Rurouni Kenshin y sus personajes son propiedad de Watsuki Nobuhiro y Shueisha.

Género: Romance.
Rating: T (+16)
Capítulo relacionado: no.
Advertencia: ninguna.
Palabras: 1327.

#11.- Cuello

—¿Qué tienes en el cuello?

Misao se giró con cara de espanto, Okon la miraba fijamente con una sonrisita burlona en los labios.

—¡Casi me matas del susto! —protestó Misao.

—Eso es que no tienes la conciencia tranquila. ¿Y bien?

La joven Okashira se tocó el cuello intentando encontrar algo raro en él, pero no dio con nada.

—No lo sé —contestó contrariada— ¿qué tengo?

—Una marca roja.

—Me habrá picado algo...

—¿Seguro? Parece más que alguien te haya mordido el cuello.

—¿Uh?

Sintió como toda la sangre de su cuerpo se agolpaba en sus mejillas para teñirlas de rojo. ¿Le había quedado una marca? ¡Oh, Kami! Lo que le faltaba, ahora sería la comidilla del Aoi-ya durante meses y no pararían de interrogarla cada vez que se les presentase la oportunidad.

—¿Quién ha sido? —interrogó Okon la mar de emocionada—. ¿Es guapo? ¿Lo conozco?

—Nadie me ha mordido en ningún sitio —replicó Misao incómoda—. ¡Qué tontería! Seguro que ha sido un mosquito, o un golpe.

—Ya, claro.

»Aoshi-san —llamó la kunoichi logrando que el nerviosismo de la Okashira aumentase—, a ver si puedes ayudarnos.

Con su imponente planta se detuvo junto a Misao que le lanzó una mirada suplicante.

—¿De qué crees que es la marca que tiene en el cuello? —Aoshi alzó una ceja mirando aquel cuello blanco y fino decorado por una marca rojiza—. Misao dice que le ha picado algo, pero a mí me parece más un mordisco, ¿tú qué opinas?

La mirada azul de Aoshi se clavó en los ojos castaños de Okon, ¿qué estaba intentando? ¿ponerle celoso tal vez? Lo sentía por Misao, porque estaba pasando un mal rato, pero iba a contestarle.

—Definitivamente diría que alguien le ha mordido el cuello.

Misao sintió que el alma abandonaba su cuerpo, mientras Okon trataba de asimilar una respuesta tan abierta, clara e indiferente.

—¿Algo más?

Okon disintió enérgicamente sintiendo que su plan se había ido al traste de un modo espectacular. El antiguo Okashira continuó su camino dejándolas a solas de nuevo.

—Kami-sama, me ha puesto la piel de gallina.

—Ya sabes cómo es —contestó Misao intentando recomponerse—, no sé para qué le haces esas preguntas.

—Admito que esperaba algo más de... no sé, algo. Últimamente se le ve bastante relajado contigo, quería hacerle saltar.

—Pues ya ves que eso no funciona.

Okon miró al cielo claro y despejado, que Aoshi no hubiese saltado, no significaba que hubiese que olvidar el tema. Sonrió con picardía.

—¿Y bien? ¿Quién ha sido?

—Ya te he dicho que nadie —refunfuñó enrojeciendo de nuevo.

—¡Venga ya! Sé distinguir un mordisco de una picadura, jovencita.

—¡Que te digo que no me ha mordido nadie!

—Podemos preguntarle a Okina qué le parece a él.

—Tengo cosas que hacer, cosas de Okashira...

Okon sonrió con picardía y Misao supo que estaba perdida, que no la dejaría escapar tan facilmente.

º º º

Había logrado librarse de Okon, aún no sabía muy bien cómo, pero lo había conseguido. Revisó los alrededores sólo para asegurarse de que nadie la había seguido hasta allí. Misao sonrió satisfecha y subió los tres peldaños de madera dando saltitos, descorrió el shoji con energía, él ya estaba allí. Y aunque estaba enfadada, al verlo allí esperándola, no pudo hacer más que seguir sonriendo.

—Llego tarde.

—¿Han seguido preguntándote?

—Sí, y alguien le ha dado a Okon motivos para preguntar más.

Él la miró divertido.

—¿Quién puede haber sido?

Ella soltó todo el aire en una carcajada, hacerse el inocente no iba con él.

—No lo sé —replicó la muchacha avanzando hasta quedar frente a él—, creo que un antiguo Okashira o algo así.

—¿Y qué hará al respecto, Okashira?

Misao le miró con una sonrisa estampada en los labios y los ojos brillantes.

—Supongo que debería vengarme.

El soltó una suave y ronca risa, Misao aún no se había acostumbrado a oírle hacerlo, pero sabía que no podría volver a vivir sin escucharle.

—Pues adelante.

Aoshi le tomó la mano y Misao se dispuso a llevar a cabo su pequeña venganza.

º º º

Omasu tiró de la manga de Shiro que se giró a mirarla interrogante, la joven Oni señaló al antiguo Okashira que permanecía sentado en el reservado para el personal con el libro de cuentas abierto.

—¿Qué tiene Aoshi-san en el cuello? —preguntó en un susurro la muchacha.

Shiro frunció el ceño analizando la marca rojiza.

—Parece un mordisco... —susurró también—, pero ¿quién iba a morderle?

—Un mordisco decís —intervino Okon que asomó la cabeza para analizar también a su antiguo lider—. Definitivamente parece un mordisco...

Okon entrecerró los ojos; primero aparecía Misao con una marca en el cuello y un día después lo hacía Aoshi, era una coincidencia muy sospechosa.

—Tenemos que llegar al fondo de esta cuestión. Shiro, ¡ve ahí y pregúntale!

—¿Qué? ¿Por qué yo?

—Porque es tu deber como el único hombre presente en esta cocina.

—Ni hablar, no quiero morir aún.

Okon frunció el ceño, ¡menudo cobarde! Puso los brazos en jarra.

—A lo mejor ha ido a un prostíbulo —sugirió Shiro.

Las dos mujeres le miraron con el ceño fruncido, aquel hombre ¿en un prostíbulo? Imposible. Alguien como Aoshi jamás acudiría a un lugar así, dudaban que, por muy necesitado que estuviese, se moviese fuera de su círculo. Era de la vieja escuela, eso lo convertía en alguien con más tendencia a buscar conspiraciones, por eso estaban seguras de que no se iría con una desconocida.

—Tiene que ser alguien conocido —declaró Okon a lo que Omasu asintió—. Imagínatelo buscando una mujer por ahí. Si ni con nosotras se relaciona ya me dirás cómo iba a hacerlo.

Shiro clavó de nuevo sus ojos castaños en la figura impasible del ex-Okashira.

—Bueno, yo qué sé. Sigue siendo un hombre. Y por muy de la vieja escuela que sea, debe necesitar algo de acción de vez en cuando.

—Puede que mis dotes sociales sean deficientes, sin embargo, mi oído funciona perfectamente.

Los tres Oni se tensaron al oírle hablar. Iba a matarlos a los tres, con sus kodachi o con unos kunai, puede que les torturase durante horas...

—¡He vuelto!

La joven Okashira soltó con cuidado las bolsas sobre la mesa, feliz y sonriente, ingenua, ajena a lo que estaba ocurriendo en aquel espacio. La víctima perfecta para apaciguar la ira de, un ex-Okashira, con la habilidad de ponerle los pelos de punta al más pintado. Okon le tomó las manos con fuerza.

—Misao...

—¿Uh? ¿Qué pasa?

Miró alarmada a sus tres compañeros, parecían asustados, tenía que haber pasado algo grave para dejarlos en aquel estado. ¿Y si había habido un ataque? ¿Y si Okina estaba enfermo? ¿O Aoshi? ¿Y si las cuentas habían dejado de cuadrar?

—¿Q-qué pasa? —repitió poniéndose en lo peor.

Okon soltó sus manos para agarrarla por los hombros haciéndola caminar de espaldas hasta la puerta de la cocina. Inspiró hondo, Misao se preparó para lo peor.

—Misao. Creo que Aoshi-san quiere té —soltó empujándola afuera.

La Comadreja trastabilló, Aoshi la atrapó con delicadeza evitando que cayese al suelo, acomodándola en su regazo.

—Tu sacrificio no será en vano, compañera —musitó Shiro al huir de la cocina.

Misao atónita observó cómo sus compañeros se daban a la fuga como si les estuviese persiguiendo el diablo en persona. Parpadeó comprendiendo que huían de Aoshi.

—¿Qué les has hecho? —preguntó divertida.

—Sólo les he recordado que tengo buen oído.

Misao soltó una carcajada.

—¿Crees que deberíamos explicárselo ya?

Aoshi la besó en el cuello. Se habían casado en secreto durante la última misión en la que habían participado juntos, de eso habían pasado ya tres meses y nadie en el Aoi-ya se había dado cuenta de nada.

—No, déjales especular un poco más.

—Qué cruel —replicó, aunque lo cierto es que a ella esa situación también la divertía.

Dormir juntos con el riesgo de ser descubiertos, las citas secretas en lugares inusuales, los besos por los rincones...

Fin

Notas de la autora:

¡Hola! Seguimos con otro shot sencillito. Dedicado a Okashira Janet por seguir ahí, al pie del cañón, y por darme su apoyo. Espero que te guste.
Lo he ido escribiendo en el metro en los trayectos de casa al trabajo y del trabajo a casa. La idea surgió en el metro también, una chica le comentaba a su amiga que su novio, secreto al parecer, le había dejado una marca en el cuello; la amiga le aconsejó vengarse dejándole otra a él. Y sí, la idea es un poco tonta, pero juntar marcas en el cuello y los chismosos del Aoi-ya… no pude resistirme.
Nos leemos pronto.

º º º

Okashira Janet: ¡Hola! No hay nadie mejor que Saitô para eso, ambos se parecen un poco. Me alegra ver que no soy la única que cree que falta algo ahí. Un beso.