CAPITULO 11

Galeón: Barco que se utilizaba para el comercio entre América y España.

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-Mi capitán- El joven firmemente erguido le habló a su superior que se encontraba en la proa de aquel magnifico barco hecho de una excelente madera.

-¿Qué quieres?- Dijo secamente sin despegar su vista que estaba fija en el océano.

-S-se avecina una gran tormenta, y no os tendrá piedad alguna.- El respeto que poseía aquel hombre de semblante imperturbable, serio e inteligente era sombroso para su corta edad, que a pesar de tan solo tener 25 años era capitán de aquel gran barco.

Lentamente aquel azabache giró hasta quedar frente del joven y, fulminándolo con la mirada provocó que tragara grueso.

-¿Y qué problema hay con ello? ¿Desconfías de mi habilidad?- Los ojos negros lo intimidaron completamente y tenía que retractarse.

-No mi Capitán, deposito plenamente mi confianza en usted- No podía relajarse, él capitán tenia fija su mirada en la suya y realmente era aterradora para él.

Sin decir nada el capitán volvió a su posición inicial y por fin pudo relajar sus músculos.

-Lawrence, tengo una tarea para ti.- El breve momento que había logrado relajarse se había acabado y sus músculos volvían a tensarse.

-Por su puesto, Capitán.- Dijo lo más seguro que pudo.

-Ten, por nada te atrevas a ver su contenido.- Su tono era sereno pero avasallador como debía de ser el de un capitán. Llevó lentamente su mano hasta dentro de su chaqueta y sacó un sobre.

-Esta carta es para mi esposa, en la siguiente parada tendrás que entregarla para luego ser reenviada hasta ella. Yo tengo que hacer algo muy importante por lo que no tendré tiempo de hacerlo, así que por tu bien hazlo lo más perfecto posible-

-Por su puesto Capitán.- Y tomó el sobre.

El capitán solo asintió, era algo muy trivial pero a la vez significaba la aprobación de su parte, cosa que era muy importante para el joven novato.

Al terminar esto el capitán se dirigió a su camarote para descansar un poco.

Mientras que el Lawrence quedó admirado, aquel hombre solo le sobrepasaba por un par de años pero era superior que él en todos los aspectos. Fijó su vista en aquella carta, estaba escrita con tinta y en ella daba el nombre del capitán Edward W. Braxton y a quien estaba dirigida Elizabeth Elric Coleman.

"Wow, el capitán tiene esposa. Ella tiene todo mi respeto. ¿Pero cómo será?"

A Lawrence se le vino a la mente una gran mujer, con rasgos de hombre, con grandes músculos, un poco de bigote y muy poco femenina, que le causo un temblor que recorrió todo su cuerpo. Ya que para soportar a semejante hombre como ese tenía que estar a su nivel.

El capitán, un joven hombre, se caracterizaba por su inexpresividad y carácter frío y distante, su apariencia contribuía a esto dándole un aire misterioso, ya que poseía unos ojos tan oscuros como la misma oscuridad al igual que sus cabellos. Hasta había logrado circular un rumor que relataba que si su temperamento llegaba a ser afectado y se enfurecía sus ojos cambiaban a un color carmesí como la sangre.

Pero Lawrence no había estado tanto tiempo bajo su mando como para haber sido testigo de tal hecho.

De hecho, le daba toda la razón a aquel que le había dicho acerca de la frialdad del capitán Edward.

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Bitácora del Capitán. Día 09/12/1914.

Han pasado 4 días desde que partimos desde el muelle en Japón, en estos momentos nos dirigimos hacia Inglaterra. Llevamos más de la carga estipulada. Nuestros superiores estarán contentos.

Espero llegar lo más pronto posible con mi esposa, pronto será su cumpleaños.

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Edward estaba tranquilamente escribiendo en su camarote cuando de pronto la tinta en la cual remojaba su puma para escribir se derramó por las repentinas inclinaciones del barco.

Ya algo irritado salió de su camarote para observar la situación.

-¿Qué diablos?- El cielo se había tornado oscuro y era repentinamente iluminado a cada momento por los relámpagos que sonaban estruendosamente acompañados por una salvaje y feroz lluvia.

-Edward- Lo llamó el segundo al mando, un hombre fornido con un extraño cabello plateado y un ojo oculto debajo de una máscara que lo único incapaz de cubrir era su ojo derecho. Estaba empapado y luchaba por mantener el mando del timón.

-La tormenta llegó más rápido de lo esperado- Algo característico de Andrew era su personalidad tranquila e inquebrantable.

-¡Escucharme todos! ¡Si este barco prevalecerá dependerá de ustedes y cuan grandes sean sus ganas de vivir! ¡Así que no se acobarden y fallen, porque me estarían avergonzando, a mí, a este barco y a ustedes mismos!- Gritó dándole aliento a sus camaradas.

-¡AHHH!- Todos en aquel barco, por más frío e indiferente que fuese su capitán tenia por completo depositada su confianza en él y no lo deshonrarían.

"Nadie, ni siquiera la madre naturaleza será capaz de hundir este barco, no lo permitiré."


FLASBACK

-¡Felicidades!- Una mujer con un largo cabello, de un color poco normal, azul oscuro, felicitaba a un hombre muy apuesto. Vestía un corpiño marón claro que abarcaba su cintura, caderas y busto, semejante a un chaleco de cuero, debajo de éste tenía una camisa blanca de cuello ancho de mangas largas que se ensanchaban en sus muñecas y una gran pantalones negros que eran sostenidos con un cinturón, y tenía unas botas de cuero del mismo color que le llegan hasta un poco antes de las rodillas.

Se encontraban en un muelle, enfrente a un gran barco aparentemente nuevo.

-No hubiera sido posible sin ti- La mujer se sonrojó, y su piel tan blanca como la nieve la delataba fácilmente. El hombre la abrazó y la besó, sorprendida lo único capaz de hacer fue corresponder el beso.

Al separarse se sonrieron mutuamente, pues nadie se encontraba allí más que ellos.

-Solo necesita un nombre- Ambos miraban silenciosamente al nuevo galeón que traería con el una mejor vida.

-No fue nada difícil, ya lo tengo- Se sentía muy orgulloso de haber elegido el nombre.

-¿Cual será Ed?- Estaba intrigada por saberlo, ya que después de que un barco era bautizado no podía volver a serlo ya que se creía de mala suerte.

-Tendrá en nombre de una mujer- Pero ella seguía a la espera. "Es tan inocente que no capta que será el suyo" – Es muy especial para mí y le debo todo a ella.-

-Un momento- "Ya lo entendió"- ¿Estas engañándome con otra?

-¿QUÉ?- Había sido muy repentina y descabellada su ocurrencia, pero ella inocente y se había dado la vuelta muy triste.

-Por supuesto que no, yo solo tengo ojos para ti, eres la mujer que amo.- No era momento para bromas, iba muy enserio con ella, después de todo ella era su primera mujer, y había robado su corazón.

-E-es mentira, solo soy un objeto y nada mas.- Logró decir entre sollozos.

-Me obligas a tomar decisiones desesperadas.- Hacia ya veintiún años que se conocían, desde que nacieron prácticamente, hacia seis que eran novios y hacia tres que él había comprado el anillo con el que le propondría matrimonio. Pero había sido demasiado para él y no había podido juntar el valor para proponérselo.

Pero ese sería el día, ese día el lo haría.

-Elizabeth, ¿T-tu... tú- Estaba arrodillado, sus miradas chocaron, la suya como la noche y la de ella como la luna, su corazón latía desenfrenadamente, un sonrojo poco común apareció en sus mejillas, y las de ella como de costumbre ya lo estaban, pero las palabras parecían rasgar su garganta. Se armo de valor.

-¡¿Tú te casarías conmigo?!- No era capaz de mirarla, su vista estaba fija en el suelo, solo unos segundos pasaron pero para él fueron como días enteros. Se digno levemente a levantar la vista. Y quedo sorprendido y maravillado con la asombrosa situación que tenida delante. Las delicadas facciones de aquella hermosa mujer, mas su pálida y tersa piel, unos ojos hermosos, un tierno sonrojo en sus mejillas, eran adornados con una encantadora sonrisa pero de repente lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Y su corazón se estrujó.

-SI- Y se lanzó sobre él y le brindó un suave y cálido abrazo, que lo volvieron a la vida después de que casi se muere de un infarto. Tomo delicadamente su mano y coloco el anillo de oro en su dedo anular.

-Me haces el hombre más feliz.- Se levantaron y él la tomó en brazos y la alzó e hizo girar en el aire.

-Después de tanto tiempo por fin logre que me lo propusieras.- Dijo ella, a lo cual él se detuvo de golpe y la dejo cuidadosamente en el suelo.

-¿A qué te refieres con eso?- "Ya metí la pata" Pensó ella.

-E-etto- Se puso nerviosa, y como de costumbre comenzó a jugar con las puntas de sus dedos.

-¿Sí?- Dijo el en un tono atemorizante.

-P-pues, hace m-mucho tiempo que yo sabía d-del anillo- Y dio una risita nerviosa.

-Hacia ya un par de años, cuando estaba lavando tu ropa encontré el anillo guardado en una pequeña caja y sabiendo como eras, guardé silencio y esperé pacientemente, pero tardabas demasiado así que decidí tomar cartas en el asunto.- Evitaba mirarlo a los ojos, pues sabía que estaría molesto y algo herido.

-¿Así que la idea de que tuviera otra y estuvieras llorando era una mentira?- Comenzó a reírse.

-Después de todo eres mi mujer…- Después de todo en ocasiones su inocente y tímida mujer podía cambiar completamente, pero así era como le gustaba.-…y así me encantas.-

-Por supuesto que era una treta- Tenia una linda sonrisa en sus labios pero un aura oscura emanaba de ella- Si hubieras tenido otra hubiera sido la primera en enterarme y no vivirías para contarlo.- Lo dijo tan calmada y en un tono tan "dulce" que le causo temor.

-Pero aun necesito bautizarlo- Trató de cambiar de tema.

-Ah, si ¿Qué nombre tenias pensado?- Ella volvió a la normalidad.

-¿Sabes qué? Te lo dejo a ti.- Elizabeth se puso a pensar.

-¡Lo tengo! ¿Qué te parece "Hope"?- Y espero por la respuesta de su futuro esposo.

-Perfecto- Se acerco a ella y la besó.

-Hay que anunciar nuestro matrimonio, quiero que sea lo antes posible.- Ella emocionada asintió.

FIN FLASHBACK


Significa demasiado para mí.

-Tomare el timón, encárgate de- Decía Edward a Andrew cuando de pronto una cuerda de las velas no resistió y desgarró, golpeando a Lawrence provocando que cayera por la borda había las furiosas olas.

Sin pensar tomo una cuerda que estaba atada a un mástil y saltó en su auxilio.

Nadando contra la corriente logró alcanzarlo y ató la cuerda alrededor de su pecho.

-Muchas gracias Capitán, le debo mi vida- Estaría por siempre en deuda con su capitán que por más atroz que aparentara ser era un buen hombre.

-Cínchenlo muchachos- Gritó Edward y los demás tripulantes comenzaron a subirlo.

-¡¿Y USTED CAPITÁN!?- Estaba nervioso y preocupado.

-Ya será mi turno, no te preocupes- Para estar en medio de una terrible tormenta se encontraba muy tranquilo aunque segundo a segundo fuera arrastrado cada vez lejos del galeón por las olas.

"Maldita sea, no puedo morir, Elizabeth me mataría. No tiene mucho sentido pero sería capaz de revivirme solo para eso." Sonrió inconscientemente al recordar la determinación de su mujer.

Por más fuerte y rápido que haya nadado contra la corriente le fue imposible y llegó tan lejos que dejó de divisar el galeón.

"Ahora me encuentro a merced de la madre naturaleza"

Una tormenta única, capaz de destruir buques enteros se había desatado con toda su furia.

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