Silent Scream 2 : Diez años.

Diez años han pasado, diez años en los que no solo el tiempo ha cambiado de sitio.

Tetsu-chan ya es un hombrecito de doce años, y Kuroko vive en familia con Makoto y sus dos hijos.

Aunque no hay día que no se pregunte si tomó la decisión correcta al volver a los brazos de su esposo.

Kagami sin embargo lleva diez años, sin pensar en él, sin querer saber, odiando a todos y a todo, castigándose por algo que el tiempo y la desidia, ha borrado de su mente hasta dejarlo en una simple y lejana amalgama borrosa de recuerdos.

Aunque aún puede asegurar algo; En algún lugar en mitad de todo ese resentimiento, queda la idea de que una vez, no sabe cuando, llegó a amar a alguien con todo su ser; y eso le hace odiarse mas.

Sabe que si vuelve a verle, su fachada de piedra se vendrá abajo...

Y entonces, el destino lanza la bola... hagan sus apuestas...

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Silent Scream 2 : Diez años.

Capítulo once: Matrimonio ilusorio.

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La manga corta no ha sido buena idea desde el principio, claro que la camiseta de algodón no tiene la culpa de su malestar.

Kuroko nota el sudor en la tela, el cansancio acumulado en su cuerpo, unido a la larga, larguísima travesía a pie por la ciudad, de la que ya estaba absolutamente enamorado; y eso que apenas si había visto una mínima porción.

Absolutamente fascinado ante el edificio inmenso frente a él tardó un rato en notar que su teléfono sonaba en el interior del bolsillo en tono alto.

Descolgó sin mirar quien le llamaba, estudiando con la mirada las líneas que conformaban la edificación frente a él.

– ¿Qué te ha dicho? –Risueño, divertido, ansioso por saber.

– ¿Quien tiene que decirme algo? – Siguió andando, aunque ahora su interés estaba puesto en Kise y su conversación con él.

– Tu marido…

– ¡Ah, eso! Aún no he llegado al hotel. – Se acercó a la fachada un poco mas, apreciando en el gesto la maravillosa piedra labrada.

– ¿Te has perdido? Hace dos horas y pico que has aterrizado…

– No, que va. He venido andando desde el aeropuerto… ahora mismo estoy cerca del hotel… espera que lo busco… aquí cerca… – Miró el mapa para localizar el nombre del lugar en el que estaba. – El Duomo… el hotel está bajando la calle, como a media hora o así…

– Es inesperado. – Hizo una pausa casi como si buscara las palabras con las que continuar hablando. – Tenías tanta prisa por ir que creí que correrías a sus brazos en cuanto el avión se parase… pero no, estás de turismo.

– No estoy de turismo… solo trato de sacar valor para presentarme así, por sorpresa delante suya… no estoy muy seguro de que haya sido muy buena idea…

– Cariño, es una sorpresa de lo mas romántico. – Kise dibujó una pequeña sonrisita. – Si ese neandertal con el que estás casado no lo aprecia ya puedes ir buscándote otro… ¿Qué puede pasar? Si te dice que no, pues das unas vueltas por Florencia y vuelves a casa cuando te aburras; si te dice que si, pues … espero que no te de tiempo a ver la ciudad… y que por el contrario al volver tengas muchas, pero muchas agujetas… ya me entiendes.

Kuroko no responde, en su lugar fija su mirada en la calle, en la gente con la que se va cruzando mientras camina, pasos muy lentos, hasta la siguiente marca en el mapa.

–Tengo mucho que contarte… pero prefiero que nos veamos… –Kuroko murmura bajo, aunque está seguro de que el rubio le ha escuchado perfectamente.

– Está bien, hermanito. – Apodo cariñoso que evoca un pasado para ellos en el que todo era aparentemente mucho mas sencillo y agradable. –Dentro de un par de días tengo un vuelo a Europa, si sigues ahí me encantará que comamos juntos, ¿Te parece?

– Muchas gracias Ryota. – Su nombre propio le suena de los mas amoroso. – Por favor, llámame en cuanto estés cerca.

– Claro que si, mi vida. – Un anuncio en megafonía le recuerda que tiene que seguir con su trabajo, inmediatamente. –Ten cuidado… hasta luego.

No hace falta la despedida, entre ellos nunca hay un adiós al final de ninguna de sus conversaciones. Tetsuya guarda el teléfono y sigue caminando, ahora con un poco mas de velocidad.

Descubre en su avance que la ciudad se abre ante él de un modo tímido, que hay mucho, muchísimo que ver que él solo está mirando muy por encima.

Florencia huele a pan recién hecho. No sabe si es producto del camino que está siguiendo, o de la posibilidad de que tenga hambre, pero el aroma a pan crujiente parece perseguirle desde minutos atrás.

Gira sobre sus talones, mira alrededor y lo descubre. Una pequeña puerta en un callejón semi oculto por una enorme planta.

Su curiosidad le lleva a entrar y su estómago suena en recuerdo de la falta de alimento; sonríe.

Solo frente a la dependienta, pequeño comercio de panadería artesanal, rústico, blanco y vivo en todas sus paredes, es consciente de que no tiene ni una mínima noción del idioma.

Ante su sonrisa plena y la costumbre de tratar con turistas como él constantemente, Tetsuya se toma la libertad de señalar lo que quiere, y de mirar, ojos inquisidores, el precio de todas las cosas.

No por que piense que la mujer intenta estafarle, es mas bien por que necesita de forma urgente familiarizarse con el cambio de moneda.

La mujer habla rápido, sus dedos envuelven el panecillo dulce en papel de seda con habilidad y destreza, sin mirar que hace. Parece mas interesada en el color del cabello de Tetsuya y su sonrisa. Entre todas las palabras cree reconocer un agradecimiento en la palabra "grazie", que Kuroko imita y memoriza para futuros usos.

Ya en la calle de nuevo dedica unos segundos a anotar la ubicación de la tienda, piensa volver y si puede ser hacerlo con sus hijos; el primer bocado le resulta de lo mas delicioso y saciante.

Consulta el mapa de nuevo y retoma su caminar.

No le lleva apenas unos pocos minutos llegar al hotel en el que se supone se aloja su marido.

Aunque no va directamente hasta el, en su lugar dedica toda su atención a los espectáculos que parecen salpicar la enorme plaza a cada paso.

Sacude la cabeza, primero Makoto, después el ocio.

Ya ha perdido demasiado tiempo, aunque la verdad, ha sido una experiencia muy grata, dirige sus pasos a la entrada del hotel.

El enorme letrero en lo mas alto de la fachada no da ningún lugar a dudas.

Ha llegado, de una pieza, cansado y mas o menos hambriento, pero está ahí que es lo que cuenta en realidad.

Una escalinata en el centro, una docena de enormes ventanas a los lados adornando una elegante fachada, blanco y gris añejo, tonos dorados y madera en las ventanas y la enorme puerta… un conserje en traje que abre y cierra, saluda a todo aquél que accede al hotel, chasquea los dedos al mozo de equipaje casi en el rostro de Kuroko cuando pasa a su lado. La mirada que le dedica no es precisamente de alegría ante un nuevo cliente.

Kuroko repara en su aspecto al verse reflejado en la cristalera nítida que adorna la puerta por la que accede; comprende su expresión de desdén hacia él.

Lleva la ropa arrugada por las horas en el avión, y no es que huela mal, pero tampoco ganaría un premio a la limpieza en ese momento. El equipaje que portaba había vivido mejores días, ajado y remendado por alguna de sus partes. A Kuroko le parecía útil y era especialmente reacio a deshacerse de cualquier cosa que pudiera ser usada con un pequeño arreglo.

Casi esperó que el conserje le detuviera, pero otro cliente le entretuvo lo suficiente como para que él entrara al hotel sin impedimento alguno.

Lujo y elegancia por todas partes.

Cualquier persona que entrara por primera vez en ese hotel no podría evitar mirar a todas partes fascinado. Todo, hasta el mas mínimo detalle había sido cuidadosamente elegido para hacer del lugar un sitio fascinante y elegante.

Desafortunadamente para los propietarios y los decoradores del hotel, Kuroko estaba tan acostumbrado a vivir rodeado de lujo que no se sentía para nada impresionado con el entorno.

Caminó directamente hasta el mostrador de recepción, sólido nogal y hermoso tallado de hojas de parra alrededor. La mujer tras el dejó la llamada en espera para mirarle.

Su ceño se contrajo en una mueca de desagrado, aunque tuvo el detalle de fingir que retomaba la llamada para no tener que dirigirle la palabra a Tetsuya; él también fingió no darse cuenta y admirar el papel pintado con una escena de dos dioses griegos en descanso para no tener que tomar en cuenta su desdén.

Al girar el rostro a un costado ve su reflejo en un enorme espejo enmarcado.

Su ropa está arrugada, el calzado gastado. El cabello no luce brillante ni su rostro muestra felicidad mas allá de sus ojos. Sigue cansado, quizá mas por el paseo, hambriento y somnoliento; su postura indica que necesita una buena ducha y una estancia en un cómoda cama durante al menos una docena de horas seguidas.

Justo tras mirarse pasea la mirada por el hotel.

Personas elegantes, refinadas. Tan lujosas como la decoración, casi parece un decorado completo de un todo ante él… y Kuroko desentona completamente en mitad de todo eso. No solo de ese hotel, de todo ese universo de lujo y pretensión al completo.

Ahora, al verse de nuevo en el espejo, comprende perfectamente la reacción de la recepcionista al verle.

Suspira internamente.

La observa ignorarle durante los siguientes minutos sin hacer nada por llamar su atención, ni por poner en su conocimiento el motivo de su visita al hotel. Al cabo de un rato sus burdos intentos por actuar como si no existiera le resultan hasta cómicos.

Cansada de su táctica no surta ningún efecto la ve llamar a alguien mas, y mirarle con una sonrisita de superioridad que le indica que la cosa va a ponerse fea para él; ya está acostumbrado a ese tipo de reacciones.

La puerta lateral junto a ella se abre, la sonrisa femenina se ensancha hasta parecer un insulto y se aparta, paso lateral, para que el hombre que acude ocupe su lugar en el mostrador.

– ¿Desea alguna cosa? – No es precisamente lo que quiere preguntar, en realidad mas parece que está preguntándose como demonios le ha dejado pasar el portero. Su mirada, desprecio absoluto le escánea como un rayo láser que mas parece que quisiera fulminarlo en lugar de escuchar la respuesta a su pregunta.

–¡Ah, … ! –Rebusca en sus bolsillos su identificación. Le tiemblan los dedos, siente el aire un poco mas pesado que cuando entró. Verdaderamente la mirada de ese hombre es aterradora. – Aquí está mi identificación. Me gustaría saber el número de habitación de Makoto Hanamiya.

– Lo lamento mucho. – Desliza el documento de vuelta a los dedos de Tetsuya sin dirigirle ni una sola mirada. –La política de la empresa me impide dar ese tipo de información a desconocidos.

– No soy un desconocido. – Empuja de nuevo el carnet con idénticos resultados.

– Para mi lo es. – Estira el cuello hasta alzar la barbilla, una clara señal al guardía que pasea por la sala para que acuda.

– Y lo seguiré siendo si se niega a mirar mi documentación. – El hombre niega y Kuroko lo guarda en el bolsillo. – ¿Puede llamar a su habitación y decirle que estoy aquí?

– No, no puedo hacer eso. – La mirada de desprecio que le brinda le hace sentir un escalofrío en la espalda. – Este cliente en concreto ha dejado orden de no ser molestado por ninguna circunstancia. Además no puedo asegurar su identidad.

– Puede comprobar mis documentos donde quiera, no tengo nada que esconder. – Hace ademán de volver a sacarlos de nuevo para mostrárselos, pero la proximidad del guardia de seguridad le deja muy claro que ese señor no va a escucharle diga lo que diga. – Está bien, esperaré en la cafetería, no le molesto mas.

– Me temo que eso no va a ser posible. – Señala la puerta, gesto duro. – La cafetería es solo para nuestros clientes.

– Bien, pues esperaré en el vestíbulo a que regrese mi esposo. – Toma su equipaje y trata de dar un paso pero se encuentra de frente con un traje negro y un gruñido que le hace dar un paso atrás, que le golpea las costillas con el mostrador.

– Estoy seguro de que si el señor Hanamiya nos bendijera con la visita de su esposo lo habría comunicado a la dirección. – De nuevo esa mirada. – En este hotel nos tomamos muy en serio la privacidad de nuestros clientes, y ni su carnet falso ni sus formas le van a abrir las puertas. Puede salir de aquí dignamente o dejar que este señor le acompañe fuera.

– Esperaré fuera. – Suspiró. Estaba claro que ese tipo no iba a creerle le dijera lo que le dijera, y la verdad es que tampoco tenía muchas ganas de darle mas explicaciones.

Se paró una vez en la calle. Al otro lado de la calle, en la plaza llena de vida y artistas divisó un banco de piedra, desde el que podía ver perfectamente la entrada del hotel.

Sacó el móvil y le llamó. A estas alturas la sorpresa se había chafado y estaba demasiado dolido como para intentar nada mas. Podría llamar a la abuela, a Shoichi, incluso estaba seguro de que Kise le pagaría una habitación solo para que pudiera esperarle en la cafetería, pero no quería molestar a nadie.

Ante él la plaza rebosaba vida, como consuelo no era gran cosa, pero al menos no se aburriría mientras esperaba que el coche de su marido llegara al hotel de donde quiera que esté en ese momento.

…..

Suspira, harto.

No le gusta que cuestionen su trabajo, y mucho menos cuando tiene que recorrer medio mundo para hacer algo que podría hacerse perfectamente por telefóno.

Makoto es profesional, cuidadoso hasta atar el último cabo. La colección que se va a subastar ha sido tasada y catalogada por tres estudios diferentes para no dar lugar a ningún conflicto. Pero ahora el cliente quería sacar una de las obras del catálogo, lo que fastidiaba todo el trabajo previo.

Y hacía que Makoto se sintiera como un idiota ahí plantado, mirando al ricachón de turno decidir sobre pedazos de historia como si fuera algo con lo que se podía negociar sin mas.

Desafortunadamente ese tipo de personas aparecían en su vida con mas frecuencia de la que le gustaría, pero su trabajo poco o nada tenía que ver con la poca consideración de los propietarios para con las obras. Su trabajo era poner en contacto a los dueños de dichas obras con autentificadores, tasadores y profesionales de cualquier campo que hiciera falta para llevar a cabo la función que le fuera requerida.

La cuestión es que meses de trabajo parecían no haber servido de nada y no por que apreciara de algún modo el valor de la obra en sí, si no por que le parecía que quedaba muy bien en su bater.

Llegados a este punto no le importaba mucho. Solo había que reorganizar las obras, hacer un nuevo catálogo y cobrarle por las molestias.

Recogió casi con gracia todos sus documentos y los fue guardando uno a uno en el maletín que llevaba con él.

Sasaki se limitó a asentir a su lado, cerca y presente pero sin intervenir. Makoto mantenía la pose, la calma, con una elegancia que casi parecía irreal. El hombre podía adivinar su pensamiento solo con verle. Entendía que esos cambios de última hora le molestaban, y mucho. La gente indisciplinada incapaz de mantener sus ideas firmes no eran de su agrado, pero su trabajo, mas bien el prestigio de su empresa ganado tras muchos años de esfuerzo, le obligaban a ser correcto con todo el mundo, aunque le cabreara tener que hacerlo.

– Señor. –Sasaki intervino al fin, solo para cortar la perorata infinita con la que el propietario trataba de darle lógica a sus actos egoístas. – Tiene otra reunión en media hora. Si no salimos ya llegaremos tarde.

– Tu hombre de confianza siempre tan previsor. – Makoto asintió, se levantó del sitio un poco aliviado y planchó la chaqueta con los dedos antes de tomar su maletín y tenderle la mano al propietario. –Espero que haga lo que tenga que hacer para subastar la colección lo antes posible.

– Si, no sé que haría sin él. – Le estrechó la mano con rapidez y dirigió sus pasos a la salida. – Mañana mismo tendrá todo listo. Si la reunión no me lleva mucho tiempo lo tendrá para esta misma tarde.

–Eso espero. – Sacudió la mano en el aire y le siguió con la mirada hasta que salió del cuarto.

Los pasos que le separaban del coche se le hicieron los mas largos de su vida. Necesitaba la intimidad del pequeño cubículo de la parte trasera del coche para poder quitarse esa máscara seria y pensar en voz alta un par de obscenidades contra ese gilipollas ricachón y carente de delicadeza y aprecio por el arte.

Si no fuera por esas cosas su trabajo sería una auténtica maravilla.

Estuvo tentado a mirar el móvil un par de veces, pero en su lugar se limitó a repasar su agenda con atención. Le quedaban media docena de reuniones, una comida aburrida con un par de hosteleros en vistas de sendas exposiciones en sus locales y arreglar el trabajo del que acababa de salir.

Llamó primero al tasador y luego al experto en arte para que rehicieran el catalogo ese mismo día, con la promesa de que le llamaran en cuando estuviera disponible.

Suspiró de nuevo.

Cerró la agenda y la apoyó en su muslo. La mirada puesta en la calle, mas allá del cristal de la ventanilla. No debería perder el tiempo en el paisaje, tenía muchos datos que revisar, nombres y horas, pero necesitaba abstraerse aunque solo fuera por un par de minutos.

Sin saber muy bien por qué su mente va hasta el recuerdo de Tetsuya. Va a casarse con él, de nuevo. Debería sentirse eufórico, rebosante de felicidad, o al menos un poco mas alegre de lo que estaba en ese momento y solo tenía tiempo para el trabajo.

El coche se detiene al igual que sus pensamientos.

– Sasaki… –Lo dice lo suficientemente alto como para ser escuchado. – Antes de comer quiero ir a cambiarme de ropa, y una ducha estaría bien…

– Llevo un traje nuevo en el coche, señor. – Cierra la puerta justo cuando se baja y le indica con la mano abierta el camino que debe tomar. –Buscaré una habitación cerca del restaurante donde pueda refrescarse.

Makoto asiente, no muy convencido pero lo hace. No tiene ninguna gana de discutir… al menos de momento.

…..

El clima es agradable. Lo único malo de estar esperando en la calle es que tiene hambre, y sed… y aún no ha pensado que hará cuando tenga necesidad de ir al cuarto de baño.

Por suerte, uno de los panecillos dulces sigue en su poder, de una pieza.

Makoto sigue con el teléfono apagado, en silencio o fuera del área de cobertura. Supone que llamarle de nuevo no es buena idea, y no quiere rendirse aún.

Podría simplemente dejarle un mensaje y volver a casa. Consulta la hora, y se lleva una pequeña sorpresa.

Son mas de las cinco de la tarde. Lleva horas ahí sentado, mirando alternativamente la vida en la plaza frente a él y el acceso al hotel, tanto los coches como los transeúntes.

Su estómago ruge, con la suficiente saña como para que consumir ese panecillo que tiene guardado le parezca una idea de lo mas apetecible.

Llega un coche, pero eso no le impide tomar un pedazo del suculento bollito y llevarlo a los labios. Una mujer desciende de la parte trasera, lo que le hace suspirar.

No es él, no es su marido.

Su vista regresa a un músico en la plaza. Está lo suficientemente lejos como para no verle claramente, pero lo bastante cerca como para escuchar su melodía con cierta claridad. Parece un anciano, ajado y lento.

El arco se desliza por el violín pausando la pieza adrede. No sabe si es una licencia que se toma el intérprete o es que no puede, o quiere, tocarla a la velocidad correcta.

La cuestión es que le gusta, tanto que pone su atención en disfrutar de las notas por completo. No conoce el título, ni el autor, aunque le resulta de lo mas familiar.

Sin saber muy bien la razón, graba una parte en su móvil, quizá para volver a escucharla, o simplemente para averiguar el título cuando su vida no sea una montaña rusa emocional.

Escucha los aplausos de las personas que se han arremolinado alrededor, incluso él mismo palmea durante unos segundos, agradecido en cierto modo por el honor de disfrutar de esa canción, en ese lugar tan maravilloso.

Aunque no haya rastro de su marido; eso lo hace un poco menos interesante.

Las piezas se suceden, unas tras otras. Siempre aplausos al final de cada una. Parece que el resto de artistas que pueblan la plaza son un poquito menos aclamados desde que ese violín ha llegado al lugar, y a Kuroko se le empieza a hacer la espera un poco mas liviana y agradable.

Hace un buen rato que no es consciente del paso del tiempo, ni de que la piedra del banco en el que está sentado se le clava en el trasero con cierta saña.

Cruza las piernas sobre el banco y abraza su equipaje con los dos brazos extendidos.

Tirita.

Hace un poco de frío, es casi de noche. Debería buscar un sitio donde pasar la noche, aunque prefiere esperar un poco mas, solo por si acaso vuelve Makoto y por fin puede darle la sorpresa.

….

Noche cerrada.

Le duele la cabeza, el trasero, la espalda… el alma.

Tiene un montón de trabajo que hacer, por supuesto, para el día siguiente.

Todos esos ricachones quieren las cosas rápido y bien hechas. Que él se quede sin comer o dormir no parece ser un problema que les quite el sueño. Su dinero lo compra todo.

Sentado en el asiento trasero repasa todos los documentos que la limitada luz del interior del vehículo le deja.

Por suerte la mayoría de sus citas para el día siguiente puede liquidarlas por teléfono. La documentación necesaria para el transporte y exposición puede enviarla mediante un mensajero, por lo que su día se presenta de repente mucho mas liviano que el que apenas termina.

Necesita dormir, mucho. Un buen baño, uno largo y reparador estaría bien. Agua bien caliente, espuma… Su estómago emite un pequeño siseo que le indica que tiene hambre, eso también estaría bien, una opulenta cena, entrantes, primer y segundo plato… un dulce y chorreante postre. Flan… o algo de tarta.

Casi suspira de placer cuando el coche entra en el parking del hotel y por fin Sasaki abre su puerta para que salga.

El acceso a la planta superior del hotel está casi desierto. Solo se cruza con un par de personas, una de las limpiadoras y un camarero empujando un carrito con la cena de otra habitación.

–Señor, no se olvide que mañana hay que estar listos a primera hora. – Le detiene antes de entrar a su propia habitación. –No se acueste muy tarde. Recuerde que la puntualidad es una virtud memorable.

– Lo tengo presente, gracias Sasaki. – aprieta los labios en un pequeño mohín, pero asiente en señal de entendimiento. – Que descanses.

No recuerda donde ha guardado la tarjeta que abre su habitación, por lo que dedica unos segundos a rebuscar en sus bolsillos. El móvil aparece en uno de la chaqueta aunque ahora mismo no se encuentre con ganas de llamar a nadie.

Por suerte el mecanismo de la puerta reacciona con la cercanía y simplemente se abre sin que haya encontrado la maldita tarjeta escurridiza.

Deja el maletín que siempre lo acompaña en la silla de la entrada y el teléfono sobre el. Desabrocha la corbata y va directamente a la sala de estar para encender la tele. Se descalza sin desabrochar los brillantes zapatos de piel marrón que viste y camina descalzo por la alfombra que corona la habitación solo por el simple placer de sentir la suavidad de las fibras en sus plantas.

Los gemelos emiten un tintineo al caer en la copa de cristal en el centro de la mesa. Tironea de los puños de la camisa hasta casi sacarlos del límite de las mangas de la chaqueta.

Con la cabeza casi metida en la nevera revolviendo las botellitas ridículas que llenan cada rincón del electrodoméstico escucha que alguien llama a la puerta.

No ha pedido aún su cena, de hecho no está muy seguro de que haya nadie en la cocina a esa hora y tampoco recuerda nada de última hora que Sasaki haya olvidado decirle; como sea alguien de la prensa se llevará un puñetazo en los morros. Hoy no tiene el día para ser amable con nadie…

Llena los pulmones antes de abrir de un tirón y mirar fijamente a la persona del otro lado.

Es una de las recepcionistas del hotel. Ni siquiera se molesta en mirar su nombre en la chapa que lleva en la chaqueta del uniforme. Su cara de sorpresa es difícil de disimular.

La mujer le mira igualmente sorprendida. Está con la camisa abierta por un par de botones aunque aún lleva la chaqueta puesta. Está descalzo y, por que no decirlo, despeinado y con una incipiente barba de la que ni él mismo es consciente.

Espera unos segundos a que la mujer diga algo. Supone que no ha llamado a su puerta solo para mirarle con cara de pasmo.

– Perdón si le molesto. Soy consciente de que es muy tarde y de que usted mismo ha manifestado que no quiere que nadie le moleste… pero creo que debe saberlo. – Hace una pausa, como si buscara las palabras adecuadas para seguir hablando. Esperaba que el hombre se comportara de lo mas déspota, y sin embargo la miraba esperando pacientemente sus palabras.

– ¿Qué es lo que debo saber? – Suena mas intrigado que molesto.

– Verá… seguro que no es nada, y si es así me disculpo, de verás… pero esta mañana a primera hora ha venido un hombre buscándole. –No es que sea ninguna novedad pero la mujer decide darle toda la información. –En cierto modo es culpa mía, no he querido atenderle y el gerente le ha … "invitado" a que abandone las instalaciones del hotel sin ponerle en contacto con usted… la cuestión es que sigue esperándole, está en la calle…

– ¿Ha dicho quien era? – Pregunta dulcemente, la mujer parece tragar trabajosamente, apurada. –¿La persona que preguntó por mí, se identificó de algún modo?

Está claro que pasa algo o esa mujer no estaría a punto de sufrir un colapso.

– Dijo que era su esposo. – Makoto alza las cejas, incrédulo. – Es posible que no lo sea, que sea otra persona… pero sigue ahí. – Señala a la ventana que da a la plaza. – Solo tiene que mirar por la ventana. En el banco que hay frente a la entrada.

Por un momento, solo uno, la posibilidad de que sea una especie de trampa le pasa por la cabeza. Para su descanso ve a Sasaki en el pasillo, que obviamente a acudido al escucharles hablar. Sigue con su traje impecablemente vestido, no parece haber desabrochado ni un botón.

No pierde nada con asomarse, aunque solo sea por un pequeño espacio entre las cortinas.

Recorre la plaza con la mirada. Está en silencio, oscura. Apenas unas pocas farolas riegan intermitentemente con su luz unos pocos metros. Por suerte una de ellas alumbra directamente el banco de piedra al que se refiere la recepcionista.

Hay alguien acurrucado sobre la fría piedra, aferrado a lo que le parece una maleta, mochila, o algo de equipaje. Aunque no es eso lo que le hace salir disparado a la puerta de la habitación.

Es su figura, su pelo, que a pesar de la poca luz puede distinguir claramente.

Una parte de su mente le grita que es imposible que Tetsuya esté ahí, en Florencia. Que seguramente sea alguien que se le parezca… aunque sería una tremenda casualidad que justamente preguntara por él.

Pero la otra parte, una pequeñita y alocada, está terriblemente feliz de verle ahí, de pensar que ha recorrido la mitad del mundo para estar con él, que le ha esperado en ese lugar tan horroroso solo por verle.

Y es justo esa parte la que le hace salir corriendo en su búsqueda, descalzo y destartalado, dejando la puerta de su habitación abierta y a su hombre de confianza en el pasillo preguntándose que demonios es lo que ocurre.

Recorre a la carrera el pasillo y baja los escalones de tres en tres. Pasa como un suspiro por el hall y simplemente empuja la puerta con el peso de su cuerpo para llegar a la calle sin esperar a que se la abran.

Cruza la calle y se agacha junto a la bolita que forma el cuerpo enroscado del banco.

– ¿Tetsu? – Solo necesita apartar un poco la maleta para ver su rostro. Está dormido, aferrado al equipaje con fuerza. No debería pero le hace sonreír. –¿Qué estás haciendo aquí? Por todos los… ¡Despierta! Estás helado.

Se quita la chaqueta, la posa en sus hombros después de casi obligarle de un tirón a sentarse. Acaricia la tela por fuera con fuertes movimientos para hacerle entrar en calor.

Tetsuya le mira, adormilado. Ni siquiera es consciente de que hace demasiado frío para su escueta camiseta, ni de que el pequeño gesto de su esposo está haciendo efecto, calentando su carne con caricias nerviosas.

– Sorpresa… – Le obliga a parar las manos, mira su rostro preocupado. Se alegra, un poco. Hacía muchos años que no veía esa faceta de su marido en primera fila; Hanamiya preocupado por algo o alguien que no está relacionado con su trabajo.

– ¡Que sorpresa ni que ocho cuartos! ¿Se puede saber que demonios haces aquí? – Está enfadado, o se está enfadando con el paso de los segundos.

– ¿Aquí en Florencia o en la calle? –Sabe que diga lo que diga está en un pequeño lío.

– En la calle. – Le abraza con la suficiente fuerza como para levantarlos a los dos. Toma su equipaje sin soltarle del abrazo con el que abarca sus hombros y dirige sus pasos de nuevo al hotel.

– No me han dejado entrar. – Makoto detiene sus pasos y le mira, incrédulo. – He intentado de todo… pero no ha servido.

– ¿Porqué no me has llamado? – El portero sostiene la puerta para que entren los dos sin entender muy bien que es lo que pasa.

– Lo he hecho…. Dos veces cada hora, desde que estoy esperando. – Sabe que no le está mintiendo aún así, le mira con una expresión que dice a las claras que lo va a comprobar en cuanto ponga un pie en la habitación… – No quería molestarte pero…

– Está bien, no pasa nada. – Entiende que su enfado es absurdo. Tiene una bola de emociones en su cabeza y estómago que no le dejan pensar mas allá que llevar a Tetsuya a la habitación y comprobar que puede cubrir todas sus necesidades en la mayor brevedad posible.

Pasa de largo la recepción, de hecho la ignora deliberadamente; ya acudirá en otro momento a que le den explicaciones precisas y recorre el pasillo que conecta con la zona su habitación sin romper el tacto que los une.

Sasaki sigue en la puerta de su habitación, la mujer de la recepción también.

– Señor… –El hombre sale a su paso, sorprendido.

– Está bien, vete a dormir. Yo me ocupo. – Makoto le indica que vuelva a su cuarto con esas palabras.

– Perdóneme Señor, no sabía que usted.. – Su disculpa es ignorada y los dos entran en su habitación sin tenerla en cuenta. Aunque Tetsuya quiere escuchar lo que tiene que decir, su marido tiene otras preocupaciones en mente que no incluyen los desvaríos de esa señora tan incompetente que ha dejado a su esposo en la calle como si fuera un cualquiera.

Solo cuando por fín están a solas le encara.

Por un instante, solo uno, le parece una aparición. Debe estar realmente cansado para tener una alucinación tan vivida que casi puede tocarlo.

Lo hace, le toca.

Tiene un millón de preguntas que hacer, y no sabe ni por donde empezar.

–Creí que estabas muy liado con las cosas de la boda. – Es una estupidez pero es lo primero que se le ocurre para romper el hielo. – ¿Cómo has llegado aquí?,¿Cómo me has encontrado?. ¿Y los chicos?…

Tetsuya le calla con un dedo en sus labios. Responde a sus dudas una tras otra, con toda la sinceridad del mundo.

–Te mentí, no quería venir...En un avión, Kise me hizo el favor de encontrarme un asiento de última hora… Tu hermano me dijo que mirase en tu despacho… y los chicos están en casa, he hablado con ellos y se vengarán si nos casamos sin decirles nada…

– Estás aquí… –Como si tratase de hacer real esas palabras toca su hombro…

– Lo siento… no debería. Tienes trabajo y yo solo voy a distraerte de él, pero … –Hace una minúscula pausa, buscando que decir. – Quiero estar contigo, aunque sea un par de minutos al día… yo…

– Es totalmente irresponsable. –Tetsuya baja la mirada, le está regañando y con toda la razón del mundo.

Por eso la siguiente acción le pilla mucho mas desprevenido que el hecho de que segundos antes le estuviera regañanado como a un niño pequeño que ha cometido una travesura.

Un beso. Lento, pausado, casi inocente; nuevo.

Después de tantos años juntos un beso no debería ser nada del otro mundo, sin embargo ese beso, justo ese que acababan de empezar les sorprende y mucho.

Los segundos pasan y el beso se extiende mas allá de los labios. Cuando se separan hay algo, pequeño pero visible, que ha cambiado en ellos.

–Vaya… – Kuroko da un paso atrás, casi para comprobar que aún sigue entero y con todo en su sitio.

–Si… vaya… – Su sonrisa, como la echaba de menos. –Voy a ver si podemos cenar algo. ¿Y si te das un baño para entrar en calor?

– Gracias… la verdad es que tengo hambre. –Aún aturdido por la situación mira alrededor, buscando la puerta del baño.

Un momento a solas sumergido en agua caliente sería estupendo… pero ya que había ido hasta allí por su marido, no estaría mal disfrutar de su compañía.

Le observa mientras habla con el servicio de habitaciones y le indica con el dedo donde se encuentra el baño.

Tetsuya niega, sonríe en su dirección y le tiende la mano para que vaya con él.

En ese momento solo quiere estar con él…

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Gracias por leer y espero que lo hayas disfrutado.

Besitos y mordiskitos

Shiga san