Capítulo 10.- El Baile I

Finalmente era el día del baile, el cual debía comenzar en menos de una hora. En el castillo de los Hiiragizawa ya todo estaba listo para la fiesta en honor al príncipe de Lang, quien veía llegar a su prometida.

Pero no en todo el reino era felicidad, ya que en un rancho, el cual alguna vez perteneciera al Sr. Daniel Daidouji, cosas muy diferentes sucedían. La Baronesa Adelaida, y sus hijas Asuka y Chiharu habían salido hacía ya un rato; y Rika, la Sra. Minou y Yoshiyuki Terada intentaban de todo, sin lograr abrir la puerta a la recámara de Tomoyo.

-Es que debe haber algo que podamos hacer. –dijo la Sra. Minou desesperada.

-¿Pero qué? –preguntó Rika. –La Srita. Naoko se fue hace ya media hora, no hay nadie más a quien pedir ayuda.

-Sakura. –dijo Yoshiyuki.

Las dos mujeres voltearon a verla.

-La Srita. Sakura dijo que estaría en el baile con su novio. –explicó Yoshiyuki. –Rika, debes ir y buscarla, pedirle ayuda.

-¡¿Yo?! –gritó Rika alarmada. -¡¿Y cómo esperan que entre a esa fiesta?!

Pero no esperó respuesta; recordó todo lo que Tomoyo había hecho por ella, con los quehaceres, y cuando había rescatado a Yoshiyuki.

-Lo haré. –dijo Rika corriendo a su cuarto.

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Diez minutos después Rika corría a palacio, llevaba puesto un vestido azul celeste sencillo, que Naoko le regalara hacía tiempo, y con una máscara blanca. Llegó al castillo y trató de pasar desapercibida, mientras buscaba a Sakura.

Y no tardó en encontrarla. Sentada en una banca a la entrada de uno de los jardines. Con un hermoso vestido rosa y una máscara que parecían alas de ángel.

-¿Sakura? –preguntó Rika.

-¿Rika? –preguntó Sakura volteando a verla.

Rika estaba muy sorprendida, pues era obvio que Sakura debía ser de una familia adinerada para estar en esa fiesta, y con ropa tan fina.

-¿Le pasó algo a Tomoyo? –preguntó Sakura de inmediato.

-Sí, -dijo Rika, haciendo a un lado sus reflexiones sobre sociedad, y pensando de nuevo en su amiga. –Bueno, no es que le haya pasado algo, la encerraron, no puede salir de su habitación.

Sakura sabía que Tomoyo realmente deseaba ir al baile.

-¿Quién la encerró? –preguntó Sakura, aunque ya sabía la respuesta. –Iré de inmediato.

-¿Qué ocurre amor? –preguntó un joven a su lado.

Él era muy apuesto, de ojos ámbar y cabello castaño un poco revuelto, llevaba un traje verde oscuro con capa, y su máscara era dorada.

-Una amiga mía tiene un problema. –explicó Sakura. –Voy a ir a ayudarla.

-Voy contigo. –dijo él.

-No hace falta Shaoran. –dijo ella.

-No te apures. –dijo Shaoran. –Sabes que yo contigo voy a donde sea.

Sakura sonrió y los tres salieron. Una vez afuera Sakura y Shaoran llamaron a sus caballos. Rika montó con Sakura y se pusieron en camino a la finca.

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Cuando llegaron, la Sra. Minou y Yoshiyuki, aún seguían tratando de abrir la puerta.

-Tengo una idea. –dijo Sakura entrando.

Se quitó una llave que llevaba al cuello y la metió a la cerradura, al instante el seguro se soltó y la puerta se abrió.

-¿Qué llave es esa? –preguntó la Sra. Minou sorprendida.

-Digamos que es mágica. –replicó Sakura con una sonrisa inocente.

La Sra. Minou asintió, aunque no supo cuán ciertas eran las palabras de Sakura.

Tomoyo se sorprendió mucho al ver a Sakura abrir la puerta.

-¡Sakura! –exclamó ella. –Deberías estar en el baile.

-No, -Sakura negó con la cabeza. –Yo debo estar donde me necesiten, y tú me necesitabas. Y apúrate o no vas a llegar al baile.

-El príncipe te espera. –la animó Rika.

-El espera a una persona que no existe. –dijo Tomoyo con tristeza. –A una persona que murió hace catorce años. El no sabe quién soy yo en realidad.

Sakura no sabía mucho de la relación que llevaba Tomoyo con el príncipe Eriol, pero sospechaba que ambos estaban realmente enamorados.

-Él merece saber la verdad de labios de la mujer que lo ama. –dijo Yoshiyuki.

Entonces Rika salió un momento y regresó llevando en las manos el vestido y las zapatillas.

-¿Cómo...? –comenzó Tomoyo.

-La Baronesa ya nos cobra todo lo que desaparece. –dijo Rika con calma. -¿Qué importaba si desaparecía algo más?

Sakura y Shaoran salieron al jardín a esperar, mientras Yoshiyuki preparaba un carruaje para que llevara a Tomoyo.

-Muchas gracias Sakura, por todo. –dijo Tomoyo saliendo, se veía preciosa.

-No tienes nada que agradecer Tomoyo, -dijo Sakura, se acercó a su oído y susurró: -Considéralo un regalo de tu hada madrina...

Tomoyo miró a Sakura fijamente. Esa frase que acababa de decir. ¿Sakura también había tenido que ver en aquel incidente de los vestidos?

-Ya está todo listo Srita. Tomoyo. –dijo Yoshiyuki llegando.

Tomoyo salió de sus reflexiones y abordó el carruaje.

-Buena suerte. –le deseó Sakura.

-Gracias, la necesitaré. –dijo Tomoyo un poco nerviosa.

-Sólo sé tú misma. –dijo Sakura cuando ya el carruaje partía.

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En el Palacio las campanas tocaron la medianoche. El Rey se puso de pie.

-Buenas noches damas y caballeros. –dijo él. –Ésta fiesta como todos saben fue hecha en honor a mi querido sobrino y su prometida... –voltea a su alrededor. –Quienes parecen haber desaparecido. Y aprovechando la ocasión y el tenerlos a todos ustedes reunidos, haremos un anuncio.

Con esto el príncipe Eriol se puso de pie.

-Buenas noches. –dijo él. –Ésta noche yo quiero anunciar que...

Silencio.

Eriol se detuvo al sentir una presencia familiar. Volteó hacia arriba y la vio, ahí, de pie en la entrada del salón, como un ángel bajado del cielo.

Al verlo en silencio el resto de las personas voltearon en la misma dirección que él, esperando encontrar la razón de su silencio. Al ver a la joven se quedaron en silencio.

Eriol bajó del trono y en unos cuantos pasos llegó donde su amada lo miraba con una sonrisa tímida.

-¡Estás aquí! –exclamó él sin poder ocultar su sorpresa y felicidad.

-Sí. –dijo ella sonriéndole tiernamente.

En verdad que se veía como una criatura celestial. El delicado vestido blanco con pedrería de cristal y plata resaltaba todo su cuerpo, y el pequeño vuelo le daba un aire de majestuosidad, y su largo cabello negro-grisáceo brillando bajo la luz de las estrellas. En verdad el cielo debía estar extrañando un ángel esa noche.

-¿No estás comprometida? –preguntó él con duda.

-No. –dijo ella negando lentamente con la cabeza.

-Pero a mi madre le dijeron... –comenzó Eriol, dudando de sí mismo.

-Le informaron mal. –le interrumpió Tomoyo con dulzura.

Eriol suspiró aliviado.

-Ven. –dijo él tomándola de la mano. –Quiero que conozcas a mis padres.

-Antes tenemos que hablar. –dijo ella mientras lo seguía lentamente.

-Está bien. –dijo él, la llevó hasta una esquina del salón. –Espera aquí un momento por favor.

Con eso Eriol salió corriendo donde sus padres lo observaban en silencio.

El resto de las mujeres no le quitaban los ojos de encima a Tomoyo, y esto la tenía un poco incómoda.

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-¿Quién es ella? –preguntó el Rey Hiiragizawa cuando su hijo se acercó.

-La Condesa Sonomi Amamiya. –replicó Eriol tomando un objeto de la mesa junto al trono y corriendo nuevamente hacia donde había dejado a 'Sonomi'

-Ah... –dijo el Rey, reflexionó y agregó: -¿Quién?

Su esposa lo miró con una sonrisa a la vez que suspiraba y negaba con la cabeza sin darle importancia.


Lo sé, lo sé, está muy cortado, pero les prometo que el otro ya está listo, sólo espero la señal para subirlo (y siendo que la señal son sus reviews...¡¿Qué esperan?!