Diamantes & Esmeraldas

Capítulo 10. Lucha Interna

Bella POV

Permanecí algunos minutos más en aquel incómodo silencio. Rosalie Hale esperaba una respuesta de mi parte, pero me resultaba imposible complacerla en ese momento. Sabía que de contarle la verdad sobre mi embarazo, ella tendría muchas dudas aún. "¿Quién es el padre?", podría preguntar de forma distraída. Claro que, por esa razón, Demetri Vulturi me había convertido en su novia, pero el tiempo no cuadraría con nada.

-¿Y bien, Isabella?- cuestionó, comenzando a irritarse. –Mira, niña. Sé que todo este drama es difícil de llevar, pero es necesario que me cuentes lo que está pasando.- conforme hablaba, su tono de voz comenzaba a suavizarse. –Nos has demostrado a todos que eres más dulce de lo que aparentas. Lo que hiciste por esa niña es un claro ejemplo.- la miré fijamente, buscando un truco en sus palabras. No lo había. –Tal vez te lo he pedido de forma muy brusca.- susurró. –No he sido amable contigo un solo día, lo reconozco. Sin embargo, si hay algo que deseo, es ser tu amiga.-

-Basta, Rosalie.- pedí suavemente. Su cuento se estaba alargando demasiado. –Sé que dices la verdad.- ella sonrió. –No has sido amable conmigo, así que yo no tengo por qué serlo contigo.- sus ojos azules se fijaron en los míos, reflejando una ira devastadora. –Si yo estoy o no embarazada no es asunto tuyo. Que te quede claro una cosa, niña, no hay razón alguna por la que yo te contaría mi vida privada.-

La boca de Rosalie se abrió ligeramente, desconcertada por mis palabras. –No logro entenderte, Swan.- rugió, encolerizada. Sus labios formaron una mueca al pronunciar mi apellido. Perfecto, las cosas con la rubia se pondrían peor. –Pero es cierto lo que dices.- admitió al fin. –Una cosa si te advierto.- me señaló con su dedo índice, mientras me miraba con un profundo odio. –Aléjate de Edward, ¿te quedó claro?-

Se dio la vuelta y cruzó la puerta, dejándome con la palabra en la boca. Bien, eso había estado mejor de lo que pensé en un principio. Me miré al espejo, notando las ojeras que se marcaban bajos mis ojos. ¡Dios, que cansado era estar embarazada! Mis ojos recorrieron el reflejo, buscando algún indicio de un vientre abultado o un aumento de busto. No había nada. Suspiré.

Las siguientes clases no fueron la gran cosa. La de Biología era la única que podría preocuparme. Quizás no debía tomarme enserio la amenaza de Rosalie Hale. Recordar sus ojos me dijo que aquello no era un simple juego. ¿Qué diablos pasaba conmigo? Podía haberle dicho algo como: "Claro que no, ¿de dónde sacas esa idea?" y librarme del asunto, pero no. Isabella Swan siempre tiene que decir alguna de sus idioteces para arruinar lo poco que gana.

El profesor de Biología encendió el televisor, cuya presencia no había notado hasta ese momento. –Muy bien, clase.- habló. –Hoy veremos un documental sobre el embarazo y el parto.- mi expresión decayó considerablemente. Edward, sentado a mi lado, me miró con curiosidad. –Y al final discutiremos su nuevo trabajo.- toda la clase comenzó a quejarse, pero el profesor no dio más tiempo y apagó las luces.

El video transcurría de forma agónica. Podía ver como se formaba el bebé, célula a célula. Algo dentro de mí se revolvía inquietamente. Mi mente no dejaba de visualizar ese proceso en el interior de mi cuerpo. Sonreí tontamente al ver al pequeño listo para nacer. ¡Era tan lindo! Una escurridiza lágrima surcó mi mejilla, avergonzándome. Podía sentir los ojos curiosos de Edward posarse en mí de vez en cuando. Durante el parto, la mayoría de las alumnas abandonó la sala. Podía escuchar a los chicos ahogar pequeños gritos.

-Bien, chicos.- habló de nuevo aquel hombre de gafas. –Ahora que la mayoría ha regresado.- continuó, mirando a las chicas. –Les diré cuál es el trabajo que harán. Como hoy es lunes, tendrán toda la semana para ello.- una sonrisa se formó en sus labios. Eso nunca era algo bueno. –Cuidarán este huevo por siete días. – en ese momento reparé en la cartera de huevos que llevaba consigo el hombre. –Sus parejas serán las mismas que de mesa. No intenten engañarme, alumnos. Los huevos llevan escrito un código con una tinta que sólo puede verse en el laboratorio.- todos bufaron, fastidiados. –Quiero un reporte en pareja y uno por cada miembro. Diviértanse.-

Tomé el huevo con ambas manos, temiendo que se rompiera. –Bien, supongo que soy tu mamá.- le hablé, como si fuera a darme una respuesta. -¿Qué nombre debería darte?- caminaba con él en la mano, consciente que Edward nos seguía. Después de todo, también era su hijo.

-¿No crees que eso debamos pensarlo juntos?- cuestionó divertido, sin quitar esa sonrisa torcida de su rostro.

-Los hombres no sirven para esas cosas.- respondí, caminando de nuevo. –Supongo que primero debo saber si eres niño o niña.- le hablé de nuevo. –Supongo que de ser niña podría llamarte Vanessa, así te diría Nessie. – el padre de mi huevo se rió suavemente. Le ignoré. –Pero, ¿y si eres niño?- eso me llevó a pensar en mi bebé real. ¿Cómo lo llamaría?

-¿No te gusta Elliot, Isaac o Christian?- me preguntó él. Quise negar, pero eran buenas opciones. -¿Por qué no lo dejamos en Isaac?- sonrió de nuevo y esta vez le correspondí. –Ahora sólo nos queda saber qué es.-

Caminamos en silencio el resto del camino. Éramos incapaces de decidir si nuestro huevo era niña o niño. Jasper nos encontró a mitad del trayecto y se unió a nuestra conversación, votando a favor de que fuera niña. Nessie llevaba dos puntos, mientras que Isaac sólo tenía uno. Nos reunimos con el resto antes de lo pensado, lo que no era bueno para mí. Rosalie se acercó discretamente y me miró divertida.

-¿Tuviste un bebé?- me preguntó entre risas. No pude evitarlo, me reí con ella. Aquella situación era bastante irónica, a decir verdad. El resto nos miraba sin entender. -¿Cuál es su nombre?- después de unos quince minutos de discusiones, Nessie salió victoriosa. Edward estaba molesto, deseando que nuestro huevo fuera un chico como su padre.

-Siempre pueden tener otro.- había murmurado Emmett. –Después de todo, saben como se hacen.- mi compañero se sonrojó violentamente y yo, por el contrario, me puse pálida. Aún no me hacía a la idea de haber perdido mi virginidad en una violación. No era un tema que deseara tocar, aunque no fuera de forma directa.

-Isabella, ¿te encuentras bien?- me preguntó Jasper, notando el leve temblor de mis manos. –Creo que Edward debe tomar el huevo.- él obedeció, apartando el proyecto de mis manos.

-Yo…- quise disculparme, pero no sabía el motivo preciso. –Estoy cansada, he dormido poco…- todo aquello sonaba estúpido. –Tal vez me esté enfermando…- Jasper asintió, desconfiado. Caminé hacia mi auto tan pronto Edward accedió a llevarse a Nessie por esa noche.

Me detuve antes de abrir la puerta, sabiendo que Rosalie Hale me seguía. Sus ojos azules buscaron los míos, llenos de dudas, y luego me sonrió. –Lamento lo de la mañana.- comentó, algo avergonzada. –Estoy actuando como una completa imbécil.- sonreí. –Aunque tú tampoco has sido una santa.-

-Lo sé.- se rió. –Quiero ser tu amiga, Rose.- le dije en un murmullo. –Pero he tenido malas experiencias antes…- no tuve que terminar aquella oración, ella sabía que no hablaría de mi pasado. –Espero que lo comprendas.- asintió, sonriendo.

Sus brazos me envolvieron cálidamente. Correspondí avergonzada, sin saber realmente que debía hacer. –Espero tenga tus ojos.- murmuró en mi oído. Acto seguido se dio la vuelta y corrió donde los demás. Me quedé congelada en mi lugar, sintiéndome una idiota por haber creído que dejaría el tema. Golpeé con la mano el vidrio de mi auto y me subí en él dando un portazo.

Llegando a casa llamé a Jacob. Aunque él tenía mejores cosas que hacer, aceptó acompañarme a practicar. Estaba estresada por lo de Rosalie Hale y el resto de su familia. ¿De dónde había sacado la brillante idea de que estaba embarazada? Aquella pregunta no abandonaba mi mente. ¿Cómo era posible que ella lo supiera? Recordé lo del chocolate y di dos disparos. Acerté.

-Creo que es buen momento para irnos.- habló Jacob, mirándome con una ceja alzada. –Pronto no será necesario tener que venir, Bella.- le sonreí con suficiencia, notando el cumplido oculto en sus palabras. Salimos de ahí y nos montamos en el coche. Le había otorgado las llaves a mi instructor, quien sonreía ante el volante de mi coche último modelo. Claro que, no todo iba a ir bien de ahora en adelante.

-¡Para, Jacob!- grité al doblar en una de las calles de Forks. – ¡Mierda! - grité mientras bajaba del auto. Jacob miró en la misma dirección que yo y su rostro mostró el reconocimiento. Cerré de un portazo al tiempo que él me imitaba.

-Demonios, es Seth.- lo escuché susurrar, al tiempo que corría y se ponía a mi altura. –Despierta, amigo.- dijo moviendo por el hombro al chico. –Vamos, niño.- Seth se encontraba inconsciente; tenía algunos moretones y cortadas en su joven rostro y podía notar un brazo roto. Definitivamente se había defendido. ¡Demonios! La imagen de Liz llenó mi mente en ese momento. Seguro él la había defendido…

Caminé con pasos vacilantes hasta doblar el enorme basurero que me ocultaba el fondo del callejón. Liz se encontraba en el suelo, con algunos cortes en brazos y piernas. Su ropa estaba algo rota, pero la mantenía intacta. Corrí hacia ella y le aparté los cabellos del rostro. ¡Demonios, tenía muchas heridas! Saqué mi móvil y llamé al hospital, pidiendo una ambulancia de inmediato. La enfermera se asustó al reconocer mi voz y comenzó a pedir que llamaran a Carlisle Cullen.

-Liz, mi vida.- le susurraba. Lentamente sus ojitos se abrieron, estaba segura que no me veía bien. -¿Qué te hicieron?- un sollozo escapó de su pecho, al tiempo que se aferraba a mi blusa con desesperación. –Está todo bien, cariño. Estoy aquí, estoy contigo.- escuché ruidos cerca de ahí, pero no era Jacob. Me giré lentamente, notando que alguien nos contemplaba desde el lado contrario. El hombre sonrió divertido. –No te muevas.- comenté, al tiempo que dejaba a Liz acurrucada contra la pared de ladrillo.

Me puse de pie lentamente y empecé a caminar en la misma dirección que ese sujeto. Su rostro se iluminó por la emoción y se echó a correr. Le lancé a Jacob unas cuantas palabras antes de ir tras el sujeto. Y vaya que corría rápido el tipo. Terminé corriendo sin sentido por varias calles del barrio bajo, preguntándome dónde podía haberse metido ese desgraciado. Estaba segura que aún no había tenido tiempo suficiente de lastimar a mi niña, aunque sí pensaba hacerlo.

¡Mierda! Había perdido a la rata esa. Corrí de regreso donde Jacob, encontrándome con que la ambulancia iba llegando. Me monté en ella junto con ambas criaturas y obligué a Jake a llevarse mi auto a casa. Debía dar un informe a Sam y Emily. Liz estuvo llorando todo el trayecto al hospital y mientras le realizaban algunos estudios. Los cortes no eran profundos, pero estaba segura que los moretones le dolían. Seth despertó algunas horas después, ya con el brazo enyesado.

-¿Qué ocurrió?- le cuestioné a Liz cuando se tranquilizó un poco. -¿Quién te hizo esto, amor?- algunas lágrimas se deslizaron por mis mejillas. ¿Por qué la vida seguía haciéndole daño de esa manera? Comenzó a temblar de nuevo, sollozando.

-Quería matarme.- lloró ella, intentando, en vano, secarse las lágrimas. –Dijo que…que…él le había enviado.- no pude evitar recordar a aquel tipo que nos atacó fuera de la cafetería unas semanas atrás. En ese momento supe lo que estaba ocurriendo. El desgraciado que había destruido mi familia comenzaba a buscarme. Dos de sus hombres me habían visto con Liz, otra de sus víctimas con vida. Era su forma de enviarme un mensaje.

-¿Te tocaron?- me aventuré a preguntar, deseando que la respuesta fuera una negativa. Ella movió su cabeza un poco, obligándome a relajar mi postura tensa. -¿Puedes decirme qué pasó exactamente?- sujeté su mano con fuerza, esperando una respuesta.

-Seth y yo íbamos a tu casa.- dijo suavemente, algo avergonzada. –Salimos de La Push y comenzamos a subir.- hablaba de forma distraída, como si le costara admitirlo. –Nos internamos en Forks y un tipo nos obligó a subirnos a un coche. Te juro que grité y traté de correr, pero otro se bajó del auto y nos lanzó al asiento trasero.- es explicaba la desaparición tan rápida. –Nos llevaron a ese callejón, de inmediato supe por qué…- ¡Dios! Mis puños se crisparon. A una cuadra de ahí se encontraba la librería… -Seth intentó defenderme, pero esos hombres lo golpearon. Nadie me escuchaba, aunque no dejaba de gritar. Luego él dejó de moverse. Tenía tanto miedo, pensé que me harían lo mismo de la vez anterior…-

-Espera, cariño.- susurré, al tiempo que me sentaba a su lado y la abrazaba. – ¿Estás diciendo que ellos fueron los que…?- ella asintió antes de que terminara la frase. Solté un par de maldiciones. Ella lloró con fuerza, aferrándose a mis brazos. Carlisle pasó en ese momento por el pasillo, siendo seguido por sus dos hijos. Los ojos verdes de Edward se clavaron en la escena que Liz y yo protagonizábamos. Quiso acercarse, pero la mano de Carlisle se lo prohibió.

-Disculpa, Isabella.- habló el doctor, cerrando la puerta ante la atenta mirada de sus hijos.

-Dijeron…- habló de nuevo, captando mi atención. –Que me matarían y luego… luego irían por ti…- escondió su rostro en mi pecho, apretándome contra ella. –Por favor, Bella.- sollozó. –No dejes que te hagan daño.- enredé mis dedos entre sus suaves cabellos. –Cuida al bebé.- sujeté su carita entre mis manos. El feo corte en su labio me obligó a formar una mueca.

-Los atraparé, mi cielo. Te juro que lo haré. No dejaré que vuelvan a tocarte.- seguí acariciando sus cabellos. Poco a poco, y con ayuda de algunos medicamentos, su cuerpo se relajó hasta que pudo quedarse dormida. La recosté en la cama y besé su frente. –No importa lo que pase, Liz. Te protegeré.- susurré antes de cerrar la puerta tras de mí.

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La mañana llegó más rápido de lo que hubiera deseado. Había permanecido a lado de Liz toda la noche, preguntándome cuándo volvería a ver a esos sujetos. Quería tenerlos enfrente para hacerlos sufrir por todos sus actos delictivos. Deseaba matarlos lenta y tortuosamente. Mi sueño era verlos retorcerse por el dolor. Los suaves dedos de la pequeña acariciaron mis mejillas y en mi rostro apareció una gran sonrisa.

-Ve a Seattle.- susurró ella, mirándome con esos enormes ojos. –Protege al bebé.- al principio no entendí sus palabras, pero pronto el entendimiento llenó mis sentidos. Ella sabía que dentro de dos meses me iría a vivir con Demetri, ella sabía todo lo que me ocurría.

-No, cariño.- hablé aún algo adormilada. –No me iré aún.- ella negó con la cabeza varias veces y creí que me llamó terca en algún momento. –Dame un par de semanas más, por favor.- su risita me despertó por completo. –Ven conmigo.-

-No quiero huir, Bella.- habló de nuevo, mirando por la ventana. –Quiero quedarme con Sam y Emily, quiero poder ver a Seth.- algunas lágrimas corrieron por sus mejillas. –Poder visitar la tumba de mi madre de vez en cuando, ir a la librería sin temor…- un nudo comenzó a formarse en mi estómago. –No voy a seguir escapando de esta realidad. Seré fuerte y lucharé por seguir adelante…- su voz sonaba llena de determinación. –Igual que lo has hecho tú.-

-Mírame, Liz.- le supliqué. -¿Realmente crees que yo no tengo miedo?- la vi sonreír de lado.

-Sé que lo tienes, pero no dejas que eso te impida hacer lo que deseas.- algunas lágrimas bañaron mis mejillas. –Quiero que vayas con Demetri y tengas al bebé, cuando él esté seguro puedes venir por mí. Entonces viviremos juntas.- la abracé fuertemente. Esa niña era una luz en ese oscuro camino que debíamos recorrer. –Ahora vete o no llegarás a clase.- me reprochó de forma juguetona. Besé su frente y salí de ahí, chocando con el Dr. Cullen en el camino.

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La hora del almuerzo llegó antes de lo esperado. Me dejé caer pesadamente en la silla de mi mesa, actualmente vacía. Los Cullen me miraban con curiosidad desde su mesa habitual. Quise gritarles que dejaran de hacerlo, que era molesto, pero me contuve. Comencé a jugar con la tapa de mi botella de agua, no tenía deseos de comer nada. De pronto detuve el movimiento de mis dedos. Pensé en Liz y su miedo creciente, en la descripción que había dado de sus atacantes antes de poder dormir. Ella recordaba perfectamente a los hombres que le había hecho aquella atrocidad. Sin embargo, mi mente distorsionaba la imagen del primer hombre que me había tocado. Quería recordar su cara, pero parecía imposible.

Pensé en Liz, en los detalles que brindó. Eran dos hombres, pero ninguno se parecía a lo que tenía en mente. Ella había dicho que dos chicos morenos, que había visto antes, la golpearon después de dejar a Seth en el suelo. ¡Dios mío! Ninguno de ellos era. Pero el ADN lo confirmaba, el sujeto que abusó de ella también lo hizo de mí. ¿Qué quería decir aquello? En ningún momento mencionó al hombre que me atacó. Él debía estarse moviendo entre las sombras, manipulando a los otros miembros de su banda.

-Hola, preciosa.- susurró Quil, poniendo ambas manos en mis hombros. Me sobresalté y pegué un pequeño grito, captando la atención de varias personas. –Perdón, no quería asustarte.- susurró él, sentándose a lado de Embry. Los miré a todos, estudiando sus rostros. Quería ver al hombre que me había embarazado, necesitaba recordar su rostro. Negué con la cabeza.

Me puse de pie, dispuesta a salir a tomar un poco de aire. Antes que me marchara, una imagen vino a mi mente. La botella de agua se deslizó de mis dedos e impactó en el suelo. Una imagen lo bastante perturbadora se coló ante mis ojos. Yo recordaba dos orbes negras brillando con lujuria, pero no eran así… Cuando la luz había dado en su rostro distinguí cada línea.

Era un joven bastante atractivo, de unos veintiséis años. Llevaba su cabello rubio en una coleta. ¡Dios! Debía medir más de un metro ochenta y ser lo bastante fuerte para poder soportar mis ataques sorpresivos. Tenía los ojos de un brillante color verde mezclado con marrón. Unos enormes ojos. Sus labios se curvaron en una sonrisa, al tiempo que se acercaba a mí y los deslizaba por mi mejilla. Podía sentir sus labios en los míos, su lengua en el interior de mi boca.

Retrocedí un par de pasos, asustada. Mi cerebro gritaba que seguía en la cafetería, pero mi cuerpo no reaccionaba. La imagen no se iba. Llevé la mano al arma y estuve a punto de sacarla y disparar. Jacob me lo impidió. Parpadeé confusa muchas veces, notando las miradas curiosas posadas en nosotros. ¡No podía estar pasando eso! ¡No de nuevo! Comencé a sollozar, lanzándome a los brazos de Jacob. El resto de su grupo se puso de pie y caminó hacia nosotros.

-Tranquila, Bella.- susurraba Jake, tratando de tranquilizarme. –Todo está bien.- sentía sus dedos acariciar mis cabellos. Seguí sollozando, sin importarme que ahora todo el mundo nos mirara. Comenzamos a caminar lentamente.

-Debe haberle afectado lo de Liz.- murmuró Jared a mi espalda. Sabía que mentía, pero los Cullen iban a creer eso. –Bella es su tutora, después de todo. Debe ser difícil escuchar a la niña hablar de lo ocurrido.- seguía diciéndole a Paul, quien asentía.

-Debe de sentirse culpable por no poder atraparlos.- me escondí aún más contra Jacob. –Y luego la pequeña fue atacada de nuevo.- escuché los murmullos en la mesa de los Cullen. Emmett y Edward me habían visto en el hospital con ella.

Al llegar a la puerta, Jacob pasó sus brazos por la parte posterior de mis rodillas y me levantó. No opuse resistencia, sino que enredé mis brazos en su cuello y escondí el rostro en su hombro. –Tranquila, Bella.- murmuró de nuevo. –No dejes que los recuerdos te hagan daño. Debes ser fuerte por ella. Liz te necesita.- sollocé un poco más, sintiéndome una completa idiota. Jacob me llevó directamente al coche y partimos hacia el hospital.

Hablé con Liz sobre lo que había recordado. Ella estuvo de acuerdo conmigo. Me dejé caer en la cama a su lado, sin importarme lo poco correcto que fuera eso. Liz se acomodó conmigo y siguió hablando del hombre que se había colado en mis ideas. Ella se había fijado en otra cosa: él llevaba un tatuaje en el cuello. Enterré mi rostro en su cabello y la acomodé sobre mi pecho. Antes de lo pensado, ambas nos quedamos dormidas.