Los personajes no me pertenecen, son obra de mi más admirada sensei Rumiko Takahashi la cual hizo que mi mente quedara tan traumada que tuve que ir a dar a un consultorio y por lo tanto mi siquiatra me recomendó desahogarme en algo, por lo que no tuve más opción que sacar las ideas que se quedaron en mi mente al no ver el tan ansiado final que muchas de nosotras (os) deseamos (Ranma y Akane casados y diciéndose lo enamorados que están uno del otro finalizando con un apasionado beso.)
-los personajes hablan-
"Los personajes piensan"
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:- Cambio de escena
Notas de la autora.
(La opinión de Akane irónica)
Capitulo Once.
Querido diario: ¿Que te puedo decir de cómo comenzó y transcurrió mi día? Se me vino encima un terremoto, al inicio todo pareció calmado, cuando abrí mis ojos escuche el canto de los pájaros y a lo lejos el murmullo del viento meciendo las hojas de los árboles, me quede un momento así disfrutando de la paz y la tranquilidad que pocas veces se deleitan en la casa, ya extrañaba mi hogar, el calor de mi familia y la comodidad de mi cuarto, entonces escuché a lo lejos el sonido de los golpes cuando uno entrena, te imaginaras quien era, lo reconocí de inmediato, y no por el hecho de que su sola presencia hacía que las terminales nerviosas de mi cuerpo se activaran aún y cuando estuviéramos a metros de distancia, sino porque en esta casa somos los únicos que asemos ejercicio desde temprano "a veces, sobre todo cuando lo levanto con el balde helado", y sé que era temprano porque el aire que se colaba por mi ventana era refrescante, con lentitud me puse de pie, porque aunque lo que yo veía era obscuridad y negrura, sabía perfectamente reconocer cada espacio de ese cuarto que fue mío desde bebé. Es maravilloso sentir las cientos de texturas que existen en el mundo y que uno no se da tiempo de reconocer, la suavidad y estructura textil manejable de las sabanas, lo llano y frio de la duela, los bordes y filos simétricos de los muebles cómo mi escritorio, y el frescor y eterno espacio de las afueras de mi ventana, porque aunque yo no podía ver lo que existe a mi alrededor sé que hay muchas cosas, pero aunque no las hubiera disfrutaría de ese espacio; Allí estuve varios instantes hasta que escuche uno suaves golpes secos en la puerta, supuse que era alguna de mis hermanas así que solo les dije que pasaran y seguí disfrutando de la brisa mañanera cargada del rocío y perfume de primavera.
Al final era mi hermana Kasumi, quería saber si necesitaba ayuda, era claro que la necesitaba, no podía elegir nada ni ponérmelo por mí misma sin saber cuál era el derecho y el revés, saberlo me hacía sentir de lo más inútil y estorbosa, mi hermana pareció notarlo porque me dijo que estaba bien, que a pesar de lo que pudiera estar pensando yo nunca sería una carga, y además de que era muy afortunada, mucha gente tenía más impedimentos que los retenía y los hacían depender no solo de otra persona, sino de aparatos para vivir.
Esas palabras se me clavaron en el cerebro y una vez que estuve sola de nuevo me puse a pensar. Desde el accidente había estado sintiéndome un estorbo y quejándome de mi padecimiento, aunque no era frente a mi familia si era conmigo, nunca me puse a pensar de que soy mucho más afortunada que miles de gente que depende de respiradores, de sillas de rueda o de aparatos que te limpian la sangre para vivir, que muchos solo tiene dos meses o más y que se acaban lentamente por alguna clase de enfermedad mortal, además de que el último y más importante diagnostico no estaba hecho, con aquello en mente decidí ya no quejarme, porque por eso era que mi prometido no me creía el que todo estaba bien, él me conocía muy bien, con los demás podía fingir pero con él no, me levante de mi cama en donde en ese momento estaba sentada y con lentitud llegue a la puerta, tenía cuidado de no golpearme con cosas o tirarlas, al final llegue sana y salva.
Flash Back: El joven de la trenza estaba ansioso y tenso parado frente a una puerta con el patito de madera que tanto la caracterizaba, no sabía si debía tocar o no, había estado viendo minutos antes a su prometida desde la ventana, él estaba haciendo sus ejercicios matutinos ya que había decidido levantarse temprano, o más bien porque no había dormido en casi toda la noche, entonces al vio, la mirada rozagante perdida en el limbo, pero aun así su rostro parecía estar disfrutando mucho, el viento mecía sus cabellos cortos con suavidad dejando ver la piel de porcelana de sus mejillas, sin saberlo un ligero sonrojo le coloreo las suyas, disfrutaba demasiado el verla así, en realidad disfrutaba demasiado con todo lo que era ella, con su sonrisa, con su cabello al compas del viento, con la suavidad de su cuerpo cuando la cargaba para huir de cualquier número de locos que abundaban en la ciudad, en fin, disfrutaba incluso los vuelos aéreos que ella le regalaba gratis, sin embargo, ahora ni siquiera podía pegarle certeramente en la cabeza, aun se estremecía por el recuerdo del profundo dolor de la noche anterior y del esfuerzo enorme al bajar las escaleras para ir por una bolsa de hielo, en cuanto su madre lo vio junto con Kasumi le preguntaron qué era lo que le había pasado, Soun como siempre se puso a llorar y le dijo con su acostumbrada cabeza gigante de demonio que tenía que cuidar más a la descendencia y al futuro heredero de las escuelas de combate libre, había estado gran parte de la noche molesto, pero luego su conciencia lo empezó a atenazar con el recuerdo de por quién ella estaba así, por lo que ahora se encontraba frente a su puerta temiendo tocar y que ella lo echara a patadas, si es que conseguía darle una, sin embargo el escalofrió que le recorrió la espina dorsal le suplicó que solo fuera un algún costado para mandarlo a volar, porque otro golpe así no lo resistiría. Cuando al fin reunió el valor y después de decirse que él era un Saotome y no un cobarde miró convertido en piedra de la impresión como la puerta se abría.
Por fin abrió la puerta, se llevo un ligero tropezón en su caminata con unas mancuernillas pero nada más, al momento sintió que un perfume peculiar le llegaba a la nariz extendió la mano y sintió el torso de la otra persona, sin embargo lo que obtuvo fue un respingo, al momento miles de pequeños cortos atenazaron su cuerpo.
-O…Oayu Akane.- Fue la ronca respuesta de su prometido que le murmuraba con un matiz de miedo en la voz, sin saber porque no pudo evitar fruncir el seño, algo le pasaba, una reacción así no era normal en él.
-Oayu Ranma, que tal amaneciste.- Fue la respuesta de la joven heredera, sin embargo el jovencito temblaba como una hoja y un sudor frio le recorrió por la espalada, la expresión del seño fruncido en su novia le empezaba a dar temor, sin saber por qué tomó sus manos en un puño frente a la parte sensible que había sufrido los embates de la rabia de su prometida la noche anterior.
-E… bien… jejeje, lo que pasa es que venía a v…ver si no que…querías que te acompañara con el doc. …doctor Toffú.- Escucho la nerviosa respuesta de su prometido, algo le decía que algo raro le pasaba, sin embargo dejo de lado eso y se acercó a su prometido con afán de tomarle la mano.
-Que… que haces.- Le dijo el joven de la trenza mientras retrocedía al ver que su prometida se acercaba con las manos extendidas hasta donde él, instantes después sintió como le tomaba la mano después de recorrerle el pecho y los brazos.
-Tú qué crees baka, necesito que me lleves el comedor para desayunar he irnos.- Le dijo la joven quien ya se empezaba a irritar por la actitud sospechosa de su iinazuke.
-¡Ha! S...si claro, jejeje disculpa, lo que pasa es que ando algo cansado por el entrenamiento.- Le dijo a modo de escusa el joven artista mientras la guiaba y trataba de evitar que sus manos siguieran sudando a causa del nerviosismo que lo invadía, era cierto que era un Saotome, pero su hermosa iinazuke no dejaba de ser ruda y torpe aun y con su ceguera, por lo que no podía evitar tenerle miedo y más por la noche anterior en que puso en riesgo la vida del futuro descendiente Saotome-Tendo.
Instantes después ya se encontraban en la salida del dollo encaminados rumbo al consultorio del Doctor Toffú. La joven iba con el brazo entrelazado en el de su prometido, se sentía feliz, porque aunque no fuera por los motivos que quisiera él joven Saotome la estaba tratando con paciencia y caballerosidad, algo que un su vocablo no existía, disfruto del la brisa que le acariciaba el rostro, el sonido de la ciudad y de la gente que murmuraba la bonita pareja que hacían, pero sobre todo, disfruto la compañía, el calor y la sencillez de aquel simple gesto que significaba todo y nada, eran esos detalles los que siempre agradecía porque eran los que le alumbraban el corazón y los guardaba por la eternidad.
En eso sintió un abrupto movimiento y segundos después la mano de su prometido alrededor de la cintura y la otra debajo de sus piernas mientras era elevada en el aire.
El muchacho más famoso de Nerima ahora tenía a su prometida en brazos mientras una de las locas de sus prometidas lo seguía de cerca, de no haber reaccionado a tiempo muy probablemente las rosas negras de instantes atrás hubieran estallado sobre su prometida, la había estado observando sonrojado mientras la llevaba con su brazo entre el hueco que formó él con el suyo, se miraba tan delicada y femenina con aquel sencillo vestido blanco de tirantes, los rayos del sol iluminaban la piel pálida y suave de sus mejillas las cuales se coloreaban debido a esto, además de que aunque miraba al frente formaba esa sonrisa que lo derretía y lo dejaba en el cielo con cara de idiota, esa sonrisa que solo le pertenecía a él aunque ella no lo supiera, había escuchado entre el murmullo de la gente que los miraba la bonita pareja que hacían, aquello lo dejo más atontado y con la sonrisa más idiota que había formado en su vida, de no ser por su sexto sentido muy probablemente la demente esa que se decía ser su prometida la hubiera lastimado.
-¡Akane Tendo, no sé qué hechizo dejaste caer sobre mi amado Ranma-sama pero prometo que cabaré contigo para poder liberarlo de este y que nuestro amor vuelva a ser tan poderoso y abrasador como el fuego!- Escuchó el grito de una de las inconfundibles locas que perseguía a su joven iinazuke después del cientos de estruendos que se alejaban, parecía ser que su día no sería tan tranquilo como esperaban que fueran. El joven de la trenza corría a toda velocidad tratando de esquivar el listón de gimnasia que la rosa negra le lanzaba tratado de atrapar a su joven heredera y de paso a él.
-¡Kodachi, ya déjame en paz! ¡Shimatta quien te dijo que sentía amor por ti!- Le gritó el oji-azul mientras saltaba con más velocidad sobre los tejados para perder a la rosa negra, de lejos escuchó cómo se desvanecía el grito desesperado de esta.
-¡No te preocupes Ranma mi amor, prometo que pronto estaremos juntos y ninguna de las artimañas de esa plebeya nos lo impedirá!-
Siguió andando por entre los tejados hasta que vislumbró el edifico de Doctor, con algo de orgullo pensó en voz alta. –Je, pobre loca, de verdad cree que es necesario que me hechicen para estar contigo.-
-Que… Qué dijiste… Ranma…- Escuchó que le decía la peli-azul mientras elevaba el rostro hacia donde sentía que era el rostro de su prometido, las palabras de él resonaron en su cerebro y en su corazón, él quería estar con ella, él quería hacerlo sin ninguna necesidad. Al momento de que reacciono lo que había dicho en voz alta sintió que todo su cuerpo se tensaba, sin saber por qué la vio y reiteradamente un intenso sonrojo lo invadió, no podía creer que nuevamente se le salieran las cosas sin control, no obstante al verla tan hermosa con aquella mirada iluminada que parecía poder verla se sintió perder en el estrellato, no podía dejar de observarla y ni cuenta se había dado de que ya estaban frente a el consultorio.
-Yo… este yo… Akane, es que tú… yo.- Le dijo en un suspiro mientras sentía nuevamente aquella fuerza extraña que lo impulsaba a acercarse más y más y perderse en esas lagunas avellanas que tanto color le daban a su vida. En eso un sonido los hizo volver a la realidad y despedirse del mundo rosa en el que se encontraban.
-Cof, cof… Disculpen si interrumpí chicos, lo que pasa es que como tocaron a la puerta pensé que querían pasar.- Les dijo el doctor Toffú mientras se rascaba la cabeza y una sonrisa tonta se formaba en su rostro al verlos tan de cerca. Lo joven peli-azul sintió que la cara se le encendía al rojo vivo, sin embargo su prometido parecía que se había vuelto piedra por lo que con suavidad puso lo más cuidadosamente posible un pie en el piso y después el otro sin dejar de ver más de lo apropiado ya que con la falda del vestido todo podía pasar, con lentitud se separo de su prometido sintiendo intensos deseos de aniquilar con sus propias manos al buen doctor que en ese momento solo se escuchaba que reía por lo bajo. Giro el cuerpo y con toda la vergüenza acumulada en el rostro hizo una reverencia mientras esperaba que el joven de la trenza saliera de su trance.
-Buenos días doctor, por supuesto que no interrumpió nada- Le dijo la jovencita mientras imaginaba miles de formas de descuartizar a él doctor. –Lo que pasa es que nos venía siguiendo una loca desquiciada que trataba de atacarnos y Ranma me cargo para huir más rápido.- Murmuro mientras se enderezaba sin darse cuenta de que se había inclinado ante un perro callejero que pasaba.
El joven de la trenza salió del trance vergonzoso en el que literalmente se volvía de piedra para mirar como su joven prometida le hablaba ante un perro, con el sonrojo aun evidente en su rostro y el seño fruncido la tomó de los hombros para guiarla hacia donde se encontraba el joven doctor.
-Lo siento Doctor, lo que pasa es que Akane acaba de sufrir un accidente, pero quisiéramos explicarle mejor dentro del consultorio.- Le dijo mirando ya a los ojos a un sorprendido doctor que los miraba con una gran gota en la frente, media hora después y mientras este terminaba de hacerle unos chequeos a la retina y al iris el joven oji-azul lo miraba con ansia mientras esperaba una respuesta favorable.
-Pues miren, tengo una ligera idea de lo que pudo haber pasado, pero para eso tengo que hacerle unos análisis, al parecer el porrazo y estruendo produjo un gran golpe interno en el cerebro por lo que te mandare a hacer una resonancia magnética nuclear con la que además te harán un mapeo cerebral, así veremos si mi intuición es correcta.- Les contesto el doctor mientras anotaba la orden de los exámenes.
La jovencita apretó la mano de su prometido que no la había soltado para nada y sonrió hacía donde sabía que se encontraba, diciéndole a modo silencioso que todo estaba bien, que mientras estuviera con ella a sí sería.
-Aquí tienen, serán para mañana a las doce del día en el hospital general de Tokio, no se preocupen, no dolerán y serán rápidos.- Les dijo el Joven doctor mientras les sonreía amablemente, después de esto ambos jóvenes salieron del consultorio, el muchacho nuevamente colocó el brazo de su joven compañera en el espacio que hizo con el suyo, no sabía por qué pero aquellos análisis le daban un mal presentimiento, con suavidad guío a su prometida a la salida del consultorio y ya fuera giro la cabeza para decirle al doctor.
-Por cierto doctor, Kasumi le manda muchos saludos y le oferta que cualquier día de estos lo esperamos para cenar.- Minutos después se veía como el doctor reía tontamente con los lentes empañados y rayaba la pared con la pluma con la que antes había prescrito los análisis. Fin del Flash Back.
Y así transcurrió mi mañana de terremoto, el baka de Ranma de vez en cuando comenzaba a tartamudear si ponía el seño fruncido y sentía que sus manos temblaban cuando tomaban las mías, sin embargo las palabras que dijo en la mañana todavía retumban en mi cabeza ¿Serán verdad? De verdad le gusta estar conmigo, yo espero que sí, de verdad lo deseo.
