Disclaimer: Los personajes de SnK no son de mi propiedad, pertenecen a Isayama Hajime y yo solo decidí escribir esta historia utilizándolos.
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Capítulo 11: Plein.-
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Era el tercer día consecutivo que veía a esa mocosa en su casa. Aunque ayer Eren la había rechazado y luego la había ido a dejar a un coche para que se fuera a donde sea que se estuviera hospedando, la maldita mocosa no había tardado ni veinticuatro horas en volver. Le molestaba que fuera tan insistente con Eren, le daba rabia que éste no dijera nada al respecto y la tratara como una amiga, como si no supiera que estaba enamorada de él. Por lo mismo, esa noche tampoco dormirían juntos.
Erwin notó que el semblante de su amigo se oscureció de un momento para otro. Acaba de llegar y no tenía idea de qué estaba ocurriendo, Rivaille lo había ido a recoger a la puerta y solo se había mantenido en silencio todo el trayecto hacia el comedor, donde usarían la mesa puesto que necesitaban mucho espacio. Luego notó algo fuera de lo común, una extraña voz que no había escuchado antes y se detuvo para volver atrás y mirar por el arco que daba a una pequeña salita de estar. Allí estaba la muchacha de cabellos negros y modos gráciles, vestida con una exquisita yukata de colores oscuros que hacían contraste con su piel.
—Rivaille —llamó a su amigo y éste se detuvo de inmediato, casi dando un brinco, el maldito de Erwin la había visto —¿Quién es ella? ¿Y qué hace con Eren? ¿Están jugando a tomar el té?
—Cállate.
—Solo digo que le está sirviendo té a Eren. Se ven muy apegados ¿es su amiga? —preguntó. Si Erwin Smith tenía un defecto, este era ser demasiado curioso, y con esto, también algo tosco con sus preguntas.
—Era su prometida —respondió Rivaille bastante tranquilo.
No era como si no le importar, pero si lo demostraba frente a Erwin estaba totalmente perdido, por lo que solo se encogió de hombros y volvió a caminar. Era bastante natural que tu pareja pase tardes charlando con sus ex en tu casa.
—¿Y no sientes un poquito de celos? —volvió a inquirir Erwin, llevando una mano a su propio hombro y mirando hacia el lado contrario —Tal vez no tienen que ser celos que maten, pero al menos un poco de preocupación. De todas maneras, ellos tenían algo, puede que no sentimental pero…
Un gritó proveniente del mismo salón en donde estaban Mikasa y Eren interrumpió a Erwin. Esa había sido la indiscutible voz de Sasha, quien había lazando un alarido de agonía. Rivaille sonrió para sus adentros, por fin tenía una excusa para que la mocosa no volviera, estaba seguro de que su sirvienta se la había dado.
Dejando a Erwin detrás, corrió lanzándole los rollos de papeles que llevaba. Necesitaba verlo, tal vez la estaba amenazando en esos momentos, o ya la había lastimado. Como fuera, ese grito solo quería decir una cosa y era adiós a la entrometida.
Y fue como un balde de agua fría la decepción que le inundó. Sasha había botado una bandeja de galletas que le llevaba a Eren y al ver a la joven que lo acompañaba gritó. Pero ahora esta misma mujer que el día anterior la había amenazado, ahora se inclinaba pidiendo disculpas ya arrodillada en el piso. Rivaille alzó una ceja incrédulo y Erwin alcanzó a llegar para cuando aún la joven pedía por el perdón de la castaña.
—¿Hizo algo malo? —se atrevió a preguntar, aunque sabía que no recibiría respuestas.
—Ah, vamos, póngase de pie. Está bien, solo he exagerado —decía la sirvienta arrodillándose también —Por favor, señorita, no haga esto —lloriqueó sin saber qué hace en tal situación. Jamás alguien en su pobre vida se había arrodillado de esa manera para pedirle disculpas solamente.
—Ya, Mikasa, está hablando en serio —ahora Eren la alentaba a levantar de nuevo su cabeza, también sentado a su lado.
Había sido el colmo. Rivaille volvió su camino hacia el comedor sin decir ninguna palabra y Erwin solo sonrió complacido. Si esos no habían sido celos, entonces que perdiera un brazo.
Aunque estaba feliz de su descubrimiento, sabiendo que su amigo sí era capaz de querer a alguien de esa forma, todo tenía su lado malo, y era que esa tarde sería la peor de su vida, Rivaille no estaba de ningún tipo de humor que fuera a ayudar a alivianar el trabajo. Tampoco se atrevió cuando todo estuvo terminado a pedirle que revisara unos papeles, por lo que dejó de inmediato la casa, sin poder evitar sentir la mirada poco amigable de Rivaille en su nuca al dejar el vestíbulo para adentrarse en la calle donde su cochero le estaría esperando.
—¿Tu amiguita también se fue? —preguntó a Eren al verlo solo leyendo un libro. No quería aceptarlo, pero estaba orgulloso de que el joven aprendiera tan rápido y ya leyera bastante bien.
—Sí —respondió ignorando completamente que la palabra había sido usada con ironía —Mikasa también está arrepentida de lo que pasó contigo. Vendrá mañana a pedirte disculpas, no seas brusco con ella —pidió dejando de lado su lectura para mirarle fijamente —¿bien?
—¿Ah? —preguntó bastante indiferente, sentándose en un sillón a esperar la cena —No me interesa, que haga lo que quiera.
Pronto se arrepintió de lo que dijo al ver el rostro de Eren. Parecía algo decepcionado, pero también estaba molesto con la actitud que Rivaille había tomado, especialmente porque eran disculpas lo que éste iba a recibir, y Eren no concebía lo poco y nada que le importaban.
Entonces Rivaille solo rodó los ojos y volvió a ponerse de pie. No necesitaba eso, que un mocoso llegara y le dijera cómo tenía que comportarse. Aunque sus modales siempre fueron bruscos, no entendía tampoco qué era lo que le afectaba tanto a Eren. ¿Era porque se trataba de esa mujer? Bufó luego de salir de la sala para caminar hacia la escalera, pero antes de subir el primer peldaño, Sasha le anunció que la cena estaba lista. Fantástico, todavía tenía que soportar más de esa mirada.
Durante la cena ninguno pareció querer decir algo. A Eren parecía hasta incomodarle masticar, estaba bastante decepcionado con la actitud de Rivaille, para él, las disculpas eran una cosa que no había que tomarse a la ligera, y aunque entendía el comportamiento inglés, no podía evitar molestarse. También esperaba otro tipo de actitud, viniendo de un hombre maduro y responsable, esperaba que Rivaille asintiera y dijera que las esperaría, por lo que le tomó por sorpresa esa frase que se escuchaba tan infantil.
También Mikasa le había dicho que pronto dejaría el país, que no planeaba quedarse para siempre porque tenía que tomar el mando de su hogar a la muerte de su padre, siendo además la única hija que esa pareja había concebido. Por esto mismo, no quería partir sin antes aclarar todas las cosas y pedir las disculpas pertinentes. Y aunque Eren estuvo a punto de decírselo también a Rivaille, decidió callar.
La cena terminada y Eren decidió por no esperar a que Rivaille le dijera si podía dormir en su habitación. Tomó uno de los libros que Armin le había prestado y se encerró en la suya, sin saber siquiera si podría leerlo, ya que los libros de su amigos eran siempre muy complicados.
Suspiró luego, él también se estaba comportando de una manera algo infantil, pero le parecían tan tontos los celos infundados de Rivaille que no podía evitar molestarse. Aunque él también los había tenido en el pasado por culpa de Erwin, y hasta cierto punto los seguía teniendo en esos momentos.
No podía evitarlo, comenzaba a sentirse aburrido de dormir solo y desde que Mikasa había aparecido, no había pisado la habitación de Rivaille. Y no la pisaría en un buen tiempo.
Al día siguiente Sasha le dijo que el sargento había sido llamado a primera hora de la mañana para una importante junta en los cuarteles, que había partido muy apurado y que probablemente tenía que ver con las colonias. Ella parecía muy preocupada, sin embargo. Había pasado un tiempo siendo la sirvienta en esa casa, por lo que sabía qué significaba cada vez que su jefe no podía siquiera tomar el desayuno, era un asunto de estado, muy importante.
—¿Cómo? —preguntó Eren luego de que ella le sirviera un poco de leche en su té.
—Bueno, a veces llaman al sargento al campo de batalla. Fue hace mucho tiempo la última vez que dejó el país para ir a la guerra, pero de todas maneras estoy preocupada —confesó la muchacha —Si él muere, no tendré trabajo por un tiempo. Además, no todos los jefes te dejan comer golosinas.
Eren solo bufó ante los pensamientos de Sasha. Pero aun así estaba preocupado, ella tenía razón ¿qué pasaría si Rivaille tendría que ir a la guerra? Jamás se había hecho esa pregunta antes, porque el mismo Rivaille le había dicho que era muy probable que no lo volvieran a llamar, desde que las colonias habían estado en relativa paz los últimos años, no había razón para que él apareciera. Pero ahora parecía algo posible y no pudo evitar sentirse tonto, habían estado discutiendo por una estupidez cuando el equilibrio de su vida era tan fácil de romper.
Lo peor de todo es que ni siquiera habían discutido del todo, solamente no se habían hablado por razones que hasta Eren desconocía. Si Rivaille estaba celoso o no, no era el punto, el hecho estaba en que Hange había dicho que las cosas se arreglaban hablando y él no estaba haciendo nada por reparar algo que en primer lugar había sido su culpa.
Bien, no era su culpa que su padre lo hubiera prometido con una mujer, pero sí era su culpa el no haber sido capaz de manejar eso antes. Además que conocía muy bien a Rivaille, éste solía comportarse de manera seca y probablemente con la última frase que le dijo intentaba explicar que estaba bien y que podrían hablar.
Llevó una mano a sus cabellos y abrió la puerta que había sido tocada. Estaba seguro de que se trataba de Mikasa, y no estaba del mejor humor para recibirla, pero esto cambió cuando vio que era el mismo Rivaille quien había tocado.
—Olvidé mis llaves —explicó seco, entrando a la casa.
—Sí, está bien.
—¿Qué?
Rivaille lo había notado, ese extraño semblante que aún poseía el rostro de Eren, algo como triste, ligeramente atontado. Lo sabía, había estado pensando todo el día en cosas estúpidas y probablemente había sido su culpa, puesto que él era el adulto, quien se suponía que debía ser responsable. Por eso salir con mocosos jamás sería una buena idea.
—¿Qué pasa ahora? ¿Llegué tarde? ¿Mikasa ya vino? —preguntó pensando en que se trataba de eso.
—Mikasa —repitió Eren, sabiendo que solo una vez Rivaille la había llamado por su nombre, las demás, simplemente la trataba como a un desconocido —Aún no viene. Estará algo ocupada, supongo, planeando qué decirte y todo eso. Es algo tímida para ese tipo de cosas.
—Pero para entrar a una casa a amenazar a todos, no ¿cierto? —el tono de broma era claro, pero Eren se ofuscó un poco mordiendo su mejilla por dentro, cosa que Rivaille no pudo encontrar más adorable —Aun no me pide disculpas, así que puedo hacer lo que quiera —le dijo acariciando sus cabellos.
—¿Para qué lo llamaron? —preguntó Eren luego de recordar aquello que lo había sacado de su enojo —¿Tiene que hacer algo importante?
—Me llamaron para que diera mi opinión solamente.
—¿Y se ha ido sin desayuno por eso? —Rivaille tenía que aceptarlo, el chico era listo cuando quería serlo.
—Quieren enviar tropas a sofocar una rebelión en oriente —dijo sacándose su chaqueta para colgarla en el perchero —Ese idiota de Nile consiguió que los altos mandos lo tomaran en serio y la armada se ha unido.
—¿Cómo? No entiendo, por favor explíqueme —mientras las palabras salían de su boca, Eren esperaba que Rivaille no hubiera sido convocado a la guerra.
—Han pedido mi asesoría y participación.
Fue como un balde de agua fría. Sasha había tenido razón, no había otra forma de que Rivaille partiera tan apresurado a una junta a menos que se tratara de eso. Su corazón se detuvo por un instante y sus ojos enfocaron en la nada unos momentos mientras pensaba. Pedían su participación, los altos mandos del ejército inglés pedían la participación del sargento en una batalla a miles de kilómetros de distancia, cuyo final siempre sería incierto.
Y él había decidido molestarse con él hacía solo unas horas por algo tan ridículo como la actitud de Rivaille, la misma que lo había embelesado en el pasado. Era idiota, así con todas sus palabras y en todos los idiomas, era un idiota.
Levantó la mirada hacia Rivaille y de nuevo la vio, la sonrisa que a veces aparecía en los labios delgados del sargento, tan ligera y efímera que siempre parecía un sueño o una ilusión. Eren quería saber qué significaba eso, por qué le sonreía si se iba a ir ¿o no?
—No he aceptado, por supuesto —esas palabras parecieron devolverle la vida y siguió al mayor hacia su despacho —No me interesa matar civiles en una batalla absurda para que un viejo avaro que quiere llenarse los bolsillos de oro. Probablemente luego me castigarán por esto, pero…
Eren lo había abrazado y no pudo continuar hablando, eso lo había tomado por sorpresa. No entendía porqué estaba tan feliz ese chico, pero terminó aceptando que tenía razón, el mocoso estaba pensando de más. Lo apartó un poco para girarse y volver a abrazarlo solo por un corto tiempo, separándose casi de manera instantánea.
—Eres un tonto, mocoso. Te preocupas por cosas estúpidas, te enojas por idioteces, todo eso te hace un tonto —le dijo y el chico asintió a cada una de esas palabras —No quise decir que no me importaban las disculpas de Mikasa. Parece ser que te agrada mucho la chica, por eso, lo siento.
—Usted digo que yo era el tonto, así que debo ser yo quien se disculpe —gruñó Eren, de nuevo sintiéndose como un niño.
—Está bien, tonto.
Pero aquella vez le sirvió a Eren de lección para entender que el hermoso mundo en el que vivía se podía destrozar rápidamente por la acción de algunas personas a miles de kilómetros de Inglaterra. Así que no volvería a ser un mocoso, al menos lo intentaría, para así poder disfrutar cada momento sin tener que arrepentirse luego. Aunque Rivaille también estaba haciendo algo fuera de lugar al obligarlo a dormir en su habitación.
—Quiero dormir contigo —soltó Eren al instante que recordó el tema y Rivaille solo alzó una ceja. Tenía que enseñarle a ese mocoso a no ser tan directo, aunque esto no fuera del todo molesto.
Para cuando Mikasa se dignó a llegar, ambos estaban sentados en la mesa cenando y Sasha se apresuró a buscar un plato para ella, aunque esto significara que su propia cena sería reducida drásticamente.
—¿La loca del otro día? —preguntó Connie, y la sirvienta al ver sus intenciones le quitó el plato de las manos —¡Oye!
—No le escupas en la comida —lo reprendió —Eso es muy infantil y asqueroso.
—Ella se ha metido contigo, no me gustó eso —gruñó el muchacho cruzándose de brazos y mirando hacia un costado. Claro que no le había gustado que se metieran con su chica.
—Pues, ya me ha pedido disculpas, así que para con eso y compórtate como un adulto.
Luego de que las patatas en el plato fueran colocadas en su sitio, Sasha caminó con la comida hacia la mesa. No podía evitar sentirse nerviosa ante esa mujer de cabellos negros, de todas maneras, había sido ella quien la había amenazado de manera cruel.
—Sé que no debí. —escuchó decir a esa joven —No es algo que deba quedar a la ligera. No debí hacerlo y… lamento mucho mi actuar. Lo correcto hubiera sido pedirles explicaciones, tal vez, pero deben entender, cuando llegué y Eren no estaba me exalté un poco. Luego me enteré que había sido vendido como esclavo y debí cruzar el mundo entero para encontrarlo.
La castaña sonrió ante esas palabras. Era cierto, ella estaba enamorada de Eren y su reacción era de esperarse. Probablemente pensaba que el chico se encontraba en malas condiciones y con eso en mente había llegado a la casa dispuesta a pelear por él si fuera necesario. ¿Había algo más romántico que eso? ¿Había algo mejor que el amor verdadero? Por un momento se sintió triste, porque Eren le pertenecía a Rivaille, pero luego recordó que ambos también se amaban. Era hermoso para ella sentir todas esas sensaciones en el aire y sonrió para sí.
—Aquí tiene, señorita Mikasa —le dijo aún sonriente y la muchacha se puso de pie.
—De verdad, lo siento…
—¡No! ¡Por favor, no vuelva a hacer eso! —pedía Sasha intentando que la asiática no volviera a ponerse de rodillas. No sabía qué le había dicho Eren, pero estaba segura que ese comportamiento era su culpa —Señor —lo llamó para pedirle ayuda.
—Está bien, yo hubiera hecho lo mismo que tú, Mikasa —la voz de Rivaille llamó la atención a ambas jóvenes y se miraron entre sí antes de volver la vista al sargento —No es normal pensar que una persona vendida como esclavo se encuentre en buenas condiciones ¿no? Principalmente viniendo de ingleses.
—Están invadiendo nuestro país también. Siento haber sido tan inflexible.
—Mi madre era francesa —confesó el hombre tomando un poco de vino —No soy un inglés completo, como verás.
Eren agradeció en demasía ese acto. Sabía que lo estaba haciendo para que Mikasa se sintiera mejor, porque su pareja era así, una persona que en el fondo era considerada. Sonrió al verlo y luego al notar como la que había sido su prometida se sonrojaba y asentía lentamente ¿Mikasa era capaz de hacer eso? Probablemente sentía mucha vergüenza y no sería muy fácil volver a tomar confianza.
—He decidido hacer negocios con personas aquí en Londres. Deberé quedarme un tiempo y el lugar en el que he dormido estos últimos días no es para una señorita como yo. Debido a que te has quedado con Eren, exijo que a cambio me des una indemnización. Quiero una habitación en tu pequeña casa —la muchacha había hablado bastante rápido, Eren se había equivocado, ella estaba teniendo mucha confianza.
—No —fue la única respuesta que Rivaille le dio.
—¿Por qué no? —ahora fue Eren quien habló y todos voltearon a verlo, incluso Sasha quien se divertía con la situación, a costa de su patrón y sus invitados.
—¿Eh? ¿Tú también sabías? Pero claro. ¿En serio ahora quieres que tenga a tu… amiga en mi casa? No lo aceptaré. Hay muchas residenciales de buen gusto, te daré algunas direcciones.
—Rivaille.
Ahí estaba, ese mocoso de ojos verdes pronto a hacerle un puchero como el niño consentido que era. Pero no podía aceptar, es decir ¿qué clase de loco aceptaría que la antigua pareja de su actual novio se fuera vivir con ellos? ¡Insano! Totalmente estúpido.
—Puede vivir con Hange —fue su sentencia final luego de pensarlo unos segundos y al parecer esto no molestó en absoluto al muchacho.
—Ella te encantará, Mikasa. Es una persona muy amable y también sabe mucho de…
Y allí estaba el mocoso de nuevo, hablando maravillas de una persona que no era él. No es que sintiera celos de la loca de Hange, pero estaba siendo molestado por el hecho de que nunca oía cosas así salir de los labios de Eren y que estas fueran dirigidas hacia él. Aceptó que era por vergüenza, pero de todas maneras no estaría mal que el joven se dignara a ser un chico tierno de vez en cuando.
—Rivaille —lo llamó Eren desde la cama y es que el hombre se había quedado observándolo unos instantes mientras el muchacho se desvestía y se metía bajo las cobijas —¿Pasa algo?
—¿Extrañas tu hogar? —preguntó sentándose en la orilla de la cama, sin atreverse a mirar al joven.
—Para nada. La verdad es que mi padre no era un gran padre, ya sabe, un sultán, tiene miles de hijos mejores que yo —dijo con sinceridad encogiéndose de hombros.
Rivaille quiso decir algo, pero no tenía nada decente para esa ocasión. Estaba agradecido de que el padre de Eren fuera un inconsciente y que no fuera capaz siquiera de extrañarlo, pero igualmente detestaba al hombre por hacer sentir tan infeliz al chico. Era claro que sus sentimientos eran rotos cada vez que recordaba a su padre y lo poco que valía para éste, por lo mismo Rivaille había comenzado a odiar en secreto a alguien que no conocía, aunque debía aceptar que venían de culturas diferentes y que incluso su propio padre había sido un idiota en su tiempo.
Se inclinó hacia Eren para besarlo suavemente y quiso acurrucarlo entre sus brazos un momento para demostrarle que si su padre no era capaz de quererlo, él lo amaba, aunque fuera de una manera distinta. Pero Eren tenía planes distintos y lo obligó a ponerse sobre él para besarlo más intensamente.
—Ha pasado tiempo.
—Eren, fueron solo unos días —respondió el mayor mordiendo el labio del muchacho de manera juguetona —Pero parece que tú estás algo impaciente ¿no?
No era como si hubiera planeado una noche romántica, pero ya que estaban en eso no iba a arrepentirse. Alzando las caderas de Eren, le quitó la ropa que el chico traía puesta, lo que se resumía a los pantalones de pijama mientras besaba el pecho del castaño suavemente, solamente con sus labios. Esa piel tan deliciosa sería suya todas las noches posibles de ese momento en adelante, porque ya no había más prometidas que reclamaran por el príncipe.
Llevando sus manos hacia las nalgas de Eren, fue descendiendo de a poco por el pecho hasta el vientre, finalmente llegando a la entrepierna, la cual pasó por alto aún con los reclamos del castaño. Separando las piernas de Eren, besó suavemente el interior de éstas y fue acercándose de a poco de nuevo a la entrepierna, tomando entre sus labios los duros testículos de Eren, haciendo que éste se arqueara con ese tacto y llevara sus manos hacia la cabellera negra por inercia.
—Rivaille —gimió al sentir como la lengua de éste pasaba por la base de su miembro —Por favor —decía halando de los cabellos y luego intentaba volver a poner esa cabeza en su lugar.
—¿Por favor qué? —preguntó Rivaille acariciando con sus dedos extendidos el pene de Eren —¿Más de esto? ¿O ya quieres que te la meta?
—¿Podría ser más romántico? —le reclamó Eren, mirándolo seriamente.
—Eren, no…
—Solo bromeo —sonrió ladino —Haga lo que quiera, amo.
Muy pocas veces Eren era tan sumiso como en aquella ocasión y no desperdiciaría esa ventaja que le estaba dando. Observándolo fijamente, llevó sus dedos a la boca del muchacho, introduciéndolos de manera lenta, separando las fauces para acariciar las mejillas por dentro y cuando supo que estaban completamente húmedos, los quitó sin dejar de observar esa maravillosa escena que tenía en frente, el chico, totalmente embelesado, con un hilo de saliva corriendo sobre su labio inferior, el mismo que lo había unido a esos dedos y había sido cortado.
Lo que vino a continuación fue esperado con ansias por Eren, esas falanges en su interior dilatándolo, preparándolo para lo que venía, acariciándolo por dentro mientras intentaban introducirse aún más. Eran solo dos dedos en un comienzo, pero Eren sabía que faltaba uno antes de estar completamente listo para recibir el miembro de Rivaille.
—¿Listo? —preguntó el pelinegro luego de que el tercero se encontrara en el interior del muchacho —¿Eren?
—Solo hágalo ya.
¿Una orden? ¿De un mocoso? Debía estar muy loco por él y muy caliente como para obedecerle y aunque lo estaba, decidió seguir jugueteando con los dedos en el interior de ese mocoso, hasta que éste rogara por ser penetrado. Una. Dos. Tres. Incontables estocadas que llegaban de vez en cuando a la próstata de Eren y lo hacían arquearse, volviéndolo loco de placer.
Empujando a Rivaille sobre la cama y dejándolo medio aturdido por ese acto, Eren bajó los pantalones de éste posicionándose sobre él. Sorprendido por lo despierto que se encontraba el miembro de Rivaille, sonrió complacido, sabía que bastaba con unos pocos minutos de masturbación para que éste estuviera del todo erecto.
—Puede que suene tonto —dijo Eren tomando el miembro entre sus manos —, pero gracias por lo de hoy —susurró inclinándose para besarlo —Gracias por lo que hace siempre, Rivaille.
—Niño tonto, no digas este tipo de cosas ahora.
Eren solo asintió y tragó saliva, descubriendo el líquido que se escurría de la punta del pene que masturbaba. No era el mejor lubricante que había, pero serviría muy bien en aquella ocasión, y dejando que se escurriera un poco mientras mantenía el miembro en vertical, se atrevió a penetrarse con éste, soltando un ligero jadeo al que al poco rato se le sumaron gemidos. De a poco iba bajando, rodeando la extensión, sintiendo como ésta le separaba las entrañas y cuando llegó al punto en que su placer era máximo, se detuvo.
—Rivaille —lo llamó antes de comenzar a subir y a bajar, controlando el ritmo —Sé que dijo… a la mierda, gracias —le sonrió a un serio hombre que no se atrevía aún a tomar las caderas que bailaban sobre él.
No encontraba respuesta en ese rostro que parecía completamente embelesado, pero no la necesitaba tampoco. Había aprendido con el tiempo que Rivaille no era del todo capaz de responder correctamente y muy pocas veces hablaba de sus sentimientos en voz alta. Pero la expresión no mentía, y aunque se encontraba cubierta por una máscara de inmutabilidad, Eren podía ver más allá, dentro de los ojos de su dueño.
Con una enorme sonrisa comenzó a moverse cada vez más rápido, llevando las manos de Rivaille por sí solo a sus caderas para que lo ayudaran a llevar el ritmo que el mayor deseara. Pero en vez de eso, solo su piel fue acariciada con estas manos, jugueteando con el hueso de la cadera y subiendo hasta la cintura por el contorno, para volver a bajar hasta los muslos que, aunque delgados, eran musculosos. Claro, el chico no era nada tosco, pero sí tenía lo suyo.
Tuvo que inclinarse ligeramente debido al cansancio que le provocaba esa postura, llevando sus manos a cada uno de los lados de Rivaille sobre la cama, intentando jamás perder la rapidez y el ritmo que tanto le había costado tomar. Quería darle el mayor placer posible a su pareja haciendo eso, dejándose tocar por completo, por todas partes. Las manos ajenas masajeaban de vez en cuando esas nalgas que subía y bajaban, para luego viajar hasta los pezones, donde los curiosos dedos los presionaban levemente hasta ponerlos del todo duros y sacar gemidos más fuertes de la garganta del castaño. Para Rivaille, todo ese momento era perfecto.
De pronto Eren comenzó a ir más rápido y a recuperar la posición inicial, erguido sobre la entrepierna de Rivaille y con sus manos sobre el pecho de éste. Eso quería decir solo una cosa, estaba pronto a terminar y quería que el mayor lo acompañara en ese momento. Como no lo había hecho antes, Rivaille lo tomó de las caderas y le ayudó a moverse, llegando a veces un poco más profundo en el interior de Eren, quien al sentirlo soltaba gemidos más sonoros, aunque eso no importaba, probablemente Sasha ya había escuchado todo.
—Rivaille, más.
Con ese pedido, Rivaille comenzó a mover sus caderas llevándolas hacia arriba cada vez que el chico bajaba, adentrándose lo máximo posible.
—¿Estás listo? —preguntó Eren mirándolo fijamente. Su rostro era un destre cubierto por sudor, saliva y lágrimas, cosa que por alguna razón enterneció al mayor, quien bajó su vista a la entrepierna del castaño, observando como éste intentando retener su orgasmo, había sellado sus dedos alrededor de la base de su propio pene.
—Ahora —le dijo tomando la única mano que reposaba sobre su pecho y mantenía el equilibrio de Eren.
Terminando con un sonoro gemido fue a dar contra el cuerpo de Rivaille, siendo recibido con los brazos abiertos. En su interior podía sentir ese líquido salir del eje que yacía en sus entrañas, provocándole espasmos que aumentaron los de su propio orgasmo. Había sido fantástico que ambos terminaran juntos aunque fuera por una sola vez.
Sintiéndose cómodo entre los brazos de Rivaille, no se percató que todavía estaba sobre él, dejando que todo su peso diera contra el pecho de éste. Pero Rivaille tampoco estaba molesto por ese hecho, dejándolo pasar simplemente, sintiendo como el tórax de Eren se acercaba y se alejaba por culpa de su agitada respiración.
—¿No deberíamos decir algo romántico? —preguntó Eren apoyando su oreja sobre el pecho de Rivaille, escuchando los apresurados latidos de su corazón.
—Si quieres hacerlo, adelante.
—Te amo.
—Ya lo sé.
—No soy el único tonto, Rivaille.
—Esto también lo sé.
Eren soltó una ligera risa y se elevó para mirarlo a la cara, observando la blanca piel totalmente cubierta por sudor. Para él era muy importante el hecho de que los últimos meses había sido el único que había visto esa escena, lo que lo hizo sonreír nuevamente, besándolo con ternura.
—También te amo.
Aunque había sido un ligero suspiro entremedio del beso, sobre sus húmedos labios, Eren estaba seguro de que lo había escuchado. Ese había sido el primer te amo de parte de Rivaille, por lo que lo atesoró en su alma como un último recordatorio sobre su amo.
El hombre que lo había comprado decía las confesiones más sinceras sobre la tierra y al momento preciso.
Fin.-
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Muchas gracias a todos los que siguieron este fanfiction bastante ligero, sin una trama real, cuya única trascendencia fue existir. Espero que les haya divertido la historia, por último para pasar el rato.
Un abrazo gigante y de nuevo, gracias por leer.
