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Gotas de luz...

Capítulo X

12:05 pm

"Estamos muertos… Estamos muertos… Estamos…"

¿De donde salía tanta autocompasión? De un momento a otro me veía a mi mismo, sumergido en un abismo de miseria y dolor, rogando por que el martirio acabara, aun cuando no había iniciado…

Su cosmo, la presencia de ese hombre, fue una pena enorme y punzante que atosigó mis sentidos, dejando un pensamiento amargo de derrota y destrucción. Abrió su camino entre el cielo, empujando las nubes, iluminando la tierra. Protegió a su seguidora y lentamente descendió con elegancia, aplastando la fina capa de polvo que se había formado bajo sus pies, barriendo el resto de tierra con los pliegues largos de su túnica blanca.

La mujer que quedó parada a sus espaldas, inmediatamente se arrodilló ante él. Temblaba de dolor y parecía estar a punto de desmayarse, sin embargo, la fe ciega que le tenía a su Dios, la obligó a tragarse su pesar y postrarse orgullosamente, sosteniendo su brazo herido con fuerza. Era una escena perturbarte, nadie sabía que decir o cómo actuar, respirábamos pasmosamente, temiendo incluso que el suave sonido del aire al rozarnos la garganta, pudiera atraer fijamente la atención de ese ser, que inspeccionaba la zona con su energía.

-¡Perfecto! Lo que nos faltaba, otro Dios con malos argumentos que quiere destruirnos… -Despotricó Máscara Mortal, aun de pie en el mismo sitio, junto a Shura.

Ambos le encaraban. Le hacían frente con la misma dignidad de un soldado que esgrime su espada para proteger a su rey. El ambiente era tenso y el aire escaso. Yo observaba desde el otro lado de la calle, ansioso, nervioso por ver el primer movimiento, ya fuera aliado o enemigo. La deidad estaba generando un suspenso irritable alrededor nuestro y únicamente moldeaba su cosmo, analizando lentamente cada rincón de tierra, ignorándonos a pesar de las maldiciones del Santo de Cáncer, quien afortunadamente era vigilado por Shura para evitar una estupidez fatal.

Aunque debo admitir que no fue el único desesperado, yo también estaba comenzando a impacientarme y las manifestaciones de mi energía lo hacían notar. Había estado asistiendo a al santo de escorpión como Seiya me lo pidió, vigilando cada 3 minutos que continuara respirando y que su presencia no se esfumara de este mundo. Sin embargo, no podía hacer mucho por él como deseaba, ni siquiera ordenarle a su armadura que dejara su cuerpo para ver más de cerca sus heridas. Me sentía inútil e impotente, no solo por ver a un compañero muriendo, si no, por no saber lo que nos vendría a futuro con ese supuesto Dios, quien deseaba destruir el imperio de Athena.

Cerré los ojos e inhalé aire con pesadez, pasándome una mano por la cabeza. Estaba sobre el suelo, con una rodilla flexionada y el cuerpo encorvado. Con los pocos segundos prestados que tomé en la batalla pasada, pude arrastrar cuidadosamente a Milo a una banqueta alejada del combate, donde le ayudaba a resistir descendiendo la temperatura todo lo que podía, ya que el calor rápidamente ahogaba mi cosmo, cansándome sin piedad. Aunque admito que en el momento mis malestares pasaban a segundo plano, ya que ayudar a un compañero herido -a una persona- era lo que más me motivaba a continuar sin desistir, eso y que el apoyo de los demás siempre estuvo latente hasta el último sgundo.

Y creí que todo continuaría en silencio varios minutos más. Sin embargo, todos dimos un salto de alerta cuando el intruso comenzó a moverse con soltura. Levantó la mano derecha y se retiró lentamente la capucha, dejando que varios rizos rojos saltaran en todas direcciones, bañándole parte del rostro. Tenía la cara delgada, afilada y con una sombría expresión de desprecio. Claro, desprecio que dirigía atentamente a los santos que estaban frente a él...

-¿No se postran ante mi, humanos? -Murmuró de repente, entonando una voz gruesa y ronca.

Máscara rió instantáneamente.

-¿Postrarnos? Y ¿Quién demonios eres tú para pedirnos eso? –Masculló el santo de cáncer con asco, dejando notar libremente su arrogancia. Sin embargo, la reacción del dios no fue la esperada -¿Qué te causa gracia, infeliz? –inquirió nuevamente el santo cuando la deidad sonrió.

-No esperaba mas de los borregos de Athena –Murmuró- Son torpes, arrogantes, ciegos e inútiles para buenas causas –comentó al aire, pensando en voz alta, muy alta para el enojo de Cáncer…

-¡Tus estúpidos guerreros pensaban lo mismo! –Gruñó el santo ofendido, señalando detrás del dios a la gemela- Y mira como se tragaron sus palabras… ¡ja! No me importa lo que seas o aparentes ser… Morirás de todos modos.

-¡Máscara no!

Pero el esfuerzo de Shura por detenerlo fue en vano. El santo de Cáncer hizo caso omiso a las palabras de su compañero y se abalanzó molesto contra el dios, con claras intenciones de embestirlo en un ataque frontal. Las pisadas rápidas resonaron con un toque metálico y chirriante que trituraba las piedras en su camino, fueron pocos pasos y la precisión parecía ser exacta. Máscara Mortal llevaba el puño derecho en alto y con una enorme concentración de cosmo que pensaba encajar directamente en la mejilla del improvisado oponente. No obstante, todos previmos que fallaría… No se enfrentaba contra cualquier enemigo y el coraje nuevamente había cegado los impulsos del caballero, llevándolo tal vez, a una muerte inevitable.

Una baja más…

Esperé resignado el momento en el que Máscara saliera disparado por alguna especie de cosmo repelente. Sin embargo, tal suceso nunca llegó. Para sorpresa nuestra, el santo logró asestar el puño en la mejilla del dios, volteándole un poco el rostro y revolviéndole el cabello salvajemente. Se escuchó un golpe seco a la hora del impacto y todo el cosmo que llevaba acumulado en su ataque, solo pareció tener la fuerza suficiente para moverle escasamente la cabeza al adversario, quien mantuvo su misma posición a pesar de todo…

Por Athena… Algo me decía que solo estaba comenzando a jugar.

-¿¡Qué demonios estás haciendo!? –Chilló la gemela por detrás, poniéndose de pie inmediatamente. Aldebarán y Shura adoptaron nuevas posiciones de pelea, esperando lo peor del momento -¿¡Cómo te atreves a tocar a mi Dios, humano miserable!?

Pero Máscara Mortal no respondió, estaba tan sorprendido como el resto de los presentes que solo pudo girar la cabeza al frente para ver de cerca al 'hombre' que recibió el impacto. Aun mantenían la misma posición y aparentemente los gritos de la gemela no estaban siendo escuchados por el santo… ¿Acaso esperaba no acertar?. ¡Cielos!. ¿Quién en su sano juicio intenta un deliberado ataque contra un dios y encima de todo no cree acertar? Dejé escapar el aire de los pulmones lentamente mientras miraba con desapruebo la escena, admito que estaba temeroso, tenía un mal presentimiento de todo eso…

… Y en veces suelo reprocharme el tener razón con mis sugestiones.

El santo de Cáncer retiró el puño con cautela, preparándose para retroceder y comenzar un nuevo ataque, pero la mano del Dios fue más rápida que los reflejos humanos, con agilidad apresó el brazo de su agresor y giró la cabeza hasta encararlo nuevamente. La diferencia de estatura entre ambos era notoria, brindándole un aire superior al ser divino. Nuestro compañero estaba en problemas.

-Muere, basura mundana…

A pesar de los jaloneos que Máscara Mortal hacía por soltarse, el esfuerzo fue inútil, el dios lo tenía en sus garras y todo movimiento para liberarse no parecía tener resultado. El santo había encendido su cosmo y utilizaba la mano libre para soltar más golpes que no tenían una trayectoria fija, solo un desesperado deseo de supervivencia, el cual, los demás caballeros dorados captaron al instante y no dudaron intentar ayudarle. Sin embargo, antes de que pudieran dar el primer paso, el dios cumplió su amenaza y con una insulsa sonrisa explotó su cosmo llanamente…

No hubo un aviso, ni siquiera un incentivo que nos pudiera prevenir de lo que es la verdadera ira de un inmortal dirigida a los humanos.

Recuerdo haber tenido la vista al frente, fija en la batalla. Los esfuerzos de Máscara por recuperar su brazo y después… Ese hirviente resplandor que aturdió nuevamente mis sentidos. Llegó como una onda de calor que golpeó mi cuerpo y arrasó con todo en su camino. Doblegó la lámina ardiente de los autos y en varios tironeos bruscos, ésta salió volando sin dirección fija. El caos nuevamente se hizo presente en mi campo visual, y atarantado, pude observar difusamente mi entorno, mientras me intentaba cubrir la cara con un brazo y el cuerpo de Milo con el mío. Había piedras, escombros, vidrios y trapos que antes presumían ser prendas de vestir volando por todos lados. Era un verdadero infierno, uno que llegó a nosotros con el inconcebible deseo de eliminarnos.

En ese momento mi atención no se revocó mas en el Santo de cáncer, la visibilidad era nula para el centro de la calle y la fuerza del cosmo que nos atacaba aumentaba a cada instante. No sabía que había sucedido con mis demás compañeros, solo pude sentir las presencias de Seiya y Shun , el primero; a unos cuantos metros de mí, luchando por no ser barrido con la fuerza del ataque y el segundo, detrás, asegurándose con su cadena de aferrarse muy bien a una pared cercana.

-¿Cuándo terminará esto? –Escuché el desesperado grito de Andrómeda, cediendo lentamente ante el cosmo enemigo.

-Sé que Athena habrá sentido esa cosmoenergía… Enviará ayuda –Intenté animarlo con un tono optimista, pero la mirada del santo continuaba en la misma expresión de angustia. Supongo que no estaba muy seguro de mis palabras- ¡Shun, detén a Milo con tu cadena! –Pedí de improviso, abandonando ese tono sereno de minutos atrás.

El santo negó con la cabeza.

-¿Qué piensas hacer? –Cuestionó preocupado.

-¡Shun, estoy comenzando a cansarme, necesito ayuda! –Repliqué, evadiendo su pregunta-¡Puedes detenerlo con la cadena, o de lo contrario ambos moriremos!

La suplica surtió su efecto esperado. Andrómeda no tardó mucho en estirar la mano izquierda y mandar parte de su cadena para socorrer a Milo y arrastrarlo hacia él, asegurándolo al suelo y protegiéndolo de los escombros que salían volando. Fue una ayuda necesaria, estaba llegando al límite de mi resistencia y no duraría mucho sosteniendo el cuerpo herido del Santo. Sin embargo, cuando la cadena se estiró también para mí, hice el ademán de ignorarla, recorriéndome contra la pared para recargar pesadamente la espalda en ella. Shun gritó ante esta reacción mía, me reclamó con fuerza y bríos que tomara su ayuda y me pusiera a salvo, pero continué ignorándole, era necesario si quería hacer lo que pensaba…

-¡Hyoga! –profirió una vez más.

Su voz se perdió en el estruendo de la tormenta. Avancé –apoyándome contra el agrietado muro- mientras intentaba enfocar la vista al frente, teniendo únicamente polvo y tierra que entorpecían mi visión. No había nadie a quien recurrir y los llamados de Shun habían sido devorados por ese calor infernal que nos abrazaba letalmente ¿Dónde estaban los santos dorados y Shiryu?

"No será este tu destino… aun se planta un camino largo por delante. Tu cosmo es infinito…"

Palabras de aliento… El honor de ser un santo de Athena estaba presente en mi pensamiento e intentaba mantener la cordura a pesar del cataclismo que tenía en frente. Continué avanzando apresurado y perdí el muro detrás de mí, por un momento me tambaleé y pensé que caería sin remedio, pero encendí nuevamente mi cosmo con la fortaleza de un guerrero ateniense. Un aire gélido cubrió mi cuerpo, dándome nueva energía en ese 'campo' aparentemente destruido. Esta vez mi cosmo estaba activo y ayudándome a soportar ese calor, el cual nunca creí afrontar. Sonreí fugazmente: Lo que no hubieran dado los demás por tener mi pequeña ventaja.

Pero no me culpen, un poco de modestia alivia la tensión.

Alcé una vez más la mirada y me sostuve con fuerza sobre el suelo. Comencé un nuevo escaneo con mi energía, con la esperanza de recibir respuesta a pesar de estar dentro de un poder mayor, pero todo continuaba igual. El centro de la calle estaba cubierto por una maraña de polvo con destellos blancos y los santos al otro lado del suceso no parecían detectarme. Sentí un peso inconcebible en los hombros y la boca amarga.

-¡Maldición! –Exclamé con un dejo de exasperación.

Levanté un pie para volver a moverme, no pensaba en nada mas que encontrarlos a todos, lo veía como un deber, yo era el único que se podía mover con más soltura para ayudarles y el estar siendo detenido por una nube de polvo me hacía sentir estúpido e incapaz de autoproclamarme "Santo de Athena". Sin embargo, no tenía conciencia que únicamente me acercaba más a la boca del lobo.

El aire se detuvo de pronto y todo lo que volaba a los alrededores cayó pesadamente al suelo. Una cacofonía estridente inundó mis oídos por unos cuantos segundos, hasta que finalmente el ruido se desvaneció, volviendo a adentrarnos en ese mudo silencio de minutos atrás. El polvo continuaba flotando por todos lados, haciendo el oxigeno irrespirable para quienes aun seguíamos conscientes. Ya no se auguraban movimientos por parte de nadie, se sabía que el dios y su seguidora aun permanecían ahí, con la victoria "asegurada" y con esas ganas insaciables por aplastarnos, pero el ataque que nos mantuvo ocupados se había desvanecido instantáneamente, dándonos un descanso.

Por un momento quise alzar la voz, llamar a cada uno de mis compañeros –de mis amigos-, pero algo me detuvo, una inseguridad que me decía interiormente que ese juego estaba en fase inicial y que lo peor todavía estaba por venir. Ya sentía mi cuerpo libre y mi cosmo emanaba con más naturalidad, cubriéndome aun del calor extenuante. No había razón para no comenzar a moverme entonces.

Estaba en una cuerda floja, a merced del destino…

-Esto no va bien… -Murmuré

Los latidos de mi corazón aceleraron su ritmo y mis ojos enfocaron con precisión al frente. No medí el tiempo exacto que hubo de 'calma', pues la secuela del ataque llegó nuevamente hacía mi. Se sintió otra explosión de energía en el aire, una más poderosa y desastrosa que la primera. Fue otro resplandor blanco que encegueció mi mirada y consecutivamente ese ardor en todo el cuerpo.

Los músculos de mi rostro se tensaron al recibir esa bofetada de energía hirviente. Esta vez no pude hacer nada por detenerla y salí expedido hacía atrás. Todo volvió a levantarse del suelo, estrellándose contra lo primero que encontrara a su paso, incluyéndome en la trayectoria… Recuerdo escasamente el sonido de mi armadura al trizarse cuando tocó la pared de concreto y mis huesos tronar dolorosamente, fue un ataque sorpresa y no lo pude leer a tiempo ¡Era el poder de un dios! Y realmente resentí mi ingenuidad. Antes de impactar hice un esfuerzo sobrehumano por mantener mi cosmo encendido y ayudarme a salir entero del golpe…

Lo que fue de gran ayuda…

Hice un boquete en la pared con el impacto y caí al suelo en cuanto la onda de choque terminó. Quedé boca abajo, con la cara enterrada en los restos del muro a mis espaldas… Afortunadamente no sentí nada roto, sin embargo, no tuve la fuerza de seguir consciente. Traté de levantar la cabeza, pero un cansancio enorme se apoderó de mí y me impidió abrir los ojos…

Lo que faltaba, eso si es "buena" suerte….

Por: Hyoga, Santo del Cisne.

Dolor… Cansancio…Sed

No sabía donde estaba. Me sentía aturdido y dolorido.

Tenía una extraña sensación del cuerpo flotando, pero aun así el dolor no se alejaba. Creí por un instante que alguien me apretujaba el pecho, pues ahí se concentraba el mayor de mis malestares. No podía respirar con libertad, cada vez mas el aire era escaso en mis pulmones y eso me estaba trayendo problemas de cordura.

¿Dónde estaba?

No tenía nada claro, recordaba entre escenas la última pelea que tuve. Me vi de pie, frente a ese muchacho extraño, estaba a punto de eliminarle, pero después…

…Ellas intervinieron.

Una nausea me recorrió desde el estómago y se apoderó de mis sentidos. Ese sabor metálico que me embargaba el gusto me hizo toser con asco, o al menos tuve esa sensación, creí toser.

Abrí los ojos un instante, por fin tuve esa oportunidad. Un temor irreversible me había envuelto cuando pensé que no volvería hacerlo. Era indignante el saber que podría haber muerto con ese ataque insignificante, pero el abrir los ojos demostraba que faltaba mucho poder para deshacerse del Santo de Escorpión ¡Yo no soy un rival cualquiera! Pero… Bueno, admito que fui algo descuidado para haber terminado como estaba, por que me di cuenta de la realidad. Estaba tirado en alguna parte de esa calle, con piedrecillas y cochinero debajo de mí, aun sentía ese calor asfixiante impidiéndome tomar aire y esa sed insana que secó mis labios.

Sabía que mi estado no era el mejor de todos y el no poder moverme lo revelaba con exactitud. ¿Desperté por última vez? No dejaba de rondar por mi cabeza esa idea, quería creer que estaba bien, pero el mirar la quietud a mí alrededor me hizo dudar. Tal vez había imaginado a los santos de bronce y a Shura, si… quizá pensé verlos cuando iba cayendo. Ahí no había nadie, estaba yo solo. Las gemelas seguramente se marcharon cuando me miraron "muerto".

Estaba cansado…

Cerré pesadamente los ojos, pero luché por volver a abrirlos, teniendo éxito en esa partida. No tardaría en volver a sentir esa aterradora impotencia cuando me viera nuevamente peleando por respirar y quise quitarme la armadura para sentir menos peso encima. La traía puesta ¿no? Aunque, lo único que conseguí fue volver a toser, arrojando mas sangre por la boca.

No quedaba un atisbo de cosmo en mi cuerpo, lo que indicaba que lo estaba muriendo ahora era la parte humana en mi, lo que me iguala en vulnerabilidad a las demás personas. Que decepción… No estaría despierto mucho mas tiempo y nadie estaba ahí para llevarse mis restos.

Pero… ¿Por qué todo estaba Tan callado?

Comprendía que después de lo que pasó, la gente estuviera asustada y no quisiera acercarse, pero había santos regados por todos lados ¿Por qué ninguno se dignaba a hacer acto de presencia?

Como pude, eché la cabeza a un lado, mirando borrosamente el panorama. Todo estaba regado: Suciedad, escombros, basura, yo… para variar. Y distinguí algo verdoso a lo bajo, parecía una mata de cabello, estaba entre los restos de alguna pared derruida ¿Cabello? Parpadeé una vez mas, pero esta vez la lucha no fue a mi favor, escuché el humillante chasquido que hizo mi garganta cuando intenté pasar saliva y ésta chocó con la sangre que venía de salida. Creo que no hice otro intento por volver a enfocar la mirada, ni siquiera quise levantar los parpados, ahí ya no había nada que ver.

…Tenía frío. Irónico, si, pero tenía esa sensación. Sin embargo… ¿Realmente era cabello lo que miré?

Por: Milo, Santo dorado de Escorpión

"Se escuchan sus risas entonadas, burlas que auguran victoria. Se sienten sus manos al viento, garrotes que ahuyentan esperanza.

Aguardando estamos, deseando e imaginando. Suspirando la esencia del combate, acariciando vagamente la libertad…"


FDA:Si, como que tengo una afición extraña por hacer sufrir a nuestros santos mas queridos ¿No? Pero es que no puedo parar de escribir situaciones como esta, acepto que Hyoga me dio batalla, no se dejaba definir en carácter y le di varias vueltas al capítulo, lo borré y rescribí dos veces, finalmente llegando a esto. Esta larga escena se podría decir que es lo más simple de la historia, en los siguientes episodios ya comenzarán a hacer acto los demás personajes "perdidos", lo que marcará el turbulento desenlace. Uffs… Es verdad que tengo la historia escrita, la idea clara, pero a veces comenzar a plasmarla por capítulos es más difícil de lo que parece, es por eso que así excuso mi tardanza (disculpas de todos modos). Gracias por leer mi fan fic.

Até Logo.

Por: Fantasía de un ángel