Disclaimer: Los personajes de DBZ no me pertenecen, sino a su creador Akira Toriyama.
EL PROBLEMA
Capítulo #11: Ausencia
Las horas habían avanzado. Y por orden de su madre, el infante permaneció fuera de la morada. La caída del sol comenzaba a teñir de escarlata el firmamento. Aquel manto sonrosado era el paisaje que el infante examinaba impaciente a la espera del arribo de los visitantes.
No tardó en ver cómo el cielo era surcado por una nave, cuya inscripción de la "Corporación Cápsula", le permitió adivinar de quienes se trataba.
—¡Trunks! —saludó entusiasta el infante a su amigo que se aprestaba para abandonar la nave.
—¡Hola Goten! —correspondió el de cabello lila mientras brincaba desde la puerta del avión.
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Una lucha inició por poder apreciar su entorno. Sus párpados se levantaban pesadamente para bajar con ligereza una vez más. Todo allí le parecía difuso y desconocido. Apenas el pálido celeste de las murallas le permitió advertir que se hallaba en su propia habitación. Luego, fue la cercana pero poco inteligible silueta de su madre, acompañada de otra mujer, en quien gracias a su cabellera azulada, pudo reconocer a Bulma; que le veían desde cerca.
—¡Gohan! ¿Te sientes bien? —la sonora voz de su madre lo ayudó a despertar.
—Qué bueno que ya despertaste, Gohan —saludó sonriente, la esposa de Vegeta.
Ya pudiendo apreciar con mayor nitidez a las mujeres, pudo ver en Milk su expresión de preocupación y en la de Bulma, de amabilidad.
—Despiertas justo a tiempo. Ten —pronunció la peliazul, mientras le extendía una mano. El mayor de los Son la miró extrañado.
—Es una semilla del ermitaño. Tu mamá le pidió a la mía que fuéramos por una para ti —la voz infantil, hizo dirigir a Gohan su mirada hacia la puerta de la habitación, desde donde reconoció a Goten y Trunks.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —inquirió mientras se reincorporaba, ignorando la semilla.
—Cerca de dos horas. —contestó ansiosa su madre— Ahora come esa semilla —ordenó.
El muchacho sonrió forzosamente mientras se sentada en el borde de la cama.
—No es necesario. Estoy bien. Disculpen las molestias —pronunció, ahora poniéndose de pie, acción que le hizo soltar un pequeño pero doloroso alarido.
El rostro de su madre se tornó agresivo a la vez que sus dientes castañeaban con estridencia.
—¡Come esa semilla, es una orden! —gruñó la viuda de Gokú, causando el espanto de todos, incluso Gohan. A pesar de todo, su madre no dejaba de intimidarlo.
El bullicio era generalizado. Los estudiantes desfilaban masivamente por los pasillos de Estrella Naranja en medio de diversas conversaciones. Mientras unos comentaban los resultados del partido de fútbol del día anterior, otros se alistaban para el examen que rendirían al llegar al salón, y otros, sobre las novedades que habían dejado las horas de separación de sus amigos. El murmullo masivo, era ignorado por aquella muchacha, quien se dirigía de forma automática hacia su salón. Desde el día en que había enfrentado a Gohan, no lo había vuelto a ver. Se preguntaba si después de aquello él volvería a la preparatoria. Lo más probable es que no lo hiciera, claro, debería temer a que fuera acusado con la policía. Era un cobarde, de seguro no estaría allí. Pero ahora mismo lo comprobaría.
—Hasta que apareces, Videl —saludó amigable, su amiga rubia.
—Hola Ireza —saludó casual, la pelinegra; comprobando que entre ella y Shapner había un hueco. Efectivamente, Gohan no había llegado.
—Ya me estaba preocupando. Llevabas tres días sin asistir a la preparatoria y no atendías mis llamadas —comentó ahora recriminadora su amiga, mientras Videl se sentaba en su lugar.
—Solo estaba ocupada —respondió escuetamente.
—¿No nos vas a contar qué hiciste todos estos días? —cuestionó la rubia —Para que hayas desaparecido por tres días, debió ser algo serio. Tú nunca faltas a clases.
—Quizás deberíamos preguntarle a Gohan —comentó de forma casual, Shapner, generando que la pelinegra dirigiera repentinamente su mirada hacia el muchacho —Coincidentemente él también se ha ausentado todo estos días —añadió del mismo modo.
—¿Cómo dices? —musitó la hija de Míster Satán.
—Es cierto. Gohan también ha estado faltando a clases —informó la rubia —Pero no tiene nada que ver con Videl. A esta niña Gohan no le agrada para nada, así que eso es imposible, Shapner.
Videl solo guardó silencio mientras meditaba.
—"Como lo sospechaba. Resultaste ser solo un cobarde".
El astro rey gobernada con todo su esplendor desde las alturas. El muchacho permanecía sentado sobre una roca, abstraído. Era su tercer día ausentándose a la preparatoria, acto increíblemente dirigido por su madre.
La mujer le había exigido consumir aquella semilla del ermitaño, por lo que en cosa de segundos sus heridas habían desaparecido. Fue así, como ya habiendo llegado el lunes de aquella semana, se alistaba para asistir a la preparatoria. Cumplió con su ritual de higiene, para luego proceder a consumir sus alimentos matutinos y después proceder a tomar su bolso para partir.
—Adiós, mamá; nos vemos Goten —se despidió mientras cruzaba el umbral.
—¿A dónde vas, Gohan? —inquirió su madre suavemente, dejando reposar el plato que secaba sobre un mueble.
—Es lunes, hoy debo ir a la escuela —contestó aturdido el mayor de los Son.
—No. Hoy no irás.
—¿Qué?
—Desde hoy tú y Goten se prepararán para el Torneo de las Artes Marciales, porque ustedes participarán y traerán el premio de los dos primeros lugares —indicó con increíble tranquilidad.
—¿El Torneo de las Artes Marciales, dijiste? Pero mamá, deberé faltar a clases durante algunas semanas para poder entrenar ¿crees que eso estará bien? —cuestionó extrañado de la decisión de su madre.
—Claro que sí. El premio para los dos primeros lugares son de mucho dinero, y necesitarás de mucho entrenamiento para ganar. Luego te pondrás al día con tus estudios.
Era curioso que su madre privilegiara sus entrenamientos por sobre sus estudios; sin embargo, aquella decisión le caía desde el cielo. No debería ver a Videl, el objeto de sus tormentos por algún tiempo. De tal manera, sin mayores cuestionamientos, aceptó la orden de la mujer.
—Está bien —obedeció.
Y ahora estaba allí, si bien el no ver a Videl le quitaba un peso de encima, no todo acababa ahí. La acusación de ser el supuesto asesino de Meiko lo atormentaba; más aún porque traía de regreso aquel sentimiento de culpabilidad por no haberla salvado o no haberla abandonado.
Es por eso, que sintiéndose incapaz de prestarle mayor atención a su entrenamiento, lo evadía dándole instrucciones a Goten; donde de forma reiterativa aparecía la de dar algunas vueltas al planeta, tarea en la que se hallaba precisamente en aquel instante el infante.
Las campanas resonaron por toda Estrella Naranja y el bullicio generalizado dio inicio después de largas horas de silencio. Las clases finalizaban por aquella semana, y Videl se retiraba en silencio, abstraída en sus propias meditaciones, contrastando con el entusiasmo del resto de los jóvenes que parecían abrazar el descanso del fin de semana que los esperaba tras las puertas de aquel edificio.
Gohan se había ausentado por toda aquella semana. Había advertido que era todo un "cerebrito" y que no faltaría sin motivos por tantos días a la escuela. Ahora comenzaba a sospechar que seguramente había renunciado a aquella preparatoria para desaparecer sin dejar rastros.
Entonces ¿aquella sería su venganza? ¿Golpearlo para darle un escarmiento para que no volviera a aparecer? Aunque la paliza que le había propinado justificaba aquella ausencia. Lo había dejado tirado en el suelo malherido y sin auxilio inmediato. Aquella región donde vivía no tenía un hospital próximo, y si su madre no era una enfermera, su vida podría correr peligro. Claro, con aquellas esferas de energía con las que lo había atacado, ningún humano resistiría.
¿Y si murió?
Aquella nueva interrogante hizo que un sutil escalofrío recorriera su cuerpo. Si bien buscaba hacer justicia, no pretendía matarlo. Claro que no, ella no era una asesina. Solo que se dejó llevar por su ira e hirió a Gohan hasta que sus propias energías se vieron agotadas.
El temor y la preocupación la invadieron. Quizás no debería haber actuado sola, debería haberle consultado a alguien, alguien como… su padre. Inevitablemente, debería hacerlo.
El hombre ingresó a la vivienda con majestuosidad. El flash de las cámaras y las palabras cargadas de admiración por los periodistas colmaba su espíritu de grandiosidad, gracias a la fama que le había brindado ser el "salvador del planeta" tras derrotar a Cell.
A veces su inconsciente, le hacía viajar al día de aquella batalla y todo lo que presenció. Pasaba saliva con temor al pensar qué sería de él si aquel niño desconocido que había acabado con el androide, apareciera reclamando su lugar como verdadero salvador de la Tierra; pero la pompa con que era recibido en cada lugar que visitaba, acababa por desvanecer sus temores y preocupaciones.
Al ingresar a la mansión, fue recibido por uno de los empleados que le daba la bienvenida al hogar. Le entregó su capa blanca, que había lucido durante la entrevista que había ofrecido aquella tarde, con motivo del próximo Torneo de las Artes Marciales donde sería el atractivo principal.
—Me siento cansado, así que iré a mi despacho —le dijo al hombre, dirigiéndose al lugar.
Abrió enérgicamente las puertas de aquella habitación. La brisa fresca del aire acondicionado golpeó con delicadeza su rostro. Cerró la puerta tras de él, para caminar por el despacho. Las murallas de barniz oscuro, eran ornamentadas por fotografías del hombre exhibiendo su fortaleza física, además de distintos reconocimientos recibidos por haber derrotado a Cell y otros premios "menores" por haber ganado distintas competencias de artes marciales, los cuales, paradójicamente eran por su auténtico mérito.
Se sentó en su escritorio, sacando de uno de sus cajones un puro y una caja de fósforos para poder inhalar un poco de aquel adictivo y relajante humo. Luego de haber consumido un poco del tubo de tabaco, su mirada plácida bajó hacia su escritorio, deteniéndose en la fotografía que enmarcada estaba frente a él. En ella, reconoció los sincrónicos y naturales rostros jubilosos de sus dos hijas, su esposa y él mismo.
—"Mi familia" —pensó nostálgico.
Volvió a inhalar una nueva bocanada de su puro para eliminar el humo suavemente.
—¿Qué me dirías mujer en este momento? De seguro estarías regañándome por fumar —monologó reflexivo.
Tras acabar con su puro, caminó hasta su mini bar para sacar una botella de whisky, deseaba algo de calor en su garganta; sin embargo, en aquel momento, alguien llamó a la puerta, interrumpiendo su acción.
—¿Quién es? —cuestionó.
—Soy yo, papá.
—¡Videl, adelante! Puedes pasar.
La muchacha ingresó al cuarto y al contrario de su padre, la bienvenida se la dio el tóxico residuo del tabaco recién consumido. No tardó en advertir que el hombre ahora depositaba whisky dentro de un vaso con hielo en su interior.
—Papá ¿no crees que eso está mal? Fumar y beber afectará a tus entrenamientos —expresó la muchacha frunciendo el ceño.
—Pero qué dices, Videl. Tu padre está en excelentes condiciones, no te preocupes —respondió despreocupado.
—Creo que no has entrenado lo suficiente y con eso que estás haciendo no podrás pelear bien. Recuerda que se acerca el Torneo de las Artes Marciales.
—Sí, Videl. No te preocupes, todo está bajo control —dijo ahora, el campeón mundial, mientras tomaba asiento tras su escritorio, acto que fue imitado por su hija, que se sentó frente a él.
—Pero dime, hija ¿qué te trae por aquí? —inquirió ahora el hombre de forma casual.
La muchacha sintió cómo su cuerpo se ponía alerta ante la pregunta de su padre. Era curioso que ella estuviera reprendiéndolo por algo tan simple, cuando ella seguramente había cometido un acto mucho más cuestionable. Su corazón galopaba incesantemente en su pecho. La actual tranquilidad de su padre, contrastante con la ira que despertaría en él enterarse que ella, su hija cobró justicia por sus propias manos convirtiéndose probablemente en una asesina, inquietó a la adolescente.
Quizás no sería tan buena idea contarle a su padre lo que había hecho. ¿Y si intentaba averiguar por sus propios medios si Gohan seguía con vida? Ella sabía donde encontrarlo, solo debía ir hasta su casa y averiguarlo. Pero ¿si él estaba muerto y su hermano menor la acusaba como la sospechosa? O tal vez él no estaba muerto, y la acusaría por la agresión. No, no podía ser tan estúpido como para acusarla, él caería junto con ella.
—¿Pasa algo, Videl? —preguntó extrañado, el hombre ante el silencio de su hija.
—No, no es nada, papá. Disculpa.
—Entonces ¿me dirás a qué viniste?
—Sí, claro.
Había ido decidida a contarle todo a su padre; pero el temor nubló su determinación, por lo que debía optar por un improvisado plan. Si bien no le contaría nada a su padre por ahora, podía sacar algo en aquella conversación.
—Papá —inició vacilante —He estado pensando últimamente. Ya que hace un tiempo, se ha cumplido un año de la muerte de mi hermana —ante aquella mención, el hombre dirigió su atención a la muchacha —Creo que ha pasado bastante tiempo, y no se ha sabido nada de su asesino ¿No crees que deberíamos investigarlo? —inquirió con sigilo.
El hombre dejó su vaso de whisky sobre el escritorio, soltando un suspiro reflexivo, mientras fijaba su mirada nuevamente en la fotografía de su familia, posando su atención, ahora en su hija menor.
—No sabes cómo me gustaría poder hacerlo, Videl. Pero tú y yo sabemos que no existen mayores antecedentes sobre su asesino. Tu madre no está y solo ella podríamos encontrarlo. Es difícil encontrar a un chiquillo llamado Gohan en todo el planeta, deben haber muchos. Filtrar por su nombre y por su cabello rubio no es suficiente porque…
—¿Qué dijiste? —la muchacha interrumpió sorprendida, el monólogo de su padre —Gohan ¿rubio?
—Claro, ¿nunca te lo dije, verdad? Bueno, eso fue porque era un dato muy cruel. Durante la autopsia al cuerpo de tu hermana, encontraron un mechón de cabello rubio en su mano derecha. Se concluyó que ese era el cabello de su asesino, y que tu hermana luchó por no morir. No quería que ni tú ni tu madre sufrieran más por lo sucedido, y por eso les oculté esa información.
Videl permanecía paralizada y pálida, abrumada por la información entregada por su padre, la que la hacía llegar a una sola conclusión: Gohan no era el asesino de Meiko.
MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LEER, ESPERO HAYA SIDO DE SU AGRADO : D
Mis agradecimientos especiales a Vanessa NekoChan, Majo24, aira240302, Ferunando, Guest, Fabiola.H.J , Usuario865, AnEmig-Chan, ScarDreamer y Guest por sus apreciaciones, a cada uno de ellos, muchísimas gracias n.n
