Ushio: No maten a Arwen, fue completamente idea mía lo de Kazuha XD. De nuevo agradezco por su paciencia y comentarios.

arual17/Arwen: Ya han leído, idea de Ushio xD Hasta a mí me dieron ganas de matarla un poco :P

Disclaimer: Nada es nuestro (sólo Kazuha mala xD) Gosho es el propietario de esta gran obra en la que nos basamos para crear esta locura xD


Capítulo 11

Los ocupantes iban en el coche lo más silenciosos que podían estar después de una vivencia como la que habían tenido.

Ante Ran apareció un pañuelo y miró a su novio, quien la miraba con ojos preocupados. – Estás sangrando.

Ella se llevó un dedo a la herida de la mejilla y vio la sangre, manchándola. Volvió a mirarlo y se percató que él no estaba mejor. – Tú también lo estás. – Dijo llevando la mano hacia su cuello manchado de un hilo rojo.

Él sonrió despreocupado. – Nada que un vendaje no pueda solucionar.

- ¡Auch! – Se escuchó en todo el vehículo el grito del mago.

- Si dejases de moverte no te dolería tanto. – Le reprendió su novia mientras le limpiaba las heridas.

- Si tan sólo fueses más dulce… - Murmuró para luego volver a pegar un grito. - ¡Auch!

- ¡Oh, lo siento! ¿Te he hecho daño? – Dijo con tono inocente mientras abanicaba los párpados.

- Y a todo esto, ¿a dónde vamos? – Prefirió dejarle hacer y cambiar de tema.

- Al cuartel general del FBI en Tokyo. – Dijo Ryan sin despegar los ojos de la carretera.

- ¡No podemos! – Gritó alarmada Aoko.

Kaito suspiró, cansado. – Sí, es lo mejor. Ahí estaréis a salvo.

- Pero… - Intentó justificarse.

- Y necesitamos apoyo para encontrar una manera de rescatar a Toyama. – Siguió Shinichi.

- Eso también lo sé, pero…

- Además, ¿dónde mejor que rodeados de super agentes especiales que te atan y amordazan para que no puedas escapar? – Dijo Heiji en tono irónico algo más calmado.

- Sigue así, morenito, que vas por buen camino para que te desate. – Comentó con una sonrisa el agente.

- ¡Tiempo muerto! – Gritó Aoko exasperada al no dejarle terminar ni una mísera frase. – Para el coche.

- ¿Qué? – La miraron como si tuviese dos cabezas. – No puedo parar. Los de la organización…

- Eran cuatro y se quedaron idiotizados en cuanto escapamos. Es imposible que sepan dónde estamos ahora. Así que para el puñetero coche.

El coche dio un giro brusco y se detuvo al borde de la carretera. Aoko se bajó nada más hacerlo y se alejó de él, furibunda.

Kaito bajó corriendo tras ella. - ¡Aoko! – Ella se detuvo y llevó la mirada hacia el cielo lleno de estrellas, cerrando los ojos y dando varias bocanadas de aire para poder calmarse. En cuanto el ladrón se puso a su lado, ella consiguió calmarse. Sólo él podía tanto enfadarla como calmarla con tan sólo su presencia. - ¿Qué te pasa?

Bajó la cabeza para cubrirse el rostro con sus alborotados cabellos. – Estoy cansada.

Kaito se puso frente a ella y se agachó un poco, poniéndole las manos en los hombros con dulzura para reconfortarla. – Lo sé, todo esto es una locura. Pero no te preocupes. – Sonrió. – Todo saldrá bien, no dejaré que nada te pase. – Aoko apretó los dientes, frustrada.

Mientras, en el coche, Ran y Shinichi decidieron dejar a la pareja su espacio. - ¿Te vas a portar bien?

Se giraron hacia Ryan y vieron cómo dudaba ante un Hattori apoyado en el coche para no caer. – Lo prometo.

- Más te vale, porque no tengo ningún problema en volvértelo a hacer. – Le reprendió como a un niño pequeño mientras comenzaba a desatarlo.

- No será necesario. – Dijo ya liberado de sus ataduras. – Ahora tengo la cabeza más despejada.

Ran y Shinichi se acercaron a él. – No pararemos hasta encontrarla, Heiji.

Él asintió. – Lo sé. – Dijo con una sonrisa triste.

De nuevo, con la pareja un poco alejada del resto, Aoko comenzó a negar con la cabeza. – No es eso.

- ¿Entonces qué es? – Cuestionó sin entender.

Aoko le miró con los ojos brillantes, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir. – Estoy cansada de ser una egoísta.

Kaito se perdía más en esa conversación, y lo demostraba frunciendo el entrecejo. - ¿Egoísta? ¿Cuándo has sido una egoísta?

- ¡Ahora mismo! – Sacudió los brazos enojada. – Tú tienes tus problemas y estás aquí, conmigo. Ya escuchaste a ese hombre de ojos grises. Me llamó "tesoro". No van tras de mí por ti, van sólo por Ran y por mí. Y tú… - Le señaló. – Estás aquí, protegiéndome de algo que no tiene nada que ver contigo.

- ¿Que no tiene nada que ver? – Sorprendido.

- Tú tienes que buscar a "Pandora", tienes que ir a por "Mermaid" en un par de horas. Y en lo único que piensas es en ir a un lugar repleto de agentes de FBI. Sólo te estoy estorbando en tu búsqueda de…

- Escúchame bien. – Dijo autoritariamente sin dejarle terminar. – Nada, repito, nada es más importante que tu vida. Aunque supiese de primera mano que "Mermaid" es "Pandora", nunca te abandonaría. Porque tú eres lo más importante que tengo. – Le acarició con dulzura la mejilla. – Y sin ti, no tendría ningún sentido mi búsqueda, ni seguir respirando.

Ella no pudo soportarlo más, y se abalanzó sobre él para abrazarlo. Lo necesitaba fervientemente. Él la rodeó con sus brazos, protegiéndola incluso de sus pensamientos negativos. - ¿Cómo he tenido tanta suerte de tenerte?

Sonrió. – Eso debería decirlo yo. ¿Cómo ha tenido tanta suerte este humilde ladrón en tener a una mujer tan espectacular como tú?

Ella sonrió y le miró a los ojos, llenos de amor por la persona que estaba a su lado. – Entonces… - Le miró coqueta. - ¿Vas a ir a por "Mermaid"?

- Aoko…

- Si no vas, levantarás sospechas. – Justificó. – Y Kaito Kid nunca ha fallado a una cita. – Vio que iba a negarse, por lo que añadió. – No me apartaré de la vista de los agentes del FBI, sólo serán un par de horas.

Él estaba reticente. – No sé…

Su novia le agarró por el cuello de la camisa y le arrastró hacia ella, juntando sus labios con fervor. En cuanto se separó unos milímetros, sólo dijo unas palabras en dirección a sus labios. – Habrá mucho más de esto en cuanto regreses. Y debo añadir… Que el traje te queda muy sexy.

Kaito se quedó con la boca seca a pesar del ardiente beso. Tuvo que parpadear varias veces para despertar, ante la risita coqueta de Aoko. - ¡Kudo!

El aludido se giró ante el grito y vio cómo Kaito no paraba de mirar a su chica, pero quería hablar con él. Se acercó junto con Ran. - ¿Qué ocurre? ¿Algún problema?

El ladrón consiguió despegar los ojos de su novia y negó. – Para nada. ¿Puedes encargarte de que Aoko y Ran lleguen hasta el cuartel?

El detective y su novia se quedaron sorprendidos ante sus palabras. - ¿No vienes con nosotros? – Preguntó la karateka.

Aoko se giró con una sonrisa tranquila. – No, tiene una cita con una sirena.

El detective se llevó una mano a la frente. – Se me había olvidado por completo. ¿Tienes que ir?

- No hay más remedio. – Miró de reojo a Aoko. – Levantaría sospechas si no lo hago.

- Además. – Añadió pensativa Ran. – Es culpa nuestra que tenga que hacerlo, después de todo fue para evadir a Akai.

Se llevó una mano al cuello. – Lo sé. – Frustrado. – Iré contigo.

- ¿Qué? ¡Ni de coña! – Se quejó. - ¿Qué pasa con las chicas?

- Si vas, no sólo te enfrentarás a la policía, sino a la organización. Y no puedo permitirme que te pase nada. – Justificó. – Estamos juntos en esto. – Se cruzó de brazos. – Te apoyaré estando con la policía, y en cuanto aparezca la organización, te ayudaré.

- ¿Abiertamente? ¿Con la policía observando?

- ¿Con tíos armados hasta los dientes con armas automáticas que persiguen a un hombre desarmado? Por muy ladrón que seas, no permitirán que te asesinen.

- ¿Y qué pasa con ellas? – Señaló a sus novias.

- ¿Podemos ir? – Preguntaron a la vez con ilusión pintada en el rostro.

- No. – Negaron a la vez.

- Aburridos… - Se quejaron.

- ¿Recuerdan la última vez que vinieron a un robo? – Preguntó el detective.

Agacharon la cabeza y suspiraron. – Sí… Casi matan a nuestros padres…

- Y se os llevan. – Añadió Kaito.

- Pero ustedes estaban allí para evitarlo. – Explicó Ran. – Gracias a ti, nuestros padres recibieron ayuda con rapidez. – Dijo mirando a su novio. – Y a ti, pudimos saltar del helicóptero para escapar.

- Yo no recuerdo haber saltado. – Dijo pensativa Aoko, ahondando en sus recuerdos.

- Estabas inconsciente. Tuve que arrastrarte. – Explicó la karateka.

- Mi respuesta sigue siendo no. – Dijo Kaito.

- Pensadlo bien. Kuroba necesita toda su concentración en el robo, si añadimos la presión de la organización, tiene que estar al cien por ciento. Si vosotras venís, no podrá concentrarse por la preocupación y puede ser atrapado, o asesinado.

- Mientras que si vais con el agente y Hattori hasta la central, estaré más aliviado porque sé que estaréis a salvo. – Las miró condescendiente.

Ellas se miraron y entendieron la situación en la que se encontraban. Se dirigieron a sus novios y les abrazaron. – No dejes que le pase nada. – Dijo Ran al detective. – Y guárdate las espaldas también.

Él le recogió un cabello rebelde detrás de la oreja. – Estaré de vuelta antes de que te des cuenta.

- Ten mucho cuidado. – Susurró Aoko.

- Descuida. – Sonrió. – Además, me prometiste que habría más de algo cuando regresase. ¿Quién puede negarse a eso? – Sonrió pícaro.

Aoko rió. – Serás mago pervertido…

- Pero sólo contigo. – La besó de improviso y se alejó.

- ¡Sólo por eso tendrás menos! – Le gritó.

Él se giró pícaro sin detenerse. – Eso ya lo veremos. – Le guiñó un ojo.

Shinichi se puso a su lado. – Tranquila, no le quitaré los ojos de encima. – Y siguió al mago, que había comenzado a correr.

- ¡Kudo! ¡Kuroba! – Heiji llegó hasta donde estaban las chicas junto con Ryan y se detuvieron. - ¿A dónde van?

- Van a intentar descubrir algo.

- ¿Y por qué no me avisaron? – Se quejó.

- Porque tú vas a ir con nosotras hacia la central del FBI y ser nuestro perro guardián. – Dijo Aoko agarrándolo del brazo y tirando de él hacia el coche.

Ryan se quedó confuso. – Vaya novio que te has echado, primita.

Ella sonrió y también le cogió del brazo, pero más suave que Aoko. – El mejor.

- ¿Alguna idea? – Preguntó Shinichi mientras seguía al mago.

- Entrar y salir.

- Gracias, Capitán Obvio. – Dijo con ironía.

Se carcajeó. – Un mago nunca revela sus trucos.

Shinichi sonrió. – Para eso estamos los detectives, ¿no?

Kaito le miró de reojo con una sonrisa. – Aquí nos separamos. Ve directo al museo. Nos reuniremos en cuanto salga con "Mermaid".

Iba a hacer un giro cuando Shinichi le detuvo agarrándole el brazo. Se miraron con seriedad. – Ten cuidado.

- Estoy concentrado al cien por ciento, detective.

Suspiró. – Nunca hubiera dicho que te diría esto, pero… Suerte.

Kaito asintió, agradecido por sus palabras, saliendo corriendo de nuevo.

El coche con las chicas llegó a una casa que parecía abandonada por fuera, con pintadas y ventanas precintadas con tablones. Pero al entrar, vieron otro mundo. Pasillos blancos iluminados, puertas que daban a distintos habitáculos, y personas que iban de aquí para allá con documentos o sin ellos.

Ryan les condujo hacia una sala con cómodos sillones, una mesilla y una televisión colgada en la pared. – Esperad aquí. – Dijo saliendo por la misma puerta por la que entraron.

- Aoko… - Ran llevó la mirada a la televisión, y Aoko fue corriendo a encenderla y poner las noticias. Ya todos esperaban la aparición de Kid, pidiendo su aparición y deseándole suerte.

- ¿Qué le verán a ese maldito ladrón? – Se quejó Heiji mientras se sentaba en uno de los sillones.

Aoko no respondió, sentada en el sillón que estaba frente la televisión, esperando que terminase pronto y poder tener a su chico de nuevo a su lado.

Ran miró preocupada a su amiga. Se sentó a su lado y le cogió de la mano, alentándola. Se parecían bastante, en verdad. Las dos se preocupaban por los hombres de su vida por sus peligrosos trabajos. Pero a diferencia de ella, Shinichi siempre tendría el apoyo de la policía, mientras que Kaito estaba sólo.

- Maldito agente… - Se giró hacia Heiji, llevándose una mano a la nuca. – No es por nada, Mouri, pero tu primo me ha hecho sangrar. Ya podría haber tenido cuidado.

La karateka sonrió. – Espera, creo que tengo un pañuelo… - Se llevó una mano al bolsillo del pantalón, pero no fue un pañuelo lo que encontró. En su lugar encontró un papel. – Esto es… - Era la carta de Vermouth. Con toda la persecución, se había olvidado de él.

- ¿Qué es eso? – Cuestionó el detective.

- Una carta de Vermouth.

Hattori la miró con ojos desorbitados. - ¿Qué? – Se levantó y fue hacia ella. - ¿Por qué esa arpía te escribiría?

Ran leyó la carta, quedándose helada ante las palabras allí escritas. Aoko la miró y se preocupó. - ¿Ran?

Heiji también se preocupó. Se había quedado blanca. - ¿Qué pone? – Ran le extendió la carta y la leyó.

Ángel, el nuevo jefe de la Organización necesita matarte porque tú y Aoko son la llave de Pandora.

Y no busquéis a vuestra amiga, el secuestro fue toda una artimaña para haceros creer que está en peligro.

Kazuha Toyama no es quien creéis.

Good Luck

- Esto no me gusta. – Dijo el acompañante de la francotiradora.

- ¿Y te crees que me estoy divirtiendo? Abre los ojos, órdenes son órdenes.

- Lo sé. – Suspiró. – Pero si tan sólo no fuesen ellas…

- Pero lo son. Y tenemos que tragarnos nuestros sentimientos, como nos han enseñado, y hacer lo que hay que hacer.

- Eres muy fría, Anisette.

Ella giró la cabeza para que no le viese. – Y tú muy blando, Bourbon. Piensa. ¿Dónde irían?

- Kid va a robar esta noche. – Dijo el chico sin pensar demasiado.

- Sería de estúpidos aparecer ahí. – Dijo Kazuha mirándole de reojo.

- Oh… Pero Kaito Kid nunca se pierde un robo. – Comentó Amuro con una sonrisa.

CONTINUARÁ