xi. Regalo
No acostumbraba a hacer algo como esto. No tenía razón alguna.
Pero ahí estaba, parado frente al mostrador mientras esperaba a que le envolvieran su compra. Sus ojos no se quedaba quietos, constantemente mirando a todas partes en caso de que alguien conocido lo encontrara dentro de esa tienda, sin embargo ninguna persona que pasaba por ahí le era familiar, un gran alivio invadiendo su cuerpo de vez en cuando.
-"Aquí tiene. Espero que le guste a su padre."-
Sebastian arqueó la ceja y tomó la bolsa de las manos de la encargada de la tienda. Claro que no era para su padre, ¿acaso lo veía con la edad de comprarle un regalo? El joven no se podía imaginar a ese hombre con esa prenda, por más que se lo visualizara; el padre de Michaelis siempre fue de aquellos que siempre vestían de traje, no importaba si estaba en casa, el pelinegro siempre lo vio vestido formal.
Salió de la tienda con la mirada agachada, no queriendo ver a nadie ni nada excepto sus pies. Conocía el lugar de memoria, de tanto que había recorrido esas calles, por lo que sabía aproximadamente cuánto tardaba en llegar al café. Le había pedido a Ash verse ahí, aún cuando hace unos cuantos días se habían visto, pero Sebastian no quería testigos de lo que estaba a punto de hacer; debía permanecer en secreto, solamente entre él y el mayor.
Entró al local, el olor a café llegándole rápidamente mientras se adentró hacia la mesa que usualmente escogían Ash y él. Por suerte para Sebastian, el ángel ya estaba sentado esperándolo, y como siempre, habían dos tazas de café sobre la mesa. Michaelis se sonrojó un poco ante ello, aún no se acostumbraba, y se dirigió hacia la mesa.
-"Llegas tarde cinco minutos."-
El menor infló sus cachetes, el mayor teniendo la mirada en un libro entre sus manos; siempre sabía cuándo el pelinegro se acercaba.
-Tch. Hola a ti también.-
Se cruzó de brazos y desvió su mirada, Landers al fin alzado sus orbes violetas del libro para mirarle con una sonrisa ladina. El mayor entonces se dio cuenta de la bolsa que cargaba el menor, su rostro mostrando curiosidad.
-"¿Y eso?"-
Los cachetes del joven ardieron nuevamente, decayendo la mirada mientras le ofrecía la bolsa.
-"¿Para mí?"-
Sebastian solo se abstuvo a asentar la cabeza, las palabras sin poder salir. Entonces su ex tutor tomó la bolsa y la miró con curiosidad, Michaelis rápidamente tomando asiento en frente del mayor para mirarlo bien.
De la bolsa, Ash sacó un suéter blanco, desdoblándolo para verlo mejor.
-Ya sé que no es tu cumpleaños…pero siempre eres tú quien hace favores, y pues...quería quedar a mano. También como disculpa por el mal entendido de la otra vez…y por haber perdido la memoria hace unas cuantas semanas atrás…-
No paraba de hablar, el joven pelinegro manteniendo sus ojos en la mesa mientras jugaba con sus dedos que yacían sobre sus piernas. Estaba bastante nervioso, y solo causaba que su lengua se aflojara, diciendo lo primero que se le venía a la mente.
Entonces sintió una mano sobre su cabello, esta despeinándole con suavidad, mientras escuchaba esa risa tan característica que le causaba mariposas en el estómago. Calló al fin.
-"Gracias. Me gusta."-
-¿En serio? Siempre te veo usar blanco, por lo que fue lo primero que busqué…No soy bueno en este tipo de cosas, pero ese me gustó y—-
-"Hablas demasiado."-
Michaelis bufó y sintió esas caricias intensificarse, las mariposas igual. Sabía que lo decía en broma, pero a veces le molestaba que se comportara así con él. Lentamente alzó la mirada y se encontró con una sonrisa de parte de Ash, este aún teniendo el suéter en mano.
-"Gracias."-
-…D—De nada.-
