Capítulo 11. Lecciones de heroísmo

Bruce entró en la clase de lucha de Henri Ducard. Su maestro estaba esperándole sentado en el suelo, en el centro de la sala.

-Pasa, Bruce.-dijo el profesor cuando vio al chico en la puerta.-Siéntate frente a mí.

Bruce obedeció y se sentó frente a él. Durante unos minutos ambos permanecieron en absoluto silencio.

-Maestro...-dijo Bruce rompiendo el silencio.-¿Cuándo vamos a empezar?

-Paciencia, Bruce.-dijo tranquilamente Ducard.-Antes de comenzar a pelear debes prepararte para ello. Respira, concéntrate y piensa sobre lo que quieres conseguir con estas clases.

Bruce no estaba muy de acuerdo con las palabras de su maestro, pero le hizo caso y comenzó a respirar profundamente. Sintió como sus músculos se relajaban, liberándose de toda tensión. Cerró los ojos. ¿Cuál era su motivación? Quería aprender a luchar contra el mal de su ciudad. El mal que le había arrebatado la vida a sus padres. Era su motivación desde niño. Desde aquel trágico día, Bruce juró que acabaría con el crimen de Gotham y evitaría que ninguno de sus seres queridos volviera a sufrir.

-¿Estás listo?-dijo la voz de Ducard invadiendo toda la sala.

-Estoy listo.-afirmó Bruce.

Ducard se levantó y él hizo lo mismo.

-Bien, en la clase de hoy vamos a examinar tu modo de luchar. Vamos a ver qué tácticas dominas y qué necesitas mejorar.-dijo el profesor, colocándose en posición defensiva.-Veamos qué tal luchas, Bruce.

Bruce se colocó en posición defensiva también y miró fijamente a su maestro. Era un hombre de aproximadamente sesenta años, de modo que su fuerza y agilidad no podían compararse con las suyas. El chico decidió comenzar despacio y lanzó un golpe hacia el pecho de su maestro, que éste bloqueó.

-¡Engreído!-exclamó Ducard, sabiendo qué se proponía Bruce.-¿Crees que debes apiadarte de mí porque sea viejo?-preguntó agarrando firmemente el brazo de Bruce. El chico se dio cuenta de que Ducard tenía más fuerza de la que aparentaba y tiró de él aprovechando el impulso del chico para derribarlo con una zancadilla.

-Levántate, chico. Y esta vez no cometas el error de subestimarme.-dijo el maestro mientras su alumno se levantaba para reanudar el combate.

En esta ocasión, Bruce lanzó varios golpes a Ducard que le costó bloquear, también detuvo varios golpes que le lanzaba su maestro sin ninguna piedad. Bruce pudo comprobar que pese a no ser tan fuerte ni tan ágil como él, Ducard sabía donde debía moverse. Era como si pudiera leer su mente y conocer todos sus movimientos.

-¡Esto no es lo que me esperaba!-dijo el maestro haciendo ver a Bruce que se sentía decepcionado.-¿Y tú eras mi mejor alumno? ¿cómo puedes golpear con tan poca fuerza?

Bruce ignoró el comentario de su profesor y siguió peleando. La lucha se prolongó varios minutos hasta que finalmente Ducard golpeó al chico en una pierna, haciéndole perder el equilibrio, y aprovechó la distracción para lanzar un puñetazo directo a la boca a Bruce.

El chico cayó de nuevo al suelo, sintiendo el sabor de la sangre en su boca.

-No estoy impresionado.-se limitó a decir Ducard.

Al oír aquello, Bruce apretó los dientes y dejó que la rabia corriera libre por su cuerpo. Lanzó varios golpes a su profesor y éste se vio obligado a retroceder debido a la fuerza con la que su alumno golpeaba ahora. Bruce consiguió acorralar a Ducard en un rincón y entonces lanzó un golpe que dejó su costado derecho vulnerable. Ducard aprovechó para golpearle y Bruce volvió a caer al suelo, dolorido.

-Otra vez.-dijo Ducard.

-Necesito... descansar... un poco.-jadeó Bruce.

-Descansarás cuando ganes un combate.-respondió el maestro.-No llegarás a ser el mejor guerrero del mundo estando en el suelo.

Agotado y furioso por las palabras de su maestro, Bruce se levantó de nuevo, haciendo caso omiso del cansancio y volvió a luchar. Tras unos minutos, consiguió acorralar a su oponente de nuevo y esta vez se aseguró de no cometer el error anterior. Tras esquivar algunos golpes más, Ducard hizo una señal para que parasen.

-Está bien. Descansa.-dijo el profesor.

Bruce paró y volvió a respirar profundamente para calmarse. Pero no tuvo mucho tiempo ya que en cuestión de segundos, Ducard se lanzó contra él para derribarlo de nuevo.

-¿Qué demonios...-dijo Bruce enfadado.

-Deberías haberme parado.-dijo Ducard.

-¡Ya no estábamos luchando!-contestó el alumno.

-Siempre estamos luchando, Bruce.-explicó el maestro.-No debes confiar en tu rival. La gente a la que te enfrentarás con conoce reglas. Intentarán ganar a cualquier precio, por eso debes estar siempre alerta.

Las palabras de Ducard recordaron a Bruce el día en que salvó a aquel hombre de unos matones en el East End. No había contado con que aquel tipo también le atacaría, y entonces casi murió por su confianza.

-Tiene razón, maestro.-dijo Bruce.

Ducard ayudó al chico a levantarse del suelo.

-Bien, por hoy ya es suficiente.-dijo el profesor.-Creo que deberíamos trabajar en aprender a canalizar esa ira que tienes. Cuando estás enfadado, tu fuerza aumenta considerablemente y estás más concentrado en la pelea, pero pierdes autocontrol. Tienes que evitar esto último.

Trabajaremos sobre ello en la próxima clase.

. . .

Varios días después, Bruce se encontraba de nuevo sentado en el suelo de la escuela de lucha. Frente a él se encontraba su maestro, que le miraba fijamente.

-Libera tu mente de todo pensamiento, Bruce.-dijo éste tranquilamente.-No pienses en nada.

-Lo intento, maestro.-dijo Bruce.

-Domina tu rabia, no dejes que sea ella quién te controle a ti.-continuó Ducard.

Bruce continuó sentado durante unos segundos hasta que anunció a su maestro que estaba listo.

-Bien.-dijo éste.-Hoy vamos a volver a pelear con armas. Llevamos unos días aprendiendo a usar armas de una mano. Hoy vamos a practicar con palos bo.

Bruce asintió y cogió el arma que su maestro le ofrecía para bloquear casi al instante un golpe que le lanzó Ducard.

-Buen comienzo.-dijo el profesor.-Has estado alerta en todo momento.

Los dos luchadores se separaron y se miraron fijamente. Bruce esperó unos segundos antes de embestir a su maestro. Ducard esquivó el golpe y aprovechó para atacar a Bruce pero el chico ya estaba preparado para aquello y paró el golpe.

-Muy hábil.-dijo Ducard.-Pero has vuelto a precipitarte como siempre.

El maestro alzó el palo y lo colocó bajo los pies de Bruce haciéndole tropezar.

-Has empezado bien, pero de nuevo, quieres acabar la pelea cuanto antes.-dijo, una vez hubo terminado la pelea.-Terminas la pelea en tu cabeza antes de terminarla en la realidad.

Bruce volvió a levantarse, ligeramente frustrado por la derrota y el combate comenzó de nuevo. Esta vez, Bruce esperó a que su maestro atacara primero. Mientras aguardaba el momento, examinó la habitación, en busca de algo que pudiera resultarle útil para vencer a su rival.

Ducard atacó rápidamente con un golpe fuerte. Bruce paró la embestida y respondió con un contraataque que su maestro esquivó. La batalla continuó unos segundos hasta que ambos hicieron chocar sus armas las aguantaron en aquel estado para derribar al otro. Bruce empujó con todas sus fuerzas para acabar con Ducard pero éste oponía resistencia, lo cual hacia que Bruce se cansara. Cuando Bruce cedió, Ducard aprovechó el momento y empujó al chico para derribarle, pero entonces Bruce soltó el palo bo con una mano y usó su mano libre para golpear con un puñetazo a su adversario.

El maestro retrocedió.

-Bien...-dijo.-Has aguantado el choque e incluso has roto las reglas del combate para vencerme.

-Lo importante es ganar.-dijo Bruce.-la otra opción es morir.

-Sí.-dijo Ducard.-Pero debes tener cuidado con eso. No debes ganar a cualquier precio.

-Creía que había dicho que mis rivales harían eso.-contestó Bruce.

-Pero tú eres un héroe, Bruce.-dijo Ducard.-No debes ser como ellos. Tú debes demostrarles que tu mayor arma es la que ellos creen que es tu mayor debilidad: la piedad.

-No estoy muy seguro de entender eso...-dijo Bruce.

-Tienes que enseñarles que tu haces lo que haces por otro motivo. Tú perdonarás la vida de tu adversario cuando le hayas derrotado y valorarás la vida por encima de todo. No debes ver como una opción ganar si eso implica la pérdida de una vida.

Bruce asintió y volvió a colocarse en posición defensiva. El siguiente combate duró varios minutos. Durante todo aquel tiempo, Bruce pensó en lo que había dicho Ducard. Compartía sus ideas pero en el campo práctico sabía que aquello no sería fácil. Ducard golpeó con el palo a Bruce en la cara y lo derribó.

-¿Qué diablos estás haciendo?-dijo Ducard, molesto.-¡Te estás desconcentrando de nuevo!

Bruce se levantó y volvió a luchar. Ducard volvió a derribarle, Bruce se dio cuenta de que ahora estaba luchando con más velocidad y dominio que antes.

-Levántate otra vez. ¡Concéntrate!-exclamó el profesor.

El chico volvió a ponerse en pie solo para volver a ser derribado.

-Creía que ibas a luchar mejor después de tantas clases de práctica. Ya veo que no es así-se burló el maestro.

Bruce volvió a levantarse y sintió como de nuevo la rabia comenzaba a dominarle.

-¡Oh!, ¿De nuevo te estás volviendo un descuidado?-preguntó Ducard golpeándole en el costado.-Me estoy sintiendo decepcionado. Ojalá tus padres no te estén viendo ahora...

Bruce miró a Ducard y volvió a levantarse, esta vez aún más furioso.

-Vamos, ponle más ganas.-dijo Ducard.-Imagina que soy el tipo que atacó a tus padres. Ahora mismo no podrías con él de ninguna forma. Me estás mostrando que sigues tan indefenso como cuando eras niño. Si aquello ocurriese ahora, tampoco podrías hacer nada.

Bruce sintió que su sangre hervía. Agarró con fuerza el palo y lanzó un golpe contra su maestro que hizo que se tambaleara.

-¡Cállese!-gritó mientras golpeaba el palo bo de su maestro.

El golpe hizo que el palo de Bruce se partiera en dos, pero eso no le detuvo y comenzó a lanzar puñetazos y patadas a su maestro. Ducard esquivó los golpes y cuando decidió que era hora de acabar con el ejercicio, derribó de nuevo a Bruce.

-¿Por qué... ha dicho... eso?...-jadeó Bruce, tumbado en el suelo.

-Para demostrarte que aún no te has librado de la ira.-dijo sencillamente Ducard.

-Lo que ha dicho de mis padres... ninguno de los matones con los que me enfrente lo sabrá.-protestó Bruce.

-¿Y si alguno si lo sabe?-preguntó Ducard.-¿y si alguien que te conoce decide atacarte con tus propios sentimientos?

-Eso no pasará...-dijo Bruce.

-Puede ocurrir. Y te quedarás indefenso.-explicó el maestro.-Debes estar preparado ante todo si quieres conseguir lo que te propones, Bruce. Incluso debes considerar que alguien al que aprecias pueda volverse contra ti. Ya te dije el primer día que éste no era un camino fácil.

Bruce se quedó quieto unos minutos mirando a su maestro.

-Ponte en pie.-dijo Ducard tras unos minutos.-Repitamos el ejercicio.

. . .

Bruce respiró profundamente para mantener la calma. La sala de lucha se encontraba prácticamente a oscuras como parte de la prueba de aquel día.

Cuando llegó a la clase, Ducard estaba oscureciendo la habitación lo máximo posible para que apenas se pudiera distinguir nada. Cuando Bruce preguntó a qué se debía aquello, Ducard le explicó en qué consistía la clase de aquel día:

-Debes aprender a moverte sin ser visto y a la vez defenderte de enemigos que puedan acecharte en las sombras.-dijo el profesor.- Hoy debes intentar cogerme desprevenido y atacarme. Yo haré lo mismo. El primero que golpee a su adversario tres veces gana.

Ducard le dio a Bruce un bastón de madera ligero y el cogió otro. Tras coger las armas. Ambos se dieron la espalda y trataron de ocultarse en el lugar más oscuro de la habitación.

Bruce afinó sus sentidos desde el primer momento para intentar atrapar a Ducard, pero se movía con demasiada rapidez y no pudo verle venir en dos ocasiones. Bruce se dijo a sí mismo que la próxima vez sería él quien golpearía. Tras lo que parecían unos largos minutos, caminó por toda la habitación, intentando encontrar a su maestro. No fue hasta más tarde cuando oyó un ruido detrás de él y se giró para defenderse del ataque de su rival. Por suerte pudo parar el golpe y aprovechó el movimiento de Ducard para contraatacar y golpearle con su bastón.

Después de recibir el golpe, el maestro desapareció de nuevo en las sombras.

-Dos a uno.-dijo una vez hubo desaparecido.

Unos minutos después, Bruce consiguió otra victoria sobre Ducard, tras lo cual quedaron empatados. Ahora Bruce tenía todos sus músculos en tensión. El primero que golpeara al otro ganaba y no permitía concederle la victoria a su maestro. Bruce pensó en cómo podía asegurarse la victoria, siguió moviéndose por la sala hasta que finalmente tuvo una idea.

Ducard avanzaba lentamente por la habitación. Bruce sabía ser sigiloso pero podía notar como de nuevo sus ansias de ganar se imponían sobre él, haciéndole ser más descuidado. Pasaron unos minutos hasta que Ducard oyó detrás de él como algo chocaba ligeramente contra la pared. El maestro sonrió. Una vez más, Bruce se había precipitado y aquel descuido había sido su perdición. Ducard avanzó hacia donde había oído el ruido. Estaba a punto de atacar cuando descubrió que lo que había allí solo era un palo que había caído al suelo. Ducard se giró pero entonces, Bruce aprisionó a su maestro por el cuello usando su bastón.

-Tres a dos. He ganado.-dijo Bruce.

Ducard aceptó la derrota y encendió las luces de la habitación iluminándola y dejando al descubierto la trampa de Bruce.

-Así que has cogido otro bastón y me has hecho creer que habías cometido un error para que te encontrara.-dijo Ducard.-Buena distracción, pero no recuerdo haber dicho que pudieras hacerlo.

-He usado el entorno. Como siempre me ha dicho, maestro.-dijo Bruce.

Ducard sonrió.

. . .

Henri Ducard se encontraba sentado en el centro de la sala, como de costumbre, cuando Bruce entró en la clase, pero en esta ocasión notó que el profesor tenia a su lado un pequeño cuenco de bronce donde se encontraba preparando una poción usando varias plantas.

-Siéntate, Bruce. Hoy no vamos a pelear.-dijo el maestro mientras continuaba preparando la bebida.-Durante todo este tiempo te he enseñado a perfeccionar tu dominio de todas las artes de lucha. Hemos peleado cuerpo a cuerpo, usando varias armas e incluso hemos manejado armas a distancia. Sinceramente, creo que podrías contra los criminales de esta ciudad sin ningún problema. Sin embargo, hay algo que me gustaría que hicieras antes de eso. Además,-añadió riendo.-creo que es mejor darte un descanso. No quiero acabar rompiéndote los huesos y que tu novia y tu mayordomo me denuncien.

-Ellos no saben lo que estoy haciendo aquí.-dijo Bruce seriamente.

-Así que has decidido ocultarles esto.-dedujo Ducard.-Interesante. ¿Por qué?

-No quiero preocuparles.-dijo Bruce.

-¿Y eso te funciona?-preguntó el maestro.

-Hoy...-comenzó Bruce, pensando si debía contarle aquello a su maestro.-... mi novia ha discutido conmigo. Está preocupada porque cree que paso demasiado tiempo aquí y que no le presto atención.

-Ya veo... así que ¿así es como quieres vivir? ¿Bruce Wayne de día y justiciero de noche?

-Si lo mantengo en secreto, los criminales no sabrán quién soy y no podrán atacar a mis seres queridos.-explicó Bruce.

-¿Aunque eso signifique que ellos no confíen en ti?-preguntó con curiosidad Ducard.

-Es mejor que me abandonen a que mueran por mi culpa.-dijo Bruce firmemente.

Ducard dejó de hablar con Bruce y se centró en preparar la pócima.

-La clase de hoy consistirá en una prueba mental.-dijo tras una breve pausa.-Esta poción que ves aquí está preparada con una serie de plantas muy especiales que crecen en las profundidades de las selvas de África. Los chamanes de varias tribus las usan como instrumento de reflexión e introspección para saber quienes son en realidad. Hoy tú vas a hacer lo mismo.

-¿Solo eso?-preguntó Bruce incrédulo.

-Éste va a ser un viaje intenso, Bruce. Lo que vas a encontrar son tus mayores deseos y tus miedos más profundos y yo no estaré allí para ayudarte. Debes enfrentarte a ellos solo. De modo que debes estar muy seguro de querer hacerlo.

-Lo estoy.-dijo Bruce convencido.

-Está bien.-contestó Ducard dándole el cuenco con la bebida a Bruce.-Mantén tu voluntad y no te dejes llevar por las emociones.

Bruce cogió el recipiente y bebió la poción.

-Respira profundamente.-continuó Ducard.-Mantén la calma.

Tras unos minutos, Bruce cerró los ojos y empezó a notar como la pócima hacía efecto en sus sentidos, aislándole del mundo exterior e introduciéndose poco a poco en lo más profundo de su mente.

Los primeros segundos, Bruce rememoró algunos de los momentos más felices de su vida. Volvió a sentir la misma emoción cuando jugaba con Tommy Elliot, su antiguo amigo; la misma alegría que sintió el día de su décimo cumpleaños, antes del asesinato de sus padres; y también recordó todos los momentos felices que había pasado con Harley, desde el día que se conocieron hasta última vez que se habían visto, pasando por el momento en que ella le confesó su amor y la primera vez que hicieron el amor. Bruce intentó mantenerse neutral y observar aquellos recuerdos, intentando extraer una conclusión de todos ellos. No podía negar que había sido muy feliz en su vida, incluso tras la muerte de sus padres, gracias a Harley. El que ella hubiera permanecido a su lado tanto tiempo reconfortó a Bruce y le hizo sentirse alegre. De repente, en lo más profundo de su mente oyó un fuerte y escalofriante chillido y Bruce abrió los ojos y descubrió que la clase de lucha había desaparecido. Ahora se encontraba en un lugar oscuro y enorme, sin ningún límite a simple vista, y se encontraba flotando en el aire. Bruce volvió a oír el chillido y se giró asustado. Cuando volvió la cabeza hacia atrás, vio que se aproximaba hacia él un gran murciélago negro parecido al que había visto entrar en su habitación cuando era niño. El murciélago paró cuando estuvo frente a Bruce y lo miró con sus enormes ojos rojos.

-Bruce Wayne...-dijo el murciélago.

-¿Qué eres?-dijo intentando ocultar su miedo ante la criatura.

-Tú.-dijo el murciélago.-Soy una parte de ti. Yo nací cuando tus padres fueron asesinados. Soy tu sentido de la justicia. Tu deseo de venganza.

Bruce miró al murciélago en silencio.

-¿Y qué es lo que quieres?- dijo el chico tras varios minutos de silencio.

-Mostrarte las consecuencias de tu elección.-dijo la criatura.-Quieres ser un héroe, pero no conoces el sacrificio que eso implica: soledad, rechazo de tus seres queridos, una vida llena de violencia y miedo...

-No tiene por qué ser así.-dijo Bruce.-Yo puedo cambiar las cosas.

-¿Estás seguro?-dijo el murciélago envolviéndole con sus alas.-Veámoslo.

Bruce se cubrió de las alas del murciélago y cuando se liberó, descubrió que se encontraba en el antiguo callejón del cine Monarch, de noche y lloviendo torrencialmente.

-Venga, Bruce. No te quedes atrás.-dijo una voz detrás de él.

Bruce se giró y su corazón se aceleró. Detrás de él se encontraba Thomas Wayne, su padre.

El chico se giró y caminó hacia él.

-Bruce, date prisa. Vas a quedarte empapado si sigues ahí.-dijo Thomas Wayne.

-No te preocupes, Tom. Un poco de lluvia no hace daño a nadie.-dijo Martha Wayne que se encontraba junto a su marido.

Bruce sintió que se le helaba la sangre. Aquello no podía ser real. Su padre y su madre habían muerto hace mucho tiempo. Debía ser un efecto de las plantas de Ducard. Pero parecía tan real...

Bruce se encaminó hacia sus padres, pero éstos siguieron caminando por el callejón.

-¡Mamá, papá! ¡Esperadme!-dijo el chico mientras corría.

Los Wayne siguieron caminando despreocupadamente mientras su hijo les seguía gritando para que se detuviesen.

Al cruzar sus padres la esquina donde fueron asesinados, Bruce sintió que le invadía el miedo.

-¡NO!-gritó asustado.-¡No vayáis por ahí!

Se quedó paralizado cuando oyó el forcejeo de Joe Chill con su padre y los gritos de su madre.

Estaba ocurriendo otra vez. No podía permitir que pasara de nuevo. Bruce corrió con todas sus fuerzas hacia aquella esquina, rogando que no fuera tarde. Cada segundo era vital.

-¡Mamá!, ¡Papá!-gritó.

Cuando cruzó la esquina, se quedó de piedra. De nuevo, allí estaba Joe Chill con su sonrisa y su mirada de frialdad, sosteniendo una pistola a punto de ser disparada. Pero esta vez a puntaba a una chica. Una chica rubia de grandes ojos azules que se giró para mirarle.

-¿Bruce?-dijo Harley.

Al momento, Bruce oyó el sonido del disparo de la pistola de Chill de nuevo mientras Harley caía derribada.

Bruce se acercó a la chica, asustado. No podía ser real, Harley no estaba allí realmente y Chill estaba en la cárcel. Tenía que ser un truco.

Furioso, Bruce se lanzó contra Chill y cuando le embistió, el asesino se convirtió en una bandada de murciélagos.

El chico se levantó del suelo y se encontró en un hospital. Junto a él estaban Alfred y el doctor Quinzel que vigilaban atentamente una camilla donde se encontraba Harley, con un disparo en el pecho.

Bruce avanzó temeroso.

-¿Alfred?, ¿Doctor Quinzel?...

-¡Aléjate de ella!-gritó el mayordomo furioso.-¡Todo esto es por tu culpa! ¡Mira lo que has hecho! ¡Tú eres el responsable de todo su sufrimiento! Nunca te importó nada, siempre quisiste salir a pelear contra criminales por las noches. Y ahora por tu culpa está muerta. Eres un monstruo, Bruce.

-Me prometiste que cuidarías de ella, Bruce.-dijo el doctor.-¡Me lo prometiste! Y ahora mi hija se muere. Porque tú eludiste tu responsabilidad.

Aterrado, Bruce se alejó de allí y volvió a encontrarse en la oscuridad del principio. Se arrodilló en el suelo intentando mantener la calma de nuevo pero era inútil. Lo que había visto le había alterado por completo.

-No hay nada más que oscuridad para ti, Bruce Wayne.-dijo el murciélago apareciendo de nuevo.- ¿Estás dispuesto a llevar esa vida? ¿aún con todo lo que eso significa?

Bruce miró al murciélago, aquella visión le había hecho plantearse si quería ser un héroe a cualquier precio.

-Siento que dudas, Bruce.-dijo el murciélago.-No tienes tan claro querer ser rechazado por tus seres queridos. Tienes demasiado miedo a perderlos. En especial... a ella.

Bruce miró fijamente al murciélago. Tenía razón. No podía vivir sin Harley, ella conseguía que la angustia y el dolor que sentía por la muerte de sus padres, desapareciera. Aunque a veces deseara realizar su meta como luchador contra el crimen, su presencia bastaba para hacerle cambiar de idea.

-Interesante,-dijo la criatura.-estarías dispuesto a sacrificarlo todo excepto a ella, pero, por otro lado, no puedes abandonarme a mí tampoco. Me necesitas. Porque, al igual que ella, yo te he acompañado durante casi toda tu vida.

Bruce se encontraba cada vez más confundido.

-Debes deshacerte de ella si no quieres que sufra.-dijo el murciélago.-Es la única forma de hacerlo.

Cuando la criatura habló, Bruce sintió que el tiempo se detenía. No podía olvidar a Harley, el murciélago tenía razón. Los dos eran partes importantes de su vida y no podía elegir entre ellas. Bruce miró a los ojos rojos del murciélago. Algo en su interior le indicaba que aquello no era cierto. A fin de cuentas, aquel animal no era más que su mente hablándole, y su mente podía equivocarse.

-No.-dijo Bruce.-No renunciaré a ninguno de los dos. Lo soportaré. Aprenderé a cuidar de mis seres queridos a la vez que lucho contra el crimen de esta ciudad.

Tras las palabras de Bruce, el murciélago rió fuertemente.

-Ingenuo.-le dijo.-No se puede llevar una doble vida sin consecuencias trágicas. Lo aprenderás por las malas.-Dijo la criatura antes de desaparecer.

Bruce pasó unos minutos más en aquel lugar. Cerró los ojos y volvió a sentarse para controlar sus emociones. "Puedo hacerlo." Se repetía a sí mismo una y otra vez. "Sé que puedo."

Más tarde volvió a abrir los ojos y se encontró de nuevo en la clase de Ducard, donde su maestro le observaba fijamente.

-Bruce ¿estás bien?-preguntó.

Bruce tardó un tiempo en acostumbrarse de nuevo al entorno. Los efectos de la poción de Ducard habían desaparecido bruscamente y se encontraba un poco mareado.

-Estoy bien.-dijo Bruce.

-¿Qué has visto?.-preguntó su maestro.

Bruce tardó unos segundos en responder.

-A mis padres.-dijo el chico.-Y vi como las personas que me importan sufrían por mis errores. Por mis decisiones.

Ducard miró fijamente a su alumno.

-Bruce, esta clase de hoy es una de las más importantes. La bebida que te he dado te debe haber hecho cuestionarlo todo, poner tu mundo patas arriba, y es habitual dudar de todo lo que uno cree después de haberla probado. De modo que te lo preguntaré de nuevo, porque tal vez hayas cambiado de opinión. ¿Crees que estás listo para enfrentarte al crimen de tu cuidad?-preguntó el maestro seriamente.

Bruce recordó las palabras del murciélago. Sintió que le invadían dudas de todo tipo. Dudas que no había llegado a plantearse antes. ¿Y si Harley moría realmente por su culpa? ¿Tenía razón aquel murciélago? ¿Tan seguro estaba de que acabaría aquello en tragedia? Ante la gran incertidumbre que había en su interior, Bruce recordó la noche de la muerte de sus padres. Si él hubiera estado preparado, habría detenido al ladrón. Si no hubiera estado preparado, Kate podía estar muerta ahora. Pensó también en la vida de Harley. No era algo que estaba dispuesto a perder. Si accedía, debía asegurarse de que ella siempre estuviera sana y salva, y desde luego, no podía cometer ningún error. Decidió finalmente que lo haría. Sería el héroe que siempre quiso. Su vida estaría dedicada a proteger a todas las personas de su ciudad.

-Lo haré.-dijo convencido Bruce.

. . .

Al día siguiente, Bruce entró en la clase de lucha de Ducard preparado para la prueba a la que se sometería aquel día.

-De nada sirve que aprendas a luchar si nunca te enfrentas a nadie en la realidad.-dijo el maestro el día anterior.- De modo que en esta clase comenzaremos con el "trabajo de campo."

Bruce acompañó a Ducard a la parte trasera de la clase, donde éste le entregó un traje que consistía en un chaleco de color rojo, unos pantalones, guantes y botas negros, acompañados de una capucha también negra, y una capa negra por fuera y amarilla por dentro.

-Maestro, ¿qué es esto?-preguntó Bruce.

-Es tu uniforme.-dijo Ducard.-Necesitas protegerte de golpes, heridas de cuchillos, balas, y todo lo que se te ocurra. De modo que utilizarás esto para luchar contra los criminales. Pruébatelo.

Bruce se puso el disfraz y se miró al espejo.

-Me siento ridículo.-dijo.-Parezco un pájaro.

-Bueno, en parte está diseñado para causar esa impresión.-dijo Ducard riendo levemente.

-¿Cómo quiere que salga a luchar con esto?-contestó Bruce molesto.-No me tomarán en serio.

-Por eso mismo quiero que lo lleves, Bruce.-respondió el profesor.-Porque te subestimarán, pensarán que no eres peligroso y que pueden derribarte sin complicaciones, pero tú les demostrarás que están equivocados.

-Ya veo.-dijo Bruce, moviendo las extremidades para intentar adaptarse al traje.

-Además, siempre viene bien un toque de excentricismo y teatralidad.-continuó el maestro.-De ese modo los criminales no sabrán realmente a quién se enfrentan y eso les infundirá miedo. Este traje que ahora te parece tan ridículo podría ser temido por todos los criminales de Gotham en unos años.-terminó diciendo Ducard.

Tras ponerse el disfraz, Ducard le entregó un cinturón con varios bolsillos en los que había varios objetos como bombas de humo, shurikens y dardos aturdidores.

-También creo que deberías proteger tu identidad. No creo que quieras que la gente sepa que Bruce Wayne se dedica a patrullar las calles de Gotham por la noche vestido de pájaro.-dijo Ducard entregándole un antifaz a Bruce.

Ducard abrió varios armarios donde tenía guardadas todas las armas de lucha que Bruce y él habían utilizado en sus entrenamientos.

-Coge lo que creas que necesitarás.-dijo el profesor.

Bruce observó la cantidad de armas que se encontraban ante él. Ninguna de ellas eran letales, por lo que no debía preocuparse de que pudieran matar a alguien. De entre que veía a su disposición se fijó atentamente en los palos bo y los bastones de eskrima. Al cabo de unos minutos, decidió que llevaría uno de los palos bo.

Cuando Bruce estuvo listo, salió de la clase con su profesor.

-En nuestra primera clase práctica iremos a Kane's District.-dijo el maestro.-No es un lugar famoso por su gran actividad criminal, pero no te dejes engañar. Puede llegar a ser tan peligroso como el East End un día cualquiera. Pasea por las calles, busca criminales y detenlos. Nos reuniremos en la calle Murphy dentro de una hora.-explicó Ducard.

Bruce paseó por las calles desiertas de Kane's District durante unos minutos. Para no llamar la atención demasiado se quitó la capucha y el antifaz, a la vez que procuraba permanecer en las sombras. Recordaba como era Kane's District cuando el era niño. Era uno de los barrios más antiguos de Gotham, y con el tiempo se había llenado de crimen y pobreza. Bruce pasó por un parque desierto y recordó que en ocasiones cuando era niño veía a otros chicos jugando en él.

Un grito que procedía de uno callejón alertó a Bruce de nuevo. Del callejón salió corriendo un hombre con un bolso y detrás de él una mujer que intentaba alcanzarle desesperada.

Sin mediar palabra, Bruce se ocultó en las sombras y se dispuso a perseguir al ladrón, al que encontró ocultándose un par de calles más abajo en otro callejón. El hombre se encontraba apoyado en la pared, buscando el dinero que pudiera haber en el bolso. No se percató de que alguien se le acercaba sigilosamente. Cuando el ladrón encontró la cartera, se dispuso a abrirla pero entonces algo le golpeó en las manos haciéndole soltar la cartera.

El hombre miró a su alrededor pero no encontró a nadie. Se agachó para ver qué era lo que le habría golpeado y encontró en el suelo una estrella ninja con los extremos romos. Extrañado, el hombre levantó la vista y se sobresaltó al ver que frente a él había una silueta vestida con una capa y una capucha.

-¡Joder! ¡Vaya susto, tío!-dijo el ladrón.-¿Qué coño quieres? ¡Lárgate! ¿No ves que estoy ocupado?.

La silueta no se movió.

-¿Estás sordo o qué? ¡Largo!-insistió el criminal.

-Dame ese bolso.-dijo Bruce fríamente.-O devuélveselo a la mujer a la que se lo has robado. Ahora.

El ladrón miró a Bruce riéndose.

-¡Ja, ja, ja, ja! ¿Qué es lo que estás diciendo? ¿quieres que te dé dinero? Lo siento, amigo. Pero no voy a soltar ni un centavo.

-No te lo estaba pidiendo.-dijo Bruce seriamente.

-Mira, tío. Estás empezando a tocarme las narices. No voy a darte una mierda. Así que desaparece o me veré obligado a usar esto contigo.-respondió el ladrón mientras sacaba una navaja de su bolsillo.

Ante la amenaza del ladrón, Bruce sacó de su capa el palo bo y se preparó para atacar.

-Tío, tú lo has querido.-dijo el ladrón.

El criminal se lanzó sobre Bruce con una embestida, dispuesto a apuñalarte. Bruce esquivó el ataque y golpeó en la nuca al ladrón con el palo, tirándole al suelo. "Demasiado fácil." Pensó Bruce mientras en hombre volvía a ponerse en pie. Bruce continuó esquivando varios ataques hasta que su oponente quedó agotado, entonces le asestó un fuerte golpe en la mandíbula con el palo y le dejó inconsciente. Cuando el ladrón cayó al suelo, recogió le bolso y fue a buscar a su dueña. Minutos más tarde encontró a la mujer vagando por las calles, intentando encontrar al ladrón. Bruce desde la oscuridad, lanzó el bolso cerca de la mujer y ésta lo encontró.

Tras aquella misión, Bruce se sintió confiado. Sabía que aquello no era más que un delito menor, fácil de superar, pero aún así, sintió que lo hizo mejor de lo que creía. "Tal vez no sea tan difícil."se dijo a si mismo mientras volvía con Ducard.

. . .

Cada noche, Bruce se encontraba más confiado, desde que había empezado a patrullar las calles con Ducard, sentía con más fuerza que estaba realizando por fin su sueño. Defendía por las noches a los inocentes mientras daba su merecido a los criminales. Aquella noche se encontraba en uno de los barrios cercanos al East End de Gotham, era el barrio de Miller Alley, durante aquella noche, había detenido tres robos, un atraco a una tienda y había impedido una compraventa de drogas que se producía en un parque cercano. A pesar de haberse defendido bien, había recibido algunos golpes y cortes de sus agresores pero no era nada que le impidiera continuar. Al principio de la noche, Bruce notó que alguien le estaba siguiendo. Se dio cuenta desde que empezó a pasear por las calles pero cuando se puso el disfraz consiguió despistarle. Se sintió aliviado de que aquella persona hubiera desistido y se hubiera ido ya que no quería que nadie que no fuera Ducard supiera lo que estaba haciendo. Mientras paseaba cerca de un callejón escuchó a varios hombres murmurar algo.

-¿En serio? ¿dices que estaba merodeando por las calles sola?-dijo uno de ellos.

-Sí. No creas que no me ha costado retenerla, se ha resistido bien. He tenido que dejarla K.O. ¿Qué creéis que hacía por aquí?-preguntó otro.

-Ni idea, pero no creo que sea de este barrio. Hay que tener valor para caminar sola en un sitio como este.-contestó de nuevo el primero.-Ya sabéis, tan cerca del East End y con tantos yonkis, ladrones y violadores sueltos.

Bruce oyó a varios hombres reírse ante aquel comentario y sus músculos se tensaron. Tenía un nuevo objetivo.

-¿Y ahora qué?-preguntó otro hombre.-¿Nos divertimos un rato con ella antes de matarla?

Bruce entró silenciosamente en el callejón. Por las voces, dedujo que debía tratarse de cuatro hombres. Recordó el día en que salvó a Kate de una situación similar. Debía darse prisa si quería llegar a tiempo y salvar a aquella mujer. Bruce respiró hondo para intentar calmarse.

-¡Venga, quitadle la ropa de un vez! ¡Estoy harto de esperar!-dijo uno de ellos con prisa.

-¡Cállate! ¡Lo vas a estropear todo!-gritó un segundo.-Sal fuera y vigila que ningún entrometido nos arruine la diversión.

Bruce escuchó como uno de ellos se acercaba a la esquina donde él se encontraba. Rápidamente buscó un lugar donde ocultarse del vigilante. Lo encontró en una de las esquinas, cerca de varios cubos de la basura. Cuando el matón que vigilaba cruzó la esquina del callejón, Bruce cogió uno de los dardos aturdidores del cinturón y con una pequeña cerbatana que guardaba en otro bolsillo, disparó al cuello del hombre. En cuestión de segundos cayó al suelo y Bruce salió de su escondite. Volvió a posicionarse cerca de la esquina. Su corazón latía con fuerza, el matón que vigilaba le había retrasado, esperaba no llegar demasiado tarde para salvar a la mujer.

Finalmente, haciendo uso de las sombras, logró acercarse lo suficiente como para poder ver a los tres matones que quedaban. Debía darse prisa si quería que la mujer no fuera violada. No podía eliminarlos a los tres uno por uno como había hecho en otras ocasiones. Debía atacarlos a la vez y cuanto antes... "No, no es necesario." Pensó. Lentamente salió de entre las sombras y se colocó a la vista de uno de los matones.

-¡Eh!, ¿quién es ese tío?.-preguntó el matón cuando le vio.

Los otros dos matones se giraron para mirar hacia donde apuntaba su compañero pero no vieron nada.

-¿Qué estás diciendo?-le preguntó uno.-Ahí no hay nada. ¿Qué pasa? ¿Ya estás colocado otra vez?

-Os juro que ahí había algo.-se defendió el matón.-Era como una especie de pájaro gigante...

-Sí ya, lo que tú digas.-se burló otro de los matones.-Sujétala. No quiero que se despierte y empiece a gritar antes de tiempo.

Oculto sobre unas escaleras de incendios, Bruce observó como el último matón en hablar había sacado un cuchillo con el que empezó a la rajar los pantalones de la mujer.

Bruce decidió que era el momento de actuar y lanzó un shuriken hacia la mano del hombre con el cuchillo.

El proyectil se clavó en su mano.

-¡Aaargh!-gritó el criminal.-¿Pero qué coño...

No tuvo tiempo de decir más, ya que se quedó sin palabras cuando desde lo alto vio caer a una persona que vestía una capucha negra y una capa amarilla que al desplegarla parecía dos enormes alas. Bruce golpeó con una patada al hombre con el cuchillo e hizo que los otros soltaran a la chica. Cuando aterrizó, se dio cuenta de que uno de ellos había sacado una pistola, de modo de que lanzó varios perdigones de humo a su alrededor, cubriendo por completo la zona. Los matones quedaron aturdidos por el humo y Bruce pudo ir eliminándolos uno a uno. Comenzó por el de la pistola y a continuación noqueó con el palo bo al que se encontraba más cerca de la mujer. Finalmente cuando casi todo el humo estaba disipado, el último matón retrocedió lentamente para intentar salir del callejón.

-¡Dios! ¿qué diablos eres?-preguntó aterrado.

-Soy tu peor pesadilla.-dijo una voz detrás de él.

Bruce derribó al matón antes de que pudiese girarse, cuando el hombre estuvo en el suelo, Bruce presionó la cabeza del criminal con el palo.

-¡Por favor, no me mates!, ¡por favor!-suplicó el matón.

-No voy a matarte.-dijo Bruce.-Pero quiero que cuando despiertes, les hables a tus colegas de mí. Sí es que puedes hablar entonces.

-¿Qué...-preguntó el matón asustado.

Antes de que pudiera decir nada, Bruce golpeó fuertemente su cabeza contra el suelo, dejándolo inconsciente.

Una vez hubo terminado con los matones, Bruce se acercó hacia la mujer para llevarla a un hospital. Al acercarse la reconoció enseguida, era la persona que había estado siguiéndole al principio de la noche. Cuando Bruce se giró para verle la cara, se quedó de piedra.

-Harley...-dijo conmocionado.

Bruce se arrodilló, se quitó la capucha y el antifaz, y preocupado, examinó a la chica. No parecía que tuviese ningún golpe grave excepto el que tenía en la cabeza que la había dejado inconsciente.

-Harley... dios mío... ¿qué estás haciendo aquí?... aguanta...-dijo Bruce abandonando toda su tranquilidad que había tenido en toda la noche.

El chico llevó a Harley ante Ducard y éste intentó tranquilizar a Bruce, que había llegado al punto de encuentro angustiado.

-No te preocupes, se pondrá bien.-dijo el maestro.

-¡No quiero tranquilizarme!-dijo Bruce con ansiedad.-Tengo que llevarla a casa. Alfred sabrá qué hacer. Tenía que haber estado con ella. Si hubiera llegado más tarde...-dijo nervioso.

-Bruce, tranquilo. A veces, estas cosas pasan. Es normal que...-intentó continuar Ducard.

-¡No, no es normal!-dijo Bruce.- ¡Podría haber muerto esta noche y yo ni me habría enterado! ¿Qué estoy haciendo?, debería estar con ella en lugar de perseguir ladrones por la noche. Es mi novia, y si no llego a estar aquí podría estar muerta.-dijo Bruce abrazando con fuerza a Harley.

Ducard miró al chico, mientras lloraba en el regazo de la chica.

-No puedo hacerlo, maestro.-dijo Bruce.-Creía que podía pero no. No puedo dejarla a un lado.

-Bruce... –dijo Ducard.-Tienes demasiado apego a esa chica. Es algo normal. Pero si te quedas con ella nunca podrás enfrentarte al crimen. ¿Estás seguro de querer hacerlo? ¿de verdad el amor que sientes por ella es suficiente para acallar tus deseos de hacer justicia por la muerte de tus padres?

Bruce miró a Harley y la volvió a coger en brazos.

-Sí.-dijo Bruce recordando que había pasado por la misma experiencia cuando bebió la poción de Ducard.-Puede que esté siendo egoísta, pero no puedo vivir si ella no está.

-Lo entiendo.-dijo Ducard tras unos minutos.-Adiós, Bruce. Espero que todo te vaya bien.

-Adiós, maestro.-dijo Bruce mientras desaparecía para volver a su casa.

. . .

Harley despertó en su habitación. Junto a ella, se encontraba Bruce, sentado al lado de la cama y cogiéndola de la mano.

-Harley, ¿estás bien?

-Bruce... ¿qué ha pasado?... ¿dónde estoy?- preguntó la chica confundida.

Intentó recordar qué había ocurrido aquella noche, sentía un fuerte dolor en la cabeza y cuando se incorporó de la cama no pudo evitar marearse.

-Me siento mal, Bruce. ¿Qué me ha pasado?.-preguntó de nuevo la chica.

-Te han golpeado en la cabeza.-dijo Bruce a la chica.- Te encontré inconsciente en un callejón de Miller Alley. ¿Qué hacías allí, Harley?-preguntó el chico sabiendo cual iba a ser la respuesta.

-No me acuerdo...-dijo Harley intentando recordar.-Me acuerdo que estaba contigo con casa, que volvimos a discutir porque quería saber qué estabas haciendo cada noche para llegar a casa con tantos golpes y heridas... y yo te seguí para averiguarlo. ¡Sí, eso es! Estaba siguiéndote pero te perdí y me acorralaron unos matones y...-La chica calló al instante.-... Bruce... ¿me han...

-No.-dijo Bruce rápidamente, sintiéndose culpable de nuevo por haber puesto en peligro a Harley.-Detuve a esos tipos antes de que pudieran hacerte nada.

-¿Los detuviste?-preguntó la chica extrañada.-Bruce, ¿qué estabas haciendo allí?

-No es nada...-dijo Bruce intentando quitarle importancia.

-¡No!-dijo Harley.-No me ocultes nada, por favor. Bruce, llevas semanas haciendo esto y estás muy raro desde entonces. Me tienes preocupada, porque a veces cuando te veo, me acuerdo de la vez que tuve que recogerte en el East End, cuando estuviste casi al borde de la muerte, y me pongo furiosa... parece como si quisieras matarte, y...-Harley se secó algunas lágrimas que salían de sus grandes ojos.-...¡y creo que cuando te vas es la última vez que te voy a ver!

Harley no pudo continuar sin deshacerse en lágrimas. Bruce, sintiéndose culpable por aquello, subió a la cama con Harley y la abrazó de nuevo.

-Lo siento, Harley.-dijo suavemente.-Lo siento mucho, de verdad, no quería hacerte tanto daño.

Cuando hablé con Chill, él me advirtió de que podría correr la misma suerte que mis padres o que tú podrías acabar mal parada por estar conmigo. Así que quise poner mis pensamientos en orden. Quería hacer algo para que pudiéramos vivir en paz, para que estuvieras a salvo... Pero fue una estupidez. Una estupidez que no volveré a cometer. Harley...-dijo el chico sonriendo.-...hoy me he dado cuenta de lo importante que eres para mí. Y no quiero pasar ni un día más de mi vida separado de ti. Te quiero.

-¿Significa eso que vas a dejar de salir de noche?-preguntó la chica mirando a los ojos a Bruce.

El chico asintió.

-Pero... ¿qué era lo que hacías?-insistió la chica.

-Harley, confía en mí. Es mejor olvidarlo.-dijo el chico antes de besarla en los labios.

Finalmente, ambos se quedaron en silencio y abrazados en la cama unos minutos.

-Te quiero mucho, Harley.-dijo Bruce al oído de la chica.

-Yo también te quiero, Bruce.-dijo Harley.

Segundos después. Harley se quedó dormida y Bruce permaneció a su lado, observándola.

Una vez más, se sintió culpable por casi haberla perdido aquella misma noche. No podía dejar de pensar en que por su culpa podría haber muerto. Aquello le demostró que ése no era el camino. Sí quería proteger a sus seres queridos debía estar con ellos, con Alfred y con Harley.

Bruce volvió a abrazar a su novia y le dio un pequeño beso en la mejilla.

-Buenas noches, Harley.-dijo Bruce antes de dormirse él también.

-N. del Autor: Hola a todos, quiero pedir disculpas por el pequeño retraso. No tenía pensado escribir este capítulo pero creo que es necesario para crear a un buen héroe, ya que puede resultar un poco extraño que Bruce sea tan buen superhéroe solo por aprobar en una simple escuela de lucha. También me gustaría aclarar algo que es posible que os estéis preguntando muchos (yo lo haría si leyera esto): ¿Cuando va a salir por fin Batman?. Bueno, en cuanto a eso solo tengo que decir que tengáis paciencia. Si os habéis fijado, la historia, hasta el momento, se divide en cinco capítulos de niños y seis de cuando Bruce y Harley son jóvenes (cinco si no hubiera publicado este episodio de aclaración). Ahora comienza la parte adulta que tendrá más capítulos y en la que por fin aparecerá Batman y se dará a conocer al villano. Bueno no tengo más que decir. Intentaré subir el próximo capítulo lo antes posible. ¡La aventura comienza ahora! seguid leyendo y gracias por comentar.