Nota de la autora: Rowling ha dicho en algunas entrevistas que Harry es sexualmente muy inexperimentado y algo ingenuo para alguien de su edad. Me divierte escribir sobre este "Harry distraído" que vive en la palmera. [¿Quieres una ayudita Harry?, Draco en cualquier momento te va a saltar encima, y no para hacerte daño precisamente ;-) ]
Nota del Traductor: Gracias a Serpent Noir, liziprinczama, murtilla, luna, Saskia, kalhisto azula y Kmy Kusanagi y proserpinah por los comentarios.
oOoOoOo
El guardaespaldas
Capítulo 11: Alojamiento y desayuno
Los nuevos cuarteles de la Orden del Fénix estaban en un viejo depósito del West End de Londres que hacía mucho tiempo que estaba abandonado. Los miembros de la Orden habían colaborado para dejarlo en condiciones pero todavía había humedades en las paredes y las arañas pululaban en los rincones. Por lo menos aquí, no había retratos que chillaran insultos como en Grimault Place.
Harry y Tonks estaban sentados en la gran mesa de madera de la cocina improvisada. Harry se apoyo sobre el respaldo de su silla. ─ ¿Se ha sabido algo de Hermione y Ron? ─ preguntó.
─ Hasta ahora nada ─ dijo Tonks. Tenía el cabello de un color rosado "tutti-frutti" y llevaba puesta una remera de las Weird Sisters. Viendo la cara de preocupación de Harry, agregó para darle ánimo: ─ Estoy segura de que están bien. Hermione es muy lista, no caerá en ninguna de las trampas de Tú-Sabes-Quién. ─
─ Ni siquiera Dumbledore fue TAN listo. ─ De la preocupación, Harry se puso de pie y comenzó a caminar, ida y vuelta, de un lado a otro de la cocina. ─ Yo quería mandarles un mensaje con un Patronus, para estar SEGURO de que lo recibieran. Las lechuzas no pueden acceder a lugares subterráneos. Pero después del fiasco de Darmoot, nos dimos cuenta de que los Patroni son un imán para los Inferi, y no me animé. ─ Harry respiró hondo. ─ Voy a esperar hasta esta tarde, si no han vuelto, iré a buscarlos. ─
─ Remus y yo iremos contigo. ─ dijo Tonks suavemente. Vio cuán tensos estaban los hombros de Harry y cambió de tono y de conversación. ─ ¿Y dónde está tu mascotita mortífaga? ─ apuntó burlona.
Harry se dio vuelta de inmediato pero vio que Tonks sonreía pícara. Le sonrió a su vez débilmente. ─ Draco está tomando una ducha, estaba sucio de sangre y de mugre. ─ dijo tristemente.
─ ¿Quizá hubiera sido mejor que lo curara antes de que se duchara?
─ Así también me parecía a mí, pero Draco insistió en que quería ducharse primero. Dijo que no quería que nadie lo viera en esas condiciones. ─ Harry se volvió a sentar, movía las manos nervioso. ─ Ya lleva más de veinte minutos. Fui a golpearle la puerta hace un rato pero me dijo que estaba todo bien. Bueno, en realidad me dijo: "No me rompas las pelotas, Potter. Yo suelo demorar mucho cuando me baño".
Tonks se rió carcajadas. ─ Bueno, yo sigo dispuesta a curarlo… siempre y cuando salga antes de Navidad. ─ dijo Tonks recostándose sobre el respaldo de su silla. ─
─ Gracias, Tonks. ─ dijo Harry. Y luego agregó, pensativo. ─ ¿Podrías enseñarme otros encantamientos para curar? El de la nariz rota, Episkey, resultó muy útil. ─
Tonks le sonrió. ─ Me alegro, Harry, pero Episkey es uno de los más simples. La mayoría son mucho más difíciles. Te voy a dar una demostración cuando lo cure a Draco. …y hablando de Draco, ¿le diste alguna ropa limpia para que se pusiera? ─
La señora Weasley dijo que le daría alguna ropa vieja de Ron. Hizo una pequeña pausa y agregó sonando ligeramente fastidiado. ─ Parece que Draco no le gusta mucho a la señora Weasley, lo trató con frialdad, ¿no crees? ─
─ Es todo por esa vieja pelea familiar, todo ese asunto de "traidores a la sangre". Los Weasley están emparentados con los Malfoy-Black. Pero dudo que Molly haya hablado con Draco en alguna ocasión antes de hoy.
─ ¿Son primos también? ─ dijo Harry asombrado. ─ Yo creía que era primo tuyo…─
─ Y lo es. ─ dijo Tonks. ─ No te sorprendas tanto, Harry. Todas las familias de sangre pura están emparentadas. Endogamia, que le dicen. ─
Harry rió. ─ Bueno, eso explica muchas cosas.
Se oyó un crujido. Alguien bajaba vacilante las escaleras.
─ Estamos aquí abajo, Draco. ─ grito Harry con entusiasmo.
Hubo un nuevo crujido en las escaleras, más cerca esta vez, y Draco asomó la cabeza, pero sólo la cabeza, y espió la habitación. El cabello recién lavado le caía más oscuro sobre las sienes. ─ ¿Quiénes están ahí? ─ preguntó nervioso.
─ Tonks… y yo. ─ dijo Harry preocupado. ─ ¿Hay algo que está mal?
─ ¡Oh, Harry! No sé por donde empezar. ─ Y como con vergüenza, dio varios pasos hasta la mesa. ─ No puedo dejar que me vean así. ─ tenía una expresión funesta, como para un entierro.
Harry lo miró con atención. A primera vista parecía que Draco tenía puesto encima un vestido largo deshilachado de terciopelo granate, muy raído en el cuello y en los puños. Mirándolo mejor Harry reconoció lo que llevaba puesto el rubio y estalló en carcajadas.
─ La señora Weasley te dio las viejas ropas de gala de Ron. No puedo creer que todavía existan. Estaba seguro de que Ron las había enterrado en un cruce de caminos con una estaca de madera clavada a la altura del corazón. ─ dijo Harry divertido.
Draco tenía una expresión lastimosa. ─ ¡No sólo son ridículas sino que encima son ropas de espectros infernales! Preferiría ir desnudo. ─ dijo sintiéndose miserable. ─ ¡No se rían! ─ chilló. Tonks estaba totalmente tentada y se tapaba la boca haciendo esfuerzos para no estallar en carcajadas.
─ Ahora no hay nadie para pedirle que te preste ropa. ─ dijo Harry. ─ Han salido todos. Creo que tengo una toga que te puede quedar bien de hombros y te puedo prestar unos jeans que te entren. ─
─ ¿Jeans de muggles? ─ preguntó Draco escandalizado. ─ No he usado ropa de muggles en mi vida. ─
Los moretones que tenían en la cara contrastaban intensamente sobre su tez pálida. Se tambaleó y tuvo que sostenerse de una silla para no caerse.
Tonks se dio cuenta y se puso sería. ─ Ya nos ocuparemos de tu atuendo más tarde, Draco. Primero, las cosas más importantes. Se puso de pie y dio una palmada en la silla. ─ Siéntate aquí que voy a curarte. ─
Draco se sentó lentamente y con dificultad, parecía mortificado y se quejaba por lo bajo. Harry pensó que si le hubieran dado a elegir a Draco entre curarlo o darle ropas como las que estaba acostumbrado a usar habitualmente, Draco hubiera elegido la ropa sin pensarlo dos veces. Por un lado lo asombraba la vanidad que demostraba Draco a veces, por otro se sentía incómodo porque él casi no tenía ropa que pudiera prestarle.
─ El sortilegio para curar magulladuras es "Frendocuro". ¿Por qué no haces un intento, Harry? Pero con cuidado. ─ dijo Tonks.
Harry dudó mirando a Draco. ─ ¿Qué puede pasar si lo hago mal? ─
─ Nada grave. ─ dijo Tonks. ─ No te dejaría probar si fuera peligroso. ─
Draco dejo de murmurar y alzó la vista. ─ Vamos Harry, no demores más que me duele todo. ─ dijo con tono petulante y fastidiado, tironeó de la pechera de las ropas de Ron.
Algo renuente, Harry tocó con la punta de su varita una lesión en la frente de Draco. ─ Frendocuro. ─ dijo.
Draco hizo una mueca. ─ ¡Ay!
─ ¡Ah, sí! ─ dijo Tonks. ─ A mí me pasó lo mismo la primera vez que lo usé. No lo curaste, Harry, lo transfiguraste y ahora tiene forma de margarita. ─
─ Perdón, Draco. Creo que es mejor dejar que se encargue Tonks. ─ dijo Harry y se apartó.
─ Sí, creo que será lo mejor. ─ se quejó Draco, que ahora presentaba un aspecto muy floral.
─ No te des por vencido, Harry. Practica con tu mano hasta que te salga bien. ─ dijo Tonks.
─ Quizá más tarde. ─ dijo Harry observando la expresión mortificada y dolorida de Draco. ─ Preferiría ayudarlo de otra forma, y no dejándolo con aspecto de papel tapiz de los setenta. ─
Draco frunció el ceño y Harry se sintió un poco culpable. Con efusividad un poco excesiva, preguntó ─ ¿Tienes hambre, Draco? ─
─ Me muero de hambre.
─ ¿Qué quieres comer? Harry oyó los ruidos que hacían las tripas de Draco.
─ Huevos y panceta, y hongos y tostadas, y jugo de calabaza. ─ dijo Draco, hilvanando los alimentos con entusiasmo. ─ Y manzanas también. ─
─ Enseguida tendré listo el desayuno. Prepararé suficiente para los tres. ─ dijo Harry entusiasta, sacó una sartén del armario debajo del horno.
─ Supongo que no cocinarás tú mismo, ¿o sí? ¿Por qué no les ordenas a los sirvientes que lo hagan? ─ dijo Draco atónito.
Harry se rió y encendió el quemador con un ondear de la varita. ─ Aquí no tenemos sirvientes, Draco. Pero podría intentar transfigurar algunas arañas en mucamas francesas. ─
─ Yo quiero unos mozos musculosos sin camisa. ─ bromeó Tonks. Iba flameando su varita por las lastimaduras de la frente de Draco y se iban esfumando dejando apenas unas leves marcas rosadas.
─ ¡Oh, oh… le contaré a Remus lo que has dicho! ─ dijo Harry, riéndose en tono de chacota.
─ ¡Alcahuete! ¡Correveidile! ─ dijo Tonks, riendo a su vez.
Draco no dijo nada pero parecía consternado. Pero no por el intercambio de estúpidos chascarrillos. Harry volvió a hablar en tono serio: ─ La mayoría de la gente no tiene sirvientes, Draco. Tendrás que acostumbrarte a prescindir de ellos. ─
Draco frunció el ceño pero no dijo nada. Harry se volvió y se dedicó a quebrar los huevos y a echarlos en la sartén. Reflexionaba entretanto que desde el juicio, Draco parecía hablar muy poco, no era lo característico de él. Se volvió para preguntarle al respecto y lo vio sentado en la silla con el torso desnudo, Tonks le estaba curando la espalda. La piel de Draco en los lugares que no tenía lastimados era clara como la luz de la luna, Harry sintió que se le despertaba el monstruo del pecho que había estado dormido durante mucho tiempo. No debería quedarme mirando, pensó Harry. Pero no podía apartar la vista. Draco volvió la cabeza y lo notó. Arqueó una comisura intencionadamente en el gesto que le era tan típico. Harry se sonrojó, y se volvió rápidamente para seguir cocinando.
Poco después se sentaron los tres a desayunar. Draco comía rápido pero con maneras impecables. Sonreía levemente. Tonks apenas si tocó la comida, lo miraba comer y jugaba con su vaso de jugo de calabaza, parecía que no tenía apetito.
─ Es bueno verte comer, Draco. ─ dijo Tonks amablemente. ─ Te hace falta. ─
Draco tenía la boca llena. Asintió con la cabeza.
─ ¿Qué lastimaduras tenía? ─ preguntó Harry al tiempo que le echaba sal a los huevos.
─ Contusiones leves, heridas infectadas de latigazos en la espalda, magulladuras por todas partes, desnutrición. ─ dijo Tonks seria. ─ La lista es larga. ─
Harry no sabía bien como expresar la compasión que sentía. Atinó a servirle más panceta en el plato. ─ ¿Quién te azotó? ─ preguntó.
Draco tragó lo que tenía en la boca. ─ Alecto, la hermana de Amycus. Porque me negué a matar muggles. ─
─ Sádica enferma… ─ murmuró Harry.
Draco asintió con la cabeza y se engulló los huevos cargados en el tenedor.
─ Hice todo lo que pude. Draco necesita descansar pero se recuperará. ─ dijo Tonks. Se puso de pie. ─ Lamento tener que irme, tengo que encontrarme con Remus. ─ dijo sonriendo. ─ Los veo más tarde, Harry… Draco. ─ saludó y salió de la cocina.
─ ¡Gracias! ─ le gritó Draco.
Se hizo silencio después de que Tonks se hubo ido. Harry no sabía de qué hablar con Draco. Seguía presentándosele la imagen fascinante de la espalda desnuda de Draco y fijó la vista en el plato tratando, sin éxito, de no sonrojarse. Hace demasiado tiempo que rompí con Ginny, pensó. Necesito ALGO para mantener la cabeza ocupada… no está bien… es un chico…y peor aun, es MALFOY…
Draco se comió dos platos llenos y siguió luego con tres manzanas. Cuando terminó empezó a ahogar bostezos y parecía que iba apoyar la cabeza sobre la mesa para dormir ahí mismo.
─ Es hora de que te lleve a la cama, Draco. ─ dijo Harry gentil. Draco abrió los ojos al máximo, Harry se dio cuenta de cómo había sonado lo que acababa de decir. Para disimular la vergüenza, se puso a levantar los platos y los metió a lavarse en el fregadero.
─ ¿Cama? ─ dijo Draco con cara de gozo ilusionado.
─ Para que puedas dormir ─ se apresuró a explicar Harry, y se sorprendió porque Draco pareció decepcionarse. ─ Anoche no dormiste. Yo me quedaré a esperar a que regresen Hermione y Ron, no voy a necesitar un guardaespaldas por ahora. Da la impresión de que no has dormido en días. ─
─ Sí, algo así. ─ dijo Draco con los ojos semicerrados.
Juntos subieron las escaleras. Harry y Ron dormían en una pequeña habitación del primer piso, el suelo estaba sembrado de ropas usadas y de envoltorios de golosinas. Había dos camas gemelas, las dos sin tender. El póster anaranjado del equipo de los Chudley Cannons colgaba sobre la pared, encima de la cama más cercana a la ventana. Un póster de una lechuza nívea colgaba sobre la cama cercana a la puerta y la jaula vacía de Hedwig estaba en el centro del cuarto. La había mandado con un mensaje para Hermione y Ron y todavía no había regresado.
─ Eh…perdón por el desorden ─ dijo Harry, un poco avergonzado trató de patear algunos envoltorios debajo de la cama para que al menos no se vieran. ─ Puedes dormir aquí. ─ Sacó un piyama a rayas azules y blancas de debajo de la almohada.
Draco sonrió un poco. ─ No te preocupes, deberías ver mi habitación en la Mansión antes de que entren los elfos a limpiar y ordenar.
─ Sólo tengo este piyama, y lo he estado usando. ─ dijo Harry, sintiendo aun más vergüenza. Sentía que tenía la cara roja como remolacha. Draco tomó el piyama y se lo llevó a la cara y aspiró perezosamente el aroma.
─ Huele a ti ─ dijo Draco con énfasis. ─ Me gusta como hueles. ─ Dejó el piyama sobre la cama y comenzó a desvestirse sin ningún tipo de recato. Se tocó con la varita el pecho y la horrenda toga se desabotonó sola. La hizo deslizar desde los hombros revelando su piel luminosamente pálida y tersa.
Harry no podía quitarle los ojos de encima. Ron siempre se cambiaba delante de él, pero Harry nunca le había prestado atención. Pero Ron nunca lo miraba desafiante directamente a los ojos como esperando una reacción, cuando se desvestía.
La toga se deslizó hacia abajo revelando el torso desnudo de Draco hasta la cintura. Aunque mucho más delgado de lo que había sido seguía teniendo el cuerpo de un jugador de Quidditch, de líneas elegantes, de brazos y hombros con buena musculatura, tetillas de color rosado muy pálido, cintura esbelta, abdomen plano bien definido. Toda esa belleza se veía cruzada por una enorme cicatriz que lo dividía extendiéndose desde la parte alta del esternón hasta el ombligo. Estaba bien curada pero se notaba que había sido una herida casi fatal, como si lo hubieran abierto en canal con el filo de una espada.
Harry inspiro hondo, señaló con horror la cicatriz. ─ ¿Quién te hizo…? ─ comenzó a decir, pero se detuvo de golpe al darse cuenta y lo invadió una desagradable sensación de culpa.
Draco lo observaba con cierto misterio en los ojos. ─ TÚ, Harry. ─ dijo, confirmando la terrible sospecha.
Los recuerdos se le arremolinaron. Draco llorando en el baño, Myrtle Gimiente a su lado.
¡Sectumsempra!
Los borbotones de sangre de las heridas de Draco, la sangre cubriendo todo el suelo. Los chillidos de Myrtle Gimiente.
─ ¡Dios mío, Draco! No puedo expresar cuánto, cuánto lo siento. ─ balbuceó horrorizado y avergonzado de lo que había hecho. ─ No sabía lo que hacía ese hechizo y de haberlo sabido no lo hubiera usado. ─ Estiró la mano y tocó la cicatriz, y una llamarada se encendió en los ojos de Draco. De pronto Harry se vio nuevamente atrapado en otro de los abrazos de oso de Draco. Él también lo abrazó a su vez pero con menos fuerza, como quien pide perdón.
Draco constantemente lo tocaba, lo abrazaba. Había recibido de Draco más abrazos que de toda su familia en toda su vida.
Pero este abrazo era el más enardecido y para Harry el más deliciosamente alarmante de todos los recibidos. Era exquisitamente consciente de la calidez, la dulzura del olor del cuerpo recién duchado de Draco. Sus manos se hundieron en la diáfana, flexible, desnuda espalda. Mechas lustrosas de pelo platinado, ligeramente húmedas, le acariciaron la cara cuando Draco bajó la boca hasta su oído.
─ Harry, yo iba a atacarte con Crucio. ─ susurró Draco. Sus labios le rozaban la oreja al hablar. Harry se estremeció y lo apretó con más fuerza.
─ Aun así, no era lo que merecías. ─ murmuró Harry. El monstruo en el pecho se le había despertado por completo y aullaba de dicha. La respiración se le había acelerado. Draco separó el rostro y lo miró directamente a los ojos, las caras estaban tan próximas que Harry podía percibir el perfume de las manzanas en su aliento. Harry elevó la barbilla, fascinado por los ojos grises. Lo invadió una sensación de irrealidad. ¿Podía ser esto cierto? ¿Que estuviera parado allí, en los brazos de un chico… en los brazos de su enemigo…?
─ ¡Harry! ─ gritó Hermione desde la cocina.
─ ¿Dónde estás? ─ Ron también estaba en la cocina.
Dos pares de pasos venían subiendo las escaleras. Draco y Harry se separaron inmediatamente, no se atrevían a mirarse. Draco lidió con la toga de Ron, volvió a calzar los brazos en las mangas y tocó la pechera con la varita para que se reabotonara.
─ ¡Estoy aquí arriba! ─ gritó Harry casi sin aliento. Sentía más alivio de lo que podía explicar y no solamente porque sus amigos estaban sanos y salvos. Había algo increíblemente intimidante en la forma en que su cuerpo había respondido al tacto de Draco.
oOoOoOo
