lastimado?... Preguntó con tristeza el demonio

-No digas eso, lo he pensado y creo que si ese es el precio por estar a tu lado, lo aceptare... Eres mi demonio y te amo... Respondió Ciel con sinceridad, aun todo ensangrentado lo abrazó.

-¿Eres masoquista?... Preguntó con sarcasmo el demonio sin romper el abrazo.

-No lo soy... Solo que estaré contigo hasta el fin... Respondió el menor con decisión.

-No sabes lo que dices, ¿Sabes de que es esta sangre? Hablaba el demonio separándose de Ciel que estaba también todo sucio de sangre, el menor sabía perfectamente de quien era esa sangre, prefirió callar.

-Es de las personas que acabo de matar, creo que fueron unas diez... Esto es lo que soy... Respondió con una sonrisa sarcástica el demonio.

-Y así te acepte, no me importa ahora eso... Decía el joven tratando de acercarse a su amado.

-He decidido que lo mejor será que te alejes de mí... Tienes derecho de vivir una vida feliz yo solo te hare sufrir... Hablaba el demonio alejándose de Ciel.

-No... Porque tú me amas... nos amamos... Yo no puedo vivir una vida feliz si tu no estas a mi lado… Confesó con desespero el joven viendo fijamente a su demonio.

-¿Te amo? Los seres como yo no podemos sentir amor, creí que te amaba pero en realidad creo que nunca lo hice... Exclamaba con algo de sarcasmo tratando de ocultar la realidad de que el lo amaba con todo sus ser.

-No digas algo así, solo estas un poco alterado por lo que sucedió anoche, comprendo que no fue tu culpa tu nunca me harías daño... Te perdono, volvamos a nuestra vida normal... no me digas que no me amas... no lo digas por favor... Decía el joven al borde del llanto.

-Te hice daño Ciel... ya nada puede ser normal... y lo he decidido, será mejor que regreses con tu familia... vuelve y se feliz con ellos, sabes que tienes un lindo hermanito tiene pocos días de haber nacido... Le contaba con melancolía el demonio.

-¿Que dices? No puedo irme ahora así... después de todo lo que hemos vivido juntos, de lo mucho que nos amamos... Mi hermanito, con qué cara me presentaría a él, el necesito un ejemplo a seguir no alguien como yo, mis padres seguramente no me han perdonado los he hecho sufrir mucho. No volveré… Exclamaba con palabras rápidas el joven.

-Es lo mejor Ciel, si no te vas tu...de todas formas yo me marchare, ya está decidido... No quiero estar a tu lado... Confesó con frialdad el demonio, dándole la espalda a su pequeño.

-me amas demasiado que te da miedo lastimarme ¿Verdad? Acertó a decir Ciel, aquello era verdad eso hizo sucumbir al demonio.

-no es eso... simplemente no quiero estar a tu lado, fuiste un buen humano al ser tan comprensivo y amoroso con este demonio y eres muy afortunado al que un demonio le está dando la oportunidad de vivir... Hablaba mirando fijamente a su niño, que no creía ni una palabra de la que decía su demonio.

-Entonces... mátame ahora... Ya te lo dije mi vida no tiene sentido sin ti a mi lado... Gritó el joven acercándose a su demonio y tomarlo por la camisa con fuerza.

-Que estúpido eres... Ciel, vete puedes rehacer tu vida sin mí... no hagas esto más difícil... Hablaba el demonio mirándolo fijamente con frialdad.

-Tú no te acobardes, si me amas de verdad, pasaremos esta prueba... Decía el joven tratando de convencerlo de lo equivocada de su repentina decisión.

-Tú no entiendes... Decía con un suspiro de resignación el demonio.

-Mírame a los ojos y dime que no me amas, Ciel hablaba con seguridad tomándole el rostro a su amado.

-No te amo, solo disfrute de tu cuerpo... nunca había estado con un humano tan pequeño y candente como tu... Solo me apegue a tu cuerpo y lo bien que me hacías sentir... Confesó el demonio con una enorme sonrisa sarcástica, aunque cada palabra era mentira.

-Ahora dices eso… Gritaba Ciel con dolor encarándolo por todas esas mentiras.

-Debo ser sincero entonces, siento por ti un verdadero aprecio como el de un humano a una mascotita con la que le gusta jugar, pero cuando te aburres lo haces a un lado, porque sientes algo de aprecio por él. Eso no es amor... Decía el demonio tratando de ocultar sus verdaderos sentimientos.

-Está bien, me voy entonces... Me iré mañana a casa... Antes de eso quiero que esta noche nos despidamos como debe ser... Quiero que juegues conmigo por última vez, con esta tu mascotita... Decía con firmeza el pequeño mirándolo fijamente sin duda alguna.

-Como quieras... Susurró el demonio dándole la espalda caminando en su interior sentía que todo se desmoronaba, su frio corazón se rompía en mil pedazos ante esa decisión, pero ya la había tomado no había marcha atrás, era preferible de este modo, aunque ambos sufrirían por lo menos Ciel tendría la oportunidad de ser feliz, así sea lejos de él.

-Sebastian... Susurró con tristeza el joven al ver a su demonio caminar alejándose de él, sentía su ser desvanecer y un gran dolor invadió su corazón, decidió caminar a su habitación con lágrimas en sus ojos, todavía teniendo la esperanza que todo aquello fuera una decisión precipitada, pero en la noche haría lo posible por hacer cambiar de opinión a su amado, nada le costaba intentarlo, en el fondo de su corazón sabía que esas palabras de Sebastian eran mentira. Pasaron las horas y ambos no se vieron en todo el día, se preparaban para esa supuesta despedida, llegando la noche, , Ciel que había permanecido en su habitación, vestido con una pijama esperando que en cualquier momento entrara su amado, cuando escuchó la puerta abrirse vio la figura alta de su demonio entrar lentamente escuchó tronar los dedos de él y de inmediato toda habitación se oscureció iluminándose solo con la luz de muchas velas alrededor, el piso y la cama donde él estaba sentado mirándolo con expectativa se llenaron de cientos de pétalos de rosas combinadas de blanco y negro, dando una monocroma imagen, el demonio se acercó lentamente a Ciel, arrodillándose frente a él tomando una de sus manos lo miraba fijamente a sus expectantes ojos azules.

-Sera una larga despedida... Decía el demonio al ver en la mirada de Ciel la tristeza de una despedida, de esa última noche que pasarían juntos.

-O un hermoso comienzo... Respondió el joven algo esperanzado de que Sebastian cambiara de opinión.

-No, Ciel... no te ilusiones, si crees que podrás convencerme para cambiar de opinión, si es así será mejor que me vaya... Hablaba seriamente Sebastian que trataba de aparentar que todo aquello no le afectaba

-Estás hablando en serio... Este es un adiós... Habló el pequeño con la voz quebrada al ver que todo iba en serio con los ojos llorosos.

-Sí, mi amor... Es un adiós... Respondió el demonio con sutileza tampoco quería ser cruel con aquel que tanto amaba.

-Di que me amas y entonces aceptare este adiós con todo el dolor de mi alma, sé que te alejas de mí solo porque me amas, no me engañas. Hablaba seriamente Ciel acariciando dulcemente el rostro de su amado que sentía su ser sucumbir ante esta caricia.

-Si quieres creer eso, entonces lo hare, pero mañana mismo te llevare a casa con tus padres. Respondió el demonio ocultando sínicamente sus sentimientos cuanto hubiera deseado decirle que todo esto de la separación era una tontería, una seria estupidez, pero no podía por más que quisiera no podía.

-Te amo Ciel, te amo tanto... Susurraba el demonio con dolor, esas palabras ahora le dolían en lo más profundo de su ser, el joven entendió que todo aquello pasaría se separarían pero por amor, por un verdadero y profundo amor, sintiendo como su amado lo abrazaba fuertemente.

-Yo también te amo mi Sebastian, mucho que me duele todo esto... Ambos juntaron sus labios en un nostálgico beso, podían sentirse como sus seres se estremecían ante ese inusual contacto, lentamente el demonio recostaba al más joven que se abrazaba con fuerza al cuerpo de su amante, sentía como sus lágrimas brotaban con dolor, esa sería una dolorosa despedida y apenas empezaba.

-¿Te sientes bien? Preguntaba Sebastian con un poco de preocupación, se notaba que Ciel aún no se encontraba bien estaba un poco agripado y aun parecía que le dolían las caderas.

-Sí, no te preocupes por mí ahora... Exclamó el joven con tristeza, mirando fijamente a su demonio, besando con delicia esos labios que tanto amaba besar, Sebastian correspondió ese exquisito beso, podía sentir como vibraba el alma de Ciel, esa alma que era la causa de su separación, pero que a la vez amaba con todo su ser, con fuerza calmaba sus propios instintos si iba a hacerle el amor por última vez a ese niño que sea una experiencia llena de cariño y ternura.

-¿Por qué te contienes? Hazme el amor, como lo hiciste anoche, si muero que sea entre tus brazos... Hablaba Ciel con determinación en su voz mirando fijamente a su demonio.

-No digas eso, piensa en mí también, como crees que me sentiría si llegara a matarte... Respondió con cariño y una pequeña sonrisa Sebastian ante la insinuación de su pequeño.

-Me amas de verdad, entonces... Contestó el joven con una sonrisa al escuchar esa respuesta llena de amor aunque el demonio tratara de negarlo se notaba lo que sentía por él, haciendo incomodar a Sebastian, que ahora trataría de negarlo.

-Yo no... Exclamó el demonio pero no alcanzó a terminar su frase pues los labios de Ciel lo callaron con un profundo beso, a lo que el demonio no pudo resistirse, besándose con locura ambos cuerpos sucumbían ante el amor y dolor, una combinación que solo los lastimaba en su interior, cada beso era exquisito se devoraban con lujuria, a la vez que recordaban los tantos besos que se habían regalado desde que se habían conocido. El demonio que controlaba su ser y sus ansias de poseer tan deliciosa que ahora estaba más exquisita que nunca, besaba el delicado cuello del joven mientras lentamente desprendia sus prendas, a los pocos segundos dejándolo desnudo y jadeante sobre la cama, comenzando a besarlo con detenimiento cada espacio de su calida piel, no quería dejar ni un centímetro que sus labios no hubieran besado y acariciado pues sus manos lo tocaban con sensualidad mientras en su mente se grababa cada detalle de ese frágil cuerpo que estaba retorciéndose de placer entre las sabanas al sentir esas caricias y besos que lo hacían vibrar. El pequeño con una mirada le ordenó que también se deshiciera de esa molesta ropa, el quería apreciar el cuerpo desnudo de su amado, sin dudarlo el demonio rápidamente se desprendió de todas sus prendas, quedando desnudo sobre su pequeño amante, que sentía esa piel tocar la suya, como muchas veces la había sentido, por su mente pasó una pregunta ¿Qué extrañaría tanto sentir ese cuerpo sobre el suyo, esas caricias y besos? Pensar en un futuro sin aquello, le hizo sentir una desolación que se manifestó en una lagrima de incertidumbre. Esto fue notado por el demonio, quien pensaba lo mismo, sentía que casi podía leer el pensamiento de su pequeño, para acallar esa incertidumbre regresó a los labios de su Ciel regalándole un beso lleno de pasión, mientras lo abrazaba frotando sus miembros entre si con fuerza en ese abrazo, el menor estremeció ante este contacto sentía esa fricción más profunda separándose de ese beso, gemía de placer al oído de su amante que devoraba su cuello con besos y lamidas sensuales.

-Ahhh… Sebastian… Gemía Ciel cuando sintió que el demonio lo tomó para sentarse ambos en el centro de la cama en un rápido movimiento, acomodándose el pequeño sobre las piernas de su amado enredando sus débiles brazos al cuello de su amante, juntando sus labios en un fogoso beso, el demonio con sus traviesas manos acariciaba toscamente el trasero de Ciel, en un movimiento sensual que hacía que sus miembros rozaran entre sí.

-Ahhh… Gimió roncamente el demonio al sentir como el falo de Ciel se levantaba, haciendo que el suyo también se erigiera, siguiendo en ese beso, el mayor decidio preparar la entrada de ciel que estaba cálida ansiosa de sentirlo, introduciendo lentamente dos dedos en esa cavidad que estaba ya humedecida, sintió como el menor se abrazó con fuerza a él, al parecer todavía sentía un leve malestar en esa zona.

-Te amo… Susurró el joven en medio de su molestia, abriéndose un poco de piernas sobre las piernas del mayor, comenzó a moverse lentamente al compás de esos dedos, con sus manos comenzó a estimular ambos miembros, ambos buscaron desesperados sus labios uniéndolos en un beso, en medio de la leve oscuridad, solo se escuchaba sus respiraciones agitadas, y el sonido de sus húmedos miembros que se rozaban entre si con rudeza, con una mano el joven quitó los dedos que le invadían, con un empujón recostaba al mayor sobre la cama, el sabía lo que planeaba su pequeño ya anteriormente lo habían hecho, Ciel comenzó a auto penetrarse en el miembro erecto y húmedo de su amante que al sentir como esa cálida y húmeda cavidad acogía su miembro, lo hizo gemir en alto, el menor con un poco de dolor, logro atrapar casi en su totalidad a ese falo que tocaba lo profundo de su ser, comenzando a moverse lentamente, el mayor estaba extasiado, en esa posición podía ver claramente el rostro de Ciel todo sonrojado, perlado por el sudor, su boquita entre abierta jadeaba, con los ojos cerrados que por momentos abría para contemplar a su amante, el demonio con una mano estimulaba toscamente el falo erecto de ciel que clamaba por atención, con la otra acariciaba sus caderas y a la vez le ayudaba para que mantenga el ritmo, en el calor del momento Ciel gemía alto por el placer, comenzó a moverse más rápido apoyando sus pequeñas manos sobre el abdomen de su amado, lo cabalgaba sin control, haciendo a ambos gritar de placer, Ciel estando perdido en el más prohibido placer que jamás había experimentado antes de conocer a Sebastian, comenzó a levantarse y sentarse bruscamente, sobre el miembro mojado de Sebastian que gemía sin dejar de consentir el miembro de Ciel, ese movimiento hacia resonar en la habitación los testículos de ambos chocar bruscamente, aquello solo los alentaba a pedir más, las embestidas que el pequeño se daba jugando con ese vigoroso miembro lo estaban llevando a tocar lo más profundo de su ser, sintiendo como el orgasmo ya se aproximaba, el demonio vio que Ciel se estaba excediendo si seguía actuando bruscamente aunque era placentero y delicioso podía lastimarse, Sebastian en un rápido movimiento empujó a su pequeño quedando ahora el recostado sin salir de su interior, comenzó a embestirlo con delicia y lujuria.

-¿Qué haces? Yo… quería… terminar… sobre… ti… Decía molesto el pequeño con dificultad mientras era embestido por el demonio que ahora estaba sobre él.

- No quiero que… te lastimes… Hablaba con dificultad el demonio embistiéndolo con profundidad, calmando al pequeño con un beso profundo que casi les impedía respirar, aumentando las embestidas el orgasmo para ambos se aproximaba, mientras entre besos gemían, Ciel no dejaba de decirle cuanto lo amaba, cuando sintieron a la vez ambos una corriente atravesar sus cuerpos sus esencias salieron profusamente de sus miembros alcanzando ese orgasmo por demás intenso y exquisito, gritando por el placer que los consumía por igual se abrazaron y se dieron un beso, mirándose fijamente se retorcían de placer entre las sábanas blancas, los pétalos de la habitación parecían revolotear a su alrededor.

-No salgas… quiero seguir… Dijo con la respiración agitada el joven cuando sentía que su demonio se disponía a sacar su miembro de la entrada de Ciel que estaba toda mojada por la eyaculación del demonio, de inmediato Ciel comenzó a moverse enredando sus delgadas piernas a la cintura de Sebastian.

-Quieres que sigamos… Hablaba el demonio moviéndose lentamente al compás del ritmo de caderas de Ciel, que parecía cansado pero aun así quería seguir.

-Apenas empezamos… Comentó con una sonrisa traviesa Ciel, enredando sus brazos al cuello de su amante que lo veía sorprendido, atrayéndolo para besarlo apasionadamente, asi siguieron por una hora más, a pesar de que Ciel ya desvanecía de cansancio, por algún motivo no quería que la noche acabara.

-Ahhh… gimieron ambos sintiendo ese nuevo éxtasis de placer consumirlos, Ciel ya no podía más los ojos se le cerraban de cansancio en esa madrugada, recostándose a lado de su amado, se abrazó a él con todas las fuerzas que le quedaban.

-Nunca olvides que te amo… Sebastian Michaelis… Susurró el joven quien el cansancio le vencía no quería dormir quería que la noche fuera eterna que no llegara el mañana, ese mañana que estaría solo sin su Sebastian, pensando en eso unas lágrimas rodaron por sus sonrojadas mejillas, mojando el pecho de su amado, que se abrazaba también al débil cuerpo de ese niño que tanto le había dado, una tristeza le invadía, a la vez luchaba por no tomar su alma que seguía vibrando con calidez cerca de él, solo apretaba los labios conteniéndose, cuando sintió que su pequeño se había dormido comenzó a entonarle en voz baja una canción de amor que Ciel le había enseñado, más bien se la había dedicado, aunque era de unas cortas líneas encerraba tanto sentimiento, la repetía una y otra vez con la voz llena de tristeza, arrullándolo durante el resto de la noche que les esperaba.

Era casi cerca de las 10 de la mañana, Ciel se despertó abriendo sus ojos con pesadez estaba con su pijama y aseado como si nada hubiera pasado la noche anterior, esperaba amanecer junto a su amado pero este no estaba, eso le entristeció mucho, pero su corazón se detuvo cuando vio las maletas preparadas junto a la puerta. Se levantó de la cama con el corazón a punto de romperse, fue al baño y a cambiarse de ropa, en unos minutos estaba pensativo sentado en la cama a que su demonio viniera a verlo.

-Ya es hora de irnos... Habló el demonio desviando la mirada, fingiendo que nada le pasaba sentía el dolor atrapar todo su ser, el pequeño al escuchar eso solo agachó la mirada tratando de contener las lágrimas.

-Te dejare en la estación y será la última vez que nos veamos... Este cruel y sucio demonio no volverá a verte... Decía con resignación el demonio, acercándose a Ciel.

-Te amo, te amo... Te amo... no me dejes ir... Gritaba Ciel en medio de un llanto desgarrador, abrazando con fuerza a su Sebastian, él sentía su ser desmoronarse ante esta suplica.

-No hagas esto difícil Ciel... por favor... Decía el demonio aparentando ser fuerte cuando su ser estaba muriendo también.

-Lucha por nuestro amor... Exclamaba Ciel sin separarse de su amado.

-No puedo... Respondía el demonio tratando de apartarse de Ciel.

-Inténtalo... si quieres lo hare por los dos... Rogaba el pequeño con lágrimas de dolor.

-No... Exclamaba el demonio con un quebranto en su voz.

-Me iré… pero sé que volverás a mi lado, lo sé... Decía resignado Ciel, aun llorando sin dejar de abrazar, el demonio al escuchar esas palabras tomó del rostro a Ciel, separándolo levemente de su cuerpo, viendo su rostro todo mojado y sonrojado, no dejaba de sollozar.

-No vivas de falsas esperanzas... adiós Ciel... Te amo... Susurró el demonio sobre los labios de Ciel, dándole un pequeño beso le dio un golpe en la nuca cayendo en la inconciencia el pequeño, lo último que vio fue la triste y nostálgica sonrisa de su demonio.

Pensamiento de Ciel Phantomhive

Desde el día que desperté en mi cama de mi antigua habitación en la casa de mis padres, mi vida ha sido tan triste y sin sentido, en este mes de julio, a casi un año desde que me despedí de Sebastian me encuentro rodeado de mi amada familia, quien al comienzo les costó bastante perdonarme por haberlos hecho sufrir, pero con el pasar de los días me aceptaron nuevamente, además vieron que sufría porque precisamente fui abandonado por quien se suponía me amaba, ahora mi única alegría es mi pequeño hermano es quien de alguna manera me ha ayudado a sobreponerme, veo su mirada igual a la mía, es como verme en un espejo más pequeño, es idéntico a mí en lo físico, tiene mis rasgos, cabello es como yo, mi pequeño Mathew como quisiera protegerte de los dolores y sufrimientos de la vida que pasaras en un futuro.

-Ciel, Mathew vengan acá... Gritaba mi madre saliendo al jardín donde ayudaba a mi hermanito dar sus primeros pasos.

-¿Que sucede, madre? Pregunte a mi madre tomando en mis brazos a mi pequeño Mathew, caminaba directo a ella.

-Nada... Solo quería abrazarlos... Los amo tanto... Exclamaba emocionada mi madre que nos abrazaba a ambos, mi hermano comenzó a llorar por ese efusivo abrazo, yo sonreía ante esto, aunque trataba de aparentar que me encontraba bien llevando una vida normal, a mi corta edad estaba con una fuerte depresión, que creo que mi madre sospechaba por eso se mostraba cariñosa conmigo, aunque yo trataba con todas mis fuerzas de sobreponerme, sentía ese vacío en mi ser, aun con la separación, anhelaba a Sebastian a mi lado, esperaba que en cualquier momento llegara a mi habitación y me llevara lejos como lo había hecho antes, lo único que lograba era que no pudiera dormir por las noches, y cuando cerraba los ojos lo veía en mis sueños, pero siempre terminaba en una horrible pesadilla, estaba enloqueciendo.

-Cada vez que me besabas

Temblaba como un niño

Coleccionando las rosas

Le cantábamos a la esperanza

Tu gran voz esta en cada latido de mi corazón

Más dulce que mi sueño

Estábamos ahí, en la eternidad de la flor.

En estos días a finales de agosto mi salud ha decaído creo que la tristeza ha sucumbido mi ser, no soy el Ciel de antes, este amor me está matando, tengo grandes ojeras como evidencia de mis insomnios y desvelos, mi padres me ruegan que me levante que no me deje morir lo dicen con lágrimas mientras me abrazan, mi tía viene y me revisa, habla conmigo es la única con quien puedo desahogarme ella conoce todo mi sentir y dolor, mis esperanzas que desvanecen cada día, trata de animarme con palabras comprensivas, pero todo es en vano. No quiero ser un problema para mi familia, no quiero angustiarlos más, para ayudarme a dormir mi tía me ha recetado unas pastillas para que concilie el sueño se le has pedido a su amigo Lau, son muy buenas duermo tranquilamente por horas, solo cuando duermo me siento bien, creo que me he vuelto adicto a esas estúpidas pastillas, tanto así que he salido al centro solo a comprar más sin que mis padres lo noten. He tomado una decisión al ver que ha pasado el tiempo y Sebastian ciertamente cumplió su palabra pues no ha regresado, no creo seguir esperando.

Cada vez que tu me besabas

Mi corazón estaba en tal dolor

Coleccionando las rosas

Le cantábamos a la pena

tu gran voz esta en cada latido de mi corazón

Mas dulce que la desesperación

Estábamos ahí, en la eternidad de la flor

Escribo en mi pequeño y secreto diario, lo llevo a mi escondite donde nadie conoce su ubicación, más que Sebastian, llegando la noche tomo esa paquetito de pastillas, las comienzo a tomar una por una, de repente el sueño me invade cerrando mis ojos lo último que puedo ver es a mi amado Sebastian con esa sonrisa y mirada hermosa que me enamoró desde que lo conocí en ese pasillo un día de diciembre, mientras escuchaba en mi mente su dulce voz susurrándome Te amo.

No deseo olvidar,

Deseo olvidar,

Solamente,

Solamente estar quieto

Deseo seguir durmiendo...

Alguien que me diga

la razón por la que nací.

Detrás de mis parpados

solamente flotas

Ah ¿Quien soy yo?

Oye ¿Quien soy yo?

Pensamiento de Sebastian Michaelis

Desde que lo deje dormido fuera de la mansión de sus padres, no lo he vuelto a ver, no he visto a mi amado Ciel, recuerdo que ese día por primera vez en mi cruel existencia una fría lagrima rodo por mi mejilla, cuando le susurraba que lo amaba, viendo por última vez vi su triste rostro dormido me aleje de él con la esperanza que rehiciera su vida sin mí a su lado, desde ese dia me escondí en las profundidades del infierno por largo tiempo, solo en el infierno el tiempo pasa más rápido que en el mundo real, pero igual todo pasaba lentamente para mí, era una tortura, cuantas veces me contuve de ir a buscarlo, más cuando recordaba sus dulces besos y caricias, esa sonrisa y mirada que me llenaban de calidez, creo que pasado más de un año desde que nos separamos, por primera vez hoy en este día de octubre, salgo al exterior y nada parece haber cambiado, con algo de nostalgia me contengo para ir a buscarlo pero me es imposible, casi corriendo llego a Londres, de inmediato me encamino a la mansión Phantomhive, necesito verlo aunque sea de lejos.

Llegando a la mansión en la oscuridad de la noche puedo ver con algo de extrañeza que esta toda oscura, como si nadie viviera ahí, me acerco con recelo para asomarme a la ventana, ciertamente no hay nadie todo en su interior está cubierto con sábanas blancas, pienso entonces que se han ido de viaje, voy al centro a averiguar donde podrían estar, alguien deberá saber es una familia renombrada así que su vida está a la luz pública, entro a un bar pidiendo una copa de vino le pregunto al cantinero.

-Amigo, sabe estoy con curiosidad soy un viejo amigo de los Phantomhive me fui al extranjero hace más de un año, hoy regreso y me llevo la sorpresa que no están en su mansión, ¿Podría decirme si se han ido de viaje o a cambiado de residencia? Hablo con amabilidad tocando mi copa, mientras afuera comienza a caer una leve llovizna.

-Usted es su amigo, acaso no se ha enterado... Me dijo un poco receloso el cantinero, desde ahí comencé a sentir una presión en mi pecho sospechaba que algo no andaba bien.

-¿De qué debería enterarme? Pregunté tratando de estar tranquilo pero la angustia parecía aumentar en mi interior.

-Bueno, creo que esto será algo inesperado para usted y podría afectarle ya que usted es amigo de ellos. Dijo en medio de un suspiro de resignación ese hombre, llenando mi copa.

-dígame de una vez... Exclamé con un poco de desespero.

-Pues ellos se han mudado creo que esa mansión los llenaba de dolor, su hijo murió hace unas semanas. Aquellas palabras hicieron que mi corazón se detuviera de repente, sentí que el aire me faltaba, todo mi ser se estremeció de dolor.

-Ciel... Susurré con angustia, y una gama de recuerdos de él inundaron mi mente de forma cruel y dolorosa.

-Sí, así se llamaba el pequeño, fue muy triste una noticia muy conmovedora... ¿quién a sus 13 años se quita la vida? Hablaba el cantinero yo no escuchaba bien lo que decía, trate de negarlo en mi mente y corazón todo debía ser una mentira una trampa tal vez para que no me acerque a él nuevamente.

-Ciel... Ciel... Salía deprisa de aquel bar con el corazón destrozado, sentía una angustia tan grande en mi ser, la lluvia me acompañaba en mi desesperación, aquello tenía que ser mentira, mi Ciel no podría estar muerto, ese dolor tan profundo hizo que mis ojos ardieran un poco, cuando sentí que unas lágrimas salían de ellos que se mezclaban con las gotas de lluvia que caían a mi rostro mientras cruzaba con mi velocidad demoniaca el camino hacia su mansión.

-¿Que hice? ¿Qué hiciste Ciel? Susurré con un quebranto en mi voz, en mi mente resonaba su sonrisa, la imagen de su dulce rostro no se apartaba de mi mente, llegando a la mansión nuevamente, me dirigí al pequeño cementerio que tenían los Phantomhive en su inmensa propiedad, con temor me acerque a una tumba reciente no la había visto antes cuando me la había mostrado Ciel hace meses, con dolor me arrodille frente a ella, estaba cubierto el mausoleo con tierra mojada por la lluvia, con incertidumbre y tomando fuerza con un suspiro, mi mano temblaba, con mis labios susurraba deseando que no fuera el nombre de mi Ciel que estuviera ahí, al esparcir mi mano sobre la tierra, y descubrir lo que decía al leer Ciel Phantomhive, amado hijo, murió a los 13 años.

-Cieeeeeeeeellllll... en medio de un grito desgarrador lo llame con todas mis fuerzas, tirándome sobre esa tumba lloraba desesperadamente aferrándome a sobre ella como deseando que mis lágrimas lo trajeran a la vida nuevamente.

Bajo las estrellas

Oscurecida por las flores

Besame en el penumbroso día de verano, mi amor

Eres toda mi voluntad

Mi esperanza y mi canción

Estaré ahí, soñando con el pasado

Hasta que llegues

Hasta que cerremos nuestros ojos