Disclaimer: Los personajes fueron creados por la gran Suzanne Collins, yo únicamente los tomo prestados para desatar mi loca imaginación y crear historias.

Capítulo 11: Untrusted

Por alguna razón no llegué a sorprenderme de que esta entrevista fuera con la mismísima presidenta del distrito.

-Bienvenida al distrito señorita Undersee -su boca compuso una mueca que pudo ser una sonrisa a no ser por que esta no llegaba hasta sus ojos.

No era sincera del todo. Si algo se me daba francamente bien, era el poder detectar una mentira a kilómetros de distancia.

-Mi apellido es Hawthorne ahora -contesté con voz dulce, dando a entender que creía que ese error no era deliberado de ninguna forma.

-Mi error, aquí no acostumbramos casamientos a tempranas edades -añadió con voz empalagosa- de cualquier forma, sabe por que ha sido convocada. La vida en este distrito se mueve de tal forma que todos damos para poder recibir, y con esta situación no se hará una excepción.

Consideré que aquella introducción no requería una respuesta directa por lo que sólo asentí.

-¿Cuáles eran sus actividades en su anterior distrito? -ahora sí que me tocaba responder.

-Aún era estudiante, este sería mi último año en la escuela elemental.

-¿En casa tenía alguna otra responsabilidad?

-Sólo hacía mis deberes y cuidaba de mi madre -no consideré oportuno hablarle de las lecciones que de vez en cuando comenzaba a darme mi padre sobre el manejo del distrito, si, finalmente no llegarían a ningún sitio.

-Así que cuidaba de su madre -repitió una vez más lo último que dije-, la señorita Everdeen mencionó antes lo útil que fue con los heridos, ¿Cree tener vocación para eso?

Me lo pensé de veras. Antes de llegar aquí no era una opción para mí, solo tenía que hacerlo por mi madre, pero más por gusto y por querer pasar tiempo con ella. No había necesidad, teníamos enfermeras y un equipo médico bastante pesado que se encargaban de eso. El panorama cambió drásticamente con la caída de las bombas, aunque en esa ocasión también lo hice un poco por gusto, por querer ayudar.

-Supongo que con entrenamiento adecuado puedo lograrlo.

-Contamos con un equipo selecto y muy capaz; sin embargo, con el inició de la revolución estoy consciente de lo necesario que será un cuerpo médico más grande. Le propongo un lugar de aprendiz de enfermera -hizo una pausa que no invitaba a una respuesta inmediata- Por supuesto, si no está dispuesta, podemos encontrar algo más en lo que pueda contribuir.

No estaba en posición de ponerme exigente y la oportunidad que se me estaba presentando sin duda no estaba nada mal, sobre todo si consideraba mi falta de experiencia en cualquier tipo de trabajo.

-Acepto con gusto -hablé con sinceridad.

-Siempre es agradable encontrar gente bien dispuesta a la contribución. Deberá integrarse con un grupo que ya va algo avanzado, el día de mañana haré llegar a usted los horarios y el lugar en el que debe presentarse -con esto y un apretón de manos, la reunión se dio por terminada.

...

Al llegar al compartimento me encontré con que el lugar estaba vacío. Gale debía estar con su familia.

A pesar de lo temprano que era y de que ya había tenido un buen descanso, mis músculos aún me exigían reposo. Tenía que aprovechar la ausencia de alguna forma.

Agarré vuelo y me lancé en directo a la cama -que estaba echa un desastre, era más una maraña de cobijas que otra cosa-. Aterricé lastimosamente en algo que no era una cama desastrosa, entre crujidos de huesos y quejidos míos y del intruso usurpador de camas me dí cuenta de la situación:

Gale no estaba con su familia.

-¡Qué demonios!

-Dios, Gale -me deshice del nudo de brazos, piernas y cobijas que había formado en mi descuido-, lo siento mucho no pensé que estuvieras aquí.

Gale se incorporó como pudo, con el sueño aún nublando su mente y danzando en sus ojos.

La situación era ridícula ciertamente, mis mejillas se colorearon sin remedio y esto pareció despertarlo definitivamente. Soltó una carcajada sonora a la que me uní enseguida. Que mejor forma de aligerar la tensión que esa.

-¿Cómo fue tu entrevista? -pregunté una vez recuperada la compostura, tomé asiento en la cama mientras Gale se incorporó y colocó la almohada tras su espalda.

-Bastante rápida, esta presidenta ni si quiera me conoce y ya parece tenerme la medida. Me ofreció un puesto en su ejército.

Este día estaba lleno de cosas que no me sorprendían, después de todo, si los eventos de lo que ocurrió después del bombardeo llegaron a los oídos de la presidenta, esta bien pudo deducir que el chico que salvó tanta gente tiene las agallas suficientes para querer salvar Panem.

-No me fío de ella -comentó de pronto, haciendo que reviviera mis propios sentimientos hacia la mujer-, ofreció un puesto para mi esposa también.

-No mencionó el ejército durante mi entrevista. Tampoco me fío.

-Seríamos tontos si confiáramos ciegamente, nos ayudaron; sin embargo, no podemos conocer las intenciones tras ese gesto.

Estaba de acuerdo, no había forma de estar seguros de las intenciones de aquella mujer, aunque ese brillo peculiar en la mirada dejaba ver una ansia de poder inconfundible. Debíamos ir con cuidado. Todos nosotros.

-Debemos ser precavidos, ya veremos a donde nos lleva todo esto.

Asentí como respuesta y luego añadí -De cualquier forma, creo que hasta cierto punto se apiadó de mi. Volveré a la escuela, me entrenarán como enfermera.

Sus cejas se alzaron denotando sorpresa y una sonrisa curvó sus labios, -me alegra, creo que serás fantástica, sólo hay que ver las maravillas que hiciste conmigo -dijo señalando la cicatriz de su rostro con el dedo.

Reí con soltura.

-Me alegro de tener algo que hacer y en lo que ocupar mi mente -me sinceré de pronto, expresé aquello que llevaba pensando los días anteriores.

La charla perdió la ligereza que habíamos logrado.

-Sabes que puedes hablar -añadió con pausa- si quieres, pero no tienes que hacerlo -apresuró la última parte avergonzado. Se notaba su poca experiencia con eso de hablar de cosas duras con extraños. Porque eso es lo que somos, extraños unidos por circunstancias fuera de nuestro control.

En circunstancias normales jamás habríamos llegado a este punto, ni si quiera hubiéramos pasado del saludo fríamente cortés y las transacciones obligatorias por la necesidad de él y mi oculta fascinación y necesidad de contagiarme aunque fuera sólo por unos cuantos segundos de esa fuerza y hambre de sobrevivir que lo inundaba todo con su sola presencia -las fresas eran sólo el pretexto para obtener un poco de aquello-. En otras circunstancias pensar en compartir el mismo espacio, un destino incierto y menos aún un secreto que involucrara directamente a ambos, era una imposibilidad en toda regla. Y sin embargo, ahí estaban.

La de cosas que podían cambiar en un sólo instante: Huérfana, lejos de su hogar, casada con la persona menos probable y a punto de comenzar a trabajar, en algún punto de su vida deseo al menos dos de esas posibilidades. Pero claro, las cosas nunca llegan de la forma en la que esperarías que llegaran. Se odió por haberlo deseado, al final le costó más de lo que estaba dispuesta a dar a cambio.

Hablamos mas por un rato e incluso llegamos a discutir por cosas sin sentido y faltas de relevancia según Gale como lo era el descanso, -descansar es para tontos -dijo-, aunque claro, quien podía olvidar lo que le sucedió después de hacerse el interesante en el campamento y abrirse por ello una rajada en el rostro. Se rehusaba a descansar un poco en la cama en la que ya había accedido a dormir por unos minutos antes de mi llegada, si ya estaba ahí claramente no veía la razón por la cual rehusarse, salvo claro la mas importante: que Gale es un cabezota y si ya dijo que no, no hay forma de hacerlo cambiar de opinión.

-He pasado los últimos días durmiendo aquí, creo que he descansado lo suficiente, lo mas justo es que nos turnemos.

-No la he pasado nada mal en el sillón, creo que podré resistirlo fácilmente.

-Por Dios, a penas y cabes en ese cacharro, yo soy mas pequeña, déjame probar por un par de noches.

-Esta es cuestión de principios Undersee, mi madre no me ha educado así... La caballerosidad ante todo -no pude evitar soltar un bufido exasperado. Cuantas veces me había echo resollar antes y ahora me salia con el rollo de la caballerosidad.

-No seas niñato y descansa, te ves horrible de lo exhausto que estas, además mañana empiezas en el ejercito. Ya te quiero ver andando de un lado para otro deseando haberme hecho caso -señalé con el índice y subí el tono de mi voz para dar a entender que no había lugar para las réplicas.

Yo también podía llegar a ser tan terca como él.

Le tocó el turno de soltar el bufido y hasta de cruzarse de brazos.

Mi ceja tomó vida propia y se alzó como señal de reto -agradécemelo luego querido -entrecerró los ojos, ni una palabra más salió de su boca. Se re acomodó en la cama y pronto se quedó dormido.

Me recosté en el sillón y pronto caí dormida también.

...

La alarma que indicaba la comida me hizo salir del sopor, eso y que de hecho ya estaba hambriento. Me estire y desperece antes de salir por completo de la cama.

Madge aun seguía profundamente dormida, ella también debía estar exhausta. Decidí dejarla dormir unos pocos minutos más, mientras me salpicaba la cara con un poco de agua y me hice ver un poco más presentable para la exposición al público.

Por fin no pude hacer más que moverla un poco para que saliera del sueño, después de la comida podíamos continuar descansando. Lo necesitaríamos para lo que se nos venía encima.

Caminamos hacia el comedor y ya estando ahí fue cuando caí en la cuenta de que de hecho era la cena la que se estaba sirviendo, nos perdimos la comida. Estaba más cansado de lo que quería reconocer. Madge no añadió nada a este respecto, prefirió comer en santa paz evitando cualquier discusión. Agradecí internamente el gesto.

La cena transcurrió tranquila, sin mucha charla por ninguna parte, creo que lo que la mayoría quería hacer era irse a descansar para lo que sea que nos aguardara.

Así lo hicimos.

...

A penas llegué al lugar que se me asigno ir ese día supe que me había metido en algo más gordo de lo que había imaginado. No es que fuera tan ingenua como para pensar que el compromiso que me había echado era algo muy fácil, ero ahora veía con claridad la verdadera magnitud de las cosas.

Se me ofreció una pila de libros y un compañero para ponerme "al corriente", estaba muy retrasada, estos chicos ya iban a un cuarto del curso de enfermería y ya llevaban miles de temas. Era un poco abrumador.

-Mucho gusto -extendió la mano mi nuevo compañero- mi nombre es Opal- se presentó el chico una vez el asesor se hubo alejado a emparejar otros chicos.

-Madge U... Hawthorne, mucho gusto.

La voz del asesor del otro lado del aula no dejó espacio para ninguna charla introductoria, igual más tarde seguimos con eso.

Opal me mostró los lugares de estudio, las aulas de práctica y el hospital -que conocía muy poco de cuando vi a Katniss-, acordamos repasar entre los descansos aquello que yo aún no había visto, asignamos horarios y demás.

Entre anatomía, fisiología y demás materias que no sabía que existían pasó mi día, hasta que gracias a los cielos tuve que volver al compartimento, más tarde de lo que pensé que lo haría, solo unos cuantos minutos antes de que fuera la última hora de la cena. Llegue y me aseguré que esta vez si estuviera vacío del todo para poder echarme de lleno a la cama aunque sea por unos cuantos segundos.

Pronto nos vimos separadas -algo que al parecer se me haría costumbre-.

Gale ya estaba en el comedor cuando llegué, levantó la vista al verme entrar, se veía igual de miserable como me sentía. Día duro para todos al parecer.

-¿Qué tal tu día? -besó mi mejilla cuando me acerqué, estaba tan cansada que no me detuve a reparar en el gesto-.

-Cansado -hasta me costaba trabajo hablar-, ¿Qué tal el tuyo?

-Cansado -respondió-, si no fuera porque me muero de hambre, estaría muerto en el compartimento.

-Acabemos con esto y larguémonos.

Así lo hicimos.


Saludos a los lectores que aún siguen este fic y a los que se añadirán en el camino.

LARGA VIDA A LOS FANFICS!