Capítulo 11: "La venganza de Saturus (parte 1)".

El joven Saturus ha sufrido todo tipo de tragedias desde aquella vez que el Celestial conocido como el Titán consumió su planeta y se llevó la vida de sus padres junto a sus sueños y esperanzas. Como si no fuera suficiente, durante el camino recorrido hasta su muerte perdió otros seres queridos y muy llegados: no consiguió rescatar a su tío a tiempo, su amada Mia murió en sus brazos, observó a Stalon desangrándose y expirando su último aliento.

La vida del joven parece que fue condenada desde un principio a sufrir esta inevitable maldición. La pregunta que nos podemos hacer ahora es si continuará a perseguir estas infelicidades o cambiará el rumbo cumpliendo su preciada venganza, dando fin a un ciclo iniciado desde aquella tragedia. No cabe alguna duda que en la mente de Saturus merodeaba siempre cierto pensamiento rencoroso sobre el verdadero culpable que desencadenó esta serie de sucesos negativos, el misterioso Titán.

Como si se tratase de un milagro o algún deseo peticionado al dragón Shen Long, Saturus obtuvo una segunda oportunidad para llevar a cabo su objetivo, sin embargo, no en las condiciones que él propio podría imaginar.

Posteriormente a los eventos ocurridos en la cripta del respectivo Templo, el joven abre los ojos por primera vez luego de recibir un baño inesperado de agua helada. Saturus se encontraba encadenado en una pared, con el torso desnudo exponiendo aún las heridas cicatrizadas provocadas por los demonios manipulados por Kaulet.

El local en el cual se encuentra está en condiciones paupérrimas, el joven percibe un olor fuerte a podrido y un clima imperado por la muerte.

"¿Cuándo estará pronto?", pregunta uno de los dos sujetos que observan a Saturus.

El otro extraño que sujetaba el balde de agua le responde: "sus heridas se están curando rápidamente, para mañana estará listo".

"Aliméntenlo nuevamente, quiero que tenga las energías suficientes para el evento", le responde el otro sujeto.

"Si Doctore", le responde el extraño haciéndonos conocer que no es más que un subalterno del otro sujeto.

En la mañana siguiente, el Doctore junto a su sirviente aparecen en la celda de Saturus, luego lo liberan de las cadenas y le amarran los brazos. El joven apenas puede caminar, no obstante, a nadie le parece importar las condiciones nefastas en la que aún se encuentra.

A medida que el joven camina y se acerca a una luz, consigue escuchar el bullicio de multitud concentrada en un solo lugar.

"¿Qué lugar es este?", se pregunta el joven desorientado.

El Doctore le desata las manos y le entrega una espada, luego le responde: "Los descubrirás si sobrevives a esta batalla".

Una puerta gigante se abre y Saturus es empujado hacia el otro lado. El joven cae encima de la arena y mientras intenta enfocar la vista, consigue visualizar a centenas de personas sentadas en unas gradas que rodean el local donde se encuentra. Toda la gente se encuentra animada y deseando ver la batalla.

Otra puerta se abre y de allí sale otro sujeto que asemeja estar en las mismas condiciones que el joven Saturus. El extraño tiene una lanza como arma y un casco que protege su cabeza.

"El ganador sobrevive un día más, el perdedor pierde la vida, estas son nuestras reglas", comenta el narrador del evento intentando alentar al público en las gradas.

El sujeto de la lanza, dominado por el miedo y empujado por su capacidad de sobrevivencia, ataca inmediatamente a Saturus lanzándole la lanza mientras el joven se encontraba de espaldas.

Saturus se da cuenta del ataque cobarde e inesperadamente esquiva la lanza en el último segundo, apareciendo posteriormente detrás de su contrincante. Al mismo tiempo el público quedó eufórico pues ninguno de ellos consiguió ver el movimiento veloz del joven.

Saturus no tiene tiempo para pensar y patea a su enemigo quien sale volando y es golpeado contra una pared. Su contrincante cae desmayado al suelo y esto hace enfurecer a las personas debido al escaso tiempo que duró el combate.

El narrador, de forma a apaciguar a sus espectadores, incita a Saturus para acabar con la batalla y matar a su enemigo. Sin embargo el joven refuta tal petición.

La gente comienza a lanzar objetos a la arena como gesto de rechazo. El narrador recibe indicaciones de su superior e informa al público que el castigo por rebeldía es la muerte.

Como consecuencia ante la pasividad de Saturus, un nuevo sujeto entra a la arena usando una armadura que le protege el pecho y los brazos. Éste levanta una de sus manos saludando al público. "Ha llegado uno de nuestros mejores luchadores, el demonio de la oscuridad, ¡Cristus!", menciona el narrador mientras que los espectadores le alientan y le exigen la muerte de sus contrincantes.

En el momento el cual su contrincante hace una entrada espectacular, Saturus comienza a presentar síntomas de cansancio, pues aún no está del todo recuperado de sus heridas.

Cristus se acerca al sujeto de la lanza, levanta su espada apuntando hacia su cabeza intentando animar a los espectadores y elimina macabramente al primero de sus contrincantes, todo esto ante la mira atónita del joven Saturus.

Seguidamente el luchador se acerca a Saturus quien se coloca en posición de defensa. Cristus lo ataca con las espadas pero es esquivado por el joven, aunque uno de sus golpes logra rozarle el brazo dejándole un corte superficial.

Saturus consigue intuir que su velocidad es superior a la de su enemigo y le arrebata una de las espadas. Esto no hace retroceder al luchador quien intenta atinar el golpe final, pero es parado fácilmente por el joven. Saturus le agarra la mano con la cual empuña la espada y le aprieta la muñeca, destrozándole la mano de forma a que no pueda sujetar nunca más una espada.

Cristus se aqueja del dolor y se arrodilla ante su enemigo. Por primera vez, los gestos de Saturus recuerdan al terrible demonio que en un futuro lejano emprenderá la batalla contra Goku y compañía.

"¿Crees que eres digno de ser llamado el demonio de la oscuridad? No te preocupes, te ahorraré la humillación", le comenta el joven con tono de desprecio.

Saturus lo patea fuertemente en el pecho, mandándolo directamente hacia las gradas e impactando su cuerpo encima de algunos espectadores. Luego, mostrando gala de sus nuevos poderes, con algún tipo de telekinesis lanza una de las espadas hacia su enemigo y ante las miradas de sorpresa del público, le atraviesa el pecho con el arma.

A este punto toda la arena se encuentra en silencio, no obstante, uno de los espectadores comienza a alentar a Saturus y seguidamente todo el público enaltece la figura del joven.

Como el cuerpo del joven aún se encuentra en condiciones nefastas y luego del grande gasto de energía, Saturus pierde la conciencia desplomándose en el suelo.

Al finalizar la batalla, el superior del narrador y probablemente el mandamás y organizador de estos eventos se acerca al Doctore y le menciona gratamente: "Nos han regalado una mina de oro, ahora es tu deber domesticarlo, quiero que esté pronto para futuros eventos".

Unas horas más tarde, Saturus se despierta en medio de una celda aparentemente acompañado por otra persona.

"Vaya has despertado, pensé que nunca ibas a recuperar la consciencia", le menciona un joven con cicatrices en el rostro y la espalda.

"Te dejé un poco de mi agua, pensé que ibas a despertar con mucha sed", le menciona sonriendo.

Saturus bebe el agua e intenta recomponerse luego de su última batalla.

"Veo que eres poco hablador, me llamo Menar y a partir de este momento seré tu compañero de celda", comenta el joven mientras le ofrece la mano.

Saturus no le réplica el gesto y le pregunta dónde están.

"Estamos obviamente en una celda", le contesta Menar intentando demostrar su lado humorístico. Saturus sonríe tímidamente y rápidamente le menciona que alguien se está acercando.

"Ya lo sé, es mi hora de pelear, espero que me vaya igual de bien como te fue a ti", le responde el joven con mucho optimismo. Los guardias abren la celda y Menar se despide de Saturus.

Saturus aprovecha su momento de soledad e intenta recordar cómo ha llegado a este lugar. «No lo entiendo, ¿este es el infierno?, ¿este es mi castigo?, ¿de dónde he sacado esta fuerza?» se pregunta el joven.

Este observa sus manos y recuerda lo sucedido en la batalla: «siento un inmenso poder recorriendo por mis venas, ¿esto es lo que he obtenido aceptando mi oscuridad?».

Mientras Saturus reflexiona sobre el aparecimiento de sus nuevas habilidades, el Doctore se acerca a su celda y le llama la atención. "Has luchado bien, nos tienes a todos sorprendidos. Dime joven, ¿Cuál es tu nombre?", le cuestiona el sujeto.

Saturus no le responde puesto que aún se encuentra meditando. Esto hace enojar al Doctore quien lo considera como una falta de respeto ante la autoridad.

"Sé que me estas escuchando", le advierte el Doctore. "Nuestro Dominus quiere conocerte, pero antes, te daremos atención médica y una buena ración de comida. No olvides de agradecerle personalmente, ¿entiendes esclavo?".

El joven continua ignorando las palabras del Doctore, quien lo deja solo con sus pensamientos y mientras se aleja de la celda le indica enojadamente a uno de los guardias que no le den de comer.

Al transcurrir tres horas la jornada de las batallas ha llegado a su fin. Un Menar mal herido y desgastado ha regresado a su celda. Saturus se encuentra sentado en el suelo y luego lo observa. "¿No deberías ser atendido por un médico?", le pregunta.

Menar se sienta en el otro lado de la celda y se limpia las heridas con el balde de agua que le dejaron. El joven intenta esconder el dolor que provocan sus heridas, tal sufrimiento es difícil de ocultar y de forma inesperada, Menar comienza a llorar discretamente.

"Dime chico, ¿Qué lugar es este?, ¿Cómo has llegado aquí?", le cuestiona Saturus.

Menar se recompone y le responde: "Esto es una cárcel, somos meros prisioneros, nuestros destinos son manejados por el Dominus de este lugar."

"¿Cómo conseguiste derrotar a Cristus?, era uno de los mejores", le pregunta el joven.

"Aún no lo sé, todavía sigo cuestionándome si esto es real o si he sido enviado al mismo infierno", le responde Saturus.

"No estamos en el infierno, pero es muy parecido. Esto es real, mis heridas son reales, todos los prisioneros de este lugar estamos destinados a morir peleando", le responde un desesperanzado Menar.

"No me parece que seas un luchador", le comenta Saturus mientras se le acerca. Este último agarra una venda del suelo y le tapa una de las heridas de su brazo.

"Mi familia y yo escapamos de nuestro planeta, huimos de la dictadura que aterrorizaba a nuestro pueblo. En el camino encontramos este planeta, tuvimos que realizar un aterrizaje de emergencia pues nuestra nave necesitaba de combustible. La gente de este lugar parecía muy amable pero…". Menar hace una pausa aquejándose de una herida.

"Ellos mataron a tu familia, ¿cierto chico?", Saturus no tiene problemas en ir al grano.

Menar aprieta fuertemente sus puños. "Fui el único sobreviviente, ellos insinuaron que yo podía ser un luchador. Eso es lo que ellos hacen, secuestran a gente sin hogar, a desertores, fugitivos, comerciantes, y los aprisionan aquí. Todo esto… todo esto, ¡para su entretenimiento!", reclama el joven enojadamente.

A pesar de haber escuchado esta trágica historia, Saturus se mantiene sereno y le pide calmadamente a Menar que se guarde esos pensamientos para él solo, de modo a no llamar la atención de sus secuestradores.

En la mañana siguiente, el Doctore regresa nuevamente a la celda y le peticiona a Saturus que lo siga. Mientras caminan, el joven observa el estado en el cual se encuentran todos los prisioneros, imágenes que le hacen recordar las instalaciones donde se encontró por primera vez con Stalon y donde perdió la vida su amada Mia.

"Hemos llegado, espera aquí", le ordena el Doctore.

En la misma sala aparece el Dominus quien no oculta su egocéntrica personalidad. "Así que este es el animal que causó tanto alboroto".

"El Doctore me ha informado que no nos quieres decir tu nombre, ¿Qué te parece si te llamamos Deudor?", le insinúa de forma provocativa.

Saturus aún no intercambia palabras y el Dominus comienza a impacientarse. Este se acerca al joven de forma intimidante: "¿sabes por qué te llamaremos así? Porque has matado a uno de mis mejores luchadores, uno de los más lucrativos. Desde el momento en que te rebelaste has quedado en deuda perpetua conmigo y serás mi prisionero hasta que los espectadores se cansen de ti y decidan que acabemos contigo".

Saturus sigue sin reaccionar ante la amenaza del Dominus y se mantiene firme mientras observa su alrededor.

"Vaya, ¡este idiota es mudo!", menciona el Dominus de forma burlona. "La gente pensaba que eras un ángel caído del cielo, y quien los podía contradecir, realmente caíste del cielo y nunca conseguimos saber cómo es que llegaste a este planeta".

Las palabras del esclavizador llaman la atención del joven, el cual confirma que no se encuentra en el infierno y tal vez su repentina llegada a este repugnante lugar no sea solo una coincidencia. A partir de este momento la actitud de Saturus cambia de forma instantánea, mostrándose más confiado y desafiante.

El Dominus se sienta en una de las sillas y se bebe una copa de vino mientras observa seriamente a Saturus. "Mañana te meteremos en una de las batallas exclusivas, quiero que sigas las instrucciones del Doctore, mientras mejor te comportas, mejor te trataremos".

Inesperadamente, el joven cruza sus brazos y por primera vez le responde sin titubeos: "Olvídalo, no soy una de tus mascotas".

"¡Aja! Finalmente el animal abrió la boca. Es una pena que la elección de tus primeras palabras no fuera la adecuada", le advierte el Dominus mostrándose más animado que preocupado por la serenidad de su esclavo.

Saturus, quien se muestra bastante tranquilo, le interrumpe y exponiendo su lado presuntuoso intimida a todas las personas en la sala. "Pueden dejarme libre o tendrán que pagar su ineptitud con sus vidas".

Al Dominus no le sientan bien esas palabras. "No has analizado bien tu posición, ¿cierto chico? Estás rodeado por varios guardias armados, ¿Qué te parece si reconsideras tu actitud malcriada?".

Saturus dirige su mirada hacia el Dominus y lo observa de forma amenazante, por lo cual se genera un ambiente bastante tenso y obliga al esclavizador a actuar contra el joven mandando a uno de sus guardias a atacarlo.

Saturus usa nuevamente sus poderes paralizando al guardia. "Patético", menciona el joven mientras lanza al guardia por una de las ventanas.

El Dominus queda atemorizado pero no pierde los estribos. Este llama a sus guardaespaldas, siendo uno de ellos un esclavo, el mejor luchador de la arena. El gladiador golpea rápidamente a Saturus y lo hace volar impactando contra una de las casas en el exterior de la prisión.

"¡Mátalo, hazle pagar por su ingratitud!", le ordena el Dominus a su peleador.

El luchador sale saltando por el balcón de la sala y aterriza en el local donde cayó Saturus. Éste último se levanta entre los restos de la casa y se da cuenta que ese golpe lo hubiese matado si no tuviera oportunamente los nuevos poderes que le fueron concedidos.

El luchador lo ataca por la espalda pero el joven lo esquiva y le devuelve el golpe usando su rodilla hacia una de las costillas del contrincante. El joven aparece nuevamente en frente de su enemigo y por instinto lanza de sus manos una ráfaga potente de energía con la cual elimina la mitad del cuerpo del luchador.

Saturus observa sus manos incrédulamente, reconoce que su actual fuerza y poderes están fuera de cualquier límite. «Esto es increíble», piensa el joven.

Seguidamente otros luchadores y guardias mandados por el Dominus atacan a Saturus, sin embargo son fácilmente derrotados. De esta manera el joven comienza su propia masacre y se denota que ya no existe cualquier guía moral o código que le impida acabar con cualquier contrincante que se le oponga. La influencia de la oscuridad se ha apoderado de su destino y de sus propias acciones.

Saturus empieza a torturar a los propios guardias para poder obtener algunas respuestas, las cuales les guía hasta la sala más protegida del local donde obtiene las llaves de las celdas. Seguidamente se pasea por los pasillos de las celdas eliminando a los guardias hasta llegar al calabozo donde estuvo aprisionado.

Menar se encontraba durmiendo, pero es despertado por los gritos de los guardias y observa la figura de Saturus acercándose a la puerta.

"Chico, ¿sabes manejar las naves de este lugar?", le pregunta Saturus.

"Pienso que sí, mi padre fue piloto y…", le respondía Menar.

Saturus lo interrumpe y le entrega las llaves. "Dale esto a uno de los prisioneros para que ayude a escapar a los otros. Tienen 10 minutos para abandonar el planeta. Tu solo preocúpate en buscar una nave rápido".

Menar recibe la llave aunque no se preocupa en exponer sus dudas: "¿10 minutos?, ¿Por qué 10 minutos?".

Saturus desaparece rápidamente del local y se encuentra en su camino con más guardias y luchadores defensores del Dominus. Ninguno de ellos está a la altura del joven y terminan fácilmente superados.

Posteriormente Saturus fue derrotando a los guardias uno por uno y al mismo tiempo preguntando por el paradero de su jefe. Uno de ellos se rindió antes de luchar y le confiesa que debe estar escondido en su bunker.

Saturus baja a los pisos inferiores hasta encontrar a un grupo de guardias protegiendo una habitación subterránea y concluye que el Dominus se encuentra detrás de las puertas reforzadas.

Luego de acabar con los guardias, el joven golpea las puertas con todas sus fuerzas y consigue acceder al bunker del malhechor. Saturus elimina a todas las personas de la habitación y se guarda lo mejor para el final.

"No por favor, no me mates, eres libre como deseas", le suplica el Dominus arrodillado en el suelo.

Saturus usa sus poderes para levantar al aire al Dominus, mientras que varias espadas rodeaban su cuerpo.

"Te creías el Rey del mundo. Dueño de otras vidas. La verdad es que no eres más que una sabandija", el joven consigue ofender el orgullo del sujeto.

El Dominus observa a Saturus con cara aterradora mientras le pregunta: "¿Qué clase de demonio eres?".

Saturus le da la espalda y sonríe, luego voltea la cabeza mostrando un rostro puramente maléfico: "no soy solo un demonio, soy un Dios de la oscuridad".

El joven hace un gesto encerrando el puño izquierdo, con lo cual las espadas atraviesan el cuerpo del Dominus quien muere desangrándose en el suelo de su bunker.

Tras el asesinato del Dominus, Saturus vuelve para la cima del edificio y desde el tejado observa las diferentes naves abandonando el planeta al igual que el caos que ha creado en este mundo. Sin embargo, el joven no piensa en las consecuencias de sus acciones, sus pensamientos están ocupados cuestionándose cuál es el verdadero potencial de sus nuevas habilidades.

«¿Será posible?», piensa el joven mientras observa la distancia que lo separa del suelo. Un Saturus imprudente se lanza desde el tejado dejándose caer en picado y justamente antes de impactar al suelo consigue detener la caída y levitar.

«Bien, si también puedo volar…», piensa Saturus al momento que se aleja varios kilómetros de la superficie. El joven se detiene en el cielo y apunta su mano hacia la superficie. «Un mundo deplorable como este, nadie lo extrañará».

Una bola enorme de energía se forma al frente de él. Saturus no presenta cualquier remordimiento y lanza el poderoso ataque contra la prisión. El impacto contra la superficie crea una gigantesca onda de expansión que hace alejar aún más a Saturus de la tierra y este instintivamente crea un campo de energía que lo protege ante semejante fuerza.

Ante la falta de conocimiento del joven sobre el alcance de sus nuevos poderes, Saturus no midió la gravedad de su poderosa técnica puesto que no solo acabó con la prisión, la arena o las pequeñas poblaciones a su alrededor, también hizo explotar el planeta asesinando a todas las personas que allí residían.

Posteriormente, un Saturus protegido en su campo de energía divaga en el espacio. Oportunamente, este es recogido por una nave que estaba orbitando fuera de la atmosfera del planeta. Esta nave tiene solamente un tripulante, su compañero de celda Menar.

Después de varios días, la nave aterriza en un local ya conocido por Saturus. "¿Por qué estamos aquí señor Saturus?", le pregunta Menar.

"Aquí es donde encontraré las respuestas de todas mis dudas", le responde el autodenominado demonio de la oscuridad.

"¿De quién es esta nave destrozada?", le pregunta Menar luego de aterrizar en los alrededores de una ciudad.

"Era de un viejo amigo", le contesta Saturus. Ellos se adentraron a la ciudad y Saturus le señaló el Templo donde su amigo perdió la vida.

En plena calle, Menar visualiza la niebla que se expande en todos los rincones de la ciudad. El compañero de celda de Saturus no se atemoriza, sin embargo, sus nervios se disparan al encontrar en el medio del camino a algunos demonios ya conocidos por el demonio.

"Cálmate, no nos harán daño. Tienen órdenes de no tocarnos", le comenta a Menar de forma a tranquilizarlo.

Ambos ingresan al Templo y acceden a la cripta donde todo comenzó. En ese lugar encuentran al mismo sujeto que le concedió los poderes a Saturus.

"Bienvenido de vuelta mi pupilo, es bueno saber que has tenido éxito en tu misión", le comenta la sombra que aparece al frente del demonio.

"¿Has traído un amiguito contigo?", le pregunta a Saturus mientras intimida al pobre Menar.

"Déjate de juegos, ¿Por qué me dejaste en aquella prisión?", le pregunta sin desviar la conversación.

"Necesitaba conocer el alcance de tus poderes y déjame decirte con total honestidad, has superado mis expectativas", le responde la sombra mostrándose bastante satisfecho.

Saturus parece desconfiado, no obstante, le otorga pacientemente unos minutos para que Kaulet le exponga su visión.

"Disculpen incomodar, pero ¿quién es este extraño sujeto?", pregunta Menar tímidamente.

"Esa es una buena pregunta", Saturus secunda el cuestionamiento del joven Menar.

"Oh, espero que me disculpe por mi mala educación, joven Menar. Mi nombre es Kaulet, hace no mucho tiempo salvé la vida de tu amigo. Resulta que ambos tenemos un objetivo en común, derrotar al Titán".

"¿Pero por qué no tienes cuerpo?", Menar demuestra ser un joven bastante curioso y observador.

El Dios oscuro se le acerca y le responde susurrándole en el oido: "Es una larga historia, mi cuerpo fue destruido por las mismas personas…"

"¡Es suficiente!", exclama Saturus llamando la atención de los demás. "¿A que te refieres con acabar con el Titán?".

"Ambos hemos sido víctimas de la desgarradora aniquilación que emprendió el Titán años atrás", le responde la sombra.

"Bien, ¿Dónde puedo encontrarlo?, ¿Cómo puedo derrotarlo?" le pregunta Saturus.

Kaulet se ríe escalofriadamente y le contesta: "¿derrotarlo?, aún necesitas de mi entrenamiento, tienes mucho que aprender joven Saturus. En relación a tu primera pregunta, solo hay una forma de liberarlo…".

Kaulet se aleja de ellos y les muestra una imagen de los Kaoshin: "Tienes que matar a los Kaioshin y capturar sus almas. El caos generado por el desequilibrio entre los mundos hará el resto".

«¿Los Kaoshin?», se pregunta Saturus mientras observa detenidamente la imagen y consigue reconocer al sujeto llamado Shin, a quien se encontró días antes de la destrucción de su hogar.

Repentinamente, uno de los demonios de la ciudad aparece en la cripta y Saturus se distrae al observarlo. "Siento una magia poderosa en estos demonios. La mujer que poseíste mencionó que estos monstruos eran como ella, ¿Qué les ocurrió?".

Kaulet hace un simple movimiento con sus dedos, transportando a todos los presentes en la cripta hacia el exterior del Tempo.

"¿Puedes observar esa niebla?", le señala el Dios de la oscuridad.

"He creado esa niebla con mi magia y los habitantes de la ciudad han sido víctimas de una transformación inesperada pero satisfactoria", comenta Kaulet.

"Ya veo…", menciona Menar quien luce asombrado.

Saturus cruza los brazos mientras visualiza a los desafortunados habitantes. Inesperadamente el joven vuela hacia el centro de la ciudad ante la mirada prudente de Kaulet.

El demonio observa a todos los monstruos mientras decide realizar un acto de piedad. Improvisando con sus poderes, hace remover cuidadosamente la niebla de la ciudad concentrándola en el interior del templo.

Con la ausencia de la niebla en las desoladas calles de la ciudad, todos los monstruos sufren una transformación regresándolos a la su apariencia original. Uno de los habitantes, contento de ver a su familia sana y salva a su lado, se arrodilla ante la presencia de Saturus agradeciendo por su misericordia. Seguidamente todos los habitantes imitan al sujeto y se inclinan ante el demonio.

"¿Por qué los has ayudado?", le pregunta Kaulet quien aparece al lado del joven.

"A partir de ahora ellos me veneraran como su Dios, el tempo será mi altar, le pondrán mi nombre", le responde un engrandecido Saturus.

"Me agrada tu forma de pensar, pupilo", le responde Kaulet sonrientemente.

"La niebla quedará sellada en el interior del Templo. Con eso crearé una advertencia para cualquier sujeto que decida interrumpir nuestro entrenamiento", le advierte el joven demonio.

"Ya veo que has tomado tu decisión. Entonces este templo será tu nuevo hogar", le comenta Kaulet.

"Con el entrenamiento adecuado, ¿crees que será suficiente para matar al Titán?, le cuestiona Saturus.

"Si haces exactamente lo que te pido, no existirá cualquier rival que te pueda detener", le asegura el Dios de la Oscuridad.

Ambos regresan al interior del Templo acompañados por Menar. Saturus aún desconfía de las intenciones de su maestro, sin embargo, sus motivos le alientan a alienarse con él puesto que ambos comparten el mismo objetivo.