Mentiras
Vicio #12 – Mentir

No es que a Remus le guste mentir. Es sólo que... a veces ni siquiera se da cuenta. No lo procesa de esa manera. No piensa estoy mintiendo, piensa es un secreto. Piensa nadie puede saberlo. No hay nada de malo en guardar secretos. Hay cosas que no son asunto de nadie, y no tiene ninguna obligación de contarlas.

No es lo mismo que mentir.

- ¿Tu madre sigue enferma, Lupin?

Tenía doce años la primera vez que lo descubrieron. Llegó cansado a la habitación, después de una luna llena, para encontrar a sus tres compañeros esperándolo. Supo que algo andaba mal inmediatamente, y temió lo peor (lo cual no estaba tan ligado a su aguda percepción como al hecho de que vivía temiendo lo peor desde su primer día en Hogwarts). Perdió la sangre en el rostro, y entre eso y el cansancio de la luna, no sabe bien cómo pudo seguir en pie. James lo miraba con una curiosidad que no podía ser sana. Peter tenía los ojos grandes como platos, y el miedo que reflejaban era el mejor indicativo de lo que estaba pasando. Sirius parecía más enojado que sorprendido, y fue el primero en hablar.

- Nos mentiste.

Entonces, por un segundo, Remus pensó que se había equivocado. Que esto se trataba de alguna otra cosa. Porque su maldición, la enfermería, las escapadas en luna llena, no eran mentiras. Eran su secreto. La enfermedad de su madre, las 'visitas' mensuales, los 'animales que lo habían atacado', eran sólo mecanismos para ocultar el secreto. Un segundo. En el segundo siguiente, Remus fue capaz de ver por primera vez el mar de mentiras en el que vivía. Fue cuando le fallaron las piernas y cayó sentado sobre la cama de James.

James fue el primero en comprenderlo. La licantropía, las mentiras, todo. Puedes confiar en nosotros, decía. Somos tus amigos. Y Remus lo escuchaba con los ojos llenos de lágrimas, porque por primera vez tenía amigos que sabían lo que era y no lo abandonaban. Amigos leales. Amigos de verdad. Y les había estado mintiendo.

Lo siento, fue lo único que atinó decir, antes de ponerse llorar como una niña.

Cuando pasó el shock del primer momento, empezaron las preguntas. ¿Cómo es?. ¿Qué se siente?. ¿Estás seguro de que no pasa nada si no hay luna llena?. ¿Lo sabe alguien?. ¿Qué edad tenías?. ¿Tú mismo te haces todas esas heridas?

Las respondió todas con la verdad.

Pasaron un par de semanas antes de que las cosas volvieran a la 'normalidad'. Un par de semanas en las que descubría a sus amigos observándolo, casi todo el tiempo. Peter, nervioso, desviaba la mirada inmediatamente. James, curioso, sonreía con un gesto que hacía que Remus se preguntara si realmente quería saber qué estaba pensando. Sirius simplemente lo miraba, sin preocuparse por ser descubierto, con ese descaro Black con el que hacía todo. A veces había curiosidad en sus ojos, y era el que hacía preguntas más directas sobre la transformación. A veces había tristeza.

Luego, la 'normalidad' se transformó en algo mucho mejor que el mejor de sus sueños. Porque ya no eran Sirius y James y dos amigos que los seguían por los pasillos. Ahora eran cuatro compañeros. Cuatro que lo compartían todo: las bromas, los castigos, las ideas, los secretos. Cuatro merodeadores nocturnos, invencibles, inseparables.

- Lupin...

- ¿Perdón?

- Pregunté si tu madre sigue enferma. Como ayer faltaste de nuevo...

- Por supuesto que sigue enferma, no necesita que se lo recuerdes.

Sirius miente por él.

- Realmente, Shacklebolt... ¿no ves lo cansado que está?. ¿Te parece una pregunta necesaria?

James miente por él.

- Ya, Remus, no pienses en eso. Desayuna tranquilo.

Peter miente por él.

- Perdona, Lupin. No quise hacerte sentir mal.

- No te preocupes, no pasa nada.

Visitas mensuales a su 'madre enferma', la Casa de los Gritos, hombres-lobo, animagos ilegales... Están tan acostumbrados a mentir que a veces ni siquiera se dan cuenta.

Sirius se estira en la mesa, con esa elegancia desenfadada de aristócrata rebelde. Lleva la túnica abierta y la camisa por fuera del pantalón. Muestra todo el cuello, y esa curva (justo esa) que se estira hacia sus hombros y que provoca tanto morder. Todas las chicas cercanas (y la mitad de las lejanas) voltean a verlo. Remus no se da cuenta de que él también lo está mirando hasta que el mismo Sirius parpadea y pregunta "¿qué pasa?"

- Nada,- dice Remus inmediatamente, y vuelve a fijar la vista en su desayuno.

Y no piensa estoy mintiendo. Piensa es un secreto y nadie puede saberlo.