"Reto 20 días OTP!Vampire del Foro I'm Sherlocked"
Capítulo 11: Vulnerabilidad.
Si tu reloj circadiano no te fallaban, eran alrededor de las tres de la madrugada. Y no has dormido nada.
¿La razón? Sherlock.
Él había pedido quedarse contigo esta noche y no le veías algo mal a esa petición. Aunque seguramente después de que te enteraras de que la única sangre que desea es simplemente la tuya te hace pensar que tal vez si tenga algo de malo esa petición.
Aunque no ha pasado nada. Y eso… es raro.
Ha habido veces que se ha quedado contigo en la misma habitación, cuando eras niño, en donde platicaban y platicaban sobre tonterías, o sobre sus días cuando era mortal y desde entonces ha ido viendo decaer a la humanidad durante los años de su eternidad. Y en ninguna de ellas, te habías sentido tan… expuesto.
Estabas acostado en la cama. Él sentado en el alfeizar de tu ventana, viendo hacia afuera, seguramente deleitándose de las hermosas y brillantes estrellas que eran dignamente acompañadas de esa luna llena.
Esta al menos a unos… tres metros de ti, y tenías la completa seguridad de que sabía que lo estabas sintiendo. Que estabas despierto (era obvio, tu respiración no ha cambiado y que solo te faltaba dar de vueltas por la cama para completar el cuadro).
-¿Quieres que me vaya?-pregunta en susurro, aun con la vista hacia afuera de tu cuarto.
-Aun cuando te diga que sí, lo más seguro es que solamente cambies de lugar y estés en la punta del árbol de la vecina de enfrente.-y ríes por debajo-No, aquí quédate… al menos te puedo vigilar.
-¿Vigilar?-y oyes indignación en su voz.
-No permitiré que lastimes a un inocente, ya te lo dije.-y te quitas la cobija que te estaba tapando hasta los ojos-Aunque sé que nunca lo harías.
-Hay cosas, John.-y te mira, sus ojos combinaban divinamente con el azul oscuro de la noche-Que no sabes de mí, y que te harían estremecer.
-¿Ah sí? ¿Cómo cuáles?-y le retas.
-Jamás tientes al dragón adormilado.-y se para de su lugar, para caminar hacia ti-O saldrías quemado.
Se sienta junto a ti. Sus ojos vagan por todo tu rostro y terminan en tus ojos. Sonríe tristemente.
-¿Qué opinas sobre lo que te dijo Mycroft?-pregunta quedamente.
-Que no fue justo para ti.-dices en el acto, enojándote por recordar eso-Moriarty es un…
-Si te conto la versión correcta.-te interrumpe-Debes saber que no solamente fue culpa de Moriarty, sino mía también.
-Aun así, Sherlock.-y lo miras-Él no debió…
Y te callas. Jamás habías visto que Sherlock se retorciera en su lugar, como si estuviese nervioso. Ya no te veía al rostro. Jugaba inquietamente con sus manos.
-Debes saber algo, John.-y ríe amargamente-Hace años que no siento lo que un humano siente…
-¿Y eso es?-preguntas, sin entender nada.
-Sentir un corazón… ese órgano al que se le atribuyen emociones.-y detiene sus manos-Sentir emociones.
-¿Y eso es bueno o malo?-preguntas temeroso.
-Ambos-y te mira tan intensamente que sientes que te quemas por dentro.
En un segundo paso todo. Tu cobija volaba al suelo. Tú caías sobre tu cama, acostándote sobre ella por algo que te empujo. Sherlock encima de ti. Sus labios sobre los tuyos…
¡¿Qué?!
En un segundo, Sherlock te estaba besando tan torpemente que te recordaba a ti mismo cuando comenzaste tu vida amorosa.
Al besarte tan de pronto, casi se caen los dos de la cama. Y por primera vez, no eras tú el único sorprendido por el beso o el que no quería eso. Ahora fue Sherlock el que se resistió a algo que irónicamente él empezó.
-¡John!-reclamo, alejándose de ti al sentarse.
-¿Qué?-preguntas, sorprendido y un tanto molesto, igualmente sentándote en la cama.
-No hagas de esto más difícil.-dice poniendo sus manos en tus hombros para que no te pudieras acerca a él.
-Esto es tan infantil.-dices molesto-¡Además, tú comenzaste esto, no yo!
-Lo único que quiero es protegerte.-dice dolido- ¿Qué no lo entiendes?
-¿Entender qué, exactamente?-preguntas, quitándote sus manos de encima-¿Entender que la persona más importante para mí, no me quiere a su lado?-espera… ¿tú dijiste eso?
-Eso no es cierto.-te reprocho, con esa sonrisa de autosuficiencia por saberse ganador en tus sentimientos.
-Sherlock… yo, lo que trataba de decir, es que…-y comienzas a ponerte nervioso
-Oh, vamos, Watson.-y te besa otra vez.
Sherlock te besa…
Y otra vez, tú no te resististe por lo aturdido que estabas, pero él si se resistió, obvio.
Pero fue por unos momentos. Al parecer había una lucha interna entre su mente y sus emociones. Y al ser éstas últimas tan poderosas y por así decirlo "salvajes", eran más fuertes que el mismo raciocinio.
Se separó de ti, nuevamente, te veía entre arrepentido y coqueto.
-¿Sabías que eres malo conmigo?-te pregunta con un puchero que jamás le habías visto hacer y que te pareció más que adorable.
-Oh, lo siento…-dices riéndote al verle la cara-Espera… ¿Por qué yo soy el malo?
Otro beso. Y uno muy largo…
-Porque el dueño eres tú…-y suspira.
Se acercaban más el uno al otro. Se necesitaban cerca. Eso de pensar que Moriarty podía atacar en cualquier momento, les hizo recordar que hay que vivir cada segundo.
Se abrazan.
Se besan aunque tu mente te recordaba en cada movimiento que Sherlock es tu amigo, y es hombre…
Intuitivamente, te mueves hacia atrás con todo y Sherlock. Para lo más amplio de la cama. Sin darte cuenta de cómo es que tu verdadero instinto te maneja, lo abrazas como si quisieras nunca dejarlo ir.
Él es hombre…
Él está ahora encima de ti.
-Está mal esto…-dice separándose de ti para respirar, estaba algo aturdido.
-¿Y? ¿Desde cuándo a ti te preocupa si está mal o no?-preguntas, desde debajo de él, y lo vuelves a besar para su sorpresa, y mucho más para tu propia sorpresa.
-Eres mala influencia, joven Watson…-te susurra en el oído, al separarse porque tú necesitabas aire.
-¿Más que tú?-y te ríes.
Te acercas a besarlo. Un dulce beso en las comisuras de los labios.
Pero es un hombre…
Algo lento para la ocasión.
Él hizo lo mismo. Te besa lentamente, empezando por la frente; baja a tus ojos y los besa (sonríes por eso), tus mejillas (ambas fueron besadas), tu boca ni la toco, tu lóbulo izquierdo (aquí casi mueres de risa, te da cosquillas ese movimiento). Pasa a tu cuello, y baja lentamente hasta donde empezaba la abertura de tu camiseta del pijama. Ahí para.
Te ve apenado. Le sonríes.
Es tu mejor amigo…
Un beso. Una caricia leve de su mano derecha en tu cintura.
Otra sesión de besos. Ahora un poco más… ¿Cómo se dice? Más… vivos.
Juegan sus lenguas entre ambas. Reconociéndose y grabándose en su memoria para jamar olvidarse. Las manos de él iban de tu cintura a tu espalda por debajo de la camiseta. Tus manos no se quedaron quietas y exploraron el torso de Sherlock… y eso que tiene esa maldita camisa morada tan suya.
Te mira y su mirada era de pura lujuria. Asientes a su pregunta no verbal.
Sabían que la ropa hacia mucho bulto entre los dos.
Es Sherlock…
Poco a poco, con una destreza que no sabes de donde sale (ni que fueras tan experimentado) le quitas el abrigo estorboso, más la camisa (aunque él termino ayudándote porque te desesperas con los malditos botones) y el pantalón… te morías de la pena de solo imaginarte en esa situación.
Él, con su vasta y quizás nada despreciable experiencia por haber vivido tanto tiempo, te quita el pijama poco a poco.
Primero el pantalón. Y te da frio.
Luego la camiseta.
Quedas en ropa interior al igual que él.
Debes admitir que te da pena como te veía (específicamente la zona de la entrepierna), casi relamiéndose los labios.
Eras su presa.
La inocente presa del mejor depredador del mundo.
¿Serías uno más en su lista como lo fue Irene Adler?
-¿Pasa algo?-pregunta de la nada.
-¿Por qué la pregunta?
-Te pusiste serio-dice preocupado.
-Es que… yo…
-¿No quieres?-pregunta, sosteniéndose con sus brazos en la cama (tú estabas en medio de ambos) para verte más de lejos.
-No es eso… solo que… yo… Irene…
-¿Irene? ¿Irene Adler?
-Y tú, y…
-¿Y eso que tiene que ver?
-¿Qué numero soy?
-¿Eh?
-¿Seré una más de tus conquistas a través del tiempo?-vaya… no creíste que fueras a decirle tal cual tu preocupación, y ahora que lo razonabas, habías sonado como novia reclamando su lugar.
-No-dice molesto.
-¿Ah, no?
-No-repite-serias el único.
-¿En qué sentido?
-En que serás el primer mortal con el que haga el amor y no solo sexo…-y te ve con ternura en los ojos.
-Sherlock-susurras sin asimilar lo que te había dicho.
No puedes analizar mucho eso, ya que te vuelve a besar. Los besos iban de vivos a muy vivos.
Sus manos sobre tu cintura… sobre tu cuello… sobre tu espalda… sobre tus muslos…
Tus manos sobre sus brazos… sobre sus cabellos, desordenándolos… sobre su abdomen bien trabajado…
En tu interior sentías algo nuevo (además de que tu respiración y tu pulso se disparaban al cielo).
Algo latía.
Algo necesitaba de más.
De más de Sherlock.
Nuevas reacciones biológicas nunca antes vistas en tu cuerpo salieron a la luz. Incluso sensaciones que no sentiste en tu primera vez con Evangelina.
Sabías que era.
Ya lo habías leído en clase de Biología. Pero ahora no era teoría, era la práctica pura y te sentías a la expectativa de todo. Sabes que Sherlock estaba igual que tú. Digo… se siente…
Te separas de él. Lo ves a los ojos. Esos ojos de colores ahora llenos de deseo.
-Ahora-le dices, sonrojado. Sabes que con esa frase te entregas totalmente. No eras tan inocente como para no saber cómo iba a terminar todo esto. Pero aunque no estabas seguro de lo que ibas a hacer, tener la mirada de Sherlock sobre ti, te daba la paz de poder continuar casi a ciegas por ese nuevo camino.
-Pero no…-de pronto su raciocinio le hizo recapacitar sobre sus acciones-Tú eres… no puedo hacerte esto….-y si no es porque lo abrazas fuertemente se hubiera terminado levantado de la cama y escapado.
-¿Qué dices?
-Eres… no… no puedo…
-¿Soy qué?
-Eres… un humano… yo… no puedo, lo siento John.-y quiere zafarse de tu abrazo.
-Lo sé.-y lo ves a los ojos-¿Qué tiene que ver en esto?
-Yo no puedo… tienes que continuar con tu vida lo más normal que puedas… yo no puedo…
-Oh, Sherlock…-le sonríes tiernamente-Si en verdad no quisiera esto… ¿Crees tú que no te hubiera ya corrido de mi cuarto? Tal vez… en el fondo… también siento algo por ti, al más que solamente una amistad extraña… siempre he dicho que no soy gay-y te encoges de hombros-y tal vez no lo sea… pero tú Sherlock, tú… tú eres aparte.
-Pero…-te sonríe feliz-Te hare daño.
-pues no intentes hacer alguna posición rara, entonces.-se ríen- Se gentil conmigo… por favor… además, quiero estar contigo, como no he estado con ningún otro hombre y
seguramente no querré estarlo con alguien más.-le susurras al oído, te estremeces al decirle eso-Sherlock, yo te…
-No lo digas.- te ve sorprendido.
-¿Por qué no?-preguntas molesto.
-Por mi propio bien…-y otra vez esa sonrisa triste, se muerde el labio-John… yo… y yo a ti.
-¿Ah, sí?-preguntas sorprendido, pues aunque no te lo dice con las palabras exactas, sabes que significa.
-Oye-reclamo-¿Qué no soy capaz de hacerlo?
-Siendo tú.-dices coquetamente-Muéstramelo…
-Tú lo pediste.
Te besa otra vez.
Y otra.
Y otra.
Eso sí, sus besos iban cambiando de lugar.
No solo eran en tus labios.
Ahora eran en el cuello.
En tus hombros.
Con una sola mano en tu espalda te quita la camiseta.
-Cierra los ojos.-dice y su voz ahora es tan caliente que te excita al instante.
Cierras los ojos a regañadientes. Sientes como sus labios pasaban por tu cuello para terminar en tu pecho. Dejas escapar un gemido.
-Sherlock…
-No abras los ojos…
Sus labios sobre ti eran algo que jamás ibas a poder olvidar. Tardo un rato como para que dejara de hacer lo que estaba haciendo, para seguir besando ahora tus costillas… estómago… tu cintura…
-¡Sherlock!-gimes al sentirlo en un lugar en donde no debía de estar… por la entrepierna…
Continúo jugando con tu piel, haciéndote exclamar su nombre en cada caricia… en cada beso y en cada mordida.
Hubo un momento en el que no sabes cómo terminaste ya sin ropa y él igual. Te estaba dando el mejor servicio en ese miembro que solo responde así con él, a la vez que te preparaba con una mano, muy delicadamente.
Olvidas tu nombre al sentirte en su boca.
Abres los ojos. Él estaba encima de ti, viéndote entre apenado y deseoso.
-Hazlo.-susurras, casi rogándole y temblando de deseo.
-No te muevas.
-De acuerdo…
Se veían a los ojos. Sabían que era tiempo. Después de siete años de rara amistad.
Sus manos las coloco en tu cintura. Tú pones mis manos sobre su pecho.
No desconectan sus miradas.
De pronto, tienes que abrazarlo fuertemente. No calculaste bien el dolor.
Estaba dentro de ti.
Y dolía… un poco.
-Lo siento…-susurra Sherlock, con miedo.
-Continúa…
Y continúo.
Era leve el dolor, que cambio en poco a poco a un placer indescriptible. Solo fue la resistencia del momento, para que después tu mismo cuerpo se adaptara a él como si fuesen piezas hechas predeterminadamente para encajar a la primera.
Sentir a Sherlock… salir… entrar… moverse… hizo que estallaras en gemidos que llegaban a ser gritos, que se hicieron visibles en las marcas de tus uñas en la espalda de él.
Todo continuaba… tan lento… tan rápido…
Un gemido… dos gemidos… un grito… varios gritos… tanto de él, como tuyos…
Tú no sabes mucho de sexo. Pero sabías que esto que sentías, quizás era el llamado clímax. Sentías… un placer tan intenso que borro todo pensamiento de tu mente, que iba desde tu vientre a todo tu cuerpo… era algo que te hizo arquear la espalda por el placer.
-Sherlock… Sherlock… ¡Sherlock!
Despiertas. Pero no quieres abrir los ojos. Estabas cansado y querías seguir durmiendo, pero también querías verlo a él.
Abres los ojos, para toparte con unos ojos azul-verde viéndote fijamente.
-Buenos días.-dices con una sonrisa totalmente boba en tu cara.
-Babeas.-contesto Sherlock estoicamente.
-¿Qué?-te tocas preocupado la barbilla y la almohada, pero estaban secas-Pero no…-ves que se reía-¡Eres un tonto!
-Pero casi lo haces…-dice él, y dándote un beso en la palma de tu mano derecha, como un caballero lo hace con su damisela-¿Cómo amaneciste?
-Bien… -dices suspirando-Desperté contigo… otra vez.
-¿Quieres desayunar ya?-te pregunta levantándose de la cama.
-¿Me harás de desayunar? ¿Tú?-y te sorprendes de sobremanera
-Aunque no lo creas, sé cocinar… y mejor que tú, sí.
-Pues…-de acuerdo, debes de admitir que si Sherlock Holmes se levanta de la cama y se pasea por tu cuarto sin ningún tipo de ropa, pues es como para que te quedes sin habla, ¿No?
-¿Pasa algo?-te pregunta lujuriosamente, dándose cuenta de cómo lo veías.
-Nada-y te sonrojas, tapándote la cara con la almohada-Nada de nada.
-¿Qué…?
-No preguntes, mejor…
-De acuerdo… -sientes como se acostaba encima de mí y tus sabanas.
-¿Qué haces?-preguntas, viéndolo asustado.
-¿No crees que es de mala educación, ver a una persona de esa manera?
-¿Cuál manera?
-Como si me quisieras comerme-y te sonríe alegremente, haciendo que tu corazón diera un vuelco.
-Eh…-te sonrojas-Pues yo… eh… ¡Tú tienes la culpa!
-¿Yo?
-Si… ¡Porque andas caminando por mi cuarto desnudo!
-Bueno… si quieres lo hacemos más equitativo.
-¿Qué?
-Te doy permiso de caminar desnudo.-y te guiña el ojo, descaradamente.
-¿Y eso como para qué?
-Oye… no se vale que tú si veas y que yo no.
-¡Sherlock!
-Ya, solo bromeaba… iré a preparar el desayuno.-pero antes de que se fuera, coloca su frente junto a la tuya y cierra los ojos-Gracias John.
-¿De qué?
-Por ser quien eres.-y te mira-Por dejarme ser yo cuando estoy a tu lado… por ser vulnerable junto a ti y que no te aproveches de ello.
-Sherlock…
Antes de que pudieras hablar, se levanta, se pone el pantalón y la camisa y sale del cuarto.
Te acomodas entre las sabanas tratando de averiguar lo que te quiso decir con eso. Das de vueltas por la cama. Terminas acostado boca arriba. Miras el techo blanco. Otro pensamiento interrumpe tu reflexión…
¡Por el cielo santo, que estuviste con Sherlock Holmes!
Respiras emocionado.
Querías gritar. Pero no, mejor te pones la almohada en la cara para ahora sí, terminas gritando de la emoción y que ese grito no se escuchase tanto (aunque Sherlock lo más que te haya oído).
Ya que te calmas (10 minutos después), decides ir a ver qué hacía Sherlock en la cocina. Te levantas. Caminas y duele. Qué bueno que tu madre no está, porque si no… ya preguntaría porque andas caminando tan raro…
Te pones tu ropa con cuidado. Y sales con paso lento… pero seguro.
Al verlo en la cocina, supones que desayunar algo que te hizo Sherlock puede ser un buen inicio de día.
