¡Al fin! Ya sé que hace un siglo que no actualizo pero es que no me terminaba de convencer lo suficiente... Pero al fin, aquí esta.


No creía nada de lo que acababa de suceder. Había sido tan rápido que aún no lo tenía del todo asimilado: Llevaba un rato buscando a Toby y odiando al Sr. Todd cuando, de repente, la arrastraron hasta una calle. Las manos de él habían sido las mismas de las de aquél día; nunca podría olvidarlas. Pero esta vez había estado consciente y consiguió ver su rostro: Turpin. Se aterrorizó aún más de lo que ya estaba. Sabía lo que le había pasado a Lucy por culpa de ese hombre.

La violó en un baile donde todos la humillaron y nadie corrió a socorrerla. No conocía exactamente que tipo cosas le había hecho porque cada vez que se lo intentó preguntar se ponía histérica y lloraba.

Recordó cuando llegó aquel día. Ella se había quedado con la pequeña Johanna mientras su madre iba a casa de Turpin con el alguacil. Esperó muchas horas hasta que por fin regresó, temblando y llorando desconsoladamente. La vio desde el cristal de su tienda y fue corriendo a recogerla, la llevó a su casa, le preparó una infusión e intentó calmarla. Ninguna de sus palabras hizo efecto. Lucy solo decía que se quería morir antes de pasar por eso de nuevo. Realmente tenía una pinta espantosa: arañones en los brazos, moratones y mordeduras en su cuello y sangre en sus labios.

Tardó dos semanas en recomponerse. Durante ellas, la Sra. Lovett cuidó a las dos mujercitas del Sr. Barker. Le absorbían todo su tiempo y tuvo que cerrar el negocio varios días. Johanna fue para ella la hija que nunca tuvo, pero le duró poco.

Dos días después de que la Sra. Barker se recuperase apareció el juez pidiendo verla. Nunca supo que fue la conversación, o quizás otra cosa, que tuvieron, pero Lucy salió a comprar arsénico al boticario y aquella misma noche lo tomó. No consiguió los efectos deseados, quedó loca pero no murió. Ella no pudo hacer nada para evitarlo. Un día se fue de casa para no volver, aunque a veces se paseaba por ahí vagando.

Nada más irse Lucy, Turpin apareció y se llevó a la niña por la fuerza. Fue un duro golpe para la Sra. Lovett, había aprendido a quererla como suya.

La llegada de otra persona a la calle la sacó de sus recuerdos. El Sr. Todd llegó de la nada y, para su horror, los dos hombres habían salido corriendo. Algo le decía que aquella noche se derramaría sangre. Rezó para que no fuera la de él, por muy enfadada que estuviese no quería que muriera. Simplemente no podría soportarlo.

Y allí estaba ella ahora, sola y asustada, en medio de la noche. Siguió en el mismo lugar varios minutos; sin atreverse a moverse. Finalmente, decidió que no podría hacer nada si se quedaba allí parada y comenzó a buscarlos.

Deseaba llegar a donde ellos, pero en cada esquina que doblaba temía encontrar muerto al Sr. Todd. Lo imaginaba tirado en el suelo, cubierto de sangre y con grandes y profundas heridas. Sus ojos mirando al vacío, sin brillo y en su rostro sin expresión. Solo pensarlo la hacía estremecer. Si pasaba eso ella sería enteramente culpable. No podría vivir con eso, y quizás… hiciese lo mismo que en su día Lucy tuvo el valor de hacer.

"Deja de imaginarte cosas estúpidas, el Sr. Todd no puede estarmuerto" se dijo a sí misma.

El tiempo se le hizo eterno, hasta que al fin lo vio. ¡Estaba vivo!

El paisaje a su alrededor no era muy agradable, aunque nada que no hubiese visto ya. Había dos cadáveres y el Sr. Todd que sujetaba uno de ellos. El suelo estaba cubierto de sangre.

Avanzó tres pasos para ver mejor.

Uno de los cadáveres era un hombre. Turpin, creyó averiguar aunque su cuerpo estaba totalmente mutilado, con rabia humana. Apartó la vista y miró el otro, sobre el que el Sr. Todd estaba inclinado. ¡Lucy!

Retrocedió hasta la pared asustada. Lucy estaba…muerta, y había muchas probabilidades de que hubiese sido a manos del barbero. Quizá en un ataque colérico contra el juez, ella había estado en medio y sufrido las consecuencias, o… Podían ser muchas cosas pero había una segura, ella se uniría a la carnicería de esa noche. El Sr. Todd no le perdonaría una cosa así. Él se vengaría de hasta del último insecto del mundo.

El Sr. Todd depositó suavemente el cuerpo de su esposa en el suelo. Se levantó y observó la calle.

La Sra. Lovett se acurrucó contra el muro mientras sus ojos derramaban lágrimas. Había llegado su final, lo sabía, pero no quería morir, no ahora que todo era casi perfecto. Además, temía demasiado a la muerte pese a convivir con ella diariamente.

El Sr. Todd avanzó. Iba a por ella, mutilaría su cadáver al igual que el de Turpin. Podría correr, salvarse, huir de la ciudad y empezar una nueva vida lejos. Podría ser feliz de una vez.

Lo intentó, pero sus piernas no respondían. Él ya casi había llegado hasta donde se encontraba. Se pegó aún más al muro y cerró los ojos con fuerza, esperando notar el frío del metal en su garganta.

Aguardó, pero la sensación no llegaba. Poquito a poco abrió los ojos.

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Se separó de su Lucy, ya no había nada que hacer. Observó la calle. Nadie se había asomado, ningún curioso ni borracho. Solo estaba ella. Un a parte de sí mismo le decía que la matase, por traidora, ahora que podía. ¿Qué más daba ahora una muerte más que menos? Ella no era nada.

Pero, ¿qué haría cuando despertase al día siguiente y no estuviese? Volvería a estar solo de nuevo, como cada día de sus últimos quince años y estaba cansado de eso. No es que quisiera estar el resto de su vida con ella, pero era algo que conseguía distraerlo.

Pasó por su lado sin mirarla siquiera. No quería hablar con ella, ni amenazarla, ni mirarla con furia, únicamente quería estar solo.


Espero que haya gustado porque me costó lo mio XD

Bueno, para el proximo no haré esperar tanto, ya lo tengo medio escrito^^

Nos leemos