Segundo Arco. "Simple and Painful"
Capítulo 5. A Beast of Fire
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"Las abrumantes llamas que queman a su adolorido corazón arden como bestias furiosas. Su sangre derramada es lo único que las apaciguará."
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"− Es curiosa la forma en la que tu padre está castigándote, ¿sabes?"
Su tono sugerente le provocó cierto pesar. Más allá de desconocer la razón, Adrien más bien sabía que esto se debía al lugar hacia donde Duusu encaminaba esa supuesta conversación.
"− Déjame ir. −" Pidió con cierto atisbo escondido de urgencia. El kwami se había llevado su consciencia en el momento menos indicado. Adrien no tenía idea de que aquellas criaturas fueran capaces de hacerlo, o al menos Plagg, su compañero, nunca le había hablado de ello. "− Hablo en serio, Duusu. Basta de juegos."
Sin embargo, lo único que obtuvo a cambio fue la suave y aguda risa del ser alado, quien parecía contar los minutos para agotar su paciencia. No era la primera vez que esto sucedía y ese día era el segundo desde que Duusu decidió molestarlo reiteradas veces. La primera ocasión que se presentó fue el día anterior durante las pocas horas que durmió; estuvo atrapado en ese espacio de negro infinito durante minutos eternos de sólo oír su vocecita canturreando verdades dolorosas entorno a su padre.
Adrien se consideraba un chico muy paciente; aguantaba los berrinches de Chloé, las pataletas de Plagg y, en cierta medida, la actitud un poco sobrepasada de sus fans durante las firmas de autógrafos, pero Duusu había sabido como jugar bien con él para comenzar a rozar los límites de su paciencia en pocas horas.
"− Sólo quiero que me escuches, cariño −" Haciendo uso de ese apodo que evocaba en Adrien un malestar creciente en el pecho, se acercó a él volando. No borró la sonrisa de sus pequeños labios y sus ojos oscuros parecieron brillar con picardía. "− Escúchame."
"− Eso estoy haciendo justo ahora."
"− Pero no de verdad."
Adrien exhaló aire con frustración.
"− Está bien."
Sus palabras parecieron contentar a Duusu, quien revoloteó alrededor de su cuerpo para volver frente a sus ojos.
"− Puso más peso en tu ajetreada agenda, ¿no es así? −" Lanzó la pregunta con sencillez, pero la manera en la que retumbó en las paredes inexistentes de ese plano provocó que un extraño eco llegara a sus oídos. "− Debido a que sabe que eso es lo que más odias. Gabriel no tiene consideraciones. No hay algo como la empatía en ese seco corazón suyo, ni siquiera para su único hijo."
Adrien apretó los puños con el corazón repentinamente acelerado por el coraje que sus palabras despertaban en su cuerpo. Era consciente de que el kwami, desde el primer momento en que apareció buscaba crear un agujero en su alma donde sembrar odio y aversión hacia su padre, pero no iba a ser fácil, ni posible.
Él nunca podría odiar a su padre.
"− ¿A qué quieres llegar? −" Esta vez fue su turno de cuestionarla.
"− Gabriel sólo está llevándote al…"
"− Adrien, ¿te encuentras bien? −" Una nueva voz se hizo presente en el espacio y entonces…
La atmosfera pareció volverse de pronto más cálida y poco a poco, los colores retornaron a ella para formar figuras brevemente borrosas. Escuchó el murmullo de Nino, quien estaba sentado a su lado, tratando de despertarlo de su ensoñación. En ese momento se percató de que estaba en el salón de clases, rodeado de las miradas inquisitivas de sus compañeros y con los orbes acuosos de Miss Bustier empañados con preocupación. De entre todos, ella parecía ser quien esperaba una respuesta para la pregunta que logró devolverlo al mundo real, aquel que carecía de la presencia física (o al menos eso creía) de Duusu.
"− Ah… yo…−" Los latidos de su corazón comenzaron a templarse, cayendo en la tranquilidad. "− Sí, lo lamento Miss Bustier."
La profesora pareció querer hablar, pero el timbre resonó en la escuela y ahogó sus palabras, así como su fallido intento de cuestionar al menor. No hizo más que asentir, dirigiéndose a la clase mientras cerraba el libro sobre historia francesa, tratando de evitar que los alumnos se fueran sin escuchar sus indicaciones.
"− No olviden leer las páginas 80 y 83 para la clase de mañana, chicos. Nos vemos. −" Devolvió su mirada hacia Adrien, dispuesta a hablar con él acerca del actual incidente, pero para su sorpresa ya no quedaba rastro del chico en el salón. Suspiró con un pequeño fragmento de amarga inquietud incrustada en su pecho. Su vista se desvió hacia Nino y una vaga esperanza por comprender lo que pasaba por la mente de uno de sus preciados alumnos llegó como un pequeño rayo de luz. Se acercó al muchacho que estaba a punto de colocarse la mochila sobre el hombro para marcharse. "− Nino, ¿tienes un par de minutos? Me gustaría hablar contigo."
Alya observó como Miss Bustier salía del aula acompañada de su novio, intuyendo que la razón se trataba de Adrien. Arqueó una ceja, pensando acerca del mismo; sin dudas su amigo traía algo haciendo mella en su cabeza desde hace varios días y eso mismo estaba comenzando a exteriorizarse lentamente, pero nadie, ni siquiera Nino había logrado sacarle información. Adrien se negaba a hablarlo.
Un ruido sordo la atrajo devuelta con Marinette, quien recogía con velocidad su libreta del suelo para meterla torpemente en su mochila. Los nervios que la rodeaban volvían torpes sus movimientos y la urgencia que se anteponía durante ese momento no era de ayuda.
Marinette se colocó su bolso sobre los hombros, apretando los tirantes.
"− Hasta mañana, Alya. −" Se despidió girando sobre sus talones y con el paso apresurado.
"− Marinette, ¡espera!"
La chica se detuvo de golpe, tensando su cuerpo ante el llamado de su mejor amiga que tanto temía. No tenía mucho tiempo y la prisa comenzaba a entorpecerle el corazón.
"− ¿P-pasa algo? −" Le sonrió.
"− ¿No ibas a hablar con Adrien?"
Marinette abrió la boca sin saber que contestar. Dentro de sí, eso es lo que más quería, pero desafortunadamente había cierta situación que se lo complicaba por el momento y debía atenderla, pues era una de sus responsabilidades como heroína. O al menos así lo consideraba.
"− Iba a hacerlo, pero… −" Se removió ansiosa. Sintió a Tikki removerse dentro de su pequeño bolso, apurándola silenciosamente. "− Adrien ya se fue. Es una lástima, tendré… que hacerlo mañana."
"− Espero que no sea una excusa para retrasarlo, niña."
"− ¡No lo es, lo prometo! A-además sucede que hay una emergencia en mi casa y… −" Una pequeña mancha verde en una de las ventanas del aula llamó su atención. En una esquina del vidrio se encontraba Wayzz, el kwami del maestro Fu, esperándola. Marinette se desplazó con grandes zancadas hacia la puerta. "− ¡Nos vemos!"
Esta vez no le dio oportunidad a Alya para detenerla. Salió corriendo con una velocidad maratónica que casi le cuesta un diente en las escaleras y salió de la escuela pasando de largo al muchacho moreno que se recargaba en una de las paredes cercanas a la salida de la escuela, en espera de su novia. Nino se incorporó cuando vio a Alya dirigirse hacia él con una expresión afligida mientras negaba con la cabeza a su pregunta muda.
"− Marinette no habló con Adrien hoy, supongo que aún sigue nerviosa por lo que pasó."
"− No creo que lo hubiese logrado, de todas maneras. −" Nino se llevó una mano tras la nuca, desviando la mirada. "− Adrien ni siquiera se despidió de mí, nena. ¿Y sabes? Él y yo siempre, sin ninguna falta, chocamos los puños antes de irnos. Dios, me siento algo vacío."
Alya extendió su muñeca hacia él, con la mano hecha un puño. Una suave sonrisa se había formado en sus labios y sus ojos áureos le vieron con ternura.
Nino correspondió a su gesto y ambos chocaron los puños.
"− Es probable que Adrien sólo esté más ocupado de lo normal con su trabajo de modelo, −" Aseguró. "− Tarde o temprano volverá a ser el mismo."
Una luz apenas imperceptible se abrió paso entre la oscuridad abrazadora. Era como un pequeño destello, débil y frágil, que flotaba con dificultad a través de la cortina de negrura absoluta. Se elevó de lo que parecía un inexistente suelo hasta alcanzar el falaz cielo. Centellando lentamente, pronto aquella brillantez que provenía de su interior se expandió, tomando una forma concreta.
Una simple y vana luciérnaga nació del resplandor. Revoloteó por el espacio inmenso sin ningún propósito determinado.
Y, de pronto, se extinguió. Con la misma rapidez con la que había aparecido, se esfumó.
O quizás no.
Fue entonces que la figura resbaladiza de un gato se contorneó debido a la luz de la pequeña luciérnaga que, al parecer, había sido atrapada entre las garras del animal, quien con afilados ojos verdes le dedicó una mirada bañada de admiración a la luz que sobresalía entre las fisuras que sus patas dejaban. Cautivado por el débil destello, no se percató de que una suave y discreta cortina de humo se originaba dentro de su cuerpo hasta que las llamas lo envolvieron con una ira desbordante.
El gato chilló de manera grotesca, desgarrando sus cuerdas vocales con gritos infernales y desesperados. Se olvidó de la luciérnaga y comenzó a revolcarse sobre la superficie donde estaba con el afán de deshacerse del fuego que estaba destruyendo su cuerpo con una lentitud aterradoramente dolorosa. Fue como si su llanto y el sufrimiento que sentía se materializaran en forma de alaridos chirriantes que chocaban contra paredes invisibles.
La agonía instalada en su carne chamuscada poco a poco fue menguando hasta que no dejó más que cenizas. La silueta del gato fue reducida a escombros grises que pronto el viento se llevó, no dejando más que un accesorio circular que por su carácter metálico no fue arrastrado por el aire frío.
Un anillo.
Fu abrió los ojos de golpe, sintiendo el pesar en sus cansados parpados y su visión cristalina llena de confusión. Sus pulmones se llenaron de aire abruptamente, producto de la conmoción de ese sueño poco realista. En consecuencia, tosió duramente por un breve lapso de tiempo sin encontrar alivio, recostándose de lado en el futón. Wayzz apareció a través de una pared para socorrer a su portador, brindándole un par de palmadas suaves en la espalda que lo ayudaron a aligerar sus espasmos.
"− ¡Maestro, siento la demora! −" Se disculpó. Se notaba claramente afligido de tener que verlo en ese estado. "− Ladybug ya ha llegado. Está preparándole un té de Aquilea. Le he explicado el método de preparación justo como me enseñó."
"− Muy bien, Wayzz −" A pesar de que las palabras del kwami llegaban a sus oídos, no sentía que pudiese procesarlas correctamente. Sin embargo, la mención de su elegida lo trajo devuelta de sus pensamientos. "− Ayúdame a sentarme, por favor."
Wayzz sujetó a Fu desde un hombro, incorporándolo sobre el colchón para que lograra sentarse. No le costó nada, en realidad. Los kwamis eran más fuertes de lo que aparentaban en esos pequeños y adorables cuerpos y aunque sólo dos de ellos fueran dioses, sus existencias enfrascadas en esos coloridos contenedores eran poderosas.
El anciano observó sus manos repentinamente temblorosas. Aquel sueño que se repetía como un bucle interminable dentro de su cabeza desde el momento en que se sumergía en la inconsciencia parecía ser una premonición aterradora vinculada al portador del Miraculous de la Destrucción. Esa visión había tomado más fuerza desde que fue a ver a Adrien Agreste para asegurarse de que todo con él marchase bien y se había completado, puesto al inicio sólo eran pequeños pedazos borrosos, los últimos dos días. Sin darse cuenta, Fu comenzó a presentar imperceptibles complicaciones en su salud desde la primera noche en que lo soñó, como si se tratase de un augurio taciturno que se había alzado como una probable neumonía.
Tenía que ir a ver a Adrien, pero su cuerpo no estaba de acuerdo.
La última vez que lo había visitado el chico parecía estar bien en contraste con lo que aquel sueño trataba de decirle. Su aura se veía estable, pero la atmosfera de un momento a otro parecía subir y bajar de temperatura de manera casi imperceptible que lo hizo sospechar de que algo sucedía dentro de esa mansión, pero, asimismo, su mente comenzó a ser confundida con el paso de los minutos allí dentro, sin dándole oportunidad para comprender que ocurría.
Cuando Adrien hizo la pregunta acerca de los Miraculous dañados, su mente se nubló como si el conocimiento hubiese sido drenado. Su propio instinto le gritó que sólo debía darle una respuesta llana y como resultado, no pudo más que dibujar el boceto del Miraculous del Pavo Real.
"− Maestro Fu, −" La puerta estaba entreabierta y en ese pequeño espacio se asomaba la cabeza de Marinette, quien al verlo despierto se atrevió a entrar siendo seguida por el kwami de la creación. "− ¿cómo se encuentra?"
La chica avanzó hacia el futón con una bandeja de té y medicinas en sus manos, se veía, incluso desde donde Fu se encontraba, afligida. Marinette se hincó para colocar la charola metálica sobre el suelo, sirviendo un poco de la infusión de Aquilea en una taza que le pasó con cuidado. Fu aceptó con las manos temblando como gelatina, sintiéndose un poco avergonzado de sí mismo por la condición deplorable en la que Ladybug debía verlo. De la misma manera, ella le extendió tres pastillas de diferentes colores y tamaños que descansaban en la palma de su mano.
"− No tengo palabras para agradecer todo lo que estás haciendo por mí, Ladybug. −" Agradeció con una sonrisa, sintiendo el rastro amargo que las pastillas habían dejado en su paladar.
"− No tiene porqué preocuparse por eso, maestro. Usted ha hecho más por mí y por Chat Noir más veces de las que puedo contar."
"− Me gustaría saber, ¿qué te tiene tan abrumada?"
Marinette borró su sonrisa lentamente para dar paso a una expresión confundida.
"− ¡N-no es nada! −" Movió las manos con rapidez, intentando restarle importancia al asunto que se negaba a conversar. "− Tengo un proyecto que vale mucha de la calificación de historia y no estoy segura de que lo que haya hecho sirva realmente y…"
Sin embargo, la mirada profunda del enfermo anciano sólo pudo comunicarle silenciosamente que ese tipo de excusas no servían con él. De hecho, ¿servían con alguien realmente?
El maestro Fu asintió.
"− Hay un chico… Adrien, creo que ya le había contado sobre él antes. −" Juntó sus manos sobre su regazo, observando a Tikki comer un macaron cerca de la caja de música; ella también ponía atención a sus palabras. "− Ha estado algo raro últimamente, como si no fuera él mismo. Usualmente Adrien es bastante atento hacia todo ¡n-no digo que haya dejado de serlo! Es sólo que parece ausente, yo creo que es porque no ha estado durmiendo bien, digo eso explicaría lo que pasó el otro día cuando se quedó dormido sobre mi hom…
Marinette se interrumpió a sí misma para sacudir su cabeza enérgicamente, como si quisiera borrar algún pensamiento repentino.
"− Estás preocupada por él, ¿mm?"
"− S-sí. Podría decirse que sí."
Fu sonrió cálidamente para ella, pero en sus adentros una bola gigantesca de inquietud comenzaba a formarse.
"− Ya veo."
Un nuevo ataque de tos arremetió contra sus maltratados pulmones.
"− ¡Maestro Fu!"
Las sesiones de fotos eran aburridas. Bueno, en realidad, su trabajo entero como modelo lo era. Tedioso y aburrido, no había adjetivos más precisos para describir aquello que se había robado tanto tiempo de su vida. Adrien se estiró cansado una vez que el fotógrafo lo dejó respirar por primera vez en la tarde. Demonios, prefería mil veces estar en clase de esgrima compitiendo contra Kagami en un duelo amistoso.
Miró a Nathalie, pidiéndole con la mirada salir del estudio durante un par de minutos para deshacerse de ese sentimiento agridulce que le provocaba la bruma de personas de aquí para allá. El estrés que cargaban todos esos trabajadores comenzaba a pegársele. La secretaria asintió con su inconfundible cara de seriedad pocos segundos antes de regresar la vista a la tableta digital donde organizaba sus horarios.
Adrien se sintió aliviado cuando cerró la puerta detrás de sí, recargándose en la madera blanca y estilizada mientras soltaba un suspiro de alivio como si no hubiese exhalado en años. Dios, la paz del pasillo desierto revitalizaba sus oídos enfermos de todos los gritos exasperados del director de la campaña publicitaria y el fotógrafo que regañaba a todos hasta por inhalar en su presencia. Prácticamente tuvo que aguantar la respiración durante el curso de cada fotografía por temor a sufrir el mismo destino que los otros empleados, algo que no era probable debido a su apellido y de quién era hijo, pero para Adrien el ser poseedor de ese tipo de privilegios era una idea nula.
Plagg salió de entre la chaqueta gris que estaba usando para la temporada de fiestas navideñas. El atuendo seleccionado para el segundo juego de fotografías era relativamente sencillo y no le molestaba a diferencia del primero que, según lo descrito por el director de la campaña, intentaba dar a conocer que celebridades como él lograban verse bien con cualquier cosa, incluso si se trataba de esos suéteres feos de lana que se regalaban en navidad. El suéter le ocasionó comezón hasta a Plagg, quien se mantenía bien escondido entre sus ropas; esto último era nuevo porque normalmente durante dichas sesiones de fotos el kwami solía esperar dentro de su mochila, pero desde los sucesos acontecidos con su padre Plagg había asumido un nuevo lugar más cercano a él.
Y le traía paz.
Cuando Plagg estaba así de cerca, Duusu no lo molestaba trasladando su consciencia a ese vacío negruzco y extenso.
O al menos, hasta ahora así parecía.
"− Que manía la de estos tipos por gritar ugh −" El kwami sobó sus propias orejas como un gato cualquiera. "− Así no se puede dormir una buena siesta. Hey chico, ¿cuándo nos iremos de aquí?"
Adrien caminó hacia el único ventanal cercano y lo palpó con la yema de sus dedos, sintiendo la temperatura templada sobre el vidrio. Observó hacia abajo; la calle se veía llena de automóviles que pasaban de un lado a otro a cierta velocidad, personas que parecían pequeños insectos desde la distancia cargando bolsas, algunos otros absortos en su propio mundo digital. Adrien vislumbró como muchos de los transeúntes traían entre sus manos adornos navideños y entonces se percató de que los escaparates de las tiendas ya portaban el alegre tono de la navidad.
Era cierto. El invierno ya había comenzado en París, pero el frío apenas estaba haciéndose presente en la ciudad, un poco atrasado, pero poco a poco sintiéndose en la piel. Las temperaturas descenderían en cuestión de días y la nieve inauguraría la cuenta de los días para el veinticuatro de diciembre, tal como el telón de un teatro anunciaba el inicio de una obra. Apretó los dientes al recordar lo triste y deprimente que se tornaba la ciudad durante esos días, ¿o quizás sólo era a sus ojos? En su situación actual las cosas no se veían brillantes, ni próximas a mejorar.
Diciembre apenas llevaba cinco días, pero aun así Adrien no veía esperanzas en su camino. Subió su mirada hacia el cielo, sintiendo la presencia de Plagg volar sobre su hombro.
Entonces el cielo se apagó.
Adrien abrió con estupefacción los ojos al ver como las nubes y el sol desaparecían y la luz moría para dar paso a lo que probablemente, era noche. Revisó el reloj de muñeca que le habían hecho usar en su mano derecha, encontrándose con el vano hecho de que no tenía baterías, por lo que no era más que un accesorio inútil. Aun sin poder revisar la hora exacta, Adrien sabía que no era lo suficientemente tarde y que los atardeceres no se esfumaban de golpe. Algo andaba mal.
Volteó hacia su costado sin encontrar a Plagg por ningún lado. Dio vueltas, pero el kwami había desaparecido de la misma manera en la que la luz vespertina lo había hecho.
"− ¿Plagg? −" No obtuvo respuesta de su kwami contestón.
Oh no.
Una ráfaga de viento caliente lo hizo girar en dirección a la puerta del estudio de fotografía. Las luces del pasillo fallaron a la par y entonces todo se volvió en desastre.
El pasillo se encendió con llamaradas bruscas y asfixiantes que envolvieron las paredes y el techo, abarcando celosamente la mayoría de las superficies de la estructura. Adrien retrocedió para alejarse del calor infernal que comenzaba a encerrarse en el lugar, chocando de espaldas contra la puerta del estudio de fotografía. Alaridos intensos resonaron detrás suyo y le helaron la sangre en contraste con el ambiente acalorado. Sufrimiento intenso y terror absoluto se entremezclaban como una cacofonía angustiante y Adrien no pudo más que cubrirse los oídos que palpitaban adoloridos debido al sonido agudo y chirriante que retumbaba hasta su cerebro.
Fue de pronto cuando su vena heroica reaccionó. Se volteó para encarar la puerta y su mano se poso fugazmente sobre el mango del picaporte, pero de la misma manera, se alejó. El metal estaba ardiendo, era imposible abrir la puerta sin quemarse de por medio. Nathalie estaba allí adentro y el sólo pensamiento de perderla fue el único trozo de adrenalina que necesitó.
"− ¡Nathalie! −" Gritó en busca de una señal, pero, así como sucedió con Plagg, nadie respondió. "− ¡Nathalie, ¿estás bien?!"
Su voz se perdía entre las voces chirriantes.
Su mente trazó inmediatamente un plan. Se quitó la chaqueta, colocándola sobre el picaporte, mismo que intentó girar sin éxito.
"− Cerrada… ¿por qué está cerrada…? −" El tinte desesperado en su voz comenzó a alterar su corazón. Tragó saliva, con la garganta seca. Tenía que tranquilizarse, pero la insólita y poco lógica situación en la que había sido atrapado y el aire sofocante que brotaba desde un punto desconocido le robaba las ideas. "− Plagg desapareció, la puerta está cerrada, el edificio en llamas…"
Sus ojos dieron vueltas por los espacios libres de fuego del pasillo, sin dar con una caja para incendios, ni un extintor. No había nada más que paredes, cuadros arruinados por el fuego, el ventanal cuyo vidrio empezaba a trisarse desde el marco y las escaleras que conducían al noveno piso.
Sin poder contar con la fuerza y el poder que sólo siendo Chat Noir podía utilizar y sin más opciones vigentes, Adrien hizo lo único que podía hacer en un momento así. Retrocedió cuatro pasos de la puerta, para después impulsarse y amontonar toda su fuerza en una patada contra la madera blanca que aun permanecía inmaculada. Nada pasó, ni siquiera sintió que el marco cediera o que la cerradura temblara ante el golpe brusco. Volvió a intentarlo dos, tres y cuatro veces hasta que sus intentos se volvieron erráticos y terminó lastimándose los músculos de la pierna izquierda.
La puerta estaba fija y los gritos se alzaban con un suplicio desgarrador hasta sus oídos.
Adrien golpeó la puerta una vez más, lleno de impotencia. La carne comenzó a dolerle.
"− ¡Adrien, ¿qué estás haciendo?!"
Reconoció esa voz levemente atrofiada por su tono desesperado. Se volteó y alcanzó a verla: Nathalie estaba de pie sobre el inicio de las escaleras, con la ropa hecha un desastre y las mejillas sucias de lo que parecía cenizas. Su rostro se veía extraño debido a la falta de lentes y se expresión seria deformada en una mueca de miedo que parecía nunca querer ceder.
El nudo en su pecho pareció destensarse un poco en cuanto la vio de pie, a tan sólo unos metros de él.
"− ¡Nathalie! −" Corrió hacia ella, pero en cuanto se acercaba para poder abrazarla, Nathalie corrió escaleras arriba sin permitírselo. Adrien se apresuró para alcanzarla. "− N-Nathalie, ¡espera!"
Fue tras ella escaleras arriba, pero sin importar la velocidad o el tamaño de sus pasos no parecía poder alcanzarla. Estiró su brazo en un esperanzador intento por detenerla, pero sus dedos sólo rozaron de manera efímera sus ropas extrañamente frías.
Frío.
Su andar se detuvo con una opresora sensación en el pecho. De pronto, Adrien tuvo la sensación de que todo aquello que lo rodeaba no era más que una ostentosa fantasía, como si su mente y su cuerpo se hubiesen desconectado con su corazón. Ahí parado y con la mirada perdida, escuchó como si los murmullos del fuego se desvanecieran como la melodía de un piano desafinado y avanzó. Para su sorpresa, a pesar de haber subido todos los escalones necesarios para alcanzar la próxima planta, el pasillo al que llegó se parecía al mismo de la anterior. Un tanto abrumado, se dirigió hacia la puerta que se alzaba casi brillante frente a él, misma que debería conducir al estudio de fotografía.
Debería.
Tocó el picaporte. Frío. Estaba frío, casi helado. La temperatura asfixiante se había disipado y en su lugar había llegado su imperturbable contraste frío. Lo giró con fuerza, conteniendo el aire que poco a poco le lastimaba los pulmones. Una luz violácea se escapó entre el espacio dividido de la propia puerta y el marco, misma que con lentitud se aclaró hasta volverse casta. Por el mismo lugar se asomó una mariposa de fisonomía particular; alas azules opacadas por una gran mancha negruzca que lo hizo retroceder de dos zancadas incluso si sólo se trataba de tal insecto pequeño.
La dejó estar, sin entrometerse en su trayecto e intentando ignorarla, aunque revoloteara muy cerca de su cabeza. No intentó ahuyentarla, quizás porque muy dentro suyo temía se tratase de un akuma, aunque su sentido común y la experiencia hablaran solos acerca del tema.
La puerta se abrió totalmente. El enorme e iluminado espacio final que era la azotea le llenó la boca con un dulce abrumador. Adrien sabía que para llegar a aquella terraza faltaban quizás cuatro pisos más, pero tampoco pensó a profundidad sus siguientes literales pasos hacia ella. El sonido de la ciudad había sido nulificado por el viento soez de las montañas chocando contra murallas invisibles. Recorrió la terraza hasta llegar al barandal. Lo tocó. Estaba tan frígido como el picaporte de la puerta y como el aire que le estaba lastimando las fosas nasales.
La vista era particularmente extraña porque no se parecía a nada que París pudiese ofrecerle. Adrien estaba seguro de que ni siquiera estaba en el país, sin embargo, ningún sentimiento de miedo o prisa fue lo suficientemente fuerte para llegar a él. Frente a él se alzaban montañas que parecían pequeños pináculos, reducidas en tamaño debido a la altura desde donde las observaba, misma que era tanta, demasiada, que por un segundo tuvo que sostenerse del barandal por la mera sensación de caer hacia el vacío.
Se sentía como si estuviese en el techo del mundo.
El viento sopló nuevamente, como si la naturaleza diese un rugido feroz. El cabello se le revolvió y las hebras se entremezclaron en un desorden dorado que brillaba incluso bajo el pálido sol de las montañas nevadas. Un pequeño camino de calor se originó debajo de su nariz, del lado izquierdo. Se llevó dos dedos justo en esa zona y ahogó un respingo cuando quedaron impregnados de líquido rojizo.
"− Pero qué…"
El aire volvió a arremeter contra su cuerpo caliente.
"−Adrien −" Una mano se posó sobre su hombro con firmeza. Entonces todo el panorama cambió. La temperatura ridículamente baja cesó al mismo tiempo. "−, ¿qué haces aquí?"
Parpadeó dos veces antes de darse cuenta. Frente a él, París había regresado con el sonido de los autos y los murmullos incesantes que provocaban las voces de los transeúntes metros abajo. Adrien se sorprendió a sí mismo observando hacia abajo, como si contemplara el vacío con un anhelo desesperado. Sus manos dolieron de repente y se percató de que se debía a la fuerza impuesta sobre el barandal metálico que servía como límite entre lo que era el suelo y lo que no lo era.
Se volteó.
Nathalie analizó sus gestos con su mirada casi congelada y esos ojos parecidos a un escáner. Lo observó, parado frente al barandal de la azotea del cual se sostenía como si fuera a caerse, con una expresión empañada por la confusión. Adrien titubeó antes de dar una respuesta decente.
"− Y-yo…−" Odió tartamudear ante la asistente que esperaba por su respuesta, incluso si no estaba dispuesta a creerle. "− Sólo quería tomar aire fresco durante mi descanso, lamento no haber avisado antes que saldría."
"− Sólo asegúrate que no se vuelva a repetir, −" Adrien asintió antes de volver al estudio fotográfico en su compañía. "− El acceso a la terraza no está permitido."
Volvieron juntos por el ascensor. Nathalie se percató de que Adrien se mostró aliviado apenas entraron al edificio, como si temiese algo de él segundos antes. Esa misma expresión en su rostro le trajo recuerdos del día anterior, cuando encontró a Adrien fuera de la cama a altas horas de la madrugada.
Nathalie siempre supo encontrar razones para todo, pero desde que el mundo le había revelado la existencia de los Miraculous y la magia, había cosas que comenzaban a hacer mella en su mente con una rapidez devastadora. La poca o nula capacidad para explicar ciertos sucesos ocurridos el domingo fueron las pruebas irrefutables de que su mentalidad rígida comenzaba a flaquear como un pequeño cubo de hielo expuesto al sol.
El sonido del piano derrumbarse había retumbado por todos los recovecos de la mansión. Llegó hasta su habitación, la sacó de los sueños y la arrojó a esa extraña realidad que parecía pertenecerle. Cuando llegó, atolondrada por el estruendo y el sueño, sólo se encontró con Adrien mirando el instrumento como si este de repente fuese a comérselo. La misma voz titubeante, levemente débil e insegura volvió a salir desde su garganta con el mismo tono anonadado de la terraza.
Tuvo la sensación de que Adrien estaba actuando extraño incluso desde hace mucho más días atrás.
Pero ella a penas se estaba dando cuenta.
"− Realmente espero que Wayzz pueda encargarse del Maestro Fu solo −" Tikki flotaba sobre la cabeza de su portadora, ambas en su habitación cerca de las nueve de la noche. "−, no desconfío de él, en realidad, sé que es bastante responsable, pero… No puedo evitar preocuparme."
Al no obtener respuesta, Tikki bajó la vista. Marinette estaba frente a su escritorio, con su libreta de diseños abierta y la punta contraria del lápiz atrapada entre sus dientes. Estaba pensando distraídamente, como muchas veces lo hacía. Sin embargo, su expresión afligida captó la atención de la kwami.
"− ¿Marinette? −" Le llamó. "− Uh, ¿Mari?
"− ¿Eh? −" Ser llamada de esa manera la trajo devuelta. Marinette volteó a ambos lados hasta que Tikki se posó a su lado. "− Lo lamento, Tikki. Es sólo que…"
"− Estabas pensando en Adrien, ¿no es así?"
Al contrario de muchas otras ocasiones, simplemente bajó la mirada sin molestarse en ocultar sus verdaderos sentimientos.
"− Sí. −" Respondió con simpleza. "− No puedo evitarlo, lo siento."
Tikki le sonrió.
"− No hay necesidad de que te disculpes tantas veces. Sabes que lo entiendo. Estás preocupada."
th"− Ha estado actuando extraño desde hace días y sé que suena tonto, pero no creo que sea algo que pueda desaparecer de un día a otro. Quiero ayudarlo."
"− Entonces habla con él mañana, Marinette−" Tikki tuvo que retroceder ante la reacción nerviosa de su elegida. Marinette se había cubierto el rostro enteramente rojo con las manos.
"− Eso quiero hacer Tikki, lo juro. Pero… Luego recuerdo lo que sucedió y… No lo sé−" Liberó su rostro. "− Es complicado."
"− No permitas que la vergüenza te gane. Adrien necesita una amiga y sé que te duele la palabra, pero también sé que no hay nadie más indicada que tú."
Marinette sonrió suavemente mientras la determinación entraba lentamente en su sistema.
"− Tienes razón."
La voz áspera de la profesora Mendeléiev se arrastró se arrastró por sus oídos de manera irritante. Adrien cabeceó con los parpados pesados y la vista cansada, intentando digerir la clase de química que se volvía cada vez más tediosa e inalcanzable.
Se había dormido cerca de las dos de la mañana.
Estaba dispuesto a aceptar la culpa entera; no pudo dormir revisando nuevamente el mural detrás de la ropa de su armario y atando cabos respecto a su padre, los Miraculous y el Tíbet. Plagg, muy a regañadientes, aceptó volver a traducir las fotografías de los pergaminos encontrados en la caja fuerte para que pudiese anotar lo que decía en ellos en una libreta que luego ocultó debajo de su almohada. Era demasiado arriesgado que fuese encontrada por alguien, ya fuese Nathalie o alguna de las pocas sirvientas que casi nunca (nunca) veía. Quizás era tiempo de anotar las cosas importantes bajo clave o incluso en el computador, pero ahora con Gabriel teniéndolo fuertemente castigado tras el incidente de la habitación y el piano se había sumado Duusu también. Aquella kwami que aseguraba estar de su lado pero que al mismo tiempo se mantenía molestándolo y agitando su mente con murmullos y conspiraciones súbitas.
Nino, a su lado, codeó su costado con disimulo. Adrien sintió como su mente se reactivaba lentamente como el sistema de un computador viejo.
"− Y como es de esperarse Sr. Agreste, usted debe saber cuál es la fórmula de la molaridad que necesitaremos para este problema de disoluciones, −" De un momento la voz de Mendeléiev pareció volverse más clara y cuando Adrien pudo darse cuenta ya estaba bajo la mirada crítica de la laborista química. "− ¿puede decirnos cuál es?"
Claro que sí. Adrien la sabía al derecho y al revés, como un mantra que se repetía en su cerebro cada vez que se lo preguntaban, casi como un formulario viviente que Nathalie, como tutora, y Gabriel, como padre ridículamente estricto, se encargaron de formar.
El problema radicaba en que su mente mareada no podía recordar con exactitud las palabras.
Incluso tardó en reaccionar y cuando lo hizo no fue de la manera en la que la profesora hubiese deseado. Adrien se veía muy tranquilo en su somnoliento mundo donde todo iba a una velocidad tres veces más lenta y las palabras se perdían en su camino a su cerebro.
"− Hey, viejo. Di algo."
Los susurros de Nino se esfumaron.
"− Oh, cariño. ¿Estás cansado, no es así? Pobre niño… − La voz de Duusu retumbó como el sonido de un tambor dentro de su cabeza. "− Estás tan cansado que apenas puedes respirar."
"− Sr. Agreste, la fórmula de la molaridad. Ahora."
"− Necesitas descansar, ¿qué te parece una canción de cuna?"
"− Como me lo temía. Me sorprende viniendo del mejor estudiante de esta clase; debería dejar de juntarse con las malas influencias y poner los pies sobre la Tierra de una vez por todas."
"− Quare dormis, o Iacobe −" La voz suave de Duusu creó eco en su cabeza como una campanada. "−, etiam nunc, etiam nunc?"
"− Esta vez haré una excepción porque se trata de usted, pero también es mi deber advertirle que esa actitud sólo lo volverá mediocre y su puntuación se verá afectada por…"
"− Resonant campanae…"
Din din dan, din din dan.
Ignorando que Chloé comenzaba a llamarlo también con autentica preocupación, Adrien llevó sus manos a sus oídos. El ruido comenzaba a hartarlo y la mecha de su paciencia se quemaba con rapidez.
"− Adrikis, ¿qué te sucede? ¿te duele algo? −" Una tercera voz se sumó como estática. "− ¡Sabrina, no te quedes viendo como tonta! ¡Llama una ambulancia!"
"− ¡Sí, Chloé!"
"− Viejo, ¿todo…"
La cabeza le daba vueltas. Y dolía. Como ardía. Sus pensamientos se quemaban como el fuego bravo que alguna vez consumió el templo del techo del mundo.
No se apaciguaba con nada. Hasta que la corta mecha se acabó.
"− ¡CÁLLENSE!"
La estática dentro de su cabeza sonó como el canal ausente en una televisión. Más, sin embargo, afuera todo era silencio. El resonante grito de Adrien, quien nunca, jamás, había alzado la voz cubrió a todos con un voto silencioso que nadie se atrevió a romper. Incluso la profesora Mendeléiev se quedó sin palabras por un corto lapso de tiempo hasta que inevitablemente reaccionó.
"− Adrien Agreste, toma tus cosas y ve a la oficina del director. −" Estaba molesta. Y Adrien demasiado sorprendido por el sonido de su propia voz rebotando contra las paredes del aula. "− Ahora."
Chloé ni siquiera pudo reclamar. Estaba demasiado ensimismada en lo que acaba de pasar para darse cuenta de que Adrien iba a ser castigado.
Adrien simplemente se levantó, tomó su maleta y salió del salón de clases en un frío y solitario silencio. No pensaba quejarse. Nuevamente debía aceptar que la culpa recaía en su espalda como la consecuencia de sus actos imprudentes.
En el pasillo desierto, Plagg aprovechó para salir de su mochila y mirarlo con grandes y afilados ojos preocupados.
"− Oye, chico. ¿Qué fue lo que pasó allí adentro?"
"− No lo sé, Plagg −" Adrien avanzó hacia la oficina del director Damocles con la vista perdida en ningún lugar. "− No lo sé."
Tocó un par de veces antes de escuchar la respuesta del director. Abrió la puerta a la par que la silla rotatoria del adulto giraba en su dirección.
"− Direc…"
"− ¡Adrien Agreste! −" La manera en que reaccionó lo hizo callar abruptamente. Damocles se refregó los ojos un par de veces antes de mirarlo como si se tratara de un espíritu vengativo. "− ¿Esto es real? Sí, es real. Pero me imagino que el motivo de tu visita se trata de un permiso de retirada, ¿verdad?"
La ridícula manera en la que Damocles se negaba a creer que él había sido enviado a su oficina de repente lo hizo pensar a fondo la situación.
Negó.
"− Y-Ya veo, entonces es por un cas… castigo, ¿uh? −" Tragó grueso cuando el muchacho frente a él asintió como un cachorro regañado. Su corazón se achicó. "− De acuerdo, adelante muchacho. Ay, Dios…"
"− Con permiso. −" Adrien dio dos pasos dentro de la oficina antes de que la voz del estrepitoso hombre volviera a detener sus acciones.
"− ¡Espera un momento! ¡Estás pálido! −" Parecía que los roles acerca de las excusas estaban invertidos. En ese punto, Adrien no sabía que decir. "− Deberías ir a la enfermería primero. El Sr. Agreste acabaría con esta institución y con mi carrera de docente si permito que a su hijo le suceda algo en estas instalaciones. Por esta vez, lo dejaré pasar."
"− Pero…−" Adrien suspiró. ¿Tan mal se veía?
La enfermera le entregó una pastilla redonda y blancuzca antes de guardar el frasco en el armario de medicinas. Todas se encontraban apiladas sobre las repisas metálicas y protegidas tras un vidrio que fácilmente podría romperse con un golpe y la fuerza adecuada.
Adrien observó la pequeña píldora que resaltaba sobre la palma de su mano antes de sentir la mirada expectante de la señora cuarentona sobre su persona. Iba a llevarse la pastilla a la boca cuando el sonido del timbre se escuchó dentro de toda la escuela a la par del teléfono local sobre el escritorio de la enfermería. Mientras la mujer se encargaba de atender la llamada, Adrien guardó la pastilla dentro de uno los bolsillos de su pantalón, tomó del vaso desechable con agua fría y se marchó dando las gracias con una seña silenciosa.
Cerró la puerta tras él con un suspiro. Plagg se revolvió dentro de su mochila a modo de protesta ante lo que le había visto hacer, tendría que explicarle después la razón.
Desde el barandal del segundo piso vislumbró el auto platinado que por órdenes de su padre estaría esperándolo minutos antes del toque de salida; sus actividades extracurriculares habían sido desplazadas hasta la próxima semana y reemplazadas por sesiones de fotos programadas, juntas donde su presencia era necesitada incluso si era menor de edad y un par de almuerzos con hombres trajeados que no sabían más que hablar sin respirar.
Adrien aguantó una queja antes de bajar las escaleras, preparándose mentalmente para la junta aburrida que lo esperaba esa tarde. Él no tenía nada que ver en ella, pero su deber era estar a un lado de la tableta que mostraba la imagen digital de su padre.
"− ¡Adrien! −" Frenó antes de bajar el último escalón. Nino se apresuró dando saltos entre escalones para llegar a su lado. "− Viejo, ¿qué pasó? ¿te castigaron? ¿van a llamar a tu padre?"
Nino se notaba afligido, incluso más preocupado de lo que él mismo se sentía respecto a su situación. Adrien se sintió culpable, sin embargo, sonrió.
"− No pasó nada, Nino. El director Damocles decidió dejarlo pasar esta vez."
"− Wow, ¿en serio? Pero qué te digo, viejo. Si eres como la semillita de oro aquí." −" Ambos comenzaron a caminar por el patio, directo a la salida. Adrien se detuvo ante lo dicho por Nino, mirándolo con una expresión entremezclada de ofensa y confusión. "− Lo digo porque nunca antes te habían castigado y bueno, es que tu tampoco haces nada malo. Ni siquiera lo normal."
"− ¿A qué te refieres con eso?"
"− Ya sabes: el miércoles pasado fue Kim quien fue enviado a la oficina del director porque se quedó dormido en medio de la clase de química. Esa misma semana Iván también terminó allí por escuchar música y cantar sin querer en el laboratorio. Y ahora eres tú luego de casi quedarte dormido y dar un grito que, vaya, incluso a mí me asustó." – Nino se detuvo para pensar brevemente, luego rio cuando comprendió una cosa: "− Fuiste como una combinación de Kim e Iván y en la misma clase. Y Mendeléiev también está imparable."
"− Lamento lo del grito. −" No estaba mintiendo, de verdad lo sentía. Debería disculparse con Chloé en cuanto la viese cerca por su actitud grosera. "− No sé qué sucedió. Había demasiado ruido."
"− Vamos, amigo. No es eso a lo que voy. Lo que quiero decir es que es normal hacer cosas que parezcan «malas» de vez en cuando." – Levantó ambas manos para mover dos dedos de cada una, dotando de comillas invisibles a cierta palabra. "− Incluso para ti. Sólo mira a Alya y Marinette. Me incluyo yo también."
Nino colocó una mano sobre su hombro, sonriéndole comprensivamente. Sentir el apoyo de su amigo hizo que una parte de Adrien se confortara. Nino no sabía lo mucho que se lo agradecía, incluso siendo simples palabras o gestos, Adrien jamás podría pagarle por todo lo que ese chico había hecho por él, aunque pareciera carente de importancia.
"− Gracias, Nino."
"− ¡Adrikins! −" Chloé no lo dejó respirar. Se aferró a su cuello desde sus brazos con un abrazo algo tosco que lo obligó a dar dos pasos para buscar equilibrarse sobre el suelo. "− ¡No sé como se atrevió a hacerte eso, esa cuarentona! No te preocupes, acabo de arreglarlo con el director. No llamarán a tu padre y…
"− Chloé −" Adrien se separó de ella, trazando su espacio personal. "− Gracias, pero no era necesario. En realidad, yo… Quería disculparme contigo por gritarte. No fue correcto de mi parte actuar así cuando intentabas ayudarme."
Chloé parpadeó un par de veces, quieta en su lugar antes de sonreír y hacer un gesto con la mano, restándole importancia.
"− Cualquiera se hartaría con la irritante voz de la profesora Mendeléiev, no te preocupes por eso, Adrichú −" Se inclinó para besar su mejilla con cariño y por esta vez, Adrien no la alejó. Sentía que se lo debía también a ella, porque Chloé era escandalosa y quizás a veces un poco molesta, pero nunca dejaría de ser su mejor amiga. Incluso si con los años ellos se habían distanciado. "− Tengo una manicura pendiente en unos minutos, así que ya me voy. Debo verme mucho más excepcional de lo que ya soy para el festival de las luces. Nos vemos"
Chloé se fue seguida de Sabrina, dejando a Adrien pensando en sus últimas palabras como si se tratase de una ecuación desconocida.
"− ¿Ocurre algo? −" Nino, quien se había quedado detrás de Adrien todo ese tiempo, lo observó con duda.
"− Me olvidé totalmente del festival."
"− No me digas que no has hecho tu proyecto. −" Sin escuchar respuesta, el chico se llevó las manos sobre la gorra en su cabeza. "− Increíble. Adrien Agreste no hizo su tarea. De alguna manera siento que vas con todo últimamente."
"− ¡Nino!"
"− Lo sé, lo lamento. Pero mira, no te alteres. Sé a quién puedes pedirle ayuda con eso."
Adrien esperó para que le respondiera con los pensamientos desordenados. ¡Pero claro! Esa era la pequeña pieza que se había perdido en su cabeza a causa de los akumas y la reciente aparición de Duusu. El festival estaba a dos días y la fecha límite para entregar su proyecto relacionado con este también.
Se percató de la seña discreta que Nino hacía con su cabeza y siguió el trayecto invisible hasta que Marinette apareció a un par de metros lejos, sentada en una de las bancas cercanas a la escalera y acompañada por Alya.
Nino chocó puños con él antes de irse, sólo entonces Adrien avanzó hacia la distraída chica que se encontraba despidiéndose de su amiga. Para su sorpresa, a medio andar Marinette se levantó, con la cabeza cabizbaja y los puños apretados hasta que levantó la mirada y deshizo el gesto con sus manos de manera robótica. De la misma forma, ella caminó hacia él con un brillo especial cubriendo sus ojos azulinos.
"− Marinette, yo…"
"− ¿Está todo bien? −" Lo interrumpió. Su tono de voz se escuchó firme, pero amable. Era de esas pocas veces en que la chica no tartamudeaba o decía cosas extrañas teniéndolo presente a menos de dos metros de él.
"− ¿Eh? ¿Lo dices por lo que pasó en la clase? −" Marinette negó, confundiéndolo. "− Entonces, ¿por qué…?"
"− Hace días que noté lo extraño que estabas actuando −" Percibió ese rastro de preocupación que Nino también portaba cuando lo veía a los ojos. Se sintió mal. "−, la…lamento no haberlo hablado contigo antes, pero no quería molestarte si al final sólo se trataba de mi viendo cosas donde no las hay. Pero hoy me quedó más claro que nada que estás preocupado. Y triste."
"− Marinette…"
"− Somos amigos, ¿no? −" Tragó grueso cuando se escuchó a sí misma decir aquella dolorosa palabra que no era más que el borde de un vaso que estaba apunto de derramar todos los sentimientos que Adrien despertaba en su corazón. "− Puedes contarme lo que sea y yo daré todo de mí para ayudarte. Así que no tienes que cargar todo eso que te molesta solo, Adrien. Yo estoy… estoy contigo."
Su cuerpo entero se sintió como si estuviese en el aire, tan ligero que Adrien creyó que podría dejar caerlo en cualquier momento. Las palabras de Marinette chocaron allí en su corazón con tanta fuerza que colisionó con las paredes de fuego que se habían establecido a su alrededor y que le arrebatan el aliento. Fue entonces cuando se percató de lo mucho que había preocupado a sus amigos y de lo tonto e impulsivo que estaba siendo; anteponiendo esa necesidad ardiente por terminar pronto con esa pesadilla. Intentaba salvar la vida de los parisinos y, porqué no, la de su padre, olvidándose de la suya. Desprendiéndose de las ganas de vivir, investigando y pensando sin cansancio hasta que su cuerpo lloraba por descanso. Ignorando que era un héroe con una responsabilidad.
Porque era tarea de Chat Noir vencer a Hawk Moth y la de Adrien salvar a Gabriel Agreste.
No supo en qué momento ambos se fusionaron.
"− ¡P-Por supuesto, si no quieres no tienes que decirme! ¡No te obligaría a nada! −" La nerviosa voz de Marinette lo hizo despertar. Estaba agitando las manos graciosamente mientras el pánico la invadía poco a poco. Adrien sonrió con tristeza. "− Es sólo que ya sabes, tu dijiste que era tu amiga y como tal debo hacer algo al respecto si mi amigo está…"
"− Es por el festival de las luces."
"− ¿Q-Qué? – Marinette casi se muerde la lengua para dejar de hablar en cuanto lo escuchó. "− ¿El festival?"
"− Sí. Es sólo que… He estado muy ocupado con sesiones de fotos, juntas y almuerzos que cuando llego a mi casa acabo deshecho en mi cama −" Explicó. No era una mentira totalmente, ¿verdad? Después de todo, era parte de la realidad. "− Me olvidé por completo del proyecto para el festival y ahora sólo me quedan dos días para hacer algo al respecto. Bueno, en realidad sólo uno. Tengo que asistir a una junta con mi padre y…"
"− ¿Quieres que lo haga por ti? −" Respondió sin pensar.
Ambos se pasmaron al oír dicha respuesta. Marinette se cubrió la boca al darse cuenta de lo mal que se había escuchado y ahora fue el turno de Adrien para negar enérgicamente con las manos. Lo último que él quería es que Marinette pensara que se estaba aprovechando de su amabilidad. Quizás podría obtener un poco de su ayuda con algunos consejos acerca de qué hacer para conmemorar el festival ya que ella era una creativa diseñadora, pero sin dudas jamás pensaría en pedirle que lo hiciera todo por él.
"− ¡No, no, no, no, no! ¡Nunca quise darte a entender algo así! −" El sonido de la puerta de un auto llamó su atención. Adrien volteó hacia la salida, observando al gorila apoyarse en el auto con los brazos cruzados, aguardando por él. Bajo los brazos, rascando su costado nerviosamente. "− Sólo quería pedirte consejos acerca de lo que podría hacer para el proyecto. Si te molesta puedo entenderlo, de verdad Marinette, no hay problema."
"− ¡No, no me molesta! −" Gritó.
"− ¿De verdad? −" Adrien dejó en paz el costado de su brazo izquierdo para ponerle atención. Marinette asintió. – Bien. ¿Te parece si lo hablamos mañana en el primer descanso?"
"− Perfecto."
"− Nos vemos mañana. Y Marinette −" Antes de darse la vuelta, Adrien colocó su mano sobre el hombro de la chica y le sonrió. A pesar de haber dicho lo que debería, se sentía bien. Por primera vez en toda esa pesadilla, realmente se sentía bien. "−, gracias."
Se despidió de ella, dirigiéndose hacia el auto que lo esperaba bajo el cielo nublado. El gorila se enderezó. A través del cristal de la ventana polarizada, podía notar la silueta de Nathalie revisando su tableta.
Adrien inhaló.
Entonces, una explosión cercana se escuchó ruidosamente por todo el lugar abierto. Adrien sintió casi como si el suelo retumbara bajo sus pies y el corazón, nuevamente, se le agitó. El calor pasó a su lado como una corriente ventosa y, en cuanto se volteó, sus ojos se abrieron ante el horror. Un edificio estaba siendo consumido en llamas cerca de la escuela. Los cristales se habían reventado debido a la explosión y las personas que deambulaban debajo estaban conmocionadas por el hórrido fenómeno. Nathalie salió por la puerta de su lado, observando perpleja la monstruosidad que devoraba la construcción sin tregua. El gorila estaba en las mismas.
La gente comenzaba a arremolinarse alrededor del desastre y por consecuencia, muchos alumnos corrieron para verlo de cerca mientras el sonido de las sirenas y el camión de bomberos se aproximaban. Adrien se benefició de la confusión para escabullirse entre las personas y hallar un lugar donde transformarse.
"− ¡Adrien, regresa! −" Nathalie se dio cuenta muy tarde de su huida. Para cuando intentó ir por él, ya se había ido.
Adrien se aseguró que nadie pudiese verlo y cuando se cercioró de que así era, dejó salir a Plagg de su chaqueta.
"− Plagg, ¡trans…! −" Sin poder terminar la frase, Plagg jaló sus mechones hacia arriba. "− Ay, ay ¡Plagg!"
El kwami oscuro lo soltó con ojos serios.
"− Ten cuidado, chico idiota. Me debes muchas explicaciones."
"− Te prometo que te lo voy a compensar"
"− Oh. Claro que sí."
Adrien empuñó su mano.
"− Plagg, ¡transfórmame!
Ladybug aterrizó frente al desastre flameante. El cuerpo de bomberos se sintió aliviado en cuanto la vio; uno de sus miembros se dirigió a ella.
"− ¡Ladybug, es un alivio tenerte aquí! −" Su rostro se veía manchado de hollín. "− El fuego es demasiado agresivo en la parte superior del edificio, lo que ha provocado que el suelo sea inestable. No podemos acceder a esa zona. Es muy peligroso"
"− De acuerdo, en ese caso yo me encargaré de eso."
Lanzó su yoyo, enredándolo alrededor de un poste de luz cercano para ganar impulso, pero un llamado desesperado se lo impidió.
"− ¡Ladybug, por favor! −" La heroína se detuvo en seco al voltear frente a su profesora de aula, Caline Bustier, siendo sostenida por dos oficiales de policía que no la dejaban avanzar más cerca de la escena. "− ¡Por favor, salve a Sarah!"
"− ¿Sarah? −" Murmuró.
"− Sarah Berne."
Chat Noir había llegado a su lado, pronunciando ese nombre con una seguridad titubeante, intentando esconder su abrumadora mirada bajo una capa fina de valor.
Ambos héroes se miraron antes de asentir y apresurarse. Entraron al edificio desde una ventana situada en el piso inestable; las escaleras no estarían disponibles debido a la obstrucción del suelo y era impensable la sola idea de utilizar un ascensor. Pisaron con cuidado sobre el suelo de madera que rechinó cuando sintió el peso extra.
"− Ten mucho cuidado, My Lady. −" Chat se adelantó, protegiendo los futuros pasos de su compañera. Su mirada seria delataba la situación. Debían ser cuidadosos si no querían salir igual de heridos.
"− Chat Noir, separémonos. −" Ladybug se apresuró a explicar antes de obtener una queja preocupada. "− Así cubriremos más terreno. Nuestra prioridad son los civiles atrapados."
A regañadientes, Chat Noir aceptó y se fue por el lado contrario. Confiaba en ella lo suficiente para saber que podría manejar la situación, pero el miedo creciente que aumentaba como la temperatura del lugar traía a él un mal presentimiento que no pudo ignorar. Sintió escalofríos de repente, como si un deja vú se presentase frente a él a través de las brasas. Revisó hasta donde los escombros, el metal y la madera corroída le permitieron. Sin embargo, no escuchaba ni una voz, ni podía ver más allá del fuego.
"− ¿Hola? −" Esquivó con agilidad un pedazo de madera que caía desde el techo hasta el suelo, donde creó un pequeño hoyo. "− ¿Hay alguien? ¡Soy Chat Noir!"
La única respuesta audible fue el rugido del fuego apoderándose de la habitación lentamente. Chat retrocedió cuando más vigas comenzaron a caerse y a estorbar su vista sobre el lugar. Estuvo a punto de echarse a correr en busca de su lady, puesto ya había revisado de su lado sin encontrar heridos, cuando el ladrido de un perro a la cercanía lo hizo frenar. Sus orejas artificiales y ultrasónicas se movieron con levedad ante el sonido y volteó la cabeza, concentrado en hallar su procedencia.
Se escuchó de nuevo con debilidad, desde el extremo derecho, cerca de la habitación donde las vigas habían caído. Corrió tras él.
"− ¿Alguien me escucha? −" Ladybug avanzó a través del pasillo. Cerca del área donde estaba, el suelo no paraba de chillar debajo de sus pies, ennegrecido por el efecto de las llamas sobre él. Se detuvo en cierto límite; no era seguro caminar por allí debido a que el daño era mucho más grave, quizás se debía a que fue una zona cercana al incendio "− ¿Hola?"
Sin más, Ladybug retrocedió un par de pasos con determinación.
"− ¡Lucky Charm! −" En el reducido espacio rodeado por el fuego, la luz de la creación se abrió paso para formar un pequeño y ligero objeto que cayó sobre sus manos. "− ¿Un… Un pañuelo?"
¿Qué se suponía que debía hacer con eso?
Un golpe seco la hizo reaccionar. Aquel mismo golpe se transformó en un repiqueteo constante, como si alguien intentase empujar la madera desesperadamente.
"− ¡A… Ayuda! −" Un débil pedido de auxilio llegó desde el apartamento del fondo, allá por donde al suelo sólo le bastaba un suspiro para ser derrumbado y las paredes estaban al descubierto llenas de flamas rojas. "− ¡Por favor, ayúdenme!"
Ni siquiera lo pensó. Ladybug pisó con rapidez el suelo sintiendo como la madera cedía debajo de estos tras ser pisada, por lo que tuvo que ser más rápida. Debía acudir hacia la persona atrapada antes de que fuera demasiado tarde. La voz femenina que se escuchaba gritar debía corresponde a Sarah Berne, la misma mujer que había sido akumatizada en La Journaliste.
Pasó sobre una viga que se desprendió del techo en un ágil movimiento. Sentía el calor del fuego rozar sus mejillas con ira desmedida, mientras que el instinto le llamaba diciendo que debía regresar antes de que fuera demasiado tarde. Apretó el pañuelo entre su mano derecha. Ya sabía cómo lo utilizaría. En ese punto, el calor la hizo sudar. Ladybug se detuvo para patear la puerta cerrada del apartamento número 26 y dejar al descubierto una escena que le rompió el corazón. Se quedó inmóvil, olvidando el peligro inminente alrededor de ella. Dentro de la vivienda gobernaba el fuego iracundo y todo lo que alguna vez fue, ya no era más que objetos consumados por las llamas.
Todo excepto una gran viga de madera que se sostenía a duras penas del techo de la habitación y que a su vez servía como soporte para la soga que había sido sujeta a ella, cargando duramente el cuerpo sin vida de quien sin lugar a dudas era Sarah Berne. Su cuerpo rígido y muerto se mecía alrededor del desastre como un espectáculo macabro y cruel. Ladybug intentó retroceder, pero su cabeza comenzaba a dar vueltas en torno a la triste escena frente a ella.
¿Qué había sucedido con ella?
El humo la estaba mareando.
"− My Lady, ¡cuidado! −" El grito de Chat Noir se escuchó como una cacofonía lejana. Sólo pudo ser capaz de sentir como su cuerpo chocaba contra el de su compañero y luego ambos impactaban contra el suelo, lejos del marco de la puerta cuyo suelo había finalmente colapsado. "− My Lady, ¿qué sucede?"
El chico la llamó al verla perdida en un mundo imaginario y su cuerpo pasmado sólo pudo señalar hacia el cuerpo colgante que cayó tras bastante tiempo al piso. Chat Noir ahogó una exclamación antes de cubrir los ojos de Ladybug con una mano y su cabeza con la otra, buscando así protegerla de toda aquella amenaza hostil que los rodeaba, deseando que ella lo olvidara pronto, pero sabiendo que eso probablemente nunca sucedería. Se sintió aliviado, por otra parte, al haber llegado a tiempo. Rescatar y llevar afuera al pequeño cachorro atrapado entre escombros no fue difícil, pero el sólo hecho de pensar que un segundo tarde habría terminado en una fatalidad le oprimía el corazón.
Escuchó a Ladybug toser y logró percibir en su mano el pañuelo que le había concedido su Lucky Charm. No lo pensó cuando se lo quitó para colocarlo sobre su boca y nariz mientras la sostenía entre sus brazos.
"− Tenemos que irnos, ya."
Por alguna razón, ella no se quejó. Ni siquiera lo miró. Conmocionada por el hecho de sentirse un fracaso, no pudo hacer más que dejar todo en las manos de Chat Noir. El héroe de negro se apresuró a salir, saltando dentro de uno de los innumerables huecos en el piso para acceder a la planta inferior que comenzaba a volverse igual de inestable que la superior. Halló una ventana libre, lejos de las vigas rotas y los muebles incendiados.
Conforme avanzaba, el eco de murmullos a sus espaldas lo perseguía como una sombra tenebrosa. Sin embargo, Chat las ignoró. Tenía sobre sus brazos su prioridad más importante, por sobre todo los demonios y voces que le persiguieran sin descanso. Saltó, aterrizando en el suelo al compás de una nueva explosión dentro del edificio que, aun con todos los intentos de los bomberos por reducir el fuego, colapsó.
Afortunadamente, no hubo más que heridos y mascotas que volvieron pronto con sus dueños.
Con excepción de una persona cuyo cadáver estaba siendo devorado por la aberrante ferocidad de las llamas.
Sarah Berne estaba muerta.
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Este capítulo fue todo un dilema, ufff. Pero bueno, aquí lo tenemos. Hablar de fuego durante un buen rato me ha dado más calor del que hay por aquí dioS. Por cierto, no. No hay Adriloé (¿así se llama?). Lo del beso fue más cariño que cualquier otra cosa, al menos bajo mi percepción adoro verlos como hermanitos, pero yo no voy a limitarlos así que ustedes interpretenlo como quieran xD
Yyyy regresamos a los capítulos largos porque nunca esperé que se notase mucho el capítulo anterior por su extensión xd. Aunque para mí, los capítulos extensos son los más divertidos, por lo que no tengo problema.
Les tengo buenas noticias: ya he salido de vacaciones, por lo que puedo dedicarme a la planeación y la escritura de los capítulos con muchísima más libertad de la que me permitía la escuela wuuuuuuu
Así que las actualizaciones van a volverse más seguidas, quizás cada… ¿dos semanas? Mi meta es terminar este arco e iniciar el siguiente antes de entrar a clases osi
Lo malo es que también estoy trabajando, pero oigan; esa es otra cosa así que :D
Les pido una disculpa (sí, yo vivo disculpándome la mayor parte del tiempo xD) por la obvia tardanza. Preferí esperar a que terminasen los finales para actualizar tranquila y luego tuve varios retrasos. Verán, escribir un capítulo en promedio me toma dos días (sólo la escritura) y eso si es de un tirón. Si lo hago por lapsos y entre escenas, es casi seguro que me tome una semana. Sin embargo, la mayoría de las veces lo hago en dos días con excepción de esta vez que tuve varios pendientes por acabar¿
En fin, sólo tengo que pedirles que presten especial atención al código al final del capítulo. Puede parecer un sinsentido, pero uhhh, tiene bastante importancia. No escribo las cosas sólo porque sí (bueno, a veces no hace daño hacerlo). Generalmente todo en esta historia tiene un significado que, si bien no se da pronto, lo hará más adelante. A mí no se me escapa nada no no nono.
A veces sí pERO—
Ya, para no hacerlo más largo sólo me dedicaré a contestar los reviews de las cuentas invitadas 3
Natalie0.0
Duusu está jugando desde un bando. Ahora: ¿es el de Adrien o el de Gabriel? ¿quizás es un tercero? Me gusta hacer este tipo de preguntas ay xd. Nathalie no le ha dicho nada como lo que apareció al final del capítulo anterior a Adrien. Esos susurros, incluso los mensajes al final de cada capítulo, se los dedica alguien más. ¿Puedes adivinar de quién se trata? Una vez lo hagas, todo cobra sentido. Con respecto a la aparición de Kagami: síp. Ten por seguro que estará allí, pero, así como este, cada capítulo tiene algo especial. En este hemos visto la interacción de Adrien con sus amigos, quienes en efecto han notado lo extraño que se está comportando. Incluso lo enfrentaron. No te preocupes, Kagami tendrá su momento bajo el reflector! :D
Guest
No tienen idea de lo feliz que me hace que realmente se detengan un momento para decodificar el código que creé. Me da mucha emoción saber que esta historia está llegando a más personas3
Con respecto a la pregunta: Nathalie no le ha hecho nada a Adrien xD Como dije antes, los susurros y los mensajes al final son de alguien más, una vez lo descubran, todo será más sencillo. (O quizás no jajajs)
Bien, creo que eso es todo. Si tienen alguna duda acerca de la historia no duden en preguntarme! Estoy contenta de contestarlas mientras no sean spoilers potenciales.
¡Muchas gracias por leer!
