Tregua
Hay momentos en los que no eres tú; en los que te miras al espejo y no te reconoces.
Hay instantes en que desearías estar lejos de aquí, donde nada ni nadie te pueda alcanzar.
Hay veces que prefieres estar solo.
Como hoy.
Algo no está bien.
¿Qué ha pasado?
Uno de los dos tiene la culpa, eso está claro. Pero ¿quién fue más tonto? ¿El que lo siguió y no quiso perdonar o el que empezó? Ambos se confundieron, porque sino no estarías así.
Errar es humano, dicen todos pero muy poco perdonan el daño aunque muchas veces el problema inicial no sea aquel por el que ahora no se hablan.
Él ha visto muchos amigos, hermanos, familiares divididos por tonterías. Gente que no se habla, que no se ríe, que no se saluda, que no se quiere. Y le inunda un miedo atroz que lo paraliza. ¿Y si nunca más se vuelve a hablar con su hermano? ¿Y si le pierde por algo que no sabe ni lo que es?
No puede permitirse eso, no ante algo tan importante. Deja todo lo que está haciendo, se levanta ante el estupor de todos, olvida las amenazas de los profesores, las burlas de Peeves y echa a correr.
Rápido, raudo, veloz. Porque tiene que encontrar a su hermano, perdonarle, pedirle perdón. Lo que sea, porque no quiere perderlo por nada del mundo.
Y no oye nada más que su voz suplicando una tregua, así que cuando gira la esquina no se da cuenta de que alguien exactamente igual que él viene corriendo con la misma idea en la cabeza.
